Rubén Doblas Gundersen, alias El Rubius, ha abierto la caja de los truenos mediáticos con su decisión de mudarse a Andorra. No ha sido el primero ni será el último, pero, por diversos motivos, su portazo a la polis ha sido especialmente sonoro. Mientras los técnicos de Hacienda se frotan las manos y el vicepresidente morado pulsa el botón de pausa en HBO para lanzarle cuchillos, merece la pena preguntarse por lo que significa que el vecino principado amplíe su barriada de lujo con este nuevo residente.

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Curiosamente, lo que se planteaba como una decisión personal ha terminado vendiéndose como un acto de libertaria rebeldía, y los youtubers, un gremio como otro cualquiera, han cerrado filas sobre el más famoso de sus miembros, arropados por falanges de anarcocapitalistas (que no liberales) y entusiastas del virtue signaling (usado a modo de callejero habeas corpus, igual para un roto que para un descosido). A los youtubers mediáticos les pasa lo que a los actores de relumbrón, que exageran la importancia de lo que piensan, y eso los lleva de cuando en cuando a redescubrir la rueda. No necesitamos que el tal Lolito —un caso más de izquierdista redimido por ingresos anuales de seis cifras—, con un lenguaje de barra de bar y argumentos en consonancia, nos venga a decir que en España se pagan muchos impuestos, porque ya lo sabíamos. Ni siquiera les necesitamos para escandalizarnos por las subvenciones a los medios de comunicación, el panteón infinito de asesores y el resto de indisculpables maneras que tiene el gobierno de malgastar nuestros euros. Tampoco para que nos cuenten cuán retorcido está el colmillo de Hacienda, porque también estábamos al tanto, y eso no va a mejorar gracias a su interesado gesto.

«Somos los únicos que tenemos más por inútil que por tranquila a la persona que no participa en las tareas de la comunidad», decía Pericles en su Discurso fúnebre tal y como nos lo ha transmitido Tucídides. La palabra que utilizaban los griegos para estos sujetos era idiotés, de idios, que es ocuparse en exclusiva de uno mismo

Lo cierto es que la pandilla de youtubers andorranos no moverá ni una micra el sistema impositivo español, que está, por lo demás, por debajo de la media en su entorno europeo. Por supuesto, tampoco era esa la intención de estos robinjuds de pacotilla, cuyo ideario político puede resumirse en un «sálvese quien pueda». Si algún día la ciudadanía se revuelve contra los mercaderes políticos que ha fagocitado una parte del sistema, no será en ningún caso por «el debate que abrieron aquellos chavales», pues el asunto lleva muchos años sobre la mesa. Lo único que van a lograr los youtubers con su fuga es ensanchar el agujero negro de la deuda pública, añadir euros a la tenebrosa factura que habrán de pagar sus incautos seguidores y jibarizar un poco más las improbables pensiones de todos.

Hay cosas que han ocurrido en torno a este caso que son impresentables, desde quienes han tachado al chico de criminal a quienes han pedido que se lo decapite en la plaza pública. Ninguno de estos excesos le da la razón, pero todos son lamentables. El Rubius no delinque al mudarse, pues no defrauda; tan solo hace algo inmoral, es decir, es un sinvergüenza, como lo es quien se acoge a una amnistía fiscal, aunque menos que quienes ni por esas se animan a cumplir con su parte. Es un hecho que la ineficiencia del gasto público, siendo abominable e hiriente, no es absoluta; es la espuma asquerosa sobre el mar cuando arrastra inmundicias, no el mar mismo. El «sinpa» de esta gente no afectará al desvarío de turno de la administración X, sino fundamentalmente a pensiones, juzgados, fuerzas de seguridad del Estado, carreteras, colegios, hospitales y la asistencia a los más vulnerables, como aquí puede verse.

Más preocupantes son las voces que se alzan para que seduzcamos a estos reyes del mambo de la nueva economía con esquemas impositivos distintos, «adaptados a los nuevos tiempos». Acusar a las leyes fiscales de no entender la economía digital con la insensata intención de crear una imposición a la carta es otra vía más para crear ciudadanos de primera y de segunda. Recuerdan, por lo demás, estos cantos de sirena a las solicitudes de re-enamorar a los catalanes independentistas «para que se queden», e igual de serio es calificar el sistema fiscal español como «represor» o «confiscatorio» que considerar a España un Estado fascista que tiraniza a los españoles del nordeste.

Andorra no es un paraíso fiscal, en términos legales, pero al igual que estos, aunque en menor medida, es un Estado fiscalmente parasitario, es decir, una de esas excepciones que los más ricos han creado para hacerle una peineta al Estado de bienestar. Los Estados fiscalmente parasitarios brotan a la vera de las polis de las que succionan contribuyentes; si Andorra puede ofrecer salud, educación y Estado de derecho a los andorranos con un tipo fijo del 10% no es porque no tenga, como nosotros, un ministerio de Igualdad enloquecido, o porque viva mucho peor su propia casta política, sino porque puede atraer tramposamente a grandes fortunas españolas y francesas. Los ciudadanos, afortunadamente, somos libres de escoger nuestra polis; hacerlo con el único fin de eludir impuestos es tan legal como impresentable, en términos poli-éticos.

«Somos los únicos que tenemos más por inútil que por tranquila a la persona que no participa en las tareas de la comunidad», decía Pericles en su Discurso fúnebre tal y como nos lo ha transmitido Tucídides. La palabra que utilizaban los griegos para estos sujetos era idiotés, de idios, que es ocuparse en exclusiva de uno mismo, de lo particular y privado. Una persona que no cumple las obligaciones que contrae con su comunidad no es un ciudadano. Quien, como El Rubius, pretende decir además «que ya ha pagado suficiente», confunde la casa común con liquidar una deuda, y no ha entendido que la democracia comporta tanto derechos como deberes. Seguramente, porque nadie se ha tomado la molestia de explicárselo; no obstante, puesto que ya es adulto, esa ignorancia no lo disculpa. Si un ciudadano abomina de en qué se gastan los dineros públicos, tiene la ciudad, con sus reglas, para discutirlo y tratar de cambiarlo; mudarse a un zulito fiscal desde el que ver los toros de la barrera, más que expresión de libertad, lo es de cobardía.

En descargo de estos idiotés de nuevo cuño hay que decir por lo menos un par de cosas. La primera, que la ejemplaridad que se les exige lleva un tiempo en caída libre. Desde luego, no son víctimas, sino un capítulo más de una decadencia moral que está desmoronando cuchara a cuchara las sociedades libres, y pretender que la inmoralidad de los muchos corruptos convalide la suya no tiene un pase; pero desde luego la indecencia no la han inventado ellos. La segunda es que es la propia existencia de estos Estados fiscalmente parasitarios la que resulta inadmisible, y que corresponde a Europa, si es que quiere mantener el modelo de convivencia y prosperidad que ha legado al mundo, acabar con estas vergüenzas, forzando un esquema de mínimos y máximos que acabe con las competencias desleales. Además, la burocracia europea y la de cada uno de sus países debe adelgazar cuanto pueda, porque una cosa es financiar la res publica y otra que vivan a cuerpo de rey y a nuestra costa unos cuantos. Estos que roen el corazón de la democracia, gusanos en la castaña, son incluso más sinvergüenzas que El Rubius; pero no son la castaña.

La tributación progresiva y un sector público que asegure sanidad, educación y seguridad para todos son la base del Estado de bienestar, que objetiva e indisputablemente constituye el mayor ejemplo histórico de paz y prosperidad que el mundo ha conocido, y la mayor contribución al mundo de la Europa de la posguerra. Que el primer contacto que millones de jóvenes españoles tengan con la cuestión de la tributación sea este desagradable capítulo, y que muchos concluyan, en consecuencia, como concluyó mi hijo de quince años, que «pagar impuestos es de pringaos», es una bomba de relojería accionada en el núcleo de una forma de convivencia que ha asegurado la libertad y la igualdad a niveles que el mundo no había conocido nunca, y que en modo alguno está asegurado que sigan existiendo en unos años (la presión fiscal en China es la mitad de la nuestra). Para la coexistencia pacífica y el progreso, y como diría José Luis Cuerda, el Estado es necesario, y el gobierno, contingente, aunque por supuesto el gobierno piensa justo lo contrario.

La carta autoexculpatoria de El Rubius es enternecedora, un monumento a la falacia ad misericordiam. No ya por el sosegado tono escogido, ni por querer vender el exilio andorrano como una huida del mundanal ruido, como si en nuestro país no hubiese millones de pueblos donde no lo conoce nadie. La parte adorable es aquella en que dice sentirse acosado porque se opine de su vida —alguien que se gana la vida, en parte, opinando de cualquiera y sobre cualquier cosa—, descubre «lo podrido que está el clima de debate en España», y más que nada cuando afirma que «allí se encuentran la mayoría de mis amigos y compañeros de profesión». Qué humano y comprensible que los idiotés quieran juntarse para tomarse unas birras o, en un futuro, para pasear a los niños. Y qué pena que, como lamentaba otro youtuber, Wolverine, Andorra no tenga un aeropuerto desde el que poder acceder rápidamente a Madrid a disfrutar de la verdadera polis, esa que ahora se debate en su peor hora de enfermedad, ruina y muerte. Que a lo mejor por eso tus conciudadanos se han enfadado un poco de más, Rubén, y no tanto porque te tengan envidia.

Foto: Terje Sollie.


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David Cerdá García
Soy licenciado en ciencias empresariales y en filosofía. He trabajado en dirección de empresas más de veinte años y me dedico en la actualidad a la consultoría, las conferencias y la docencia (gestión de seres humanos, procesos en las organizaciones, pensamiento crítico, profesionalidad, creatividad e innovación) como miembro del equipo strategyco. Doy clases en ESIC Business&Marketing School y otras escuelas de negocio. También escribo y traduzco. Como autor he publicado Alrededor de los libros, La deriva de la educación superior, La organización viva, Sangre en la hierba y El buen profesional. Como traductor, he firmado una veintena de títulos, incluyendo obras de Shakespeare, Rilke, Deneen, Tocqueville, Stevenson, Lewis y McIntyre. Más información en www.davidcerda.info

17 COMENTARIOS

  1. Calificar a una persona de sinvergüenza por cambiar de residencia para pagar menos impuestos o por las razones que sean me parece totalmente desafortunado. Ya es discutible que merezca ese calificativo con un régimen impositivo medianamente razonable, pero con el régimen confiscatorio y de latrocinio organizado que hay en España es improcedente a todas luces. No es verdad que en España se pagan muchos impuestos para sostener la sanidad, educación o policía. En España se pagan muchos impuestos porque hay que mantener 17 estaditos y 1 estado, y además financiar millonariamente proyectos ideológicos. A mi lo que me parece de sinvergüenzas es quitarle a una persona su herencia para que una panda de vagas o de mangantes mantengan su modo de vida basado en el victimismo o en la guerra civil permanente. A mi lo que me parece de sinvergüenzas es que con mis impuestos se transforme la sociedad en un sentido ideológico contrario a mis creencias. Eso si que es ser un sinvergüenza. O que con nuestros impuestos paguemos televisiones públicas que nos cuestan una millonada y son enemigas de la nación, o privadas subvencionadas. Y si nuestra educación es mala no es por falta de financiación sino porque el interés del Estado es ideologizar a asnos, no instruir personas. Con menos recursos y menos impuestos en España hubo una sanidad pública y una educación que ya quisiéramos ahora

  2. Hace algo más de treinta años, trabajé en un informe para la Administración Pública, cuyo objetivo era estimar los costes reales de la política de asistencia social. Se seleccionaron aleatoriamente un número significativo de expedientes de solicitudes de asistencia y se reconstruyó el circuito de gestión, sus tiempos y estimación de los costes administrativos.

    Las conclusiones fueron, que aparte de que los tiempos de resolución de los expedientes eran muy dilatados, necesitando años para resolver un expediente en el que solicitaban ayudas insignificantes de unos cuantos miles de pesetas, la gestión administrativa de los mismos suponía entre el 75 y el 90 por ciento del coste global de las ayudas sociales gestionadas.
    Hoy, probablemente, la situación aún debe ser peor, puesto que la burocracia no ha hecho más que degradarse, complicarse y desprofesionalizarse. ¿Es este el sistema eficiente y justo que justifica los impuestos? O quizá solamente es reflejo de un sistema que justifica el crecimiento exponencial de las estructuras administrativas del Estado. ¿Ocurre lo mismo en sanidad, en educación, en la gestión del sistema de pensiones, en defensa, en seguridad, en la administración de justicia? Los indicios, por las informaciones que tengo, es que ocurre lo mismo en cualquier área de la actividad estatal.

    Por descontado, el informe se guardó en un cajón y nadie hizo nada por buscar soluciones a ese disparate. pero es muy fácil, como hace Cerdá, invocar los ideales últimos para legitimar la presión fiscal basándose en los grandes agregados, sin entrar en la gestión concreta y real.

  3. “El único paraíso es el fiscal”. Hay un blog con este título, que no carece de razón. Si los sicofantes que cantan las melodías de los impuestos, carecieran de los límites que les ponen los llamados paraísos fiscales, su voracidad impositiva no tendría límites. Ese es el efecto benefactor de los paraísos fiscales, al actuar como paliativo de las pretensiones ilimitadas de las burocracias estatales. Organizaciones que ya persiguen sus propios objetivos, aunque vayan contra el interés general.

    Las burocracias que forman el Estado sueñan con la planificación total de la vida, una quimera destructiva que siempre tienta al hombre y que termina configurando una burocracia prebendal y mafiosa. Se quiera o no se quiera y por mucho que invoquen finalidades tan nobles como la “convivencia, la paz y la prosperidad”. El problema es que consideran que la única solución política para alcanzar esos nobles objetivos, solamente es UNA, cuando los signos del fracaso de una política así, se van haciendo más que evidentes. En los asuntos políticos no existe solamente una solución, porque la política no es una ciencia determinada mecánicamente por leyes parecidas a las de la naturaleza. De ahí que la política siempre transcurra en el campo polémico. La tentación de hoy es identificar política con ciencia, neutralizando la política y su libertad polémica. La solución es UNA y no hay discusión. El que se oponga es “negacionista”, “anti científico”, “ignorante”, “fascista”, y todos esos calificativos con que hoy se califica al contrario de lo ÚNICO.

    De otro lado, un sistema impositivo que transforma en impuestos más del 50% de las rentas del trabajo, es paralizante, ineficiente y destructor. Sus efectos están ya ahí, en el presente de una Europa que se va deslizando hacia la nada.

    No puedo dejar de comentar, que los enlaces que introduce el sr. Cerdá para apoyar sus argumentos, no apoyan nada. Más bien desdicen, porque los agregados presupuestarios en que se presentan esas cifras, ocultan las ineficiencias y prebendas. Es imposible casi, realizar un análisis racional con la contabilidad presupuestaria del Estado. Por ejemplo, si uno se pregunta en el sistema nacional de salud, la distribución de personal afectado al mismo entre directos e indirectos, la respuesta solamente puede ser estimativa. Otras variables analíticas ya ni proponérselo. La posibilidad analítica no existe en la maraña de esos agregados. Y así podríamos seguir con cualquiera de las grandes partidas de gasto del Estado, hasta en defensa o seguridad. La maraña de agregados en la contabilidad del Estado, ¿es intencionada o fruto de la desidia? Una pregunta que cualquiera que haya intentado penetrar analíticamente en las cuentas del Estado, termina haciéndose inevitablemente. Salvo al parecer, el sr. Cerdá.

  4. En realidad, esto de los impuestos es mucho más grave en estos momentos en los que, con nuestro dinero, están cosntruyendo la cárcel 2030 donde quieren tenernos mudos y mentalmente amputados.

    Vean lo que están haciendo las grandes empresas contra la libertad, imponiendo su criterios por encima de la democracia:
    «Despiden a Gina Carano de ‘The Mandalorian’ por comparar republicanos con judíos de la Alemania nazi»
    «Debido a que la historia se edita, la mayoría de la gente hoy en día no se da cuenta de que para llegar al punto en que los soldados nazis pudieran arrestar fácilmente a miles de judíos el gobierno primero hizo que sus propios vecinos los odiaran simplemente por ser judíos. ¿En qué se diferencia eso a odiar a alguien por sus opiniones políticas?», escribió la intérprete.»

    https://www.abc.es/play/series/noticias/abci-lucasfilm-despide-gina-carano-marshal-mandalorian-202102110826_noticia.html

  5. Solo recordar el comentario de Juan de Mairena cuando dijo que quien pretendía haber dado un discurso contra los banquetes había hecho, en realidad, un discurso contra la humanidad, a propósito de los banquetes. Los excesos lo son siempre de algo que tiene una base razonable, justa y civilizada, compartir las cargas.

  6. Aquí vemos otra deriva (fanática) del “civitas” cristiano. Otro “mendicante”* «hereje» atropellado en sus ideas de progreso infinito y pecado original redimible en el vulgo (la chusma estatal).

    Y en concreto, de forma capital (de cabeza) ,establece la identidad entre moral (moradores) y ética (personalidad),…, dado al fin y al cabo como buen «hereje» mezcla ética y moral. Es decir niega la libertad, en último término (aunque no lo percibe) niega la salvación.
    Al confundir moral y ética y por lo tanto liquidar la libre salvación. A este articulista le da igual el orden político y las ideas de libertad y justicia. Para subsumirse en un orden de “lo que hay” (el Stato de Maquiavelo) como forma óptima de existencia; negando no ya la transcendencia exo-terrenal sino el propio establecimiento de la dignidad humana de la persona. Resumida ya a una suerte de cosa material que necesita cosas materiales. Que los demás deben proveer,…, los famosos derechos.

    Y en ello, tilda de “sinvergüenzas” a aquellos que no comulgan con un sistema impositivo diseñado por y para los mercenarios* (directos e indirectos) del Estado. Los cuales, no son justamente la parte más necesitada de la población, sino justamente lo contrario,…,sinvergüenzas.
    “Haber estudiado” dicen,…, para justificar ese estado de priv-i-legio. Al fin y al cabo servir al Estado es como servir a Dios (Deus Mortalis),…,

    *: educación, sanidad, pensiones, “juntos como hermanos y bla, bla, bla”.
    **: El poder político siempre ha estado ligado al “merc-es”, pero en especial desde el orden moderno del Estado, como ejemplo los “condottiero” italianos y sus códigos.

  7. Yo he decidido organizar mi casa como el gobierno, he despedido a todos los empleados y he renovado el servicio al completo.
    De cocinera he seleccionado a una mujer condenada por envenenar a sus hijos. De chófer a un alcohólico con tendencias suicidas. De planchadora a una pirómana que se embelesa ante el humo de un cigarrillo. De administrador a un carterista que me levantó la cartera en el metro. De profesor de mis hijos a un pobre hombre que tuvo la mala suerte de ser despedido por pederasta. De portero a un okupa. De jardinero a un cabrero con su rebaño para que alegre el jardín. Creo que la casa a partir de ahora va a ser mucho más divertida, solidaria, resilente, ecológica, paritaria e inclusiva.

  8. Pagar impuestos para carreteras, hospitales, jueces que no se corrompan, escuelas y universidades que no reduzcan a los jóvenes cerebros a escombros está muy bien, perdón, estaría muy bien.

    Llama la atención que el artículo no mencione el turbio trato que las casta política española otorga a Gibraltar, un escandaloso paraíso fiscal.

    Me enfada cada vez más tener que pagar impuestos para que el estado no me proteja, por ejemplo, contra los okupas.

    Me enfada cada vez más tener que pagar impuestos para que el estado financie medios de manipulación que mienten.

    Me enfada cada vez más tener que pagar impuestos para que el estado no garantice la libertad ni la democracia en las taifas caciquiles.

    Hay muchos más motivos de enfado…

    No sigo a youtubers pues su narcisismo me parece patético. Si han puesto pies en pared y sirven para debatir sobre el abuso impositivo español, bienvenidos sean.

  9. El problema no es que se paguen impuestos, sino la cantidad que se pague y sobretodo el despilfarro brutal que hay de ese dinero en España, con unos servicios a nivel cada día peor. La causa: el mastodóntico estado político que tenemos y la desvergüenza absolutamente impresentable de la m. de dirigentes que tenemos. Mientras esto no se arregle (lo veo difícil) no saldremos adelante. El derribo de este sistema podrido es ya un imperativo ético irrenunciable, empezando en el Borbón y acabando en el último enchufado de la chusma política y sindical. Como dice el autor del artículo: el nivel ético de este país está en el barro.

    Otra reflexión: el tal Rubius, otro fantoche muy propio de esta época fatua que vivimos. Un niñato venido a más aupado por esa basura que se llama YouTube. No olvidemos que su fama y su cartera la ha conseguido (según mi hija, porque no pierdo el tiempo en ver tonterías, ya bastante miro Disidentia, pese a estar muy ocupado) haciendo proclamas podemitas y defendiendo a la extrema izquierda loca, además de múltiples videos de chorradas y cocina. Un ejemplo más de esa ideología californiana (made in Silicon Halley) que nos invade. Ese es el nivel de nuestra sociedad. Para echarla al retrete y tirar dos veces de la cadena.
    Última reflexión. Los paraísos y paraisillos fiscales no se van a acabar porque a la plutocracia no le interesa. Para el común reservan los infiernos y los infiernillos fiscales. La castiza, castuza y anglofila clase dirigente española (los cortijeros de esta desdichada tierra) son los primeros interesados en que no se acaben. Por eso se explica lo de Gibraltar y el Brexit. Nueva bajada de pantalones de Ex-paña para que los ricachos y el narco sigan blanqueando pasta a raudales, mientras le succionan el ciruelo (Pérez Reverte dixit) a los ánglos. Que además ahora van a cuidar de la princesita rubia.

    Salud y desobediencia. Somos la Resistencia.

  10. Pues nada, sicofante de los impuestos, siga Ud. pagando todo lo que sus autoridades estimen oportuno, puesto que no somos ni Ud. ni yo, los que consentimos ni aprobamos esas obligaciones impositivas.

    Los impuestos, tal como se producen en la época estatal, son una imposición, un hecho unilateral, basado en la imperación. Y en tanto que imposición, nada tienen que ver con la moral.

    Todo el bla bla bla que se expone en el panfleto no pasa de ser una justificación desafortunada y desaforada de la gran estafa de los impuestos. Pero aún va más allá el fanático autor; propone “acabar con estas vergüenzas”, armonizando la fiscalidad. ¡Qué poética palabra! Y tan ilusa, por otro lado. Y ya de risa, el argumento “por debajo de la media europea”, que no merece ni la discusión por su banalidad.

    La convivencia, la paz y la prosperidad, en definitiva lo político, no tienen una solución única, y mucho menos para siempre. Para el autor de este panfleto, parece que no existe más que la vía de la presión fiscal al “estilo” europeo. El sistema impositivo de los Estados europeos hoy, es una estafa, inviable, injusta y paralizante. Una bomba que acabará con Europa.

    • Yo añadiría a su comentario, que comparto totalmente, que al lado de los depredadores fiscales actuales, el sheriff de Nottingham era un benefactor de los pobres

  11. No se que es más tierno si la carta de «el Rubius» o el artículo. Yo estoy con el hijo del autor, «pagar impuestos es de pringaos» aunque hasta el año 1.982 pensaba como su padre.

    A mi me parece perfecto el mundo de yupi en el que vive el autor, también me gustaría poder seguir pensando así, pero no puedo, y no puedo hacerlo porque sería engañarme a mí mismo.

    Comparto con el autor casi todo lo que dice menos que pagar impuestos sea un acto de responsabilidad.

    Supongo que el autor no se ha detenido a pensar algo de lo que yo estoy completamente seguro, que si los políticos españoles devolvieran el dinero malversado, robado, prevaricado, desviado, otorgado mediante contratos, fundaciones, chiringuitos, enchufados, etc, etc. Desde el año 1.982 La deuda española sería de 0,0 euros.

    Pienso que pagar impuestos en España con los gobiernos sufridos por los españoles y más aún con éste es un acto de colaboracionismo criminal.

    Ya me gustaría tener unos políticos que administraran los impuestos con luz y taquígrafos.

    No voy a relatar las tropelías cometidas con el dinero público porque al hacer un ejercicio de memoria se me devuelve el estómago.

    Muy bonito el artículo pero totalmente irresponsable y fuera de la realidad, así va España.

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