Los seres humanos vivimos de prestado en muchísimos aspectos, somos herederos y hablamos, creemos y pensamos con las ideas de nuestros padres o de nuestros cercanos. Sin embargo, tenemos la capacidad de poner en cuarentena lo que se nos cuenta y lo que se nos ha enseñado, y solemos fiarnos más, es lo sensato, de lo que podemos comprobar por cuenta propia que de lo que nos dicen los demás.

En las sociedades tradicionales el común de las personas compartía un enorme número de convicciones, creencias religiosas, ideas políticas, principios morales y solo los más ilustrados se atrevían a poner en la picota algunos aspectos de ese conjunto de prejuicios razonables y compartidos.

A comienzos de lo que se llama la modernidad, se generalizó la conciencia de que cada cual tenía la capacidad y el derecho de pensar a su manera, pero la verdad es que la mayoría seguía, con ligeras variaciones, las opiniones mejor establecidas en su entorno familiar y social. La situación se puede comparar con la anécdota que se cuenta del lingüista Chomsky, quien se supone que dominaba unas docenas de lenguas, pero que, al tratar de explicar algo a sus alumnos les decía, “Cojamos una lengua cualquiera, por ejemplo, el inglés”. Pues bien, existía la libertad de pensamiento, pero la mayoría solía escoger el inglés, para entendernos.

Todo esto ha cambiado de manera muy profunda con el advenimiento de lo que los sociólogos llaman las sociedades de masas y con lo que ahora conocemos como globalización y era digital. Sucede que el mundo se ha hecho un lugar de apariencia más manejable, la aldea global, decía McLuhan, pero las opiniones más diversas sobre los asuntos más variopintos se han adueñado del panorama y, en muchos aspectos, ya no tiene casi ninguna vigencia lo que solemos llamar la tradición.

La ciencia no sirve para resolver dilemas éticos, pero dejará de existir y de beneficiarnos si quienes la profesan se olvidan de ser escépticos y de practicar una ética exigente que huya de la falsedad y las mixtificaciones, de convertir en dogmas ideas que, tengan los méritos que tuvieren, están muy lejos de ser una verdad absoluta que se pueda imponer hasta callar, detener y ejecutar a los herejes

Lo que está ocurriendo desde entonces no es que la mayoría de los hombres y de las mujeres se hayan convertido en filósofos originales y en pensadores destructivos, porque un mundo en el que todos fuésemos Nietzsche, Russell o Foucault sería insoportable, sino que han surgido formas muy eficaces de agregación, de compartir creencias, expectativas, opiniones y juicios morales, con el atractivo adicional de presentarse como revolucionarios, como formas de alcanzar una originalidad, una autenticidad y una ruptura con todo lo desechable del pasado.

Es decir, se han creado formas de gregarismo que se asumen y se viven como una liberación contra los prejuicios, contra los males y contra lo que haga falta. Ya lo decía una canción de Jeanette que no reparaba en la paradoja: “soy rebelde porque el mundo me ha hecho así”, y no caía en la cuenta de la su paradójica rebeldía porque lo de entretenerse en sutilezas no suele dejar tiempo para sumarse a la manifa, del momento. La moda, pues, se ha hecho cargo del negocio con la presunción de ser liberadora y conseguir el milagro de reunir a cientos de miles que se convencen de ser y pensar lo último sin dejarse arrastrar por nadie.

Al servicio de estas movilizaciones progresistas hay siempre una industria bien organizada, intereses atentos que saben sacar su provecho, estén o no de acuerdo con la música de fondo, por aquello de “ande yo caliente y ríase la gente”. Muchos periodistas, artistas y rebeldes de oficio, se ocupan de establecer el canon de la cosa con absoluta nitidez, para que nadie se desmande.

El furor gregario por establecer una nueva normalidad suele tener una intensidad tan alta que con frecuencia se lleva por delante conquistas de cierta importancia. Tal vez el mejor ejemplo sea lo que ha ocurrido en ciertas manifestaciones del universo gay en el que, a pesar de representar una rebeldía comprensible contra formas de control social, se han implantado formas de censura muy irrespetuosas con la libertad que previamente se ha usado para reivindicar, con razón, su derecho a la diferencia. En el caso del feminismo más radical, se ha llegado a conseguir que baste con la delación anónima para pisotear la presunción de inocencia, es decir que se admite que la culpabilidad se puede atribuir sin ningún género de prueba.

En esta apuesta por imponer formas de conciencia que se suponen liberadoras, se está llegando muy lejos. En el caso de los ecologistas y calentólogos más enloquecidos ya se da por hecho que hay que evitar que el reaccionarismo se enfrente con la ciencia, así, sin más. Esta pretensión constituye un fraude moral e intelectual, una manera de utilizar en vano el nombre de la ciencia, un logro humano esencial que se ve prostituido por su utilización política y colectivista que, además, constituye una amenaza para la propia ciencia porque cuestiona la libertad de pensar y confunde la ciencia con el dogmatismo. La mezcla de palabrería cientificista y una voluntad de control sin límite alguno constituye ahora mismo un riesgo de primera magnitud. Hay que esperar que la comunidad científica reaccione con vigor ante esta utilización maniquea de la ciencia y que el público en general acierte a distinguir lo que de verdad merece el calificativo de ciencia de lo que no es sino palabrería, falta de respeto al rigor, manipulación de datos y un intento de control social absoluto y definitivo.

Contra esta clase de fraude, dar gato político por liebre científica, es necesario estar muy alerta y atenerse al espíritu escéptico, al afán por el saber verdadero, más allá de sus caricaturas, que es el que ha hecho posible la ciencia y el progreso. Es muy humano el deseo de poder, la capacidad de obligar a los demás a hacer lo que queremos que hagan, pero la libertad de pensamiento y la libertad política están ahí para evitar que quienes quieren imponer su religión a los demás, esos teócratas de la diosa naturaleza, esas feministas decididas a acabar con el orden liberal y con el uso racional de los principios, consigan hacerse tan fuertes que ya nunca nos podamos librar de su yugo.

Es lógico que los seres humanos quieran abrazar convicciones, compartir creencias y promover sus valores, pero el escepticismo, el deseo de comprobar cada cual por sus medios y ante su conciencia lo que vale cuanto se nos dice, tiene que saber oponerse a cualquier nueva religión que pretenda disfrazar sus mandatos con el ropaje de la ciencia o de la perfecta moralidad.

Feynman, dijo en cierta ocasión que “el mundo es una confusión dinámica de cosas que se menean”, y que resulta bastante fácil “inventar una teoría hablando”, pero la ciencia es heredera de una larga carrera contra la autoridad y contra la confusión y el engaño, y nos enseña a no perder nunca de vista la falibilidad de nuestras invenciones y la dificultad de hacerse cargo de la condición cambiante de las cosas. Es comprensible que haya quienes quieren comprimir el mundo en un par de ideas simples, sublimes y redondas, pero sería de necios olvidarse del escepticismo como medicina crítica indispensable para atravesar con algo de buen juicio el barullo cultural en que nos movemos y el ansia de controlarlo todo de esas almas que no se cansan de admirar su belleza cuando se miran en el espejo de su preferencia.

La ciencia no sirve para resolver dilemas éticos, pero dejará de existir y de beneficiarnos si quienes la profesan se olvidan de ser escépticos y de practicar una ética exigente que huya de la falsedad y las mixtificaciones, de convertir en dogmas ideas que, tengan los méritos que tuvieren, están muy lejos de ser una verdad absoluta que se pueda imponer hasta callar, detener y ejecutar a los herejes.

Artículo anteriorSuecia: el monstruo amable. Segunda parte
Artículo siguienteLa Naturaleza como dios: entre el negocio, el miedo y la religión
J.L. González Quirós
A lo largo de mi vida he hecho cosas bastante distintas, pero nunca he dejado de sentirme, con toda la modestia de que he sido capaz, un filósofo, un actividad que no ha dejado de asombrarme y un oficio que siempre me ha parecido inverosímil. Para darle un aire de normalidad, he sido profesor de la UCM, catedrático de Instituto, investigador del Instituto de Filosofía del CSIC, y acabo de jubilarme en la URJC. He publicado unos cuantos libros y centenares de artículos sobre cuestiones que me resultaban intrigantes y en las que pensaba que podría aportar algo a mis selectos lectores, es decir que siempre he sido una especie de híbrido entre optimista e iluso. Creo que he emborronado más páginas de lo debido, entre otras cosas porque jamás me he negado a escribir un texto que se me solicitase. Fui finalista del Premio Nacional de ensayo en 2003, y obtuve en 2007 el Premio de ensayo de la Fundación Everis junto con mi discípulo Karim Gherab Martín por nuestro libro sobre el porvenir y la organización de la ciencia en el mundo digital, que fue traducido al inglés. He sido el primer director de la revista Cuadernos de pensamiento político, y he mantenido una presencia habitual en algunos medios de comunicación y en el entorno digital sobre cuestiones de actualidad en el ámbito de la cultura, la tecnología y la política. Esta es mi página web

16 COMENTARIOS

  1. Joé, qué mala suerte, estaba casi convencido de que iba a hacer una defensa del escepticismo y, plaf, otra vez vuelve con un ataque de eso que identifica con la progresía, el pensamiento único, el marxismo cultural, el feminismo, el ecologísmo.
    No hay manera de leerles sin entrar los absurdos.
    Por un lado, comienza la descripción en tono generalista; nuestra sociedad, y tal y tal. Pero, en cuanto se descuida uno, ya está mentando únicamente a una parte de la sociedad que es la única que es abducida por oscuros intereses que no le permiten ser escépticos y que viven muy de ello.
    Se lo diré a Trump para que se lo cuente a Putin. Que sepan que una pequeña aldea de la red roja, resiste un grupo de pensadores indómitos que se dan cuenta de muchas cosas.
    Eso sí, en España, ni Dios, a izquierda y derecha, refuerza la inversión en I+D. Pero como ya dice usted, sólo la izquierda es boba.
    Un saludo

    • No, en España no sólo la izquierda es boba, la derecha tampoco ve más allá de su bolsillo pero en este momento hablar de derecha e izquierda se ha quedado un poco obsoleto. Hoy el problema de la bobería está en todo aquella ideología pijoprogresista donde sus seguidores adoran a personajes tipo la niña esa ecológica o los movimientos me too, o eso de este cuerpo es mío y con él hago lo que quiero, o el feminismo no es de todas bonita o eso de los hombres por el sólo hecho de ser hombres ya son unos asesinos o ya no tienen siglas para catalogar a todos los de las revoluciones de colorines y el lgtbi+ en nada tendrá que empezar con variantes de números l1g1t1b1i1+1 y después 12g2t2b2i2+2 y así hasta el infinito

      y si ciertamente en España todo el mundo se está ocupando de esas bobadas pijoprogresistas pero de las inversiones, el desarrollo, la innovación y sobre todo de un sistema de enseñanza de calidad parece que nadie quiere saber nada. En eso estoy de acuerdo con usted” en España, ni Dios, a izquierda y derecha, refuerza la inversión en I+D”

    • Y de duda y cuestión va el asunto, lo que usted señala es precisamente aquello que en estos momentos se pretende hacer pasar por verdad única y que por tanto hay que cuestionar, que yo sepa los “tontiprogres” no están tratando de imponer que la tierra es plana, sino que nos va matar. Como si eso a la tierra le importara algo, y usted se va a morir como yo. No sé por tanto que problema hay en vivir el presente como un socialista sin preocuparse por el futuro. El miedo nos lo podíamos ahorrar. No he visto a nadie solucionar un problema por medio del miedo en mi vida. Creo que los únicos que lo hacen así son los mafiosos.

      Por cierto, Quirós en ningún momento habla de ideología política, sino de cuestionar aquello que se pretende imponer sin permitirnos cuestionarlo.

  2. De la parte el todo y de la excepción la norma.
    Una nueva forma de control de masas.
    Se rompió Dios en muchas partes y llenamos de prosaicos diosecillos Indigetes con altar subvencionado nuestras vidas.

    Cuando aún tenía la estatura para sentarme en el inodoro por medio de la escalada mi madre me amenazó con la llegada del lobo. Como corresponde a niño tan intrépido me dirigí hacia una ventana y reté al lobo a venir, ven lobo, ven.
    Mi madre nunca me volvió a amenazar con el lobo y yo nunca le conté lo que vi. En el edificio de enfrente se creó una gran bruma de la que salió un lobo gris que venía hacia mi, yo me mantuve firme sin retroceder, el lobo se acercaba cada vez más hasta detenerse a poca distancia, el lobo inclinó y giró la cabeza en un gesto que yo interpreté de reconocimiento y amistad.
    Había hecho un nuevo amigo por lo que me fui a la cama sin protestar, ya tenía en que pensar, los lobos existían y el jefe era mi amigo.

    Hoy el maestro Quirós me ha recordado aquel sereno y sabio lobo gris que surgió de la bruma tras la amenaza. Quizás quienes amenazan no sepan que hay niños que no se asustan y que de la bruma puede salir quien les derrote.

    • Leerle esa historia del lobo y sin tener nada que ver con el artículo, me vino a la mente una experiencia que me pasó de pequeña también con un lobo y en este caso a la vez con un búho. Íbamos en el coche, mi hermana y yo, era de noche, por una carretera comarcal que nos llevaba a casa, mi padre iba despacio y más yendo nosotras en el coche (tampoco creo que un 600 diera para muchas carreras eso sí, mi hermana pequeña como era una caprichosa iba delante (ay menos mal que no me lee) y yo iba en el asiento trasero, supongo que sin cinturón y esas cosas je), bueno pues a lo que iba yo en mi cómodo asiento para mi sola en una noche de invierno y en una carretera comarcal, noto a mi padre nervioso mirando para el lado derecho y yo digo papá un lobo, y él, tranquilas no pasa nada, pero lo más fascinante es que al otro lado en un pequeño montículo había un búho. Lobo y búho se miraban como si estuvieran afrontando un reto de quien se iba antes, el lobo o el búho. Pasó el coche, no se inmutaron en un primer momento y yo mirando fijamente al lobo, me fascinó su porte majestuoso me parecía el animal más hermoso que había visto nunca, el lobo se quedó mirando (o eso yo creí) hacia mí, el búho levantó el vuelo, el lobo se mantenía en su sitio, el coche alejándose y yo no era capaz dejar de mirarle. Él seguía el coche con la mirada.
      No creo que la escena durase más de un minuto pero para mi fue uno de los minutos inolvidables en mi vida.
      Aún hoy cuando paso por esa carretera me viene a la mente aquella escena y mucho busqué de pequeña que volviesen a aparecer ambos animales, el búho si lo vi alguna vez pero nunca más a mi lobo (poca huella le dejé que nunca más volvió a mi encuentro ay )

      • En realidad si tiene que ver aunque quizás no lo haya contado bien.
        Suelo escribir los comentarios de un tirón y sin releer lo escrito. Un día de estos Benegas me va a mandar un corrector de negro a casa.
        Quería decir que mi escepticismo infantil ante la amenaza me permitió comprobar que ningún lobo vendría a por mí, y descubrir que cuando uno hace frente al miedo el miedo se puede puede convertir en tu amigo.
        Supe entonces como lo se ahora que el lobo no era real, pero que ese lobo ha existido siempre para todos nosotros.
        El escepticismo o la duda sobre el dogma puede causar y de hecho causa miedo, periodistas, escritores y políticos no tienen miedo, están cagados, perdón, de miedo. Les vendría bien descolgar el teléfono sin temor a que ningún lobo les muerda la oreja.
        Me pregunto mucho últimamente si esta época que nos ha tocado vivir es producto del miedo o sencillamente de la estupidez generalizada.
        Ninguna de las causas abiertas a la opinión pública son importantes para ella, algunas como la famosa ley no es que no sean importantes es que directamente son falsas y no se sostienen ante el más mínimo análisis crítico. A pesar de eso uno puede observar como hay personas capaces de defender en público un disparate, yo también, pero me avergüenzo, pido disculpas y doy las gracias por corregirme, casi siempre y si no es mujer, dar la razón a la mujer es motivo de divorcio.

        Recuerdo que en mi juventud en algunas ocasiones pensaba la suerte de vivir esta época, sobre todo cuando leía sobre personaje que habían sido perseguidos por sus ideas, tenía entonces una falsa seguridad que aquello no se volvería repetir, al menos en Europa. Menos mal que cuando comenzaron con los temas tenía más años y ya sabía a mi pesar que los hombres no cambian y que cualquier estado sicológico se repite en las sociedades como en las personas.

        Su lobo y su búho son magníficos, y encima de verdad, menuda suerte.
        De niño tenía un búho en mi imaginación al que visitaba en su castillo de cristal transparente todas las noches antes de dormir. Desde el castillo del búho situado en alguna parte del espacio se podía contemplar todo el universo, por lo general la tierra siempre estaba a mis pies pudiendo observar todo lo que ocurría allí abajo mientras el viejo Búho me contestaba a todas las preguntas que le hacía. Luego me quedaba dormido.

        Un cordial saludo.

        • Lo de no dar la razón a las mujeres es un chiste que se me ha ocurrido sobre la marcha. Otra vez he vuelto a escribir del tirón mientras pensaba otra cosa distinta.

          El chiste que se me estaba ocurriendo era más o menos así.

          Dar la razón a la mujer puede ser considerado maltrato sicológico.
          Sr. Juez, mi marido me insulta cada vez le dirijo la palabra.
          ¿Y que le dice?
          Pues me da la razón como a los tontos.

          El problema es que no es un chiste.

        • Oh creo que la que me he explicado mal he sido yo, su comentario sobre el lobo si tenía que ver con el artículo. Mi anécdota era la que realmente poco tenía que ver con el artículo.

          La que me he liado he sido yo, también tengo la manía de escribir según me vienen los pensamientos a la mente y pocas veces releo lo escrito y claro luego algunos comentarios quedan como quedan.

          Hay a personas que el miedo las paraliza en cambio a otras le hace reaccionar y hacerle frente. El tener miedo no es malo, lo malo es quedar paralizado.

          ( Hombres y mujeres , aún siendo de planetas diferentes (lo somos)…estamos condenados a entendernos y ojalá que sea así por muchos siglos)

    • Vaya, lo siento, señor Killer.
      Debe ser que en mi colegio, aprovechándose de mi inocencia, me las dieron con queso con todo ese rollo de los comentarios de texto, el subtexto y la intención del autor.
      Ha debido ser un lapsus y del artículo del elogio del escepticismo me ha dado a mi por entender que de éste sólo adolece una parte de la sociedad.
      No me había dado cuenta de que para ser escéptico hay que sospechar del calentamiento global, del feminismo, del socialismo; “ideas que, tengan los méritos que tuvieren, están muy lejos de ser una verdad absoluta”.
      Frente a las nuevas y las viejas religiones, escepticismo. Sí, señor.
      Un saludo

      Ciertamente, verdades absolutas, poco más que las matemáticas. Lo malo de ser escéptico es que es muy comprometido y si bien hay que saber poner en cuarentena las afirmaciones de unos, no se pueden olvidar las de otros. Así, caricaturizando a una niña, no estaría de más, ridiculizar las afirmaciones del un presidente que opina en twitter, mientas dirige una de las naciones más poderosas e influyentes del orbe. O si se habla de callar y detener a los herejes, a modo contrareforma en todo su esplendor, recordar a un tiempo que algún grupo político persigue chiringuitos por nuestra patria, acusando sin demostrar.

  3. No puedo sino estar de acuerdo con lo dice el autor de este artículo, que ha descrito muy bien el mundo en el que vivimos y, sobre todo, el que puede venir. Vamos hacia una nueva época dogmática de la historia. No hay más que echar un vistazo a los grandes medio de comunicación o a las televisiones generalistas. Se busca, no un consenso social, sino una pura imposición de los dogmas del progresismo más enloquecido: feminismo radical corporativo, ecologismo histérico, inmigración incontrolada, rechazo a todo lo tradicional (nación, familia, ética) y su sustitución por un corpus de ideas “líquidas” (como dijo Bauman en su día), que voy son así, pero que irán mutando según convenga los que manejan el circo.

    Los “media” se han convertido en los nuevos púlpitos, desde los que se imparte doctrina y se condena al anatema a todo el que se salga de los dogmas de fe que el “Sínodo Progre” ha establecido para hoy. Los de mañana ya veremos cuales son. Y a modo de nueva Inquisición las turbas de las redes sociales buscan herejes para escarnio en las plazas públicas como Twitter, Instagram o Facebook. Y en este contexto, cualquier alfaquí incontrolado puede lanzar una “fatwa” condenatoria contra el que considere que ha ofendido al colectivo progre y a la verdadera fe del izquierdismo mediático imperante. Por eso, como toda religión universal y proselitista, la fe progre debe extenderse e implantarse en todo el planeta.

    Los científicos han sido prácticamente excluidos de las televisiones, sustituidos por los “opinadores”, que son como el maestrillo Liendres (que de ná’ sabe y de tó’ entiende). Solo invitan (raramente) a algunos de su cuerda, los otros ni existen, mientras que publican amplios libros cuestionando el tema del calentamiento antropogénico, que puede ser un factor más, quizás de importancia variable, según estemos hablando a nivel local, regional o planetario. Pero solo uno entre muchos, donde interactúan fenómenos extraordinariamente complejos y que tienen dimensiones cosmicas: sistema sol, tierra, luna, rectificaciones de órbita planetaria, inclinación del eje terrestre, emisiones volcánicas, cambios en la actividad solar, aumento o disminución de la evapotranspiración por los cambios de albedo de la superficie terrestre, generación de más o menos nubosidad, cambios en la alta atmósfera, modificaciones en las corrientes marinas, etc.).

    La historia de la Tierra lo único que nos confirma es que el sistema climático del planeta es muy inestable. Ha habido periodos mucho más cálidos que el actual y mucho más fríos, sin intervención del ser humano. Lo que estamos viviendo hoy es un periodo de calientamiento desde mediados del siglo XIX. ¿Es casualidad que este fenómeno coincidiese con el arranque de la revolución industrial o tiene relación? No lo sabemos a ciencia cierta. Es cierto que desde esos momentos han aumentado las concentraciones de CO2 en la atmósfera, pero hablamos de un porcentaje de “partes por millón”. La Revolución Industrial realmente fue un fenómeno muy localizado hasta prácticamente la segunda mitad del siglo XX: ZONAS -y recalco lo de “zonas”- de Gran Bretaña, Francia, Alemania, norte de Italia, Estados Unidos y Japón, una superficie realmente insignificante de esos países en su extensión total (De España para qué hablar, más allá de cuatro zonas industriales diminutas. Luego a fines del XX se incorporan de nuevo ZONAS de la India y China. El vehículo automovil y la aviación comercial fueron una rareza prácticamente hasta los años 60 fuera de Europa Occidental y Estados Unidos. Eso, a nivel planetario no es nada, porque el calentamiento estaba claro que venía antes de antes. Aunque evidentemente es posible que haya habido un factor de retroalimentación de origen antrópico en los últimos treinta años. Pero eso, un factor nada más. Solo una erupción volcánica produce una cantidad ingente de CO2 muy superior a cualquier actividad humana.

    Dejemos a la ciencia investigar, seamos prudentes, seamos racionales a la hora de consumir recursos (no al usar y tirar tan de moda en este mundo actual tan lleno de contradicciones), gestionemos bien el territorio y los recursos agotables de los que disponemos. E igualmente, no hagamos demasiado caso de los profetas del Apocalipsis. Solo son una herramienta de los poderosos del mundo para el control de las mentes, como dice González de Quirós en su clarividente artículo. La disminución de la energía disponible per capita que proponen, sin una eficiencia tecnológica que lleve al límite de la termodinámica (todavía no disponible, porque ni está ni se la espera de momento) solo puede llevar a un empobrecimiento masivo de la mayor parte de la humanidad y a un deterioro de las condiciones de vida de (casi) todos. Digo “casi” por que a los que verdaderamente mandan, nunca les va a faltar de nada, aunque la energía disponible disminuya de manera exponencial. Para una mejor gestión de esta segura disminución de la energía abundante y barata, que hemos venido teniendo hasta ahora, hace falta otra clase dirigente con valores éticos y no lo que hay actualmente en todo el mundo (dense una vuelta y España no es una excepción en la mediocridad ocupando el poder visible).

    Por eso van preparando a la población con el lavado de cerebro para lo que realmente viene: el acaparamiento de la energía más eficiente, versátil y cómoda que existe por el momento (la fósil) por parte de determinados grupos de poder. A los demás nos venden que la eólica y la fotovoltaica es el futuro. Eso es una verdad a medias (es decir, una mentira), porque las nuevas energías sin el apoyo de la fósil son actualmente inviables. De momento, no se ve un futuro de energía 100% renovable. En España estamos ya a tope con la eólica y nunca hemos superado el 30% del total de energía producida en renovables. Quedan pocos lugares ya donde los parques eólicos tengan una eficacia que merezca la pena instalarlos. La fotovoltaica consume mucho espacio que deja inutil el suelo para otro uso (al contrario que la eólica) y paradójicamente aumental el calentamiento atmosférico por su gran índice de absorción de la radiación infrarroja, disminuyendo el albedo de la superficie terrestre. En fin, que estamos metidos en un buen lío. Si queremos 100% energía límpia ahora mismo (con apoyo de fósil para construcción, instalación y mantenimiento y desmantelamiento de parques eólicos y fotovoltaicos cuando acaba su vida útil) ya saben: disminuyan su consumo de energía (luz, agua caliente, calefacción y a subir escaleras…) un 70%. Ah, olvidense de los coches de combustión interna, de que las estanterías de los supermercados esten llenas (cadenas de transportes), de que los campos se cultiven (maquinaria agrícola), de que haya pescado (mover la flota). Se acabó la ropa de “Primark” a 3 € la camiseta. Ah, Y olvidense de todos los “gadgets” (ordenadores, móviles, televisión, internet) del mundo moderno tecnificado, que se mueven en un 70% con energía de origen fósil y ello sin contar con su proceso de fabricación.

    Total, que en menudo lío estamos metidos con esta panda de peligrosos fanáticos que se creen que luchan por una verdadera causa. Pero lo malo son los borregos que se suman a ella por estar a la moda.

    Disculpas por la longitud y saludos desde el antiguo Reino de Tartessos.

    • “Por eso van preparando a la población con el lavado de cerebro para lo que realmente viene”

      Pues sí, y ya no sólo en temas ecológicos o de energía, el campo lo llevan abonando desde hace décadas en distintos ámbitos. Desde que el sistema de enseñanza, pasó a ser sistema educativo el proceso fue lento pero seguro.

      Como siempre un buen comentario

      Saludos

      • Gracias Emme por sus palabras, aunque mi comentario me parece largo (debo moderarme). Le agradezco su interés en leerlo.

        Ciertamente, este guiso se cocina a fuego lento. Comparto totalmente la diferencia entre enseñanza y educación, que en nuestros tiempos se confunde.