Raro es el día que no sale una noticia en los medios de comunicación o un comentario u opinión que se viraliza en las redes sociales en torno a agresiones y abusos sexuales y el consentimiento de las prácticas sexuales. Más aún tras casos tan mediáticos como el de “la Manada” en España.

El mensaje que está llegando a la sociedad es de tal magnitud que incluso se habla de “cultura de la violación”, a pesar de ser una teoría más que refutada. Sin embargo, esta idea está conduciendo a pensar que vivimos en una sociedad donde el deseo del hombre es violación y el deseo de la mujer es algo similar a un síndrome de Estocolmo.

Vivimos en una sociedad donde el deseo del hombre se considera violación y el deseo de la mujer como algo similar a un ‘síndrome de Estocolmo’

Todo ello ha dado pie a la creación de diferentes campañas como el “no es no”, “yo sí te creo”, “me too” y ahora le toca al “sólo sí es sí”. Eslóganes con los que se enfatiza en la necesidad de modificar no sólo la sociedad sino también las leyes. Pero antes de ahondar en este nuevo concepto, me van a permitir echar la vista atrás, en concreto hacia terrenos no tan convencionales en el ámbito sexual.

Filosofía del sadomasoquismo

David Stein en 1987 acuño el término SSC (sensato, seguro y consensuado), en referencia al modelo que debería seguir cualquier práctica sexual realizada en el marco de las relaciones sadomasoquistas (BDSM). Venía a describir las relaciones del siguiente modo: seguras en cuanto a prevención de riesgos (lesiones y enfermedades de transmisión sexual), sensatas en cuanto a la capacidad razonable de decisión por parte de los participantes, no alterada por drogas o bebidas y sabiendo diferenciar fantasía y realidad y consensuadas en cuanto a que los participantes estén de acuerdo e igualmente que dicho acuerdo pueda rescindirse en cualquier momento.

El SSC era importante, a juicio de Datenschlag (la mayor fuente de datos sobre BDSM y S/M), por representar “una conquista de la cultura S/M y su derivada, la subcultura BDSM, en cuanto a desarrollar una “ética del consenso”. En vez de “crear” una moral válida para todos, avalando determinadas prácticas o grados y demonizando otras, pone el acento en la responsabilidad personal de los participantes, describiendo un marco general que evite los abusos”.

La filosofía SSC (sensato, seguro y consensuado), buscaba desvincular el campo del sadomasoquismo de los malos tratos

En definitiva, con esta filosofía buscaban desvincular el campo del sadomasoquismo de los malos tratos. Posteriormente se sustituyó por otros términos mejor adaptados (pero eso es otra historia y a quien le interesa aquí lo explican).

Si lo pensamos detenidamente la definición del SSC es adecuada para cualquier práctica sexual, ¿no? Es decir, una relación sexual que incluya la prevención de riesgos, la capacidad de decisión y contemple el acuerdo incluso para parar o terminar la práctica. Es un pensamiento coherente, pero en lugar de ello, diferentes movimientos (orquestados por el feminismo imperante) empezaron a diseñar campañas como la de “no es no”.

Sin embargo, este eslogan ya dejaba una zona ambigua: la persona en un momento dado aun no habiendo un “no” evidente, podía actuar según lo que creía. Sin embargo, el problema realmente no era ese sino otro del que se habla: la ausencia de un “no” explícito debido al consumo de espupefacientes o alcohol.

El alcohol y ciertas drogas impiden pensar con claridad, pues alteran la capacidad de tomar decisiones y de interactuar con otras personas. Son sustancias que deprimen el funcionamiento del córtex cerebral (sentido común) y, por ello, algunas personas se vuelven impertinentes o se involucran en actividades peligrosas. Sin olvidar el efecto desinhibidor con el que se quedan inutilizados los mecanismos de control de la conducta.

Entonces es comprensible que bajo los efectos del alcohol y ciertas drogas haya ausencia de un “no” explícito, pero entonces ¿por qué no es comprensible que en la misma circunstancia la otra persona no sepa entender los mensajes verbales, no sepa apreciar que la otra persona no quiere?

Ni mucho menos estoy justificando esos comportamientos, sino que del mismo modo que se hace responsable de sus actos a quienes estando bajo los efectos del alcohol no saben apreciar un “no” explícito, también se haga responsable a la otra parte. Porque eximiendo siempre a quien no dijo “no”, se enfatiza la idea de que la sexualidad masculina siempre es más arrolladora que la femenina.

Además, se infantiliza y victimiza a las mujeres, ocultándose otras posibilidades como que una persona no sepa decir “sí” por el miedo al juicio moral. Es lo que se obtiene al consensuar en torno a un “sí” o a un “no”, que se ocultan otras formas de (no) decir las cosas. Y sino, pregúntense qué es peor ¿practicar un coito forzado o no practicarlo por miedo a ser juzgado?

A veces la comunicación falla y ocurren agresiones en las que el supuesto agresor no entiende por qué la otra persona se siente violentada

Pero aun no habiendo alcohol y otras sustancias de por medio, la comunicación falla y, a veces, ocurren agresiones en las que ni siquiera el supuesto agresor entiende lo que ha hecho o por qué la otra persona se siente mal o, incluso, violentada. Así, en lugar de poner énfasis en los problemas que acarrea el consumo de alcohol y drogas o en aprender a decir y recibir un “no”, se opta por la nueva campaña del “sólo sí es sí”.

Es decir, si no oyes un “sí” entonces quiere decir que “no”. Y para mayor gravedad esta idea se acompaña de aplicaciones para los teléfonos móviles donde quede reflejado el consentimiento de la práctica sexual. No contentos con imponer un marco legal a las relaciones, ahora también un marco tecnológico. Deshumanizando las relaciones aún más si cabe.

Legislando en caliente

Con este nuevo eslogan se vuelve a hacer al hombre sujeto responsable y a la mujer objeto pasivo. Una idea que algunos países están adoptando en su marco legal. Suecia, por ejemplo, ha aprobado una ley con la que no sería necesario probar la violación para apreciar delito, sino que lo importante sería la falta de consentimiento explícito. Pero que nadie se escandalice porque no es algo nuevo.

En Suiza se condenó por un delito de violación a un hombre por quitarse el preservativo durante la práctica sexual

En Suiza se condenó por un delito de violación a un hombre por quitarse el preservativo durante la práctica sexual. El problema no es quitarse el condón (que lo es) sino no respetar un acuerdo establecido durante el sexo, no respetar a la otra persona y tomar decisiones unilaterales. Como bien apunta Un tío blanco hetero, ¿dónde empieza y acaba así el consentimiento sexual? ¿Dónde queda la capacidad de preguntar y de parar?

Sin duda, el “sólo sí es sí” revictimiza a la mujer pues en lugar de tener un rol proactivo se mantiene el rol reactivo. Es otra campaña más en la que se reduce a la mujer a contestar un “sí”. En palabras de Slavoj Zizek,la norma sexual del ‘sí significa sí’ ejemplifica la noción narcisista de la subjetividad que predomina hoy en día”.

Todas estas campañas y leyes en consonancia se usan para seguir demonizando al hombre heterosexual

Sin darnos cuenta, cada vez se instauran más normas insalubres y cada vez más en nuestra vida cotidiana e íntima. Se protocoliza todo, incluso la mesa y la cama. Aun así, ¿estamos dispuestos a castigar por igual un beso que un acceso carnal no consentidos? Porque es el camino que estamos tomando. Sin olvidar que todas estas campañas y leyes en consonancia se usan para seguir demonizando al hombre heterosexual como si la violencia sexual no la sufrieran también los hombres.

Los hombres, víctimas ocultas

Aunque la realidad de las agresiones sexuales a hombres es menor que la que sufren las mujeres, es una realidad considerable. Brian Spitzberg analizó 120 estudios con más de 100.000 sujetos y los resultados obtenidos concluían que son agredidos sexualmente más del 3% de los hombres (las mujeres casi un 13%) y que un 25% tanto de hombres como de mujeres coaccionaron sexualmente y fueron coaccionados. Aun así, la sociedad generalmente identifica en la violencia sexual a la mujer como víctima y al hombre como victimario, lo que hace que los casos en los que los hombres son víctimas queden ocultos.

La sociedad identifica a la mujer como víctima sexual y al hombre como victimario, lo que hace que los casos en los que los hombres son víctimas queden ocultos

Las relaciones humanas no son un asunto jurídico, aunque en ocasiones sea necesario recurrir a la ley. Las relaciones humanas consisten en una colaboración activa. Y el consentimiento no exime de responsabilidades. Lo cierto es que aun no es posible leer las mentes. Por ello, la comunicación en el sexo, y en la vida en general, es una herramienta básica.

Hace falta cierta madurez y asertividad, que no empatía como algunas dicen en las redes. Claro que si la idea de comunicar abiertamente qué se desea y rechazar lo que no gusta no se da, quizá habría que empezar por otros aspectos cotidianos de la vida.

Para mí es una cuestión de personas y no de sexos; es necesaria  una mirada integral. Porque la actual visión de la mujer como víctima inofensiva refuerza los estereotipos de género. Niega, además, la complejidad de la mujer como ser humano, impidiendo contemplar su capacidad de ejercer poder y violencia. Lo mismo ocurre con la visión del hombre como eterno perpetrador, nunca como víctima, que refuerza las actitudes agresivas del hombre y, al mismo tiempo, estigmatiza a los que son víctimas de agresiones y abusos.

En definitiva, todas estas campañas perpetúan el sexismo y no se detienen a ver la realidad que es mucho más compleja que generalizar con un “los hombres son X y las mujeres son Y”. Puede que seamos seres sociales, pero en ocasiones interactuar con otros humanos puede ser muy confuso.

Quizá si recuperamos el respeto por el otro, quizá si no violentamos los deseos del otro, si no rompemos los acuerdos (a veces tácitos, cierto) a la hora de mantener relaciones sexuales, no sería necesario ni siquiera abogar por aplicar el SSC. Porque haciendo uso de la sensatez y de la seguridad se haría del consenso un divertimento.

Foto Ian Dooley


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Soy Cuca, para las cuestiones oficiales me llaman María de los Ángeles. Vine a este mundo en 1986 y mi corazón está dividido entre Madrid y Asturias. Dicen que soy un poco descarada, joven pero clásica, unas veces habla mi niña interior y otras una engreída con corazón. Abogo por una nueva Ilustración Evolucionista, pues son dos conceptos que me gustan mucho, cuanto más si van juntos. Diplomada en enfermería, llevo poco más de una década dedicada a la enfermería de urgencias. Mi profesión la he ido compaginando con la docencia y con diversos estudios. Entre ellos, me adentré en la Psicología legal y forense que me llevó a realizar un estudio sobre La violencia más allá del género. He tenido la oportunidad de ir a Euromind (foro de encuentros sobre ciencia y humanismo en el Parlamento Europeo), donde asistí al encuentro «Mujeres fuertes, hombres débiles». En estos momentos me encuentro inmersa en la formación en Criminología y dando forma a mis ideas y teorías en relación a la violencia, para recogerlas en un libro. De momento me podéis leer por aquí, en Espacios Inseguros y también en Twitter. Otros medios y redes para saber más sobre mí.

32 COMENTARIOS

  1. Para no repetirme con cada comentario, quiero daros las gracias a todos por vuestros aportes, incluso a los faltones que de ellos también se aprende.

    Un saludo

  2. Buen articulo, pasa lo mismo con la prostitución. Siempre se habla de la esclavas del sexo, pero nunca de los esclavos

  3. Simplificando el tema por complejo que sea lo hombres si tenemos un gran problema y serio, de momento la voz acusadora de la mujer está por encima y ya ni necesita demostrar, imaginar, “nos acabamos de conocer somos adultos de copas, nos hemos calentado, nos hemos morreado, acariciado y decidimos ir a casa de uno u el otro, pero y a pesar de la calentura y en previsión de; nos frenamos y decidimos firmar un acuerdo de consentimiento que el uno o el otro ya lo llevaba impreso y resulta por la razón que sea “ella” decide y denuncia que fue obligada a firmarlo bajo presión. ¿Qué podría suceder?

    • En Rusia miles de conductores llevan cámaras en el coche, porque los intentos de estafa al seguro son frecuentes. Aplicaremos lo mismo: Ella nos sacará un contrato de consentimiento sexual, y nosotros uno de consentimiento con la LOPD, conforme a que está siendo grabada y que si quiere modificar o borrar los datos, puede enviar una carta.
      Quizá debería hacerse, pese a que suene a broma. No hay nada como usar la misma moneda para que se vea lo absurdo del asunto.

      • “Ella nos sacará un contrato de consentimiento sexual, y nosotros uno de consentimiento con la LOPD, conforme a que está siendo grabada y que si quiere modificar o borrar los datos, puede enviar una carta”

        Me encanta la solución que propone a la duda razonable que plantea nuestro amigo, JMM. Y es que, como bien apunta: “No hay nada como usar la misma moneda para que se vea lo absurdo del asunto”.

    • “…decidimos firmar un acuerdo de consentimiento que el uno o el otro ya lo llevaba impreso y resulta por la razón que sea “ella” decide y denuncia que fue obligada a firmarlo bajo presión”

      Si incluso en los contratos de matrimonio por la Iglesia que desean disolverse se puede apelar ese supuesto de: “lo firmé bajo presión o era muy joven e inmadura”, figúrese lo que podría devenir en los contratos de consentimiento sexual que “amparan” situaciones o lazos más ligeros, breves o fugaces. Lo cierto es que este tipo de “contratos” que evidencien y “aseguren” el consentimiento sexual no ayudan ni resuelven el problema de la ambigüedad o la sombra de la sospecha sobre el presunto abuso o coacción que puede decidir denunciar una de las partes.
      Sin embargo, no sería mala idea en los contratos de uniones civiles entre dos personas, con el propósito de evitar posteriormente farragosos o complicados procesos de separación o divorcio en los que se puede discriminar por sexo o perjudicar claramente a una de las partes, apelar al sentido práctico y dar la oportunidad de renovar ese consentimiento expreso de voluntaria convivencia marital cada cierto tiempo y no de manera indefinida como sucede ahora.
      Pero claro, eso sería presuponer una madurez y asertividad en el individuo a la hora de hacer uso de sus facultades mentales. Eso sería apostar por la libertad y recuperar el respeto por el otro, Y quizás sería mucho pedir el no violentar los deseos del otro y no romper los acuerdos a la hora de mantener relaciones sexuales. Porque, como bien apunta Cuca: “haciendo uso de la sensatez y de la seguridad se haría del consenso un divertimento”. Sin más suspicacias.

      • >> ‘apelar al sentido práctico y dar la oportunidad de renovar ese consentimiento expreso de voluntaria convivencia marital cada cierto tiempo y no de manera indefinida como sucede ahora.’

        Ese era el sistema más común entre el pueblo llano en la antigua Roma, donde había tres o cuatro tipos de contratos matrimoniales diferentes. Lo de que exista un contrato de matrimonio único fue una innovación cristiana.

  4. Sobre este tema, me gustaría enlazar un corto que vi hace unos meses. No es ningún corto amateur, sino producido por una especie de productora/think-tank londinense especializada en temas de debate. Hay pasta detrás y se nota en la calidad de producción.

    https://www.youtube.com/watch?v=Vk1_PutEGf8

    El corto trata sobre un encuentro donde ella propone una violación consesuada. Todo bajo control; contrato incluido, palabras de seguridad, vamos, fantasía de violación en entorno BDSM de libro.

    Lo interesante del corto es que el mensaje que subyace es que ella es una desequilibrada. El ni siquiera llega a decir que no: espera a que ella se vaya y quema el contrato. Es la forma de actuar que uno tendría con un chiflado. El mensaje es sutil, pero bien definido. Han quedado atrás los años 70 donde el clásico ‘Joy of Sex’ abogaba por la libertad sexual. Ahora los think-tank progresistas nos transmiten que la escena BDSM y salirse de la sexualidad oficial son cosa de desequilibrados mentales.

    En cierto sentido es predecible: en el BDSM tienen mayor experiencia y conocimiento en temas como el consentimiento o la seguridad (lo que comentas en el artículo), así que la respuesta a eso es desacreditarlos.

    • Curioso, el corto. Aunque yo sacaría otra conclusión: “Vaya, parece que todo está legal, pero si dice que me ha violado, este contrato no vale nada”.
      No creo que sea tanto considerar desequilibrados, o no. Una simple sesión de bondage puede llevarte a la cárcel cuando a ella le salga de la real gana (Y ya si hay marcas de ataduras, la fiesta), lo mismo, si hablamos de azotes, y ya no me meto siquiera en algunas prácticas que, por mucho que respeten el SSC, son bastante fuertes.
      Al final, mucha de la tontería actual que hay, que considera a la mujer un ser puro y bondadoso pero que no sabe elegir o razonar y por ende necesita protección, creo que va a aumentar la prostitución de una forma nunca vista. Espero equivocarme, pero sospecho que en unos años vamos a ver como en EEUU, miles de páginas de “Where are the good men” y un incremento en la venta de ansiolíticos y gatos.
      No puedes darle a la vez a la gente la idea de que “Puedes hacer lo que quieras, que para algo estás liberada” y de que “Si no te gusta lo que has hecho, mete una demanda que la ganas”. Es solo una receta para el desastre.

    • Buenas, Greb.

      Acabo de verme el corto que has enlazado y no tengo palabras. Que se intente tildar de enfermos mentales o desequilibrados a los que practican sadomasoquismo es una norma. Es cierto que en esta última década ha habido un poco más de aceptación, gracias a pésimos libros, pero aun así se sigue estigmatizando el BDSM. Es comprensible hasta cierto punto (que no comparto), pues es una sexualidad que se sale de la “norma”. No me extrañaría que empecemos a ver cortos similares criticando sin sentido la sexualidad que se escape al consentimiento del “sólo sí es sí”.

      Muchas gracias, un saludo.

  5. A mi lo que me preocupa es que van a llegar los musulmanes y les van a meter el “si es sí” y el “no es no” por el mismo sitio y a la vez a las lemimaxistas tan listas ellas.
    Si las mujeres no son mas generosas con el sexo y menos locas es lo que van a obtener tarde o temprano.

  6. Hay mucha confusión al respecto, en medicina lo han hecho casi obligatorio para protegerse aunque la mayoría está mal redactado pero así callan al demandante o querellado.

    • Como ya he dicho anteriormente el consentimiento explicito termina siendo en realidad una inversión de la carga de la prueba. Imagínate lo difícil que sería en el mundo de la medicina el demostrar que el paciente dio su consentimiento a un determinado tratamiento si este consentimiento no estuviera por escrito ya que en este caso de la medicina si hay una situacion de
      superioridad en la posición del médico con respecto al paciente que eventualmente anularía cualquier consentimiento tácito. Esto no sucede en las relaciones entre personas un ámbito de igualdad.

  7. El consentimiento explicito no es nada más que una trampa para denominar la ausencia de presunción de. Inocencia. Cuando se exige consentimiento explícito lo que está proponirndo es que el denunciante obligue al denunciado a probar la existencia de dicho explícito. De otra manera dicha dicho petición de consentimiento explicito no tendría sentido. Por eso en todas las sociedades y en el derecho civil y penal hasta ahora hasta nuestros días en las sociedades avanzadas el consentimiento se puede expresar de cualquier manera y de cualquier forma implicita, tácitamente y expresamente ya que esa es la única manera de que sea al denunciante sobre que el que recaiga la carga de la prueba

  8. Con nuestro sistema judicial, y la cantidad ingente de adoctrinadas que no deja de crecer, al final todo se resume a “Sí es Sí, pero si después de hacerlo digo que ha sido NO, te vas a la cárcel”. Y no hay “apps” que te salven de eso.

  9. El problema no es establecer que sólo un sí es sí como señal de consentimiento. El grave problema es que, después de oír un sí, aunque esté dicho ante notario, la mujer puede decir que después se arrepintió, pero no dijo NO porque se sentía coaccionada.

    Como la palabra de la mujer es ley, y si no lo es lo suficiente, se cambia la ley. El pobre incauto que tenía un sí firmado ante notario, acaba condenado por agresión sexual.

    Como muy bien decía Don Francisco de Quevedo y Villegas: donde no hay justicia, tener razón es peligroso.

  10. Pedir consentimientos escritos (por supuesto) no deja de ser una trampa saducea de la que se beneficía el político de turno para dirigir su agenda porque es imposible no dejar algún cabo suelto y siempre dependiendo de la última benevolencia de las partes. El sexo al tener un componente metafísico y poder estar involucradas personas inmaduras se convierte en una bomba de relojería presta a ser aprovechada por las élites con abuso autoritario.

    • Y además consentimiento escrito ¿para qué?, para mirar, para el piquito, para entrar en materia, para mayores profundidades, para no llevarse el movil; lo pueden complicar hasta la extenuación si alguien lo financia. Todo estaba mejor y mas natural en la época de Franco en donde estos temas no se monetizaban.

      • En el momento en el que están pidiendo que haya un consentimiento escrito lo que se produce es la inversión de la carga de la prueba. A partir de eso el que tiene que demostrar el que tiene que hacer aparecer el escrito dónde está el consentimiento es el denunciado liberándose el denunciante de tener que probar nada simplemente su palabra ya es suficiente ya que corresponde al otro el demostrar su inocencia

  11. Como siempre, buen trabajo.

    “Las relaciones humanas no son un asunto jurídico, aunque en ocasiones sea necesario recurrir a la ley. Las relaciones humanas consisten en una colaboración activa. Y el consentimiento no exime de responsabilidades. Lo cierto es que aun no es posible leer las mentes. Por ello, la comunicación en el sexo, y en la vida en general, es una herramienta básica.”

    En estas cuatro frases se condensan un montón de problemas filosóficos, cognitivos, politicos, éticos, antropológicos, jurídicos, psicológicos entre otros. Empieza a ser posible leer algo de la mente y por eso hay que reconocer con humildad que el sujeto se engaña a sí mismo constantemente respecto de sus deseos inconscientes. Eso es algo que Freud ya investigó. La comunicación en el sexo es el propio sexo, por ello el significado de palabras y gestos puede resultar tan ambigua, cambiante, desconcertante…si en el sexo no hay amor.

    • Buenas, Catlo.

      Así es, la comunicación es compleja y cuando entramos en terrenos sexuales en ocasiones se torna más ambigua. Por ello hay que conocerse a uno mismo y esforzarse tanto por ser comunicativo (no sólo me refiero a las palabras) como por ser asertivo.

      Un saludo y gracias.

  12. Sra, Casado, insiste usted en sus artículos en los datos periféricos que iguala a los más comunes y generales para legitimar un debate perverso. Cuando señala que los hombres sufren violencia sexual, que es muy cierto, se olvida señalar que mayoritariamente lo sufren por parte de otros hombres, lo que es esencial para poder continuar reflexionando. También prefiere indagar en la violencia femenina, hay mujeres asesinas, y según usted, nadie quiere verlo. Todo el mundo lo sabe. El debate sigue siendo por qué es proporcionalmente ínfimo el número de ellas en comparación al de los hombres asesinos. Su insistencia ideológica en que no existe un problema derivado del sexo y que únicamente existen problemas entre personas es tan dañino para alcanzar alguna solución como algunas de las tendencias feministas a las que usted hace referencia. No se trata de hacernos a los hombres culpables de serlo, es muy necesario que eso quede claro, pero la responsabilidad que usted no para de citar obliga a mirar la realidad sin distorsiones preciosistas del tipo que usted esgrime.
    Hablar del consentimiento explícito el día después de la puesta en libertad provisional de los miembros de La Manada, es, cuando menos, bochornoso. El relato transcrito en sede judicial, sea o no, y en qué grado, legalmente punible, no da pie a hablar de consentimiento. Que cite “ingenuamente” usted el consumo de alcohol y otras sustancias, existiendo mensajes de teléfono previos como los que existen, da vergüenza ajena. Si después de leer uno y otros, quiere filosofar sobre lo difícil que es hoy en día descifrar si hay o no hay consentimiento, entonces, no cabe duda, usted no es capaz ni siquiera de intuir que significa ese término.
    Que existan mujeres valientes, críticas y feministas como Camile Paglia, Virgine Despentes, Chimamanda Ngozi, Clara Campoamor y tantas otras, que no aceptan el victimismo como respuesta al problema, no significa de ninguna manera que no exista un problema y negar la mayor, como generalmente hace usted en sus artículos, no mejorará la situación.
    En esta publicación, donde tan buena acogida tienen sus artículos, existe una cada vez más extendida tendencia a sentirse víctimas atacando implacablemente el victimismo ajeno. Una suerte de exorcismo masculino para evitar actuar con respeto y libertad echando la culpa a las feministas radicales que nos están comiendo por los pies. No se equivoquen, no son las perversas y feas lesbianas las que les hacen dudar del término consentimiento, es su falta de educación moral y afectiva. Todos cometemos errores, independientemente del género, y todos nos retratamos en el modo en el que los asumimos.
    Un saludo

    • Buenas,

      Por supuesto, insisto en lo que denominas datos periféricos pues cuando se reduce a una causa y en un sentido las problemáticas que nos conciernen, concretamente en materia de violencia, se hace necesario mostrar la complejidad de la realidad. Que no es otra que el comportamiento agresivo es inherente al ser humano, como lo es al resto de especies animales. Hacer creer que la agresividad y sus diferentes formas sólo se muestran en un sexo es manipular.

      No, no me olvido señalar que la violencia sexual que sufren los hombres una parte es perpetrada por otros hombres. Pero no te quedes ahí, que eso se da cuando se habla del ambiente penitenciario, porque en el ámbito cotidiano las mujeres también abusan de los hombres. Por cierto, algo que ocurre de igual modo en el ámbito penitenciario es con mujeres presas: son abusadas por otras mujeres y para más inri, las mujeres abusadas por otras mujeres también son un grupo pasivo porque entre otras cosas la mayoría de los servicios están diseñados para mujeres víctimas de hombres. Igualmente, sobre la victimización sexual de hombres, hay múltiples estudios que concluyen que son mucho más propensos a ser víctimas de abuso sexual de lo que se pensaba. Si realmente te interesa ver la complejidad del tema te dejo aquí y aquí más información.

      Si realmente hubiera una conciencia social, mediática, política, de la mujer como victimaria, se abordarían esos casos y se diseñarían leyes que amparasen a todas las víctimas. Pero no, en lugar de ello se comparan violencias, llevando a deshumanizar al otro, a convertirlo en la representación de todo lo malo, no de lo que está mal independientemente del autor y que conduce a tener víctimas de primera y segunda categoría. Si se analizase la violencia en función de su topología sería razonable pero lo triste es que para la sociedad y estamentos se analiza en función del sexo del victimario, lo que establece un valor distinto para las víctimas.

      En lo que respecta al caso de La Manada, entrar a valorar una sentencia y una libertad provisional en términos de correcto/incorrecto no lo considero coherente y sensato cuando no se dispone de todas las pruebas, periciales y autos para comprender las decisiones razonadas de los jueces del caso.
      El tema del alcohol y de las sustancias es más transcendental de lo que quieres creer y no sólo por el caso mediático. Con sólo buscar noticias sobre supuestos abusos, más si se dan entre personajes famosos, es curioso que tengan como punto en común el consumo de alcohol y/o sustancias. Por supuesto que es complejo discernir el consentimiento y hasta dónde alcanza cuando ambas partes han consumido alcohol y/o sustancias. ¿Por qué a unos se les exige que sean responsable de sus actos estando, coloquialmente hablando, borrachos pero mientras tanto a las otras estando también borrachas se las exime de todo y se las señala automáticamente como víctimas?

      Y si como bien dices todos cometemos errores, independientemente del género, entonces ¿por qué se hacen leyes que discriminan por razón de sexo? ¿Por qué siempre se pone de perpetrador al hombre y de víctima a la mujer? ¿Por qué todas estas medidas y campañas sólo se enfocan para que el hombre heterosexual pierda toda autonomía en pro de una seguridad para la mujer heterosexual?

      Un saludo.

    • Hola, Lo que se deduce de su escrito es que para usted el hombre y la mujer pueden ser malos, pero el hombre intrínsecamente mucho más que la mujer. Sería interesante que nos comentase qué estudios ha llevado a cabo para alcanzar tan conspicua conclusión. No le oculto que ha despertado mi curiosidad. Espero haber comprendido rectamente lo que os quería decir. Gracias

      • “Lo que se deduce de su escrito es que para usted el hombre y la mujer pueden ser malos, pero el hombre intrínsecamente mucho más que la mujer”

        Disculpe la intromisión, pero no sé si cabría deducir e interpretar ese supuesto del comentario. Al menos, no en estos tiempos ni en la sociedad que nos ha tocado vivir. Bien es cierto comprobar sin necesidad de sesudos análisis que, en épocas pretéritas e incluso actualmente, en algunas sociedades fuera de la órbita occidental, la mujer ha convivido en clara desventaja e inferioridad de condiciones con respecto al varón, en todos los órdenes. Vaya que, en tiempos pretéritos y en algunas sociedades ha sido y sigue siendo una desgracia nacer mujer. ¿Quiere decir esto que el hombre es intrínsicamente más malo que la mujer? Por supuesto que no. Poseen naturalezas distintas en su base biológica que les hacen más aptos o proclives a determinados impulsos o comportamientos. La cultura y la educación, procesos indispensables de la civilización, consiguen encauzar, modelar o racionalizar esos impulsos o comportamientos en favor de una complementaria, cívica y pacífica convivencia entre hombres y mujeres, aceptando y respetando las diferencias entre unos y otros.
        La mayoría de abusos y agresiones sexuales sobre otras personas, en todas las épocas habidas y por haber e independientemente de su sexo, pueden explicarse por una relación asímétrica de poder (superioridad en el ámbito laboral o social) o de fuerza física (también en el sentido numérico). Y en este sentido, las mujeres siempre han tenido las de perder. Si no se da esta relación asimétrica, en algunas de sus variantes, es más difícil que puedan perpetrarse abusos o agresiones sexuales.
        A propósito del caso de “la manada”, el hecho de defender o considerar “víctima” a la mujer, obedece más al sentido común y a ese desequilibrio de fuerzas: cinco contra una, que al hecho de ser mujer. Imagine por un momento la misma situación a la inversa: que fueran cinco mujeres contra un hombre. En principio, aunque las mujeres sean muy capaces de abusar o agredir sexualmente a terceros, es muy difícil que consigan su propósito con un hombre, aparte que, ya es extraño encontrar grupos de mujeres que actúen en “manada”. Pero de darse esa situación a la inversa: un hombre denuncia ser abusado y agredido sexualmente por cinco mujeres, sin haber dado su consentimiento, la consideración de víctima la tendría ese hombre y no las cinco mujeres, aunque estas cinco mujeres esgrimieran toda clase excusas y justificaciones de sus acciones. Y más cuando hubiera otra denuncia similar de otro hombre contra ellas al que hubieran drogado, grabado y abusado sin su consentimiento.

    • “No se equivoquen, no son las perversas y feas lesbianas las que les hacen dudar del término consentimiento, es su falta de educación moral y afectiva”

      Bueno, sobre este punto y omitiendo su calificación peyorativa de “perversas y feas lesbianas”, me temo que sí han sido las activistas feministas más radicales las que han puesto en el punto de mira y han puesto en duda el término “consentimiento”. De hecho, han variado el discurso del “No es no, a “El silencio también es No aunque podría ser sí” al solo se consiente si hay un “Sï” u otras fórmulas que permitan interpretar o adivinar los deseos de la mujer sin lugar a equívocos.
      Un verdadero galimatías que lejos de proteger a la mujer, como ellas pretenden, la tornan más insegura y vulnerable a mantener relaciones con el sexo opuesto. Aparte que, siembran un clima de suspicacia, recelo y desconfianza en las relaciones entre hombres y mujeres que perjudica a a ambos sexos, aunque de distinta forma.
      En lo que si estoy de acuerdo es en que el problema está en la “falta de educación moral y afectiva” que nada tiene que ver con los “valores tradicionales”, con el “repudiado heteropatriarcado” ni con el “machismo de la sociedad” y sí con parte de la ideología progresista que ha dominado una buena parte de los estamentos sociales de este país en los últimos 30 años y ya no es que haya conseguido igualar a hombres y mujeres es que ha tensado, confrontado y revertido la situación de forma revanchista y poco constructiva. Las feministas no pueden vender esa moto de manera tan obscena y tendrían que buscar la respuesta a las actitudes o acciones violentas y machstas en el sexo, con las mujeres, en otra parte. Le dejo un enlace que a mi parecer habla de esa falta de educación moral y afectiva que puede llevar a distorsionar la realidad y perpetrar conductas ilícitas e inapropiadas.

      http://www.elmundo.es/papel/historias/2018/06/22/5b2bc16c46163fd82d8b45be.html

  13. Apreciada Cuca

    Excelente artículo. El problema es que de lo que se trata es que haya el menor respeto posilble por el otro (o la otra)..

    Hay otros aspecto aún mas polémicos. Cómo el de las mujeres a las que le gusta la “marcha”, pero cómo les avergüenza reconocerlo ante terceros/ras, sobre todo si la otra parte (que suelen ser varios lo dan a conocer); el asunto se tiene que convertir en una violación.

    Es cierto que difundirlo sin consentimiento es delito. Pero la pregunta del millón, donde no he visto sesudas discusiones, es si el difundirlo es violación.

    Están también las que no saben lo que quieren, o si lo saben, pero dependiendo de donde sople el viento después, asunto en el que no influye sólo la otra parte de la relación, si no el grupo de “amistades” y el enfoque (que en en según sea su rol y los hay de aupa) que le obligar a aceptar.

    Así antes cualquier relación de un mujer libre que fuera por libre podía ser consdierada por sus ¿amigas? “castas y puras” un peligro reputacional, y ella era condenada a “golfa”. No por ellos si no por ellas. Y ahora cualquier relación seria de una mujer libre que encuentre un hombre hetero sano (es poslible que llevara un polo lacoste) y se enamore es considerada peligrosa por el grupo de amigas feminazis mas el amigo gay (por que les va a dedicar menos tiempo.. recursos..) como peligrosa y sea condenada.

    Los tiempos cambias pero las costumbres y las mafias, amplicficadas por las redes sociales, no.

    A ver si cualquier día te atreves con lo que mi opinión es el máximo exponente de pajas mentales de lo que nos amenaza. El femismo interseccional.

    Un cordial saludo

    • Buenas, Pasmao.

      Gracias por tus aportes, como siempre.
      Te tomo la palabra y me apunto el hablar del feminismo interseccional.

      Un saludo.

  14. Un estupendo artículo.
    A la hora de la verdad todos y todas empleamos nuestras mejores armas.
    Es algo que lo saben todas estas gritonas de FEMEN, lesbianas y hasta el aristocrático geriátrico de ME TOO.
    Las relaciones sexuales son de una complejidad enorme y la liberación sexual las ha complicado más. Las mujeres españolas ven demasiado cine americano y Norteamérica tiene y ha tenido otra historia y otra forma de civilización donde la mujer occidental era escasa y tenía mucho poder, con lo que ha adquirido unos roles muy distintos.
    ¿Qué creo que diferencia a las useñas de las españolas?. Mi abuelo lo tenía claro a decir: ENTRE EL SI Y EL NO DE UNA MUJER NO CABE LA PUNTADE UN ALFILER.
    ¿Puede que esa forma sea parte de la seducción?. Posiblemente.
    Saludos disidentes.

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