En estos días se ha hablado con cierta insistencia del empeño de algunas empresas tecnológicas y de ciertos medios de comunicación por combatir las mentiras que circulan por las redes. Ya es preocupante que hablen de combatir las mentiras cuando debieran referirse a combatir las falsedades, porque las mentiras están protegidas por la presunción de inocencia del que las cree, es decir que nunca podemos saber a ciencia cierta si el que nos dice alguna falsedad miente o solo está equivocado. De no entender esa elemental sutileza ha salido la estúpida expresión de “mientes y lo sabes”, como si fuera posible que alguien mintiese sin saberlo. A cambio, solo el mentiroso sabe que lo es y los demás nos deberemos conformar con suponerlo, pero sin absoluta certeza pues las mentiras son actos intencionales y solo el agente puede conocer a ciencia cierta sus intenciones. Las mentiras son, pues, subjetivas, mientras que las falsedades son, por el contrario, objetivas, al menos en el plano ideal, y ahí tenemos uno de los pocos criterios sólidos para saber que alguien es un mentiroso, lo es siempre aquel que nos dice dos cosas contrarias sin pestañear. Tenemos ejemplos muy recientes del caso, así que huelgan más explicaciones.

A primera vista, tanto combatir la mentira como detectar y desmentir las falsedades parece un empeño nobilísimo. Pero, si se examina un poco más de cerca la cuestión, la cosa no resulta tan inocente. Quienes pretenden garantizarnos la verdad de barato nos están excusando de pensar por nuestra cuenta, quieren imponernos sus verdades que, como mínimo, serán interesadas y especiosas.

Los campos en los que la verdad puede ser objeto de un reconocimiento indubitable y universal son muy estrechos y específicos y se limitan, casi en exclusiva, a las que se suelen llamar verdades formales, como son las de la Lógica y la Matemática, y aún en esos campos resulta difícil reconocer sin la menor duda una verdad cuando resulta referida a algo suficientemente complejo. En los demás campos, incluso en la ciencia empírica, pero de manera muy especial en lo que se refiere al comportamiento humano, a la ética y a la política, establecer la verdad resulta difícil y es muy controvertible.

La izquierda, en particular, nos quiere dependientes en educación, sanidad, pensiones y ahora parece pretender que dependamos de ella también en las creencias y opiniones, un paso decisivo hacia una sociedad igualitaria pero espantosa en la que, sin embargo, como advirtió Orwell, los que certifican la verdad se ocuparán, sin duda, de ser más iguales que nosotros

Manejamos el concepto de verdad con notable ligereza porque en la vida práctica necesitamos atenernos a criterios claros y a convicciones sólidas que consideramos verdaderas, sin la menor duda. Cuando descubrimos que alguien no comparte alguna de esas creencias experimentamos un asombro parecido al que refleja el epigrama de Moratín:

“Admiróse un portugués / de ver que en su tierna infancia / todos los niños en Francia / supiesen hablar francés. / Arte diabólica es, dijo, torciendo el mostacho, que para hablar en gabacho / un fidalgo en Portugal / llega a viejo, y lo habla mal / y aquí lo parla un muchacho.”

Comprendemos entonces, a nada que seamos un poco reflexivos, que el asunto puede resultar algo más complejo que lo que suponíamos, si es que queremos renunciar al vicio tribal de considerar canalla al que no piensa y siente como nosotros.

A cambio de esta dificultad de fondo, el concepto de verdad es irrenunciable como ideal, pero debe manejarse con mucho cuidado. Es pueril pensar, por ejemplo, que existen informaciones puras, objetivas e inmaculadas y que se transmiten sin sesgos ni deformaciones de testigos e intermediarios, sin que sea necesario hacer un esfuerzo denodado por acercarse a la objetividad. Los supuestos hechos objetivos, son, casi siempre, un mito o un desideratum, de manera que siempre hemos de hacer dos cosas, considerar con escepticismo lo que se nos cuenta (Feynman decía que no creer lo que te cuentan es el principio de la ciencia), y tratar de comprobar por nosotros mismos la verdad que se nos ofrece, con lo que llegaremos a poder distinguir fuentes fiables de las que no lo son, sin olvidar que incluso la fuente más fiable puede caer en la tentación de usar su influencia para manipularnos a favor de sus intereses.

Debido a lo difícil que es llegar a la verdad en cualquier asunto no trivial, resulta esencial que existan una serie de libertades básicas, la libertad de investigación, de conciencia y de expresión, de manera que podamos acercarnos lo más posible a la verdad, mantener lo que Oakeshott llamaba, la conversación de la humanidad, el continuado debate acerca de las cosas que de verdad importan y la apertura intelectual y la tolerancia que nos permitirán entender las posiciones que difieren de nuestras creencias y valores, cuando reconocemos en los discrepantes una voluntad de ser decentes y respetar nuestra libertad y no el deseo de manipularnos para convertirnos en instrumentos de sus objetivos. Rorty lo decía con claridad, “cuídate de la libertad, que la verdad ya se cuida de sí misma”.

El que puedan existir personas e instituciones que, en ámbitos en que la discrepancia es tan legítima como inevitable, se atribuyan el papel de defensor de la verdad sólo muestra que los tiranos y los delincuentes gustan de disfrazarse para mejor mentir. Defender la verdad de esa manera significará casi siempre el intento de imponer una versión interesada de la realidad. Algo muy distinto es, por supuesto, buscar y proporcionar fuentes adicionales, testimonios, argumentos, explicaciones, analogías, ejemplos, lo que fuere, que ayuden a entender cualquier suceso, siempre que se haga desde una posición abierta a la controversia y dirigida a encontrar la mejor versión de lo que se quiera contar. Cuando, por el contrario, una comisión de investigación, ética, jurídica o política se organiza con la intención de probar una tesis interesada estaremos ante lo contrario, el intento habitual de cubrir la verdad con informaciones que la disimulen u oculten porque, para bien y para mal, la información y la desinformación se presentan mediante sistemas y códigos idénticos.

Este tipo de consideraciones son imprescindibles en campos en los que los intereses y las convicciones juegan un papel muy destacado y en los que abundan las personas dispuestas a imponer su credo por las buenas o por las no tan buenas. Frente a la diversidad y a la dificultad de reconocer con certeza las verdades que importan, las personas de tendencia más conservadora suelen denunciar lo que llaman el relativismo, mientras que los más a la izquierda se atienen al lema de una obra de Simone de Beauvoir según el cual “la verdad es una y el error múltiple y por eso la derecha profesa el pluralismo”, es decir que los extremos tienden a tocarse en esta clase de asuntos.

Hay dos argumentos esenciales para oponer al relativismo (la posición que parte de que, puesto que existe diversidad, no hay verdad alguna): en primer lugar, el carácter contradictorio de la pretensión del relativista, y, en segundo lugar, las certezas más que razonables que alcanzamos mediante la ciencia, el rigor y la paciencia. La importancia que se ha de reconocer a la verdad debe traducirse en honestidad intelectual, en el compromiso de acoger la verdad así la diga Agamenón o su porquero, un espíritu abierto y valiente menos frecuente de lo deseable.

La disposición a otorgar a otros la potestad de decirnos lo que es verdad es un paso atrás en la civilización ilustrada que se ha apoyado en el sapere aude, en la libertad de quien se atreve a saber, a pensar por su cuenta. Y es muy peligroso que los gobiernos, como ha ocurrido ahora mismo en España, nos empiecen a ofrecer servicios de supuesta autenticación, un paso más en la dependencia perfecta del poder político, en la conversión de la sociedad en una especie de guardería.

La izquierda, en particular, nos quiere dependientes en educación, sanidad, pensiones y ahora parece pretender que dependamos de ella también en las creencias y opiniones, un paso decisivo hacia una sociedad igualitaria pero espantosa en la que, sin embargo, como advirtió Orwell, los que certifican la verdad se ocuparán, sin duda, de ser más iguales que nosotros. Estas brigadas prohechos quieren ser como la policía religiosa de los ayatolas, algo como fue la vieja Inquisición, y solo los más mansos y lelos se conformarán con la papilla fáctica que le suministrarán tamaños censores. Es muy de preocupar que nadie se tome en serio semejantes perversiones que pretenden acabar con la libertad individual con la excusa hipócrita de combatir el libertinaje, un propósito que siempre han acariciado los tiranos, porque todos los dictadores se parecen y se quieren justificar con el bien que tales almas bellas se prestan a derramar sobre débiles e incautos.

Foto: Max Muselmann


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J.L. González Quirós
A lo largo de mi vida he hecho cosas bastante distintas, pero nunca he dejado de sentirme, con toda la modestia de que he sido capaz, un filósofo, un actividad que no ha dejado de asombrarme y un oficio que siempre me ha parecido inverosímil. Para darle un aire de normalidad, he sido profesor de la UCM, catedrático de Instituto, investigador del Instituto de Filosofía del CSIC, y acabo de jubilarme en la URJC. He publicado unos cuantos libros y centenares de artículos sobre cuestiones que me resultaban intrigantes y en las que pensaba que podría aportar algo a mis selectos lectores, es decir que siempre he sido una especie de híbrido entre optimista e iluso. Creo que he emborronado más páginas de lo debido, entre otras cosas porque jamás me he negado a escribir un texto que se me solicitase. Fui finalista del Premio Nacional de ensayo en 2003, y obtuve en 2007 el Premio de ensayo de la Fundación Everis junto con mi discípulo Karim Gherab Martín por nuestro libro sobre el porvenir y la organización de la ciencia en el mundo digital, que fue traducido al inglés. He sido el primer director de la revista Cuadernos de pensamiento político, y he mantenido una presencia habitual en algunos medios de comunicación y en el entorno digital sobre cuestiones de actualidad en el ámbito de la cultura, la tecnología y la política. Esta es mi página web

8 COMENTARIOS

  1. Delirios de un mundo (liberal) mejor,…,

    Quizá debería apuntarse que esos “ayatolas de la verdad” se levantan varios millones de euros al año.
    Son verdad cuando “entran” (asientan los dígitos) en la cuenta bancaria y son verdad cuando salen para pagar un modo de vida –muy superior– al común de los creyentes de las teologías seculares liberales (capitalismo, comunismo, liberalismo, socialismo, anarquismo,…, etc).

    En esencia el mundo liberal es una forma un tanto sofisticada de esclavismo. Dado que al igual que todos los sistemas esclavistas, se pretende estar en “la parte mandante” (élite/libres) como redención del sistema de dominación a través de una “e-mancipia” pecuniaria; el árbitro/pistolero en este caso es el Estado.

    Estos “expertos de la verdad” están arriba, su nivel de renta lo confirma (utilitarismo social); que los demás ladren sinceramente da igual.

    Verdad de la buena, realismo puro y empírico; lo otro cuentos.

    Lo más curioso es la loa a la competencia liberal; pues “la chusma” es sometida mediante cooperación de grupos, no con la competencia que “la chusma” soporta.

    Más viejo que Mammón.

  2. Exclente artículo

    Yo añadiría que el problema, actualmente, principal no es si los hechos son ciertos o no. Si no que dado el monopolio que tienen las agencias de noticias, que son las que “crean” y definen lo que existe, y lo que es veraz, en funcion de unos inteseres poco claros, y que además son 4-5 y que no hay competencia entre ellas; si no complementariedad. el problema es otro.

    Y ese otro problema es que esa cascada de fake news, que llevan existiendo tiempo, ya no se puede controlar, crear, establecer cómo paradigmas, desde esos mismos medios; debido al descrédito que tienen entre la población.

    Y tienen descrédito porque muchos ya no nos informamos por esos medios, picoteamos de aqui y de allá y usamos mas o menos nuestras neuronas.

    De ahí la necesidad de esa VERDAD OBLIGATORIA homologada por esos mismos medios que nos llevan mintiendo en un oligopolio cada vez mas feroz desde hace tiempo.

    Un cordial saludo

  3. La verdad siempre se ha ido abriendo paso en combate contra el vacío o contra la falsedad. Las palabras humanas van nombrando, bautizando, cosas para que existan como verdad o como falsedad. La ventaja de la verdad es que, según dijo alguien, nos hace libres, lo que implica que la falsedad nos hace serviles. Hoy, el servilismo tiene ventajas fiscales, como en el caso del universitario Castells, y por eso tiene prisa el pájaro en defender al régimen iraní. El espectáculo del servilismo comunista es una de las verdades más vistosas de la España del régimen sanchista. Tienen unas prisas escandalosas por ponerse a servir a hijos de puta de toda extracción, les da igual Soros, que un soleiman con chilaba y bombas, o un narcopolítico o terroristas sin arrepentir de Vascongadas y así.
    Estas verdades no les gustan pero no les afectan porque saben que los medios digitales son, en su mayoría, proclives a difundir falsedades climáticas o feministas y todo es un paraíso de discursitos izquierdistas, desde Amazon a Facebook. Esos discursitos invitan machaconamente a que el personal busque un eficaz amo maltratador y con tecnología punta.

    • No sé muy bien a qué se refiere cuando dice “Hoy, el servilismo tiene ventajas fiscales, como en el caso del universitario Castells, y por eso tiene prisa el pájaro en defender al régimen iraní.” . No veo los telediarios para evitar la abducción que producen en la población que los ve.

      Ayer, tropece en el on-line del periódico aleman Bild con un video en el que un editor explicaba con todo tipo de detalles el derribo del avión ucraniano por parte de ‘alguien’ en Iran. En el video se acusa al régimen iraní de los ayatolás de terrorismo de estado. Esto no es muy llamativo ya que lo hacen on-lines de UK, Francia, USA y resto del mundo.

      Lo que me llamó poderosamente la atención es el estado actual de la tecnología de la información. El periodista empezaba mostrando un video en la que se ve como el misil impacta en el avión, despues presentaba unos croquis con la senda que siguió el avión hasta donde se estrello. Luego presentó los restos del cohete, presumiblemente causante del derribo, en una zanja del pueblo donde se habia producido el atentado. Para indicar que la foto había sido tomada en el pueblo en cuestion, comparaba los bordillos y los arcenes de la foto con los reales. También presentó restos del fuselaje donde parece que había impactado el misil. El video daba imagenes y datos precisos sobre el derribo del avión. Los ayatolás seguían negando que ellos tuvieran nada que ver, a ultima hora de ayer ante las evidencias admitieron que se trató de ‘un error humano’.

      Volviendo a la noticia, su gestación y su difusión. Lo cierto es que un avión de pasajeros ha sido derribado en una acción de terror. Quién y porqué lo ha hecho, no lo sabremos con certeza. El gobierno iraní negará que ha sido un acto de terror organizado por ellos. Y sin embargo las evidencias son claras. Tan claras que parece increible que los terroristas iranís sean tan ineptos como para ir dejando semejante reguero de pruebas acusatorias.

      Será que estamos en el siglo XXI y todo es posible.

      El último telediario que ví, hace una semana mas o menos, acusaba a Trump y USA de provocar la guerra en Oriente Medio por la muerte del general Soleiman, organizador del terror en Irak, Siria, Libano y los ataques a Arabia Saudita, y a intereses USA. El teledirio español se posicionaba con Iran y contra USA, olvidando informar a la audiencia del curriculo terrorista y asesino de Soleiman. Esto es manipulación de la información. El objetivo no lo tengo muy claro. Se trata de denigrar a Trump y justificar los actos genocidas y de terror del regimen iraní? Cual es el interés de España en dar cobertura a un regimen totalitario, que se afana en construir una bomba atomica -con la que supuestamente pretende amenazarnos-, y que no duda en usar el terror contra civiles para desestabilizar Irak, Siria, Líbano y con ellos todo el medio oriente. Por cierto, medio oriente de donde sale el suministro de la mayor parte de petróleo del mundo.

  4. “cuídate de la libertad, que la verdad ya se cuida de sí misma”.

    Una gran verdad, Quirós, valga la redundancia. La sabiduría popular también nos advierte que la falsedad y mentira tienen las patitas muy cortas o que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo o que la verdad es tozuda y siempre acaba saliendo a relucir en el momento que uno menos espera.

    Muy de acuerdo con los hechos que expone sobre “el empeño de algunas empresas tecnológicas y de ciertos medios de comunicación por combatir las mentiras que circulan por las redes”. Toda precaución es poca para prevenirnos de los servidores del poder que dicen querer protegernos y guardarnos de los bulos y los fakes que ellos mismos se encargan de difundir y preservar en su beneficio.

    Pero al margen de las infinitas apreciaciones subjetivas que manejamos unos u otros con la debida cautela y que conforman el cuerpo de la opinión; al margen de las conversaciones, los debates y el intercambio de información, para que ese llamamiento a la escucha activa, al diálogo y al intercambio de ideas opuestas se encauce debidamente, sea productivo y tenga algún sentido, requiere de la asunción común por parte de dos interlocutores opuestos de unos hechos objetivos, constatables y verificables que no puedan ser falseados.

    Y me temo que la gran mayoría de los diálogos de sordos que conforman el panorama mediático y que se mueven circularmente, obedecen a la interpretación sesgada y torticera de esos hechos objetivos, por parte de medios y voceros profesionales al servicio de los intereses que mejor defiende su postura.

    Un ejemplo claro es la noticia de la presunta “inmunidad de Junqueras” otorgada por el parlamento europeo. La “batalla jurídica” entre el Tribunal Supremo y ye Tribunal Europeo, aderezado con la decisión tomada por la Junta Electoral. Un bombazo en medio de la investidura de la que los medios progresistas, el mismo gobierno y los penados en disputa han distorsionado a su favor.

    Ha sido tal tal intoxicación informativa sobre unos hechos objetivos que finalmente han dado la razón al Supremo, dejando al descubierto la arbitrariedad y el antojo de la abogacía del estado y del tribunal europeo, al dilucidar claramente lo ocurrido, que el único consuelo que nos queda es el de saber que, aunque la justicia sea lenta y tenga sus tiempos, la verdad por tozuda, más pronto que tarde acaba saliendo a relucir para vergüenza de los que pretenden falsearla y ocultarla.

  5. Otro artículo redondo del maestro.

    Cuando uno alcanza la verdad tras liberarse del conocimiento tiene la certeza que la única verdad es que no sabe nada. Interesante que el saber que no se sabe nada se llame sabiduría.

    ¿Para que sirve la sabiduría? Quizás solo para sentirse impotente, tratar de sacar rendimiento a la sabiduría es alejarse de ella.

    El orden existe pero es indefinido y a la indefinición la llamamos vida. Toda la vida tratando de definir lo indefinido cansa, cansa tanto que la mayoría se agarran como pueden a pequeña porción de verdad donde hacer un receso que dura toda la vida.

    Joder, qué lío.

    Pues eso,

    Si tomamos la religión, la física, las matemáticas, la genética, la filosofía, la música, la pintura, la literatura, la astronomía, la mitología, la astronomía, la magia, la sicología, la sociología, la astrología…
    y las metemos en una coctelera para servir el cóctel de la verdad siempre nos sale lo mismo.

    Una tarde de toros redonda como el coso en el que transcurre tutelando una liturgia tan ordenada como indefinida la futura faena.

    Cuánta sabiduría encierra un muletazo desganado.

    Viva Goya y el maestro Quirós.

  6. “La disposición a otorgar a otros la potestad de decirnos lo que es verdad es un paso atrás en la civilización ilustrada que se ha apoyado en el sapere aude, en la libertad de quien se atreve a saber, a pensar por su cuenta.”

    Excelente reflexión. Me gustaría resaltar un aspecto de esa ‘verdad’ que ‘otros’ nos dicen. Me refiero a la valoración moral de lo que percibimos.

    Actualmente, recibimos constantemente cantidades inmensas de información que automáticamente clasificamos desde la moral. Para ello hemos tenido que desarrollar un depósito de principios morales que facilitan la clasificación automática de lo que recibimos.

    Desde años, la izquierda-progre está tratando de modificar el depósito de los principios morales de los ciudadanos adecuándolo a sus intereses. De esta manera consigue fácilmente el control del ciudadano. Y se asegura que este clasifica de forma automática como bueno, conveniente o deseable lo que a la izquierda-progre le interesa.

    La manipulación del depósito de principios morales lo empieza a hacer la izquierda-progre limitando la autoridad de los padres en la educación de los hijos. Continua en la escuela donde se da prioridad a los principios de su agenda y se denigran otros como los religiosos. Sigue con los medios, los cuales presentan las noticias después de una previa selección, reforzando los aspectos morales según el credo progre.

    Es este proceso de manipulación masivo el que realmente es peligroso. Pretende sustituir valores milenarios por otros basados en la ‘relatividad’, es decir en la ‘conveniencia’. Conveniencia que normalmente es la de la élite dirigente. Porqué será?