Cada vez es más frecuente encontrarse con la afirmación atribuida al juez norteamericano Oliver Wendell Holmes Jr. «taxes are what we pay for a civilized society / I like to pay taxes. With them, I buy Civilization». Quienes la citan ven en ella un argumento para desacreditar cualquier denuncia relacionada con la actividad impositiva y recaudatoria de la Administración, así que con el paso del tiempo la frase se ha convertido en un reduccionismo y una proclama ideológica para justificar el aumento de cargas tributarias de todo tipo. En la selva no hay impuestos, nos dicen. Hay servicios públicos como la sanidad, las infraestructuras y la educación que se deben financiar, añaden. Hay ricos que piden pagar más impuestos, apostillan. Y debate cerrado. Ya no se puede añadir nada más sin arriesgar una etiqueta insolidaria y tal vez algo más desagradable.

Los tributos son una creación de la organización política para financiar las necesidades colectivas. Hoy gravan la riqueza y las actividades humanas que constituyen indicios de riqueza, es decir, donde no hay riqueza no hay o no debiera haber tributos, por eso si usted no tiene nada o no ingresa nada o casi nada, nada tributa o nada debería tributar, aunque no se librará de la imposición indirecta. Como sucede con la deuda, los impuestos han sido y son objeto de debate con gran trascendencia histórica, como demuestra la Rivolta di Masaniello en el XVII o la Revolución Americana en el XVIII. Pero hoy la discusión no está en organizar revoluciones, cosa difícil si no es desde el propio Estado, sino en la tributación de quienes más riqueza e ingresos tienen o generan. Una discusión que algunos pretenden justificar en la desigualdad, pero que en verdad se explica por las necesidades para cubrir el gigantesco gasto público de la Administración y las cada vez más difíciles opciones de financiación exterior como consecuencia del sobreendeudamiento. Sabemos, aunque se oculte, que los servicios públicos y el gasto no se financian solo con impuestos, sino con deuda, que acaba antes o después convirtiéndose en más impuestos.

No tiene nada de siniestro que los ciudadanos dispongan sus asuntos de modo que consigan pagar lo menos posible en impuestos. Nadie tiene el deber de pagar más de lo que la ley exige, pues los impuestos son exacciones exigidas, no aportaciones voluntarias

Si dejamos los siglos pasados y nos centramos en el actual, vemos que con las posibilidades que permite hoy internet para generar ingresos han aparecido nuevas cuestiones relacionadas con la imposición, aunque para centrar el tema también nos deberíamos preguntar por la fiscalidad cuando el Estado incumple sus deberes constitucionales en lo que a facilitar la generación de riqueza se refiere. Me explico: nuestra Constitución establece en su artículo 31 que «todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio; el gasto público realizará una asignación equitativa de los recursos públicos, y su programación y ejecución responderán a los criterios de eficiencia y economía». También señala en su artículo 40 que: «los poderes públicos promoverán las condiciones favorables para el progreso social y económico y para una distribución de la renta regional y personal más equitativa, en el marco de una política de estabilidad económica. De manera especial realizarán una política orientada al pleno empleo». Los ideólogos de este nuevo mundo colectivizante se quedan con el artículo 31, defendiendo además que la confiscatoriedad no se alcanza nunca, y desmerecen el artículo 40. Les dirán que se trata de una norma programática que prescribe la persecución de un fin sin poner los medios y las condiciones para su realización. Es decir, que los gobiernos pueden constitucionalmente saquear y arruinar un país sin consecuencia alguna, salvo la de arriesgar su reelección. Dicen que la Unión Europea hoy nos protege de esto.

Esos mismos ideólogos, activistas de aquella cofradía balzaquiana de «lo que otro tiene en su bolsillo estaría mejor en el mío», dicen también que en el actual contexto digital la tributación se ha hecho muy injusta porque no hay modo de garantizar que se haga efectiva allí donde se produce la riqueza. Esta premisa es, como mínimo, dudosa, pues ni siquiera estamos en condiciones de afirmar tajantemente dónde se genera esa riqueza, aunque jurídicamente podamos hacer una ficción y concluir que una señora que se conecta a internet y sus seguidores son fundamentalmente de España, genera riqueza en España porque sus patrocinadores le pagan pensando en esa clientela. Pero igual resulta que sólo tres o cuatro seguidores de Estados Unidos le procuran más ingresos que doscientos mil españoles, o puede que el 65% sean de Hispanoamérica y entonces Colombia y México reclamen lo suyo.

Este asunto, ni es nuevo ni se va a resolver, pero las variables y discursos que emergen cada vez que la prensa le dedica espacio a este tema son los mismos. Hoy es una alegre muchachada, exitosa en la red, quien sufre un escarnio por decidir deslocalizarse hacia Andorra y evitar así tipos impositivos claramente confiscatorios por mucho que nuestra jurisprudencia diga lo contrario; hace unos años la Presidente del Comité de Asuntos Públicos del Parlamento británico, reprochaba a la multinacional Starbucks que su planificación fiscal era inmoral, y mañana alguien alzará la voz de nuevo contra los Países Bajos por ser un «Tax friendly country». Es decir, que usted debe ver comprometidas sus decisiones de movilidad por cuestiones tributarias o de solidaridad, y por muy extraño que le parezca, se lo exigen los mismos que miran hacia otro lado cuando de los regímenes especiales de Navarra y el País Vasco hablamos; también debe tener cargo de conciencia por ordenar sus asuntos como mejor le interesan a usted y no al fisco, o criticar la soberanía de los Estados que no incurren en un uso temerario de las finanzas públicas y se pueden permitir tipos impositivos bajos para que sus empresas sean más competitivas e innovadoras, dando cumplimiento a esa cláusula constitucional referida a la promoción de las condiciones favorables para el progreso social y económico.

Los impuestos no son el precio de vivir en una sociedad civilizada, cada vez son más el precio de mantener una estructura administrativa ineficaz, ineficiente y rara vez útil para los intereses generales, además de una progresiva amenaza para las libertades individuales. De ahí que otro juez norteamericano, Learned Hand, seguramente uno de los más prestigiosos y afamados, nos recuerde que no tiene nada de siniestro que los ciudadanos dispongan sus asuntos de modo que consigan pagar lo menos posible en impuestos. Nadie tiene el deber de pagar más de lo que la ley exige, pues los impuestos son exacciones exigidas, no aportaciones voluntarias. Condicionar la libertad de movimientos o pedir en nombre de la moral, el interés general, el bien común o el interés público es pura hipocresía. Pedir a alguien que se quede a residir donde más le conviene a la Administración y no a uno mismo ya nos adentra en una especie de nuevo Muro de Berlín, y aquello sí que era inmoral.

Foto: Dan Dennis.


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8 COMENTARIOS

  1. He leido con interés el artículo. Es excelente, pero navega por las ‘aguas cualitativas’. No es frecuente encontrar con claridad y con cifras, los ingresos, los gastos y los impuestos.

    Mi situación económica personal es muy simple, soy pensionista. Tengo mensualizado un plan de pensiones (que se me está terminando) y recibo dividendos de las acciones que fuí comprando como ahorro para la vejez.

    De cada 100 eur que ingreso:

    35 eur son para el IRPF
    2 eur son para el patrimonio
    7 eur son para IBI, tasas de ayuntamiento
    ——-
    44 eur vuelven directamente a la administracion

    De los restantes 56 eur:
    20 eur son gastos fijos (agua, luz, telef, gas, seguros) de los que mínimo 4 eur vuelven al estado como IVA.
    44+4 = 48 eur vuelven al estado

    36 eur son para compras varias (de los que por IVA vuelven al estado 7.2eur)

    En resumen, de cada 100 eur que ingreso, 55,2 eur vuelven al estado como IRPF, Patrimonio, IBI y otras tasas e IVA.

    Al final, la única libertad de elección que tengo es si la leche es de la Asturiana o Pascual, y si las camisas las compro rn el Corte Ingles o en Zara.

    Si no es confiscación que de cada 100 eur, 55,2 eur vuelvan al estado a qué llaman ustedes confiscación?

    Lo indignante de la situación es observar como este expolio loo dedica el gobierno a consolidar el golpe de estado de los agentes de la secesión, y de políticas raras y extravagantes como las leyes de transgenero y cosas así. Todo una una arbitrariedad sin sentido

    • » Si no es confiscación que de cada 100 eur, 55,2 eur vuelvan al estado a qué llaman ustedes confiscación?»

      En tertulias y telediarios vengo oyendo aquello de que «no se de que se quejan, hay margen para subir los impuestos. Comparados con….. tenemos una presion fiscal menor». Estas afirmaciones me asustan, me angustian y me estremecen. De cada 100 eur que ingreso, 55,2 vuelven a las arcas públicas. Si me suben los impuestos en lugar de 55 eur serán 60, 70, 90 o ya puestos 100.

      Donde está el límite? Es todo del estado al servicio de la banda que se hace con el gobeirno?

  2. Los impuestos en España solo sirven para alimentar una estructura mastodóntica, ineficaz y despilfarradora, pero que la repugnante clase dirigente española le viene muy bien como élite extractiva que es. Por eso no van a cambiar nada, salvo que caiga un meteorito o vayamos a la guerra civil y no ganen ellos.

    De todas maneras a España le quedan tres telediarios como estado unificado. Vamos a la balcanizacion del país en menos de una década, por lo que muchos de los debates que tenemos ahora cada día tienen menos sentido.

  3. Let me tell you how it will be
    There’s one for you, nineteen for me
    ‘Cause I’m the taxman
    Yeah, I’m the taxman

    En España el sistema tributario es confiscatorio y su única finalidad es detraer recursos de las clases medias y trabajadoras para pagar los gastos de un Estado ineficiente, que también, sino la transformación ideológica de la sociedad, aunque vaya en contra de los intereses o creencias de los sujetos pasivos tributarios. Con mis impuestos se financian aberraciones ideológicas como el género, o el sostenimiento económico de lo que ahora se denomina «chiringuitos» paniaguados colocados por su afinidad con los políticos de turno, lo que en el XIX se llamaba «polaquismo» y «polaquería», o el mantenimiento de estructuras políticas semiestatales en regiones o municipios para mayor gloria de caciques de turno. La Constitución debería consagrar el principio de que la actividad del Estado debe limitarse a la gestión de los servicios públicos esenciales, sanidad y educación y a las actividades propias del Estado, como la defensa, policía, justicia, relaciones exteriores y obras públicas; prohibición de toda subvención, excepto becas basadas en el esfuerzo por supuesto y ayudas directas exclusivamente en tiempos de crisis; prohibición de la existencia de competencias compartidas o concurrentes entre administraciones; prohibición de toda duplicidad de organismos; prohibición efectiva de la doble imposición con eliminación a perpetuidad de los impuestos sobre la muerte; exigencia de eficiencia en la utilización del gasto público con auditorias continuas por organismos independientes no nombrados por políticos; penas gravísimas de cárcel para la malversación de caudales públicos…Y por supuesto que cada uno resida legalmente donde considere oportuno

  4. «Condicionar la libertad de movimientos o pedir en nombre de la moral, el interés general, el bien común o el interés público es pura hipocresía. Pedir a alguien que se quede a residir donde más le conviene a la Administración y no a uno mismo ya nos adentra en una especie de nuevo Muro de Berlín, y aquello sí que era inmoral.»

    Precisamente la agenda 2030 pretende una ordenación del territorio que consiste en ordenar a la gente dónde debe vivir. Con los confinamientos y la inmigración promocionada están aprendiendo mucho. Biden promoverá alguna guerra para aumentar desplazamientos masivos hacia la desvencijada Europa. Lo del Muro de Berlín será entonces una broma.

  5. Cuando se nos dice que es el precio que tenemos que pagar por vivir en una sociedad civilizada y resulta que el Presidente de Gobierno es Doctor por la Gracia de Dios, que por la de la Universidad.. el Vice tiene a su esposa de ministra porque no hay huevos.. etc

    Francamente no se a que sociedad civilizada se refieren.

    Posiblemente Atila y los suyos eran en el fondo mucho mas civilizados y mas baratos fiscalmente.

  6. Yo también tenía y aún mantengo el punto de vista del autor sobre los impuestos, pero desde hace treinta y ocho años me he dejado llevar por la inspiración de una musa caprina que me encontré en el camino impositivo.

    Observar a mi cabra calva preferida ramonear en los múltiples arbustos, árboles y plantas que crecen salvajes en una sociedad libre me inspira. No puedo más que maravillarme con el ramoneo de mi musa, cada balido o mordisco me inspira.

    Cuando la escuché balar, casi en un susurro mientras mordisqueaba mi bolsillo, «el dinero público no es de nadie» se me hizo la luz, si no es de nadie, me pregunté, no se lo puedo dar a nadie. Aquella inspiración caprina me llevó al convencimiento que entregar mi dinero a nadie era parecido a tirarlo por un acantilado para que el viento de Zapatero lo empujará hasta cualquier confín del mundo hasta posarse en un paraíso fiscal donde las brisas están prohibidas.

    ¡Oh, cabra, oh! Fuente divina de inspiración contributiva.

    El éxtasis y la transcendencia lo alcancé gracias a unos mordiscos en mis zapatos, la cabrilla, jugueteaba con los cordones, y en un balido melodioso me dijo, “no hay una sola definición de España ni una sola interpretación de la Constitución”. Vi la Luz, de repente abracé mi nueva religión, en un flash comprendí que lo mismo se podían regalar vacunas de los españoles prevaricación mediante a Andorra que declararla paraíso fiscal.
    Art. 16.2 «Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias»

    ¡Oh. Cabra, oh!

    Aquello me hizo comprender y abracé la fe, por fin me sentí libre con un único mandato divino, hazte OFF y sobre este pilar de sabiduría asienta mi iglesia.
    Desde ese mismo instante adoré la riqueza, el oro, la propiedad y el dinero, aunque este fuera fiat, nada de discriminación.

    No pensaba yo que mis debilitadas fuerzas pudieran arrastrar a tanto hombre bueno y esforzado hasta las puertas del paraíso fiscal.

    En nuestra iglesia también aceptamos youtuber, no discriminamos a nadie, bienvenidos, Objetores Fiscales Fundamentalistas, hombres de fe en el esfuerzo propio y la libre iniciativa.

    Bienvenidos al paraíso fiscal.

    ¡Oh, Cabra, oh!

    • He tenido que guardar la primera edición de la Constitución española, ojo, española, en una bolsa hermética e introducirla en el congelador para que la cabra no pueda ramonear sus hojas y frutos. Es que le encanta.

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