El gran drama de la civilización occidental no es tanto que se encuentre al borde de la extinción cuanto de las razones últimas que conducen a la misma. No es ni la primera ni tampoco la última civilización condenada a su extinción. El gran drama de nuestra civilización es que está a punto de sucumbir bajo el influjo de lo que nuestra intelectualidad llama “progreso”, que en realidad no deja de ser una nueva forma de barbarie.

Contemplando la deriva totalitaria y la realización en la praxis de las ideas más peregrinas e irracionales, un espíritu crítico no puede por menos que acordarse de esa famosa sentencia de Baruch Spinoza, Ultimi barborum. No pueden dejar de calificarse como barbarismos hechos como los que estamos viviendo en estos tiempos. La instauración de la responsabilidad colectiva, la extinción de la individualidad y su sustitución por la neo-ideología identitaria, la iconoclastia para con nuestro legado cultural e histórico o la instauración de un presentismo histórico que exige valorar la historia según los parámetros ideológicos de la llamada teoría crítica son algunas de sus manifestaciones más palmarias.

Insisto en que no se trata de fenómenos nuevos, ya se han dado en diferentes momentos de la historia con matices diferentes. Lo que es verdaderamente novedoso es que se pretenda hacer pasar como una forma de “progreso” moral y cultural lo que a todas luces es una involución civilizatoria. La idea de progreso, típicamente ilustrada, alcanzó su mayor y más perfecta expresión con la filosofía de la historia de Kant. Para el pensador alemán la naturaleza humana alcanza su maduración moral a través de la historia con su perfeccionamiento en la praxis.

Mediante la destrucción del sentido común relativo a las ideas de mérito, capacidad, responsabilidad individual, justicia, sexo, género o mercado la nueva izquierda está a punto de subvertir logros civilizatorios que ha costado siglos construir y que será muy difícil recuperar

Las mentes ilustradas creyeron ver en la historia un desarrollo en pro de una mejor y más perfeccionada imagen de nosotros mismos. Un ejemplo de esto último lo encontramos en la propia evolución de la noción de lo que llamamos el sentido común. Con anterioridad al triunfo de las ideas ilustradas que creían en la posibilidad de un progreso de la especie humana en pos de una mayor moralización y racionalidad, el sentido común se entendía como el asentimiento que cualquier individuo podía dar a una serie de principios e ideas evidentes por sí mismos. Esta es la idea que manejaba Aristóteles (Koiné aísthesis), Descartes o incluso el propio Kant.

Con Vico la noción de sentido común deja de identificarse con una capacidad general de formular juicios certeros propios de la especie humana para convertirse en una noción vinculada a la historia. El sentido común pasa a equivaler a un conjunto de creencias compartidas en un momento histórico determinado, que pasa a ser mudable según cambien las circunstancias históricas que dieron origen a dichas creencias. Popper en El Conocimiento objetivo defiende que el sentido común pasa con la ilustración a ser refutable, como la propia ciencia. El sentido común puede ser corregido y reemplazado por otra forma de comprensión del mismo, que durante cierto tiempo puede parecer “extravagante”, hasta lograr alcanzar un número de adhesiones suficientes.

Con esta deconstrucción ilustrada de la idea del sentido común se dio carta de naturaleza a la propia crítica que de la ilustración haría la propia modernidad representada por los anti-ilustrados Horkheimer y Adorno y que tiene sus precedentes ya en Nietzsche. Éste en Sobre la verdad y la mentira en sentido extramoral  reduce la racionalidad a suerte de pura metáforas, adornadas poéticamente que después de un “prolongado uso, un pueblo considera firmes, canónicas y vinculantes”.

Este paso hacia la volatización de la idea del sentido común a la que se priva de un anclaje atemporal vinculado a la propia racionalidad de la especie, para convertirse en una suerte de aditamento histórico vinculado a un conjunto de creencias dominantes, alcanza categoría política en Gramsci. Para el pensador italiano la conquista y el dominio del sentido común es el paso previo a la instauración de un clima revolucionario capaz de subvertir las estructuras de poder hegemónicas. Sin conquistar la hegemonía sobre el sentido común no sólo no se puede alcanzar el poder, tampoco se puede mantener en el tiempo. Con la politización de la idea del sentido común esta noción se ha des-objetivado y se ha convertido en puramente convencional.

Esta pérdida de objetividad de la noción de sentido común no se habría producido si la izquierda hubiera asumido una noción evolucionista y naturalizada del sentido común, que ya estaba también presente en la obra de Nietzsche. Si el sentido común se hubiera vinculado con la idea de adaptación y supervivencia de la propia especie esta deriva irracionalista que manifiesta la nueva izquierda quizás no se hubiera producido. Al igual que la revolución francesa marcó el nacimiento de varias formas de entender la izquierda, siendo la jacobina la que acabaría dominando en la tradición leninista-marxista, otro tanto de lo mismo ha ocurrido con la propia noción del sentido común. A la disolución de esta noción clásica y a-histórica del sentido común le reemplazó una visión contingente, convencional y profundamente politizada. La otra posibilidad que cabía, la de vincular el sentido común con aquello que resulta más adaptativo para la propia evolución de la especie, tristemente no fue asumida por la izquierda.

Como decíamos al comienzo del artículo en esta destrucción de la idea clásica del sentido común se encuentra la raíz de los males del presente. Mediante la destrucción del sentido común relativo a las ideas de mérito, capacidad, responsabilidad individual, justicia, sexo, género o mercado la nueva izquierda está a punto de subvertir logros civilizatorios que ha costado siglos construir y que será muy difícil recuperar. Mucho menos con una derecha empeñada en no disputar la hegemonía sobre el sentido común para centrarse en la pura administración conservadora del sentido común urdido por la izquierda a través de su ingeniería social.

En esta labor de ingeniería social que consiste en reemplazar las nociones del sentido común que todos manejamos, la universidad ocupa un papel fundamental. Hace unos días el periodista Cristian Campos se hacía eco, en una brillante columna, del luctuoso suceso acaecido hace tres años en Evergreen, un famoso liberal arts college de corte progresista de la ciudad de Seatle, hoy epicentro del experimento social de la nueva izquierda. Dicha universidad ha hecho de los principios del llamado progresismo posmoderno su seña de identidad. Ideas como las de la violencia estructural, la mercadofobia, el revisionismo histórico, el odio a occidente, la ideología de género, el animalismo o el alarmismo climático forman parte de los principios fundacionales de la institución que moldean los planes de estudio que allí se imparten.

Allí hace escasamente tres años las turbas fanatizadas de estudiantes la tomaban con el profesor de biología Brett Weisntein por negarse a adoptar los nuevos protocolos relativos al llamado día de la ausencia: un día del calendario lectivo dedicado a hacer proselitismo estudiantil relativo al supuesto racismo institucional en los Estados Unidos. Tras acabar con la carrera docente de Weinstein, las turbas fanatizadas de estudiantes la tomaron con el propio rector de la institución al que sometieron a todo tipo de vejaciones, al igual que a buena parte del alumnado blanco de la institución en una suerte de ejercicio sadomasoquista de exaltación de las culpas colectivas de los blancos, que poco o nada tienen que ver con la actividad académica propia de las universidades y que parece más propio de un episodio de La Naranja mecánica de Kubrick.

Este suceso, lejos de constituir un episodio anecdótico en un campus radicalizado de los Estados Unidos, ejemplifica a la perfección la deriva de la institución universitaria, que ha dejado de servir a la sociedad abierta y verdaderamente libre para convertirse en una institución al servicio de la demolición de la sociedad. Lamentablemente vamos camino de conformar una nueva civilización en la que el sentido común ya no sea lo más y mejor repartido que hay en el mundo, como decía Descartes, sino lo peor repartido. Destinado a conformar una sociedad de esclavos y no de seres verdaderamente libres e iguales en derechos.

Foto: Joe Kritz


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Carlos Barrio
Estudié derecho y filosofía. Me defino como un heterodoxo convencido y practicante. He intentado hacer de mi vida una lucha infatigable contra el dogmatismo y la corrección política. He ejercido como crítico de cine y articulista para diversos medios como Libertad Digital, Bolsamania o IndieNYC.

11 COMENTARIOS

  1. Un cuento antiquísimo relata la caída de una civilización. Lo hace en unas cuatro líneas. Se conoce comúnmente como La Torre de Babel y avisa a quien quiera comprender. Pierde tus raíces y todo lo que construyas será destrucción.

  2. Yo no cabalgo contradicciones, las caso por la iglesia, y además como pienso que la historia es el «Hola» de las madres inteligentes, estoy cotilleando las nuevas parejas cósmicas que nos deparará el futuro.

    Observo lo que dicen y piensan los más jóvenes y me doy cuenta que son exactamente igual de gilipollas que hace treinta años, tienen los mismos problemas, las mismas dudas, las mismas inseguridades,.los mismos prejuicios, incluso es probable, no quiero dar ideas a los enemigos, que en breve los veamos pegados a la tele viendo un nuevo «Un, dos, tres» donde se hagan preguntas de este estilo: por cien euros la respuesta ¿Podría decirnos nombres de negros asesinados por la policía blanca? O ¿Podría decirnos nombres de tribus de transexuales? O por cien euros, nombres de políticos fascistas en activo.
    Esta idea me la copian seguro ¿o voy con retraso y eso es el pan diario?

    Yo estoy tranquilo, al principio me preocupé, sobre todo por las aberrantes, inútiles y peligrosas leyes de género, pero a medida que transcurría el tiempo me di cuenta que lo masculino y lo femenino son inalterables y no es recomendable llevarles la contraria, de hacerlo estás condenado al fracaso individual o colectivo. Estoy convencido que todo este disparate tendrá como resultado algo positivo. Aunque tardará en manifestarse plenamente algunos años ya ha comenzado a producirse.

    El sentido común necesita de la estabilidad para expandirse, el hombre medio necesita de cierta seguridad para vivir, como todo lo propuesto por la corrección política produce inseguridad, desasosiego, temor, no es fácil que pueda ser aceptado por la mayoría.

    Estoy convencido que esto no es más que un espejismo de la dictadura mediática global.

    «Sin conquistar la hegemonía sobre el sentido común no sólo no se puede alcanzar el poder, tampoco se puede mantener en el tiempo».

    Pues exactamente eso es lo que les sucederá a sus discípulos. Yo al menos no tengo ninguna duda, este espeluznante discurso está condenado al fracaso. Es inevitable. La hegemonía la logrará el que sea capaz de mostrar las carencias de lo políticamente correcto proporcionando equilibrio y sosiego. La desmesura en el disparate es diaria, el disparate del día supera al anterior.

    Por cierto, ¿Alguien sabe si las sillas de ruedas flotan?
    O si ¿Centrifugando un cuadriculado hacemos un Redondo? ¿Es ésto la cuadratura del círculo?

    • «Esto no es más que un espejismo…..». «Este espeluznante discurso está condenado al fracaso». «La desmesura en el disparate es diaria, el disparate del día supera al anterior.»

      También lo veo así. Este intento de Occidente de crear de la nada una civilización y cultura, contra la Historia, contra la condición humana, en definitiva, contra la realidad, no tiene recorrido, por mucho que la mayoría de las élites gobernantes y sus altavoces se empeñen. O es el canto del cisne de una cultura agotada, o es solamente un paréntesis en la Historia.

    • Pues estoy de acuerdo con ambos
      Estamos viviendo una época de infantilismo y de causas progresistas llenas de imbecilidad que asombra pero los adolescentes, los niños están bastante hartos de tanta tontería. Hay que tener en cuenta que los adolescentes aunque sea por tocar las narices siempre van contra las ideas de sus padres.

      Este año en carnavales en una zona donde los colegios hacen sus desfiles, la temática era el ecologismo, uno de los colegios con los que tengo contacto disfrazó a los niños de todo aquello que no se puede tirar al mar, a los ríos, vamos que los niños iban de bolsas de basura, de pilas, de latas etc etc…pues tenían un cabreo impresionante, estaban hartos de disfraces estúpidos las niñas querían ir de Blancanieves y los 7 enanitos o de cualquier otra princesa disney, y los niños de dinosaurios, vaqueros o de indios, incluso todos ellos decían pero si hay que ir de algo relacionado con las aguas que nos vistan de Nemo, de Sirenas, de algo que sea más bonito que tanta porquería. Los profesores, sobre todo un par de ellos que habían impuesto su decisión estaban asustados ante tal rebelión.
      Y yo les escuchaba y decía, vaya aún hay esperanza

      Tengo serias dudas de que esta agenda progresista termine imponiéndose, estas gilipolleces sólo tienen lugar cuando las carteras tienen dinero y vamos a una época que será todo lo contrario.

      Las nuevas generaciones sí no tienen inconveniente en aceptar la igualdad, el ecologismo y un par de cosas, pero una cosa es la igualdad y otra que les impongan ser lo que no son.

  3. Cabe mencionar que el Estado Liberal (Terapéutico) es la apoteosis del individuo.
    Estado que se establece como forma de colectivización de la culpa/responsabilidad, justamente para dar soporte a esa nueva visión del individuo como parte de una “sociedad” (mito) abierta.
    De esa noción de individuo sale esta forma de Estado; que en última instancia es una epopeya colectivista.

    Un ejemplo simple, relativo a la propiedad (el a-sentamiento), en este caso el Estado define la propiedad (es decir el Capitalis-mo) y proporciona soporte al individuo en su defensa, a la par que exige el “señoreaje mercenarial” (impuestos).

    Ni izquierda, ni derecha, es mundo liberal.

    Por otra parte, el esbozo del sentido común como forma evolucionista, darwinista, es ciertamente absurda. Ejemplo: A mata a B, por consiguiente A tiene más sentido común que B dado sobrevive.
    Es, en esencia, una forma satánica de percepción de lo humano (para religiosos), y, para no religiosos una de-sacralización de lo humano (es decir, un retorno a la animalización, al salvajismo).

  4. Cuestión muy interesante la que se está planteando.
    Entiendo que el sentido común es el resultado de procesos cognitivos en los que se buscan equilibrios entre pros y contras respecto de algún problema. Si es común es porque, en un determinado ámbito cultural o de civilización, la sensatez de ciertas propuestas o resoluciones es comúnmente compartida.

    No creo que eso tenga que ver con la evolución, pues la evolución no explica tantas cosas como algunos pretenden.

    Entre redes sociales y medios de comunicación controlados por unos pocos -hay que incluir todo el sistema educativo- el sentido común se puede hacer desaparecer en una generación. Basta con hacer dos cosas esenciales:
    1) inyectar odio por la vía del victimismo.
    2) desinformar.

    Tenemos un ejemplo muy cercano en esta España que están usando para estos experimentos bestias. El sentido común hubiera acosejado guardar un equilibrio entre salvar vidas ante el virus y salvar la economía. Se prefirió inyectar una nueva dosis de odio masivo contra la sensatez y utilizando a las mujeres como carne de cañón en el chochoM. Luego vino el confinamiento ruinoso amedrentando a la población.

    Así, estamos en un estado de desconcierto, sin rumbo, porque el sentido común se ha hecho desaparecer. La escasez de información científica fiable ha contribuido mucho a que sea difícil actuar con sentido común. Sólo se actúa con miedo. Y esta es nuestra involución.

  5. Como dice Tamuda, no solo hay que achacar los males de nuestro tiempo a la izquierda, la derecha no ha sabido ver la clase de Leviatán que se estaba creando. Grave error centrar la crítica en el comunismo, porque todo es mucho más sutil. En mi opinión lo que estamos viviendo es una apoteosis del capitalismo más bestia, el que apoya a Black Lives Matter, a la Open Society, a toda la caterva de ONGs progres, a Podemos, etc. Si no, cómo se explica que esta gente y sus delirios esté 24 horas en los medios y éstos no paren de dar difusión a su última ocurrencia diaria en Twitter, Facebook, Instagram y demás. No olvidemos que detrás de los grandes medios mundiales están los grandes grupos financieros, fondos buitres y (en España) el Ibex 35.

    Los grupos que potencian todos los delirios destructivos del sentido común no tienen ni «media torta mediática», ya que están generosamente alimentados por los señores del sistema. Qué pretenden éstos? Sencillamente enseñorearse más todavía, frente a una masa de borregos. La sociedad «tradicional» les estorba, porque tiene capacidad de reacción y de resistencia y ofrece refugio frente a los delirios de poder sin límite de los señores del planeta. De ahí el destrozar la educación, tanto en niveles básicos como en la Universidad.

    La derecha parte del error de considerar que los poderes financieros son sus amigos. Eso es lo que pensaba el inane Rajoy. Craso error. Estos poderes están interesados en el caos, porque ahí se dan las circunstancias que les permiten hacerse con más poder todavía y reducir al político a un mero títere. Y no dudan en quitar de enmedio a quien les estorba. Eso se ha visto muy claro desde hace bastante tiempo. Cómo un partido tan de derechas como el PNV apoyó la moción de censura contra Rajoy para elevar a la actual fauna que nos gobierna: pues órdenes de arriba. Sería una verdadera justicia poética que el PSOE les desalojara del poder en su feudo con los Bildu, Podemos, etc. Quizá esto no ocurra finalmente, pero seguro que el resultado electoral próximo será más caos.

    En fin… Que vivimos una típica etapa final de una civilización. El «limes» amenazado por los bárbaros, muchos de cuyos contingentes ya están dentro. Los «padres de la patria» más preocupados de mantener su estatus en el nuevo orden que de conservar lo antiguo. Los ricos poniendo su patrimonio a buen recaudo y asegurándose su vida en sus lujosas villas apartadas del caos. Nuevas ideas y creencias de todo signo (algunas decentes, pero instrumentalizadas por estructuras de poder, y otras absolutamente delirantes, aunque actualmente todo es delirio) campan por sus respetos y borran todo lo anterior. Todo un clásico de la caída del Imperio Romano en el siglo V. Lo malo es que en aquel entonces los bárbaros querían ser romanos, pero los bárbaros de hoy quieren seguir siendo bárbaros.

  6. “Esta pérdida de objetividad de la noción de sentido común no se habría producido si la izquierda hubiera asumido una noción evolucionista y naturalizada del sentido común,”

    ¡Pero si eso es exactamente lo que ha ocurrido! La naturalización evolucionista del sentido común, de la conciencia moral y de la consciencia. Y no tiene mucho que ver con el asunto izquierda y derecha, aunque en su origen, la izquierda hegeliana tomó la delantera crítica sobre el fenómeno religioso. Hoy es un acervo casi del hombre común, un nuevo dogma, dentro de la dogmática naturalista que pretende regir nuestro mundo, en que la razón es un instrumento de caza, una secreción de la Naturaleza, como el sentido común, la conciencia y la consciencia. El resultado al que llega todo ese pensar es que el asunto del hombre queda reducido a un capítulo más dentro de una zoología general.

    Los críticos con la “izquierda”se centran en los “horrores del comunismo”y otras manifestaciones históricas del fracaso político de la izquierda, pero comparten los evangelios del “materialismo histórico y dialéctico”, la mayoría de las veces sin siquiera ser conscientes de ello.