Nada hacía presagiar a Ugo Castorina, director de una escuela secundaria en Bari, Italia, que aquel día iba a resultar tan desafortunado. Para evitar la distracción de los alumnos, Castorina había prohibido el uso de teléfonos móviles durante el horario escolar. Pero ese día se personaron en el centro escolar varios padres que, ya irritados por las malas calificaciones de sus hijos en los últimos exámenes, vieron desbordada su paciencia cuando, en aplicación de la norma, algún profesor retiró los teléfonos celulares a sus retoños. Sin tiempo para argumentar o exponer razones, Castorina fue agarrado en el mismo pasillo del instituto y golpeado con furia. Como consecuencia, ingresó en el hospital donde le diagnosticaron heridas que tardarían diez días en sanar, regresando al centro escolar escoltado por la policía.

Estos hechos no ocurren solo en Europa: también hay casos de profesores golpeados en Latinoamérica por padres disgustados como José Miguel Fernández, en Cali, Colombia. Y las agresiones no se limitan al ámbito de la escuela: la actitud violenta de los padres también se muestra en los deportes infantiles. Así, en España, no es infrecuente que árbitros de fútbol sean golpeados por padres de jugadores, como ocurrió en Pontevedra o Tenerife.

Unos padres agresivos, inseguros, paranoicos

Muchos padres actuales se enfurecen con cualquier persona o hecho que, a su juicio, pudiera perturbar la felicidad de sus hijos

Estas historias constituirían meras anécdotas si no fuera porque reflejan una actitud demasiado extendida aunque, por suerte, sólo en raras ocasiones desemboca en violencia: muchos padres actuales se enfurecen, se convierten en verdaderos tigres, con cualquier persona o hecho que, a su juicio, pudiera perturbar la felicidad de sus hijos. No toleran que nadie ajeno los reprenda, les imponga cierta disciplina o, simplemente, les lleve la contraria.

Y, sin embargo, con sus hijos se comportan como corderitos: les consienten todo, difícilmente ponen normas, permiten todos los caprichos. Olvidan que la maduración requiere cumplir normas y aprender a gestionar la frustración y la adversidad. Se diría que, hoy día, son los padres quienes buscan la aprobación de sus hijos, no al revés.

Una radical ruptura con el pasado

Estas actitudes implican un cambio radical con respecto al pasado. Hace décadas, la responsabilidad por los menores se repartía, en cierta medida, entre toda la comunidad. Los padres sentían cierta tranquilidad al saber que, si algún problema ocurría a su hijo, siempre habría un adulto que le ayudaría. O, cuando un adulto desconocido reñía a un niño por una mala acción, el pequeño aprendía una lección que posteriormente sus padres reforzaban.

En el pasado, los adultos mantenían ciertas reglas de conducta comunes, confianza entre ellos y un acuerdo implícito de ayuda mutua con los hijos

Los adultos, aunque no se conocieran, mantenían ciertas reglas de conducta comunes, confianza entre ellos, un acuerdo implícito de ayuda mutua con los hijos y de responsabilidad por la comunidad. Fueron precisamente la confianza y el acuerdo los que quebraron en un determinado momento. Como ya no se fían de nadie, demasiados padres no admiten hoy que alguien ajeno ayude a sus hijos; mucho menos que los reprenda por una mala acción.

En comparación con el pasado, muchos padres actuales se sienten desorientados. Consideran que las reglas y los castigos son necesarios, en términos generales, pero frecuentemente exigen que se haga una excepción cuando debe aplicarse precisamente a sus hijos. Inventan, para ello, todo tipo de excusas y justificaciones.

Muchos padres actuales perciben la educación de los niños como un problema muy complejo, al contrario que sus antepasados para los que resultaba una tarea relativamente sencilla

Perciben la educación de los niños, incluso las relaciones familiares, como problemas muy complejos para los que suelen sentirse  incapaces de dar una respuesta. Justo al contrario que sus antepasados, para quienes todo esto resultaba una tarea relativamente sencilla y cotidiana. ¿Cómo se produjo tan enorme cambio?

La expansión de la cultura terapéutica

En los años 60 y 70 del siglo XX aparecen corrientes de pensamiento que ensalzan las emociones, la supremacía de los sentimientos sobre la razón, la importancia del “crecimiento personal“, de la felicidad inmediata a cualquier precio. Y en este ambiente surge lo que vino a denominarse la Cultura Terapéutica, la idea de que las personas son frágiles, tendentes al fracaso por baja autoestima, incapaces de gestionar sus sentimientos, o sus relaciones privadas,  sin la ayuda de un experto.

La cultura terapéutica puso en duda la capacidad de los padres para educar a sus hijos sin asesoramiento profesional

Unos padres agresivos, inseguros, paranoicos

En consecuencia, esta corriente puso en duda la capacidad de los padres para educar a sus hijos sin asesoramiento profesional, algo que, junto con la legislación que inspiró, contribuyó a erosionar todavía más la autoridad paterna. También menoscabó esos lazos espontáneos de relación y ayuda mutua, como la amistad o la vecindad.

En lugar de buscar un equilibrio acorde a los nuevos tiempos, muchos padres intentaron hacerse “amigos” de sus hijos, se volvieron demasiado permisivos y, atendiendo a la difundida creencia de que la autoestima y la felicidad eran cruciales para su hijo, hicieron todo lo posible para proporcionársela. Y no permitirían que nadie se interpusiera en su camino hacia este objetivo, fuera un maestro que calificaba con baja puntuación, un árbitro que conducía a su hijo a la terrible frustración de perder un partido de fútbol, o un vecino que le reprendía una mala acción.

Así, los lazos de confianza, de ayuda mutua en la comunidad, saltaron por los aires: “no tolero que nadie contraríe a mi hijo… ni siquiera yo“, podía haber sido el lema.

El imperio del miedo

Pero también contribuyó a la ruptura de la confianza entre adultos esa cultura del miedo que azota Occidente desde hace décadas. Un  infundado temor por la seguridad física de los hijos se extendió entre la mayoría de los padres. En Paranoid Parenting (2001) Frank Furedi, recoge una encuesta donde la mayoría de padres describen una imagen del mundo completamente hostil para sus hijos, utilizando palabras como “asustados” o “aterrorizados” al definir sus sentimientos cuando sus hijos se encuentran fuera de casa.

Los padres estaban convencidos de que los peligros para los niños habían aumentado extraordinariamente, a pesar de que los datos objetivos indicaban lo contrario

En otra encuesta, los padres se mostraban convencidos de que los peligros para los niños habían aumentado extraordinariamente en los últimos 20 años, a pesar de que los datos objetivos indicaban justamente lo contrario. La mayoría de sondeos reflejaban el mismo fenómeno: los miedos de los padres eran infundados, exagerados. Eso, sí, infundidos a través de los medios de comunicación por el poder y por grupos interesados.

Pero este generalizado temor ha menoscabado gravemente la confianza en los demás y en las estructuras comunitarias, al generar una actitud cercana a la paranoia. Cualquier vecino, cualquier conocido, cualquier adulto que pasea por el parque puede ser un asesino, un secuestrador, un pederasta. El más inocente gesto de simpatía de un adulto desconocido hacia un niño levanta fácilmente sospechas.

Los adultos tienden a evitar el acercamiento bienintencionado a los niños ajenos pues su gesto de buena voluntad será fácilmente malinterpretado

Consecuentemente, señala Frank Furedi, los adultos tienden a evitar el acercamiento a los niños ajenos, sea para ayudarlos, reprenderlos o protegerlos pues su gesto de buena voluntad será muy probablemente malinterpretado en una sociedad paranoica, donde la sospecha y el mal pensar están profundamente instalados en el imaginario colectivo.

En consecuencia, la acción de ciertos expertos y políticos poniendo en duda la capacidad de la gente para gestionar sus propios sentimientos, sus relaciones familiares, mientras otros generaban miedos infundados y sospechas hacia sus conciudadanos, son fenómenos que no sólo contribuyeron a destruir la confianza, las relaciones familiares o comunitarias de apoyo mutuo. También socavaron las bases de una sociedad civil fuerte, madura y organizada, capaz de poner coto a la expansión del poder político.


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Juan M. Blanco
Estudié en la London School of Economics, donde obtuve un título de Master en Economía, que todavía conservo. Llevo muchos años en la Universidad intentando aprender y enseñar los principios de la Economía a las pocas personas interesadas en conocerlos. Gracias a muchas lecturas, bastantes viajes y entrañables personas, he llegado al convencimiento de que no hay verdadera recompensa sin esfuerzo y de que pocas experiencias resultan más excitantes que el reto de descubrir lo que se esconde tras la próxima colina. Nos encontramos en el límite: es momento de mostrar la gran utilidad que pueden tener las ideas.

17 COMENTARIOS

  1. Estupendo artículo Sr. Blanco; ha descrito con precisión el àmbito de los culpables; y el de las víctimas (además de la sociedad en su conjunto), los padres que delegan y generan monstruos y tarados engreídos.
    Precisamente en una película del neorrealismo italiano: ” Los monstruos”, hay un episodio de un padre que enseña a su hijo a ser ventajero y tramposo. La historia termina con un noticia de periódico en la que se narra el parricidio del ”pedagogo” listillo.

  2. La cuestión es que los políticos se esfuerzan en hacer que la gente se acostumbre a vivir sin derechos y con miedo:

    El Gobierno renuncia a la aplicación del 155 para garantizar el castellano en la preinscripción escolar

  3. ” La cultura terapéutica puso en duda la capacidad de los padres para educar a sus hijos sin asesoramiento profesional”
    …me parece razonable que se busque asesoramiento cuando no queremos
    que los hijos cometan errores que hemos cometido sabiendolo que
    ha sido por como nos han educado por tradicion
    por ejemplo a bofetadas , que lo que se consigue es mas rebeldia o miedo ,
    en vez de respetar la asertividad curiosidad personalidad reflexion empatia del menor.

    • Ud. habla de asertividad pero ¿Qué asertividad va a tener un educando a esas edades cuando precisamente loque está aprendiendo es a tener valores y depende de sus padres?

      • El problema consistiría en que si los padres no confian en los valores a transmitir por los profesores, que no monten pollos y que traguen o que se pasen a la concertada o a la privada (aunque estas últimas tambien dependen del leviatan. Para mi gusto lo tenían mejor organizado en el franquismo y con mas “libertad de cátedra”.

    • Coincido con B y, si me permiten, discrepo en la idea que subyace en este artículo, que más bien parece una apología de la forma de educar de otros tiempos, cuando los beneficios de la pedagogía y la psicología aún no se habían incorporado a la sociedad (aunque sea con sus defectos y distorsiones, que también las hay). En el pasado vivimos tiempos duros y se educaba con dureza, que no es lo mismo que firmeza. A los chicos no se les dejaba manifestar sus emociones como símbolo de virilidad, muchas veces se confundía la dureza con fortaleza, cuando la dureza era (y es) un mecanismo de defensa que a veces parte del sufrimiento (en este caso el que se vivió en la guerra), del miedo, de la inmadurez emocional y de la no superación de conflictos internos, mientras que la fortaleza no necesita la dureza porque nace de un trabajo interior que se sustenta en la superación emocional de situaciones psicológicas adversas, como el caso de una guerra, y que tiene más que ver con la madurez emocional. En este sentido, es la psicología la que ha ayudado al hombre en los últimos años a poder entender mejor ese plano emocional que tanto se ignoró en el pasado, tal vez porque los valores de entonces no eran los de ahora y porque lo que tocaba era sobrevivir y levantar un país hundido. Llamar cultura terapeútica a la incorporación de la psicología y pedagogía a la vida cotidiana es, a mi juicio, un error. Comparar la educación de antaño con la de ahora pienso que no es relevante porque ni la situación ni las personas son las mismas, afortunadamente. Todo tiene sus pros y sus contras, tanto en la forma de educar de antaño como en la de ahora, y ello genera extremos indeseables, pero generalizar algo o idealizar ciertas cosas porque hoy no estén es un error muy común en el que caemos todos. En mi caso, he sufrido en mi propias carnes y en las de mis hijos (por distintos motivos) la incompetencia de unos profesores y psicólogos mal preparados, que no supieron manejar problemas escolares, y en ese sentido, las nuevas generaciones de profesores están mejor preparadas porque en su plan de estudios incluyen más pedagogía que antes no se incluía. La formación de los profesores para enseñar y empatizar y no solo para trasmitir conocimientos, es básica . Un saludo cordial.

  4. Para mi los grandes responsables del grave deterioro educativo son los profesores.
    Ellos, tan acostumbrados a tomar la parte por el todo, y exigir una enseñanza de calidad, cuando en el fondo sólo tratan de que les suban el sueldo, han silenciado y siguen silenciando, a la sociedad los gravísimos problemas que afectan a la educación.
    ¿ Alguien ha visto a CCOO, UGT o ANPE o a cualquier colectivo de profesores manifestarse por una mejora en la calidad educativa ? Por supuesto esa mejora implicaría rodear al profesor con el aura de autoridad que le ha sustraído tanta mal entendida igualdad.

    Podríamos hablar también de la ESO y cómo ha hecho que niños se mezclen con adolescentes, muchso de ellos, prontamente sin objetivos en la vida.

    Los padres, muchos de ellos, se comportan muchas veces como miembros de esa etnia tribal que habita en la península desde hace siglos, y que con menores razones hace piña y se lanza a por el payo.

    Se podría hablar de Rousseau y su buen salvaje, de la escuela de Summerhill, y de, como no, los postulados de las izquierdas, siempre las izquierdas, allí donde hay un desastre tiene su origen en una revolución izquierdista, minado las bases de la sociedad.

    ¿ Habeis probado a entrar en el bar y decir buenos días ? Se oye un cri-cri. Sin educación, sin buenas formas, que son el aceite que lubrica la convivencia, todo se vuelven mal entendidos.

    Para terminar, recordar a Blaise Pascal: “El principio de toda moral es pensar bien de los demás”

  5. Y la cosa va a peor. Un buen amigo, profesor de secundaria en su recta final, me cuenta que lo peor de lo peor ha sido lo de los grupos de watsapp de padres de alumnos. En ellos se difama, se amenaza y se promueven todo tipo de barbaridades.
    El se consuela con la idea de que pronto puede pedir la cuenta y mandarlo todo a esparragar. Y compadece a sus más jóvenes colegas, que se ven incapaces de hacer nada frente a eso.

    • Haga el favor de decirle a su amigo profesor de que vaya a ANPE y denuncie tal situación y otras semejantes. Ah no, que el todopoderoso sindicato de enseñanza publica no está para eso. ¿ Entonces, para qué sirve ? ¿ Sólo sirve para conseguir aumentos y mejoras ?

  6. Buenos días Sr Blanco

    En el fondo subyace algo muy básico, además del tema de la habitual manipulación social.

    El DINERO, el vil metal.

    Si en una sociedad se educa a sus niños y jóvenes de la manera tradicional, en el fondo eso sale muy barato. Enderezar el árbol cuando nace sale mucho mas barato que hacerlo después, y de lo que se trata es del presupuesto.

    Se trata de vendernos que existen numeroso peligros, que no existen o si existen es porque hemos metido al niño en la jaula del León, porque es de Disney, aunque luego muerda; para que se pague por protección.

    Esa protección obligatoria que te da el “Estao” y que de rebote sirve para manipular o la que te da el psicólogo de turno, que en el 95% de los caso no tiene ni put* idea.

    Además esos padres agresivos, cuando ven que ya no queda remedio, cuando ven que no hay salida, siempre intentan arreglar el daño con dinero, o sea pagando. Pago para que el maestro colegio retire la querella, nunca habrá una disculpa, nunca un reconocimiento del error. Pago y compro.

    Y si no puedo pagar me quejo de que es injusto porque los ricos pueden pagarlo y yo no. O sea que lo injusto es que alguien pueda comprar y librarse, no que el pago me exhima de reconocer el error.

    Y habría muchas maneras de que pagaran, sin dinero, pero que en nuestra sociedad no están admitidas. Por ejemplo a los padres que han golpeado a alumnos se debería de poner su foto (y no la del profesor) en el barrio donde vive, en el pueblo, en su club habitual, en su lugar del trabajo (aunque fuera el jefe).

    Porque hay cosas que el dinero no puede comprar, y es la credibilidad.

    ¿Le compraría usted un coche de 2ª mano a un individuo que pega a los profesores de sus hijos?

    Además quiero remarcar otro hecho que he visto por desgracia en las competiciones infantiles. Y es que en los partidos antes al menos, ahora con mis hijas crecidas ya no me toca ir a esos eventos, a dios gracias, son muchas veces las mujeres, las madres, quienes mas violentas se ponen.

    Quienes hemos jugado al football o baloncesto sabemos que hay faltas, que hay roces, que el árbitro se equivoca.. pero el grado de violencia que he visto en madres donde o bien su hijo era santo, después de abrir la cabeza a otro de un codazo en la zona, cuando ni siquiera pugnaban por el rebote o la posición (el niño salió a la madre sin duda) o bien lo habían matado porque le habían dado un simple empujón, hombro con hombro, para hacerse con la posición, ..

    Los gritos de hijo de .., el bajarse a la cancha y liarla..

    En fin.

    les dejo un link

    http://www.otraspoliticas.com/author/taidrodriguez/

    un cordial saludo

  7. Como siempre es un problema de calidad de enseñanza y del medio en que se desenvuelven. La España postguerra tenia otros valores y había madurez por narices, no quedaba otra y en los colegios se respiraba austeridad y espiritualidad que es muy buena para distinguir lo importante de lo accesorio. Lo de ahora es culto a la forma y al engaño ya que es la forma de triunfar en una sociedad decadente, políticos y funcionarios incluidos, colaborando mas en la Matrix. Afortunadamente el mundo es muy grande y el que pueda que envie a los niños a colegios elitistas austeros que los hay pero que tengan cuidado con la homosexualidad que suele ser rampante.

  8. Antiguamente, cuando un profesor reprendía por algo a un niño, a continuación, venía el castigo correspondiente por parte del padre/madre sobre su hijo. Así me lo ha dicho en muchas ocasiones mi propio padre.

    Particularmente, antes también se pasaban de la raya, porque era frecuente el castigo físico, y muchas veces, acompañado de la ridiculización pública. Pero es cierto, antes había más respeto hacia la autoridad (profesores en este caso). Ahora vivimos en una sociedad desbocada, infantilizada y narcisista. No se razona nada, sólo hay una especie de sentimentalismo superficial, que precisamente no lleva a actuar de una manera lógica, sosegada y acorde a los asuntos.

    Los niños están muy mimados y tienen de todo. Hace 20 años, era impensable que criaturas de 10/12 años tuvieran su propio móvil, por ejemplo. Muchos padres creen que esa forma de educar a los niños es para evitar “traumas” y que no sufran, pero lo que crean son “pequeños emperadores”. En medio siglo, se ha pasado de un extremo al otro pensándose que es mejor lo de ahora, pero es engañoso, porque ahora hay muchísima menos educación y respeto, a pesar de las apariencias, y de tanto fomentar el ego, surge la violencia en la más mínima situación que no guste tanto a los menores como a sus propios padres.

  9. Paranoia. Ese parece un signo de los tiempos. Ha cambiado la alegría espontánea y confiada por la sospecha generalizada. El otro día, Paco Pérez Abellán le recriminaba a la policía que en el caso de las denucnias de intentos de secuestro de niños en Madrid no se hubieran aportado indicios ni de su veracidad ni de su falsedad. Habló de experiementos para generar alarma como forma de control social, más o menos.

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