Se dice que Sánchez ha negado a Trump su permiso para que los aviones norteamericanos puedan usar las bases en tierra española con efectos bélicos. A ver si queda claro, Sánchez cree que en USA se gastan una parte importante del dinero que no pueden destinar, por ejemplo, a una seguridad social casi universal, para tener unas bases militares a lo largo del mundo que puedan intervenir en conflictos de su interés pero que, en el caso de España, deben dedicarse a, por ejemplo, enviar flores o participar en exhibiciones aéreas.

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Estos americanos son un poco raros, la verdad, porque no haber caído en que en España pudiese existir un gobernante como Sánchez que se pusiese flamenquillo con lo que hacen los aviones en las bases españolas, es harto imprudente. Deben estar muy preocupados por tamaña imprevisión y seguro que está habiendo reparto de coscorrones en los departamentos de Estado y de la Guerra por tamaño despiste.

Trump ha desoído a sus electores porque MAGA significa no meterse en guerras extrañas, de manera que cabe suponer que Trump haya tenido motivos muy de peso para tomar la decisión que ha tomado

También podría pasar que estos yankis tan iletrados hayan decidido hacer muy poco caso a las advertencias de Sánchez, primero porque están seguros de que en la Moncloa, pese a ser el lugar de mayor concentración de cerebritos de toda España, no tienen demasiados medios para ver lo que hacen los aviones que despegan desde nuestras tierras, pero, sobre todo, porque un ejército, bajo órdenes de su comandante en jefe, que está dispuesto  a repartir bombas por doquier, es poco probable que se pare a considerar los tiquismiquis de un tipo tan poco consistente como nuestro todavía presidente de Gobierno.

Sánchez basa su argumento en consideraciones de derecho internacional, una disciplina que se ha convertido en el último refugio de los fantasmones y de los tiranos con derecho a hacer escabechinas en su demarcación. En el departamento de Estado, ahí también hay algunos cerebritos, seguro que les llama la atención que Sánchez se muestre tan melindroso en esta ocasión, cuando se pasó por salva sea la parte, todo el derecho internacional, las disposiciones de la ONU, el derecho constitucional y parlamentario español, etc. etc. cuando decidió entregar el Sahara, que estaba bajo la protección española de acuerdo con ese derecho del que Sánchez habla, a su amigo el sultán de Marruecos, eso sí a cambio de nada, que la honra sufre con la tacañería negociadora.

Lo más divertido es que los asesores de la Moncloa le han convencido a Sánchez de que en una ocasión tan grave como ésta tiene que presentar su alternativa moral y pacifista con firmeza, pero sin faltar al respeto debido al presidente de los EE.UU. Sánchez que es un chico formal y obediente a las buenas razones ha decidido mostrar su más cortés actitud ante el presidente de ese gran país que, por cierto, nos derrotó sin paliativos en las guerras de finales del siglo XIX, y de ahí el antiamericanismo de buena parte de la derecha española, entre otras cosas porque los norteamericanos tampoco mostraron entonces el menor respeto a ningún derecho internacional.

Lo malo es que lo que se le ha ocurrido a Sánchez para salir del paso ante dos exigencias contrarias ha sido suponer que lo que le pasa a Trump es que se ha equivocado, que ha cometido un error, algo que le puede pasar a cualquiera, a Trump e incluso al propio Sánchez. Repasemos el asunto, que tiene su miga. Sánchez sostiene que Trump se equivoca cuando lanza un ataque bastante intenso contra Irán, es decir que Trump debía haber contenido su mal carácter o haber pedido consejo a personas más sabias, seguro que Sánchez se ofrecería gustoso a ello, que, sin duda, le habrían recomendado al presidente de los EE.UU. que se estuviese quieto, que así es como se avanza en el camino de la paz. Señores, tenemos un Chamberlain en España y no sabemos valorarlo.

Debo ser un tipo raro, pero se me antoja que Trump deberá tener bastante más información que la que tiene Sánchez sobre lo que se cuece en Irán y que habrá tenido acceso a decenas de informes estratégicos y de todo tipo sobre el asunto. Es más, Trump ha desoído a sus electores porque MAGA significa no meterse en guerras extrañas, de manera que cabe suponer que Trump haya tenido motivos muy de peso para tomar la decisión que ha tomado porque, en la práctica, muchos de esos electores que le auparon a la segunda presidencia están que echan las muelas con el récord de intervenciones que Trump ha acometido, además de que anuncia para las próximas semanas que les va a mover el asiento a los cubanos.

Bueno, pues nuestro gran Sánchez se pone en el papel de Trump y dictamina que el pelirrojo ha cometido un error, un desliz nada pequeño y que el presidente norteamericano debiera acogerse con prontitud al catecismo de la izquierda biempensante, esa que siempre sabe distinguir entre los iguales, porque ellos son mucho más iguales que todos los demás, que la inmensa caterva de pardillos que cree en valores como la libertad, el esfuerzo, la competitividad y la autonomía moral. Algunos mal pensantes insinúan de manera poco comprensiva hacia nuestro gran líder que Sánchez está actuando con la lógica electoral, que confía que al grito de “No a la guerra” la derecha se vuelva a quedar, una vez más, compuesta y sin novio.

Puede que eso suceda, porque la política, como decía el añorado Guillermo Gortázar, es ignorar siempre lo que pueda pasar mañana, pero ese punto de vista me parece muy egoísta porque no reconoce el arrojo y el valor moral de nuestro Pedro Sánchez. Es verdad que, como dice el refrán, tiene la casa por barrer, los trenes van muy despacio y si corren descarrilan, el ministerio de medio ambiente no vigila el estado de los puentes ecológicos (Santander, seis muertos), es incapaz de aprobar una ley pese a apoyarse todavía en la mayoría que le hizo gritar “somos más que ellos”, aunque en realidad pensaba “somos mucho mejores que ellos”, no es capaz de rentabilizar los fondos europeos, tiene una tropa ministerial (más de veinte unidades) que no le da mucho juego y, por acabar, padece unas amistades y familias que le pueden amargar sus merecidas victorias, pero nadie debiera negarle la grandeza de ánimo que le mueve, su capacidad para centrarse en lo esencial.

Está mostrando a Trump el camino de la virtud y eso tiene un valor que nadie puede ignorar. La duda que tengo, ya para acabar, es cómo no se le ocurren esta clase de advertencias tan nítidas como atinadas cuando Putin invade Ucrania, cuando los ayatolas cuelgan de una farola a miles por el mero hecho de discrepar y en otras muchas ocasiones en que podría haberse convertido en el gran guía moral que merece ser sin necesidad de poner a España en una situación no ya incómoda sino inmerecida y muy preocupante. Se ve que sólo le va lo difícil, nadar río arriba y, si las cosas se le ponen muy feas siempre puede mandar a la Cristobal Colón como mandó en su día a otro barco de guerra a proteger, eso sí a buena distancia, a la flotilla humanitaria de la Colau y la Greta. En fin, ¡pobres marinos! Espero que se consuelen pensando que sus sacrificios, por ridículos que resulten, sirven para poner de manifiesto que tenemos un gobierno serio, atento y valiente que no se arredra ante nada.

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J.L. González Quirós
A lo largo de mi vida he hecho cosas bastante distintas, pero nunca he dejado de sentirme, con toda la modestia de que he sido capaz, un filósofo, un actividad que no ha dejado de asombrarme y un oficio que siempre me ha parecido inverosímil. Para darle un aire de normalidad, he sido profesor de la UCM, catedrático de Instituto, investigador del Instituto de Filosofía del CSIC, y acabo de jubilarme en la URJC. He publicado unos cuantos libros y centenares de artículos sobre cuestiones que me resultaban intrigantes y en las que pensaba que podría aportar algo a mis selectos lectores, es decir que siempre he sido una especie de híbrido entre optimista e iluso. Creo que he emborronado más páginas de lo debido, entre otras cosas porque jamás me he negado a escribir un texto que se me solicitase. Fui finalista del Premio Nacional de ensayo en 2003, y obtuve en 2007 el Premio de ensayo de la Fundación Everis junto con mi discípulo Karim Gherab Martín por nuestro libro sobre el porvenir y la organización de la ciencia en el mundo digital, que fue traducido al inglés. He sido el primer director de la revista Cuadernos de pensamiento político, y he mantenido una presencia habitual en algunos medios de comunicación y en el entorno digital sobre cuestiones de actualidad en el ámbito de la cultura, la tecnología y la política. Esta es mi página web