Empezamos a acostumbrarnos, si no lo estamos ya, a que según los políticos y la prensa que los vocea todo lo hacemos mal. Nos alimentamos de forma deficiente. No dormimos en la postura que corresponde. Nos duchamos mucho o poco, según le parezca al firmante. En definitiva, llevamos nuestra vida por un camino sin retorno, lleno de vicio y perversión, muy alejado de la bondad y el atino que promulgan los que saben muchísimo más que nosotros sobre nuestras propias vidas, que dará con nuestros huesos en el infierno de alguna religión pagana. Todo es cargarnos el planeta y nuestro futuro.

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Es evidente que con un par de gramos de masa gris y dos analíticas podremos averiguar mucho más sobre nuestro estado de salud que oyendo las ruedas de prensa del ministro Illa, un ser gris y mediocre, cuya bajeza moral es solo comparable a su cinismo y al de sus bien pertrechados compadres del Consejo de Ministro. No hay que ser un lince para que salten las alarmas, por ejemplo, cuando un ministro nos dice que jugar y apostar es malo, mientras nos meten sin el más mínimo reparo publicidad de la lotería de Navidad hasta en las bolsas del supermercado. Todo juego es malo, menos el suyo. A poco que usemos el cerebro advertiremos el tamaño del embudo que da nombre a su ley.

Personas, cuyo mayor mérito es cercenar nuestras libertades cada día, manteniendo al país en un estado bélico, es la que se atreve a decirnos sin sonrojo una y otra vez cómo hemos de vivir nuestras vidas, como hemos de relacionarnos y comportarnos

Llama poderosamente la atención que en sistema tan deficiente haya quien se atreva a dar lecciones de nada a quienes demostramos cada día lo inútil y parasitario de su existencia. No importa de que parcela de la acción del gobierno hablemos. Hemos sufrido y seguimos sufriendo una gestión pandémica desastrosa, criminal y llena de mentiras. No existen los comités, ni los expertos, se promulgan leyes y estados de alarma a todas luces inconstitucionales y nadie da cuenta de su gestión a los jefes, que jamás lo olviden y, aunque no lo parezca, seguimos siendo nosotros, los contribuyentes.

Si la experiencia ya demuestra que el testeo masivo y la pronta detección es la clave para detener al virus mientras se demuestra si las vacunas son tan efectivas como prometen, el ejecutivo español determina que no es bueno que se hagan pruebas. Mientras, los palmeros, como no podía ser de otra manera, aplauden, jalean y esconden la verdad.

Para nuestra desgracia, como venimos machaconamente anunciando, las costuras del Estado del Malgastar están empezando a resquebrajarse. No hay dinero para pagar las promesas de ingresos indefinidos. No alcanzan los fondos europeos más que para un par de chicles. La recaudación cae en picado. Las empresas cierran en cascada y el mercado laboral español es una auténtica masacre, con el paro estructural más enquistado de los países desarrollados.

Levantando la vista alrededor, como en el caso sanitario, encontraremos multitud de países cuyo desempeño laboral o económico no se ha visto afectado de la manera que lo está sufriendo nuestro país, sin embargo, el catecismo sectario y socialcomunista dicta que hay que seguir expoliando a los autónomos, cada vez más frecuentes en las colas de Cáritas y los bancos de alimentos, subiendo la cuota por respirar. La doctrina progre repite que hay que impedir a los ricos crear riqueza y que hay que subsidiar a los pobres para que no dejen de serlo. Mientras las bocas y los titulares rezan que nadie se quedará atrás, la realidad muestra una cascada de ciudadanos que ya han perdido el coche escoba.

No hay campo, disciplina o asignatura en el que no sean absolutamente deficientes. Pocas tradiciones tan nefastas en la democracia española como la de cambiar de ley educativa cada vez que cambia el color del partido en el gobierno. Una tradición que sin duda es peor que ésta, es que cada ley educativa haga buena a la anterior. Prestos a seguir cuesta abajo y sin frenos tradicionalmente se aprueba un despropósito, que condena a la juventud española a seguir en el vagón de cola de los conocimientos y el criterio.

También podemos hablar de la Justicia, de los intentos de colonización política del Poder Judicial, de las causas pendientes de los partidos en el gobierno o de sus socios, del uso partidista de la Fiscalía del Estado, de su lentitud o de la reforma que nunca llega. Podemos hablar de la necesidad de investigar al Emérito, que sin duda debe ser investigado, y de la necesidad de investigar la gestión de este gobierno, de llevar con claridad y trasparencia las demandas que ya están en marcha contra sus medidas liberticidas y empobrecedoras, discrecionales y faltas de rigor científico o económico, pero sobre todo legal. Esto parece no querer llegar jamás.

Tenemos un gobierno que se atrinchera en su poltrona, pero que no pinta nada en ningún lado. No tiene la fuerza moral ni la envergadura internacional necesaria para poner coto a las mafias que explotan la inmigración. Tampoco tiene, obviamente, la categoría necesaria para tomar las medidas que sí puede tomar en casa y que necesariamente pasan por desmontar el Estado del Malgastar, que sin duda debe sonar a sacrilegio. Hemos presenciado como se ningunea a Sánchez en la UE, con la última perla del Centro europeo de Seguridad que se fue para Rumanía en lugar de ir a León. No hay forma de que este grupo de indocumentados atraiga la más mínima inversión. Recuerden lo bien situada que estaba la Calviño para presidir el Eurogrupo, según la prensa y el desastroso desenlace para la ministra.

Personas, cuyo mayor mérito es cercenar nuestras libertades cada día, manteniendo al país en un estado bélico, es la que se atreve a decirnos sin sonrojo una y otra vez cómo hemos de vivir nuestras vidas, como hemos de relacionarnos y comportarnos. Debe de ser algo así como el paradigma de la disfunción cognitiva. Y digo mayor mérito porque es evidente que tienen alguno que otro más, como lo es el de crear un inmenso club de serviles dependientes que necesitan que se mantengan las cosas como están para sobrevivir. Prensa escrita y radiotelevisión son, como han sido casi siempre, un pilar fundamental en el mantenimiento de indocumentados en el poder. Mientras el gobierno nos parasita a nosotros, el periodismo parasita al gobierno. Glosar sus gestas y escribir cantares es un precio muy pequeño por la fama y la gloria.

Perdónenme si me asombro, pero no acabo de encajar que cuestiones que a mí se me presentan cristalinas y, estoy seguro, que a ustedes también, parecen jeroglíficos irresolubles a los ojos de estos mantas, por lo que resuelvo que necesariamente han de ser malvados. Esto va de pajas en ojos ajenos y la estructura del Empire State Building en el propio. La ignorancia es muy atrevida y estos señores de la élite se atreven a decirnos como hemos de vivir cuando no tienen ni puñetera idea da nada. Perdón, de nada no, saben perfectamente como mantenerse en su torre de marfil a costa de arruinar la vida de muchos, pero ya hemos resuelto que es cosa de malicia. Un ignorante bueno hace tiempo que se hubiera marchado a su casa.

Foto: PES Communications


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José Luis Montesinos
Soy Ingeniero Industrial, me parieron autónomo. Me peleo con la Administración desde dentro y desde fuera. Soy Vicepresidente del Partido Libertario y autor de dos novelas, Johnny B. Bad y Nunca nos dijimos te quiero. Escribí también un ensayo llamado Manual Libertario. Canto siempre que puedo, en cada lugar y con cada banda que me deja, como Evanora y The Gambiters.