Marzieh Hamidi es una atleta afgana de taekwondo que abandonó su país tras la vuelta al poder de los talibanes en 2021 y se refugió en Francia. Comprometida en la defensa de los derechos de las mujeres afganas, en octubre de 2023, recibió la medalla de honor de la Asamblea Nacional. Apenas un año después, recibió miles de amenazas de muerte por la publicación de un vídeo en redes sociales denunciando la violencia del régimen talibán contra las mujeres, y desde entonces vive bajo protección policial. En 2025, publicó un libro, Ils n’aura pas mon silence (No tendrán mi silencio). En la Cumbre de Ginebra por los Derechos Humanos y la Democracia, celebrada el pasado 18 de febrero, Hamidi fue galardonada con el Premio Internacional de los Derechos de la Mujer 2026.
Usted es afgana, pero nació en Irán.
Sí, mi padre era militar y había luchado contra los soviéticos y contra los talibanes, así que, cuando los talibanes se hicieron con el poder por primera vez y mi familia vio lo que estaba pasando, huyeron a Irán principalmente por una cuestión de idioma. Nací en 2002 y mi familia finalmente regresó a Afganistán, donde me convertí en atleta y me uní a la selección nacional de taekwondo.
Cuando los talibanes regresan de nuevo al poder en 2021, se encuentra en Kabul, ¿esperaban los habitantes de la ciudad que algo así pudiese suceder de nuevo?

Para la gente fue sorprendente porque no podíamos aceptar que se produjese un cambio de régimen tan rápido. Ya sabíamos que venían y que controlaban ciudades en el norte del país, pero no podíamos creer que pudieran entrar en Kabul porque es la capital y teníamos de todo para combatirlos. Así que fue un gran shock, fue sorprendente levantarse por la mañana y ver que los talibanes estaban en la ciudad. Estaba junto a la ventana cuando la gente empezó a correr hacia sus casas y, de repente, las mujeres desaparecieron. Recuerdo que salí a la calle completamente cubierta y sentí que me miraban como si mi presencia fuera un error. Fue entonces cuando comprendí que no solo estábamos oprimidas, sino que nos estaban borrando.
En aquel momento se habló mucho de paz, de los Acuerdos de Doha y se dijo que los talibanes habían cambiado, pero no era verdad, los talibanes no habían cambiado. Eran terroristas ayer, lo siguen siendo hoy, y lo serán mañana. ¿Qué paz puede ofrecer un terrorista? No hay paz con terroristas.
No solo no habían cambiado, sino que el nuevo régimen talibán parece aún peor que el anterior, especialmente para las mujeres.
Es peor porque ha declarado la guerra contra las mujeres, yo lo llamo apartheid de género; ha declarado la guerra a los jóvenes porque arrebata por la fuerza a niños y adolescentes de sus familias para adoctrinarlos en madrasas en Kabul y convertirlos en terroristas; y ha declarado la guerra a las minorías étnicas, como los hazaras, o religiosas, como la minoría ismailí. No es un único problema, son muchos. Los talibanes hacen lo que quieren y no enfrentan ninguna consecuencia por ello.
Rusia fue el primer país en reconocer oficialmente a los talibanes en julio de 2025 como Emirato Islámico de Afganistán, después lo han hecho China, los Emiratos Árabes Unidos, Uzbekistán y Pakistán. A pesar de no reconocer al régimen, ya hay países europeos que negocian con los talibanes.
Sí, pero no son un emirato, ni siquiera son un gobierno: son terroristas. Nadie les dice que deben parar e incluso varios gobiernos han normalizado sus relaciones con los talibanes, justificándose con la excusa de que han cambiado o de que están en el poder y no hay otra opción. La normalización es más fácil que la responsabilidad, pero esto tiene que cambiar.
En septiembre de 2024, inició una campaña en redes sociales #LetUsExist! (Déjanos existir) denunciando a los talibanes por establecer un apartheid de género. Eso desató una enorme campaña de odio en su contra.
Sí, recibí miles de llamadas de personas que querían matarme o violarme, tres mil llamadas en las primeras 48 horas y después dejé de contar, y al principio fue muy difícil para mí. Estaba en París y me sentía segura y libre, pero, honestamente, ya no soy libre, estoy permanentemente bajo protección y no puedo vivir mi vida de la forma que quiero. Tengo que tener cuidado y vivo en peligro, pero no me arrepiento de mi lucha porque les está haciendo daño.
Podría haber vivido una vida tranquila en París, pero decidió pelear. ¿Por qué?
Creo que porque no me siento bien cuando veo la injusticia a mi alrededor. Ya no vivo en mi país debido a un problema político y prefiero decirlo en voz alta que mantenerme en silencio y no hacer nada. Quise alzar la voz y luchar porque no me sentía bien con todo lo que estaba pasando. Es una injusticia y un crimen, y como activista puedo hacer frente a eso y ser la voz de mi gente.
¿Qué puede hacer Occidente para ayudar a las mujeres afganas?
Siento que en este momento el mejor modo de ayudar a Afganistán y a las mujeres afganas es que el apartheid de género ejercido por los talibanes sea reconocido como un crimen, porque lo que está ocurriendo en Afganistán es un apartheid de género. Y hay que reconocer que esto, bajo la ley internacional, es un crimen contra la humanidad. Hacerlo no solo hará justicia a las mujeres afganas, sino que supondrá un desafío para los talibanes porque impedirá que se siga normalizando y reconociendo su régimen. Hay que dejar de dar plataformas diplomáticas a los talibanes desde las que se les permita representar al pueblo afgano porque no lo representan. Para ser honesto, hay que cortar todos los lazos con los talibanes.
¿Qué consecuencias podría tener para los talibanes la caída de los ayatolás en Irán? ¿Cree que supondría un grave problema para el régimen?
Sí, por supuesto. Irán es nuestro vecino y su régimen es un importante apoyo para los talibanes, que, al mismo tiempo, toman muchas de las medidas de la República Islámica como modelo. Son regímenes diferentes, pero es la misma ideología. La caída de los ayatolás afectaría mucho a los talibanes porque un nuevo régimen en Irán jamás se pondrá de parte de unos terroristas. Irán debe ser libre y el régimen debe cambiar, y como alguien nacida en Irán, creo que deben ser libres de los ayatolás y de su ideología, y después espero que llegue el turno de Afganistán.
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