No creo pecar de catastrofismo si digo que hay un agotamiento del sistema político español de 1978. No voy a extenderme, pero voy a señalar que hay varios aspectos del sistema político de la Transición que, hoy se señala de forma generalizada, no funcionan:

1) Por un lado, una concentración del poder político en unas pocas manos.

2) Por otro, la fuente del poder político está en los partidos, cuya estructura interna no es democrática. Sigue sin serlo, pese a los avances en los últimos años.

3) Del partido, el poder se extiende al conjunto de las instituciones públicas; incluso aquéllas que formalmente están para moderar o controlar el poder.

4) Y desde éstas, se condiciona a las instituciones de la sociedad civil que, de otro modo, podrían ser independientes.

5) El poder del voto en España es muy limitado. Sólo podemos elegir, para cada circunscripción, el corte en las listas que nos ofrecen los partidos.

6) Tenemos una Cámara que no tiene utilidad ni una función política clara; el Senado.

7) La concentración del poder ha favorecido la corrupción

Este análisis es compartido por muchos. Pero hay más consideraciones que se querría hacer, pero que no son tan ampliamente aceptados como válidos.

1) Yo creo que el sistema político y la falta de cultura de los ciudadanos sobre lo que es y no es la ley han llevado a pensar que la ley, el ordenamiento jurídico, es un conjunto de normas arbitrarias, lo cual a su vez ha llevado a hacer ver que todo, incluso los cimientos mismos del sistema político, es arbitrario.

2) La idea de nación española se ha ido desnaturalizando hasta anclarla, como un clavo ardiendo, a la Constitución. Como la Constitución es tan arbitraria como el resto de la ley, la misma idea de nación española se ha convertido en un concepto discutido y discutible.

Luego, por un lado, tenemos un sistema político agotado. Por otro, hay una alternativa real, encarnada por Podemos, que quiere acabar con lo poco de democrático que tiene nuestro sistema. No voy a extenderme ahora sobre este nuevo partido, pero sí quiero decir que lo sigo con mucha atención desde que nació, y que lo que le caracteriza es el eclecticismo por lo que se refiere a los medios para alcanzar el poder, y como objetivo último el poder absoluto.

Es posible que el sistema se venga abajo. Y cuando lo haga, necesitamos una alternativa institucional liberal, que sepa dividir el poder, sujetarlo, y proteja la autonomía de la sociedad

En estas circunstancias, es posible que el sistema se venga abajo. Y cuando lo haga, necesitamos una alternativa institucional liberal, que sepa dividir el poder, sujetarlo, y proteja la autonomía de la sociedad. Para lograr estos objetivos, desde una reflexión previa a la situación actual, y desde el presupuesto de la defensa sin ambages de la libertad, propongo un sistema político basado en estas líneas maestras.

Dejo a un lado poner fin a la monarquía e instaurar una república presidencialista. Creo que sería un sistema mucho mejor, pero en las circunstancias históricas actuales plantear a ese nivel un cambio del modelo del Estado resulta muy peligroso.

Creo que un bien sistema parlamentario debe tener dos cámaras. Pero no con el sentido de que una modere a la otra, sino para que realicen cada una de ellas funciones distintas, siguiendo el modelo que plantea Friedrich A. Hayek en El orden político de un pueblo libre.

Por un lado estaría el Senado, la Cámara Alta, cuya función sería elaborar lo que entendemos por el derecho. Elaboraría los códigos Penal, Civil, de Comercio, Ley Concursal, Ley de Huelga y demás. Para la elaboración de los códigos, tendrá que tener en cuenta la jurisprudencia, y no legislar en su contra. La jurisprudencia la constituyen las resoluciones en firme del Tribunal Supremo. Otra atribución del Senado sería fijar la estructura de los impuestos, así como los tipos máximos. Y, por último, la aprobación de los miembros del Tribunal Constitucional.

La Cámara Baja, el Congreso, tiene como funciones el nombramiento del presidente del Gobierno, la aprobación de los Presupuestos, y del nivel de impuestos, dentro de la estructura fijada por el Senado. También la aprobación de los nombramientos por parte del Gobierno y el control de la acción del Gobierno.

Habría asimismo una figura, a la que se le podría llamar el Justicia Mayor. Haría las funciones de Fiscal General y de Ministro de Justicia, y sería elegido cada cuatro años, a dos de distancia de la elección del Senado.

Por último, un Tribunal Constitucional, cuyos miembros han de ser juristas de reconocido prestigio, sin antecedentes políticos. Los propondría el Justicia Mayor y los tiene que aprobar el Senado. Como en el caso de los Estados Unidos, su cargo sería vitalicio.

Para acabar con la partitocracia, y para dar contenido democrático al sistema, la elección del Senado y del Congreso se haría con circunscripciones uninominales. Habría que dividir el territorio nacional es circunscripciones, con unos criterios entre históricos y demográficos.

Cada cuatro años se votará un tercio del Senado. De modo que cada senador estará un período de doce años. El motivo es que de este modo, la elección se guiará por cuestiones ideológicas, y el senador tendrá independencia durante ese período del mundo de la política. No podrán ser senadores quienes hayan tenido un cargo político, ni podrán optar a cargo político alguno después de ejercer el cargo. Habría que fijar un límite mínimo de edad. Cada cuatro años se vota la renovación del Congreso.

En un sistema político así, el poder estaría dividido. Idealmente, lo estaría por un lado entre el presidente de la república y el del Gobierno. Pues algunas atribuciones que ahora recaen en el Gobierno quedarían en manos del presidente de la república, como serían las relaciones exteriores, la representación del Estado y las instituciones, la defensa de dichas instituciones, y del respeto a los derechos del ciudadano. En la monarquía actual, gran parte de esas funciones recae en el Gobierno.

De optar por una república presidencialista, las funciones del Gobierno serían hacer cumplir las leyes, la gestión de la política económica, la de los bienes públicos de ámbito nacional (educación, sanidad…) y la política interior. El poder judicial quedaría desgajado del Gobierno, y estaría sustentado en una institución democrática, controlada por el Congreso.

Esa división del poder procede de una división en el origen de las instituciones. De este modo, enlaza con la llamada “constitución mixta”, que es el verdadero origen de la Constitución de los Estados Unidos, y no la división de poderes teorizada, a partir de la constitución mixta inglesa, por el barón de Mostesquieu.

Foto: David Adam Kess

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11 COMENTARIOS

  1. Parece por los comentarios que es el «Momento Trevijano-» , ojalá.

    La primera vez que escuché a Trevijano pensé que era un demonio, un tiempo más tarde le escuché decir que alguien cercano le había dicho lo mismo. Ahora pienso que ha sido un regalo del cielo para todos los españoles.

    Pero estamos en España, y eso de denostar al válido es una costumbre muy nuestra agravada en determinadas regiones por su «histórico» aldeanismo.

    Trevijano se limita a proponer una serie de reglas que garanticen la libertad política, así como los límites de la acción política. Naturalmente no deja de ser una teoría, pero una teoría que los españoles debería tener muy en cuenta.

    Situándonos en el punto de partida de Trevijano podríamos llegar a tener «Una, Grande, Libre» España Democrática, o incluso algo mejor.

    ¿Cuál es el problema de la simple teoría del maestro?

    Que estamos en España y en España hay españoles, si por algo nos caracterizamos los españoles es por ser unos ignorantes de la política, la historia, la economía y la libertad, somos unos mierdecillas… No os pongáis así, vosotros sois tan mierdecillas como yo, por mucha historia, economia, política que sepáis o libres que os sintáis. España es una mierda, o está hecha una mierda desde hace mucho tiempo, decir esto no es malo, es como decir, mi casa está hecha una mierda o mi casa es una mierda. Cuando partimos de una realidad objetiva, podemos limpiarla, reformarla u organizarla para que deje de ser una mierda y vivir con cierta dignidad y comodidad.

    No hay más que ver como todos los partidos políticos españoles esconde la suciedad debajo de la alfombra y ahora tenemos una alfombra con la joroba de un camello.

    Por una parte tenemos a los doctos y eruditos soberbios, por otro una oligarquía patria que hoza en el estado como los cerdos en su coto de caza. Por otro a los experimentados en corrupción política, amaño constitucional y por último a los de las cosas son/funcionan así, los peores, el pueblo y los periodistas..

    Y por último tenemos al españolito medio, bobo de solemnidad en asuntos de libertad política, economía, impuestos, paleto hasta las trancas, dictador y entrenador de fútbol, sectario y soberbio ignorante.

    Luego tenemos la España negra y la blanca, ambas existen, pero sin embargo los defensores de la leyenda negra critican sin piedad a los defensores de la realidad que no leyenda blanca.

    Ser un mierda es una posibilidad de crecimiento, para dejar de ser un mierda se necesita voluntad, un gran potencial sin voluntad se convierte en una gran mierda,
    España tiene ese potencial, quizás debería preocuparse un poco más de dar una excelente educación a los más jóvenes y rescatar a los sabios ancianos, que los hay, para que señalen el camino. No como la última vez.

    Si de esta vamos a peor, cosa muy probable con los políticos a la vista, la cosa puede ser terrible, de hecho ya lo es, pero siguen los políticos corruptos ocultándolo bajo la alfombra,

    Yo a VOX le recomendaría mucho Trevijano, a Ciudadanos que por favor lo deje, ya está está bien de «meapilismo» totalitario, al PP que despida a los corruptos y luego se disuelva, y a los demás partidos les recuerdo que en Madrid está el Viaducto tan útil para resolver lo irresoluble.

    • Henry Killer, en general puedo suscribir su comentario, solo me gustaría dejar claro que mi aprecio por la obra de Trevijano es justo eso, por su obra, no por su persona. Reconozco a Trevijano como nuestro mejor pensador político, con diferencia. Como hombre de acción lo tengo por fracasado, es más, por su personalidad no tuvo nunca opciones. Era intransigente, agresivo, irrespetuoso incluso con sus cercanos y negado para trabajar en equipo. Me aguanto mi sesgo de psicólogo de explicar porqué lo diagnostico de trastorno narcisista, otro día quizá. En definitiva, un hombre de intelecto brillante y referencia absoluta en política, sobre todo constitucional, pero a dejar de lado en lo activo.

      • Coincido con usted. Reconozco la brillantez intelectual de García Trevijano.
        Sólo pretendía bromear con algunos rasgos de su personalidad que algunos utilizan para subvalorar su obra.
        La vida es una obra completa y de haber sido el hombre de acción que él deseaba ser quizás no hubiera sido el intelectual de debía ser.

        Un saludo

  2. El factor de interés liberal en una constitución, y digo bien al decir de interés porque puede ser compatible con un estado asistencial, es la proscripción de la injerencia pública en la actividad exclusivamente privada (incluyendo la existencia de impuestos).
    A quien le interese de qué hablo, lo pueden leer en el blog Política Integral Transideológica, aunque su desarrollo dejó de actualizarse en ese medio hace años sigue estando claro su enfoque. Por cierto, con una entrada en parte plagiada en el editorial de jubilación de un importante director de un periódico económico americano de primera línea (comprobable y con afortunado registro en un sistema de propiedad intelectual).

  3. Señor autor, se atreve usted sin pudor alguno con lo más importante de la política, el constitucionalismo, con evidente carencia de estudio. Le recomiendo encarecidamente la lectura del Teoría Pura de la República de A. García-Trevijano, antes de lanzarse a hacer propuestas. Le pongo un ejemplo, la única manera de conseguir la independencia judicial es que su órgano de gobierno sea elegido por los actores judiciales: jueces, fiscales, secretarios, abogados y catedráticos de las facultades de derecho. La existencia de un Ministerio de Justicia o el nombramiento por cualquier otro poder de los altos cargos judiciales ya cancelaría su independencia.
    Le podría igualmente explicar lo disparatado de separar en dos cámaras el poder legislativo o como queda anulada toda democracia si no se separa este del ejecutivo, pero ya para eso tiene la lectura recomendada. Solo hay un camino, el de la separación de poderes y la representación genuina, o sea un diputado por distrito (como Francia, EEUU, Reino Unido). Ah, y esto es preideológico, así que nada de liberal, de esta estructura sale cualquier gobierno, socialista o liberal, a decidir cada cuatro años; son las reglas de juego, no como se juega, que eso viene luego.

  4. Ningún partido u organización es democrática porque la organización implica la tendencia a la oligarquía. En toda organización, ya sea un partido político, de gremio profesional u otra asociación de ese tipo, se manifiesta esta tendencia aristocrática.

    Para explicarlo Michels formuló la que denominaría “Ley de hierro de la oligarquía”: “La organización es la que da origen al dominio de los elegidos sobre los electores, de los mandatarios sobre los mandantes, de los delegados sobre los delegadores. Quien dice organización, dice oligarquía”.

    • Exacto elBlues, y además está bien que sea así, porque un partido debe mantenerse inamovible en sus bases fundacionales y no ir adaptándose a la deriva electoral. Cuando ya no tenga seguidores que se disuelva. Recuérdese la impúdica frase reiterada “interpretar la voluntad de los ciudadanos”, o sea, los políticos actuales no tienen ideas propias, son intérpretes de la opinión pública. Abierta declaración de oportunismo.

  5. El visionado de este video es muy recomendable…
    Documental “Frente a la gran mentira”…
    El documental ​ “Frente a la gran mentira” propone, a la consideración del espectador, asuntos que van a cuestionar, durante el desarrollo del metraje, todo aquello en lo que hasta ahora había creído, y que constituía en él, una forma de fe y de creencias equivocadas que conducían sus acciones. Aspectos que, por lo tanto, suponen una verdadera herejía y que rompen de forma sorprendente con todo lo establecido. Ante todo, “Frente a la gran mentira” es una apología de la libertad antropológica, de la libertad fundamental, que se distancia de cualquier consideración utópica del término.
    https://youtu.be/Z2M5hzJVFVo

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