Quisiera empezar este artículo siendo honesto y totalmente transparente con los lectores. Cuando Javier Benegas me ofreció amablemente espacio de publicación en Disidentia, llevaba varios días rumiando esta entrada. De hecho, había mantenido con él y otros seguidores una acalorada discusión en Twitter sobre la estrategia británica ante la pandemia de coronavirus, y eso me llevó a reflexionar sobre mi vehemencia. Y aunque dicha estrategia ya se ha derrumbado como un castillo de naipes desde hace días y estuve tentado de no seguir escribiendo, creo que la reflexión que hoy comparto con ustedes sigue mereciendo la pena.

Ilustración: Antonio Notario

Mi primera conclusión de aquella discusión es que no soy neutral en este tema: sigo creyendo que Boris Johnson es un personaje perjudicial, un populista de manual, un prestidigitador de masas más listo que una ardilla y más peligroso que un crío malcriado con un maletín nuclear. En segundo lugar, había algo en su estrategia que me repugnaba profundamente, un sentimiento íntimo que me reconcomía y que escapaba de cualquier consideración técnica o científica. Siempre que me preguntaban, respondía que me parecía una ruleta rusa jugada con vidas ajenas e insostenible en el tiempo. De hecho, esa percepción inicial se fue confirmando con el paso de los días: Johnson acabó afirmando que el sistema nacional de salud británico (NHS) se verá «sobrepasado» y que Gran Bretaña será como Italia a menos que la gente siga inmediatamente unas órdenes de distanciamiento social cada vez más estrictas. Finalmente, ha acabado contagiado y recluido en su residencia, no si antes haberse jactado de darse apretones de manos con todo el mundo. En su descargo, debemos reconocer que, ante la evolución de los acontecimientos, no se empeñó demasiado tiempo en el error, aunque deja una incógnita en el aire ¿cuál será finalmente el coste de su demora en vidas humanas? Me temo que nunca lo sabremos.

Una estrategia de arenas movedizas

No vamos a abundar demasiado en los detalles científicos de la estrategia inicial británica, la famosa “herd immunity” (inmunidad grupal). En esencia, Johnson (siguiendo a sus dos principales consejeros científicos, Patrick Vallance y Chris Whitty) optó por descartar el confinamiento riguroso y la prohibición de actos masivos, aceptando una oleada general de contagios para conseguir que una proporción significativa de la población se infectara, se recuperara y así adquiriera la necesaria memoria inmunitaria.  De esta manera, se conseguiría retrasar el máximo de infecciones hasta los meses de verano, evitando colapsar los hospitales y manteniendo a su vez la economía funcionando. Para el siguiente invierno, la mayoría de la población británica estaría ya inmunizada y mucho mejor preparada para eventuales oleadas adicionales de la enfermedad. Una jugada aparentemente maestra, pero con más agujeros que un queso gruyere.

En primer lugar, para que la estrategia funcionara, necesitaría el contagio del 60-70% de la población. Con las cifras de propagación, gravedad de la enfermedad y tasas de hospitalización en UCI conocidas hasta la fecha, ello suponía entre 40 y 45 millones de personas contagiadas, millones de ellas hospitalizadas y una elevada mortalidad. Basándose en estimaciones sobre la capacidad de respuesta del sistema público de salud (NHS), Johnson llegó a afirmar que la gente debería resignarse a la muerte de muchos de sus seres queridos. Dominic Cummigs, su asistente senior, resumió muy sucintamente dicha estrategia en una reunión privada a finales de febrero: “inmunidad de grupo, proteger la economía, y si eso significa que algunos pensionistas mueren, qué lástima”. Más claro, imposible.

¿Y si Johnson y sus asesores no estaban equivocados? ¿Y si se pudiera superar la pandemia con un grado “aceptable” de muertos, pero sin paralizar la actividad económica, poniendo a Reino Unido en cabeza de la recuperación global frente a una Europa confinada?

La respuesta de sectores amplios de la sociedad y de la comunidad científica no se hizo esperar: el plan era una auténtica temeridad. No obstante, muchos ciudadanos, empresarios, economistas, analistas y hasta políticos de otros países cayeron rendidos ante el atrevimiento rompedor de la propuesta. ¿Y si Johnson y sus asesores no estaban equivocados? ¿Y si se pudiera superar la pandemia con un grado “aceptable” de muertos, pero sin paralizar la actividad económica, poniendo a Reino Unido en cabeza de la recuperación global frente a una Europa confinada? ¿Por qué no lo iba a conseguir Boris, el hombre audaz que hizo efectivo el Brexit? Les puedo asegurar que no pocos admiradores del premier y miles de brexiters lo han seguido pensando hasta hace muy poco.

No obstante, la alegría duró poco. Un demoledor informe del 16 de marzo emitido por el prestigioso Imperial College de Londres, basado en un elaborado modelo matemático, ofrecía un panorama desolador sobre la propagación de la enfermedad, su impacto en el sistema público de salud y el posible número de fallecidos en caso de seguir el plan de mitigación/inmunidad de grupo.  Sus conclusiones eran rotundas: o se modificaba la estrategia de inmediato, sustituyéndola por una de confinamiento, o más de un cuarto de millón de personas iban a morir a causa del coronavirus, incluso en el supuesto de que el HNS pudiera atender a todos los pacientes contagiados, que no era ni mucho menos el caso:

“Nuestra conclusión más importante es que es poco probable que la mitigación sea factible sin que se superen muchas veces los límites de capacidad de emergencia de los sistemas de salud del Reino Unido y los EE. UU.”

Análisis de mitigación

Tal conclusión se había basado en el refinamiento de las estimaciones sobre la demanda de UCIs, basadas en la experiencia en Italia y el propio Reino Unido. Las cifras de planeamiento previas de los asesores de Johnson suponían tan solo la mitad de esa demanda. Además, se habían sobreestimado los límites de la capacidad hospitalaria. El brillante plan se sustentaba en arenas movedizas.

El informe recomendaba el distanciamiento social aplicado a toda la población como única estrategia viable con impacto, en combinación con otras intervenciones tales como la detección temprana y el aislamiento de casos en el hogar y cierres de universidades y escuelas, estrategia que ha sido finalmente adoptada por el gobierno británico. En el ínterin, no obstante, se han perdido preciosos días de contención, y esos días se traducirán sin duda en muertos. Esta es la foto de la evolución del COVID-19 en Reino Unido a la fecha de redacción de este artículo. En la página oficial que mantiene el gobierno británico pueden consultar los últimos datos. ¿Les suena la gráfica?

Muertes UK

Los tulipanes siniestros

Al fiasco británico de la inmunidad de grupo se le ha sumado estos días un nuevo actor que transita por caminos similares. Los Países Bajos también persiguen una estrategia mucho más relajada de contención del virus que en el resto de Europa, y también parecen asumir la pérdida de sus mayores como un mal necesario para no saturar su sistema de salud ni paralizar su próspera economía. En estos días se han hecho virales las declaraciones de Frits Rosendaal, jefe de epidemiología clínica del Centro Médico de la Universidad de Leiden, al afirmar que «en Italia, la capacidad de las UCI se gestiona de manera muy distinta a la neerlandesa. Ellos admiten a personas que nosotros no incluiríamos porque son demasiado viejas. Los ancianos tienen una posición muy diferente en la cultura italiana». Y añade:

«No traigan a los pacientes débiles y a los ancianos al hospital. No podemos hacer más por ellos que brindarles los buenos cuidados paliativos que ya les estarán dando en un centro de mayores. Llevarlos al hospital para morir allí es inhumano».

Holanda poblacion

Lo que parece dibujar aquí el Doctor Rosendaal, basándome exclusivamente en sus declaraciones, es una especie de burdo y siniestro triaje a gran escala, en el que ya no merece la pena conceder a un determinado sector de la población holandesa (hablamos de millones de personas) la oportunidad de luchar por su vida. Se trata de algo muy diferente a la imprescindible evaluación médica de los pacientes para distinguir entre aquellos casos menos graves que pueden ser tratados domiciliariamente, de los que necesitan atención en urgencias y, finalmente, de aquellos que médicamente no tienen esperanza, pero merecen tratamientos compasivos.

El plan de Johnson y la visión holandesa se basan en unos modelos que aspiran a tener en cuenta los costes presentes y futuros para sus economías y sistemas de protección social de una decisión (en este caso, política) que supone la pérdida de vidas humanas, con el fin de determinar si dicha pérdida resulta asumible. Sin embargo, este tipo de modelos suelen cometer fallos muy graves de diversa naturaleza que, desgraciadamente, se acaban pagando con esas mismas vidas que se están poniendo en la balanza. Y si algo estamos aprendiendo durante estos días de forma inmisericorde, es que el COVID-19 pone a cada uno en su sitio con una facilidad pasmosa.

Class action

Errores de valoración: el garbanzo contador

En este punto del artículo quisiera traer a colación una película norteamericana de los años noventa que algunos de los lectores más veteranos puede que recuerden: “Class Action” (“Acción Judicial” en España), dirigida por Michael Apted y protagonizada por Gene Hackman y Mary Elizabeth Mastrantonio. Trata el caso ficticio de un hombre cuya salud ha quedado afectada para siempre a consecuencia de un accidente de automóvil provocado por un fallo de fabricación de una pieza, que la empresa automovilística ha ocultado. No es un gran filme, pero tiene una escena destacable en la que el CEO de la compañía explica por qué no se actuó sobre la avería, pese a ser conocida desde hace meses. En esencia, los costes de reemplazo de la pieza iban a ser mayores que las pérdidas causadas por una posible acción legal de los afectados, ya fueran heridos o muertos (diálogo completo en la página 35 del guión). El empleado que se encargaba de efectuar tal evaluación para la empresa era el llamando “garbanzo contador”, colorida traducción del inglés de la expresión “bean counter” y que define a una persona, generalmente un contable o burócrata, que se muestra un énfasis excesivo en el control de gastos y presupuestos. “Simple análisis actuarial”, concluía el CEO.

Desde el punto de vista meramente técnico, tanto en el caso de la película como en el de los dilemas que se han dado en el Reino Unido y los Países Bajos, subyace un gravísimo error. El ejecutivo de la empresa fabricante parece asumir que su análisis ha incorporado todas las consecuencias relevantes para la toma de decisiones y las ha valorado apropiadamente, pero se equivoca de manera catastrófica, al no haber incluido en sus cálculos el valor que otorgan al hecho de evitar el accidente precisamente quienes pueden sufrirlo. Lo mismo se puede decir del valor que otorgan los propios ancianos y enfermos, o sus familiares, al hecho de ser descartados para los cuidados intensivos.

Estamos aquí ante la combinación de dos fallos muy comunes: pensar que los actores que sufren las consecuencias de nuestras decisiones son factores independientes del problema y minusvalorar dichas consecuencias. El desastre empeora si además los supuestos en los que se fundamentan los modelos decisorios son erróneos o carecen de datos suficientes en calidad y/o cantidad. En consecuencia, Johnson, sus consejeros y el Doctor Rosendaal han fallado en dos cosas: primero, entender qué consecuencias de sus decisiones son relevantes PARA TODAS las partes implicadas y, segundo, valorar correctamente dichas consecuencias.  Y eso sólo en el aspecto digamos “técnico” del asunto, de lejos el menos relevante.

UCI

La insoportable renuncia ética

He dejado conscientemente para el final de este artículo el elemento más importante, o si me apuran, el único realmente clave en todo este asunto. Lo he hecho porque de otra manera hubiera terminado el texto en un par de párrafos, cerrándolo con una simple sentencia: el plan Johnson y el enfoque holandés me resultan insoportables, mucho más allá la racionalidad que siempre intento imponerme cuando analizo un tema. No me entiendan mal: con ello no pretendo decir que el primer ministro británico o el doctor neerlandés quieran dañar conscientemente a sus ciudadanos; afirmar tal cosa sería una injusta y absurda idiotez. Pero advierto en ellos la existencia de un abismo ético que me siento incapaz de entender y, desde luego, de cruzar. Quizás sea esa facultad instintiva de percibir el bien y el mal que todos tenemos, esa decencia común que nos ronda el alma y el comportamiento y que tan bien describe Ignacio Gomá en un reciente artículo cuya lectura recomiendo.

Y es que la misma razón que hoy puede hacernos admisible renunciar a luchar por la vida de nuestros mayores, mañana puede conducirnos a desechar enfermos terminales, pacientes con enfermedades raras o cualquier paria de la tierra sometido a un infortunio que nos parezca prescindible. Cierto es que puede no haber recursos para todos, que no todos podrán salvarse, que en algún momento deberemos sopesar la posibilidad de no seguir adelante y aceptar dolorosas bajas, pero no cabe, nunca, rendirse a priori. Esa rendición supone, en mi opinión, el abandono de nuestra condición humana. Como escribió Irene Vallejo en su maravillosa “Ética del cuidado”:

“Los primeros pasos de nuestra civilización fueron los de un hombre con un anciano a las espaldas y un niño de la mano.”

Olvidar eso significa perder la partida sin haberla siquiera empezado. Y no sólo porque se lo debamos a esos ancianos que labraron nuestro presente, sino a aquellos que durante estos días están dando lo mejor de sí mismos, arriesgando salud y vida, en primera línea de combate, así como a todos los demás que mantienen en pie las estructuras básicas de nuestro sistema social y económico. Y, cómo no, a los ciudadanos que soportan el confinamiento y contemplan impotentes como sus familiares enferman, las empresas cierran y se pierden empleos. Este esfuerzo común, más allá de cualquier consideración política, es lo que nos dignifica como individuos y como sociedad y lo que me hace sentir emocionado y orgulloso de este gran país y de las naciones hermanas que, como Italia, han decidido echar el resto en el intento sobrehumano de que nadie se quede atrás.

En este mismo sentido se expresa el informe que el Comité de Bioética de España acaba de difundir sobre la priorización de recursos sanitarios en el contexto de la crisis del coronavirus:

“Crisis como las que estamos  viviendo  exteriorizan  nuestras  deficiencias  personales  e  institucionales habituales  o  endémicas.  Como  tal,  una  epidemia  grave,  como  otras  crisis,  debe  ser también vista como una oportunidad para reflexionar y avanzar. La magnífica reacción de las ciudadanas y ciudadanos españoles tras la declaración del estado de alarma, y la ejemplaridad de tantos profesionales, empezando por los sanitarios, imprescindibles para superar la pandemia, nos hace albergar esperanza no solo en la pronta superación de esta crisis inédita en nuestra historia reciente, sino en nuestras posibilidades de mejora social como consecuencia de lo que ahora estamos viviendo.”

Poco más que añadir. Finalizo haciendo mía una reflexión de Alberto Rojas en Twitter. Algunos dirán que al expresarla en esos términos podemos estar pecando de superioridad moral o juzgando comportamientos ajenos que no somos capaces de entender, pero qué quieren que les diga, me da exactamente igual:

“Un país que lucha por que no se mueran sus ancianos (mis padres y los tuyos) es mucho mejor que cualquiera que lo permita.”

Y eso no lo vamos a permitir, nunca. Cuídense mucho.

 

Imagen principal: DonkeyHotey

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Sebastián Puig Soler
Analista, investigador y escritor, actualmente trabajando en Bruselas después de una larga estancia en Estados Unidos, desempeñando labores financieras. En tránsito a Madrid. Soy especialista en Tecnologías de la Información, con formación en Aprovisionamiento, Gestión Económica y Programas Internacionales. Máster en Administración de Empresas por la Universidad Pontificia de Comillas (ICAI-ICADE) y Diplomado de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas. Mantengo un blog sobre temas económicos, Esto Va de Lentejas, espacio desde el que comparto reflexiones con el lector de a pie, en el convencimiento de que el mundo económico-financiero debería sustentarse en tres criterios irrenunciables: profesionalidad, decencia y sensatez. Colaboro asimismo con universidades, centros de estudios, think tanks y medios especializados, a través de artículos y conferencias. Estoy casado, tengo una hija, y me considero una persona inquieta, curiosa y esencialmente feliz.

10 COMENTARIOS

  1. Siente diferir completamente del autor. Johnson no es un loco y alguien educado y cultivado como el autor debiera motivar los insultos antes de colocarlos en un artículo porque descalifican al que los emite porque si. La realidad es que mientras no haya vacuna nadie está a salvo de contagio y todos acabaremos contagiándonos, nos dejen presos en casa o no. Lo que no es d e recibo es que por la vía del hecho consumado y utilizando l a fuerza militar no despojen de las libertades civiles en aras de un supuesto interés público. M eniego ne redondo a que globalistas y europeístas justifiquen Estel golpe de estado y demonicen. A los que n9 querían esto

  2. Ahora nos echamos todos las manos a la cabeza e incluso predomina el buenismo atronador, aplaudimos a quienes se están dejando la piel, nos emocionamos y enfadamos ante la situación de los más mayores etc etc pero espero que eso se traslade en pedir responsabilidades a quienes deberían haber gestionado y previsto todo esto de otra manera. Desde tener suficiente material sanitario desde hace un par de meses, hubo zonas que a la semana ya no había nada, increíble y por supuesto habrá que pedir responsabilidades a las residencias de ancianos y a sus gestores sobre muchas cosas, pero eso no es de ahora.
    La sociedad se ha apartado de sus mayores hace mucho.
    Sólo interesaba la eterna juventud.

    En cuanto a las medidas tomadas por distintos países, no tengo conocimientos para saber cuales van a ser más efectivas, si esta pandemia parece ser que nos traerá una segunda fase igual o peor que ésta pues sinceramente tampoco nos podemos pasar la vida confinados. Si va a venir una segunda oleada más vale que nos inmunicemos cuanto antes y en mayor cantidad posible, otro confinamiento de toda la población sería para volvernos locos .

    Teníamos la mejor Sanidad del mundo ………o eso se decía

    Confinamiento, no confinamiento, cierre o no cierre de actividad productiva…………..pues un gran dilema sinceramente. Lo normal sería hacer test masivos a la población para saber quien está contagiado y quien puede ser transmisor, pero ah si no hay para mascarillas como vamos a hacer test masivos

  3. Buen artículo.

    Algo a considerar en el cambio de tercio de Boris es analizar quienes le votan, que segmento de la población ha apoyado el Brexit y al partido conservador, y que edad tiene.

    Boris llegó a la conclusión de que a quienes se iba a cargar era a sus votantes.

    Su cinismo nazi tuvo ese freno.

    En Holanda no se que pasará. Pero para la poblacióm que tienen y vistas las cifras ahora con 770 fallecidos (que es mas o menos lo que se puede medir), tampoco es que puedan dar muchas lecciones.

    Al final, en unos meses si Dios quiere, sólo será posible saber cuantos han fallecido en cada país, si tienen narices de hacerlo y no lo censuran, comparando estadísticas de fallecidos de éste año y comparándolas con las del 2019,18,17..

    Eso y el rosario de casos que hayan salido de los hospitales y sobrevivido pero que hayan quedado tocados, en algunos casos muy seriamente.

    Sólo entonces tendremos una aproximación en términos de salud.

    Que Dios nos bendiga.

    Un cordial saludo

    • El PNV ha debido pensar lo mismo de Pedro Sánchez, su gestión del bicho los va a dejar sin votantes y sin empresarios.

  4. Pues yo sigo estando de acuerdo con la primera postura de Boris Johnson, pero salvando a los abuelos y los débiles.

    No he visto a ningún «milenial» crear un comando ninja para rescatar a los abuelos de las residencias y trasladarlos a un bunker donde estén a salvo.

    No he visto a ningún milenial construyendo una choza con palos de escoba y film transparente donde resguardar al abuelo de salibazos imprudentes.

    Todo se ha hecho mal por parte de los gobiernos, todo, en especial por el nuestro, el español.
    El problema no ha sido el virus, el problema ha sido la vida, llevábamos años inventando vidas a la carta para cada variedad de imbecil y ahora ha hecho acto de presencia la de verdad, y aún hay muchos que no se enteran. Tendrá que aparecer la otra parte de la verdad, la que sobrevuela siempre las desgracias para que los españoles se enteren al completo de que es la vida. Aún piensan que este gobierno los puede salvar de la rapiña.

    No sé qué es más aterrador, si considerar que los ancianos deben morir sin atención o escuchar a un periodista español decir que el gobierno lo está haciendo bien, no sé qué actitud es más criminal.

    Hoy he leído una entrevista a un español experto en epidemias, ha trabajando en distintos países combatiendo contra ellas. Todo lo que decía era lógico, tenía sentido, decía que lo más importante es la coordinación y la previsión de posibles escenarios teniendo preparados los equipos humanos y materiales.
    No sabe aún, o prefiere no saberlo, que lo único que se coordina en España son los telediarios y el expolio.

    Así de fácil, luego saldrá mejor o peor, pero que menos que poner al frente a personas con experiencia que saben lo que hay que hacer.

    Sigo pensando que lo mejor es contagiarse poniendo a salvo a los más vulnerables, parece que es una gripe cabrona que hay que pasar cuanto antes con una buena asistencia médica,.de momento el índice de mortalidad entre políticos es 0,0. No se si es un dato alentador a tener en cuenta o un motivo para cambiar de políticos.

    A ver si una de una vez espabilamos que llevamos muchos siglos haciendo el canelo.

    https://youtu.be/XWCz6bO2gR4

    • » lo más importante es la coordinación y la previsión de posibles escenarios teniendo preparados los equipos humanos y materiales»

      Es que eso es esencial, pero de eso en pocos sitios se entiende.
      Hoy leía el desbarajuste en Ifema por la pésima coordinación y organización.
      Es increíble, no hay al frente nadie competente para coordinar. De verdad que cojan a un par de empresarios y a algunos gestores de equipos en empresas y que los pongan al mando de todo esto. Fijo que les darían mil vueltas a tanto funcionario puesto a dedo

  5. Otro aspecto del artículo es la estrategia de Jonson frente al virus.

    No siendo experto en la materia, me siento incluido en el grupo de ‘gilipollas’ que Luis Algorri mencionaba en un reciente artículo de Voz Populi. Hablamos de lo que no sabemos y esparcimos por lo medios mentiras, fake news, y demás. Pero creo que conocer el estado de opinión de un ciudadano normal que solo recibe información por los medios puede ser interesante para alguien. Evidentemente, puedo estar equivocado.

    Cuando Jonson hizo pública su estrategia contra el virus “ herd immunity”, me sorprendió. Era arriesgada, pero si lograba frenar el avance del virus y evitar el colapso del sistema sanitario, tenía sentido. Por una parte, pedia a los grupos de riesgo que se quedaran confinados voluntariamente. Por otra, la vida productiva continuaría con mínimo daño a la economía. El éxito de esta estrategia reside en disponer en camas hospitalarias para los casos graves y ventiladores los críticos. En definitiva, todo depende del número y de la gravedad de los contagiados.Y si sale bien, un éxito extraordinario.
    Jonson necesitaba una estrategia ‘distinta’ de la UE. Si hubiera tenido éxito, habría proclamado a los cuatro viento:”El Brexit nos ha salvado”

    Para que esta estrategia o cualquier otra tenga éxito, hay que conocer al enemigo. La OMS lleva varios meses describiendo al virus. La mejor caracterización del mismo la he encontrado en la rueda de prensa del secretario general de la OMS el dia 27 de marzo:

    https://www.who.int/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019

    El Dr. Ryan dijo en esa rueda de prensa:
    El virus tiene una capacidad de contagio muy alta. No tenemos medicinas o vacunas contra él, solo nuestro sistema inmunitario. Y este es distinto en cada persona.
    La única estrategia que funciona contra el virus parte de ‘saber donde está’.
    Una vez detectado el virus, aislamos a la persona, hacemos seguimiento de sus contactos, y los ponemos a todos en cuarentena.

    Se dijo que el virus tiene mayor incidencia en las personas mayores, pero que entre 20 y 60 años se están dando una mayor incidencia de la esperada.

    También se dijo en esa rueda de prensa que cuando la tasa de contagios es muy elevada, el proceso se vuelve descontrolado. Si al principio, resulta posible detectar, aislar, seguir y poner en cuarentena. Después se convierte en imposible. La solución entonces pasa por suponer que todos estamos infectados, todos aislados y en cuarentena. Con la cuarentena rompemos la cadena de contagios. Los infectados vencen al virus con sus sistema inmunitario o mueren. Al cabo de 15 o 20 dias (el virus tarda en manifestarse 14 dias desde el contagio) se terminó el virus, al menos en cantidades peligrosas o descontroladas.

    Cual es el error de la estrategia de Johnson? El error es que ‘no sabe donde está el virus’. Lo deja actuar libre, mientras aisla a la población vulnerable. El virus desea que lo dejen libre, contagiar al mayor número de personas. La población vulnerable aislada voluntariamente termina contagiándose. La población entre 20 y 60 años que se suponía no iba a padecer síntomas graves, sufre una mayor incidencia. Entre los aislados voluntarios (población vulnerable) que terminan contagiados y la mayor proporción de contagiados entre 20 y 60 años terminan colapsando los hospitales. Estrategia de Jonson hundida. Cuando se da cuenta, cambia de estrategia.

    En España, hemos dejado al virus actuar libre muchas semanas. Como la situación se ha descontrolado y ‘no sabemos donde está el virus’, Sanchez ha tomado la decisión de considerarnos a todos contagiados. Parece que ahora es la decisión correcta.

    La estrategia del virus es favorecida en grandes actos colectivos donde la posibilidad de ‘community transmission’ es muy alta. El partido de futbol entre el Valencia CF y el equipo italiano en Italia cuando en Italia ya se daban los primeros casos, y la manifestación del 8 M son dos ejemplos de negligencia. Cerrar los vuelos con China en un primer momento hubiera ayudado a evitar primeros contagios y a concienciar a la población. Antes de aquellos eventos, se podía detectar, aislar, seguir y poner en cuarentena. Después de esos eventos el virus pasa a ser descontrolado. Necesidad de aislamiento total, acumulación de muertos, hundimiento de la economía.

  6. No discutiría nunca los elevados principios que el autor sostiene y que, modestamente, considero tan míos como de cualquiera, pero tengo mis dudas de que en este cuento se pueda prescindir del todo de las cuentas. Por supuesto que tampoco veo que en cualquier triaje haya principios muy distintos a los que se dice emplear a la hora de definir una estrategia contra un enemigo tan desconocido como peligroso. Las sociedades, que siempre mandan a los jóvenes a la guerra y a la muerte, pueden proclamar todo lo que quieran su respeto a los viejos, pero de hecho llega un momento en que los abandonan (y pertenezco a este grupo, o sea, que no lo digo por interés), como se ha visto con el caso de las residencias en países tan «humanos» como Italia y España. Cuando pase, tras mucho tiempo, la pandemia, podremos empezar a evaluar si una estrategia ha sido mejor que otra, incluso si ha sido más «humana» o menos, para que las almas bellas no sufran mucho sin una comparación que llevarse a la boca, pero fuere cual fuere el resultado, me resulta extraño suponer que lo ocurrido pueda ser considerado como una función de la ética más que de estrategias basadas en un conocimiento insuficiente del caso. Puede que me equivoque y que todo se reduzca a elegir a los gobernantes que expresan los sentimientos más sublimes, es decir, a la izquierda que nunca se queda corta en ideales, pero siente verdadero rechazo por cualquier escrutinio, no digamos por la contabilidad.

  7. “Pero advierto en ellos la existencia de un abismo ético que me siento incapaz de entender y, desde luego, de cruzar.”

    Entender es fácil, cruzar depende.

    El problema ético planteado también se dá con la eutanasia.

    La pregunta es: quién es dueño de la vida?

    Dependiendo de la respuesta se irá por un camino o por otro.

    Si la respuesta es: “el dueño de la vida es la persona que vive”. El camino es claro, esa vida estará a merced de los intereses concretos primero de la persona, pero después de la sociedad, o mejor del poder que la controla. Cuando el poder considere necesario proteger intereses superiores o sociales, la vida de sus súbditos carece de valor.

    Una situación crítica se plantea cuando dos enfermos necesitan los servicios de un equipo (lease respirador) para tratar de salvar su vida. No les voy a dar la solución, pero es evidente que dejar a los dos sin conectar para tratarlos igual, no es la solución.

    Otra situación es la que se plantea en el artículo. Los viejos que ni aparezcan por los hospitales porque contribuyen a su colapso, su vida no merece el esfuerzo para salvarla. En este caso, está diciendo implícitamente: la vida del viejo tienen un valor inferior para la sociedad, debe ser postergadas. Esto no es más que una variante de los principios que sostienen a la eutanasia.

    Por tanto es fácil de entender que las sociedades que aceptan la eutanasia, vean como normal y lógico un triaje preventivo. Aunque solo sea para evitar, a priori, el colapso de los hospitales.

  8. Yo no soy “ciudad-ano” ni “civi-lizado”, soy un poblador que reclama libertades políticas* (Gobierno de pobladores). No formo parte de ninguna “sociedad”, ese invento hobessiano.
    El Estado*, el Dios mortal de las gentes civilizadas, ese verdugo bondadoso para el lobo para el hombre,…

    La estrategia de Johnson es de facto la que siguen (casi) todos los estados de mundo (no confundir con la conducta de los todos los pobladores). Solo es cuestión de tiempo para que ello se materialice.

    Esos mismos estados que se negaban a cerrar fronteras y establecer controles —cuando era eficaz y pertinente— (salvo Rusia y otros cuantos) presos como un perro del globalismo. El Estado es una maquinaria que busca principalmente la extensión de su propia existencia. Su existencia está condicionada al flujo capitalista**, las actuaciones están predefinidas.

    Lejos de las disquisiciones religiosas “protestantes-herejes-estatistas” vs “católicos-doblepoder-familia”. La salvación “intra-mundos” y el fallecimiento/pobreza como “fallo”, signo del perdedor/pecador. Cabría empezar a mirar aquellos que ya han desarrollado inmunidad a este coronavirus en concreto (test de anticuerpos IgM previo al test PCR) para liberarlos paulatinamente de la supuesta “cuarentena”. Pues en caso contrario se hará de forma masiva, lo cual llevará a un número muy elevado de muertos. Los cuales después del estado de confinamiento y problemas económicos derivados serán aceptados sin más.
    Algo perceptible y obvio, dado aquellos fervientes “sologripistas” se han reconvertido con tremenda facilidad en los chivatos de los balcones, los trovadores de la épica,….,seres nada.

    El Estado tiene las conductas de actuación prefijadas, dada su naturaleza militar.

    *:JUST EST IN ARMIS
    **: Capitalismo, sistema económico donde el Estado define la propiedad.

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