Una vez pasado un tiempo prudencial de las celebraciones del Madrid Orgullo 2019 (MADO’19) es el momento de reflexionar sobre la evolución del Colectivo LGTBI, un movimiento que nació para defender la tolerancia y la libertad individual, pero que una vez transformado en lobby está derivando hacia el totalitarismo, la intolerancia y hasta la violencia con similitudes a otros movimientos del siglo XX.

Para desarrollar estas reflexiones he tomado como base una conversación mantenida en Twitter con una persona del Colectivo LGTBI de Madrid sobre los episodios de violencia que miembros de este colectivo protagonizaron durante las marchas, obviamente las opiniones de esta persona no son representativas de todo el Colectivo, sin embargo, esta persona plantea los mismos argumentos que aparecen en otros foros.

Privilegios frente a derechos

Este es el primer argumento que propone el miembro de este colectivo, el que la comunidad LGTBI ha de tener un trato especial como compensación por la discriminación sufrida durante cientos de años en la sociedad occidental, considerando que una discriminación pasada se compensa con una discriminación futura de sentido contrario.

Ejemplos de esta discriminación es la limitación del derecho a realizar marchas en determinados lugares y fechas y a mostrar determinados símbolos a colectivos que se considera que no han sido suficientemente discriminados en el pasado.

En esta pretensión el Colectivo coincide con otros movimientos totalitarios occidentales, como son el nazismo, que pretendía la instauración de privilegios al Volk alemán en base a un supuesto historial de agravios producidos por otros pueblos como el judío, el gitano o el eslavo; el fascismo, que pretendía privilegios para los que formaban el Estado frente a los que consideraba fuera de él; y el comunismo, que pretende privilegios para la Clase Obrera, sin definir exactamente qué significa eso, frente a los miembros de otras clases a las que se define por defecto como explotadoras.

El mito fundacional

Al igual que estos tres movimientos, el Colectivo LGTBI tiene también su mito fundacional, un mito que justifica cualquier acción.

En el caso del nazismo el mito fundacional es el Putsch de Munich, intento de golpe de estado contra la República de Weimar que acabó con 16 muertos por parte de los sublevamos y cerca de 100 prisioneros incluido el propio Hitler. Una vez en el poder, el nazismo considero a esos fallecidos como mártires y utilizó su supuesta sangre para diversos ritos de la mitología nazi.

También el fascismo tiene su propio mito fundacional, la supuesta humillación del resultado de la Primera Guerra Mundial, que en el caso de Italia era una humillación en la victoria al sentirse engañados al no conseguir los resultados esperados tras la guerra.

Por su parte, el comunismo tiene a los Mártires de Chicago, los ocho condenados, cinco de ellos a muerte, por la Revuelta de Haymarket a los que se conmemora todos los primero de mayo.

En el caso LGTBI el mito fundacional es Stonewall, una serie de disturbios provocados por una redada policial en un local regentado por la Mafia que acabó con la confiscación de las bebidas alcohólicas y la reacción de unas 600 personas que recibió a la policía lanzándoles monedas y botellas.

Identitarismo

El miembro de este colectivo considera que la discriminación y la violencia ejercida sobre la comunidad LGTBI durante la semana del Orgullo es intolerable, pero no así la violencia que sufren otros colectivos LGTBI en otros países como Irán o Cuba, bajo el argumento de que las discriminaciones, aunque sean pequeñas, que sufren los de casa son siempre mucho más graves que la discriminación real y mucho mayor que sufren los de fuera.

Este identitarismo resulta un elemento común en todos estos movimientos, si al movimiento LGTBI español no le preocupan las represiones que sufren los LGTBIs extranjeros es porque no pretende eliminar discriminaciones por esa condición sexual, sino que pretende privilegios para grupos concretos.

Relativizar la violencia

¿Dónde está la violencia?, Repito, ¿Dónde ves la violencia?

Esta es la respuesta que reciben mis tweets con los videos de miembros del Colectivo LGTBI insultando y agrediendo a los miembros del partido Ciudadanos que participaban en las celebraciones. Y es que para los miembros de este Colectivo cualquier acto violento no lo es si el que lo recibe no es un miembro de su grupo. Así, se considera violencia intolerable que alguien despliegue una pancarta o saque una bandera al paso de la manifestación, pero no se considera violencia el que se agreda físicamente a personas que participen o simplemente se crucen con la marcha.

Deterioro de la sociedad

Esta relativización de la violencia se ve complementada con la descalificación del que piensa diferente, así la violencia que ejercen los miembros del Colectivo LGTBI no es tal porque se ejerce sobre personas que se consideran que son un cáncer para la sociedad. En este punto ya se ha caído en una gran contradicción, primero se ha asegurado que no hay violencia, luego que la violencia estaba justificada porque se ha ejercido sobre personas que son dañinas y, por último, al tratarse de una violencia justificada no se puede considerar como violencia.

Este planteamiento tampoco es nuevo, tanto el nazismo como el fascismo (al igual que sus equivalentes actuales) consideraban a sus enemigos como subhumanos, y los comunistas los consideran aún hoy parásitos, en todos los casos son seres dañinos, cánceres, para la sociedad por lo que asesinarlos no sólo no es violencia, sino que resultaba una medida de clemencia necesaria e higiénica.

Continuamos la conversación al día siguiente, en el que salieron a la luz tres nuevos planteamientos.

Victimismo

En este segundo día de conversación mi interlocutor ha evolucionado desde la negación de la violencia a su justificación por considerarla necesaria, esta necesidad se basa en que el Colectivo LGTBI ha sido históricamente agredido y discriminado por otros colectivos.

Es importante resaltar que es un victimismo de grupo, se es víctima por el mero hecho de pertenecer al Colectivo, basado en su mito fundacional, los Disturbios de Stonewall, y que convierte automáticamente en agresor a todo aquel que no esté adscrito a este colectivo.

Si buscamos el paralelismo con las ideologías totalitarias del siglo XX, en el nazismo la víctima es el Volk alemán y los agresores los que desfilaban a las cámaras de gas debido a que su mera existencia ya suponía una agresión constante e intolerable; para el fascismo la víctima es el Estado que domina todos los aspectos de la vida y el agresor es todo aquel que permanece en el ostracismo por mantenerse fuera de él; y para el comunismo la víctima es la Clase Obrera y los victimarios los que habitaban el Gulag, pertenecientes a las demás clases sociales con las que estas personas ni siquiera se identificaban.

Así que lo de menos es si realmente se ha ejercido esa violencia, lo importante es que el Colectivo considera que sí se ejerce.

Igualdad y libertad gracias al colectivo

La aspiración del Colectivo LGTBI es conseguir la igualdad y la libertad, pero no la que está definida por el individuo, sino la impuesta por el propio Colectivo. Así, una persona LGTBI sólo puede conseguirlas si se adscribe al Colectivo, que es el que se lo garantiza, y se le niega si permanece fuera, es decir, la igualdad y la libertad no son derechos individuales, son derechos exclusivos de un determinado grupo.

Por supuesto, cualquier persona que no pertenece a este Colectivo no sólo no podrá alcanzar estos derechos, sino que ni siquiera debe aspirar a conseguirlos al no estar legitimado, como agresor, a ellas.

Todo dentro del Colectivo, del Volk, del Estado, de la Clase Obrera, nada fuera del Colectivo.

El enemigo exterior

La conversación termina con una justificación de la violencia. Según el interlocutor, la mera existencia física de determinadas personas, entre las que me incluye, justifican la violencia, sí, esa violencia cuya existencia negaba al comienzo de la conversación.

Una violencia que ahora no sólo está justificada, sino que es necesaria contra determinadas personas a las que se cataloga como enemigos del Colectivo LGTBI, esto se debe a que no valen medias tintas, como sucedía en la España del Frente Popular o en la Francia revolucionaria, o se está con él Colectivo o se está contra él.

O estás con el Volk, el Estado, la Clase Obrera o eres un enemigo que merece ser agredido.

Es responsabilidad de las personas que  forman el Colectivo LGTBI detener su camino hacia el totalitarismo.

Foto: Jasmin Sessler


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8 COMENTARIOS

  1. No puedo estar más de acuerdo con análisis, Jorge. Yo también tuve una discusión con una amiga del colectivo a la que aprecio y que, incomprensiblemente justificó la violencia ejercida por algunos miembros del colectivo sobre los dirigentes y simpatizantes de Ciudadanos que acudieron a la marcha. Su versión de los hechos no difería un ápice de la versión oficial que los promotores del colectivo y del gobierno socialista se han encargado de propagar y difundir por doquier. Según mi amiga, “Arrimadas y Cía” se lo buscaron por ir a provocar, cuando estaban advertidos del peligro que corrían”.

    Según su versión fueron ellos los culpables de detener la marcha”. Cuando la escuchaba no podía dar crédito, porque mi amiga es inteligente, razonable, con personalidad, porque ha sufrido en sus carnes el acoso separatista en Cataluña por el simple hecho de pertenecer a uno de los cuerpos de seguridad del Estado, porque lo que crea o piense una lejana jauría descerebrada y anónima, aunque pueda enfadarme y sacar mi peor pronto, en el fondo, me la trae al pairo, pero lo que crea o piense una persona cercana a la que has apreciado y respetado durante tantos años, no solo me decepciona, es que me toca la fibra y me entristece.

    Y fijese, Jorge, que puedo discrepar ideológica y políticamente con cualquier persona de mi entorno cercano, incluso discutir acalorada y puntualmete sobre las cuestiones más polémicas, sin que me dure mucho el cabreo y sin que me influya en la relación personal que pueda mantener con ellas. En realidad, sabiendo de qué pie cojean familia y amigos, basta con evitar ciertos temas que puedan molestar, incomodar y que pueden derivar en innecesaria trifulca dialéctica.

    Sin embargo, todo tiene un límite. Y el mío lo he encontrado en la valoración, a mi juicio, sesgada e irracional de los hechos acontecidos en la manifestación del orgullo. No puedo evitar tomar distancia, al menos temporal, de las personas que tienen esa peculiar e interesada forma de entender la libertad y los derechos de unos, a costa de la libertad y los derechos de otros.

    • Gracias Silvia. Una de las características de los movimientos totalitarios es que son capaces de asimilar a personas inteligentes y razonables pero que inexplicablemente “compran” los planteamientos del “Colectivo”.

  2. El marica de mi infancia era toda una institución en mi pueblo franquista, daba una nota de color con sus pantalones rosas y el bamboleo de su bolso, era tosco y peludo, pero sus exagerados andares femeninos causaban gracia a los colegiales, era uno más en la comunidad como el mongolo del tambor o la radio andante que disfrutaba en la calle las horas de recreo del manicomio. No había crueldad en los niños que se dirigían a ellos, solo descubrimiento de la vida.
    Todos ellos estaban integrados en la comunidad y era frecuente verlos en un bar junto al alcalde o fuerza vivas de la ciudad tomando unos vinos.
    Se ha perdido el respeto que nos teníamos a nosotros mismos y que nos obligaba a respetar a los demás. Cómo no podía ser de otra manera lo homosexual ha tomado lo peor, que una cosa es tener gracia y otra cosa vivir en la desgracia.

    • Figuras entrañables, y a veces grotescas, con libertad para mantener ese comportamiento. ¿Eran discriminados por ello?

  3. El problema es la propia existencia y legitimación de algo llamado “colectivo LGTBI” y etc, porque el acrónimo esta en constante ampliación. Uno puede entender que determinadas personas con aficiones o intereses similares se asocien para fomentar sus aficiones o defender sus intereses; es más si no recibiesen un duro del contribuyente sería hasta deseable. Por ejemplo los cazadores se asocian para practicar la caza y defender su práctica ante los que quieren eliminarla. Pero ¿por qué se asocian y forman un colectivo los llamados LGTBI? ¿Para fomentar sus aficiones? ¿para defender sus derechos? ¿y qué derechos son estos? ¿acaso reclaman derechos diferentes al resto de los ciudadanos basándose en su condición, orientación o afición sexual? Que yo sepa en España todos tenemos los mismos derechos y las mismas obligaciones Cuando sus innumerables defensores mediáticos se ponen histéricos ante la amenaza fantasma de un Vox que quiere eliminar los derechos del colectivo ¿a qué derechos se refieren? ¿a qué derecho de los contemplados en los 14 y siguientes de la Constitución se refieren? ¿no serán otros “derechos” diferentes a los de los demás? Efectivamente lo que defienden es un privilegio financiado con el dinero de los que no forman parte del llamado “colectivo”, porque este grupo recibe subvenciones en cantidades ingentes. Pero además del fin lucrativo, está el fin ideológico de imposición coactiva so pena de excomunión civil (por ahora aunque cuidado con esa práctica totalitaria del “delito de odio” invento bolchevique perfecto para eliminar a los opositores políticos y los discrepantes), decía imposición de su chaladura ideológica conocida como ideología de género, que es asumida por todos los partidos del consenso. En fin, lo que de debería hacerse es dejar de subvencionar con dinero del contribuyente a estas asociaciones y por supuesto combatir ideológicamente sus postulados. A partir de ahí que defiendan lo que les de la gana en igualdad de condiciones, sin coacciones, anatemas civiles ni escraches hacia los disidentes.

    • Efectivamente, no se trata de derechos se trata de privilegios, y están dispuestos a utilizar la violencia para conseguirlos.

  4. Hablando de ” mitos fundacionales “, en Torremolinos, donde trabajo, existe un callejoncito de dos o tres portales donde han colocado una pancarta y la bandera arcoiris. La pancarta dice algo así como que ese callejón se declara ” Memoria Histórica ” del colectivo Gay porque en época de Franco se ejerció la represión contra el colectivo LGTBI. Yo, que tengo sesenta y cuatro años, recuerdo que había alguna redada pero una vez al año si acaso y que todo era un teatrillo: cogían a tres o cuatro gais de los locales y los llevaban a comisaria, y al rato o al día siguiente los soltaban. Y esto era para contentar a una mínima parte de la población que protestaba contra estos locales. Y esta era la represión; que no podía ser más puesto que la Costa del Sol, y en especial Torremolinos, eran entonces el Centro del Mundo del Ocio, como la Ibiza de ahora o más y el regimen no se podía permitir el lujo de atacar a su gallina de los huevos de oro ni en el sentido económico ni en el de suavizar su reputación de dictadura que era. Así, con esa escasa información, el neófito que pasa por allí se pensará que en aquellos dos o tres locales hubo matanzas o cosas por el estilo.

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