Decía el sociólogo E. Lemert que los procesos de desviación y estigmatización no pueden comprenderse si no se tiene en cuenta el papel de las instituciones y grupos sociales en la producción de las normas y en su aplicación concreta, en su papel en lo que se denomina el control social activo. Hoy en día, la enfermedad mental aun lleva aparejada consigo un estigma social, que produce rechazo y discriminación. Un rechazo que vive no solo la persona que padece este tipo de enfermedad, sino también sus familiares y personas allegadas. Incluso los profesionales sanitarios que trabajamos con ellos.

Igualmente, cabe destacar que no es igual la consideración social que recibían las personas con enfermedades mentales en la Edad Media, por ejemplo, que en la actualidad. Hace décadas, decir que se había recibido tratamiento psiquiátrico implicaba debilidad de carácter, fracaso, y suponía una prueba incuestionable de trastorno. Hoy en día, a pesar de los avances realizados en esta cuestión y la mejora lograda en la calidad de vida de los afectados, el estigma que rodea a estas personas no solo no parece disminuir, sino que ha aumentado en algunos contextos. Pues la imagen que se ha ido construyendo a lo largo de los siglos sobre estas personas incorpora la peligrosidad y el riesgo de conductas violentas. Nada más alejado de la realidad y de la evidencia de los estudios al respecto. Además, la definición de salud mental, en función de la adaptación a las normas socialmente establecidas, etiqueta a la persona perfectamente adaptada a las normas sociales como el modelo a seguir. El normópata como ideal, que explicaba en otro artículo. Lo que nos remite a las estructuras de poder existentes en la sociedad que tienen la capacidad de influencia para divulgar e imponer las etiquetas: instituciones religiosas, legislativas, judiciales y médicas.

Siempre ha habido determinados actos y comportamientos que han sido etiquetados como desviados o delictivos en casi todas las culturas (asesinato, violación e incesto, por ejemplo), mientras que otros varían según el contexto histórico, social y político. Por ello, cabe preguntarse por quien tiene el poder de clasificar como patológico o desviado y por las consecuencias de ser etiquetado y estigmatizado, así como si el etiquetaje tiene siempre el efecto de fomentar la desviación. En otras palabras, ¿por qué al consumidor de heroína se le califica de “drogadicto” y no al consumidor de alcohol?

Estereotipos, prejuicios y discriminación

Continuamente diferenciamos y etiquetamos los diferentes grupos en la sociedad, en función de diversas características. Existe una selección social de qué cualidades humanas importan socialmente, siendo susceptibles de etiquetamiento, y cuáles no. Por ejemplo, socialmente no tiene la misma relevancia el color del coche que el color de piel. Al respecto, nuestro uso del lenguaje es revelador: no es lo mismo decir “esquizofrénico” que “persona con esquizofrenia”. De este modo, el lenguaje se convierte en una fuente poderosa y signo de estigmatización.

Según la OMS, se calcula que aproximadamente el 20% de los niños y adolescentes del mundo tienen trastornos o problemas mentales. Además, los trastornos mentales y los ligados al consumo de sustancias son la principal causa de discapacidad en el mundo

La palabra estigma proviene del griego y alude a la marca grabada con fuego para determinar que una persona era esclava. Posteriormente, con la simbología religiosa, hace referencia a esas personas que les aparecen marcas en el cuerpo, similares a las de Jesucristo. Fue E. Goffman quien introdujo la definición de estigma tal y como la conocemos hoy en día: atributo que vuelve a una persona diferente a las demás, que la convierte en alguien “menos apetecible” y hasta inferior con respecto a la figura de una “persona total y corriente”. Goffman aborda en su obra las respuestas cognitivas, afectivas y conductuales hacia los estigmatizados a través de conceptos como identidad social y personal, sentimiento de ambivalencia y estrategias de autopresentación de los estigmatizados. En síntesis, aclara que el concepto de estigma no debe entenderse de un modo esencial sino relacional. Para ello distinguió 3 tipos de estigmas: basados en las diferencias culturales/grupales, en características corporales (Goffman hacía referencia a este estigma como “abominaciones corporales”) y basados en “manchas” del carácter, relacionados con el comportamiento considerado anómalo. Y a su vez, relacionó las posibles reacciones o respuestas de discriminación hacia las personas estigmatizadas en función de la clasificación.

Ya a finales de la década de los 90, Crocker y colaboradores explican que la estigmatización se produce cuando una persona posee de forma real, o a los ojos de los demás, algún atributo o característica que le proporciona una identidad social negativa o devaluada en un determinado contexto. Con esta definición se hace evidente el triple carácter social del estigma: es compartido, se estigmatiza como miembro de un grupo y afecta a la identidad social. Es decir, el estigma implica un menosprecio que impide el conocimiento de la identidad social real de la persona. Conlleva una desacreditación, que a su vez supone deshumanizar a la persona, lo que posibilita, además, conductas discriminatorias hacia ella.

Llegados a este punto, es crucial matizar que estereotipo, prejuicio y discriminación no son lo mismo, aunque en ocasiones se usen indistintamente. Mientras que el estereotipo alude a la dimensión cognitiva (creencias acerca de los atributos asignados), el prejuicio alude a la dimensión afectiva/emocional (evaluación negativa de los atributos) y la discriminación a la dimensión conductual (conducta de falta de igualdad). A la vista está que el estigma es un fenómeno complejo y multidimensional que parte del proceso de identificación y etiquetado, prosigue con la aplicación de estereotipos y prejuicios y culmina con la discriminación y la autoestigma. Este último término hace alusión, según explica Francisco Traver, al proceso que “parece acompañar al desarrollo de la conciencia humana como un peaje autoimpuesto cuando alguien no cree cumplir los objetivos que comparten las mayorías”.

En definitiva, es un proceso que forma parte de la categorización social, siendo sobre todo un producto social que surge en determinados contextos, dentro de una dinámica de poder específica. Pero no es un invento humano, para nada. Tal y como explica Pablo Malo, no es un fenómeno exclusivo de los humanos, sino que tiene precedentes filogenéticos y ocurre en animales inferiores.

Estigma y enfermedad mental

Las personas con enfermedad mental se enfrentan a un doble problema: la sintomatología de la propia enfermedad y al estigma. Ello puede hacer difícil trabajar, vivir independientemente o lograr una calidad de vida satisfactoria. Pues el estigma es una barrera relevante para la atención y la integración social de las personas afectadas por enfermedades mentales. Es el resultado de los malentendidos de la sociedad sobre los diversos trastornos mentales. Llegando incluso a darse la situación paradójica de que alguien con una enfermedad mental que puede trabajar suficientemente bien se encuentra con dificultades para encontrar empleo, porque es discriminado por los estereotipos asociados con la enfermedad que padece.

La construcción social del estigma ha estado ligado a mitos, miedos y prejuicios que han marcado negativamente no solo al enfermo mental, sino también a sus familiares y allegados

Según la OMS, se calcula que aproximadamente el 20% de los niños y adolescentes del mundo tienen trastornos o problemas mentales. Además, los trastornos mentales y los ligados al consumo de sustancias son la principal causa de discapacidad en el mundo. También se estima que son 400 millones de personas afectadas y, si no se toman medidas, esta proporción se elevará en el 2020, llegando la depresión a ser la segunda causa de discapacidad en el mundo, tras las enfermedades coronarias y cerebrovasculares. A su vez, la estigmatización y la discriminación son una de las causas que disuaden a las personas de recurrir a los servicios de salud mental. También resalta la OMS que cada año se suicidan más de 800.000 personas. Además, en la mayoría de los países son frecuentes las denuncias de violaciones de los derechos humanos de las personas con discapacidad mental o psicológica.

Lo cierto es que la construcción social del estigma ha estado ligado a mitos, miedos y prejuicios que han marcado negativamente no solo al enfermo mental, sino también a sus familiares y allegados. Todo ello viene explicado, en parte, porque se dan tres concepciones erróneas sobre las personas con enfermedad mental:

  • Son maniacos homicidas a los que hay que temer.
  • Son espíritus libres y rebeldes, por lo que son irresponsables. Así que otros deben tomar sus decisiones vitales.
  • Tienen percepciones análogas a las infantiles, por lo que se tiene una actitud benevolente con ellos, pues son como niños y necesitan ser cuidados.

Estas concepciones erróneas conducen a no revelar, en muchas ocasiones, la enfermedad mental. Así mismo, la no revelación perpetúa la percepción social negativa, pues la sociedad solo habla y conoce la enfermedad mental de las personas violentas, de las sin hogar, etc. En definitiva, de los casos llamativos. Es decir, la sociedad apenas conoce el hecho de que muchas personas, desde camioneros, profesores, políticos, etc., padecen algún tipo de enfermedad mental, responden al tratamiento y trabajan y funcionan en la sociedad con éxito.

Es comprensible esta visión negativa que se tiene de la enfermedad, pues los estereotipos dados tienen una carga negativa siempre. Se asocia a la persona con rasgos violentos y agresivos, cuando suele ser al contrario (son más bien objeto de violencia), se les tacha de impredecibles y, habitualmente, de débiles y carentes de fuerza interior (sobre todo en trastornos tipo depresión y relacionados con la conducta alimentaria). Pero, esa carga negativa, ese estigma y, por consiguiente, prejuicios y discriminaciones, que se dan en diferentes ámbitos (educativo, sanitario, de la comunicación, de los servicios sociales, laboral, etc.), dan lugar a todo un campo de repercusiones. Tales como las que evidencian las investigaciones al respecto. Por ejemplo, los efectos de la violencia sobre estas personas, pues se describe que la violencia que padecen favorece su aislamiento y retrasa e inhibe la petición de ayuda. Además, genera dificultades graves en las relaciones sociales, la vivienda, el empleo y la atención sanitaria y social. A lo que hay que sumar el efecto negativo que el proceso tiene sobre la familia e incluso sobre profesionales.

Hay que tener en consideración también que muchas de las conductas extrañas, que muestran las personas con estas enfermedades, derivan no solo de la enfermedad, sino también del tratamiento. Como también hay que tener en cuenta que los episodios de violencia solo afectan a una minoría. En definitiva, la enfermedad mental no solo produce malestar psíquico a la persona y su familia, sino que también les causa vergüenza, humillación y aislamiento. De ahí, nuevamente, el ocultar la enfermedad, para minimizar el estigma, en la medida de lo posible.

Todos somos parte del tratamiento

El surgimiento del estigma es un fenómeno social y es ahí donde es necesario analizar el proceso que varía según los periodos históricos y culturas específicas. Siendo las personas con enfermedades mentales uno de los grupos más estigmatizados, sobre todo por el temor (infundado) que suscitan.

Es evidente que esta cuestión que hoy abordo tiene multitud de matices y hay muchas cuestiones que dejo en el aire. Es un proceso en el que múltiples factores se entrelazan de forma compleja, haciendo igualmente compleja la tarea de enfrentarse a ellos para intentar disminuir la estigmatización y sus consecuencias. Es difícil, por no decir imposible, un mundo sin estigmas ni prejuicios, pues son fruto del aprendizaje ancestral, son atajos para la supervivencia, para detectar amenazas. Pero aplicar estereotipos a las personas hace invisibles a los individuos que hay detrás. Y parte de la solución está en todos, desde campañas y actividades de formación, apoyo social y prevención, pasando por tener más contacto con las personas con enfermedad mental, hasta asesoramiento a los medios de comunicación. Podemos, como dice Psiquiatraca, clasificar síntomas no personas. Para así aumentar la conciencia y el conocimiento de la naturaleza de las enfermedades mentales.

Como dice Sergio Parra, en su libro ¡Mecagüen! Palabrotas, insultos y blasfemias: “si decidiéramos prescindir de las categorizaciones y dar un nombre a cada matiz con el objeto de respetar todas las sensibilidades individuales, la lengua resultaría poco económica y funcional; y, por otro, si dividimos el mundo en muy pocas categorías para ahorrarnos tiempo e información, el vocabulario sería tan genérico que sería poco efectivo para retratar la realidad”. Sea como fuere, tenemos la oportunidad de favorecer un momento de reflexión que nos permita poner en tela de juicio nuestras propias actitudes, posiblemente estigmatizadoras, hacia las personas con enfermedad mental. O quizá, como dicen en Alicia en el país de las Maravillas, no están locos, simplemente su realidad es muy diferente a la del resto.

Foto: Ben Maguire


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Soy Cuca, para las cuestiones oficiales me llaman María de los Ángeles. Vine a este mundo en 1986 y mi corazón está dividido entre Madrid y Asturias. Dicen que soy un poco descarada, joven pero clásica, unas veces habla mi niña interior y otras una engreída con corazón. Abogo por una nueva Ilustración Evolucionista, pues son dos conceptos que me gustan mucho, cuanto más si van juntos. Diplomada en enfermería, llevo algo más de una década dedicada a la enfermería de urgencias. Mi profesión la he ido compaginando con la docencia y con diversos estudios. Entre ellos, me especialicé en la Psicología legal y forense, con la que realicé un estudio sobre La violencia más allá del género. He tenido la oportunidad de ir a Euromind (foro de encuentros sobre ciencia y humanismo en el Parlamento Europeo), donde he asistido a los encuentros «Mujeres fuertes, hombres débiles», «Understanding Intimate Partner Violence against Men» y «Manipulators: psychology of toxic influences». En estos momentos me encuentro inmersa en la formación en Criminología y dando forma a mis ideas y teorías en relación a la violencia, para recogerlas en un libro. Otros medios y redes para saber más sobre mí.

32 COMENTARIOS

  1. Muy bien apuntado por Henry Killer lo del hombre como ser simbólico. Los símbolos componen los mitos y los mitos construyen al hombre. El alumbramiento de una mujer virgen supone el nacimiento de un héroe. Si la mujer no ha sido fecundada por un hombre lo ha sido por un dios.

  2. Seguramente Cuca Casado tiene excelentes trabajos sobre otros asuntos, porque este es uno más sobre los llamados ” colectivos vulnerables ” y muy dentro de la ideología dominante del victimismo. No es por tanto un artículo de ” Disidentia ” sino de ” Coincidentia “.

    • Seguramente, Marijenge, tengas excelentes opiniones sobre otros asuntos, pero en esta ocasión dice mucho más de ti etiquetarles como “colectivo vulnerable” que de mí el explicar los procesos de etiquetamiento y estigmatización en relación a las enfermedades mentales.

      Un saludo.

      • Efectivamente…, he encontrado un articulo suyo titulado: ” La Violencia de género ” del ” Instituto de Mariana “, que estoy leyendo y me parece excelente. Volviendo al tema, creo que hay que distinguir entre Normas y prejuicios de alguna gente. La Normas son leyes que tienen miles de años de historia y se confecciona de acuerdo con la ética y costumbres, que según Fernando Savater varían muy poco. Actualmente en nuestra democracia, las leyes son bastantes aceptables salvo la deriva actual del ” género ” y demás. Decía Montaigne que las normas son variables según cada pueblo o cultura pero nosotros limitémonos a cumplir las nuestras. Lo mismo dice Lévi-Strauss. Así que el relativismo no es tal, y la norma existe para cada Cultura. Por otro lado la normalidad mental también existe y es totalmente deseable, ya lo decían Freud y Chesterton. Para un niño la normalidad es la familia. El niño o adulto enfermo mental siempre fueron objeto de burla y en la antigüedad se consideraban un poco divinos ( los dioses estaban fuera de toda norma, por eso eran envidiados ). Actualmente los enfermos mentales son respetados y tienen medios de tratamiento óptimos en nuestro país.

        • Buenas,

          Dicen que no hay peor ciego que quien no quiere ver. Y en este caso, pensar que son respetados y tienen medios de tratamiento óptimos, cuando las evidencias (enlazo a algunas de ellas durante el artículo) dicen lo contrario, es como poco muestra de necedad. Pues el estigma es relevante y generalizado y repercute en la persona con enfermedad mental, así como en su familia.

          Pero bueno, quizá sea una vaga apreciación la mía que tras años trabajando en urgencias me hace pensar que el estigma es generalizado y veo que la literatura y evidencias al respecto casan con mi experiencia. Quizá sea tu experiencia la que reste importancia.

          Si tienes interés genuino en la cuestión te animo a leer algunos de los enlaces que incluyo o echar un vistazo a las noticias y redes sociales para ver si el estigma es norma o no. También puedes ver cuál es el lema del día de la salud mental (fue un día previo a publicar este artículo) y que se repite año tras año: el estigma en la enfermedad mental (concretamente este año se centró en el estigma y el suicidio).

          Por cierto, las normas derivan de las costumbres y algunas costumbres provienen de prejuicios. Hay normas médicas que son muestra de los prejuicios de la sociedad, con repasar el DSM uno se puede hacer una idea de ello, por ejemplo. También se puede repasar normas legales, como nuestro Código Civil, para apreciar que algunas fueron la aceptación de los prejuicios como la norma.

          Un saludo.

  3. A mí me encantan los locos, hasta Cucurruqui, los amigos me dicen que los atraigo, y no les falta razón.
    En ocasiones tomando unas cervezas en mi ciudad natal hay más locos alrededor de la mesa que amigos. Yo sé que los locos son muy sensibles y ellos lo perciben. Una vez me dijo un loco, cuando tú estás cerca pierdo mis poderes.

    Como no podía ser de otra manera en mi familia hay de todo, es tan extensa que cuenta con alcohólicos, esquizofrénicos, anoréxicos, bulímicos y sicópatas, eso en la gama alta, en la gama baja hay más. Los depresivos son escasos y como mucho llegan a la temporalidad.
    La peor de todos es la sicópata, su camuflaje es perfecto, yo tardé cuarenta años en darme cuenta, siempre sospeché de algo raro pero cuando su hijo me lo confirmó no tuve duda.

    Con el alcohólico tuve una conversación el otro día y dejó de hablarme, lo malo de estos cabrones es que si encima son inteligentes encuentran justificación para todo, ente risas me decía, si hubiera comprado tierras con el dinero que me he gastado en juergas hoy sería el terrateniente preferido de Podemos, pero la peor es la sicópata, no se le nota nada, y es más mala que Carmen Calvo.

    A la esquizofrénica la vigilo a cierta distancia, hablo por teléfono y me intereso por ella, le envío dinero, y cuando se agobia con algún problema se lo simplifico, en cuanto me despisto y se relaja lo mismo aprueba una oposición que se busca un trabajo. Su siquiatra quería llevársela a dar conferencias para presumir de paciente, tuve que convencerla para que no lo hiciera.

    La anoréxica se parece a Greta la del clima, yo creo que esa salió mal por los porros del embarazo, aunque va mejorando, primero era anoréxica, después vegana, animalista y no tengo ni idea de por dónde va ahora, pero algo se inventará para ocultar su trauma, seguro.

    En mi familia la depresión es considerada como un retiro pagado por dios, es como irse a una clínica de rejuvenecimiento en Suiza con todos los gastos pagados. Procuramos evitar los fármacos hasta que el aburrimiento se hace insoportable y salen de allí cagando leches.

    Esa es la ventaja de tener familias enormes, ahora al ser las familias tan pequeñas en lugar de un loco por cada veinte hijos, cada niño toca a tres locuras por cabeza.

  4. No sé si son envenenados mis venablos, pero tampoco pretendían ser ofensivos, ni nada parecido. Los considero capotes para llamar la atención de sus discursos porque ustedes discurren sin solución de continuidad entre posturas de defensa legítima de su propia fe y defensas identitarias que criminalizan la fe ajena, asociando sin problema, el Islam con el sometimiento de la mujer y siendo incapaces de percibir en la suya propia cualquier tipo de disonancia.
    La virginidad de la madre de Jesús es fundamental y fundacional para explicar su pureza, de otra manera, no hubiera sido necesaria, el espíritu santo podría haber obrado de igual manera en una mujer que no gozase de tan remarcable condición, incluso, dios mediante, en una mujer no fértil. Su maternidad sirve, para determinar su importancia como mujer, sin embargo, a Jesús no se le concibe padre, como hombre fecundo y capaz de procrear. Jesús se nos presenta célibe. Este tipo de relatos condiciona inevitablemente con estereotipos lo que se debe entender por mujer y hombre. El carácter supuestamente servicial y humilde, siempre dispuesta a perdonar, derivado de su condición de madre, se extrapola y está muy imbricado en la concepción Católico de la mujer, de hecho es un complejo problema teológico porque además convive con una concepción lujuriosa y perniciosa de su carácter, que lo mismo sirve para someter con las más viles argucias que para modular la natural concupiscencia e ira de los hombres.
    La virginidad no debería ser tema de conversación ni de exaltación ni de crítica. En cualquier caso, María no decidió perder o no perder nada, ni decidió concebir al Hijo, fue voluntad divina.
    En cualquier caso, como también señalo con veneno, he anticipado que en esta tribuna habrá quién defienda posición contraria y crítica con el artículo, desde la expresión de la propia experiencia, como usted ha hecho inmediatamente. Pues que quiere que le diga, como señala la autora, no es un problema de que no sea un problema tener una enfermedad mental, sino de que no se haga mayor cubriéndolo con estereotipos de enorme parcialidad y prejuicios que no responden a la realidad.
    El alcoholismo se tolera de muy diferente manera a la drogodependencia de opiáceos. De hecho, en gran medida se promueve socialmente dentro de nuestra cultura. Aquí no hay fumaderos de opio, pero no existe reunión social que no se riegue. Eso evidencia algunos aspectos importantes que la autora ha querido señalar en nuestra manera de valorar la realidad. Supongo que la necesidad de ceñirse al desarrollo de un artículo, no le ha permitido desarrollar el concepto con la profundidad que una tesis doctoral requiere.
    Un saludo

    • Ah sus dardos son capotes
      Caray pues torear todos los días con el mismo toro puede resultar hasta aburrido y no le digo si el capote siempre es el mismo.

      Entonces el tema de la virginidad era por la virgen María. Acabáramos

      Qué cosas y yo pensando que hablaba de la virginidad en las mujeres de pie de calle. Nada, A lo suyo, si no saca la religión por algún lado no es feliz.

      Yo tengo amigos que fuman marihuana, que fuman puros, y tabaco de momento ninguno es adicto como tengo amigos que beben alcohol, yo misma bebo alcohol, nunca me he emborrachado , cierto, (que aburrida debo ser, siempre controlando hasta la copa que puedo tomar).

      No líe como hace siempre, todos sabemos lo que es una adicción y lo que puede llegar a ser una enfermedad mental. Hasta la comida puede ser una adicción y todos comemos para poder vivir.
      Un enfermo mental tiene que ser muy duro convivir con él, todos creo que conocemos casos francamente duros y creo que pocos están preparados para esa convivencia. No se usted, yo le aseguro que no, no tengo conocimientos suficientes para ayudar a un drogadicto, a un alcohólico, a un ninfómano, ni tan siquiera a un esquizofrénico, ni a nadie con un problema mental. Pero no los tengo para tratar con ningún enfermo, que la vida y las circunstancias obliguen a aprender a convivir con ellos es otra cosa
      El separarse muchas veces de determinadas personas no es estigmatizarlas, yo no suelo mezclarme en el ocio de determinados grupos, como supongo que usted tampoco lo hará ¿eso es estigma?. Tampoco voy al fútbol, ni me gusta el fútbol y me aburre soberanamente escuchar conversaciones sobre ello. No creo que esté estigmatizando ni a los que juegan, ni a los espectadores, ni a quienes hablan de ese deporte.

      Por los artículos que he leído de la articulista, ella se dedica al mundo de la salud, su preparación en ello no tiene nada que ver con personas que no nos dedicamos a ese mundo y considero que los enfermos mentales, del tipo que sean tienen que ser tratados por personas especialistas y el Estado es el primero que debería poner medios suficientes para que las familias pudieran sobrellevar esa enfermedad de la mejor manera posible.

      • Bueno no solo la religión y no se le olvide echarnos la bronca a todos. Ahora le está dando fuerte por la conciencia animal…no se, habrá visto a Bambi y le ha afectado más de la cuenta (¡es una broma cucurruqui!)

    • Currucuqui, creo que es usted el único comentarista que viene aquí a reprochar no una religión sino una moral que nadie profesa o practica. Se parece usted en asuntos de moral a Rita Maestre, reprocha a los demás algo que solo le pertenece a usted.
      La fe es algo personal, la moral puede ser personal o social.
      Nadie en España puede decir que desde bastantes años antes de la transición le hayan impuesto una moral religiosa, ahora tratan de imponer una moral política, todo lo que usted reprocha a los demás se lo debería reprochar a usted mismo o a las personas que lo educaron, es decir a sus padres, entorno familiar o preceptores elegidos por sus tutores.
      La sociedad española al menos desde que yo la conozco ha permitido ser como te de la gana.
      El grave problema moral no lo tenemos con la virginidad de María Santísima, sino con la ley de violencia de género y otras muchas leyes que pretenden imponerse como dogma de fe llevando la contraria a la naturaleza humana.
      Yo no tengo ninguna duda que todas estas consignas son una fábrica de sicópatas futuros.
      Y de la misma manera que me apuesto con cualquiera que los crímenes pasionales no bajarán en España hasta que los emigrantes adopten las costumbres españolas, le puedo decir que esa moral que tanto le molesta hacía junto con el clima, las costumbres, el matriarcado y las relaciones sociales que España fuera unos de los países, aún lo sigue siendo a pesar de la emigración, aunque un poco menos, con menos crímenes pasionales del mundo.

      • No tengo ni idea de qué me habla, señor Killer.
        No soy de apostar, la verdad. Como mucho una cerveza y, ya le digo, no tendría problema alguno en invitarle a usted si su rotunda afirmación que vincula crímenes pasionales con inmigración pudiese ser confirmada o sustentada en algún dato.
        Fe y moral, no son lo mismo. No las confundo (suelen ser ustedes los que lo hacen, o así lo veo yo), sencillamente, las relaciono, y señalo la impronta que una deja sobre la otra. En este caso, la fe sobre la moral. Cualquier monoteísmo, deviene en un código moral y cívico sustentado por una fe. Normalmente, una parte del código regula las relaciones de las personas entre sí y, otra parte, las relaciones de las personas con dios. La impureza suele ser un término manejado también por todos estos sistemas de creencias y comportamientos. La impureza, denota la imposibilidad de acceso al dios y requiere de limpieza. La persona que no está limpia es separada del grupo o señalada y se le solicita que proceda a su limpieza para que no contamine a otros o contamine espacios considerados sagrados. Todos estos comportamientos sociales, generan estereotipos, formas que simplifican los juicios de valor y permiten moverse relajadamente en aquellas sociedades en las que se saben reconocer y acatar (si se conocen bien, se pueden burlar, eso sí). No son especialmente justos, ni reales, ni contrastables, pero son útiles, dan cohesión y coherencia al grupo, aunque puedan ser completamente opuestos a la libertad individual.
        La fe, además, no es tan personal como usted sugiere, no es por casualidad que en entornos hebreos, voluntaria y libremente, las personas reconozcan y practiquen el judaismo. Igual en cualquier cultura religiosa. Por tanto, no seamos demasiado ingenuos al respecto. Ustedes en seguida se entusiasman con las bonanzas de una fe que las tiene, sin duda, pero que no han elegido como presuponen. De hecho, en esta tribuna existe un casi total consenso en torno a que debe existir “libertad” para los padres en la formación de la fe de sus hijos, financiada a través de fondos públicos y vinculada a centros de educación.
        Los sicópatas no se forman, los creyentes, sí.
        Lo del número de crímenes pasionales, pues mire usted, no tengo datos comparativos, pero me atrevería a asegurar que en Siria hay menos que en España. Es más, en Arabia Saudí, hay menos, seguro.
        Los crímenes pasionales son muy complejos y no tienen una única causa. Lo que es indudable es que si no existe o no se acepta un modelo de dominación entre los miembros de una pareja, la desaparición de ese posible y notable ingrediente, simplificará la receta.
        Un saludo

        • A mí lo que siempre me ha intrigado es la justificación de una moral sin trascendencia. Partiendo de la idea de que esa moral distinguirá entre acciones buenas y acciones malas, mi pregunta es ¿y por qué tengo que hacer acciones buenas? La respuesta puede ser tan simple como que es una cuestión práctica, ya que esas acciones redundan en beneficio de todos…pero alguien puede argumentar que una acción mala puede ser tan práctica como una buena. ¿El amor al prójimo? o por decirlo en términos laicos aunque no es exactamente lo mismo ¿La solidaridad? Si yo y un habitante de Tanzania somos un amasijo de células que por puro azar estamos aquí, que realmente nada nos une ¿por qué tengo que preocuparme de su destino? Más aún a lo mejor tendría que ser darwinista social y verle como un posible competidor por recursos escasos y por lo tanto un enemigo a mi supervivencia. En fin es un tema que realmente me fascina.

          • Usted no tiene por qué hacer acciones buenas, señor Brigante. Se siente impelido a ello. Si fuese girasol, buscaría la luz.
            La existencia de un Dios, no implica la existencia del bien y el mal, puesto que Dios es todo, en todo momento, bien, mal y regular. Dios lo es todo, nada es, sin ser Dios. No existe trascendencia en la divinidad. Si acaso en su ausencia puede ser soñada. Y es bonito.
            A Dios no se le puede ofender y Dios no puede ofender.
            Es muy cuántico, que diría el señor Killer.
            Un saludo

          • ¿Y quién me impele, me impulsa a hacer el bien? ¿mis células? ¿la casualidad? ¿el azar? ¿la evolución? y los que hacen el mal ¿qué pasa con ellos, no son impelidos a hacer el bien? No me dirá que no es fascinante el debate.

          • El debate, señor Brigante, es fascinante pero imposible en cuanto nos sentemos con un suní, un católico o un jainita y ellos introduzcan en el mismo a Dios. Mejor dicho, Su Dios o Dioses (las mayúsculas en el plural es una licencia lingüística mia)
            Un saludo

          • ¿Pero por qué es imposible? Será porque usted no quiere. No he mencionado a Dios en ninguno de mis comentarios (permítame que lo ponga con mayúscula, usted haga lo que le de la gana) Usted es una persona que no es creyente, agnóstica o atea, perfecto. Y me habla de moral, perfecto. Y yo simplemente le digo que me gustaría entender lo que justifica una moral sin trascendencia. ¿Dónde está el problema? ¿Por qué dos personas civilizadas no pueden debatir sobre la cuestión? Es un debate muy antiguo y muy interesante. En fin sabe cuál es el problema, qué usted suelta aquí sus soflamas, sus consignas, nos echa la bronca a todos, pero es incapaz de defender de manera racional y con argumentos su postura. Usted mismo se retrata amigo.

          • Buenos días, señor Brigante.
            No se confunda o intente confundirme. La trascendencia moral que usted cita, en un creyente, remite necesariamente al Dios en el que crea. Por eso no puede haber debate por la existencia de un apriorismo.
            Cómo usted señalaba y aclaraba en el comentario del señor Killer, para usted, la virginidad de la madre de Jesús, no es discutible, es un dogma de fe, se cree o no se cree, pero no se discute.
            Por ponerle un ejemplo muy básico, imagine que se encuentran restos orgánicos de Jesús, el cuerpo no porque resucitó, y se analiza su ADN. Que piensa usted que debería resultar de tal análisis. Por parte de madre, su genética no debería ser sorprendente, pero por la parte paterna.
            No sé, con la fe, las discusiones tienen un límite por definición y por tanto poco se puede alcanzar dialecticamente. Únicamente cabe el respeto a la libertad de cualquier persona a creer en lo que le dé la gana, con el límite de que no intente imponerlo a los demás. Por eso soy de la opinión de que política y religión deben estar claramente separadas.
            La moral, un poco lo mismo. No es necesaria la creencia en ninguna deidad para tener noción del bien y el mal, eso es un hecho demostrable y por eso cité la etología. Que usted traiga la trascendencia al debate, no cambia nada, la trascendencia es una cualidad que deviene de la estructura lógica del lenguaje y el pensamiento, una subversión que permite salirse del marco y sugiere, al mismo tiempo, la limitación lógica.
            Un saludo

          • En definitiva cucurruqui, a diferencia de muchos autores, es usted incapaz de argumentar la existencia de una moral sin trascendencia. Usted en el fondo es un creyente, usted cree ciegamente en que el hombre actúa impulsado a hacer el bien, pero no sabe muy bien por qué, es un acto de fe laico, una fe ciega en la ciencia, o en lo que usted considera que es ciencia. Yo no he tenido nunca intención de apelar a Dios en este debate que le he planteado, es usted el que lo saca paradójicamente como escudo para defenderse y no argumentar su postura. Usted afirma muchas cosas con cierto aire de superioridad…pero no las sabe argumentar, es así y punto.

        • Los asuntos tratados son demasiado complejos para desentrañarlos en un comentario.
          Esta claro que cada sociedad está influida por la religión dominante, pero yo al contrario de lo que usted piensa creo que las religiones son la manera más elevada que tiene el hombre para resolver los asuntos más complejos, de las distintas religiones me interesa lo que tienen en común por ser preguntas inherentes al hombre de las que no se puede sustraer.
          Todas ellas parten del símbolo, símbolos eternos que se reinterpretan a lo largo de milenios por cada una de las nuevas religiones.
          Símbolos comunes que se repiten una y otra vez hasta la eternidad, símbolos de los que solo podemos extraer una parte de su verdad y que aquel que llega a conocerlos trata de explicarlos a su vez mediante símbolos más comprensibles.
          La virginidad es un símbolo, son los cristianos defectuosos los que cargan a ese símbolo de negatividad. El símbolo en sí mismo es positivo, pleno. ¿El sexo es malo?
          ¿La inteligencia es mala? Obviamente no en sí mismos.
          Dicen los físicos sobre la física cuántica que aquel que dice saber algo de ella es que no sabe nada. ¿Nuevo e inescrutable Dios al que se le está dotando de moral?
          Sin embargo la física cuántica vuelve al mismo sitio de hace dos mil años. La similitud entre los misterios cristianos, el Tao o el budismo es sorprendente, Trinidad, bilocación, libre albedrío dentro de un orden preestablecido. No es fascinante. Al final la moral no deja de ser la forma simplificada de explicar el símbolo. Esto seguirá repitiéndose hasta el fin de los tiempos.
          El problema de esta época, y es ahí donde no estoy de acuerdo con usted ni con las consignas morales al uso, es que no son más que la contramoral de una moral que lleva muerta doscientos años.
          La moral que se pretende imponer en esta época nada tiene que ver con el símbolo, demasiado complejo para los torpes políticos y satélites subvencionados, la moral que se pretende imponer es la de la rendición ante el misterio del símbolo.

          Y por último, le contesto solo a la última parte de su comentario, no quiero extenderme en exceso.
          Dice usted:

          “Lo que es indudable es que si no existe o no se acepta un modelo de dominación entre los miembros de una pareja, la desaparición de ese posible y notable ingrediente, simplificará la receta.”

          Para empezar quien le dice a usted que un modelo de dominación aceptado produce violencia, será al revés, una dominación no aceptada produce violencia.
          Esa dominación no aceptada me temo que en el caso de la mal llamada violencia de género tiene más que ver con las madres y los hijos que con la pareja. Si la dominación no aceptada por ir contra lo esencial (símbolo) produce violencia contenida tendremos que pensar que cuando imponemos a lo masculino jugar a las mamás estamos creando un potencial asesino que puede resolverse en el amor de manera fatal e inconsciente.
          Como ve esa teoría de la igualdad entre los sexos puede ser, y de hecho será, una fábrica de conflictos mucho más productiva que la diferenciación natural del símbolo que solo se resuelve en la comprensión y no en la imitación del opuesto.

          Un saludo.

          • Usted, señor Killer, al contrario de lo que piensa, no sabe lo que yo pienso.
            Las sublimaciones y los símbolos, pueden ser trascendentes si el alma que los abarca lo es. Todo es bueno y todo es malo, porque todo participa en el equilibrio dualista que usted propone. Pero dejemos la poesía para los poetas.
            Su hoy generosa diatriba religiosa, es bastante contradictoria con los reiterados ataques al Islam. Su concepción de los inmigrantes, así, en general, inmigrantes, le aleja de esas pretendidas comprensiones de la humanidad. Ningún poeta llega a tanto sin dejar de serlo.
            Usted se manifiesta como un sabio paciente. Usted sabrá, yo, por ahora, me quedo en el “como”.
            Un saludo

          • Me permito intervenir con una precisión Henry Killer. La virginidad de la Madre de Dios no es ningún símbolo. Es un dogma de fe, o se lo cree o no se lo cree. Cucurruqui no se lo cree, y yo que soy católico sí, creó en la virginidad de María como un hecho real y cierto y por su puesto en su Inmaculada Concepción (que no es lo mismo) No hay nada de simbólico en ello.

  5. El más loco es el que cree que no lo está.
    Esta preocupación actual por la estigamatización derivada de la calificación de las enfermedades mentales es en sí misma un síntoma muy poco saludable.
    Si alguien tiene brotes psicóticos y hace la vida imposible a quienes tiene cerca, lo importante no es si se estigmatiza o no, sino cómo reducir el impacto de esos desórdenes mentales para evitar mayores daños a las víctimas de verdad.

    • Buenas, Catlo.

      Para reducir el impacto de las enfermedades mentales y evitar daños es preciso conocer las enfermedades. Para ello, es vital alejarse de los tópicos y de los clichés que la sociedad tiene con respecto a estas enfermedades (las 3 concepciones que indico).

      Digo y enlazo lo que supone el estigma para estas personas, pues genera dificultades graves en las relaciones sociales, la vivienda, el empleo y la atención sanitaria y social. A lo que hay que sumar el efecto negativo que el proceso tiene sobre la familia e incluso sobre profesionales.

      Ahora bien, que no se quiera ver ese estigma social es otra cuestión que dice más de quien no quiere verlo o lo menosprecia.
      Animo a poner en tela de juicio nuestras propias actitudes, que posiblemente algunas son estigmatizadoras, pero no se tiene conciencia de ello.

      Gracias, un saludo.

  6. “En otras palabras, ¿por qué al consumidor de heroína se le califica de “drogadicto” y no al consumidor de alcohol?” Qué yo sepa se le llama alcohólico . Como también al que consume heroína se le llama heroinómano.
    Como a una persona adicta a las relaciones sexuales se le llama ninfómana.

    Son adicciones a sustancias o hábitos diferentes, tampoco creo que cree eso ningún estigma, es la cruda realidad y bien dura para quien pasa por esas circunstancias, tanto el propio enfermo como los familiares. Todo aquello que conlleve una adicción es una droga, pues sí pero tampoco considero que calificar dicha adicción de una manera u otra sea un estigma, de alguna manera habrá que calificar a las cosas, digo yo. Está drogado quien tiene adicción al alcohol, pues sí .
    Son enfermos todos ellos pues también pero claro en primer lugar son ellos quienes han de reconocerlo para poder salir de ese caos, aunque muchas veces esas personas están arruinando muchas vidas a su alrededor, familias enteras terminan destrozadas cuando un miembro cae en una adicción y lo peor de todo es que poco pueden hacer si esa persona no acepta ser ingresado en un centro para su tratamiento.

    Hay familias que tienen que renegar de sus hijos para poder ellos no morir por el camino. Eso es durísimo Cuca. Hay madres o padres que pasan delante de sus hijos, e incluso hijos con sus padres, tirados en cunetas, en parques o que saben que se están prostituyendo y ya tienen que hacer la vista gorda y ni tan siquiera sentir por ellos, porque el camino fue tan duro que llega un montón que ni los ven pero claro , si no hay la autorización del enfermo no se puede hacer nada, pues entonces que las familias se apañen como puedan. Eso no podría ser así.

    No acabo de entender muy bien hacia donde va el artículo. Por supuesto que habrá personas que se apartan de todo aquello que conlleve una enfermedad mental, incluso con repugnancia, por supuesto que eso existe pero lidiar con determinadas enfermedades gente no está preparada no es nada fácil. No todos somos enfermeros, médicos ni tenemos personas en casa con deficiencias o trastornos que la vida nos ha obligado a aprender a tratarlos pero ello no conlleva que tengamos ningún estigma social hacia ellos.

    Sí, considero que deberían existir más centros para tratar determinadas enfermedades e incluso en la mayoría de los casos poder ingresar, a alguien sin necesitar su autorización cuando se sabe perfectamente que es un adicto, pero no, muchos padres suplican que sus hijos sean ingresados en un centro para desintoxicarlos pero claro si no está incapacitado judicialmente se necesita la autorización de ese hijo ya adulto, que la mayoría de las veces no la da, ah pero nadie se preocupa de los problemas que está causando esa enfermedad a esa familia, tanto mentales, de estabilidad, como económicos. Al final, la familia se termina separando de ese hijo (o padre)y esa persona termina como termina ¿es un estigma el renegar hasta de un hijo en esa situación habiendo hecho lo habido por haber para intentar sacarlo adelante? ¿quien lo estigma la familia, los amigos o el propio Estado que no ha puesto medios para solucionar ese problema?

    • Buenas, Emme.

      Claro, al consumidor de alcohol se le llama alcohólico pero nunca (rara vez) drogadicto, término que si se utiliza primeramente con los consumidores de heroína, por ejemplo. Es el uso de uno u otro tipo de término lo que discrimina, en mayor o menor medida, y el uso de “drogadicto” está cargado de mayor rechazo y, por consiguiente, mayor estigma. Sólo hay que ver el trato, por norma, que recibe uno y otro en la sociedad.

      En cuanto a las adicciones, no voy a entrar a comentar pues no es el tema que hoy abordo y, además, ya en su día hablé de ello.

      Dices que no entiendes hacia donde va el artículo y no va a ningún sitio en concreto, tampoco creo que tenga que tener objetivo alguno. Es una reflexión sobre los procesos de estigmatización y, concretamente, en las enfermedades mentales.
      Tampoco hay que ser profesional de la salud para saber tratar a las personas con enfermedades mentales. Basta con tratarles como personas; pero la norma en la sociedad es la que expongo: se les rechaza, estigmatiza y discrimina debido, en parte, a una serie de prejuicios.

      Gracias por sumar.
      Un saludo.

  7. Buenos días, señora Casado.
    Excelente artículo. Muy valiente, diría yo, en una tribuna como esta; donde los hombres que asesinan a sus parejas son tratados de locos. Donde la conciencia animal no se concibe. Donde los prejuicios se avalan. Donde los estereotipos abundan. Donde la OMS es otra de las instituciones creadas para demoler la libertad individual bajo el imperio de oscuras fuentes progresistas. Donde el estigma del pecado original se reconoce. Donde la virginidad de la mujer tiene cualidad ejemplar. Donde el suicidio es pecado y los que así lo creen consideran necesario gobernar según tales creencias. Donde vale argumentar que se conoció a un enfermo mental que sí era violento y que por tanto no se puede hablar de evidencias de que no lo sean. Donde se confunde la caridad con la justicia social. Donde las soluciones no pueden estar en todos porque eso es colectivizar la culpa y la responsabilidad. Donde se mantendrá si es necesario que España es el mejor lugar para nacer con una enfermedad mental porque existen países que están mucho peor y aquí tenemos una cultura fantástica que tiene a un personaje delirante de figura principal.
    En fin, que me alegro de haber leído un artículo que como usted señala trata un tema complejo y de muy difícil gestión, abordándolo desde el conocimiento y la experiencia, apoyado en estudios consensuados internacionalmente por especialistas, para alcanzar conclusiones necesarias que implican a toda la sociedad para ser implementadas y de las que es lógico pensar, por ello, que costará llevar a cabo, e incluso no podrán ser alcanzadas nunca. Pero no por ello deben ser desatendidas ni formuladas.
    Un saludo

    • Como siempre Cucurruqui con su comentario lleno de dardos envenenados, y esta vez con alguna otra sorpresa “Donde la virginidad de la mujer tiene cualidad ejemplar”….Oh me puede decir donde en esta publicación, tanto en artículos como en sus comentarios se ha hablado de la virginidad de la mujer como cualidad ejemplar. Es que llevo aquí desde su inicio, tanto como mecenas como forera y le juro que ni en los artículos públicos como en aquellos para mecenas he visto semejante afirmación, como muchas otras de las que hace mención en este su comentario, pero la de virginidad al menos es bien curiosa. Le aseguro que veo eso publicado como defensa suprema y soy la primera que salto.

      Y por supuesto que una mujer quiera perder su virginidad cuando quiera y con quien considere oportuno me parece a mi que tampoco es para criticar ¿no?. Es una decisión personal.

    • Buenas, Cucurruqui.

      De tu comentario me quedo con lo relevante: un problema complejo, cuyas soluciones son igual o más complejas e incluso imposibles de llevar a cabo, no es razón para no atender ni formular las cuestiones al respecto.

      Gracias, un saludo.

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