Hay un chiste de Eugenio del que me he acordado mucho estos meses, casi cada vez que oía a uno del PP hablando de las penas del infierno que nos iba a suponer la nueva investidura de Sánchez. Se lo recuerdo: un tipo se despeña por un barranco de cientos de metros y consigue salvarse agarrándose a una ramita pero está todavía a decenas de metros del suelo; entonces empieza a pedir auxilio a grito pelado. De repente escucha una voz como de otro mundo que le dice “hijo mío, soy Dios todopoderoso, no tengas miedo, suéltate de la rama y una legión de mis arcángeles te llevará en brazos hasta el suelo sin que sufras ni un rasguño” lo que hace que el colgado responda, “sí, sí, muy bien… pero ¿hay alguien más por ahí?”

Publicidad

Los del PP no parecen haber caído en la cuenta de algo muy elemental, que sus argumentos no han sido suficientes para conseguir la investidura, no acaban de creer que un millón bastante largo de españoles hayan podido negarles el voto para hacer lo que era tan urgente y necesario como evitar que Sánchez repitiese mandato… y van tres veces que lo consigue. Pues bien, el PP sigue erre que erre con la misma monserga, no sabe cambiar de registro, parece empeñado en conseguir que lo que no le ha servido para obtener la presidencia del gobierno le sirva en el futuro, a saber cuándo.

No será posible una victoria que merezca la pena y que se obtuviere insistiendo en las formas que ya se han presentado como insuficientes, que han hecho posible una gran decepción

Poco antes de ser nombrado portavoz del grupo parlamentario del PP, y es solo un ejemplo, el señor Tellado, que ha sido obsequiado con esa prebenda por su jefe político, manifestaba que ahora mismo en España no teníamos una democracia. Su declaración es descalabrante, porque lo primero que habría que preguntarle a Tellado es a qué se dedica exactamente si, en verdad, no estuviéramos en un parlamento democrático. Claro es que lo que ha dicho Tellado admite muchas lecturas, pero lo que me llama la atención es que no haya sido más prudente y comedido y no piense en las que son negativas y maliciosas, algo que, por puro oficio, debiera evitar. No hace falta ser un genio de la sospecha para comprender que millones de españoles, no todos malhechores ni perversos, entienden que lo que Tellado dice es que si no gana el PP no hay, en realidad, una democracia digna de ese nombre.

Tal proclama tiene multitud de aristas negativas, para empezar tiene un contenido casi idéntico a lo que declara tanto partidario de Sánchez, esos que ven la necesidad de construir un muro (aunque ahora parece que Sánchez dice que no lo ha dicho) para defender la democracia que a ellos les gusta, la única verdadera a su parecer, y a mí me cuesta mucho comprender las razones por las que alguien que se considera liberal y/o conservador pueda creer en que va a ganar las elecciones a la izquierda empleando las mismas armas que ésta.

Tampoco estaría mal que tanto interés por la democracia se manifestase en algunas costumbres distintas a las habituales, tanto en la derecha como en la izquierda. Me bastarán un par de ejemplos para que no haya dudas de a qué me refiero. El cargo del señor Tellado debiera ser de elección de los diputados, como ocurre en la casi totalidad de las democracias del mundo, y como ocurría aquí hasta que los presidentes de los partidos decidieron que el parlamento tendría que ser un órgano dedicado de modo exclusivo a su servicio. Elegir de ese modo al portavoz no es ejemplar y, desde luego, no presta demasiada autoridad a las quejas de que la señora que ahora mismo preside el Congreso se olvide de cuál debiera ser su oficio y se ponga a las órdenes de Moncloa, que para eso la ha puesto allí.

El PP es un partido que lleva muchos más años de los que dicen sus estatutos sin celebrar un congreso político medianamente abierto. De la misma manera que repugna el hecho de que se reduzca el Congreso de los Diputados a ser una cámara cuya única misión sea investir al presidente del gobierno y que, por esa razón, haya de permanecer cerrado y silente mientras no se amarre (aunque sea en Waterloo) la dichosa investidura, debiera ser escandaloso que el PP ni se moleste siquiera en escuchar a sus miembros, salvo para elegir al presidente. Se supone que el elegido, solo o en compañía de su equipo de sabios, se encargará luego de determinar la política que hayan de aplaudir millones de españoles votándole con entusiasmo. ¿A quién puede extrañar que los resultados no sean los previstos?

Tanta preocupación por la democracia, de ser más sincera que interesada, debiera servir para hacer algunos cambios notables y muy de fondo en un partido que ha perdido una ocasión histórica, y habría que subrayar en rojo el calificativo de histórica, de conseguir la presidencia del gobierno en unas elecciones parlamentarias. De momento no hay muchos motivos para ser optimistas al respecto porque el PP sigue dando la impresión de creer que sus fallos, aparte de la consabida responsabilidad del maestro armero, se deben a que ha sido poco insistente en el golpeo. Al parecer sigue en píe la pedagogía política que practica aquello de “leña al mono hasta que se aprenda el catecismo”.

Hay tres ideas que parecen confundir a las brillantes cabezas que dirigen al gran partido de la derecha. La primera es la creencia en que sigue existiendo aquella “mayoría natural” de la que hablaba Fraga y que nunca le sirvió para vencer al PSOE, la segunda es la creencia en que el mecanismo de la alternancia funciona siempre y por sí solo, y la tercera es que basta con que el enemigo se equivoque, creer que las elecciones las pierden los gobiernos y van a caer en manos del titular de la oposición.

Se trata de tres errores muy graves: la alternancia sólo funciona cuando se trabaja una alternativa positiva, no negativa y que sea nítida, ilusionante y mejor que su contraria porque las mayorías políticas no son nunca naturales, deben ser creadas en cada caso, y en eso consiste hacer política. Por último, no se va a ninguna parte con solo defender la democracia, la libertad y la Constitución, en especial si no se ha empleado mucho tiempo en explicar muy bien qué las pone en riesgo (no es porque el PP no consiga el gobierno) lo que debe hacerse empleando una contrición sincera, es decir, reconociendo las malas mañas empleadas en algún momento, como cuando ese partido ha intentado controlar, por la puerta de atrás  según explícita confesión de parte, el poder judicial, a saber con qué inmaculados propósitos.

Los millones de españoles que vemos con preocupación y temor el estado actual de cosas y un horizonte político nada halagüeño tenemos derecho a exigir de los partidos que se sienten llamados a ser alternativa una política distinta, más inteligente, más capaz de aprender de la experiencia, valiente para cambiar lo que sea necesario, empezando por la propia casa, coherente y, porque no decirlo, amable, no estridente, más persuasiva y patriótica que desorejadamente partidista y rutinaria. No es poco, desde luego, pero no será posible una victoria que merezca la pena y que se obtuviere insistiendo en las formas que ya se han presentado como insuficientes, que han hecho posible una gran decepción. Pronto sabremos si se rectifica el rumbo o se insiste en ir contra ese muro que Sánchez ha inventado perdiendo la oportunidad de dejarlo en evidencia porque se sabe construir una alternativa que lo supere con grandeza, imaginación y generosidad.

Foto: La Moncloa – Gobierno de España.

¿Por qué ser mecenas de Disidentia? 

En Disidentia, el mecenazgo tiene como finalidad hacer crecer este medio. El pequeño mecenas permite generar los contenidos en abierto de Disidentia.com (más de 2.000 hasta la fecha), que no encontrarás en ningún otro medio, y podcast exclusivos. En Disidentia queremos recuperar esa sociedad civil que los grupos de interés y los partidos han arrasado.
Forma parte de nuestra comunidad. Con muy poco hacemos mucho. Muchas gracias.

Become a Patron!

Artículo anteriorLos ingresos sólo cubren 11 de los meses del año del gasto público
Artículo siguienteContra la autocracia
A lo largo de mi vida he hecho cosas bastante distintas, pero nunca he dejado de sentirme, con toda la modestia de que he sido capaz, un filósofo, un actividad que no ha dejado de asombrarme y un oficio que siempre me ha parecido inverosímil. Para darle un aire de normalidad, he sido profesor de la UCM, catedrático de Instituto, investigador del Instituto de Filosofía del CSIC, y acabo de jubilarme en la URJC. He publicado unos cuantos libros y centenares de artículos sobre cuestiones que me resultaban intrigantes y en las que pensaba que podría aportar algo a mis selectos lectores, es decir que siempre he sido una especie de híbrido entre optimista e iluso. Creo que he emborronado más páginas de lo debido, entre otras cosas porque jamás me he negado a escribir un texto que se me solicitase. Fui finalista del Premio Nacional de ensayo en 2003, y obtuve en 2007 el Premio de ensayo de la Fundación Everis junto con mi discípulo Karim Gherab Martín por nuestro libro sobre el porvenir y la organización de la ciencia en el mundo digital, que fue traducido al inglés. He sido el primer director de la revista Cuadernos de pensamiento político, y he mantenido una presencia habitual en algunos medios de comunicación y en el entorno digital sobre cuestiones de actualidad en el ámbito de la cultura, la tecnología y la política. Esta es mi página web