El tiempo en casa, encerrado, pasa más despacio. Cada cual lo llenará de la forma que le sea más amena, pero sin duda, para muchos, queda tiempo para madurar ideas y sacar algunas conclusiones, que podemos compartir gracias Internet, el teléfono o las redes sociales.

Quizá algunos olviden asuntos de vital importancia en medio de la vorágine que ha creado el Coronavirus. Sin embargo, cuando hay vidas en juego y tenemos que quedarnos en casa, renunciando a nuestros derechos, las discusiones bizantinas, pero interesadas, sobre el sexo de los ángeles pierden todo el interés y quedan aquellas cuestiones mollares que nunca debemos perder de vista. Recordarán que no hace mucho discutíamos sobre la magnitud del coste de los intermediarios en la distribución de alimentos y su importancia. ¿Aportan valor añadido? Supermercados vacíos por la tarde y completamente surtidos a primera hora de la mañana siguiente en una situación de completa incertidumbre. Ese es su valor añadido.

En una situación de completo caos, no es la única muestra de capacidad y liderazgo que el sector privado pone sobre el tapete. Son ya varias cadenas hoteleras las que pusieron al servicio del sistema de salud —de los ciudadanos— sus habitaciones por si fueran necesarias, antes de que nadie se lo pidiera, intentando evitar el colapso de la sanidad pública que además tiene que echar mano de la privada, para que la asista. Todos remando en la misma dirección sin importar quien paga la nómina.

No es el Estado, el gobierno o sus dirigentes los que sacan las castañas del fuego. Es la integral de todos los actos voluntarios e individuales. Es la sociedad civil

Muchos centros comerciales y cadenas de tiendas han echado el cierre sin que nadie se lo ordene. La solidaridad y la responsabilidad son patrimonio privado y es en estos trances cuando sale a relucir con mayor fuerza.

No olviden el sentido del humor o las muestras espontáneas de cariño hacia quienes más tienen que esforzarse para sacar esto adelante. Nadie nos obliga a echar una mano a los demás para pasar este trance cuanto antes, pero son muchos los que, de forma individual y espontánea, ponen su ingenio al servicio de los demás o simplemente hacen circular aquello que les parece más simpático o animoso. Propuestas bienintencionadas de toda índole circulan por su teléfono móvil. La solidaridad se muestra de muchas maneras y sin duda forma parte del ámbito privado. El gobierno nos mete en casa, nos recluye y limita nuestros derechos, y pese a todo seguimos mostrando nuestra mejor cara. Somos solidarios pese al gobierno.

Ese gobierno, cuyos miembros fueros elegidos por sufragio universal, supuestamente por su capacidad y liderazgo, se muestra en la mayoría de los casos desaparecido y desbordado, incapaz. Niega primero el peligro y, en nuestro país, para más infamia si cabe, incita a participar en actos peligrosos, en manifestaciones orquestadas de forma política y partidista, para a las pocas horas, muy circunspectos y apenados, informar de que todo ha cambiado, ignorando lo que se llevaba advirtiendo semanas atrás por muchas organizaciones y epidemiólogos.

Convendrán conmigo en que, pese a todo, algunos estamentos del Estado han actuado de forma más diligente que otros. Las competencias en sanidad derivadas a las autonomías han permitido que muchos líderes autonómicos se adelanten a la acción tardía y timorata del gobierno central. Recuerden que el gobierno trabajó durante toda la noche del jueves, para perpetrar un Consejo de Ministros que se retrasó durante horas y cuyas filtraciones, interesadas sin duda, ponían la piel de gallina.

La clase política está llena de desalmados dispuesto a aprovechar una crisis sanitaria sin precedentes en los últimos lustros, para imponer su agenda, sin importar la gente que se hacina en los hospitales esperando un respirador. Hoy los tienen sentados en el Consejo de Ministros, mesías iluminados que se elevan por encima del bien y del mal, capaces de saltarse cualquier cuarentena médica para llevarnos a todos por la senda de la pobreza y la miseria mientras sean ellos los que pilotan y se llevan su tajada. Los encumbraron las mayorías, demostrando, de nuevo, que la mayoría no tiene por qué tener la razón. De hecho, como ya habré dejado escrito alguna vez, la mayoría suele estar equivocada, bien lo sabe Galileo.

Este es el mundo en qué vivimos. Uno en el que el político miente, por sistema. Uno en el que un virus minúsculo nos puede llevar por delante. Un mundo sin otra seguridad que la certeza de que todos acabamos de la misma manera. Un mundo lleno de magufos, vendedores de humo y buhoneros de la impresora de billetes. Uno en el que el cuarto poder, que debiera controlar a los otros tres como punta de lanza en la defensa de las libertadas, vive mamando de la teta de la subvención repitiendo las consignas que le dictan desde arriba.

Sin embargo, en medio de la triste realidad siempre queda el individuo. El creador de memes y videos que nos hacen reír. El promotor de aplausos. El sanitario al que no le dan una mascarilla o el transportista que se afana en llevar cajas de brócoli al supermercado.  En todo este revuelo queda la responsabilidad y la iniciativa individual. La de cada uno de nosotros. Sin ella hoy, los pilares del Estado se tambalearían aún más, pero el individuo es mucho más responsable que el gobierno y antepone la vida a su ideología, por muy anti estatista sea. Al contrario que el Estado, cuyo gobierno antepuso la política a la vida sin que le temblara la mano.

Cuando todo esto pase no olviden. Recuerden quien cumplió con su obligación para con sus semejantes y quién antepuso su egoísmo. Recuerden quien hizo su trabajo y quien dejadez de funciones. Y reclamen responsabilidades. No sé si hay un culpable de la expansión del virus, pero desde luego hay responsables de la pésima gestión de la situación.

Patente ha quedado que el sistema es un tigre de papel cuando pintan bastos. Cuando el humo y la magia desaparecen, cuando los focos se apagan, solo queda usted, la ciencia y el conocimiento y su responsabilidad individual. Nadie va a venir a salvarle, más allá de su familia o amigos. Estamos solos ante el peligro y, aun así, siempre habrá alguien por ahí dispuesto a echar una mano. No es el Estado, el gobierno o sus dirigentes los que sacan las castañas del fuego. Es la integral de todos los actos voluntarios e individuales. Es la sociedad civil.

Foto: Toa Heftiba

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José Luis Montesinos
Soy Ingeniero Industrial, me parieron autónomo. Me peleo con la Administración desde dentro y desde fuera. Soy Vicepresidente del Partido Libertario y autor de dos novelas, Johnny B. Bad y Nunca nos dijimos te quiero. Escribí también un ensayo llamado Manual Libertario. Canto siempre que puedo, en cada lugar y con cada banda que me deja, como al-Andalus Rock y The Gambiters.

5 COMENTARIOS

  1. Muy buen artículo y muy buenos comentarios. Me quedo con una frase del articulo: «La clase política está llena de desalmados dispuesto a aprovechar una crisis sanitaria sin precedentes en los últimos lustros, para imponer su agenda». Esa frase aterra. Pensar que hay gente dispuesta a todo con tal de avanzar en su ideología delirante, nos indica la clase de psicópatas que están al frente de nuestro país. Hace unos días recibí un meme que decía: «Cuando pase todo esto, en España tiene que estallar la Revolución del Papel Higiénico, porque hay que limpiar muchas cosas. Pásalo». Esa es la pura verdad.

    No simpatizo nada con la derecha, pero mucho menos con esta izquierda absolutamente enloquecida. Intento mantenerme a distancia de ambas, porque no me convence ninguna y apestan. Pero una cosa tengo muy clara: en estos días se ha impuesto la ley del silencio. Se han parado todas las criticas al Gobierno en las redes sociales. En los grupos de WhatsApp la gente esta diciendo «no habléis de politica, por favor». Y a lo que voy: si gobernara ahora la derecha, no me cabe la menor duda que España estaría ardiendo ya por los cuatro costados, con esta izquierda absolutamente irresponsable y suicida llamando a la revuelta civil. «PP asesino, VOX verdugos, CIUDADANOS complices», «rodea las sedes del PP», «la derecha nos mata», serían las proclamas que invadirían viralmente las redes sociales. Y las terminales mediáticas de la izquierda estaría alentando a salir a la calle a manifestarse y a romper el «cautiverio de los españoles». De todo ello, estoy seguro, porque prueba de que son capaces lo han demostrado por activa y por pasiva.

    El tema es que creo que desborda al Gobierno central y toda esta reclusión de la población no tiene precedentes en ninguna crisis sanitaria (como comenta Emme) ¿A qué viene esto? ¿A quién beneficia? Yo me pregunto: ¿Porque no estamos viendo imágenes del interior de los hospitales colapsados? Solo vemos el exterior (más o menos tranquilo) y con algún sanitario o responsable público repitiendo siempre lo mismo. Hoy todo el mundo tiene un móvil y cualquiera puede grabar «de extranjis» imágenes y subirlas a YouTube o a otras plataformas, pasarlas o lo que sea. No existen esas imagenes. Creo que se ha impuesto una censura brutal, porque no interesa al gobierno. ¿Por qué? ¿Para que no cunda el pánico? ¿Para ocultar una gigantesca cortina de humo? ¿Para ocultar un desastre sin precedentes? Estoy totalmente perplejo de lo que esta pasando ¿Nos están sometiendo a un brutal experimento de control social? ¿Viene una crisis de proporciones bíblicas y van al reseteo del sistema económico? ¿Qué es este virus? ¿Qué sabemos de él? Como es posible que en pleno siglo XXI nos veamos trasladados de repente a la Europa del siglo XIV, a la peste negra y que los médicos estén tan absolutamente perplejos. No tengo ni idea, pero creo que todo es posible.

    Y como dice Henry Killer en España no existe Estado. Solo hay una organización administrativa para extraer recursos de la sociedad y repartirlos para mantener chiringuitos de amigos y redes clientelares. La situación de abierta rebeldía de Cataluña y el País Vasco lo demuestra. De facto, el Gobierno central no puede imponerles nada (y ya en ello estaba el Sr. Iglesias), a no ser que sea por la fuerza, porque llevan años en situación de insurrección permanente. Desde luego es la sociedad civil la que está salvando la cara, porque de no ser por la gente que va a trabajar en esta situación a diario (y no se plantan, se quedan en sus casas y «sálvese quien pueda») en unos días estaríamos sin electricidad, sin agua y con las cadenas de suministro desaparecidas y sería el caos total. Solo la sociedad civil es la que puede hacer algo y no el Gobierno, porque en España no hay gobierno, solo un grupo de gente incompetente y egoista a la que la actual situación les viene muy grande.

    Respecto a la sociedad civil, solo quiero dejaros un enlace con el comunicado de una asociación cívica de Málaga que me parece de lo más coherente que he leído en estos días. Por si es de vuestro interés.

    https://www.sociedadcivilmalaga.org/

    Busquemos respuestas porque las vamos a necesitar y mucho.

    Un gran abrazo y mucho ánimo.

  2. El Estado es fundamental en este tipo de situaciones, otra cosa es que no tengamos estado o que lo que llamamos estado no exista en España desde hace mucho tiempo, quizás desde la muerte de Franco.
    Cuando uno ve «la mejor sanidad del mundo» cortando bolsas de basuras para hacer batas de protección médica o prometer al «Singobernante» del estado prometer 200.000 millones sin tener liquidez para comprar mascarillas, guantes o batas… llamar a eso Estado, es un ejercicio de imaginación de extraordinaria creatividad.

    https://youtu.be/XF_eai_ERNU

  3. «No es el Estado, el gobierno o sus dirigentes los que sacan las castañas del fuego. Es la integral de todos los actos voluntarios e individuales. Es la sociedad civil»

    Eso lo he tenido clarísimo toda mi vida, tal vez por vivir siempre en zonas no demasiado grandes y siempre haber colaborado en voluntariado, asociaciones y pequeños proyectos comunitarios. En la sociedad hay muchísimos grupos de apoyo, solidarios y desinteresados los unos con los otros. Sin duda además

    Ahora, espero que como sociedad si pidamos responsabilidades a quienes dirigen este Estado desde las instituciones.

    Jamás , que yo sepa en la Historia de la Humanidad se ha confinado a poblaciones de tantos países en sus casas. Sí, todo para salvarnos del coronavirus

    ¿pero nos vamos a salvar? o cada vez que exista un contagio de este virus o de otros similares nos toca encerrarnos.

    • Si, nos vamos a salvar, por lo menos del Coronavirus, quizás no de nosotros mismos.

      Si esta situación se repite con frecuencia antes de encontrar al culpable y la solución se puede dedicar el tiempo a leer y escuchar a los clásicos.

      Ya se aventura una recesión del catorce por ciento (más que la guerra civil) y más de cincuenta mil muertos.

      Yo estoy como siempre, hecho un caballero que no se mete el dedo en la nariz, evita el contacto físico con altivez, evita tocar las cosas y se lava las manos con frecuencia. Ahora resulta que la buena educación clásica es la forma de defenderse del virus.

      Como la muerte siempre la he tenido descontada gracias al gen guerrero heredado (de los sicópatas, dicen) que en tiempos de paz se vuelve filosófico no siento ninguna amenaza.

      Quizás alguno pueda pensar que no siento empatía, se equivocan, me duele la empatía, pero no me gusta ver a los borregos agitando el cencerro a las ocho de la tarde.

      El valor se supone, una vez demostrado como lo hacen los sanitarios no hace falta más. Cuando termine todo nos tomaremos unos vinos con la conciencia tranquila y el deber cumplido.

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