Hay artículos académicos que cambian el modo en el que pensamos sobre las cosas. El artículo de Albert Einstein sobre la electrodinámica de los cuerpos móviles introduce la teoría de la relatividad especial, y lo cambia todo. El artículo sobre el problema del coste social de Ronald Coase envía la visión mayoritaria sobre las externalidades (Pigou) a los libros de historia del pensamiento económico. Tras la obra de Mancur Olson sobre la acción colectiva y el problema del tamaño del grupo obliga a todos los científicos sociales a cambiar la teoría política y de las organizaciones.
Pero hay artículos académicos que, simplemente, confirman lo que todos sabemos. Son, claro, la mayoría. Su aportación no es pequeña. Su función es la de utilizar el apero científico, no siempre del todo adecuado, para poder añadir a nuestras conversaciones afirmaciones con visos de ser ciertas. A este último grupo de artículos pertenece uno publicado esta misma semana. Se titula The ideological orientation of academic social science research 1960-2024.
El 90 por ciento de los artículos políticamente relevantes están a la izquierda del espectro ideológico
¿Cuál será la orientación ideológica de la investigación en ciencias sociales? Bien, sabemos perfectamente cuál es la respuesta. Pero eso no quiere decir que un artículo así no pueda ofrecernos datos de interés.
Lo primero que tenemos que decir es cómo está hecho. El autor, James Manzi, ha estudiado la friolera de 600.000 artículos académicos publicados durante los 65 años del período. En realidad, analiza los abstract, no su contenido completo. Manzi no ha tenido que leer los artículos. Hubiera necesitado varias vidas para completar el trabajo. Se ha valido de la inteligencia artificial para rastrear y valorar el contenido de esa ingente cantidad de artículos.
Pero ese instrumento de inteligencia artificial (en particular ChatGPT 4.0) no puede calibrar por sí mismo la brújula ideológica. De modo que el autor ha creado un mapa ideológico. El mapa es razonable, aunque tiene cierto grado de subjetividad, o de arbitrariedad, y por tanto es discutible. ¿Está The Washington Post en el centro? (con un 5 en una escala 0-10). ¿Merece The Atlantic una posición de 6 en esa escala? ¿No se sentirán heridos sus editores por que se les considere tan poco a la izquierda? ¿The Epoch Times puede estar al lado de la opinión de Fox News, o debe desbordarse un poco más hacia el ph0, con la American Free Press?
Con todo, el mapa ideológico es razonable. Pero tiene problemas que son potencialmente graves. Porque lo que está a la derecha o a la izquierda hoy no es lo mismo que hace 20, 40 o 60 años. El propio autor reconoce el peligro de caer en el anacronismo.
Aunque quizás el problema no es sólo la arbitrariedad del mapa ideológico, sino que la medición descansa en categorías contemporáneas que pueden estar capturando estilos discursivos más que posiciones ideológicas reales.
Una vez analizados los abstract, el trabajo rechaza los que no son políticamente relevantes, los que no tienen un contenido ideológico. Así, se queda con aproximadamente el 30 por ciento: unos 180.000. Aún así son casi 2.800 por año; sigue siendo un número muy alto. Posteriormente utiliza criterios distintos, para ver si sus hallazgos son robustos o no; es decir, para comprobar que los resultados no dependen de los criterios que ha utilizado, sino que se mantienen utilizando otros criterios muy cercanos, pero diferentes. Por ejemplo, utilizando otras herramientas de inteligencia artificial.
Y aquí es cuando nos encontramos con los resultados, que no dejan de ser sorprendentes. El 90 por ciento de los artículos políticamente relevantes están a la izquierda del espectro ideológico. Es un porcentaje altísimo para un sesgo. Y se presenta en todas las disciplinas (historia, antropología, sociología, economía…) sin excepción. No se trata de que los artículos que se publiquen estén muy a la izquierda, sino que hay muy pocos que merezcan ser calificados en la derecha.
La segunda conclusión es que hay un corrimiento hacia la izquierda desde 1990 hasta el último año controlado, que es 2024. Se pueden observar tres fases, una de desplazamiento hacia la izquierda desde los años 60’, una cierta moderación en los 70’ y 80’, y un nuevo corrimiento hacia la izquierda desde 1990, ya señalado, que se acelera en 2010.
Otra de las conclusiones es que hay una correlación negativa muy fuerte, muy significativa, entre el carácter izquierdista de las disciplinas y una menor diversidad ideológica. Es decir, las disciplinas más a la izquierda son también más homogéneas ideológicamente.
La economía sujeta parcialmente ese desplazamiento hacia la izquierda, que es desbocado en los estudios de carácter cultural. Pero incluso en la propia disciplina económica hay un predominio de la izquierda.
Nos puede sorprender la medida del sesgo, pero no su sentido. Ahora, quizás lo más relevante es otro de los hallazgos del autor. El cambio ideológico, que es mayor desde 2010, no se debe a un cambio en la forma de pensar de los autores. No hay una conversión de los estudiosos en el ámbito social. Lo que hay es un efecto composición: los nuevos investigadores están más a la izquierda que quienes estaban antes.
Con todo, recordemos que dos tercios de las aportaciones de estas seis décadas y media se han descartado del análisis precisamente por no ser relevantes desde el punto de vista ideológico. Es decir, que no podemos achacar a toda la ciencia social el sesgo que se observa en el propio artículo.
Este resultado puede entenderse no como un sesgo consciente, sino como el resultado de procesos de selección institucional: qué temas se investigan, qué lenguajes son aceptados y qué marcos conceptuales dominan en las revistas académicas. Y eso sí puede ser preocupante.
Foto: Miguel Henriques.
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