Estamos desde hace unos años en un círculo vicioso. En su aspecto más superficial las características del impasse son sobradamente conocidas: ruptura (parcial) del bipartidismo, limitaciones del vigente sistema electoral para generar alternativas sustancialmente distintas, incapacidad de los partidos políticos –viejos y nuevos- para pactos de gobierno y finalmente convocatoria electoral que devuelve todo al punto de partida y nos deja como al principio, sin avanzar un paso en la resolución.

La reiteración –hasta cuatro ocasiones ya- de esta situación y el mantenimiento de antiguos vicios, potenciado ahora por defectos de reciente cuño y una gravísima crisis territorial (Cataluña, aunque no solo), han provocado una desafección sin precedentes de la ciudadanía hacia nuestro sistema representativo. No es solo el palpable cansancio o la abstención que se barrunta sino por encima o por debajo de todo ello la profunda decepción -acompañada de descrédito y abierto desprecio- que se dirige hacia la llamada clase política, percibida como un todo indiferenciable.

Así las cosas, todos estamos curados de espanto. Vemos con más resignación que sorpresa o, en todo caso, con más indignación que esperanza de cambio cómo se repiten una y otra vez los mismos errores con una contumacia digna de más altos empeños. De cualquiera de las maneras, la reiteración de yerros y la inevitable sensación de dejà vu no debería ser obstáculo para que nos planteáramos algunas cuestiones esenciales relativas al funcionamiento del sistema democrático en general y al punto muerto del nuestro en particular.

Las que tendrían que ser elites rectoras son en realidad unas bandas organizadas para asaltar el poder en beneficio propio y de una pandilla de familiares, amiguetes y afines

Llama la atención en particular el ardor con que los contendientes electorales en liza interpelan a los ciudadanos sin la contrapartida -que uno juzgaría elemental- de elucidar qué quieren hacer exactamente con nuestro asentimiento y apoyo, es decir, con nuestro voto. No es que hayan olvidado, es que parecen despreciar un requerimiento básico del sistema, a saber, que la consecución del poder no es –o no debe serlo- un fin en sí mismo, sino solo un medio o instrumento para otros objetivos.

Entre esos objetivos, naturalmente, está en primer término la implementación o desarrollo del programa político. Pero programa político de verdad, no esos sucedáneos que tanto ellos como nosotros damos por sentado que son papel mojado, por no hablar de las promesas demagógicas o las proclamas inviables. Podría dar decenas de ejemplos, desde las pensiones a la reducción del déficit, pero doy por hecho que todos ustedes saben de qué hablo y podrían dar a su vez cuenta de otros tantos asuntos del mismo tenor.

Pero además de las medidas políticas más o menos convencionales se encuentran en nuestro caso un conjunto de problemas derivados de la severa crisis de régimen que atravesamos desde al menos el cambio de siglo y en especial en este último decenio. Aquí se produce una paradoja significativa: en teoría todo el mundo tiene claro qué es lo que está fallando e incluso hay un relativo consenso en las parcelas que necesitan ser reformadas, desde la cuestión territorial a la justicia, del sistema electoral al Senado. En la práctica, sin embargo, la parálisis es absoluta.

Se olvida o se encubre así cuál fue la causa de la aparición de los nuevos partidos –de Ciudadanos a Podemos, de Vox a Más País-: la incapacidad de los tradicionales o ya establecidos de dar satisfacción a las nuevas demandas sociales y reformar los mecanismos desde dentro. Dicho de otra manera, la razón de ser de las nuevas agrupaciones era procurar aquello que los viejos partidos no sabían o no podían ofrecer. De ahí que en términos maximalistas se hablara de “regeneración” o alternativas radicales al “régimen del 78”.

Ya hice constar en su momento en estas mismas páginas de Disidentia mi escepticismo ante tales proclamas. Llegué incluso a hablar de la “decepción sin paliativos” del proyecto de Ciudadanos antes incluso de que tuvieran lugar las anteriores elecciones, análisis que fue mal entendido por muchos lectores y amigos que confundieron lo que era una simple constatación –la renuncia de dicho grupo a un saneamiento integral del entramado político- con una crítica concreta a sus planteamientos doctrinales y estratégicos.

Los nuevos invitados a la contienda electoral reproducen a su manera, con pequeñas variaciones, las lacras de los dinosaurios: desconexión con la sociedad civil, endogamia, ausencia de democracia interna, cesarismo o un dogmatismo sorprendentemente compatible con el más tosco de los oportunismos, por citar solo un ramillete de rasgos significativos. De ahí otra de las paradojas de la actual coyuntura: la ampliación de la oferta ha generado más perplejidad, malestar y desafección que cuando el bipartidismo era la realidad insoslayable a escala nacional.

Digámoslo pues sin ambages: la clave de la crisis actual es un darwinismo invertido, una especie de selección natural al revés, según la cual los menos aptos –en todos los sentidos- han ido copando los puestos decisorios. Las que tendrían que ser elites rectoras son en realidad unas bandas organizadas para asaltar el poder en beneficio propio y de una pandilla de familiares, amiguetes y afines. A esta realidad me he referido en varias ocasiones utilizando el término de “argentinización” de España. Unos males parecidos afectan a las elites empresariales o intelectuales. Basta ver su cobardía ante el problema de Cataluña.

Otros observadores han hablado de perversión de la democracia y su conversión de facto en un régimen partitocrático: diversos grupos y grupúsculos se disputan o reparten el poder sin que haya mucha diferencia apreciable entre unos y otros. Por debajo de las aparentes controversias ideológicas, todos coinciden en el usufructo de la administración pro domo sua y en el afán por extender sus redes clientelares. En el caso español, tanto las comunidades autonómas como los organismos autónomos (véase la Universidad), conciben la autonomía como rechazo de toda fiscalización ajena a los intereses internos.

Hagan, por favor, un ejercicio elemental: comparen las cabezas rectoras de los diversos partidos en el último cuarto del siglo XX con las que tenemos ahora. No quiero citar nombres propios para no ofender gratuitamente a nadie, pero tendrán que convenir que la indigencia política, acompañada –claro está- de una pareja miseria intelectual ha alcanzado cotas impensables hasta hace bien poco. Hablar a estas alturas de un político como estadista sería una broma de mal gusto. A lo más que podemos aspirar es a un táctico de regate corto, cuando no un showman o un simple mercachifle.

Por inevitable deformación profesional, tiendo en estos casos a dirigir la mirada hacia el pasado para detectar antecedentes, de la misma manera que por prurito científico me interesa mirar el contexto internacional y sobre todo el entorno culturalmente más cercano de los países occidentales para ver qué cómo se ha resuelto o simplemente cómo se ha actuado en coordenadas como la que ahora marcan nuestro presente. Discrepo del último Preston (Un pueblo traicionado) en el sentido de que esta no es la clave de nuestra historia contemporánea sino un problema concreto de cualquier sociedad en un momento dado.

Insisto por tanto en que los hechos que retrato no constituyen ni mucho menos un problema específico de España, del mismo modo que incluso en los límites hispanos la historia nos proporciona no pocos casos de parálisis institucional que se resolvieron –es un decir- del más diverso modo, desde un golpe de Estado a un brusco cambio de la coyuntura internacional. En definitiva, si algo nos enseña la historia –una paradoja más- es que no hay ninguna lección ni mucho menos receta que pueda aplicarse sin más a una coyuntura como la que nos ocupa.

¿Entonces? Pues… ¡de regreso al futuro! Un futuro que refleja de modo alarmante las mismas sombras que han marcado nuestro reciente pasado. Desearía equivocarme en el pronóstico y, por utilizar la imagen tópica, que fuéramos capaces pronto de empuñar el timón para dirigirnos a puerto seguro. Quiero resistirme al catastrofismo, aunque solo sea porque estoy seguro de que saldremos de esta, como hemos salido de situaciones peores. No consigo empero exorcizar la inquietud que me asalta con más fuerza: que aquí y ahora hemos naufragado, no hay nadie al mando y vamos a la deriva.

Foto: Matthew Henry


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Rafael Núñez Florencio
Soy Doctor en Filosofía y Letras (especialidad de Historia Contemporánea) y Profesor de Filosofía. Como editor he puesto en marcha diversos proyectos, en el campo de la Filosofía, la Historia y los materiales didácticos. Como crítico colaboro habitualmente en "El Cultural" de "El Mundo" y en "Revista de Libros", revista de la que soy también coordinador. Soy autor de numerosos artículos de divulgación en revistas y publicaciones periódicas de ámbito nacional. Como investigador, he ido derivando desde el análisis de movimientos sociales y políticos (terrorismo anarquista, militarismo y antimilitarismo, crisis del 98) hasta el examen global de ideologías y mentalidades, prioritariamente en el marco español, pero también en el ámbito europeo y universal. Fruto de ellos son decenas de trabajos publicados en revistas especializadas, la intervención en distintos congresos nacionales e internacionales, la colaboración en varios volúmenes colectivos y la publicación de una veintena de libros. Entre los últimos destacan Hollada piel de toro. Del sentimiento de la naturaleza a la construcción nacional del paisaje (Primer Premio de Parques Nacionales, 2004), El peso del pesimismo. Del 98 al desencanto (Marcial Pons, 2010) y, en colaboración con Elena Núñez, ¡Viva la muerte! Política y cultura de lo macabro (Marcial Pons, 2014).

7 COMENTARIOS

  1. “Llegué incluso a hablar de la “decepción sin paliativos” del proyecto de Ciudadanos antes incluso de que tuvieran lugar las anteriores elecciones, análisis que fue mal entendido por muchos lectores y amigos que confundieron lo que era una simple constatación –la renuncia de dicho grupo a un saneamiento integral del entramado político- con una crítica concreta a sus planteamientos doctrinales y estratégicos”

    ¿”La decepción sin paliativos” era “una constatación” entonces, Rafael?
    Pues no parece que fuera así, sino todo lo contrario. Es decir, “los planteamientos doctrinales y estratégicos” que (les llevaron a señalar el peligro de Sánchez y la deriva democrática del Psoe) y que según usted eran “decepcionantes” les permitieron casi duplicar sus resultados en las urnas, contra todo pronóstico. Además de dejar al PP de Casado casi en la mitad de los escaños y cuyos “planteamientos doctrinales y estratégicos”, debían ser los acertados para usted.

    Y sobre esa exigencia de “saneamiento integral”, sorprende que no se la reprochara entonces al PP de Casado. O bueno, a lo mejor estaba convencido y daba por hecho que el PP ya llevaba incorporada de forma innata a su estrategia y a su planteamiento doctrinal un indiscutible saneamiento que se completaría de forma integral con la ayuda de VOX.

    ¿No pretenderá hacer pasar por “bueno” su fallido análisis de entonces para adptarlo a la “realidad” actual que ofrecen las encuestas ahora en estos comicios? porque ya me parece el colmo de la desfachatez y del desatino. En mi opinión, erró el tiro entonces y lo sigue errando ahora, si piensa que los planteamientos doctrinales y estratégicos del bipartidismo van a dar estabilidad política y ganar esta batalla, cuando son los principales responsables del enfrentamineto, la polarización, del bloqueo y de la ruina que acecha a nuestro España. Bien es verdad que todavía ostentan el poder y el control de las instituciones, lo que les da ventaja para afrontar con relativo éxito los comicios. Pero no se engañe. Es cuestión de tiempo que acaben siendo reducidos y desalojados de sus cargos y funciones.

  2. Parece que los políticos con su discurso lo único que nos quieren decir entre lineas es “Sálvese quien pueda, nosotros vamos en otro barco”

    Lo extraño es que la población se afana por tirar baldes de agua en la bodega de barco que hace aguas.

    De esta no salimos aunque tenemos tres opciones, una de ellas nos puede salvar.
    Suprimir las autonomía y adelgazar el estado, derogar leyes a mansalva, bajar los impuestos, facilitar la creación de empresas con una sola gestión, la ventanilla única para cualquier trámite , etc, etc.

    España se puede salvar pero como no quieren la cosa sucederá así.

    Recortes, subida de impuestos, expolio a la población, represión, quiebra, conflictos territoriales, reforma constitucional para destruir la nación, reparto de la nación desguazada. Conflicto civil, represión, sangre.

    Mientras tanto los políticos habrán comprado su segunda residencia en algún país seguro.

    Viva España.

    Para el domingo pucherazo.

    Voto del extranjero sin control y en manos del gobierno.
    Voto por correo en manos del gobierno.
    Transmisión de datos en manos del gobierno.
    Imposibilidad de los partidos de tener en su poder todas las actas de escrutinio de las mesas lo que permite cambiar los datos en la transmisión sin posibilidad de comprobarlo.
    Censo manipulado.
    En determinadas autonomías el control por amenaza de las mesas electorales y por lo tanto del escrutinio.

    ¿PSOE 150?

    ¿Pucherazo a la vista? Otro más tras los del Supremo. En esa estamos.

  3. Cuando la grandes élites americano-israelíes de principios del S XIX como consecuencia de la I GM comprendieron que debían hacer algo para no perder el control y antes de la II GM crearon el mayor crck financiero conocido en 1929 pero curiosamente los Rhotschild & Rokefeller fue cuando más dinero consiguieron.

    Y tampoco podían consentir perdieran las riquezas que encerraba Oriente Medio así que de aquel colonialismo que quedaba empezaron por derrocar al Sha de Persia, pero no le era aún bastante, esperaron unos años hasta el 1979 para crear el terrorismo yahidista ahí perduraran el el tiempo la palabras de Zbigniew Brzezinski: “Yo creé el terrorismo yihadista y no me arrepiento” que en realidad se hizo para combatir el comunismo soviético.

    Tampoco se conformaron con ello y con la primera “Primavera Árabe 2010” es cuando más empieza aparecer en escena Soros, si bien años antes ya se pretendía la destrucción de los valores tradicionales de la familia.

    De la fundación Rokefeller 1954; “La calidad de la educación dada a las clases inferiores debe ser de la más pobre, de manera que la brecha de la ignorancia que aísla las clases inferiores de las clases superiores sea y permanezca incomprensible para las clases inferiores. Con tal discapacidad, mismos los mejores elementos de las clases inferiores tienen poca esperanza de extirparse del lote que les ha sido asignado en la vida. Esta forma de esclavitud es esencial para mantener un cierto nivel de orden social, paz y de tranquilidad para las clases superiores dirigencial. El publico puede sentir instintivamente que algo no va bien, pero en razón de la naturaleza técnica de esta arma silenciosa, el no puede expresar su sentimiento de manera racional, o tomar en mano el problema con inteligencia. En consecuencia, el no sabe como gritar por ayuda, y no sabe como asociarse con otros para defenderse.”.

    La tecnología actual de las armas silenciosas es una extensión de una idea simple descubierta, sucintamente expresada, y efectivamente aplicada por Mayer Amshel Rothschild. El Sr. Rothschild descubrió el componente pasivo faltante a la teoría económica, conocida bajo el termino de inducción económica. Obviamente, él no pensó sobre su descubrimiento en los términos del siglo 20, por lo que el análisis matemático tuvo que esperar la segunda revolución industrial, el advenimiento de las teorías físicas y electrónicas, y finalmente la invención de la computadora electrónica, antes mismo de ser efectivamente puesto en aplicación para el control de la economía mundial.
    Lo único que están haciendo además de controlar todos los medios es ir modificando sus planes creados en 1954.

  4. Errores de concepto:

    “desafección sin precedentes de la ciudadanía hacia nuestro sistema representativo “.
    Este nuestro sistema NO es representativo, por lo tanto, NO democrático.

    “en teoría todo el mundo tiene claro qué es lo que está fallando “.
    ¿Y qué es lo que está fallando?, ¿Por qué no se actúa si se sabe?, o no se sabe, o sí, pero no. Vivo sin vivir en mí y de tal manera espero…

    … ¡Alabado sea Dios! , la respuesta estaba unos renglones más abajo, eso me pasa por no vivir en mí y esperar de tal manera: ¡¡¡¡“ LA CLAVE DE LA CRISIS ACTUAL ES UN DARWINISMO INVERTIDO”!!!!!, espero de tal manera que el tal Darwinismo invertido no se refiera al mariquita invertido de mi sesgo machista que no me deja vivir políticamente correcto.

    “Otros observadores han hablado de perversión de la democracia y su conversión de facto en un régimen partitocrático”

    Por ahí, por ahí, van los tiros…, casi casi, la música suena pero la letra no es correcta.

    “por prurito científico me interesa mirar el contexto internacional” …

    … y, qué ha visto.

    “si algo nos enseña la historia –una paradoja más- es que no hay ninguna lección ni mucho menos receta que pueda aplicarse sin más a una coyuntura como la que nos ocupa.”

    La historia SI enseña y parajodicamente SÍ da recetas.

    Le recomiendo una receta para su prurito: EL FEDERALISTA, de Alexander Hamilton, James Madison y John Jay. Investigue sobre qué es una DEMOCRACIA FORMAL, porque, como “otros observadores” todo su artículo es una “perversión de la democracia” …DE FACTO es un artículo PARTITOCRÁTICO.

  5. La verdad no se da, sino se demuestra racionalmente (porque todos van a creerse el darla). La libertad no se promete, sino se lucha a incomodidades contra toda cadena (porque todos van a adaptarla a cadenas). La poesía no se siente con o para una retórica o valoración de línea abrigante-protectora, sino se ha de identificar con tu único sentir, a veces contra todo. La justicia no se espera, sino se busca; pues si tú la esperas, la esperas «de lo que hay establecido» con pasividad; y si la buscas, ya dejas de consentir infraestructuras injustas o corruptas, y así mucho luchas por encontrarla para dársela a los demás.
    La sociedad está contaminada de todas las mentiras (de EMOCIONES, las cuales son por defecto un estar afectado ante todo de inevitables prejuicios) que ella misma crea; por lo tanto, la sociedad por sí misma nunca jamás da el bien, sino lo da el que se cuida en tener una total coherencia o seres excepcionales que se rebelan o que se contraponen (con un deber ético) a infinitas mentiras que se fortalecen más y más en la sociedad. José Repiso Moyano

  6. “De ahí otra de las paradojas de la actual coyuntura: la ampliación de la oferta ha generado más perplejidad, malestar y desafección que cuando el bipartidismo era la realidad insoslayable a escala nacional.”
    Tal vez esa llamada “ampliación de la oferta” no sea la causa de la perplejidad y del malestar sino que es la consecuencia. Si hay más opciones políticas es porque hay una creciente fragmentación social y eso es lógico porque la gente busca otras posibilidades y cuando esas novedades se advierten no tan nuevas se prueban las que parecen más nuevas o más radicales.
    El bipartidismo corrompido es el origen del malestar y es el bipartidismo el que promocionó en su momento a Podemos y es el malestar que eso ha generado el origen de nuevas opciones por la derecha. No tenemos más remedio que experimentar y aprender.