El ecologismo parte de una idea muy extendida en estos tiempos en los que vivimos; la de que el colapso civilizatorio es inminente. Según los proponentes de esta nueva versión del mito milenarista, aunque el siglo XX se ha caracterizado por las mayores tasas de crecimiento económico y los mayores avances en la historia de la humanidad, el crecimiento económico ilimitado es insostenible. Las dos grandes formas de entender este paradigma civilizatorio, el neoliberalismo y el marxismo soviético, tendrían en común el hecho de haber priorizado la idea del crecimiento sobre la idea de la sostenibilidad del propio sistema ecológico.

El moderno ecologismo es el resultado de una crítica radical contra este paradigma del crecimiento ilimitado, que lo entronca con planteamientos anticapitalistas. Básicamente, el nuevo ecologismo recibe influencias de varias corrientes de pensamiento. Por un lado, se inspira en el organicismo ecológico de personajes como James Lovecock, autor de un célebre libro Hipótesis Gaia, que contempla el planeta como un “sistema vivo” y autoorganizado, que se vería amenazado por la presencia manipuladora de la especie humana, la cual estaría poniendo en peligro, con su consumismo creciente y tecnificación monstruosa, la idea de la autoconservación del propio plantea.

La segunda gran influencia que recibe el moderno ecologismo la encontramos en la propia constitución de la ecología como ciencia. En la obra del biólogo, discípulo de Darwin, Ernst Haeckel, que enfatiza la idea de interrelación entre los distintos organismos que componen los sistemas vivos, su continua adaptación y lucha por la supervivencia.

Debido a su gran infiltración en medios de comunicación de todo el mundo, el ecologismo contemporáneo han logrado trasmitir una sensación de colapso inminente que no se corresponde con los estudios científicos más rigurosos

No obstante, la gran influencia viene de la mano de la llamada economía ecológica (Georgescu-Roegen), que a su vez se inspira en los procesos de transferencia de energía dentro de los sistemas termodinámicos. Según la economía ecológica, el planeta tierra es básicamente un sistema autorregulado, que logra, por sí solo, un reciclaje casi absoluto de los materiales orgánicos (agua, oxígeno, carbono…) que utiliza en los procesos de transformación de la energía que acomete.

Por un lado, capta la energía solar (fotosíntesis) y la degrada, reflejándola hacia el exterior. Junto a este sistema, casi perfecto, el ser humano, a lo largo de la evolución habría desarrollado sistemas de transferencia de la energía de tipo no orgánico, sino técnicos (tecnosfera), que son altamente ineficientes por su gran dependencia de los combustibles fósiles y otras formas de energía no renovables. Estos sistemas son altamente contaminantes, pues producen una gran cantidad de residuos, que no se pueden expulsar. Generan, por lo tanto, una enorme entropía, en forma de polución, residuos y degradación de la biosfera.

El nuevo ecologismo es también bastante tecnófobo, no acepta la idea de que el progreso tecnológico sirva para disminuir el impacto ecológico de la intervención del hombre en la naturaleza. No cree en el paradigma liberal del llamado crecimiento sostenido. Parte, por el contrario, de la idea de que el paradigma economicista liberal es ineficaz para medir el impacto ecológico de la intervención de nuestra especie sobre el planeta. Así, el crecimiento económico estaría a punto de rebasar la capacidad del planeta. De hecho, afirman que el actual crecimiento económico se estaría basando en el consumo futuro de recursos del planeta. Parte de la idea, apuntada por el filósofo alemán Hans Jonas, de que nuestro consumo actual se estaría basando en una injusticia intergeneracional, al comprometer la satisfacción futura de las necesidades de las generaciones venideras. En una suerte de nuevo imperativo moral ecológico, que recuerda al Kantiano, nuestras instituciones políticas y económicas actuales estarían tomando decisiones que no podrían convertirse en “máximas de actuación” para las generaciones futuras.


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Lo primero que llama la atención en el discurso ecológico es su variabilidad. Inicialmente se apuntó a la tesis neomalthusiana del crecimiento ilimitado imposible, por la presión demográfica creciente. Luego cambió el diagnóstico y apuntó a un cúmulo de circunstancias (lógica del beneficio capitalista, recursos naturales limitados, presión poblacional…) como responsables del deterioro medioambiental en un intento de quitar responsabilidad a los países emergentes en el caos civilizatorio. De forma que los países más industrializados (menos poblados) contribuirían más a la degradación del planeta.

También cambió con el tiempo el paradigma económico defendido por el ecologismo como alternativa viable al llamado capitalismo fósil. De defender la tesis del crecimiento cero, se pasó a defender la idea del decrecimiento y últimamente a la idea del crecimiento sostenible basado en una economía verde, como la defendida por Jeremy Rifkin quien propone una especie de tercera revolución industrial basada en el uso de fuentes de energía renovables, la llamada economía colaborativa como alternativa a la crisis de productividad en que viven inmersas las principales economías mundiales en las últimas décadas.

En los años ochenta y buena parte de los noventa, muchos países industrializados vivieron en situaciones de crecimiento cero y el impacto de las emisiones, la contaminación y otras agresiones al medio ambiente no disminuyeron. También se pasó a cuestionar la idea de que el paradigma económico neoclásico fuera el adecuado para afrontar los problemas medio ambientales. El sistema de precios no recogería los costes medioambientales y, por lo tanto, tampoco permitiría internalizarlos. Frente a este paradigma neoclásico, basado en el individualismo metodológico, economistas como Herman Daily proponen una serie de criterios normativos, que deberían cumplirse simultáneamente. La idea de no consumir recursos renovables por encima de su ritmo de renovación; no explotar los recursos no renovables por encima de la tasa de sustitución por energías renovables; respetar la capacidad de absorción de los ecosistemas, a la hora de hacer vertidos contaminantes; y preservar la mayor cantidad de ecosistemas posibles son algunas de las medidas que propone Daily.

Según los economistas ecológicos, con el paradigma neoliberal se habría superado, con creces, la llamada frontera de sostenibilidad (en 1986 la especie humana ya se habría apropiado de más del 40% de la producción primaria neta terrestre). A diferencia del marxismo clásico, los economistas ecológicos no rechazan el mercado como medio de asignación de recursos, pero si rechazan su versión liberal. Parten de la idea que apunta el economista Karl Polanyi en La Gran Transformación. El mercado, en el buen sentido, sería aquel que favorece la interacción simbiótica y no el lugar donde satisfacer los egoísmos particulares. Por encima de las preferencias particulares, existirían unos principios de economía moral común que deberían ser respetados.

El ecologismo liberal y socialdemócrata, que ellos califican despectivamente de “ambientalismo”, no niega a la existencia de presiones sobre el medio ambiente, derivadas de la intervención humana. De hecho, tuvo un importante papel en su denuncia (el llamado ecologismo de inspiración socialdemócrata surgido en Alemania en los años 70), sino que propone recetas no tan colectivistas, ni tecnófobas para afrontar el desafío medioambiental. La creación de los llamados partidos verdes en el norte de Europa en los años 70, la lucha contra el rearme nuclear en Europa de los años ochenta o el desarrollo de impuestos ecológicos y regulaciones ambientales son algunos ejemplos de la influencia del ecologismo socialdemócrata.

También en la tradición liberal se ha desarrollado una importante escuela de pensamiento ecológica, según la cual la mayoría de los problemas ecológicos se podrían solventar con una clara asignación de derechos de propiedad y con una adecuada internalización de costes ambientales, algo que no ocurre en formas de colectivización económica.

Por otra parte, se ha demostrado que dos de las tesis básicas del ecologismo alarmista estaba claramente sobredimensionadas. Una era el anuncio apocalíptico del fin de la era de los combustibles fósiles. Son innumerables las veces en que el pensamiento riguroso ecológico ha tenido que cambiar sus modelos predictivos sobre el umbral máximo de extracción, a partir del cual la civilización entraría en una situación de colapso.

Ante la incapacidad de predecir nada (debido al hallazgo de nuevos yacimientos o al desarrollo de nuevas técnicas extractivas), han tenido que dar paso a las teorías “conspirativas”, que hablan de movimientos geoestratégicos mundiales, con escenarios bélicos, que tendrían como misión garantizarse la posesión de los menguantes recursos energéticos.

Aunque la energía nuclear ha resultado ser una de las más seguras del mundo, el ecologismo más radical sigue prefiriendo maneras más costosas de producción energética (renovables), vinculadas a formas más especulativas de entender la economía, y se resiste a aceptar las evidencias científicas. Debido a su gran infiltración en medios de comunicación de todo el mundo, han logrado trasmitir una sensación de colapso inminente que no se corresponde con los estudios científicos más rigurosos. El “cambio climático” ha dejado de ser visto como un problema real, que requiere medidas, para convertirse en una nueva versión de milenarismo catastrofista, con una gran industria detrás (organizaciones, libros, películas…), todas ellas encaminadas a presentar como inevitable un fenómeno sobre el que todavía no hay un consenso científico tan claro como algunas veces se quiere hacer creer.

Foto: Robert Lukeman

20 COMENTARIOS

  1. En una cosa estoy de acuerdo : “la energía nuclear ha resultado ser una de las mas seguras del mundo”…..pero especificando que hablamos de fisión, y de “seguridad” para la conservación de los ecosistemas y especies no humanas.
    Solo hay que darse una vuelta por la zona de exclusión de Chernobil, o por los alrededores del atolon Bikini.

    El ser humano, como especie exitosa y dominante, ejerce su poder a discreción, y tanto lo que ya ha hecho, como lo que defina en el futuro, no es más que la manifestación de la evolución de la vida en el planeta tierra (por ahora).
    Ecologismo ( de uno u otro color)…..cambioclimatismo… negacionismo… todas ellas manifestaciones de las luchas y tensiones que se dan en la sociedad por encaminar el futuro en uno u otro sentido.

    Cada ser vivo es portador de una información genética, resultado de miles y millones de años de evolución, cuya perdida implica una merma de la enciclopedia biológica a disposición de la avanzada y tecnificada especie humana…una pérdida de potencial conocimiento y de las posibilidades que este conllevaría.
    Algo que me cuesta comprender es que, personas o círculos pretendídamente cultos e ilustrados, ninguneen o diréctamente menosprecien a aquellos que muestran preocupación por las epecies, tanto vegetales como animales, que actualmente se están extinguiendo a gran escala (en relación a los periodos evolutivos). A mi me parece una forma de ignorancia…si no de brutalidad.

    • Chernobil fue consecuencia de la desastrosa gestión comunista no de la utilización de la energía nuclear. Para que se entienda el desastre de Chernobil no es imputable a la energía nuclear sino al comunismo, al igual que el desastre medioambiental del Mar de Azov. En el atolón de bikini se probaron armas nucleares, no hay ninguna central nuclear. Como casi todo en esta vida, depende de como se use.

      • Por esa regla de tres, Fukushima fué consecuencia de un fallo de previsión de los ingenieros Japoneses (estando en zona sísmica, no situaron los generadores de emergencia en una cota a prueba de tsunamis), y por lo tanto no imputable a la energía nuclear, sino a la superdesarrollada Monarquía Japonesa.

  2. Como este es un tema recurrente, de poco en poco se le da una vuelta, que solo es un repaso de obviedades, las mas de las veces.
    Hay un referente, en su día dogma de fe para las gentes de aquel tiempo que eran las predicciones del Club de Roma, integrado por personalidades relevantes y con acceso a una información de naturaleza hermética, cuya divulgación quedaba constreñida a su traducción posibilista, a la que yo defino como dinamita para los pollos.
    Por aquel entonces, o sea, los 90, la población mundial rondaba los 800/900 millones de criaturas humanas; treinta años después, es decir, ahora 7000 millones.
    Esto solo para contextualizar, porque, a la sazón, es una de las escasas cosas en que no se equivocó.
    Por ello, el viejo Malthus, que usted cita de pasada, y cuya teorías teorías cobran cada vez mayor vigencia, no estaba muy equivocado.
    Y, porque? pues, porque la vida es un sistema con una enorme demanda de energia, que luego transforma en otras cosas, según las leyes de la termodinámica. Pero la forma en que lo hace, es decir su eficiencia, es lo que está en juego, porque si la población sigue creciendo de manera exponencial y los recursos de manera aritmética, el sistema colapsa, antes o después. Aún así, la lógica no sirve en los sistemas estocásticos.
    Dado lo cual, aunque el reto global que se delega en la política y en la tecnología, es de máxima relevancia y exige medidas de largo plazo insoslayables y con elevado coste de cara a las aspiraciones de bienestar de las gentes. Al propio tiempo, cada una de las criaturas que integran ese colectivo de los 7000 millones, debería adoptar un sistema de vida austero en el consumo de recursos energéticos y no devolver al medio ambiente la ingente magnitud de desperdicios que hoy irresponsáblemente se permite, con la coartada moral de los derechos que se le han otorgado, y de que el asunto es competencia de sus príncipes. No, porque el mar de agua que se utiliza en sus cultivos de vegetales y bichos, es cosa suya y lo que va al mar en plásticos y en veneno a los rios, entre otras muchas cosas que van en función de sus renuncias al confort, son asunto suyo.

    • ¿Cuando habla de los 90 se refiere a la decada final del siglo XX, no? Pues si es así se le ha olvidado en su cómputo de población mundial nada menos que más zde 4.000 millones de seres humanos….

    • Fe de erratas:
      “Los noventa” se refiere a 1.890, poco después que Thomas R. Malthus escribiera su célebre “Ensayo sobre el Principio de la Población”. Han pasado pues, no “treinta” años, sino 130.

    • Bueno eso de que Malthus no estaba equivocado no me parece una afirmación muy ajustada a la realidad. Efectivamente cuando Malthus escribió su famoso libro, a principios del XIX no a finales, la población mundial era aproximadamente (según he podido consultar en diferentes fuentes en internet) de mil millones de personas, ahora es de siete mil millones, y es indiscutible que el nivel de prosperidad material ha aumentado. Vamos que ahora comen más y mejor un mayor número de personas que en la época de Malthus, proporcionalmente se entiende. Así que por ahora la realidad no da la razón al amigo Malthus.

      • Pero lo que se dirime aquí no es si la “prosperidad” se ha incrementado o no, asunto, por otra parte poco discutible, si no si ésta se ha obtenido por métodos sostenibles en el tiempo.
        Yo no dispongo de sistemas de medida de la “realidad”, eso es cierto, magnitudes que habría que ponderar integrando muchos factores, pero hay pocas dudas que la “paradoja malthusiana” está mas vigente que nunca.
        Y, por otra parte, si el crecimiento de la población humana goza de la virtud, que no poseen otras criaturas vivas, cuya población se ajusta de manera natural a los recursos disponibles, de avanzar sin límite alguno, sería una excepción que daría al traste con todos los paradigmas acuñados hasta la fecha, y basados en la evidencia empírica sobre el devenir de los ecosistemas.
        Pero si así fuera, por mi, tan contento. Ahora bien, alguien me tendría que convencer antes, para abandonarme al optimismo acrítico, de donde, como y de que manera se va ha obtener la energía necesaria.
        Porque si, ahora mismo, no hubiera ya, o se atisbara, algún problema plausible, pues, no se de que estamos hablando, porque aquí en la tierra, la vida y la energía que la mueve, lamentablemente, son sistemas finitos y muy sensibles a las condiciones en que se desarrollan ambos.

        • Pero Malthus se refería a que el incremento de población implicaría mayor miseria ¿no? En tal sentido parece que sus predicciones eran erróneas.
          “si el crecimiento de la población humana goza de la virtud, que no poseen otras criaturas vivas, ” Es que nosotros no somos como las otras criaturas vivas, tenemos una cosa que nos diferencia de ellas: la inteligencia. Evidentemente como seres libres podremos utilizar nuestra inteligencia para el bien o para el mal, así que la misma puede servir para el desastre o para nuestro bienestar. Un ejemplo clarísimo es la energía nuclear, la podemos utilizar como una de esas fuentes de energía que usted echa en falta, y bastante limpia por cierto (solucionaremos el problema de los residuos sin duda alguna) o la podemos utilizar como arma de destrucción masiva.

          • Yo no tengo nada contra la energía nuclear, eso que quede claro. Aquí mismo he escrito hace poco, que Alemania que posee una de las tecnologías mejores para la explotación de sus centrales, se las va a cargar todas aprovechando el asunto Fukushima y porque quiere liderar el cambio tecnológico hacia las “sostenibles”, anticipándose a la competencia.
            Dicho ésto, lo de apostar por la “inteligencia” colectiva, a mí, a la vista de lo que me dicta la experiencia, me parece un tanto arriesgado, sobre todo cuando sobre la misma pesan tantas componendas políticas y estratégicas.
            Nunca hubo mas inteligencia en el mundo financiero que ahora, donde un señor sentado en un ordenador, él solito, es capaz de mover en una tarde tanta pasta como el equivalente al PIB de algunos paises de medio pelo.
            Y jamas hubo, desde que se abandonó el “patrón oro” tanta inteligencia para crear dinero de la nada, (fiat) que ya suma el equivalente, si usted no me lo desmiente, a la suma todos los PIB´s mundiales agregados.
            Pero, como la “inteligencia” de los controles miró para otro lado, pues……¡¡la crísis!!.
            Cuidado.

          • Yo no se que es eso de “inteligencia colectiva” y no me refería a eso o a algo parecido. Simplemente digo que el ser humano no es equiparable al resto de seres vivos porque empleando la clásica clasificación nosotros somos seres racionales, mientras que los animales son irracionales. Nada más..y nada menos.

          • cuando se apela a que “los”, no algunos “de” los seres humanos son criaturas inteligentes, se infiere que esta refiriendo a un colectivo.
            Pero aquí, lo que prima, el fondo de la cuestión es si la deriva de una clase de animales, por cierto, de reciente aparición sobre el conjunto, es capaz, por si misma, por la naturaleza de sus acciones u omisiones de alterar la armonía de un sistema en equilibrio como es la vida.
            Seres menos “inteligentes”, según la escala humana, se encargan, por ejemplo, de constituir sociedades mucho mas eficientes a la hora de trasladar la energía del sol a los vegetales, los cuales, a su vez, la siguen con la fotosíntesis, sistema éste de tratamiento de la energía de máxima eficiencia de la que, a la postre, nos beneficiamos todos, los inteligentes y los demás.
            Y las mas de las veces, la inteligencia creativa que muchas veces unos pocos proponen para el progreso de todos, se malversa en función de intereses a corto plazo plazo de unos pocos.

          • Hombre Jarando yo creía que lo que distinguia a los humanos del resto de seres vivos era precisamente la inteligencia. Pero si eso ha cambiado y resulta que hay otros seres vivos, inteligentes con capacidad de raciocinio, entonces amigo me retiro de la conversación

          • Yo, con exactitud, le confieso que no se que es la inteligencia. Ni siquiera lo que es un pensamiento, y mucho menos la conciencia.
            Desde Kant, coincido con él y Shopenhauer, que de las cosas solo conocemos una simple representación. Y gracias a Popper, distinguir entre lo probado y lo que no, en epistemológía.
            En todo caso, me interesan mas, para este caso, las actidudes que las aptitudes.
            La vida, que no se de donde procede, aunque aplico alguna creencia, es un sistema de una complejidad y perfección difícil de abarcar para el grado de consciencia de un vertebrado modesto, que habita en un planeta perdido en el universo, y que no aspira a mas que a buscar alguna explicación a los fenómenos de ese maravilloso sistema de relojeria.
            Es por esto, por lo que albergo dudas, y pocas certezas, respecto a las consecuencias de alterar las armonías de un sistema dinámico tan excelentemente equilibrado.
            Aquí, el autor hizo mención, creo que con acierto a la responsabilidad de las generaciones en el consumo de recursos para satisfacción de las urgencias del momento topológico a costa de condicionar las de la gente que venga después.
            En esto consisten los Ponzi sistemas, asunto peligroso. Hay muchos.
            Y me va a permitir, por simbólico, que le cite uno solo como ejemplo; a la misma Seguridad Social.
            La vida es la integración en uno solo de un universo de sistemas “inteligentes”. Un servidor, no se atreve ahora mismo a pronosticar si para Gaia, es mas “inteligente” el sapiens o una colmena.

          • “Un servidor, no se atreve ahora mismo a pronosticar si para Gaia, es mas “inteligente” el sapiens o una colmena.”

            La colmena sin duda…y el cuarzo también tiene una capacidad de razonar de la que el homo sapiens carece

  3. “Aunque la energía nuclear (de fisión) ha resultado ser una de las “más seguras del mundo (de piruleta)”, el ecologismo más radical (los malos) sigue prefiriendo maneras más costosas (sin externalidades soportadas e impuestas mediante la violencia directa o indirecta por el Estado) de producción (aprovechamiento) energética (“renovables”), vinculadas a formas más especulativas (subvencionadas por el Estado) de entender la economía (–mi dinero–), y se resiste a aceptar las evidencias científicas (de que el Estado es realmente el soporte del uso y aprovechamiento de la energía nuclear de fisión).”

  4. El primer problema científico está en la propia noción de sistema ecológico. Es un concepto bastante imaginario pues a la hora de la verdad la definición de un sistema ecológico resulta tremendamente imprecisa y sus límites muy borrosos. La “Hipótesis Gaia” ha hecho mucho daño.

    • Está claro que el ecologismo actual es otra moda impulsada por los medios de comunicación y que es una estrategia política impulsada por determinados partidos con un único objetivo (captar votos), así como por determinadas élites. Se trata de una verdadera impostura (como casi todo en un mundo que ya moldean los media como les indican que lo hagan). El ecologismo auténtico les importa un carajo.

      Un señor como Al Gore que viajaba por el mundo en avión privado, dando conferencias sobre lo catastrófico que era el cambio climático cobrando un pastón por charla, es el primero que debe callarse, pues su huella de carbono sería seguramente bastante mayor que la de muchos asistentes a la sala (que dado el caché de las invitaciones) tampoco debía ser pequeña. Estos señores son los nuevos telepredicadores de la postmodernidad (a los que se añaden los del mundo solidario pero que paguen otros, los justicieros de los hechos de hace siglos, los feministas de tercera ola, que menuda semana que nos espera). Ellos expanden su religión, en la que el ecologismo mal entendido es uno de los dogmas básicos. Pero, oh casualidad que siempre exigen que sean los de abajo los que tienen que disminuir su uso del coche, de la electricidad, ir menos a la playa, reciclar las basuras, mientras que ellos viajan al otro extremo del mundo (en business class o en avión privado) como quien va a comprar el pan a la esquina, disfrutan de los alimentos más sofisticados (aunque vengan de las antipodas a diario), pasan sus vacaciones en resorts de superlujo o en villas privadísimas en entornos privilegiados, donde a un señor que toda la vida ha recogido algunas hierbas medicinales para su uso particular y le meten un multazo o le amenazan con cárcel por delito ecológico (como le ocurrió hace tiempo a un pastor de Sierra Nevada). Ellos tienen servicio que les reciclan las basuras, les preparan su comida de lujo, chófer con vehículo autorizado por el poder para entrar en Madrid central (por ejemplo) y patente de corso para predicar y que todos los medios les dediquen portada.

      Cuando vea a los representantes del ecologismo corporativo ir en metro, comer en el mismo restaurante que los curritos e ir a la misma playa que yo voy (pero sin posturear para hacerse la foto), puede que me empiece a pensar que al menos creen algo de su propia doctrina. Mientras tanto los veré como a los obispos y curas, que predicaban la abstinencia y la aceptación de la pobreza para el pueblo, mientras ellos no se privaban de nada y se pegaban la vida padre, a costa del trabajo de los demás. Pero claro, para que las doctrinas falsas triunfen tiene que haber muchos tontos útiles que se las crean.

      Otra cosa es el auténtico ecologismo. Esta claro que tiene que haber políticas de ahorro energético, que los recursos fósiles son finitos (aunque la tecnología nos permita ganar tiempo antes de que su escasez sea más evidente, aumentando la eficiencia). No se puede derrochar electricidad por una cuestión de pura imagen de abundancia y bienestar. Las renovables no dan para mantener nuestro nivel de consumo actual. No hay que demonizar la energía nuclear de fisión (la única disponible por el momento en esta gama, y que también es un recurso agotable), pues hay que seguir investigando. Si hay que disminuir nuestro nivel de consumo (que tarde o temprano tendrá que ser así, sino ocurre una revolución en la producción de energía de aquí a fin del siglo XXI), lo tendremos que hacer todos, no por clases sociales. Quizás eso es lo que quieren vendernos los que impulsan este ecologismo corporativo: comernos el coco para que nosotros seamos ecológicos para disminuir nuestro consumo energético por las buenas, dejando disponibles recursos para ellos.

      Pero, atención, seguro que si esta estrategia falla, que lo hará ya que realmente todos los ecologistas de bar que conozco son un puro blablabla, pero ninguno esta dispuesto a ducharse con agua fría y a renunciar a sus viajes a Copenhague, la India o Uzbekistán cada trimestre, la disminución la harán por las malas (a menos que se produzca el milagro tecnológico). Y entonces hablaremos de eco-fascismo o de eco-comunismo y vamos a alucinar de la hipocresía y del clasismo del ser humano y de la manipulación de la que son capaces las élites.

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