El 17 de julio y en una nota firmada por el periodista Rafa Latorre para El Mundo, se informó que el director de cine español, José Luis Garci, está buscando locaciones para la filmación de El crack, parte tres: la última edición de la saga protagonizada por el enorme Alfredo Landa (1933-2013), iniciada en 1981 y continuada en 1983.

Para quienes somos nostálgicos del cine clásico, como lo es el propio Garci (Madrid, 1944), el regreso de las aventuras del detective privado Germán Areta es una apuesta por la ilusión. Profundamente influido por el cine clásico estadounidense de John Ford, Anthony Mann y Billy Wilder, Garci es una mezcla de Clint Eastwood y Ang Lee, con toques decididamente ibéricos. Su cine no responde a tendencia dominante alguna y se limita a patentizar sus sentimientos, sus emociones y su trayectoria vital.

Políticamente incorrecto, Garci dice lo que quiere y como quiere, con total desdén por el progresismo o las convenciones sociales que rigen el mundo del cine

Políticamente incorrecto, Garci dice lo que quiere y como quiere. Exótico para el mundo del espectáculo es su total desdén por el progresismo o las convenciones sociales que rigen el mundo del cine, donde la izquierda burguesa suele ser la norma. Reflejo de esta forma de ser es su histórica participación en el programa Cowboys de Medianoche en EsRadio (junto al fiscal Eduardo Torres-Dulce y al periodista y político Luis Herrero) y el inusual gesto de convocar a Alberto Ruiz-Gallardón para su película Holmes & Watson: Madrid days, en la que el político del Partido Popular encarnó a su tío bisabuelo, el compositor Isaac Albéniz.

Su cine es igualmente personal y revulsivo. Desde las legendarias Asignatura pendiente y Solos en la madrugada (de 1977 y 1978, respectivamente; películas imprescindibles para captar el espíritu de la Transición política española) hasta la oscarizada Volver a empezar (1982), la filmografía de Garci cuenta incluso con joyas hoy injustamente olvidadas como Las verdes praderas (1979), una descarnada crítica al consumismo y la vacuidad de la vida moderna. Sin embargo, es en la saga de El crack donde se ve, quizá, su sello personal; no por casualidad la película se abre con un “en homenaje a Dashiell Hammett”.

El detective antihéroe

Posiblemente, para las nuevas generaciones, el detective Germán Areta sea un personaje repudiable. Duro, seco, leal y ajustado estrictamente a su canon de reglas éticas, Areta es un antihéroe solitario que, sin embargo, abre eventualmente su corazón (y siempre sale lastimado). En lo que hoy puede parecer esquemático y tosco, Areta es una variación del personaje clásico del cine mágico y original, aquel cine donde el muchacho vencía a los villanos y se quedaba con la chica, entre los aplausos del público.

El tabaco, la noche quieta y el boxeo son elementos que escritores norteamericanos como Raymond Chandler y Dashiell Hammett dejaron en la vida de Garci

Los habitantes del primer tercio del siglo XX, aquellos seres (hoy anómalos) que leían novelas policiales y abrevaban en el cine negro, pueden encontrar con facilidad los indicios que Raymond Chandler y Dashiell Hammett dejaron en la vida de Garci. El tabaco, la noche quieta y el boxeo, rituales populares de antaño, tienen un lugar preponderante en la vida de Areta, un tipo que no acepta la llegada de la modernidad.

El propio Garci se quejó de la imposibilidad que supone hoy filmar en la Gran Vía de Madrid: “En el visor de la cámara se cuela siempre un cartel en chino”. Quizá el detective deba reinventarse y lidiar con esta España del siglo XXI, forzadamente multicultural y posmoderna a los golpes. Una España que muchos se niegan a asimilar o, siquiera, entender.

Párrafo aparte merece el actor que encarnará a Germán Areta, el andaluz Víctor Clavijo (Algeciras, España, 1973). Posiblemente uno de los mejores intérpretes de su generación, Clavijo reúne las condiciones esenciales para retomar la senda que dejó Alfredo Landa. Varonil, vehemente, con voz de trueno y reminiscencias de Burt Lancaster o el primer Marlon Brando, debió haber sido el Diego Alatriste y Tenorio que popularizó Viggo Mortensen.

Cara familiar para los televidentes españoles (entre muchos otros papeles, interpretó a uno de los chicos que acompañaban a El Fary en Menudo es mi padre y al despreciable Raúl de Al salir de clase), Clavijo es uno de esos actores que todavía espera (y merece sobradamente) un protagónico consagratorio. Un tipo duro, pero querible, perfecto para resucitar al detective madrileño.

Vuelve Germán Areta, queridos lectores. En tiempos de corrección política y sumisión ovejuna, es una excelente noticia.


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