La falta de libertad en el ámbito académico es uno de los graves problemas de la actualidad. Para entender este fenómeno se ha creado en Center for the Study of Partisanship and Ideology (Centro para el Estudio del Partidismo y la Ideología), CSPI. Vamos a prestar atención a su segundo estudio, publicado muy recientemente, y que está a cargo de Eric Kauffman.

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¿Cuáles son las historias que hay detrás de este sectarismo? El informe recoge varias de estas historias. Un profesor de sociología de los Estados Unidos, en el curso de una investigación sobre la libertad académica y de expresión, ofrece este testimonio al investigador: “Un profesor en el estado de East Georgia La universidad fue despedido por «acoso sexual» por no estar de acuerdo con la política de acoso sexual de la escuela. He escuchado muchas historias, de fuentes fiables, por las que profesores, estudiantes y graduados son sometidos a juicios secretos sumarios del título IX, y vieron cómo sus vidas académicas fueron arruinadas”. El llamado Título IX ampara estos procesos secretos, que deciden si un estudiante o un profesor ha violado alguna de las normas sobre discriminación sexual, violencia sexual o acoso.

Todo ese conjunto de normas, creadas e impuestas por una minoría decidida y activa, y sancionado por la mayoría, que acepta el acoso, la cancelación, el ostracismo social y económico de los discrepantes, o que no se atreve a oponerse, distorsiona la investigación y la enseñanza, y arruina la aspiración de vivir en una sociedad que ama el conocimiento y acepta la diversidad y el progreso

Este profesor de sociología no da su nombre, como el de muchos otros que han compartido sus experiencias con Kaufmann. Así, un profesor conservador dice: “Sí, todos los años me llaman al despacho de mi jefe por alguna controversia sobre el currículo del curso. En ocasiones he sido malinterpretado. En otras ocasiones tengo que justificar mi trabajo con los estudiantes”. Un profesor de ultra izquierda, dice así mismo: “Me han despedido de mi departamento como coordinador de programas porque soy una feminista crítica de género. En la actualidad, los estudiantes tienen una solicitud de apoyo a mi despido, porque por el momento tengo el respaldo de la asociación de profesores de mi facultad. Yo también me enfrento a una “oportuna” investigación sobre la ética de mi investigación. Supuestamente es algo rutinario, pero es la primera vez que he sido investigada por ello”.

Un profesor de derechas del área de comunicación refiere esta historia: “Un profesor que se negó a referirse a un estudiante por un pronombre falso (un hombre quería ser llamada «ella») recibió la visita de la gente de ‘diversidad’, que examinaron todo su trabajo y su laboratorio. Se le sometió a unas pautas administrativas específicas para ver cómo iba a tratar con este estudiante».

Un profesor conservador de Historia, también en los Estados Unidos, contó cómo «El profesor Dennis Gouws del Departamento de Humanidades, ha sido sometido a años de acoso, denegación del año sabático (que consiste en permitirle no dar clases para que se concentre en la investigación), declarado en libertad condicional y obligado finalmente a permanecer en silencio bajo la amenaza de despido. La razón fue su crítica, hablada y por escrito, del feminismo de género”.

Un Tory partidario de abandonar la UE, le confiesa a “Sí, de hecho he perdido dos trabajos senior porque voté dejar (la UE)». Otro partidario del Brexit, un laborista de izquierdas, dice: “Sí, evito hacer declaraciones políticas. También he recibido una fuerte desaprobación por parte del jefe de departamento hacia el tipo de investigación que hago y ha utilizado el sistema de aprobación ética para evitar que ciertos temas de investigación sean estudiados”.

Kaufmann distingue entre dos tipos de sectarismo en las aulas. Por un lado está lo que llama el Autoritarismo duro: recibir decisiones disciplinarias o recibir amenazas por haberse expresado, o apoyar el despido o las medidas disciplinarias contra los profesores cuyas opiniones sean controvertidas. Y luego habría un Autoritarismo blando: apoyar las visiones sobre discriminación política, así como las experiencias de hostilidad o autocensura en la investigación, la enseñanza u otros aspectos de la vida académica. Kaufmann señala que, “aunque es raro que se despida a un académico, especialmente por motivos ideológicos, se han dado varios casos preocupantes recientemente en los que la vida se le ha hecho tan incómoda a la persona, que se le ha forzado al profesor disidente a abandonar”.

Este autoritarismo que menciona el autor ha ido en aumento. La Fundación para los Derechos Individuales en la Educación (FIRE) ha elaborado una base de datos de incidentes, que “han crecido de forma continuada en los 2000’, a causa sobre todo de los activistas de izquierda, y alcanzaron un pico en 2015, cuando Nicholas Christakis fue acosado por un grupo de estudiantes de Yale, y Jonathan Haidt y Greg Lukianoff publicaron su artículo seminal sobre el fenómeno en Atlantic, The coddling of the american mind. Desde entonces, este tipo de incidentes se ha estancado en número, a un nivel más alto que en la década anterior.

En el caso de Gran Bretaña, se observa la misma tendencia, pero con un aumento más significativo, aunque más tardío. Civitas, un think tank liberal británico, elaboró un informe en diciembre de 2020 que tuvo, entre otros hallazgos, el de que el 53 por ciento de las 137 universidades británicas habían recibido demandas por haber censurado discursos por una presunta “transfobia», en el período 2017-2020. En casi una de cada cuatro había campañas puestas en marcha por grupos de presión para restringir la libertad académica, o la libertad de expresión.

Son pocas las decisiones disciplinarias que terminan con el despido de un profesor o investigador, por motivos estrictamente ideológicos. Pero la experiencia de un profesor no sólo consiste en cumplir la normativa; está llena de la gestión de espacios y recursos, y se desenvuelve en un ambiente de interacción con otros profesores, directivos y alumnos. Es decir, que hay multitud de mecanismos informales que pueden hacer la vida de un profesor, un infierno. Lo mismo, y con más razón, se puede decir de los alumnos.

Hay una espesa tela formada por la ideología, las actitudes sectarias y acosadoras autojustificadas y la ley. Todo ese conjunto de normas, creadas e impuestas por una minoría decidida y activa, y sancionado por la mayoría, que acepta el acoso, la cancelación, el ostracismo social y económico de los discrepantes, o que no se atreve a oponerse, distorsiona la investigación y la enseñanza, y arruina la aspiración de vivir en una sociedad que ama el conocimiento y acepta la diversidad y el progreso.

Según sea la materia, la disposición de quienes hacen vida académica a acallar las ideas distintas a las suyas es mayor o menor. También depende de la posición que ocupe. Así, por ejemplo, “entre los estudiantes de doctorado, los resultados son más extremos que entre otros académicos, con el 80 por ciento de los doctorandos estadounidenses dispuestos a discriminar contra los académicos que tienden a la derecha”. “Yo estimo que en Gran Bretaña los académicos de derechas tienen entre un 50 y un 100 por ciento más probabilidad de experimentar amenazas disciplinarias que los izquierdistas o centristas”.

Pero, ¿cuántos profesores apoyan expulsar a un compañero porque no piensa como ellos? Sendas encuestas, elaboradas una para los Estados Unidos y la otra para el Reino Unido, muestran un apoyo numeroso a la adopción del despido de profesores que tienen visiones polémicas. En el caso de los Estados Unidos, ese porcentaje bascula entre 7 por ciento que apoyaría un despido para el profesor que tuviese una posición de la diversidad con tintes negativos y el 18 que lo apoyaría en el caso de señalar que las mujeres o ciertas minorías tienen un menor desempeño que los hombres, o que los blancos.

Hay que decir que, según este criterio, la práctica totalidad de los intelectuales progresistas de finales del XIX y comienzos del XX (Richard Ely, John M. Keynes, los Webb, el juez Holmes…) quedarían automáticamente expulsados de sus cátedras, juzgados y cargos.

En el caso de Gran Bretaña, la minoría sectaria es más consistente: bascula entre un 8 por ciento que expulsaría a un profesor que dijera que hay que restringir la inmigración, a un 12 por ciento que tenga una visión positiva de los imperios, o un 13 por ciento que hiciese de menos a las mujeres y las minorías.

Con todo, lo más chocante de esos datos (se pueden comprobar en las páginas 22 y 23), es el alto porcentaje de quienes se quitan de en medio, bajo el paraguas inmoral del no sabe/no contesta/soy neutral. En el caso de los Estados Unidos, los consentidores son más de un 40 por ciento, con la excepción del asunto de las restricciones a la libre inmigración. En Gran Bretaña, los consentidores son, grosso modo, el 40 por ciento en “la diversidad es negativa”, el 35 en “la familia tradicional es mejor” y “el imperio es bueno”, pero un 60 por ciento en “las mujeres y las minorías quedan por debajo”. Eric Kauffman ha tenido el talento de elegir el gris para esa masa de profesores que son como un retrato que no mire al pintor: da igual donde los mires, están de perfil.

La intolerancia, según descubre el informe, “es más alta entre los académicos que se reconocen muy a la izquierda, especialmente si son activistas”. El 40 por ciento de quienes pertenecen a la extrema izquierda en los Estados Unidos, el 41 de los extremistas de izquierda en Gran Bretaña y el 51 por ciento en Canadá apoyan la expulsión de un profesor por una u otra opinión. Pero más llamativo que eso es que los más jóvenes, “independientemente de si son de izquierda radical o moderada, tienden a ser más iliberales que los mayores”.

En conclusión, la intolerancia absoluta, o el autoritarismo duro que dice Kaufmann, es un fenómeno ascendente, que está vinculado a las generaciones más jóvenes. Está liderado por la izquierda más consciente y amparado por una ideología que se ha autoimpuesto como la única válida. Y la víctima de todo esto es la libertad y la búsqueda del progreso en el conocimiento.

Foto: Tycho Atsma.


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6 COMENTARIOS

  1. Veremos que pasa con las universidades asiáticas:

    China, India, Korea, Japón, Indonesia, Taiwan, Malasia… No se si podría incluir a las de Australia y Nueva Zelanda. En Uropa las de Rusia, Hungría y las de algún que otro país del Este.

    Igual que Plácido Domingo, exhiliado a Moscú; mucho profesor universitario occidental, de los que valen; acabará antes o después en uno de esos campos exóticos donde les importa una higa la basura autodestructiva de aqueí, si no es para patearla.

    El problema de todos los patanes de las Ivy League, y aledaños, es que están tan pagados de si mismos que se creen que se puede ser perpetuamente patán y que no se pagará ningún precio por ello.

    Una pena que al tal Jim Jones le diera por «suicidar» a su gebte y luego palmarla él. Si se hubiera esperado un poco lo habrían hecho Rector. Y quien sabe si con el tiempo incluso habría llegado a formar parte del gabinete de Biden.

    Un cordial saludo

  2. Yo siempre he preferido que me llamaran liberal a cornudo, haber tenido una buena educacion tiene determinadas ventajas, saber ceder el paso a los demás sin sentirse inferior es una de ellas. A mi por ejemplo no me importa nada ceder el paso a todos los que quieran vacunarse lo antes posible, por mi pueden hacerlo todos antes que yo, solo espero que me llamen «caballero» y no «negacionista».

    Yo por ejemplo pienso como los novísimos idiotas que el sexo no es biológico, creo que el sexo es espiritual y en función de la parte del espíritu que te toque masculino puro o femenino puro te crece una colita o una rajita. Luego lo que tú hagas con ella es otra cosa, que cada uno es libre de vivir su vida y llegar hasta los novísimos como le venga en gana, pero que luego no se queje.

    Sé que el hombre no cambia, estoy seguro de eso, tampoco necesitamos cambiar, las sociedades se han dedicado desde siempre a experimentar las posibilidades humanas, que en esta época se haya puesto de moda la estupidez y la sumisión es algo que pasará pronto como cualquier moda, en breve se verá bastante ridícula, basta echar un vistazo a los zapatos a lo largo de la historia para darse cuenta que la elegancia de la sandalia egipcia no ha sido superada en dos mil años.

    Yo me quedo con San Juan de la Cruz en esta época de disparate, si los jóvenes quieren perder su vida sometidos y sumisos a la no-vida, allá ellos, solo les pido que no se quejen antes de aprender a utilizar la colita o la rajita correctamente.

    Aquí dejo un consejo del Santo Juanito para que nos tomemos la época como una moda más que como cualquier otra pasará pronto con la vergüenza consiguiente al verse retratados por el tiempo.

    Ya hay más de uno que empieza a sentirse ridículo y ponerse colorado.

    «Y, si lo queréis oír,
    consiste esta suma sciencia
    en un subido sentir
    de la divinal Esencia:
    es obra de su clemencia
    hacer quedar no entendiendo,
    toda sciencia trascendiendo»

    Y en eso estamos.

  3. Excelente informe. Habría que hacer estudios rigurosos similares con las universidades españolas. Tal vez, esos posibles estudios, para que fueran viables, deberían ser clandestinos.

    Todo indica que la elección de Castells como ministro vago tiene como objetivo principal dejar la universidad española sin ninguna posibilidad de pensamiento libre ni de investigación que no esté ideológicamente refrendada por los comisarios. Su plan respecto de la carrera docente va en esa dirección.

    Lo que resulta aterrador es que sean los estudiantes los más intolerantes y los más cerrados a las exigencias de la investigación científica libre. Tal vez piensen que es más cómodo aprobar por ideología ultraizquierdista que tener que estudiar. Va a salir una generación completamente castrada en lo intelectual, inútil en lo laboral y completamente abyecta en lo moral.

    El infierno futuro se está diseñando en las universidades.

    • «Lo que resulta aterrador es que sean los estudiantes los más intolerantes y los más cerrados a las exigencias de la investigación científica libre.»

      No creo que sea aterrador, a mi me resulta muy divertido, tengo un par de sobrinos inteligentes a los que torturo intelectualmente, los veo de tarde en tarde, pero cada vez que discuto con ellos disfruto espoleando su cerebro.

      Uno de ellos fue estudiante destacado en varias y «prestigiosas»universidades americanas, lo de prestigiosas es algo a poner en duda en esta época.
      En la última conversación que tuve con Él hablando sobre lo que yo considero inútiles y contraproducentes leyes de sexo leí un párrafo de Jung referente al «Ánima y Ánimus» y por poco le da un síncope, incluso llegó a dudar que aquello que le estaba leyendo hubiera sido escrito por Jung.

      No hay más que ver a cualquier feminazi para darse cuenta que tienen el «Ánimus» desatado. Qué los hombres prestemos atención a un Ánimus alboratado significa tener poca experiencia en la vida y mucha menos con las mujeres, ese es el momento de dejarla con una amiga, irse al bar o a comprar tabaco en Vuelta Abajo.

      La soberbia juvenil es algo normal, lo que es estúpido es considerar a la humanidad, tanto a hombres como a mujeres, idiotas desde el principio de los tiempos como hace gran parte de la juventud actual.

      Decía Oswald Spengler que las grandes ciudades eran lugares meramente intelectuales, cuando se pierde el contacto con la realidad uno se vuelve idiota, a los jóvenes actuales se les ha negado la individualidad (hijos únicos o excesivamente protegidos) y el contacto con la realidad inmutable de la vida, es normal por tanto que acepten elucubraciones teóricas como verdades absolutas para evitar la frustración y el esfuerzo que supone pensar por cuenta propia y no nos debe extrañar que borren de los libros o Twitter los sabios refranes como «de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno»

      Ahí están, caminito del infierno, solo hace falta darles un empujón donde se bifurca la libertad. No son tontos aunque estén haciendo el idiota. La vida se encargará de hacérselo saber.

  4. Todo este chapapote ideológico que nos invade parte de las universidades anglosajonas. Y en España lo hemos acogido con entusiasmo, como pasa con todo lo anglo. La izquierda universitaria porque ama el modelo progre y guay stanfordiano y les encanta esa falso rollo californiano (demasiado cine hollywoodiense y series de profes guays, todo mentira). Y nuestra derecha que es lamebotas de todo lo que venga de la anglosfera. Así, entre todos nos han convertido en un satélite cultural de los EEUU y en el albañal de las borracheras de los británicos. Y Gibraltar camino de ser la capital financiera de España.

    Independientemente, el artículo creo que se queda corto para describir el ambiente de podredumbre que hay en muchos departamentos universitarios (y me centro en España). Al tradicional despotismo de los catedráticos y el ambiente feudal existente desde el franquismo, se añade ahora el tema ideológico del izquierdismo, junto con la tiranía de muchos catedros vinculados al PSOE y al PP.

    • Ahora se envía a las mujeres a reclamar la igualdad de derechos como antes se las enviaba a la cocina a fregar los platos.

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