Hay imágenes que a lo largo de la historia cobran una fuerza inusitada e insospechada. Ese reconocimiento visual y su reproducción infinita las convierten en fenómenos culturales. La foto del Ché Guevara con su boina negra y esa mirada al horizonte, capturada por Alberto Korda, es un ejemplo de ello. Jim Fitzpatrick transformó su imagen en obra de arte como póster en 1967; Gerard Malanga lo serigrafió, Andy Warhol lo firmó como propio y a partir de ello, la imagen del guerrillero argentino-cubano pasó a ser un icono pop del siglo XX. Esa imagen también fue billete de tres pesos cubanos, camiseta, bandera, pin, tatuaje de Maradona y fue estampado en innumerables objetos de consumo masivo. La fuerza de una imagen hecha símbolo, va más allá del tiempo y las fronteras en el marco de la llamada cultura de masas.

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El retrato, el rostro inmortalizado de un personaje destacado por diversos motivos y en diferentes ámbitos por una fotografía, adquiere una fuerza comunicativa potenciada cuando se trata de la llamada mugshot o foto de prontuario de archivo policial. El momento de la detención de un infractor de la ley queda registrado en una imagen que, en muchos casos, adquiere un significado sociocultural trascendente.

Su controvertida personalidad, su actitud y estilo ha cautivado hasta al mismísimo John Lydon, ex Johnny Rotten, líder de los Sex Pistols y alma mater del movimiento punk

Los “famosos” que han pasado por la foto de prontuario mirando al objetivo de la cámara fotográfica policial han sido tantos y tan diversos como  Jim Morrison, Lenin, James Brown, Bill Gates, Benito Mussolini, David Bowie, Steve McQueen, Stalin, Tiger Woods, Paris Hilton, Frank Sinatra, Sid Vicious, Lee Harvey Oswald, Michael Jackson, Hugh Grant, O.J. Simpson, el Chapo Guzmán, Justin Bieber, Mel Gibson, Jane Fonda, Al Capone, Bill Cosby, Martin Luther King, Al Pacino, Pablo Escobar… ¿Los cargos? De los más variados y dispares: conducir en estado de ebriedad, terrorismo, posesión de drogas, agresión, asociación ilícita, violación, hurto, narcotráfico, homicidio, violencia doméstica… La mugshot, en estos casos, dejan de ser un documento jurídico policial y se convierten en otra cosa, en una imagen de la cultura popular e incluso en un producto.

El 24 de agosto de 2023, el ex mandatario estadounidense y candidato republicano, Donald Trump, también tuvo el privilegio de entrar en esa selecta galería de culto del Pop Art. Trump ha sido imputado por la Justicia de interferir en el proceso electoral de 2020, manejo indebido de documentos clasificados, desvío de fondos de su campaña presidencial, manipulación de testigos, conspiración para defraudar al gobierno estadounidense, violación de derechos civiles, entre otros delitos. Trump es  el primer presidente estadounidense en inmortalizarse en un ficha policial, con el número P01135809. Para cualquier otro político, una foto policial sería el final de su carrera, sin embargo, para el líder republicano esa imagen es un potente instrumento de campaña que lo impulsa en su camino de retorno a la Casa Blanca en 2024. Ese gesto y mirada desafiante a cámara al estilo Kubric ya es la foto policial más famosa de la historia de la política estadounidense y digna de entrar en el MoMA de New York como icono pop de la década del 20 del siglo XXI. La mirada Trump es la de un “outsider”, un outlaw, la de un “antihéroe del pueblo” perseguido injustamente por el poder establecido. Quienes han pretendido y buscan perjudicarlo políticamente aún no han dimensionado el error y el favor que le han hecho al magnate republicano con esa foto de prontuario. Donald Trump es sin duda un hombre inteligente y por supuesto no ha dejado pasar la histórica oportunidad que le han puesto delante de sus ojos.

Si navegamos en la página oficial de Donald Trump podemos ver que se encuentra en plena campaña electoral. El candidato invita unirse a “nuestro movimiento”, el movimiento MAGA (Make America Great Again):

El estilo de vida estadounidense está siendo atacado mientras los políticos de carrera destruyen nuestra economía y sabotean el increíble potencial de nuestra nación. Recuperaremos a nuestro país del corrupto establishment de Washington y devolveremos el poder al pueblo estadounidense, a donde pertenece. Alcanzaremos un futuro de prosperidad, seguridad y paz: creando una vez más la mayor economía de la historia del mundo, defendiendo nuestras fronteras, restaurando la independencia energética y liderando con fuerza y orgullo en el escenario mundial. Es hora de poner a Estados Unidos primero una vez más y marcar el comienzo de una nueva y gloriosa era de fe, familia y libertad. Juntos salvaremos vidas, salvaremos empleos y salvaremos a Estados Unidos. Únase a mí en nuestra misión imparable de hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande”.

Su mensaje es claro y contundente, tanto como la fotografía de su ficha policial, y ambas actúan en sincronía: Trump es un perseguido por el “establishment”que busca destruir la nación y destruirle a él, a un rebelde, un luchador convencido, un defensor orgulloso de los valores de su pueblo. En definitiva, un líder fuerte tanto en imagen como en ideas. Una síntesis perfecta, una fórmula política que cautiva a millones de estadounidenses hastiados del progresismo woke y las élites dominantes. Política y marketing van de la mano y funcionan. En el sitio web hay disponible merchandising asequible a golpe de clic: las gorras, banderas y camisetas con su mugshot en apoyo a la campaña electoral se venden como pan caliente.

A diferencia de los políticos profesionales, Donald Trump proviene de otro mundo, del mundo de la empresa, de los negocios y las finanzas que lo han fogueado en la comunicación y la publicidad. Trump es una empresa en sí mismo, una marca registrada, un auténtico icono americano. Su apellido y su emblemática “T” presiden sus edificios desde hace décadas, así como están presentes en productos tales como figuras bobblehead, polos, lociones corporales, corbatas, bisutería, naipes, chanclas, ositos de peluche, artículos de golf, velas aromatizadas, correas para perros, juegos de mesa, incluso adornos navideños que reproducen en miniatura el edificio de su club Mar-a-Lago…

Su imagen icónica no es algo nuevo, recordemos sus cameos en el cine en “Solo en casa 2”, “Zoolander”, o en las series “El príncipe de Bel-Air” y “Sexo en Nueva York.”, entre otras apariciones mediáticas. Pero sobre todo el éxito de su programa televisivo “The Apprentice” (El Aprendiz) durante 14 temporadas en la cadena NBC  -el concurso y reality show en el que jóvenes profesionales competían por ganar 250.000 dólares y ganar un contrato para dirigir una de sus empresas- lo hizo auténticamente popular. Su frase a la hora de eliminar participantes “You’re fired” (¡Estás despedido!) es inolvidable. Pero su carrera mediática no culminó allí, ya que, en enero de 2007 Donald Trump protagonizó otro momento histórico en la TV americana con su aparición en el popular programa “Raw” de lucha libre. Allí se le vio arrojar decenas de miles de dólares desde las vigas de la arena hacia los fans, además de retar al luchador propietario y fundador de la WWE (World Wrestling Entertainment), Vince McMahon, en un combate en el que el derrotado perdería su cabellera en la conocida como la “Batalla de los Multimillonarios” de WrestleMania. Como era de esperar, el magnate neoyorquino salió vencedor y entró en el “Hall of Fame” de la WWE.

A Donald Trump se le ama o se le odia, pero sin lugar a dudas es uno de los americanos más populares de las últimas décadas, más allá de su paso por la Casa Blanca entre 2017 y 2021. En su figura pública, el poder y la política se cruzan con el espectáculo y la popularidad con una dosis de patriotismo, valores tradicionales y también transgresión. Trump ha sabido interpretar las demandas de esa llamada “mayoría silenciosa” que cree en Dios, que siente el orgullo de ser estadounidense y ama y defiende a su familia. Paradójicamente, lo que en los años 60 y 70 fue contracultural, hoy es la génesis y matriz de la actual cultura oficial. Su controvertida personalidad, su actitud y estilo ha cautivado hasta al mismísimo John Lydon, ex Johnny Rotten, líder de los Sex Pistols y alma mater del movimiento punk, que luce sin pudor alguno una camiseta roja con el lema Make America Great Again. Tal vez hoy el ser conservador y patriota sea ser el nuevo punk en esta década. De lo que no hay duda es que la mugshot de Donald Trump ya es un desafiante icono pop de estos tiempos.

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