Cada vez es más difícil hablar (escribir) sobre ciertos temas sin pararse a pensar en cómo lo que uno expresa podría afectar a su reputación profesional y personal. Los dedos acusadores y las mentes cicateras están al acecho con sus correspondientes sambenitos prefabricados, a la espera de que uno cometa un delito de lesa incorrección. Y prácticamente nadie centrará su crítica en lo expresado, dando opción al debate y el aprendizaje: el incorrecto proclamador será vilipendiado y desnudado en plaza pública por la turba, más hambrienta de saña que de argumentos.

Pues, si eso es así en el caso de las personas, imaginen los malabares que algunas empresas hacen en nombre de la denominada “Responsabilidad Social Corporativa”. Algo que debería ser una pieza más de lo que conocemos como “Reputación Empresarial” y que se ha convertido casi en el único argumento válido para medir esta última. Reputación empresarial que tiene mucho que ver, efectivamente, con la responsabilidad. Así es como, en nombre de un concepto difuso pero dominante de la responsabilidad social -diseñado mayormente por ONG’s completamente ajenas a cualquier tipo de empresarialidad-, la libertad de elección y la verdadera responsabilidad empresarial quedan restringidas. Ni siquiera importa qué intereses sean los que motivan a esos grupos de presión social. Sólo se trata de que ciertas opiniones prevalezcan en un determinado momento y actúen como guía para cuantas más personas mejor, y ello sin necesidad de que esas opiniones sean especialmente valiosas desde el punto de vista moral.

En nuestros días, una de esas ideas motrices neomorales, es la de lo VERDE. Todo lo que hacemos debe ser ECOLÓGICO y SOSTENIBLE. Pero eso es muy “bueno”, me dirán ustedes. ¿Cómo se atreve a criticarlo? Tal vez se sorprendan, tal vez no, si les digo que en la mayoría de las empresas que me solicitaron asesoría para sus flamantes nuevos departamentos de sostenibilidad (y no son pocas) el 80% del tiempo y los recursos se dedicaban al marketing. Cientos de miles de Euros para diseñar folletos, one-pagers, anuncios y campañas publicitarias que apelan a la conciencia verde, presentando los productos brillantes bajo el sol, en un entorno intacto, a ser posible en una reserva natural fácilmente identificable.

Desde la llegada del debate sobre el clima estamos experimentando una enorme ola de Greenwashing. Las empresas están aumentando su compromiso medioambiental, pero también están tratando de sus medidas sean financiadas en gran parte por el sector público

Greenwashing es el nombre de esta práctica generalizada con el fin de ganar mucho dinero con la “buena conciencia” de los consumidores, hipnotizados por las ideas neomorales de las que les hablaba más arriba.

No, no me he inventado el palabro para escribir este texto. Según el Oxford Dictionary:

“Greenwash, noun”: Activities by a company or an organization that are intended to make people think that it is concerned about the environment, even if its real business actually harms the environment

Las empresas utilizan numerosos métodos para «lavar de verde» sus productos. Estos pueden referirse tanto a productos y servicios como a la presentación de la empresa. Se utilizan los siguientes métodos, entre otros:

  1. Falta de significado: se enfatiza una propiedad irrelevante pero correcta. Esto es, por ejemplo, lo que ocurre con muchos aerosoles, que se anuncian con la etiqueta «sin CFC», aunque el propelente clorofluorado lleve ya mucho tiempo prohibido en España.
  2. Confusión: las cualidades positivas se enfatizan en un contexto negativo general. Un buen ejemplo es la tarjeta de cliente de la Deutsche Bahn, anunciada como «verde»: los trenes de larga distancia dicen usar electricidad 100 por ciento verde, lo cual ya es más que dudoso, al tiempo que se oculta que las líneas suburbanas que conforman la gran parte de la red ferroviaria germana siguen usando energía procedente de térmicas de carbón y/o gas.
  3. Embellecimiento: se embellecen los productos con colorines y etiquetas.
  4. Declaraciones falsas: se da información incorrecta. Un buen ejemplo es el uso de la etiqueta «Biológicamente certificado», aunque la etiqueta «Biológicamente certificado» no exista oficialmente.

Desde la llegada del debate sobre el clima estamos experimentando una enorme ola de Greenwashing. Las empresas están aumentando su compromiso medioambiental, pero también están tratando de utilizar métodos de Greenwashing para procurar que sus medidas de eliminación de emisiones de CO2 (en muchos casos costosísimas) sean financiadas en gran parte por el sector público. Prácticamente todos los principales proveedores de energía y compañías petroleras llevan años intentando obtener una imagen verde que les coloque en la luz adecuada ante sus clientes.

Pero no sólo la industria energética se sirve de las técnicas descritas. La etiqueta “Sin modificación genética” ya está siendo utilizada en muchos sectores, empezando por las vitaminas o aditivos, que no necesitan ser etiquetados si se han hecho con microorganismos GM. Continúa con textiles o papel (de algodón genéticamente modificado), cuero, detergentes, envases, artículos de cuidado personal o productos cosméticos (enzimas genéticamente modificadas, materias primas de plantas modificadas genéticamente). Gracias al Greenwashing, hoy muchas empresas pueden presumir de etiqueta «sin ingeniería genética» sin tener que preocuparse por si sus propios productos contienen o no transgénicos.

Y ahora les toca a ustedes, estimados lectores. ¿Conocen casos documentables de Greenwashing? ¿Nos los presentan en la sección de comentarios? Gracias de antemano.

Foto: Alexander Schimmeck


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8 COMENTARIOS

  1. Buenas noches SD. José Luis,

    Yo si he vivido este tipo de manipulación algunos de mis trabajos. Yo soy ingeniero ferroviario y trabajo en una consultoría en Bautzen cerca de Dresde. Un día ojeando una revista sobre una feria de vagones de mercancías encontré con agrado que dos proyectos en los que trabajé estaban expuestos en esa feria y había sendos artículos dónde explicaban que esos vagones eran innovadores y luchaban contra el cambio climático y bla bla bla. Un proyecto era una reforma de un antiguo vagón portabobinas de acero y el otro un vagón portaauto de nueva construcción. Ambos tenían nuevas soluciones técnicas destacables pero en ningún caso tienen nada en particular que ayude a «luchar contra el cambio climático».

    Al final, como en el caso que usted expone con los CFC, la «aportación contra el cambio climático» de esos vagones es que a mas transporte por ferrocarril menos por carretera. La justificación es cierta y conocida desde hace 100 años pero en ningún caso es una ventaja competitiva de un vagón sobre otro.

    Pues casos así se pueden leer en las revistas del sector ferroviario actual que parece la revista de «grinpis»

  2. Uno de los greenwashing más manipuladores es la presentación del automóvil eléctrico como la solución definitiva, sin la que no podremos ser felices, ni ecológicamente responsables y este paso ni católicos practicantes. Y este embellecimiento se realiza con ocultación perversa. En ninguna revista he visto publicar nada sobre los riesgos eléctricos inherentes a la electricidad y que se miden en los daños que la intensidad produce en el ser humano. Porque son los Amperios los que matan. Cualquiera que acceda a un Manual de autoprotección de los trabajadores relacionados con electricidad, verá que la intensidad de 1,5 A (un amperio y medio) puede producir bloqueo cardiaco y la muerte. Pero nadie dice nada en los medios de comunicación del riesgo que supone la frivolidad de instalar en nuestros garages o en calles, enchufes de 30 Amperios, para las cargas rápidas. Los habituales informadores, habitualmente de letras (y a veces de muy pocas letras) terminan diciendo, como me dijeron una vez, «si estamos de acuerdo en lo importante, no discutamos por detalles técnicos». Frase que quería decir; «cállate, esto es una religion y punto».

    • V=I*R => P=I²*R
      No son los amperios (electrones por segundo), es el voltaje.
      Para ejemplo un pastor eléctrico, cuyo impacto oscila entre 0,25 a 5 julios, con decenas de miles de voltios (DDP), sobre 10 mil voltios.
      Para que las cargas salten (electrones) debe existir diferencia de potenciales entre superficies cargadas.
      Un enchufe de 16A (230) típico en igual de letal que uno de 30A (230) sin protección diferencial y tierra, dado que la intesidad que atraviesa el cuerpo está limitada por la resistencia y es proporcional al voltaje.
      Una vitrocerámica usa uno de 25A.

      Una instalación mínima residencial son 25A 230V con 30mA de protección diferencial.
      Si ese es el problema, simplemente no hay problema.

      Que el cuerpo humano pueda actuar de antena, o bobina a modo sonda de Hall por la intensidad, se me escapa.

      Nota: aparte de no ser economista, tampoco electricista.

      El problema es la autonomía/prestaciones en relación –al precio–, el cual indica en cierto modo el grado de contaminación (al menos energética, no relativa a tóxicos y basura) por unidad producida.

  3. Yo lo tengo claro, hasta que el río de mi pueblo no esté limpio no puedo hacer caso a ningún politico. Si no son capaces de mantener limpio un río desde su nacimiento hasta mi pueblo, 40 km. sin industrias en su recorrido, es que son unos incapaces de extraordinaria magnitud. Cuando mantengan limpio el río del pueblo y el agua del grifo llegue con el sabor natural que le corresponde a los minerales de su recorrido, en ese momento tendrán mi permiso para preocuparse de lo siguiente, que desde luego no será el cambio climático, algo que les viene grande a todos ellos, a los científicos también.

    Nunca he comprendido como los que se llaman intelectuales pueden tener ideología. Las ideologías aparte de ser una visión idílica y personal de la sociedad, nacen fracasadas y suelen degenerar hasta hasta estados realmente putrefactos.

    Si con las ideologías tenemos ese problema con las «ideicas» nos adentramos directamente en un submundo de imbecilidad.

    A mi no me gustan las manzanas, ni las nueces, ni las naranjas o las mandarinas, tampoco me gusta la lechuga, ni las legumbres ni la carne envasada, ni tan siquiera el vino.

    A mi me gustan las manzanas imperfectas con olores embriagadores y gusano. Ya no hay gusanos en las manzanas. Única garantía de calidad. Una vez probé la lechuga de los reyes y eso sí es una lechuga, aunque las de las huertas de mi pueblo tampoco son malas, parece que te comes un filete.

    Me gustan las mandarinas que huelen a mandarina, saben a mandarina y se pelan como una mandarina.

    Las nueces me gustan pequeñas, irregulares, oscuras y que tiznen de tanino.

    Los cerdos blancos que sean alimentados con desperdicios, los ibéricos con bellota, las vacas con pasto a ser posible de canchales y el vino Vega Sicilia.

    Si un carnicero me ofrece una mala pieza le digo que se lo de comer a su familia.

    Me afeito con aloe vera que corto de la maceta, no hay nada como saber que comes, que te untas y que te pones, nada de acrilicos, eh.

    El Greenwashing es la garantía de un mal producto no hay más que ver el envase, no mancha de tanino, no tiene tierra y huele mal, o peor aún, no huele a nada.

    Cuando las «ideicas» se corrompen huelen como las ideologías.

    • «Nunca he comprendido como los que se llaman intelectuales pueden tener ideología.» Pues porque son los llamados intelectuales los que se inventan las ideologías

  4. jajaajajaj Sr Gómez pues yo como en el anterior artículo me fijo en la fotografía que lo encabeza, maravilloso caso de Greenwashing, (he tenido que copiar la palabreja que es la primera vez en mi vida que la leo).

    Todo se hace delicioso a la vista, una fotografía romántica, agradable, hogareña, con un rincón encantador, sirve para vender perfectamente un mundo ecológico, una bici para una vida sana sin contaminar como el humos de los coches, bolsas de tela, cestas de mimbre con flores y hasta creo que perejil o zanahorias en ellas (no distingo la hoja), puede que sean naturales aunque me da que más bien artificiales como las macetas que hay detrás de la bicicleta, tal vez de latón pero no así las flores de lavanda que son del todo a 100 y por supuesto de plástico, ese material tan odiado por los gretaecológicos y espero que detrás de esa puerta tan mona pintada no viva nadie sin ninguna otra protección que dicha puerta, se deben helar dentro sólo por el frío que entra por las rendijas o ponen la calefacción a tope o se congelan.

    Ay disculpe las risas y el análisis de la foto pero es que todo está invadido últimamente por ese Greenwashing (otra vez copia y pega) lleno de contradicciones.

    Puro negocio es todo ello, sí, no tengo nada que objetar a intentar hacer un mundo más agradable a la vista, sin duda , el feísmo estaba invadiendo todo, pero de ahí a hacer de ello una religión, como que no, pero claro da mucho dinero.

    Ejemplo, suelo ser una manitas para las manualidades y entre otras cosas siempre me ha gustado darle mi toque personal a los regalos que hago, un material que siempre he utilizado ha sido la rafia para atar, colgar etc más o menos la compraba a 2/3 euros pero se ha puesto de moda por la invasión de lo ecológico……..Oh Dios, la madeja pequeña que compraba como máximo a 3 euros está a 8/10 euros. Creo que me voy a pasar al lazo de papel de toda la vida, a este paso va a ser más caro el envoltorio que lo que lleva dentro jajajajaja.

    Las alpargatas ese calzado de pobres ¿quien se ponía unas sandalias de esparto? vamos hace años eso era de la clase social más baja, pues oiga ahora no hay firma de moda que se precie que no las lleve en catálogo. Claro de 10 euros algunas han pasado a 300.

    El otro día un anuncio creo que de Emporio Armani, una colonia, ni en los mejores sueños hace años una firma se atrevería a hacer un anuncio de perfume con sus protagonistas en una bicicleta, ellos muy monos vestidos y se movían por el mundo en bici, no sé si reir o llorar, voy vestida de cena de fin de año con un buen Armani encima y por supuesto bien perfumada y en vez de ir en un buen coche pues no, voy en bici que es más ecológico y sano (será para hacer sitio a las viandas).
    Me parto.

    Puro negocio, ya no entro en el mundo de la alimentación que ahí el fraude es masivo y encima se lo compran.

    Una invasión.

    • Ay me olvidaba de analizar en la foto la impresión de las bolsas de tela, tan ecológicas las bolsas ,fuera plástico que el mundo tiene que ser verde, pero que a las bolsas no le falten estampados de todos los colores ¿tintas ecológicas? jajajajaja ya

      La pintura de la bici,¿ mirarían la composición de la misma antes de coger una brocha y darle un par de manos?

  5. Hace años calculé el PIB ajustado a una población medianamente sana en lo demográfico.
    Aquel ejercicio, dado no soy economista, era impreciso y además fútil. Pues nadie sobre la faz de la tierra (que yo conozca) calcula tal cosa.

    En este asunto de “lo verde” salta a la vista que lo contaminante está directamente ligado con el flujo de dinero que se maneja por periodo de tiempo.

    Por lo cual, un rico que vive como rico siempre contaminará mucho más que un pobre que vive como pobre. Que el rico no contamine, no significa que alguien en algún lugar no lo haga para mantener el “status” de vida del rico, y el “stato” en general. Ese lugar puede ser a 100 metros o miles de kilómetros. Y es especialmente el caso de las empresas cuyo volumen de movimiento de caja refleja de forma directa su motricidad basada en la energía (y en muchos casos contaminación).

    Dado todos estos movimientos salen principalmente de mentes edulcoradas en la abundancia. Quizá podrían pegarse un tiro y solucionar el problema. Si bien, será semejante al asunto de la superpoblación, donde con todo cinismo recomiendan no tener hijos por el bien del planeta (y la importación neo-esclavista) mientras ellos tienen a tres, cuatro o más.

    Para entender el por qué, se debe escudriñar en las bases morales operativas de la sociedad. Las cuales desde las revoluciones liberales han sustituido los guerreros y curas por los mercaderes en competencia «ilustrados».

    Para el mercader el rey es el beneficio, por lo cual, la mayoría de todos estos movimientos “seculares” están basados en un clasismo descarnado.
    El cual invita a la chusma a deprimir su modo de vida, siempre y cuando no toque el estatus de los predicadores de Gaia, …, o el tema “secular” de turno.

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