“Los americanos de toda edad, condición y tendencia se asocian continuamente. No solo poseen asociaciones comerciales e industriales, de las que todos forman parte, sino que tienen también otras muchas de otro tipo: religiosas, morales, grandes y fútiles, generales y específicas, muy amplias y restringidas.

Los americanos se asocian para celebrar fiestas, fundar seminarios, construir albergues, erigir iglesias, difundir libros, enviar misioneros a los antípodas; crean hospitales, cárceles, escuelas. Por doquier, donde a la cabeza de una institución veréis en Francia al Gobierno, tened la seguridad de que en Estados Unidos veréis una asociación”. Así describe Alexis de Tocqueville en su Democracia en América su descubrimiento de la sociedad civil norteamericana.

El principio de subsidiariedad, auténtico baluarte para la defensa de la sociedad civil, tuvo una formulación —devenida clásica— en la encíclica Quadragesimo anno de Pío XI (1931), en la que se sostiene que: “Así como no es lícito quitar a los individuos lo que estos pueden realizar con las fuerzas y el ingenio propio para confiarlo a la comunidad, así también es injusto remitir a una sociedad mayor y más alta lo que pueden hacer las comunidades menores e inferiores”.

Los males comienzan cuando, en lugar de apelar a las energías y las iniciativas de los individuos y asociaciones, el Gobierno los sustituye

El principio de subsidiariedad puede formularse así: que el Estado haga lo que los ciudadanos no pueden hacer.

Para John Stuart Mill, en On liberty: “Los males comienzan cuando, en lugar de apelar a las energías y las iniciativas de los individuos y asociaciones, el Gobierno los sustituye”.

“Una de las grandes debilidades de nuestra época, sostenía Hayek, es la falta de fe y paciencia para crear organizaciones voluntarias para alcanzar los objetivos que se consideran importantes”.

Si los fundamentos  de la democracia liberal establecían un gobierno limitado preservador de la libertad ciudadana y garante de la ley, desde sus orígenes hasta hoy  el Estado no sólo ha aumentado sin cesar su dimensión económica y regulatoria (como se demostraba en artículos previos) sino también su presencia directa en ámbitos típicos de la sociedad civil cada vez más invadida por organismos públicos completamente alejados del principio de subsidiariedad antes formulado.

El número de empresas públicas que invaden el espacio propio de la sociedad civil no ha hecho sino crecer, innecesaria y perjudicialmente, hasta extremos desmesurados. Según ha investigado Juan Miguel de la Cuétara para un muy recomendable libro de próxima publicación, en 2014 se contabilizaban por el Ministerio de hacienda 18.921 organismos públicos. ¿Cuántos de ellos responden al principio de subsidiaridad? Seguramente muy pocos, o quizá ninguno.

Cuando el Estado compite con la sociedad civil y la expulsa de espacios que legítimamente le corresponden perjudica a toda la sociedad para beneficio de unos cuantos políticos o amigos de ellos, pues su eficiencia siempre es menor que la privada. En Suecia, la patria de la intromisión democrática del Estado en la esfera privada, después del fracaso cosechado por tales excesos han rectificado con resultados ejemplares.

Tras décadas de monopolio del Estado en sanidad y educación, la severa crisis que sufrió Suecia en los años noventa del pasado siglo (del 4º país mas rico del mundo pasó a ser el 14º) conllevó reformas en ambos servicios públicos: se abrieron a la competencia con la empresa privada. La libre elección de los ciudadanos se inclina cada vez más por la oferta privada, con lo que todos ganan: la libertad ciudadana de elección, la eficiencia económica y el gasto y el déficit públicos.

Los partidos políticos no están interesados en mostrar con transparencia y rigor la razón de ser y utilidad de los casi 20.000 organismos públicos que manejan a su antojo

La existencia y aún más la proliferación de organismos públicos presenta, al menos, los siguientes problemas:

  • Más gasto público convertido en déficit fiscal y mayor deuda pública.
  • Duplicación innecesaria de funciones entre administraciones públicas y con la sociedad civil
  • Competencia desleal con la sociedad civil, que ha demostrado con creces mayor eficiencia en la gestión económica que el Estado.
  • Conversión de la noble función de la política en una aberrante maquinaria de colocación de allegados políticos que raramente superarían una selección profesional seria.
  • Oportunidades de prácticas económicas corruptas al operar al margen de las reglas de control que rigen en las administraciones públicas.
  • Desbordamiento y subversión de los límites del orden civilizador del Estado Liberal de Derecho al servicio de intereses particulares articulados por partidos políticos financiados involuntariamente y su pesar por todos los ciudadanos.

Sería muy interesante investigar la contribución material al reciente proceso secesionista catalán de muchos de sus organismos públicos actuando libres de las exigencias de control de las administraciones públicas, como muchos otros en el resto de España.

Como es impensable que los partidos políticos estén interesados en mostrar con transparencia y rigor la razón de ser y utilidad de los casi 20.000 organismos públicos que manejan a su antojo, una sociedad civil más vitalista y responsable debería organizarse para investigar para qué sirven y exigir en su caso –que serán muchísimos- su desaparición. De este modo la sociedad civil podría respirar más y mejor y el déficit público disminuiría, que falta nos hace.

Foto: Rawpixel

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7 COMENTARIOS

  1. “Conversión de la noble función de la política en una aberrante maquinaria de colocación de allegados políticos que raramente superarían una selección profesional seria.”

    La lista de problemas de la empresa pública hace más llamativo el silencio cómplice de todos los partidos sobre el asunto. Es muy raro encontrar en los medios un artículos que señala este problema. Problema generado desde el ámbito político.

    Como anécdota recordar que en las elecciones del 2011 el PP llevaba en su programa eliminar/reducir las empresas públicas. Saez de Santamaría se puso a ello, pero al cabo de seis meses dijo que había reducido unas 4000. Resultó que esas eliminadas eran empresas sin contenido, no tenian personal, se reducian a una simple escritura notarial. De las empresas públicas reales, no tocó ninguna. Después de aquello solo silencio.

    Porqué nadie dice nada o denuncia los abusos que supone la empresa pública?
    Por un lado, tenemos la cuestión ideológica la izquierda extrema quiere controlar toda la creación de riqueza. Así, nada mejor que llenar el estado de empresas públicas cuyos directivos sean colocados a dedo desde el poder. Lógicamente los puestos caeran en personas cuya característica más importantes es ‘ser amigo o conocido de’. El líder podemita pide una banca pública. La dirección de esa banca será colocada a dedo por los políticos. Lo que una banca pública controlada por los políticos hace ya lo sabemos, da dinero a Terras Míticas, urbanizaciones de amiguetes, clubs de futbol, y subvenciona todo lo que el político le indica. Eso lo hemos vivido con las cajas, y nos ha costado carísimo. Pero ellos insisten sin desaliento.

    Por otro lado, las empresas públicas están fuertemente controladas por los sindicatos. La dirección con sueldos de mas de 60000 eur la ponen los políticos, pero el personal es reclutado bajo estricto control de los sindicatos. Los sueldos de 30000-40000 eur los controlan los sindicatos. Estos se comportan como autenticas mafias, haciendo bulling a quien no pasa por el aro que ellos ponen,e imponiendo sus condiciones a la dirección. Como la dirección es política y lo último que quiere es dar un disgusto a quien le nombra, a la vez que el que paga es el ciudadano, cede ante todas las pretensiones de los sindicatos. Basta una ligera amenaza de huelga y toda la dirección tiembla. Los salarios de todos los trabajadores de empresas públicas deberían ser públicos. Las condiciones laborales son iguales que los de funcionarios, via convenio colectivo se blindan. Así podemos encontrar a un empleado que no trabaja y que es ‘imposible’ despedir. La legislación laboral con dificultad lo permite, pero en la empresa pública se firman convenios que tienen rango legal y que lo impiden.

    En definitiva, en la empresa pública nos podemos encontrar con un empleado de la limpieza -barre las calles- que gana unos 3000 eur/mes. Como está protegido por el convenio y sabe que no lo pueden tirar, se dedica a leer el móvil en horas de trabajo, y tomar el pelo a los mandos intermedios que saben no pueden hacer nada.

    Partidos políticos y sindicatos callados como putas. Ambos viviendo a costa del ciudadano que paga.
    Porqué no se hace una auditoria de los convenios de las empresas públicas y se evaluan los riesgos que para el ciudadano suponen?

  2. Citemos a Lutero:
    «Pero desde que la novia del demonio, la Razón, esa bella prostituta, interviene y se cree que es sabia, y que lo que dice, lo que piensa, viene del Espíritu Santo, ¿quién puede ayudarnos, entonces? Ni los jueces, ni los médicos, ningún rey ni emperador, porque [la Razón] es la mayor puta del diablo»

    El Espíritu Santo en los sistemas liberales (Estado Moderno Liberal Terapéutico) se encarna en la nación política (Nación) a través del sistema conciliar de la asamblea aristocrática liberal (ver Montesquieu, o Tocqueville*).
    Toda la arquitectura institucional es en origen un diseño militar (en Europa), con fuerzas policiales y militares permanentes (“standing armies”, ver Thomas Jefferson) a través del eje central del Estado-Dios (Schmitt**).

    La razón, esa excusa perfecta, para dibujar un mundo de fábula de lo que debería ser, de lo que nunca fue y nunca será.

    Ese mundo de fábula de la “sociedad civil”.
    La organización por excelencia de lo social y no militar (sino “Man-at-arms”) se llama democracia. “La democracia en América” había, comparar con Europa (cuyo origen y formación es completamente distinta) es simplemente una tomadura de pelo.

    Explícitamente el liberalismo –liquidó todo vestigio– de organización ajena al Estado (véase tierras comunales) y ahora en su redil (el redil apuntalado por Franco en España), las ovejas son libres de asociarse. Poca complejidad creativa podemos esperar de las ovejas, mas que lana y corderos (producción).

    Esa adoración al pedestal de “lo civil”, separado del Estado, es en esencia admitir que no existe nada parecido a una democracia. Si bien el racionalismo fabulador (ver Lutero) formalmente la certifica, el empirismo la niega.

    *“No sé si ha existido alguna vez una aristocracia tan liberal como la de Inglaterra, que haya suministrado al gobierno del país, sin interrupción, hombres tan dignos y tan ilustrados.
    Es, sin embargo, fácil de reconocer que, en la legislación inglesa, el bien del pobre concluyó por ser a menudo sacrificado al del rico y los derechos del mayor número a los privilegios de algunos tan sólo. Así Inglaterra, en nuestros días, reúne en su seno todo lo que la fortuna tiene de más extremado y miserias que igualan casi su poder y su gloria.
    En los Estados Unidos, donde los funcionarios públicos no tienen interés de clase que hacer prevalecer, la marcha general y continua del gobierno es benéfica, aunque los gobernantes sean a veces inhábiles y algunas veces despreciables.
    Hay, pues, en el fondo de las instituciones democráticas, una tendencia oculta que hace a los hombres contribuir a menudo a la prosperidad general, a pesar de sus vicios o de sus errores, en tanto que, en las instituciones aristocráticas, se descubre a veces una tendencia secreta que, a despecho de los talentos y de las virtudes, la arrastra a contribuir a la miseria de sus semejantes. Así es cómo sucede que, en los gobiernos aristocráticos, los hombres públicos hagan el mal sin quererlo y en las democracias produzcan el bien sin haberlo pensado.”

    **: “La burguesía liberal quiere un Dios, pero un Dios que no sea activo, quiere un monarca, pero impotente,reclama la libertad y la igualdad, pero al mismo tiempo, la restricción del sufragio a las clases poseedoras….”

  3. Sr. Banegas: Una cosa son los useños y otra los españoles. Decía mí abuelo, y con mas razón que un santo: Ni fíes, ni confíes, ni cofradíes.
    Como soy labrador viejo y he visto bastante del cooperativismo y asociacionismo agrícola, muy promocionado durante los años 60 por el franquismo, con el resultado de un fracaso detrás de otro fracaso.

    No sé si por ser del sur del Duero, hasta la Sierra de Guadarrama, tierra de “los pardos”, individualistas donde los haya, que todas las cooperativas o grupos de agricultores al final han sido un fiasco.

    Una que le pilló a mí padre fue AEPA. Una Asociación para la comercialización, compra y venta de productos agrarios. Estaba promocionada por una pandilla de……. (me cuesta trabajo encontrar el adjetivo) y entre ellos el hijo de una buena persona y de éxito, fundador de la mayor cooperativa azucarera de España , ACOR. El padre buena persona , pero el hijo, un hijo de ……………… . En compañía de algunos mas que abonaron las tierras con los fertilizantes que compraban para los socios y ellos no los pagaban. Al final todo explotó al comercializar una buena cosecha de cereales, que se financió con una Caja de Ahorros, con efectos bancarios y avalados con la firma del labrador-cosechero.

    La Junta Directiva de AEPA cobró los cereales pero no pagó los efectos y la Caja les ejecutó contra el avalista, mi padre y otros. Se entabló pleito contra la Ejecutiva, algunos dirigentes de la Junta de Castilla y León y quién se puso a tiro. La Junta, a nuestro abogado,(hoy RIP), le colocó en el Consejo Económico y Social y nos dejó tirados. Se perdió todos los juicios, y mi padre tuvo un coste del total de los cereales, mas el doble de su valor, en costas judiciales.
    Como había una posibilidad de empapelar, y ganar, a los directivos de la Caja, se fue de nuevo a los tribunales y la Caja contrató los servicios del bufete Stampa Braun y al mundo judicial de Valladolid,(entre ellos nuestro abogado) les entró el tembleque y se acabó la historia.

    Puede que no tan grave, pero conozco muchos casos donde los dirigentes de grupos, cooperativas, asociaciones, peñas de fiestas(en una el presidente, policía nacional, se gastó las cuotas para las fiestas mayores), etc…..etc, que han sido fracasos tras fracasos.

    ¿Quiere Sr. Banegas que confíe en el asociacionismo?. ¡ Va a ser que no.!

    Saludos disidentes.

  4. Bueno siendo cierto que una parte grande de la sociedad está más interesada en obtener todo del Estado y ella no dar nada a la sociedad en la que vive, también es verdad que hay muchísima gente que aporta su granito de arena allí donde es necesaria. O al menos en los círculos que yo me muevo puedo decir y con conocimiento de causa, que hay muchísima gente, de todos los estratos sociales, culturales y económicos que ayudan a hacer este mundo un poquito mejor y por supuesto sin ser necesario el Estado por medio, lo que pasa es que es gente que trabaja, aporta y hace poco ruido. Pero vaya si hay.