“No hay grandes hombres sin virtud; sin respeto a los derechos no hay gran pueblo: casi se puede decir que no hay sociedad; porque ¿qué es una reunión de seres racionales e inteligentes en la que la fuerza es la única relación?” Alexis de Tocqueville

Los derechos civiles eran, hasta no hace mucho, los garante institucionalmente fijados para defender la libertad de los ciudadanos. Estas garantías de libertad han quedado derogadas tras la imposición de las sucesivas medidas contra la pandemia COVID-19, que consagran un estado permanente de emergencia.

Los defensores -siempre han existido- de las restricciones a la libertad ya no tienen que inventar justificaciones estrambóticas. Al contrario: las personas que piden el fin de las medidas de confinamiento son vistas como irresponsables

Las discusiones políticas sobre «aliviar las medidas de confinamiento» no cambian sustancialmente lo afirmado. Ello se debe al establecimiento de un clima político de miedo, en el que la probabilidad de que aparezcan las siguientes olas de infección, ya sea por imaginarias mutaciones del virus, ya sea por negligencia de “la gente”, está firmemente anclada en las mentes de una gran mayoría.

Los defensores -siempre han existido- de las restricciones a la libertad ya no tienen que inventar justificaciones estrambóticas. Al contrario: las personas que piden el fin de las medidas de confinamiento son vistas como irresponsables. Todo está sujeto a una reserva constante, en la que el ejercicio de las libertades civiles se ha convertido en rehén de la arbitrariedad de las autoridades estatales. Estas Navidades, cene en Nochebuena sólo en grupos de seis. Y no se le ocurra volver a casa más tarde de la una.

De un solo golpe, las medidas para enfrentar a la COVID-19 dieron inicio a un estado en el que muchos derechos civiles, hasta ahora considerados evidentes e irrestrictos, se ven sujetos a la discrecionalidad de las autoridades estatales. Los responsables políticos han privado a innumerables ciudadanos de sus medios de vida, de su independencia.

De esta manera, una masa administrativa pasiva, congelada en sus interacciones sociales, reemplazó a un pueblo de ciudadanos maduros dentro de una nación soberana. Esto tuvo lugar sin ningún debate público significativo, bastó simplemente con la primera declaración del estado de emergencia. Como señala el renombrado abogado Prof. Peter Gaidzik -especialista en temas médicos, hay una tendencia creciente a que la mera verosimilitud sea presentada por la política y los principales medios de comunicación como verdades científicas probadas.

Sobre la base de discutibles justificaciones, apenas basadas en el principio de «seguro es seguro», se causó un daño económico y constitucional real. Como resultado de las prohibiciones físicas de contacto, innumerables ciudadanos ya no pueden participar activamente en la vida política, burocrática, cultural y económica. Como resultado, estos ciudadanos ya no son capaces de dar vida a las libertades que están consagradas en la Constitución.

La singularidad histórica de lo que estamos viviendo queda patente si la comparamos con el manejo político y mediático de epidemias no menos graves en 1957 y 1968. Cuando la gripe asiática y luego la gripe de Hong Kong causaron millones de muertes en todo el mundo, los encargados de formular políticas no estaban pensando ni remotamente en paralizar la vida social y económica del país. En ningún momento, ni en 1957 o 1968, a nadie se le paso por la cabeza anular los derechos civiles en todos los ámbitos. Allí donde había democracias, claro.

En estos tiempos, en medio de una situación que amenaza con enquistarse en nuestras vidas, no podemos olvidar una idea fundamental para cualquier comunidad democrática de libres: es el ciudadano quien se asocia libre y espontáneamente con otras personas, quien da vida a los derechos civiles a través de sus acciones en la economía, la cultura, la política y la sociedad. Este ciudadano libre, activo y que busca la comunidad es la fuente democrática de las normas jurídicas vinculantes. Y estas normas jurídicas pueden ser traducidas a la realidad concreta de la vida por ciudadanos calificados y responsables a través de su participación en la administración y la justicia.

Tras la muerte del dictador Francisco Franco y la caída del régimen, se desarrolló una sociedad democrática en torno a la hoy tan denostada transición que, sobre todo a través del alto crecimiento económico, hizo tangible la querencia de todo el país por el progreso. Nació un sentido de país, impregnado de un amplio optimismo de cara al futuro. En esa renovada sociedad española, el esfuerzo, el compromiso y la confianza se combinaron en una dinámica de desarrollo con visión de futuro asentada precisamente en el uso de los recuperados derechos civiles por parte de ciudadanos maduros.

Los derechos civiles no eran simplemente garantías institucionalizadas de intimidad inviolable. También garantizaron al ciudadano la oportunidad de entrar en partidos políticos o crear otros nuevos, de dedicarse al periodismo libre, de participar en sindicatos, participar en manifestaciones políticas y entrar en la administración pública, de votar y de ser elegido para cargos políticos.

De esta manera, los ciudadanos maduros de un estado democrático -garantizado constitucionalmente- pudieron influir en las autoridades de nuestra sociedad a través de sus propias contribuciones, ya fueran culturales, profesionales o políticas, desde las instituciones del Estado, participando en el clima de opinión pública y en la vida laboral. Fue gracias a la recuperación de nuestros derechos civiles que pudimos garantizar que el compromiso personal, las propias ideas, las propias iniciativas pudieran seguir favoreciendo el desarrollo de nuestra economía, cultura y tecnología, así como de nuestras instituciones, convenciones y normas legales.

El estado de alarma sanitaria en el que vivimos hoy se parece más a una dictadura sanitaria que a una democracia liberal. Escondidos tras las difusas cortinas de “la ciencia”, los políticos han suspendido de facto todo aquello por lo que nos habíamos esforzado los últimos 40 años.

Por otro lado, y en un clima en el que parece que entre los políticos crece la urgencia por declarar la escasez como una virtud, algunos ciudadanos parecen dejarse embaucar por la promesa de una vuelta a una orden precapitalista: un orden en el que las autoridades prometen seguridad y estabilidad existenciales. A cambio, uno se une obedientemente a las normas «alternativas» proclamadas desde las consignas de la “nueva normalidad”.

La crisis de la COVID-19 ha ayudado al renacer de una idea profundamente disgregadora: mi vecino es una fuente de peligro para la salud de los demás. Esta idea germina con fuerza abonada por la tendencia de la política, la sociedad y los medios de comunicación a patologizar las emociones e intereses humanos. La persona libre y espontánea es considerada como la principal fuente de todas las posibles crisis y agravios sociales. No son estas buenas condiciones para un marco jurídico liberal que acomode objetivos responsables, autónomos y novedosos desde los que buscar una nueva prosperidad.

Hace ya muchos años que el foco principal de la discusión política se centra en cómo manejar las crisis supuestamente alimentadas por bajos motivos humanos como la codicia o el odio, pero también por deficiencias humanas como la ingenuidad, la ignorancia y la manipulabilidad. Surge una cosmovisión en la que innumerables, en última instancia insolubles problemas parecen tener su fuente en los deseos puramente egoístas de individuos o grupos maliciosos. Es así que cobran fuerzas las ideas paternalistas y los diseños sociales en los que es el estado quien arbitrariamente gestiona los “derechos civiles” de cada uno de nosotros. Detrás del “estado-niñera” se encuentra la idea de que el ciudadano individual ni siquiera puede enfrentarse con éxito a aspectos banales de la vida personal y por lo tanto necesita al menos la guía estatal en forma de amonestación.

La verdadera explosividad de esta situación radica en el hecho de que se está preparando el caldo de cultivo necesario para convertir en mayoría a los convencidos de que todos somos incapaces de dirigir nuestras propias vidas, de hacerlo con sentido de la responsabilidad individual. Al difuminar gradualmente las diferencias entre niños y adultos, el estado-niñera está interfiriendo en el estatus del ciudadano seguro de sí mismo, el que se considera capaz de participar activamente en el proceso democrático y abordar cuestiones políticas complejas. En otras palabras: no sólo nos limitan nuestros derechos civiles, nos “educan” en la dependencia del buen amo.

A aquellos que no confían en sí mismos para vivir sus propias vidas sin guía y supervisión se les niega muy rápidamente la capacidad de asumir la responsabilidad social. Cuando a las personas se les niega la razón y el conocimiento sobre si, qué y cuánto pueden comer, beber o fumar, cómo deben educar a sus hijos, si son capaces de dar forma y contenido a sus contratos libremente, entonces sólo falta un pequeño paso para negarles la capacidad de participar en una democracia. Sí, lo seguirán llamando democracia. Pero ya no lo será.

Foto: imagen de la película 1984


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9 COMENTARIOS

  1. Dice el articulista «no podemos olvidar una idea fundamental para cualquier comunidad democrática de libres: es el ciudadano quien se asocia libre y espontáneamente con otras personas, quien da vida a los derechos civiles a través de sus acciones en la economía, la cultura, la política y la sociedad.» Quizá lo he entendido mal pero es decir que la fuente de los derechos es la acción humana, de los derechos fundamentales que entiendo son de los que estamos hablando ya que que son los que están limitados con la excusa de la pandemia, no hablamos de los derechos que tienen las partes en un contrato civil o mercantil. Entonces si esos mismos ciudadanos mediante sus acciones acuerdan restringirse sus derechos ¿qué problema hay? ¿Nos atrevemos a hacer un referéndum para conocer la opinión ciudadana sobre las restricciones de derechos por motivos de salud pública?
    El problema es que aunque sea muy liberal, los derechos fundamentales no surgen de asociaciones libres y espontáneas, sino que son inherentes al ser humano, forman parte de su naturaleza, son previos al Estado.

  2. El artículo tiene párrafos excelentes e ideas sensatas, pero hay también algún segmento que suena a discurso de politicastro elaborado por gabinete de comunicación:
    «Nació un sentido de país, impregnado de un amplio optimismo de cara al futuro. En esa renovada sociedad española, el esfuerzo, el compromiso y la confianza se combinaron en una dinámica de desarrollo con visión de futuro asentada precisamente en el uso de los recuperados derechos civiles por parte de ciudadanos maduros.»

    Yo, en los 80 ya perdí el optimismo de cara al futuro al ver lo que hacían los socialistas en cualquier rincón y lo que hacía la derecha como fuerza auxiliar del PSOE y de los nacionalistas. La propaganda mantenía la ilusión de una falsa modernización que era, en realidad, aniquilación cultural. Ya en los 80, y Suárez tuvo mucha culpa en ello, se estaba disolviendo «un sentido de país» pues las taifas vascongadas y catalanas eran una evidente amenaza. No es que todo fuera demasiado frágil, es que era una ficción almodovariana mientras se privatizaba Rumasa y se empezaba a amezar a los jueces. Nadie quería ver la polvareda, pero de aquellos polvos ha salido triufante la ETA que es la que manda.

    • El problema del artículo es la utilización del término «derechos civiles» ¿a qué se refiere? ¿qué derechos civiles han sido restringidos por el gobierno con la excusa del COVID? libre circulación libertad de residencia, libertad religiosa y libertad de reunión por ejemplo. Los tres primeros estaban plenamente vigentes durante el franquismo y el cuarto con limitaciones

  3. Muy buen artículo, me ha gustado.
    Una pequeña corrección para adaptarlo a la realidad, tan cara hoy, y perfecto: «Sí, lo seguí[r]an llamando democracia. Pero [ya] no lo [s] era.»

  4. En Europa no hay “derechos civiles” (civil rights) hay “libertades individuales”; que mas bien son derechos individuales.

    Y lo que se otorga se des-otorga. Quizá en el mundo del “monacato-burgués”, el convento liberal, ese nuevo mundo (ideología) sea de otra forma. Pero extra-muros de la institución religiosa, la realidad es que tales derechos han sido modulados sin miramientos; nada ha importado ese supuesto “Estado de Derecho” (es decir, derecho del Estado, legislación). Signo inequívoco que no tienen fuerza de existencia, simplemente no existe tal cosa.

    Se debe notar, –el Estado es estrictamente un conjunto de personas– que imponen una idea sobre los demás. Por ejemplo, un auto-declarado “anarco-capitalista”/liberal que trabaja para el Estado es parte del Estado, el materializa el Estado. No hay mas Estado que las personas que lo conforman.

    Quizá el vizconde de Tocqueville urdía que su nobleza proviene de la pluma y no de la espada.
    Y por ello, el constante martilleo de “igualdad de condiciones” de los puritanos el cual explicita en “Democracia en América”; en contra de su sangre “azul” europea conquistada por la espada.
    Poner como ejemplo de demócrata a Tocqueville está al mismo nivel de delirio que poner a las “democracias modernas”, “democracias avanzadas”, “democracias liberales”, “democracias occidentales” al nivel de un sistema de gobierno con asamblea como el griego (gobierno “de los más”, según el meteco Aristóteles).

    El régimen actual es un Régimen de Gobierno Representativo. Donde se entiende lo de representativo en el sentido del eclesiástico Sieyes; es decir, sin ningún tipo de representación. Y tal como decía Montesquieu de corte aristocrático, es decir a elección.

    El “convento liberal” es una de tantas pestes que ha liquidado las formas políticas hispanas. Y no lo ha hecho con flores, es simplemente mentir.
    Los hispanos no acabaron con el imperialismo islámico con buenas palabras, sino con la espada, fruto de todas las libertades y la ausencia de ellas:
    -“Just est in armis”.

  5. Muy buen articulo que expresa razonada y con proyección histórica lo que está pasando, pero se queda corto, ya que lo analiza en clave de inmediatez.

    El problema es que la mayoría de las personas no se han percatado de lo que está pasando realmente: estamos viviendo un cambio sistémico. Un cambio que viene impuesto desde más arriba de los gobiernos de los estados-nación. Un proyecto que está a la luz, en múltiples documentos emitidos por los organismos supranacionales y las grandes corporaciones financieras, difundidos por sus terminales mediáticas y políticas. No es una conspiración, es un plan, que adquiere consistencia en la «Agenda 20-30». En ese proyecto hay alumnos más aventajados que otros y en ello el sistema político español y sus taifas es el primero de la clase, ya sea por convicción, papanatismo, deuda, maldad, corrupción o deseo de perpetuar sus privilegios de «casta».

    Olvídense. La «vieja’ normalidad no va a volver. Vamos hacia un mundo donde las premisas serán suprimir derechos. Movilidad, privacidad y libertad individual estarán proscritos para los de abajo, en una sociedad piramidal, donde solo los de arriba (hasta tercer nivel: corporaciones, organizaciones mundialistas y gobiernos) gozarán de esos privilegios. Los demás, por debajo de esos niveles estaremos sometidos a restricciones de todo tipo.

    Vamos hacia un mundo con mucha menos movilidad geográfica y social. De ahi la intención expresa de acabar con el turismo (para los de abajo), la intención de degradar la educación y la formación (el ascensor social de las clases trabajadoras) e imponer medidas liberticidas de nula justificación sanitaria (mascarillas en vía pública al aire libre o campo, confinamiento de personas sanas, amenazas expresas de vacunas obligatorias, multas absolutamente desproporcionadas). Solo son medidas para imponer el miedo, paralizar a las personas e impedir cualquier reacción al actual estado de cosas.

    Nos espera un mundo estamental, donde el nacimiento determinará tu pertenencia a una clase social y los parámetros que regirán tu vida. Como antes de la Revolución Frsncesa y las revoluciones liberales del siglo XXI. Una sociedad neofeudal, pero con un control absoluto de los tres niveles superiores de la pirámide y su aparato burocrático y mediático a través de la tecnología. Toda oligarquía siempre aspira a perpetuarse y de eso se trata. De acaparar recursos que la élite quiere para ellos, porque sabe que ya dan sintomas de agotamiento, pero que son imprescindibles para mantener su estatus. No quieren compartirlos con el resto de la humanidad. Es el mundo de la vigilancia y de las medidas represivas de todo el que no acepte la sumisión. El mundo de la monitorización permanente. El mundo 20-80 que nos vienen anunciando los foros económicos desde hace años.

    Lean «The Economist», el altavoz de la plutocracia anglonorteamericana y sus satélites, que es quien mueve todo esto y ahí está todo, no se ocultan. A esta gente le sobra el 80 por ciento de la humanidad para administrar el planeta como su finca privada, pero siempre necesitarán gente que les quite la mierda y les sirva las copas: es decir, el 20 por ciento de la humanidad que hará que el sistema funcione, el resto ganado prescindible. Estos integrantes de la élite globalista son malthusianos y están mal de la cabeza, pero tienen todo a su favor y un nutrido grupo de sicarios, frente a una población domesticada, especialmente en España, país laboratorio por excelencia. Los gobiernos son títeres y son sus criados. Estamos en un cambio de época, un momento crucial en la historia de la humanidad y la cúpula que busca el cambio de paradigma (ya para siempre) está ganando por goleada.

    • Sin duda estamos en un cambio de época, pero ojo ya íbamos hacia ella, lo único que era lento y ahora se ha precipitado o la han precipitado. Pero si echamos la vista atrás la historia tiene ciclos en espiral, dudo que vayamos hacia atrás, bueno esto dicho entrecomillado, habrá muchísima gente que se quede atrás y que lo pase (o la pasemos) bastante mal, no quiero ni pensar cuando se abrieron las primeras fábricas de loza lo mal que lo pasaron los alfareros.
      Vamos hacia un NOM sí, pero es Nuevo Orden Mundial necesita consumo y mucho, nuevos espacios tanto de negocio como de vivienda y lo ecológico, climático y demás chorradas no es nada barato, por lo tanto si no hay consumo ese NOM no tiene ni pies ni cabeza.

      Yo no tengo ni idea como la sociedad reaccionará o reaccionaremos ante el cierre masivo de negocios que se avecina, como he dicho en el artículo de Carlos Barrio, sólo en el mundo de la cultura eso va a ser terrible, los grandes museos por ejemplo no pueden mantenerse en pie sin turismo. Están en juego miles de puestos de trabajo y de negocios indirectos que dependen de ese turismo cultural. Quien habla de museos, conciertos, teatros, cines etc. Los Estados no tienen dinero para todo ello.

      Habrá restricciones en derechos, sí, ya las tenemos pero esto es un polvorín y no creo que aguante mucho sin reventar.

    • Buenos comentarios, pero como dice Emme «no creo que aguante mucho sin reventar». En realidad ya ha reventado. La mayoría de las personas no son conscientes de los acontecimientos hasta que les sobrepasan. En esta época donde los periodistas se han convertido en afanados y sumisos esclavos perdiendo toda dignidad humana con humillante fruición, aún es más difícil para el humano impermeable descubrir que le mean hasta que no está empapado. Hay idiotas que están esperando a morirse antes que los demás al ser los afortunados ganadores del concurso de televisión «Pásame el virus». Nueve meses lleva con máxima audiencia.

      Hay idiotas del PP que dicen que las personas cultas no deben hablar en español. Hay idiotas que confunden la humanidad con la invasión. Hay idiotas en todos los partidos que han acordado una dictadura por un sueldo. Hay idiotas para dar y tomar. ¿Que tipo de persona soporta más de cinco minutos de idioteces en cualquier televisión? Y da lo mismo que esta sea pública, privada, gratis, satelital, por cable o fibra óptica. Hay algunos que hasta son capaces en su idiotez de ver series completas de idiotez concentrada.

      Cuando faltan idiotas en televisión van a por ellos a Cataluña o Vascongadas, allí los reproducen en criaderos nacionalistas.
      En Extremadura quisieron hacer una legua romance del título de un libro pero no lo lograron, solo tenían dos palabras, aunque creo que alguna subvención cayó para el estudio recopilatorio de la idiotez propia, ¡Uf! y es que hay idiotas de toda laya y condición, está el idiota perfecto, el idiota esforzado y el idiota de rebote. A mi el lenguaje que mas me gusta es el silbo canario, pero lo han prohibido porque se puede llamar tía buena a una mujer espectacular a dos kilómetros de distancias, como en la berrea. Creo que es la lengua que deberíamos aprender todos por ser la más útil, ahora que estamos encerrados podríamos charlar desde el balcón con cualquier habitante de la ciudad sin salir de casa.
      Creo que el silbo canario debe convertirse en el idioma de la resistencia.

      Si por algo se caracteriza esta época es porque los idiotas más esforzados flotan como la mierda en la superficie de la sociedad.

      Hoy no he sido capaz, treinta segundos he durado, conecto el televisor y me encuentro a una tipa llorando catalán en español, como solo saben llorar para mamar los catalanes, es rubia y con labios reforzados, la idiota, pero idiota del todo, como solo lo puede ser una catalana, son tan idiotas que piensan que los demás son idiotas, pues con ese lloro catalán que entrenan los rufianes sin mucho éxito, el lloro al autóctono le sale natural, decía la tiparraca siguiendo el guión que utilizan los traficantes de esclavos cuando la opinión pública se les pone en contra, con voz compungida, que los traficantes y periodistas habían volcado otra patera para la sensiblera audiencia ya que últimamente los canarios estaban algo enfadados por la invasión de militares marroquíes en pateras festejando la marcha amarilla sobre Canarias.

      • Menudo comentario Henry , para enmarcar.

        Pues hoy me ha pasado lo mismo con la televisión, la he encendido y justo estaba llorando otra idiota pero no me he enterado muy bien el motivo, no era rubia y desgraciadamente la tenemos de Ministra en eso de igual da.

        Ni llorados van de casa

        Qué cruz nos ha caído

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