Muchos de ustedes, sobre todo quienes hace tiempo ya que dejaron de luchar contra las canas, recodarán con cariño las aventuras del delfín Flipper, una especie de superhéroe capaz de apagar el incendio de un barco o liberar niños de las garras de sus secuestradores. Nuestra infancia está plagada de momentos “Flipper”, crecimos con Daktari, Bambi, Fury o Lassie, y aprendimos a desarrollar una sana empatía hacia nuestros vecinos no humanos. También antipatías: el lobo feroz, el zorro ladino, los malvados tiburones o las ratas mafiosas. ¡Éramos tan ingenuos! Hoy apenas queda nada de aquella visión romántica de los sesenta y setenta.

Mientras que los animales son presentados como criaturas amenazadas y vulnerables, a los humanos nos ha quedado el papel de villanos

Durante las últimas décadas hemos asistido a un endurecimiento del mensaje que nos llega desde la filmografía de tipo “Bambi exacerbado”: mientras que los animales son presentados como criaturas amenazadas y vulnerables, a los humanos apenas nos ha quedado el papel de villanos. No es de extrañar entonces que, en algún momento de estos últimos 30 años, la gente comenzase a aceptar la falacia según la cual los animales son buenos únicamente porque los humanos somos malvados con ellos.

Si los animales pensaran... no serían animalistas

Hoy, sobre todo entre aquellos que se autoincluyen en la llamada “élite cultural”, lo que está de moda es considerar a los animales como nobles salvajes que anhelan su liberación de la opresión generada por la prosperidad humana. Dado que el proletariado ha sido retirado como “sujeto histórico” por abandono (cada vez hay menos pobres, cada vez hay más pobres dispuestos a salir por ellos mismos de la pobreza), son los animales y sus “derechos” los que deben salvar el amenazado mundo de ensoñaciones de los intelectuales frustrados. Los camaradas de los animales son ostentosamente mimados por la prensa, los políticos y la “cultura”, mientras que para los rebeldes apenas nos dejan unas gachas veganas.

La superstición de que los animales son mejores que las personas está siendo fuertemente promovida por la ciencia y la filosofía del establishment postmoderno

La superstición por la que los animales son mejores que las personas o, dando un paso más allá, nuestros amigos, está siendo fuertemente promovida por la ciencia y la filosofía del establishment postmoderno. Zoólogos e investigadores del comportamiento como Jane Goodall o Dian Fossey son hoy aclamados como grandes luchadores de la causa por la liberación animal, y ello con la misma contundencia con la que ellos perdieron la distancia respecto del objeto que estudiaban. Cualquier zoólogo que quiera conseguir hoy un best-seller no puede dejar de presentar sus resultados de investigación de tal manera que los animales sean lo más humanos posible, pero los humanos lo más bestializados posible.

Como ocurre con todas las supersticiones, esta del animal como buen salvaje, como “sujeto” de derechos, apenas es cicatera herramienta de irracionalidad. No, mi perra no me reclama derechos cuando se pone delante de mí moviendo excitada el rabo. Sí me reclama atención, empatía, comida y juego. Ella no quiere ser más humana, únicamente desea repetir las rutinas adiestradas que le causan satisfacción. Ser humano es otra cosa, como decía José Ortega y Gasset, nuestro filósofo: «el hombre no tiene naturaleza, tiene historia». Efectivamente, el ser humano no es adiestrado, aprende, y del aprendizaje nace la capacidad de crear de novo.

Adiestrar no lo mismo que enseñar

En su entorno natural (esto es, fuera del laboratorio), los simios no aprenden nada de sus padres, ni siquiera a cascar nueces. Los prominentes primatólogos David y Ann Premack lo han corroborado tras de décadas de observación de campo y expuesto en innumerables publicaciones. La falta de pensamiento conceptual es también la razón por la cual nunca se desarrollan culturalmente. Los simios no construyen edificios, no escriben recetas de cocina, no diseñaron diferentes tipos de papel higiénico ni escribieron sus prácticas sexuales en ningún Kamasutra. No conocen una cena romántica, ni un periódico, ni tradiciones narrativas orales, ni deportes ni parques infantiles. Los simios no cuentan historias. Ellos simplemente siguen sus instintos como lo hacen otros animales.

Como los castores que construyen presas y los pájaros que hacen nidos, algunos chimpancés conocen un truco: los palos afilados ayudan a comer termitas. No han sido capaces de, basándose en ese conocimiento, diseñar hachas, arcos y flechas o una hoguera para que las termitas estén más crujientes y sean más digestivas. Hay una diferencia fundamental y absoluta entre humanos y animales: aunque los humanos también somos criaturas del proceso evolutivo natural, nos hemos emancipado de nuestros orígenes.

No puede haber derechos sin obligaciones

El filósofo británico Roger Scruton nos señala que los derechos están íntimamente ligados a las obligaciones: “[Los humanos] Nos entendemos a nosotros mismos en primera persona, y debido a esto dirigimos nuestros comentarios, acciones y emociones, no a los cuerpos de otras personas sino a las palabras y las apariencias que se originan en el horizonte subjetivo, el único lugar donde pueden estar.”

Si se concedieran derechos a los animales, habría que exigirles obligaciones que no podrían cumplir

Si se concedieran derechos a los animales, habría que exigirles obligaciones que no podrían cumplir. Los gatos deben respetar el derecho a la vida de los ratones y los perros tienen que respetar la privacidad ajena. Postulemos entonces el derecho a la vida, por ejemplo: estaremos destrozando el principio de igualdad ante la ley, ya que algunos no tienen obligaciones que cumplir. No podemos obligar a un león a morir de hambre para respetar el derecho a la vida de una gacela.

Si los animales pensaran... no serían animalistas

Y es justamente en esta deconstrucción del concepto de derecho donde se encuentra el meollo del asunto. La arbitrariedad absoluta con la que vamos por ahí otorgando derechos, inventando derechos, impostando derechos es obscena. ¿Tiene explicación este fenómeno?

Permítanme que cite al profesor Carlos Rodríguez Braun: “… la característica fundamental de los derechos clásicos liberales es que su ejercicio por cualquier persona no comporta la usurpación de los derechos de otras personas. Mi propiedad no conspira contra la suya, y yo puedo ir a mi iglesia sin impedir que usted acuda a su sinagoga, y un periódico liberal no implica que no pueda haber otro periódico socialista. El mundo de esos derechos es el mundo de la libertad”. “En cambio, los nuevos derechos sociales son radicalmente diferentes, porque todos ellos exigen la violación de los derechos individuales, empezando por la propiedad privada, necesariamente arrasada por el “derecho al gasto público”, que abre la puerta a cualquier grado de confiscación impositiva que arbitre el poder político y legislativo.”

Los derechos y la justicia no pueden estar bajo la acción arbitraria del sistema político que ocupa momentáneamente el poder

Y no solo hablamos de modelos impositivos arbitrados y arbitrarios, hablamos también de la pérdida intrínseca en el valor real de nuestros derechos, diluidos en la sopa boba de la reivindicación colectivista. Esos derechos de todos han ido desvirtuándose a lo largo del tiempo gracias la acción continua de los agentes de poder positivistas. La mayor parte de lo que hoy el joven manifestante que sale a la calle, coartando no pocas veces la libertad de los demás, cree que son “sus derechos” o los “derechos de los animales” no es más que una retahíla de postulados que consagran principios de poder político acuñados en leyes inventadas a tal efecto. No tiene nada que ver ni con DERECHOS, ni con JUSTICIA. Los derechos y la justicia no pueden estar bajo la acción arbitraria del sistema político que ocupa momentáneamente el poder, por muy mayoritario que sea el apoyo social de que disfruta.

En mente de todos están cientos de ejemplos que muestran el uso torticero y liberticida de la ley en beneficio del poder: la Alemania nazi, las democracias orgánicas castrista o franquista, Venezuela, cualquier teocracia … Un derecho ha de tener validez universal y no se puede inventar, ni establecer por Real Decreto.

El derecho sobre uno mismo es autolimitante: exige responsabilidad e impone obligaciones

El derecho sobre uno mismo, del que derivan los derechos a la vida, la propiedad y el ejercicio de la libre acción, no es sólo un derecho universal, es un derecho autolimitante exige responsabilidad e impone obligaciones. Si reconocemos con contundencia la universalidad de esos principios, estamos al mismo tiempo limitándonos en el ejercicio de los mismos: a) si el derecho a la vida es universal, no debo matar ; b) si el derecho a la propiedad es universal, no debo robar ; c) si el derecho a la libre acción es universal, no debo coartar la de los demás.

Una vez que Flipper hubiese comprendido el significado conceptual de estas premisas, incluso tras haberlas asumido para todos los delfines del planeta, caería en la cuenta de que él no puede ser animalista: no puede conceder esos derechos a las sardinas, pues moriría de hambre. Menos mal que Flipper no necesita comprender o asumir premisas morales humanas: los delfines no tienen derechos.

Aunque los humanos y los delfines han evolucionado de manera similar a través de la historia natural, existe una diferencia fundamental entre unos y otros. Ésta es la racionalidad humana, que permite al hombre comprender moral y derechos y gracias a la cual aprende a respetar los derechos de sus semejantes.

El ser humano capta el mundo conceptualmente, vive junto con otros seres humanos en un mundo de ideas, y los animales no lo hacen. El hombre tiene que elegir vivir y cómo hacerlo. Los animales siguen automáticamente sus instintos. Es todo lo que necesitan. Y compasión desde nuestra racionalidad.


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35 COMENTARIOS

  1. Estupendo artículo, estupenda frase donde si los animales tienen derechos deben tener obligaciones. Traigo esto a que en España están permitidos los PPP perros “potencialmente ( el cinismo del lenguaje neomarxista, ya que matan “realmente” no potencialmente) peligrosos, esto es razas, que han sido creadas ex-profeso para atacar y matar hombres: Rotweiller, bull-terrier, pit-bull, dogos etc etc, muchos de ellos creados por ejércitos como arma.
    Ha llegado a tal situación con el movimiento animalista, que los perros tienen “su humano” o sea, es un derecho de los perros a tenerlo y que les pertenezca “un humano”… poniendo por encima del hombre, los derechos del perro, los cuales no tienen ninguna obligación que cumplir, si la incunplen es culpa de “su humano”, como si no hubiera animales enfermos o que enloquecieran o que son creados para matar personas.
    Tal es la presión del lobby animalista que estas razas matan unas 10-15 personas al año, ancianos, niños, adultos e incluso dueños, en el ultimo mes ya ha habido tres ataques, muertes violentas dolorosas una de un niño de tres años, y nunca se culpa al perro ni se plantea prohibirlos “es culpa del humano” del dueño diré yo, y no, no hay culpa, es un animal que está programado y creado para matar y hace lo que tiene que hacer y no se le puede liberar de su responsabilidad y que sea de “su humano”. Esos perros deben prohibirse desde ayer mismo y jamás equiparar un animal a un hombre, la culpa del perro, la responsabilidad del dueño

    • Buenas tardes mlunadem, su aversión al marxismo, supongo que heredada por condición social, estirpe o mezclas de razas poco dadas a la lectura, le ha llevado a hacer un ridículo espantoso.
      Es evidente que de perros, sólo sabe Ud que constan de: cuatro patas, una cola, dos ojos dos orejas y una nariz, total 10.
      Que se utilice a los perros corpulentos para labores de policía, defensa y ataque, nada tienen que ver los marxistas, si exceptuamos que son los que se llevan los mordiscos en las manifestaciones.
      La mayoría de los perros que ha mencionado, como quien oye una flauta y no sabe dónde, son animales vinculados originalmente al pastoreo, la vigilancia y hasta el transporte de valores. Que finalmente hayan sido destinados a otros menesteres, está más ligado al progreso agrario y no a las hordas comunistas que le quitan el sueño y el resuello.
      Se les llama PPP ( perros potencialmente peligrosos) porque para que puedan matar, debe mediar una responsabiidad humana, como negligencia, inducción o chulería que se va de las manos. Son animales; muchos de elllos entrenados para ser más efectivos en las taeas encomendadas, como un antidisturbios o un portero de discoteca.
      Se le olvidó poner en la lista a pastores alemanes o los simpatiquísimos Dálmata, eternizados por Disney como unos entrañable seres familiares. Le deseo que no esté cerca el día en que se le vaya la pinza a uno de estos moteados peluches enternecedores, porque se llevará una muy desagradable sorpresa.
      Creo que debería acotarse al máximo la posesión de estas bestias, porque está claro que las tramitaciones de permisos y avales psicológicos como paso previo a su tenencia buscan recaudar, más que prevenir. Cualquier descuido o imprudencia de su amo, puede acabar en tragedia.
      ¿Que quiere Ud. culpar al perro?, hágalo, y cuénteme posteriormente las ventajas y los inconvenientes de exigirle a un ser irracional e insolvente, la reparación de un daño causado.
      Los animales no tienen obligaciones porque no son sujetos jurídicos; sí las tienen en cambio los que tienen uno, y no son capaces de evitar los daños que pudieren causar. Tener un perro de estos, es tener un arma que requiere permisos; pero hasta un camiche, un gato o un chimpancé, te pueden dar una temporadita aciaga de análisis, denuncias y pérdidas de tiempo o cristalino ocular.
      ¿Sabe porqué no se prohiben?, no por el comunismo acechante del mundo libre, sino porque es un lucrativo negocio que fomentan quienes los venden, pagando por supuesto impuestos por hacerlo, y los descerebrafos que los compran para fardar o para dar un miedo que o darían llevando un grillo enjaulado.

  2. por tener referencia con el tema y ser de actualidad pego el link

    https://www.libertaddigital.com/ciencia-tecnologia/ciencia/2018-02-07/piden-ano-y-medio-de-carcel-y-135000-euros-por-matar-45-murcielagos-al-arreglar-una-persiana-1276613470/?utm_source=CIE_D&utm_medium=bajonoticia&utm_campaign=recomendados

    Me recuerda al caso de aquel que mató un lagarto para comérselo, y le cayó la del pulpo.

    Cosas veredes

    • Agradecidos por el link que aporta; aunque en mi caso, no clicsría en libertad digital ni que me apuntaran con un bazooka. Una de mis máximas es: no le des de comer al cerdo.
      Cada inocente clic que damos para revolcarnos en la complacencia o la demostrar nuestra indignación entrando al trapo, justifica la publicidad institucional. Creo que ese pasquín se debería dar por bien servido con las acciones que compró e gobierno con dinero público.

  3. Buenas tardes.
    ¿Y no será esa defensa de los derechos de los animales la excusa y justificación de muchos derechos “conquistados” a base de dinero público, que no tienen tampoco una justificación racional?
    Ya que si le das derechos a un pollo, difícilmente se los puedes negar a una persona.
    Pero los derechos, como muy bien dice, exigen la contrapartida de las obligaciones.
    Así, se trataría primero de conseguir derechos gratuitos para los animales y luego importar el modelo a la sociedad humana.
    Dicho lo cuál quiero dejar claro que amo a los animales y a la naturaleza en general.
    Veo en los animales una “inocencia” intrínseca, incluso en los más fieros pues todo lo que hacen es obedeciendo a la ley natural, una ley que la mayoría de humanos somos incapaces de cumplir.

    • Buenas tardes, gracias por su comentario.

      Se trata, creo, de lo primero que apunta: los derechos “conquistados” a base del dinero de todos, extendidos arbitrariamente a otros seres vivos.
      Me alegra compartir con usted el amor y respeto por la naturaleza. Saludos!

  4. Simplemente recordar que Hitler era vegano veganísmo.

    Adoraba a los animles, y mas a su perro.

    De la tería del Volkgeist salen los primeros ecologistas, piensan que ese terruño primigenio, el terruño que los identiica con una raza perecta, es sagrado y que se remota a los tiempos lejanos y míticos.. poner industrias, acabar con su naturaleza primigenia es una manera de mancillarlo.

    ¿Eso descaliica a los veganos actuales o a los ecologistas?

    NO

    Pero nos enseña que simplificar es equivocado.

    Por cierto no soy animalista, pero reconozco que si tuviera que elegir entre sacrificar a mi perro o al h.d.p que violó y mató a por ejemplo Marta del Castillo no lo dudaría.

    Lo preocupante del animalismo es que al humanizar tanto a los animales olvida partes muy importantes de su naturaleza de la que si podríamos aprender muchas cosas.

    el mundo es complicado

    Un cordial saludo

    • Gracias por su comentario.

      Es, efectivamente, uno de los argumentos favoritos de los animalistas: dado que no podemos exigir obligaciones a los humanos con determinadas discapacidades, y sin embargo les concedemos derechos, por qué no hacer lo mismo con los animales? Pues simplemente porque no son seres humanos.

      Los humanos son una forma de vida fundamentalmente diferente a los animales. Las personas con ciertas discapacidades siguen siendo humanos. No son comparables a los animales solo porque tengan una discapacidad. Las personas son racionales por naturaleza, es decir, una forma de vida que existe no solo en un mundo físico, sino también en un mundo espiritual de ideas y conceptos. Po otro lado, los animales solo perciben el mundo perceptualmente: ven lo que tienen delante y actúan de acuerdo con sus instintos.
      Aquí los activistas de los derechos de los animales eliminan todo el contexto. Pretenden que hay una criatura viviente llamada “mono” y una criatura viviente llamada “bebé”, con ciertas características arbitrarias en común, por lo que también deberíamos considerar sus intereses iguales o darles los mismos derechos. Yo a eso lo llamo salir de la realidad.

      Esperando que salga el tema del especismo por aquí.

  5. Para mí, el error de bulto es desde el comienzo, en el que una sociedad edonísta, en lugar de definir DEBERES HUMANOS, lo definió como DERECHOS HUMANOS.
    En los derechos nos ponemos como protagonistas frente a los demás y al mundo. En los DEBERES nos tenemos que esforzar por poner al otro como protagonista, no intentado invadir su burbuja más o menos grande y nos haría pensar qué necesita el otro y no que es lo que yo puedo exigir, creo.

    • Gracias por su comentario.

      Es la suya, evidentemente, una forma de verlo. El asunto es que el agua que realmente disuelve hasta hacer desaparecer a la responsabilidad individual es el hybris colectivista. Sabemos que podemos hacer muchas muy buenas cosas juntos, de hecho funcionamos así. Pero el único responsable de los actos de cada uno es… cada uno. Si haciendo uso de un derecho (y ya le digo que no me refiero a los inflacionarios derechos sociales, que no son derechos) genero un impacto sobre un derecho de otro, debo asumir la responsabilidad y satisfacer el daño causado. Hoy socializamos la “culpa” como si de un bonum commune se tratase. Ahí el error, creo.

  6. Gracias por responder Emme, no olvide que en la degradada condición social en lo que a afectos se refiere, producto de narcisismos e ingratitudes filiales, ha impulsado a millones de personas a echarse en los brazos de peludos que no dan casi réplica y son generosos hasta el enternecimiento en sus adhesiones. Le reomiendo leer: El club de los solitarios, donde encontrará apreciaciines que redondean mi argumento.
    Que el día le sea propicio.

  7. Los animales ya cumplen todas sus obligaciones y deberes: serlo; somos precisamente nosotros quienes se han asignsdo un papel que, a priori, no estaba previsto en los planes de un supuesto gran arquitecto. Pretendemos legislar, amén de explotar sin miramientos sus posibilidades económicas sobre el derecho intrínseco a la existencia de otas especies.
    Hemos desarrollado lo suficiente para entender que se puede matar un animal para sobrevivir; pero es indigno torturarlos y maltratarlos en ese proceso por un economicismo egoísta y malsano. No voy a utilizar tampoco, aunque podría, pero me extendería más de lo prudente, la utilización de seres vivos para el ocio de descerebrados festivos.
    Le agradezco su respuesta.

  8. Le agradezco que acabe de corroborar algo que venía yo presintiendo, que se puede ser muy leído, expresarse con una prístina prosa ( salvo algún lapsus de teclado y falta de revisión posterior) y defender las causas de los que carecen de empatía, son alegremente crueles y no dudan en torcer los argumentos de los demás para que luzcan rectos los propios. Si no le digo abiertamente que es Ud. más bien miserable en su discurso, es porque, desde hace mucho tiempo, he llegado a la conclusión de que se pueden dejar claros algunos juicios, sin ser groseramente claro.
    El fondo de la lucha animalista, no consiste más que en atenuar la crueldad innecesaria que ejercemos ( no todos), contra unos seres vivos que, al achicarse el mundo, entraron en el terreno.de la vulnerabilidsd absoluta. A a ningún imbécil se le ocurriría maltratar innecesariamente a un jabalí a monte abierto, ante la casi segura posibilidad de que aparezca la parentela peluda del marrano y lo convierta en materia orgánica en descomposición. Es muy fácil sin embargo echarse unas risas pintando a un perro de rojo cuando este está atado, desnutrido y acojonado.
    Si piensa Ud. que los animales no sienten, no sufren ni aprenden nada que no les enseñemos nosotros, los verdaderos hijos de dios, es que que no ha leído tanto en realidad o se ha dedicado a empollar de lo suyo para sr un experto en bioquímica y un pithecantropus erectus en sensibilidad.
    Hay un chiste gráfico magnífico que enseña a tres leones; uno dice:
    – me apetece acelga
    Los otros dos, lo miran con desprecio y uno comenta:
    – ¡disléxico de mierda!
    Se ha cubierto Ud. de gloria pretendiendo que los animalistas propugnan el veganismo como dieta global para los seres vivos.
    Por supuesto, porque somos humanos y cainitas, saldrían enseguida a la palestra los defensores de los derechos de la escarola y demás papeo del sector zoológico.
    Mucho me temo que este, sea su debut y despedidaen DISIDENTIA, por burdo y torticero; que no digo yo que otras plumas de este medio extraordinario no adolezcan de los mismos vicios, taras y aviesas maneras, pero lo suyo es de enmarcar.

    • Gracias por su comentario.

      Es sorprendente la ligereza con la que ha pasado usted por mi texto para limitarse únicamente a descalificarme desde todo aquello que no digo, que apenas usted inventa desde lo que escribo:
      – en ningún momento justifico el maltrato animal
      – en ningún momento defino los sentimientos de los animales, ni para bien, ni para mal
      No escribo sobre sentimientos, sino sobre los fundamentos del derecho y las razones racionales por las que para ser sujeto de derechos es necesario aceptar obligaciones y comprender racionalmente la relación entre ambos conceptos.

      • La técnica del straw man. Atizarle a un sujeto inventado para automáticamente intentar quedar “moralmente” por encima. No se apure. Es una añagaza más de la “psique” buenrollista. En el fondo no es más que una proyección. Como son personas “sensibles”, reconocen también en si mismos, más fácilmente, la capacidad de crueldad y tratan de acallar su conciencia acusando a otros de no ser sensibles.

        En realidad es simple falta de profundidad. Profundidad en el pensamiento, claro.

          • Yo de niño diseccionaba lagartijas con una cuchilla de afeitar.
            Desconozco si se eso me hace más sensible, más curioso, más intrépido, más investigador o más respetuoso con los animales, el hecho es que me los como. Desde los berberechos a los cerdos, me los zampo, cada vez con menos gula, cierto, pero no es por un desarrollo de mi sensibilidad hacia los animales sino por una sensibilidad estomacal que me provoca una dispepsia estomacal muy parecida la suya intelectual.

  9. Sobre el tema de su artículo pienso muchas veces, intento entender como hemos podido llegar a tal punto de tontería, ya cuando empezaron a proliferar las peluquerías para perros tanto como para humanos el tema me hacía pensar. Hoy me preocupa que existan familias que a sus animales de compañía los consideren familia, conozco algún caso, donde hay niños pequeños y al perro se le trata como otro hermano más y si son los perros de los amigos de los padres, pues dichos perros son los primitos (esto es real)

    Tengo la sensación que toda esta tontería viene de que el ser humano ha perdido el contacto con el campo, con las labores agrícolas donde los animales eran necesarios para esas labores y muchas veces para el sustento familiar. Hoy somos más urbanitas , hay animales que han pasado a vivir dentro de las casas, antes el espacio humano y el de los animales estaba separado, hoy no, muchas veces hasta hay quien comparte habitación y colchón.

    El animal en sí, sobre todo los hoy llamados de compañía perdieron su función, los perros cuidaban del ganado, los gatos ayudaban a no tener ratones y hoy por hoy esa función en una ciudad no la tienen, se han convertido en mascotas y en nuevos miembros de la familia que viven todos en el mismo espacio.

    Los animales necesitan respeto, sin duda, como un bosque, una planta, un río pero siendo conscientes de lo que es cada cosa.

    • Gracias por el comentario.

      Bueno, es lo que ocurre cuando dejamos de ver las cosas como son y nos abandonamos al “cómo nos gustaría que fuesen”. Miremos la fábula de la zorra y la liebre:
      en la naturaleza no existe el concepto de “ganancia”, ni el de “invitación a cenar”; todos sabemos que las liebres no hablan con los zorros, que los animales no “trabajan” y que los “engaños” en la naturaleza no son nunca fruto de un plan, sino del instinto. Todo ello nace únicamente de la cabeza racional del autor de la fábula … y nos hemos quedado con eso.

    • Buenos días Emme, me permito dirigirme a Ud. porque creo que lo que quiero decirle, le ayudará a ser màs benévola con algunas prácticas y profesiones.
      Como ha apuntado Ud. certeramente, hemos perdido contacto con el mundo rural, millones y millones de personas lo hemos hecho; la mecanización, los avances en pesticidas y la industrialización del agro,han expulsado del mercado laboral a una ingente masa de personas que, sin plantarse siquiera la posibilidad del suicidio por perder la osibilidad de trabajar ( y que regularmente padece csda 6 u 8 horas un a desagradable sensación interior que convendremos en llamar: HAMBRE, ha debido reciclarse convenientemente para satisfacer su síndrome de abstinencia de hidratos de carbono y proteínas. Surgieron así,infinidad de curiosas maneras de ganarse la vida: tatuadores, coachers, altos cargos de la administración y hasta esos ridículos peluqueros caninos que le ofenden. Si no hubiera gente que tiene perros en casa para mantener alguna corriente afectiva, y sólo los tuviera en en una especie de ”La Ponderosa” ahuyentando lobos, gitanos y mendigos, estoy seguro de que, además de flacos,estos canes andarían con unas greñas que pa’ qué.
      Somos muchos Emme, y nuestros vicios de: estar a cobijo, comer caliente y poder mandar a nuestros hijos a la escuela, nos aguza el ingenio, porque no todos podemos ser concejales de urbanismo, conductor de autobús o mujeres maltratadas. Algunos, nos vemos obligados a echarle ingenio a la cosa, y con nuestras ridículas actividades, pagamos los impuestos que mantienen los servicios públicos, las subvenciones a lobbys de presión y las tramas de corrupción. Yo soy una especie de alfarero del siglo XXI (fotógrafo de arquitectura con cámara cara y que pretende cobrar por su trabajo), es decir, un desempleado. .¿Sabe lo que hago para sobrevivir?, limpio casas,que es uns profesión digna y antigua, pero que solía estar reservada a quienes no sabían hacer otra cosa. Si mañana triunfara mi proyecto de vivir de escribir cuentos para niños (personalizados) no sentiría wue estoy traicionando mi destino natural de ”queli” porque el mundo, está como está.

      • Buenos días luzbelguerrero, no he entendido muy bien a que vino su respuesta, a mi no me ofenden los peluqueros caninos, simplemente me sorprende que hoy en día los animales tienen unas necesidades de consumismo terribles, bueno los animales no, sus dueños. Tampoco tenga nada contra las personas que quieren tener animales en sus casas, otra cosa es que no puedo compartir que un animal sea considerado un miembro más de la familia con los mismos derechos, pero ello no conlleva que ese animal no tenga derecho a ser respetado.
        En cuanto a la profesión de cada uno y las necesidades de ingenio para salir adelante no seré yo quien las juzgue, le aseguro quien más y quien menos estos años no le ha quedado otra que reciclarse, yo la primera, pero ello no tiene nada que ver con el tema del artículo.

        Saludos.

    • INFIERNO S.A.

      5.4.07
      El Club de los solitarios
      ∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫∫

      El Club de los Solitarios no tiene sede fija, se reparten sus instalaciones entre los apartados pasillos de los parques, cuartos protectores llenos de música y libros, así como los rincones retirados de los bulliciosos patios de colegio. Sus miembros, a veces, son elegidos por los que no son ni serán nunca miembros del club, otras, por la autoproclamación de cada aspirante.
      Los solitarios, como los enanos, tienen un sexto sentido que les hace reconocerse entre sí, pero no cruzan enigmáticas señales de su Logia al encontrarse, solo se miran de lejos con una simpatía no exenta de recelo. Podría decirse que el lema del Club es : “Hágase socio si quiere, pero a mí déjeme tranquilo”
      Sin estar claramente reglamentado en las directrices del Club, sus adeptos viajan de incógnito en el Metro y los autobuses, pero es notoria su presencia en las primeras sesiones de los cines de Lunes a Jueves.
      No se debe confundir a las personas solas con los solitarios, los unos son esclavos de su condición, mientras que los otros se ciñen su corona de espinas porque no admiten más tiranía que la propia, y reinan sobre sus dominios con leyes y manías de hierro.
      En numerosas ocasiones ha habido intentos de congregar a los miembros del Club, pero nunca pasaron de ser estratagemas comerciales destinadas a los gregarios frustrados; los genuinos, los verdaderos adeptos no tiene vocación asamblearia y desoyen sistemáticamente los fatuos y engañosos llamamientos que prometen: un retazo de humanidad a su disposición a precios módicos.
      El Club garantiza a sus socios discreción absoluta y sueños extraños, poblados de seres que, existiendo en la vida real, se comportan de un modo distinto al de la vigilia y con quienes es posible comunicarse.
      No es posible asegurarlo debido a la rigidez de sus estatutos de confidencialidad, pero se rumorea que el Club de los Solitarios, dota a sus afiliados de perros y gatos preparados genéticamente para entender advertencias, consejos o conversaciones de lo más complejas.

      Nada se sabe acerca de la composición de la Junta Directiva, organigrama jerárquico o relación de asociados del Club de los Solitarios; muchos de los que han tratado de adentrarse en el misterio, han desistido por encontrar infranqueable el muro de silencio en torno a él, otros, han desaparecido de la vida pública dando a entender que, habiendo establecido contacto con el espíritu de la organización, pagan un tributo de secreto, impuesto o voluntario.
      Un estudio semicalcinado, encontrado entre las ruinas de una biblioteca de Sarajevo, parece ser el único referente fiable de su existencia. En los fragmentos salvados de las llamas, el arquitecto Hans Poelzig, exponía algunas consideraciones que delataban un preciso conocimiento de los intersticios de este mundo oculto.
      Entre las revelaciones más destacadas figura el hecho de que, las aparentemente penosas muertes de ancianos solitarios en el mayor de los abandonos, son estrategias planificadas con esmero, que reproducen, paso a paso, unos preceptos establecidos; que gran parte de los suicidios son en realidad ejecuciones ejemplarizadoras de la obligación de no esperar nada del Club de los Gregarios, o bajas voluntarias a unos códigos demasiado estrictos para ser cumplidos a lo largo de una vida.
      Sorprendente es también la sugerencia que se extrae (entre líneas) de algunos párrafos, sobre la similitud alarmante de nuestra sociedad “avanzada” y satisfecha con el dogma implacable del Club de los Solitarios; es al parecer una alusión velada al “Sálvese quien pueda” que rige ambas entidades. Que cada uno, en solitario, saque sus conclusiones y opte por su elección, el Club, pacientemente nos espera.!

        • Gracias Henry, en realidad lo colgué para que lo leyera nuestra contertulia Emme; es que le sugerí esta lectura para redondear un comentario en el que hablaba del porqué muchas personas ”adoptan” miembros peludos como su familia. Cuando lo busqué en internet, me fue imposible encontrarlo por el sesgado y avaricioso tono del buscador, que prima lo que da dinero y pasa olímpicamente de los datos que has puesto para buscar (cuando sabes que, efectivamente está, porque lo lo has subido tú). Esa ventaja sobre el motor de búsqueda, me permitió ir a un blog que escribí hará unos 10 años (INFIERNO S.A.), copiarlo y pegarlo en el hilo de los intercambios con ella.