Darío Madrid es el seudónimo en internet de Gonzalo Fernández, divulgador histórico y abogado. Especializado en Derecho Penal y Laboral, en el campo de la historia ha escrito numerosos artículos relacionados con la Leyenda Negra, la Inquisición y la Conquista de América, Tras su primer libro, “La Inquisición española. Realidad y procedimiento del Santo Oficio”, acaba de publicar “Mentiras desveladas y víctimas inocentes de la Guerra Civil”.

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¿Por qué un libro sobre la Guerra Civil?

Siempre me ha interesado el tema aunque en mi familia no se hablaba de ello, pero cuando fui a la universidad a estudiar Derecho vi los impactos de bala en la facultad de Medicina y descubrí que la Ciudad Universitaria había sido prácticamente destruida en la guerra y que Madrid había estado cercada tres años. Preguntando a mi madre descubrí que mi abuelo luchó en la Brigada Alpina, la Mixta 69, republicana, fue encarcelado al acabar la guerra y gracias a amigos suyos del otro bando salió de la cárcel y acabó trabajando en el Banco de España. Por el contrario, mi abuelo paterno fue encarcelado por los republicanos en Hellín, y tres de sus hermanos fueron fusilados por los republicanos en Alcázar de San Juan. Así que tenía ganas de escribir sobre este tema.

Tener familiares en los dos bandos es algo muy común, pero parece que de nuevo hay que dividir entre buenos y malos.

Sí, porque han vuelto a alimentar el odio. Tras la guerra hubo mucha gente que sufrió en la dictadura, pero los odios se fueron enterrando y, como en mi familia, personas que habían estado en distintos bandos se casaron entre sí. Por razones políticas todo eso se ha vuelto a revivir, olvidando a las víctimas inocentes de un bando y dando a entender que la República era un régimen maravilloso y que los que fueron asesinados prácticamente se lo merecían.

Por ejemplo, el asesinato de las 23 monjas Adoratrices que ocurrió en noviembre de 1936. Unos milicianos las torturan y las fusilan en el Cementerio de La Almudena, casi en el mismo lugar donde después de la guerra se fusila a las famosas “13 rosas” (militantes de izquierda). Ahora hay que olvidar a esas 23 mujeres y solo recordar a las otras 13. Y algunos lo justifican diciendo que en época de Franco sólo se recordaba a las monjas, pero es que ¡han pasado 50 años de la muerte de Franco! Ya es hora de recordar a todas las víctimas.

La persecución religiosa fue particularmente salvaje. ¿Fue la Iglesia el chivo expiatorio de la propaganda republicana?

Esto es algo que viene de la revolución francesa, luego se repite en la revolución rusa, y en España los religiosos pasan a ser, efectivamente, los chivos expiatorios;  son culpables de mantener el Antiguo Régimen y defienden ideas reaccionarias. Cuando se produce el golpe de Estado militar en julio del 36, se produce también una revolución que vulnera el orden republicano y se repite lo que pasó en Francia y en Rusia. El resultado fueron unos 8.000 religiosos muertos.

Antes, durante la República, hubo varios sacerdotes asesinados, y en el golpe de Estado socialista de octubre del 34, que sólo triunfa en Asturias, se hace exactamente lo mismo porque los consideraban responsables de que la derecha no fuera derrotada. En 1933, cuando las izquierdas se niegan a que la mujer tenga derecho al voto, una de las razones que esgrimen es que las mujeres eran muy influenciables por los sacerdotes.

En su libro habla de víctimas olvidadas. Ha mencionado a las 23 monjas de La Almudena, ¿qué otros casos destacaría?

Un caso muy poco conocido es el de Melquiades Álvarez, un republicano que había sido presidente del Congreso de los Diputados y decano del Colegio de Abogados de Madrid. Le tocó defender al fundador de la Falange, José Antonio Primo de Rivera, y, al estallar la guerra, le encarcelan para supuestamente protegerle de las turbas callejeras. En prisión unos milicianos le hicieron un juicio farsa y le asesinaron con una bayoneta en la garganta.

Otro es el asesinato del general López de Ochoa, que en nombre de la República reprimió el golpe de Estado del 34. Le detuvieron en Madrid y le llevaron a un hospital, pero lo sacaron para fusilarlo. Le cortaron la cabeza y durante un tiempo la estuvieron paseando por Carabanchel.

Por parte del otro bando me llama la atención el fusilamiento del general Manuel Romerales, comandante en Melilla, que hace frente a los sublevados para defender la legalidad republicana y es acusado de traidor y fusilado a los veinte días. Sean del bando que sean hay que recordar a todas estas víctimas.

Además de víctimas, también habla de mentiras, como la del supuesto enfrentamiento entre el general Millán Astray y el intelectual Miguel de Unamuno en la Universidad de Salamanca, y reflejado con todo detalle en la película “Mientras dure la guerra” de Alejandro Amenábar.

Es que no ocurrió nada de lo que se muestra ahí. No hubo ese enfrentamiento porque de lo contrario habría salido al día siguiente en todos los periódicos de la época. El relato de que Unamuno pronunció la frase “venceréis, pero no convenceréis”, es en realidad un mito que nace en 1941, de un artículo de Luis Portillo en la revista británica “Horizon”. Portillo no estuvo presente en el acto y escribió su texto desde el exilio, pero fue asumido por algunos historiadores para presentar el acto como un enfrentamiento épico entre la inteligencia y la barbarie. Las fuentes contemporáneas desmienten este mito.

La primera víctima de la guerra es la verdad.

Sí, y así comienza el libro más o menos. Durante la Segunda Republica se persiguió mucho la libertad de expresión y de prensa con la “ley de defensa de la República”, que nace antes de que la Constitución republicana fuese promulgada. Cuando se aprueba la Constitución por el parlamento, esta ley se añade como anexo, por lo que la libertad de prensa queda en realidad anulada.  Y cuando las derechas ganan en el 33, promulgan la “ley de orden público” que también censura la prensa.

Otro ejemplo es el Alcázar de Toledo. La prensa republicana publicó cinco veces que la fortaleza había caído y que sus ocupantes habían salido con las manos en alto.

¿Cuál es la mayor mentira de este período?

La mayor mentira son las elecciones municipales de 1931 que hacen caer la monarquía y dan el triunfo a los republicanos. El reinado de Alfonso XIII fue un desastre, pero no sabemos el resultado verdadero de esas elecciones porque no existen las actas. Se dio por hecho la victoria republicana, al menos en las capitales de provincia, pero no lo podemos comprobar. Y lo mismo ocurrió con las elecciones de febrero del 36, que dan la victoria al Frente Popular, porque hay acreditados distintos fraudes con las actas.

Otra mentira es que el asesinato del líder de la oposición de derecha, Calvo Sotelo, es el que provoca la Guerra Civil. Lo cierto es que el golpe militar se estaba preparando para esas fechas desde marzo por el general Mola y otros. Lo que sí provocó el asesinato de Calvo Sotelo es que militares que dudaban sublevarse, como el general Franco, se decidieran a hacerlo.

¿Ha tenido en cuenta leyes como la de memoria histórica y memoria democrática a la hora de hacer este libro? ¿Qué opina de las leyes de la memoria?

La verdad es que no y lo cierto es que me hubiese gustado hacerlo más largo e incluir más víctimas. Creo que no tienen que existir leyes de memoria histórica, porque la memoria es algo particular y personal. No hay motivos para hacer una ley de memoria, son los historiadores los que se tienen que ocupar de lo que ocurrió. ¿Por qué hay que exigir una interpretación determinada de la historia? Y en este caso favorable a uno de los bandos al que ahora llaman “democrático”, cuando el PSOE de 1936 era de todo menos democrático. Es absurdo pretender ocultar lo que hicieron los socialistas con leyes de memoria histórica.

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