Uno. Confieso que me irrita la cantinela que se ha generalizado de un extremo a otro del espectro político, con pequeñas excepciones: “ahora es el momento de arrimar el hombro, aunar esfuerzos y nada más. Las responsabilidades, más adelante”. Como si lo primero fuera incompatible con lo segundo. Y, sobre todo, como si desconociéramos la delectación con que el poder recibe el mensaje. Ya lo dice el refrán castellano: dame pan y dime tonto. En este caso, ni se nos permite siquiera tildar de tonto -o algo peor- al que ha pecado por acción y omisión. Y, por encima de ello, lo que todos sabemos: entonces, las responsabilidades… ¿para cuándo? ¿Dentro de tres semanas, cuatro, dos meses? A nadie se le oculta que en esos momentos estaremos en un escenario tan distinto que todos diremos que no es el momento de hurgar en el pasado sino de reconstruir el futuro. Y los responsables de todo esto buscarán irse de rositas…

Dos. “Nadie preveía este escenario cuasi apocalíptico”. Falso. Usted y yo a lo mejor no lo preveíamos e incluso a lo mejor repetíamos aquello que decían los medios, “esto es como una gripe cualquiera”, pero da la casualidad que usted y yo podíamos equivocarnos e incluso decir idioteces por dos razones: primero, porque no teníamos ni tenemos responsabilidad directa sobre la vida y la muerte de millones de compatriotas y segundo y principal, porque no tenemos a nuestro servicio todos los resortes del Estado, no sé cuantos organismos científicos y técnicos y cientos de asesores que nos cuestan un ojo de la cara del presupuesto. ¿Para qué sirve todo ello? Y si estos señalaron el peligro, ¿quiénes son los responsables –con nombre y apellidos- no ya solo de hacerles caso omiso sino de actuar diametralmente en contra de sus recomendaciones permitiendo concentraciones masivas la víspera misma del toque a rebato?

Tres. Corea del Sur, Singapur, Taiwán, incluso Japón… Aunque son regímenes muy distintos entre sí y no asimilables, nos muestran en conjunto una cosa muy importante, que no hace falta necesariamente ser una dictadura comunista como China, cercenadora de todo tipo de libertades individuales, para poner freno a la expansión de la epidemia. ¿Cómo? Fundamentalmente con dos estrategias: previsión y prevención, es decir, la actuación antes de que el contagio haya adquirido una dinámica imparable. Y la puesta al servicio de esas prioridades de todos los medios técnicos que el desarrollo científico hace posible hoy día: controles masivos de detección, tests rápidos, tomas de temperatura, control de movimientos, estimación de los riesgos a tiempo real, confinamiento solo de la población infectado o en riesgo…

No dudo que saldremos adelante, como repiten cansinamente nuestros dirigentes, porque la humanidad hasta ahora ha salido adelante. Pero nos vamos a dejar muchos pelos en la gatera. Y en algún momento nos tendremos que dedicar a pensar seriamente en todos los elementos de esta crisis

Cuatro. La última alusión me permite hacer una pequeña reflexión sobre la situación en la que ahora nos encontramos casi todos. ¡Confinamiento de millones de personas, prácticamente toda la población que no combate directa o indirectamente (abastecimiento y otros servicios) la pandemia! Como si estuviéramos en la Edad Media y se tratara de la peste negra. Nuestros dirigentes políticos –es verdad que no solo los de aquí, sino los de otros muchos países- no han encontrado otra panacea en estos tiempos de desarrollo científico y tecnológico que obligarnos a meternos en nuestras casas, atrancando puertas y ventanas, como en una película de ciencia ficción de serie B. No digo que aquí y ahora no sea necesario, todo lo contrario, aquí y ahora es la única solución posible. Pero la clave está en que había medios y recursos para no llegar a ese punto.

Quinto. Esto a su vez remite a un punto que no deja de parecerme una verdad de Perogrullo, pero que no he visto destacada en casi ningún análisis. ¿Para qué escogemos a nuestros dirigentes? ¿Para qué sirven? ¿Para adoctrinarnos como si fueran nuestros padres y maestros o para solucionar problemas? Parece que se nos ha olvidado que la función principal de un rector político no es la de adoctrinar sino la de gestionar, sin que esto último suponga renunciar a unas ideas claras de cómo debe organizarse la sociedad y administrarse los recursos del Estado. ¿Qué gestión –qué eficacia- puede exhibir este gobierno en la presente crisis? No se puede decir que esté sobrepasado por los acontecimientos o que haya perdido el control por la sencilla razón de que nunca ha tenido control alguno ni haya previsto nada de que lo podía pasar.

Sexto. “Tenemos el mejor sistema sanitario del mundo”. ¿Se acuerdan que también Zapatero decía que teníamos el “mejor sistema bancario del mundo” antes de que tuviéramos que pedir auxilio a las instancias internacionales para salvar toda la parte del sistema financiero –las Cajas- contaminadas por la rapacidad política? Se nos llena la boca con frecuencia proclamando que somos los mejores, pero cuando llega el momento decisivo de dar la talla, parece que no estamos a la altura. La crisis actual ha puesto dramáticamente de manifiesto que falta de todo, empezando por lo más elemental, desde mascarillas, respiradores y batas, hasta espacio físico en los hospitales, con enfermos muriéndose en los pasillos y los suelos. ¡Como si estuviésemos en el África profunda, con perdón! ¿Quién responde de todo esto y por todo esto?

Séptimo. Desde luego, no esperemos respuesta alguna de quien más tenía que darla. Porque los responsables políticos, llamados a dar ejemplo a la ciudadanía, incumplen flagrantemente el protocolo que imponen a toda la población. “Consejos vendo que para mí no tengo”. Tanto el sr. Sánchez como el sr. Iglesias tendrían que estar cumpliendo, con mayor motivo que otros, una cuarentena estricta porque sus respectivas cónyuges están infectadas. Les vemos, por el contrario, ejerciendo sus funciones con un protagonismo que a menudo roza lo bochornoso. Como adolescentes inquietos, necesitan alborotar, estar en el candelero, aunque sus intervenciones se muevan entre lo inane y la vergüenza ajena. Mucho botafumeiro y nula empatía.

Ocho. El anuncio de recentralización de competencias sanitarias en manos del gobierno. Confieso que pensé en principio que se daba un paso positivo, el de terminar con el cachondeo de diecisiete sistemas sanitarios distintos. ¡Qué ingenuidad la mía! Se me pasó por alto que todo el poder en manos de un inepto podía ser peor que la propia dispersión administrativa. En vez de dinamizar la gestión, la han ralentizado y en algunos aspectos hasta paralizado. Todo se entiende cuando reparamos en los méritos del actual ministro del ramo, que se resumen en uno solo, el de ser amigo del máximo líder del PSC y, por tanto, estar ahí en función de la cuota atribuida a este grupo político. ¡Acabáramos! Con estos bueyes hay que arar: ¡y así está el campo!

Nueve. Me parece bien la épica de la solidaridad, el pueblo unido y el repetido mantra de “¡venceremos!” pero me malicio que algunos están utilizando este indiscutible agradecimiento a la profesión sanitaria para encubrir interesadamente una realidad más sangrante. No tendríamos que calificar de héroes a estos profesionales si se les hubiera provisto de los recursos adecuados. Ellos, por su parte, no tendrían que estar dejándose la vida en el empeño si se hubieran hecho bien las cosas desde el principio, cuando aún estábamos a tiempo. Perdemos de vista una vez más lo más elemental: una mínima previsión y una eficaz racionalización de nuestros medios nos permitiría prescindir de héroes, porque lo que necesitamos simplemente es no llegar a situaciones donde la heroicidad es la única alternativa posible.

Décimo y con ello termino. Siento decirlo: no se hagan ilusiones en ningún sentido. Y no lo digo a corto plazo, donde quedan días en los que la situación alcanzará tintes casi apocalípticos. Me refiero a que esto no es cuestión de tres o cuatro semanas más. No hablo solo del confinamiento –que también- sino de las consecuencias de esta crisis: consecuencias sanitarias, empresariales, laborales, financieras, sociales. No dudo que saldremos adelante, como repiten cansinamente nuestros dirigentes, porque la humanidad hasta ahora ha salido adelante. Pero nos vamos a dejar muchos pelos en la gatera. Y en algún momento nos tendremos que dedicar a pensar seriamente en todos los elementos de esta crisis, desde su incubación hasta su desenlace, para pedir responsabilidades y obrar en consecuencia. De una puñetera vez, como sociedad adulta.

Foto: Pool Moncloa/Borja Puig de la Bellacasa

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Rafael Núñez Florencio
Soy Doctor en Filosofía y Letras (especialidad de Historia Contemporánea) y Profesor de Filosofía. Como editor he puesto en marcha diversos proyectos, en el campo de la Filosofía, la Historia y los materiales didácticos. Como crítico colaboro habitualmente en "El Cultural" de "El Mundo" y en "Revista de Libros", revista de la que soy también coordinador. Soy autor de numerosos artículos de divulgación en revistas y publicaciones periódicas de ámbito nacional. Como investigador, he ido derivando desde el análisis de movimientos sociales y políticos (terrorismo anarquista, militarismo y antimilitarismo, crisis del 98) hasta el examen global de ideologías y mentalidades, prioritariamente en el marco español, pero también en el ámbito europeo y universal. Fruto de ellos son decenas de trabajos publicados en revistas especializadas, la intervención en distintos congresos nacionales e internacionales, la colaboración en varios volúmenes colectivos y la publicación de una veintena de libros. Entre los últimos destacan Hollada piel de toro. Del sentimiento de la naturaleza a la construcción nacional del paisaje (Primer Premio de Parques Nacionales, 2004), El peso del pesimismo. Del 98 al desencanto (Marcial Pons, 2010) y, en colaboración con Elena Núñez, ¡Viva la muerte! Política y cultura de lo macabro (Marcial Pons, 2014).

9 COMENTARIOS

  1. «Se me pasó por alto que todo el poder en manos de un inepto podía ser peor que la propia dispersión administrativa. En vez de dinamizar la gestión, la han ralentizado y en algunos aspectos hasta paralizado».

    Comparto esas diez lecciones que nos deja en su artículo, Rafael. Y en este punto es donde se evidencia la dramática situación para seguir controlando esta pandemia, que pasa por la imprescindible protección de nuestros sanitarios.

    Estamos en el día 10 del confinamiento y no han sido capaces de resolver esta cuestión fundamental. Al final está siendo peor esa centralización de recursos, que no están sabiendo gestionar ni por asomo. Y cada día que pasa es crucial tanto para evitar los contagios de los sanitarios como para evitar el mayor número de muertes.

    Puede entenderse que los respiradores e incluso los tests sea materiales más difíciles de fabricar y conseguir en estos momentos, ya que ha pillado a todos los dirigentes mundiales con los pantalones bajados y están todos en modo, sálvese quien pueda, pero los EPIS? Dejo aquí una posible respuesta.

    https://www.lasprovincias.es/sociedad/salud/espana-pierde-grandes-compras-material-sanitario-20200324224021-ntrc.html

    ¿De qué va a servir este confinamiento de los ciudadanos si los ineptos que están al mando no hacen sus deberes y no tienen n.p.i de cómo hacerlos? Eso es lo que más inquieta y exaspera, que sigan sin hacer su parte y que sigan exponiendo a nuestros sanitarios a un contagio inevitable. Unas bajas que no nos podemos permitir si se quiere combatir de verdad esta pandemia.
    Pero bueno, para sus votantes, afines y servidores mediáticos «lo están haciendo lo mejor que saben», hay «ser humildes», «solidarios» y «arrimar el hombro» (debe ser para compensar el que no arriman ellos) e incluso algunos se cachondean de que «a posteriori» «todos somos muy listos». Vaya, que hagan lo que hagan están con ellos a muerte.

    El colmo del cinismo y del despropósito de la clase política y de esta gentuza miserable que ya ve peligrar su asiento, son las declaraciones que han hecho hoy algunos consejeros de sanidad socialistas de algunas comunidades autonómas, cuando ha sugerido que no estaba claro que los contagios de los sanitarios se hubieran producido en los hospitales.
    Claro, después de trabajar jornadas maratonianas sin apenas protección, han debido venir infectados de casa.
    Como bien apunta, «en algún momento nos tendremos que dedicar a pensar seriamente en todos los elementos de esta crisis, desde su incubación hasta su desenlace, para pedir responsabilidades y obrar en consecuencia».

    Y tendrán que hacerlo, incluso los hipócritas de «a posteriori» que tanta comprensión muestran ahora con la gestión del gobierno. Seguro que son los mismos que aplaudían con las orejas cuando en la crisis del évola la masa indignada y enfurecida en las calle bramaba y pedía responsabilidades al ministerio de sanidad por haber sacrificado al perro de la enfermera infectada.

  2. La irresponsabilidad en la elección de altos cargos en la cúpula del gobierno, es de temer y ha quedado reflejado en esta crisis, es ineptitud con un cierto grado de responsabilidad, responsabilidad que deberán afrontar cuando el temporal se apacigüe.

    • Yo no lo definiría como irresponsabilidad, sino como método. Ha sido el método de elección y las premisas de selección las que ahora se han puesto de manifiesto, algo que deberemos agradecer al coronavirus. Y lo digo totalmente convencido.
      La tragedia para España estaba diseñada desde el gobierno de la nación desde antes de la moción de censura, el corovirus lo único que ha hecho es adelantar la tragedia haciéndonos un gran favor.

      En agosto de 2018 tuve noticia que Sánchez había nombrado delegada del gobierno a un ama de casa madre de una periodista amiga. Al mismo tiempo, en un comentario perdido, me enteré que el dinero destinado a la lucha contra la corrupción política había sido secuestrado por el gobierno de la nación.

      Estos dos simples ejemplos, muy cercanos a la moción de censura nos advertían de cómo se estaba planeado gobernar.

      La elección de personas fieles para cargos estuvieran o no capacitadas para él, era la premisa. Acaparar el máximo de fondos no gastados por los administradores el segundo.
      Los fondos serían utilizados para publicidad institucional, compra de voluntades y enriquecimiento personal.

      El coranavirus, sé que es duro decirlo, nos ha salvado, o al menos anticipado la tragedia y, abierto los ojos a los más lerdos e ideologizados.

      • En parte, así es. La ocupación del poder con los más inutiles pero obedientes es el método para el golpe de estado moderno. En Cataluña y Las vascongadas ha funcionado, Zapatero copió el método y Sánchez no entiende otro proceder, por eso ahora, con esta tragedia, se ven todas las costuras del traje. De todos modos, el PSOE tenía una escuela propia de ocupación de cargos con inútiles que era Andalucía. El aprovechamiento de esa metodología para un golpe de estado es cosa de independentistas y de Zapatero.
        Ahora los golpistas y los españoles de bien estamos en la misma jaula y todo el entramado de ineficiencias interesadas se hace muy evidente. Los golpistas van a acelerar para hacerse con la jaula y con las llaves.

        • Así es. El golpe de estado sigue disimulado entre cadáveres. Lo último, dejando atrás todas las parcelas de poder que están asaltando de tapadillo los últimos días, es la intención de crear el caos en la distribución de productos básicos y de urgente necesidaf por medio de los sindicatos, fomentando la discordia entre los trabajadores e invitándoles a la huelga con excusas sanitarias.
          Hecho que el gobierno puede parar de inmediato en el estado de alarma, los sindicatos pueden estar cometiendo un grave delito alentado por el presidente y el vicepresidente de la nación.
          Hay que estar atentos, lo han intentado con el rey, ahora intentan sembrar la discordia con vecinos y familiares haciéndolos culpables de las próximas infecciones..
          Es muy peligroso lo que está haciendo aprovechando situaciones y estados emocionales que la mayoría no está acostumbrado a manejar.

  3. Recordemos que una de la primeras cosas que hizo Sánchez fue recibir a Soros.

    Como buen globalista juega con el truco del lema de Twitter, afirmando una cosa cuando es justamente la contraria. “#ESTEVIRUSLOPARAMOSUNIDOS”
    Debe notarse que es justamente al revés. El virus es un hecho probabilístico, cuya probabilidad de acción aumenta según se acorta la distancia entre personas.

    En este tema tiene especial mención el racismo especular, el cual impidió el cierre de fronteras de la UE.

    Ese racismo pestilente pretende inferir que unas personas son distintas de otras simplemente por sus características físicas/étnicas, y por ello deben tener trato especial.
    Es puro racismo, pero lo enarbolan como justamente lo contrario. Por ello, no se debían cerrar las fronteras porque “discriminaba a los chinos” (realmente los que venían de china),…, problema que como se puede observar no tienen los chinos para cerrar fronteras y poner en cuarentena de 14 días pagado por el viajero.
    Otro tanto de lo mismo sucede con la xenofobia que pasa a “xenofilia”. Como si el hecho de ser extranjero fuese algo ajeno a cualquier persona, algo especial, distinto del territorio donde está y donde nació. Ese mismo patrón se aplica para no poner en cuarentena territorios con fuerte infestación, foco de contagio nacional e internacional como son Madrid, o La Rioja.
    Son formas sutiles de negar un orden jurisdiccional.

    De igual modo el feminismo es una forma de discriminación sexista. Basada en un odio irracional a un ente inexistente. Ese varón del heteropatriarcado, que no existe,…, el enemigo invisible.
    Ese varón que debe algo a la hembra desde su nacimiento, una especie de pecado original, puro dogma.

    Los que sí existen son los hermanos mayores, los padres y los abuelos. Los cuales muchos de ellos serán contagiados por las sexistas del odio con origen en el 8M. Y que en esencia pueden ser una sentencia de muerte. Para esas crédulas narcisos ya hay pena de por vida.
    Si bien otras cuantas dada su estrechez de mente quizá ni sean conscientes de que han contribuido a la muerte de un pariente o conocido.

    En mi opinión el aparato estatal, el aparato mercenario, ha estado supeditado a esas simples premisas globalistas. Todo ello reforzado por el descabellado régimen de poder liberal; el cual otorga/delega al Gobierno de forma temeraria.

    El paroxismo de la catástrofe lo pone la globalización al impedir por diseño jurisdiccional el acceso a materiales necesarios. Lo cual hace que un porcentaje muy elevado de los contagios sean sanitarios (5400 personas, el 14%).

    Casi todo el mundo sabía que esto pasaría,…, no vengan con cantinelas.
    Lo que nadie contaba es con la tremenda ineptitud tanto del Gobierno como del Estado.
    Lo cual bien mirado era previsible, dada su propia naturaleza, tal como dejé escrito en comentarios anteriores.

  4. Espero que una buena mayoría sea capaz de ver con claridad al menos la mitad de las cosas que señala, eso bastaría para cambiarlo todo. Si así fuere, hay que esperar que la izquierda que tenemos no consiga sacar nuevas ventajas, pese a la estupenda ayuda que muy probablemente le prestará la derecha que padecemos cuando se empeña en imitar las formas de actuar de los progres, su demagogia y su sectarismo

  5. En efecto, es el momento de despertar aunque a mucha gente no le guste darse cuenta del infierno bolivariano en el que nos han metido aprovechando la pandemia.

    Dos apuntes más para espabilar:
    https://rebelionenlagranja.com/noticias/espana/tecnica-del-golpe-de-estado-por-jose-javier-esparza-20200323
    https://www.libertaddigital.com/opinion/rafael-l-bardaji/apoyar-al-gobierno-de-sanchez-es-traicionar-a-los-espanoles-coronavirus-90320/