Tal vez la más palpable y a la vez más ignorada consecuencia de comprender que la planificación humana no sirve para nada es la agónica desaparición del arte. Arte es voluntad de creación y, a la vez, la ilusión de que nos es posible crear. El hecho de que hoy sea prácticamente imposible hacer arte (en mi caso consumirlo) es consecuencia del desenmascaramiento de la hybris humana: siempre hemos querido parecernos a Dios, a un Dios.  “Dios”, eso que no es más que nuestra propia hybris fantasmagorizada: ¡quién hubiese podido crear algo tan perfecto si no la perfección misma! Cervantes lo creía, Quevedo lo gritaba con rabia malhumorada y Neruda terminó por llevarlo al hueco que le correspondía: la imaginería humana.

“Dios” no existe, no hay magia más allá de lo cotidiano, de lo que nos rodea. Y los nuevos “artistas” se diluyen entre tanta cotidianeidad, terrenalidad, insignificancia. Cualquier intento de sublimar lo que realmente somos se nos antoja una hipérbole de mal gusto, o se convierte en arma de opresión; cualquier intento de no hacerlo se nos antoja despreciablemente grosero, parco, bruto, intranscendente… o se convierte en “arte”.

Tal vez deberíamos concentrarnos en volver a ser operarios efectivos de lo que tenemos a mano. Y buscar sentido a lo que hacemos no más allá de las nubes, sino aquí al lado. Es más: podemos reaprender a ver como efectivo y con sentido sólo aquello que cada uno, en su propia circunstancia vital, percibe como contenido significante de su “sinsentido” particular.

¿Y si se trata de un problema moral? Decía Nietzsche:

¿Y si sucediese más bien al contrario? ¿Y si en lo “bueno” residiese un síntoma de retroceso, e igualmente un peligro, una tentación, un veneno, un narcótico gracias al cual acaso el presente viviese a costa del futuro, quizá con más comodidad, menos peligrosamente, pero con menos estilo, de modo más bajo? … ¿De manera que justo la moral fuese culpable de que el tipo humano jamás pueda alcanzar el mayor poder y esplendor posibles? ¿De manera que justo la moral fuese el peligro de los peligros?

Describe desde una visión fascinante un sistema en el que lo bueno se hace principalmente a expensas del futuro, poniendo de relieve la instrumentalización de la moralidad. Describe la realidad política y social de Europa en 2018.

Nunca la acción social ha sido tan “moral” como lo es hoy en día

Nunca la acción social ha sido tan “moral” como lo es hoy en día. En actos de altruismo ilimitado subvencionamos a los inmigrantes, a las familias monoparenterales, a insatisfechos con su anatomía, asociaciones anti-tabaco, empresarios y banqueros atribulados, artistas de todo tipo, promocionamos energías renovables, salvamos las ranas, el haya roja, los ratones de campo, ¡a la mismísima Gaia! Todo bajo el estandarte de una moral inmaculada, desde la absoluta impunidad que nos confiere “estar haciendo el bien”.

Yo sostengo que esa moral es una falsa moral. Al igual que Nietzsche profetizó, se trata de una moral que destruye más de lo que pretende mejorar. La base de la contraproductividad de la moralidad de hoy es la eliminación de la responsabilidad personal del concepto de la conducta moral. El requisito previo para ello fue la introducción de contratos a favor de terceros. Hasta el siglo XVIII los contratos eran básicamente entre dos partes en los que cada parte respondía ante la otra del correcto cumplimiento del mismo.

Rousseau abrió el camino a los contratos en los que el beneficiario o perjudicado ni siquiera es parte contratante. El gobernante, mediante la Ley, se liberó repentinamente de las obligaciones propias de un contratante obligando a los ciudadanos a asumir relaciones en las que el único beneficiario será el Estado. Éste y sus agentes son libres, por lo tanto, de definir lo que consideran que es bueno y malo, qué clase de moral prefieren y subvencionan. Tienen el poder de definir las formas de convivencia humana. La pantomima votacional cada cuatro años es apenas un acto litúrgico que ellos llaman legitimación democrática.

Otro paso más en la perversión de la moral fue la transformación de la solidaridad personal, basada en el sacrificio voluntario individual, en solidaridad colectiva estatal, basada en el sacrificio obligatorio de terceros. Ambas premisas, la práctica estatal de obligar a contratos en beneficio o perjuicio de terceros y la perversión de la caridad genuina –individual y voluntaria –  son ahora los pilares del estado y la industria del bienestar. Y nos llevan a la descomposición social/moral de diferentes maneras.

La moral colectiva no requiere de ningún resultado, basta con una buena intención para justificar el asalto a las carteras de los demás

Una moral que reclama el sacrificio individual es también una moral que exige la productividad individual. Sólo se puede regalar lo que ya se ha producido y es propio. Todo acto moral individual no es sólo fruto de una intención, sino –y principalmente – valorable en cuanto a sus resultados. La moral colectiva no requiere de ningún resultado, basta con una buena intención para justificar el asalto a las carteras de los demás. No es el objetivo primordial de la moral colectiva, con los capitales empleados, lograr resultados. El objetivo principal es encontrar razones para desplegar gasto (obviamente se trata entonces de “gasto social”). Lógico si pensamos que tanto los diseñadores como los ejecutores de la moral colectiva son a su vez los primeros beneficiarios de ese gasto (mantenimiento y crecimiento del propio aparato). De este modo transformamos el sacrificio personal voluntario, basado en la productividad y moral individuales en la entrega forzosa del fruto de nuestro afán a un grupo de especuladores y administradores de la moral de todos. Nace la moral de los parásitos. Ésta sustituye el sacrificio por la necesidad y la responsabilidad por la intención.

“Una moralidad que considera la necesidad como una reivindicación, considera el vacío – la no-existencia – como su norma, su criterio de valor; recompensa una ausencia, un defecto: debilidad, ineptitud, incompetencia, sufrimiento, enfermedad, desastre, la falta, la lacra, el fallo – el cero.” Ayn ​​Rand

Aquellos que permiten el cumplimiento de estas demandas, el ahorrador, el productivo, el emprendedor, el innovador sólo tienen un lugar en esta moral: ser huéspedes/víctimas.  Ayn Rand observó: “Si las necesidades son el punto de referencia, cada uno es a la vez víctima y parásito. Como víctima, tiene que trabajar para satisfacer las necesidades de los demás, pero sigue siendo un parásito cuyas necesidades deben ser satisfechas por otros. Sólo podrá presentarse ante los demás como mendigo o como esquilmado.”

La moral de los parásitos es la que prevalece hoy en día en todos los campos

Esta perversión de la moral, la moral de los parásitos es la que prevalece hoy en día en todos los campos. Consume nuestro capital únicamente para la satisfacción de requisitos impostados (los “tengo derecho a”), vive a expensas del futuro sin tener que medirse a las consecuencias hoy. Ello es posible porque se ha extirpado la responsabilidad de la moral y porque sus ejecutores pueden tomar decisiones en su propio beneficio a costa de los demás. Por lo tanto, las pensiones están a salvo porque supuestamente alguien (otro) las pagará mañana. El dinero está a salvo porque supuestamente otro lo ganará mañana. El suministro de energía está asegurado porque pagamos hoy para que mañana aparezcan tecnologías que aún no existen, siempre mañana. Observamos en todas partes la victoria de la intención sobre los resultados, del deseo sobre la realidad.

La moral de hoy no se limita a las personas o las maquinaciones de la política y la burocracia. Crea de las nada nuevas ideologías. La idea del ambientalismo, por ejemplo, no es más que la perversión de principios morales anteriores. Durante miles de años el mayor logro cultural del ser humano consistió en diferenciarse de los animales para mejor adaptarse a su medio ambiente y transformarlo para mejor cubrir sus necesidades. Las numerosas intervenciones en una naturaleza completamente despiadada con nosotros fueron y son la base de todas las formas de la civilización.

Apenas cuatro generaciones de prosperidad y enseñanza pública/gratuita/obligatoria han bastado para convertir al conquistador en un abusador. Hoy cualquier estrella del pop canta un “la tierra es buena, ¿por qué nosotros no?” y a nadie le sorprende. Uno se pregunta por qué esta Gaia tan amable necesita de nuestra intervención para alimentarnos o para protegernos de sus estados de ánimo atmosféricos. ¿Por qué, en su bondad infinita, nos expone a virus y bacterias, tsunamis, huracanes, sequías, inundaciones y erupciones volcánicas? ¿Por qué comer y ser comido es el principio rector y el sustento de toda vida en su superficie?

Cuando una sociedad convierte la negación de sus propios logros y oportunidades en principio moral inicia el hundimiento vertiginoso hacia su desaparición

¡Bobadas! La tierra es buena, nosotros no. Somos parásitos del planeta, abusadores inmorales de nuestro medio natural.

Que tales efusiones intelectuales no sólo no sean criticadas, sino consideradas una expresión admirable de conciencia profunda e integridad moral, es una forma de decadencia en el sentido más original de la palabra. Cuando una sociedad convierte la negación de sus propios logros y oportunidades en principio moral inicia el hundimiento vertiginoso hacia su desaparición.

Cuando la moral mide los actos en función de la pura necesidad y no de la capacidad para superarla, convertimos la mediocridad en meta a conseguir y a todo productor en huésped a parasitar. Mantener la mediocridad como meta final no sólo consume los recursos, impide la producción de otros nuevos. Cuando la dualidad inseparable entre riesgo y oportunidad se resuelve siempre y cobardemente en detrimento del riesgo, no estamos sólo ante un estancamiento, nos abocamos a la regresión. Lo que necesitamos no es una nueva política o un partido nuevo, necesitamos una nueva moral. Una moral que tenga su base en lo que existe y no en lo que no existe. Una moral que reconozca al menos que usted no puede preparar, comer y regalar su pastel al mismo tiempo.

Foto: Ales Krivec


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16 COMENTARIOS

  1. La disolución del sujeto ético que es la persona, no es un “error” o una “desviación” del proyecto de la modernidad, sino la consecuencia de la puesta en marcha histórica de ese proyecto, cuyo fundamento de legitimidad es el contenido intrínseco de darse del poder como factum. El prefacio de Hegel a su “Filosofía del Derecho” es muy explícito en este sentido. La comprensión de la realidad política dentro de sistemas que hicieran innecesaria la hipótesis de Dios, es el camino del pensamiento moderno y su proyecto. El agotamiento de este proyecto manifestado en la decadencia actual de la cultura occidental (estética, política y científica), no es una desviación, sino consecuencia del deicidio y de la euforia de la razón. Una deflagración mental que durante 200 años rompe con el dogma milenario y revelado de que la razón descubre la soberanía ontológica del hombre en y sobre el mundo.

    En el regazo de este giro ateológico se nutren todas las sabidurías producidas por Occidente desde entonces, que explican el espíritu haciéndolo esclavo de las fuerzas oscuras del sexo, de la raza, de la materia, de la economía, de la sociedad o del poder, en definitiva de la necesidad, alineándose con las filosofías de la Nada características de Oriente, que intentan explicar la soberanía implacable de lo irracional cósmico.

    La ciencia y la técnica moderna han sido posibles por el hecho sotérico de que el Dios cristiano no está incardinado en el Universo, no es de este mundo. Es decir, como consecuencia de la desmitificación cristiana de la Naturaleza. Este hecho es el que permite al hombre desligarse de la Naturaleza y poder enfrentarse de modo positivo a ella, construyendo su propio mundo, que no le viene dado por la Naturaleza.

    Hoy, reducido el hombre a un capítulo más de una zoología dentro de una historia natural, se cierra la posibilidad de hacer Historia y solo cabe deslizarse en el giro incesante determinado por las leyes inflexibles de la Naturaleza, que de nuevo se mitifica, generando una búsqueda permanente de creencias con que rellenar el hueco de las antiguas creencias prohibidas por el tabú antimetafísico que caracteriza la modernidad. Estas creencias de sustitución, realmente paliativos torpes, fungen como religiones naturalistas de salvación. Entre ellas, destacan las bioideologías, como el ambientalismo, la salud, los géneros sexuales, etc., o las ideologías políticas tradicionales, cada vez más orientadas por las bioideologías.

    Los arreglillos mary poppins “buscar sentido a lo que hacemos no más allá de las nubes, sino aquí al lado.”, no pasan de un consolamentum para el hombre positivista, empeñado en seguir creyendo en el proyecto de la modernidad, pese a que su fe se desmorona por doquier y la impresión de decadencia ya no es posible de ocultar. La superstición de nuestra época es el tabú antimetafísico, que ya ha agotado todo el campo de posibilidades históricas, y solo le resta recrearse en el estanque morboso y opiáceo de la metafísica de la decadencia, esperando que un Dios venga a salvarnos.

  2. Muchas gracias a todos por sus comentarios. Tremendamente enriquecedor este hilo que han montado. Gracias sinceras, por leer, y por comentar.

    (También cuando comentan que no les gusta o no están de acuerdo con lo que escribo)

    Ustedes motivan.

  3. Lo cierto es que me ha cautivado su artículo de hoy, Lui I., tanto en la forma como en el fondo. Y no lo digo con ironía (de hecho, aprovecho para disculparme si en alguna ocasión me he dirigido a usted en un tono inadecuado) Después de leerlo dos veces, para comprenderlo y disfrutarlo mejor, no he podido evitar recordar aquel fantástico monólogo de Al Pacino que también me cautivó en el film “Pactar con el diablo”, en el que cuestiona a la figura de Dios como creador, al que considera un “gran bromista” que se ríe de nuestro tropiezos y al que le encanta ponernos a prueba al disponer de las reglas y del tablero de juego, para luego advertirnos: “Mira pero no toques. Toca pero no pruebes. Prueba pero no saborees…”.
    Y ahí, en medio de la tentación, es donde entra en acción nuestro libre albedrío y la elección de un determinado camino o de la postura que mejor encaje con nuestra moral e idealismo, que son los que albergan a su vez las creencias y valores transferidos por terceros o bien adquiridos de motu propio en base a la práctica experiencia.

    Reproduzco uno de los brillantes párrafos de su reflexión, que en mi opinión, trasmiten un formidable optimismo y un idealismo contagioso que induce a la lectura filosófica:

    “Uno se pregunta por qué esta Gaia tan amable necesita de nuestra intervención para alimentarnos o para protegernos de sus estados de ánimo atmosféricos. ¿Por qué, en su bondad infinita, nos expone a virus y bacterias, tsunamis, huracanes, sequías, inundaciones y erupciones volcánicas? ¿Por qué comer y ser comido es el principio rector y el sustento de toda vida en su superficie?¡Bobadas! La tierra es buena, nosotros no. Somos parásitos del planeta, abusadores inmorales de nuestro medio natural”

    Tal como decía Al Pacino:”Quizás sea cierto, quizás Dios haya jugado demasiado a los dados y haya perdido el planeta”. Pero esa hipótesis que jugaba a su favor, le permitía comprender la naturaleza humana e imperfecta del hombre, en todo su esplendor:”A pesar de todas sus imperfecciones, ¡yo amo al Hombre! Soy un humanista. Quizás el último humanista”.

    Claro que, si traemos a colación la opinión del agente Smith en la antológica Matrix, existiría una causalidad y los humanos no serían libres, aunque creyesen estar liberados del yugo y las cadenas de la moral. Para el gente Smith, que en esencia es una máquina a la que le repugna la raza humana: “Los humanos son una enfermedad, son el cáncer de este planeta, son una plaga. Y nosostros somos la única cura”.
    Y en este viejo dilema de la filosofía cristiana, entre el destino predeterminado y el libre albedrío, a veces resulta difícil encontrar un equilibrio más o menos perfecto que nos sosiegue.
    Los dos extremos suelen ser malos y ninguno de ellos se libra de las cadenas. El mismo Sartre, desde su visión puramente existencialista, en la negación del destino y la defensa de la libertad humana, afirmaba que los humanos están condenados a ser libres y siempre tienen algo que elegir. De hecho, decidir no elegir, es igualmente una forma de elección y ese estar “condenados” a ser libres es una forma de destino de la que nadie se puede librar.

    En fin, por no enrrollarme más, su exposición está impregnada de buenas y elevadas razones, Luis, aunque me temo que, una vez satisfecha la necesidad de la “nueva moral” que plantea, como humanos que somos, no tardaríamos en desviarnos del camino marcado y en pervertirla de nuevo. No tadaríamos en excedernos en nuestras pretensiones y en conducirla por el tobogán de la decadencia. Una decadencia que como bien apuntan algunos comentaristas, es natural y sustancial a nuestra especie y a la historia de las cilivizaciones: “nacen, crecen, llegan a un máximo de creatividad, luego se estancan y decaen hasta desaparecer”

    Saludos cordiales,

  4. Confieso que experimente el abismo en el MOMA ante la contemplación de la obra de Piero Manzoni: Artist’s Shit No. 014. Una lata conteniendo excrementos de su propio creador.
    Es tiempo de performances creativas y de romper los moldes. De la provocación como mensaje creador.
    Los tiempos de la pureza se los llevo Rothko y sus enormes interfases bicolores cotizados para los mejores salones de las multinacionales. La mente se hunde en la unión o en los extremos.
    El arte es ahora mismo un producto de mercado, con sus cotizaciones bien organizadas a traves del mercados de subastas y el ADEC. El gran negocio empezó con los americanos a traves de Sedelmayer que inventaron un mercado para los nuevos ricos ansiosos de alcurnia y lustre. El flujo de Europa a America que lo compraba todo fue brutal. Ahi estan ahora en los museos y fundaciones norteamericanas con un buen pedazo del viejo mundo.
    Eran los burgueses con poder adquisitivo mucho mayor que la aristocracia o la realeza.
    Podían comprar un Van Dyck o un Rafael sin problemas.
    El arte aunque nos pueda doler ha sido básicamente un producto de consumo, básicamente de elites.
    Retratos, vedutas, naturalezas muertas, esculturas, arquitectura …escenas de genero.
    Flandes se dedico como algunas zonas italianas a generar una poderosa industria de la pintura para exportacion, fácilmente transportable.
    Los coleccionistas siempre han estado en paralelo al arte.
    La posesion de una obra de arte te otorga un trozo del alma de su creador. Algo imposible de describir si no lo has llegado a sentir.
    La gente paga barbaridades para tener una pieza tocada por Degas o Picasso. Incluso en vida.
    Este último rompió los esquemas de la creacion en su delirante proceso de creacion sin límite.
    Se dice por ahi que despues de él la unica salida digna para un artista es volarse los sesos…
    La vida de los creadores aumenta el mito.
    Imposible separar las languidas figuras de un Modigliani de su vida de penurias en Paris, aun proviniendo de la aristocracia que abandono libremente. Como sentirse ajeno de los paisajes deformados de un Soutine en el Sur de Francia, aqui al lado o de las frutas de Cezane, los arabescos de Matisse, o el “aire” de Velazquez?
    El arte tiene valor porque se lo damos en una extraña comunión de la obra y el artista con el observador y como no con el poseedor de la misma: sólo hace falta un gramo de sensibilidad.
    En el disfrute del arte nos fundimos con ellos en un fenómeno de resonancia limbica.
    Por eso nos sigue apasionando, a pesar de las latas con mierda o los maravillosos esfumatos de Leonardo : son nuestro legado como humanidad. Nuestro hecho diferencial en fin.
    Un trozo de nuestra trascendencia como especie.

  5. Entendiendo el artículo y estando de acuerdo con él, si quería hacer un apunte sobre el arte y la capacidad de creación. Cierto, hasta el arte nos parece que está en decadencia, pero debemos tener en cuenta que el arte no deja de ser una manifestación de la sociedad en la cual se vive, ello no quiere decir que no exista creación innovadora. De hecho la creación que innova es lo que nos hace continuar existiendo, si no se innova no evolucionamos. Y muchas veces lo que consideramos que es destrucción o decadencia resulta que puede ser el preludio del nacimiento de una nueva era.

    La vida de las civilizaciones, a lo largo de los milenios, es una espiral y en el arte, sobre todo en el arte de los primeros tiempos, el arte paleolítico es un claro reflejo de ello, primero unas meras líneas, poco a poco se fue llegando a la perfección absoluta, Altamira, en España o Chauvet, en Francia, son un claro ejemplo, de ahí en adelante volvió la supuesta decadencia de ese realismo artístico perfecto, en España hay claros ejemplos , uno de ellos es el arte esquemático, donde el realismo desaparece y si se compara con la perfección anterior, de entrada nos parece que el hombre entró en decadencia, desaprendió lo aprendido (Picasso se pasó la vida desaprendiendo) pero, esas nuevas manifestaciones artísticas son perfectas líneas captando el movimiento, las figuras del arte levantino parecen figuras de Matisse , cuanto más avanzan los últimos milenios A.C, más imperfecto es el arte, manchas, abstracción, ídolos oculados o figuras zoomorfas que son meros trazos gruesos, casi graffitis actuales, incisiones en las rocas, ah pero entre tanta “decadencia” nace la cerámica y su tibia e imperfecta decoración . Vuelta a empezar, pasa el tiempo y llegamos a esa maravillosa cerámica griega de perfección absoluta, esculturas bellísimas de canon perfecto , edificios sublimes etc pero …llegó la supuesta decadencia medieval, es como si el hombre volviese a olvidar todo lo aprendido, ay ese románico tan pobre, tan imperfecto a los ojos de los cánones clásicos pero que maravillosas joyas nos ha dejado, esos Beatos o diferentes Códices iluminados, (recordemos que antes no existían, surgieron de la era de las tinieblas.

    La vida es una espiral, hoy, nos da la sensación que no se crea, que estamos en decadencia pero creo que no es así, sí por supuesto para mí la inmensa mayoría del arte de hoy en día no me gusta pero ello no quiere decir que no aparezcan cosas dignas de admirar, nuevos materiales, nuevas formas, el Guggenheim de Bilbao ,es una joya de la arquitectura o incluso alguna de las llamadas hoy en día performance me parecen de un ingenio asombroso, algunas hasta nos parecen autodestructivas, la de Banksy una de ellas, pero estoy segura que en esa espiral “decadente” está el inicio de una nueva era . Sin duda además.

    (El apunte me salió un pelín largo)

    • Excelente apunte. En absoluto largo.

      Lo preocupante del arte actual en mi opinión es su obsesión por lo mas oscuro y ruin y sus ganas de “santificarlo” y presentarlo cómo algo supremo y digno de alabanza.

      Por ejemplo “Bacon”

      No se puede dudar de que es un artista, pero que desasosiega hasta la extenuación también.

      Y sin embargo será mucho mas posible encontrar un “Bacon” presidiendo la sala de un cosnejo adminstración de un banco que uno de Anglada Camarasa, Turner, o Sorolla. Por decir 3 estilos muy diferentes y también actuales pero inspiradores de sentimientos muy diferentes.

      Y ya ni le cuento acerca de Damien Hirst.. y el a saber donde estrán expuestas.

      https://www.elmundo.es/elmundo/2007/08/30/cultura/1188491390.html

      Un muy cordial saludo

    • ¡Vaya Emme, qué nivelazo de disertación! Debería usted dedicarse a colaborar en revistas especializadas en artes plásticas, seguro que le daría un giro a los sesgos actuales.

      La crítica de arte que leemos hoy en la compleja red del mercado del arte contemporáneo guiado por puros intereses comerciales es raro que nos lleve a centrar nuestra atención en obras de arte que realmente merecen ese nombre.

      Qué bueno sería que muchos profesionales se dedicasen a escribir sobre el arte en sí misma, y su función, cómo lo hace usted. Y lo hacían muchos en los siglos pasados que no volverán, como las golondrinas de Bécquer. Bueno corto, que ya me estoy poniendo romántico. Gracias por el rato de lectura tan inusual en los tiempos que corren.

      • Vaya, gracias a los dos,

        Pasmao , no me diga que no le gusta Damien Hirst :))), bueno algunas cosas repugnan, cierto, pero esa calavera es genial, sí una locura su precio pero es muy buena, no da miedo, es hasta simpática. A mí me encanta. (Ya, jajajaja no diga nada :)))
        Sí, el problema de hoy en día es que se tiende a lo macabro, tal vez es lo que dije, el arte es la representación de la sociedad en la cual se vive.
        Pero hay gente muy buena, sin duda la hay, me gusta esa gitana pintora Lila Cabellut que hace obras geniales o la monja pintora Isabel Guerra, que curiosamente se ha adaptado a los nuevos tiempos y sus últimas obras son con técnica digital , son increíbles, por darle dos referencias que tienden al realismo.

        Enrixav, je……mero defecto profesional. El arte es mi pasión. Y sí, estoy de acuerdo en que muchas veces de arte deberían escribir profesionales. El mejor estudio sobre Altamira, al menos desde mi punto de vista, lo hizo una pintora y profesora de dibujo, Matilde Muzquiz, fallecida hace unos años. Su tesis doctoral (en este caso no Cum Fraude, todo lo contrario), es el mejor estudio que se hizo de esa cueva, Con los años ella y su marido , el fotógrafo Pedro Saura participaron en la creación de la Neocueva.

        Cuando un escultor, un pintor, un ebanista, un ceramista, cualquier otro artista de otras ramas, te explican el proceso de creación, la obra de arte se ve desde otro punto de vista diferente al de la mera crítica.

  6. Excelente artículo Don Luís

    Por eso Kant es anatemizado y Hegel alabado.

    Y por eso se odia a la religión, al cristianismo. Y lo peor es que quienes deberían promocionarlo lo hunden (sólo hay que ver el saludo entre nuestra vicepresidenta y el cardenal), mas dispuestos a defender poderes temporales que moralidades donde el peso de la responsabilidad individual sea el germen de su salvación.

    Lo que en nuestra idiocia no queremos entender es que de la destrucción que se avecina unos pocos sacarán una buena ventaja, muy buena. Y todos esos defensores de esa moral de chichinabo que no hacen mas que llorar patéticamente cómo bebés de muchos años, serán arrasados.

    Se avecinan tiempos muy oscuros, por lo que mas tenemos que rogar es porque vengan cuanto antes, pues cuanto antes vengan menos idiocia y bastardez se acumularán, y así será mas probable (si aprendemos la lección) salir adelante.

    un cordial saludo

    • La cilivizaciones nacen, crecen, llegan a un máximo de creatividad, luego se estancan y decaen hasta desaparecer. Usualmente los imperios decaen, porque todos a la larga no son sustentables económicamente. Fijémonos en el útimo imperio, ya en declive: USA. Económicamente ya no puede sostener dos guerras al mismo tiempo, como llegó a poder hacer en lños. Su moneda no vale absolutamente nada y los imperios emergentes China, y la possible asociación con Rusia están, queriendo matar al dolar y creando un grupo de divisas, con el yuan encabezandolo. Hasta ahora a USA le salía todo gratis. La ruptura del sistema monetario de Bretton Woods, en la presidencia de Richard Nixon, hizo que la convertibilidad dólar-oro, desapareciera. Ellos pagan con su moneda, que no vale absolutamente nada e imprimen sin parar. Hoy esa mascarada empieza a ser desmontada. Para colmo dos presidentes casi sucesivos, Richard Nixon y James Carter, pusieron los cimientos de su ruina económica y social. Primero les cedieron a China las industrias y luego formaron en sus universidades a lo mejores estudiantes chinos becados por el gobierno de Pekin en Ciencias avanzadas. Lo mismo hicieron con Pakistán, que pudo hacer sin problema su arsenal atómico, con India. Hoy las universidades americanas punteras en la investigación científica están llenas de estudiantes extranjeros, porque el sistema eductivo USA es realmente malo. Lo pueden apreciar en una de las mejores series de todos los tiempos “The wire” o “Bajo escucha”. Tan malo como el español.
      La cilivización occidental LGBTI está muerta, pero mal enterrada. Morirá no solo culturalmente, sino físicamente. El año pasado alguien publicó, que murieron más nativos españoles, de los que nacieron. Pero “no hay problema” la inmigración africano-musulmana viene cubriendo el déficit. La industria “mantera” es el futuro de la economía española.
      Aquí pongo un video de Michio Kaku, donde le dice a Donald Trump del “arma secreta”, que posee y que desconoce. Subtitulado en español. Es breve pero “intenso”.

  7. Impecables las reflexiones del art.
    Solo un apunte: la moral pública es esencialmente una creencia social de tipo religioso, o viceversa: toda religión social impone una determinada moral pública.
    Desde ese punto de vista, nos encontramos con la aparente paradoja de que, lo realmente operativo, en el sentido de eficaz, no es ser un buen “creyente” sino parecerlo.
    Dicho de otra manera: si medimos objetivamente el desempeño o grado de compromiso de cualquier “creyente” típico de las diversas morales actuales, pongamos por caso el ecolojismo, y lo comparamos con el de cualquier “descreído” o “ateo” típico, podemos comprobar que prácticamente serán indistinguibles: ambos vivirán en una ciudad, usarán su vehículo contaminante para desplazarse, calentarán su casa con combustibles fósiles, volcarán su basura y excrementos en las mismas redes, etc, etc, etc.
    De hecho, en lo único que se distinguirán es por su adhesión a la liturgia social derivada de esa determinada moral (el ecolojismo) en la que algunos creen firmemente (y otros muchos fingen creer), y solo algunos pocos (los descreídos) se atreven públicamente a desafiar (dependiendo de la época histórica que les haya tocado vivir).