Me sorprendió –es un decir- el nulo eco mediático del “I Congreso Internacional sobre Género, Sexo y Educación” celebrado en Madrid el 23 de Febrero. Como reconocieron los propios ponentes, era la primera vez que se podía escuchar en directo a un plantel tan selecto de figuras mundiales de la resistencia a la ideología de género. La izquierda cultural ha enarbolado últimamente el feminismo, el homosexualismo y el transgenerismo como una de sus banderas más visibles. Y ha extendido su intimidación a toda la sociedad: nadie que aprecie su pellejo civil-profesional está dispuesto a asumir el riesgo de ser estigmatizado como “homófobo” o “tránsfobo”.

Pero la izquierda cultural amalgama la causa feminista, la homosexualista y la transexualista sin reparar en las obvias contradicciones entre ellas. Entre los conferenciantes del congreso figuraba una feminista y militante histórica del movimiento homosexual, Miriam Ben-Shalom (expulsada del ejército norteamericano cuando reveló su lesbianismo). De ella partió uno de los ataques más contundentes contra la ideología de género. El transexualismo, explicó, es una amenaza para las mujeres, lesbianas incluidas. No sólo porque el dogma anticientífico de que “la identidad sexual está en el cerebro y los sentimientos, no en los cromosomas y los genitales” está ya abriendo las puertas de los “shelters”, residencias y prisiones femeninas a “hombres convertidos en mujeres”, algunos de los cuales ni siquiera han sido operados (“a las mujeres no nos apetece compartir las duchas con un ser con pene, por muy mujer que diga sentirse”, aseguró Ben-Shalom), sino también porque la ideología de género niega el sexo femenino, al minimizar la relevancia de la biología y sustituir la división de la humanidad en hombres y mujeres por un espectro borroso de múltiples “géneros”, “constructos culturales” e “identidades sentidas”.

La ideología de género, al negar la binariedad hombre-mujer, priva de sentido tanto al feminismo como a la homosexualidad

Pero el feminismo nació para defender a las mujeres, no para negar su existencia. Y una lesbiana, por otra parte, es una mujer a la que le gustan las mujeres. “Si yo hubiese nacido en esta época, los psicólogos me habrían explicado que no era una niña, sino un niño atrapado en el cuerpo equivocado, y me habrían orientado hacia la hormonación y la cirugía genital”. ¡Y hasta ahí podríamos llegar!: “Yo soy una mujer que ama a otras mujeres, no un hombre al que la naturaleza asignó por error un cuerpo femenino”. La ideología de género, al negar la binariedad hombre-mujer, priva de sentido tanto al feminismo como a la homosexualidad.

El género postmoderno o el triunfo del placer

El ponente Glenn Stanton ahondó en las contradicciones internas del progresismo feminista-homo-transexualista. De un lado, se enfatiza la libertad del sujeto para definir su propio género según su apetencia, sin ataduras biológicas. Sin embargo, cuando el decathlonista William Bruce (hoy Caitlyn) Jenner se hormonó y mutiló sus genitales, la prensa comentó que “ahora es por fin, plenamente, la mujer que siempre fue”.

Al parecer, en el cerebro y los sentimientos de Jenner había habitado siempre una identidad femenina rocosa, inmodificable. Pero, si es así, ¿dónde queda su libertad para definir o cambiar su género a capricho, escogiendo entre las 59 posibilidades que Facebook llegó a poner a disposición de sus usuarios cuando rellenaban su ficha de identificación? Según parece, Jenner no es prisionero de sus genitales y sus cromosomas XY… pero sí de una misteriosa “identidad sexual cerebral” que es fatal e inescapable (aunque, por supuesto, los neurólogos no han encontrado nunca el lóbulo que le pueda servir de soporte).

¿Confuso? En realidad, la regla para orientarse en el bosque de la postmodernidad sexual es muy sencilla: lo “clásico” (soy hombre porque tengo genitales masculinos y cromosomas XY; me gustan las mujeres porque soy hombre, etc.) es siempre cuestionable, contingente, modificable (que a los hombres les gusten las mujeres no es “lo natural”, sino pura “heteronormatividad” culturalmente aprendida; que uno tenga genitales y cromosomas masculinos no le convierte necesariamente en varón, pues siempre está a tiempo de extirpar los primeros y engañar con hormonas femeninas a los segundos). Lo “atípico”, en cambio, es siempre incuestionable, necesario, sagrado: el niño al que le gusta jugar con muñecas es categórica, irreparablemente “una niña atrapada en el cuerpo equivocado”; Bruce-Caitlyn Jenner es metafísica y eternamente “una mujer”; un homosexual lo es de manera innata e inmodificable.

La postmodernidad sexual bendice siempre el paso de “lo clásico” a “lo atípico”, pero descarta y hasta prohíbe legalmente el viaje inverso

O sea, la postmodernidad sexual bendice siempre el paso de “lo clásico” a “lo atípico”, pero descarta y hasta prohíbe legalmente el viaje inverso. Por ejemplo, pasar de la heterosexualidad a la homosexualidad merece aplauso: significa que uno se ha atrevido a seguir sus verdaderos deseos y ha escapado de la opresiva “heteronormatividad”. Pero que un homosexual intente pasar a la heterosexualidad es escandaloso e inadmisible. Por eso las leyes de derechos LGTB de varias regiones españolas amenazan ya con multas e inhabilitación a los psicoterapeutas que ofrezcan ayuda a los homosexuales deseosos de superar su atracción hacia el mismo sexo.

La explosión hormonal de la pubertad -el cuerpo del chico se inunda de testosterona y el de la chica de estrógenos- solucionaba la disforia de manera natural en un 80% de los casos, según explicó la doctora Michelle Cretella

El género postmoderno o el triunfo del placer

En lo que se refiere a la “disforia de género” infantil (niños que dicen sentirse niñas, y viceversa), lo “clásico” era tratar al sujeto con psicoterapia (pues a menudo la “disforia de género” parece deberse a conflictos emocionales: por ejemplo, los celos por el nacimiento de un hermano pequeño) para ayudarle a reconciliarse con su verdadero sexo. Y si la psicoterapia no lo había conseguido, la explosión hormonal de la pubertad -el cuerpo del chico se inunda de testosterona y el de la chica de estrógenos- solucionaba la disforia de manera natural en un 80% de los casos, según explicó la doctora Michelle Cretella.

Pero esta terapia clásica, respetuosa de la biología, está ya prohibida en diez estados norteamericanos. La ideología de género ha impuesto lo “atípico”, lo antinatural: en lugar de ayudar al niño disfórico a asumir su sexo, se le confirma en su alucinación transexual, cambiándole el nombre, vistiéndole con ropa del sexo opuesto, y obligando a profesores y compañeros de colegio a sumarse a la farsa de que el pequeño Peter ahora es Lucy. Cuando se acerque la pubertad, se le suministrarán bloqueadores para impedir la anegación hormonal que solucionaba la disforia en cuatro de cada cinco casos (esos bloqueadores –inicialmente desarrollados para casos patológicos de pubertad prematura- pueden producir esterilidad y deterioro cognitivo). Después seguirán, a los dieciséis años, las hormonas del sexo opuesto (que incrementan el riesgo de cáncer, diabetes y problemas cardíacos), culminando ya en la mayoría de edad con la “cirugía de reasignación de sexo”, es decir, la mutilación de un cuerpo sano. Y después, la hormonación de por vida y un riesgo estadístico de suicidio 19 veces superior al promedio.

La ideología de género es el paroxismo del triunfo del principio del placer sobre el principio de realidad: soy lo que me apetezca ser

¿Cómo explicar el éxito fulgurante de una doctrina anticientífica y dañina? Porque encaja a la perfección en el Zeitgeist sesentayochista. La ideología de género es el paroxismo del triunfo del principio del placer sobre el principio de realidad: soy lo que me apetezca ser; mi libre autodefinición sexual no debe verse constreñida por una biología reaccionaria. Mi sentimiento y mi fantasía -¡la imaginación al poder!- prevalecen sobre los anticuados cromosomas y la superada binariedad macho-hembra.

El género postmoderno o el triunfo del placer

La ideología de género ha triunfado gracias a la militancia indesmayable de una minoría fanática que, con la complicidad de políticos ansiosos de ganarse la vitola “progresista”, no ha parado hasta adueñarse de las leyes, los libros de estilo mediáticos y los programas escolares (Por ejemplo: “La Comunidad de Madrid elaborará una Estrategia integral de educación y diversidad sexual e identidad o expresión de género. Las medidas previstas en este plan se aplicarán en todos los niveles y etapas formativas y serán de obligado cumplimiento para todos los centros educativos”, art. 29 de la Ley de Protección Integral contra la LGTBIfobia, Comunidad de Madrid).

La disforia de género afecta a un 0.01% de los niños, pero el bombardeo ideológico-educativo va camino de alcanzar al 100%

Pero, si esa minoría ha vencido, ha sido también porque la mayoría silenciosa miró para otro lado. El buen burgués constata que no le afecta. Pero sus hijos van a ser –están siendo- adoctrinados en esto. La disforia de género afecta a un 0.01% de los niños, pero el bombardeo ideológico-educativo va camino de alcanzar al 100%. Y eso tiene consecuencias: el doctor Paul Hruz explicó que los casos de disforia se han multiplicado por veinte en pocos años. Un niño poco aficionado al fútbol y los empujones al que le explican sesudos “educadores sexuales” que “existen niñas atrapadas en cuerpos de niño” empezará a preguntarse: “¿No seré yo una de esas?”. Cuando el profesor exija que el Paul de la clase de al lado ahora sea llamado “Mary”, su desorientación y sus dudas se acentuarán. Y otro día lo llevarán a escuchar a un cuentacuentos drag queen. Así es como las ideologías delirantes de los adultos van destruyendo la inocencia del niño y su necesidad de un mundo con referencias sólidas.

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Francisco José Contreras
Soy catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Sevilla, donde he ejercido la docencia desde 1996. He escrito y/o dirigido diecisiete libros individuales o colectivos, tanto de cuño académico como dirigidos a un público más amplio. Entre ellos: La filosofía de la historia de Johann G. Herder; Kant y la guerra; Nueva izquierda y cristianismo; Liberalismo, catolicismo y ley natural; La filosofía del Derecho en la historia; El sentido de la libertad: Historia y vigencia de la idea de ley natural; ¿Democracia sin religión?: El derecho de los cristianos a influir en la sociedad; La batalla por la familia en Europa; Una defensa del liberalismo conservador. Activo conferenciante, colaboro regularmente, además de en Disidentia, en Actuall y esporádicamente en Libertad Digital, ABC de Sevilla, Diario de Sevilla y otros medios. He recibido el Premio Legaz Lacambra, el Premio Diego de Covarrubias, el Premio Hazte Oír y el Premio Angel Olabarría. Pertenezco al patronato de la Fundación Valores y Sociedad.

24 COMENTARIOS

  1. Lo he leído tarde, pero “nunca es tarde si la dicha es buena”; se trata del mejor artículo que he encontrado sobre la totaltaria y apocalíptica ideología de ‘género’, de inspiración absolutamente marxista, puesta en marcha por estos alucinados criminales marxistas para destruir la familia occidental tradicional y, con ella, la civilización occidental, con el obvio fin de imponer el totalitario comunismo marxista en Occidente; y van ganando por goleada. Estamos a un paso del abismo, del Armaggedon, en Occidente.

  2. “…una misteriosa “identidad sexual cerebral” que es fatal e inescapable (aunque, por supuesto, los neurólogos no han encontrado nunca el lóbulo que le pueda servir de soporte)”

    la neuropsicología experimental y clínica confirma la arquitectura modular de la mente. Aunque el modelo estandar de las ciencias sociales haya impuesto como “políticamente correcto” que las diferencias entre hombres y mujeres se deben al medio cultural, ese planteamiento basado en un ambientalismo radical es difícil de sostener ante las investigaciones disponibles. Las hormonas sexuales no solo transforman los genitales, también condicionan comportamientos, al modificar la estructura cerebral. Hay estudios que demuestran cómo en el periodo uterino, los efectos de la exposición a hormonas en seres humanos son duraderos y modifican la organización cerebral de forma permanente.

    En cambio, en los roedores, la diferenciación sexual cerebral no se produce en el periodo fetal sino después del nacimiento. Si a una hembra al nacer se le administra andrógenos mostrará en la edad adulta más comportamientos de tipo masculino, su cerebro será de tipo masculino. La rata tendrá cuerpo de hembra y cerebro de macho. Y lo mismo ocurrirá con ratón, cuando al nacer se castran sus genitales o se bloquea su función hormonal.

    Hay diferencias relevantes ligadas al sexo en los cerebros de hombres y mujeres, y esas diferencias se van conformando desde edades tempranas de vida intrauterina. Pero también es verdad que las experiencias y aprendizajes en entornos socioculturales reestructuran y organizan el cerebro y sus redes neuronales, tal como se ha constatado en cerebros de taxistas. Pero bueno, este ya es otro tema.

    • Respondo a su último comentario: Veo que estamos de acuerdo en que (cito) “habría que identificar correctamente el tipo de profesionales y colectivos que han ejercido y ejercen tamaña influencia en los manuales de clasificación diagnóstica, en los organismos oficiales o en la legislación, para imponer una visión tan surrealista y delirante del tema”. Usted reconoce que hay una tendencia hacia la oficialización de la idea delirante del “niño atrapado en un cuerpo de niña”, y hacia la consiguiente terapia de reafirmación en la “transexualidad” (nombres del sexo opuesto, travestismo, bloqueadores de la pubertad…). Es lo que nos explicaron los ponentes del congreso, y lo que he intentado resumir en mi artículo.

  3. “Si yo hubiese nacido en esta época, los psicólogos me habrían explicado que no era una niña, sino un niño atrapado en el cuerpo equivocado, y me habrían orientado hacia la hormonación y la cirugía genital”

    Una barbaridad de este calibre merece un severo reproche. Vaya que, ni siquiera puede calificarse de posverdad. A ver si va a resultar que todos los psicólogos en el ejercicio libre de su profesión van a comulgar o estar adscritos con la “ideología de género” o el “género postmoderno”. Pues mire, de entrada no es así porque los profesionales que ejercen profesionalmente están colegiados y se rigen por un código deontológico al que deben ceñirse estrictamente. Y aunque existan diversas corrientes de opinión o enfoques terapéuticos, a los que pueden adherirse si no son incompatibles con ese código, para abordar el posible “malestar” que puede generar en una persona su condición orientación sexual, le aseguro que ni la “hormonación ni la cirujía genital” representa una “orientación” ni mucho menos una práctica terapéutica para abordar ese “malestar” o ese conflicto de identidad sexual.

      • Oye, macho, a ver si te caes del guindo y sales de la zona más densa de las brumas del Cantábrico en la que te encuentras.

        Saludos.

    • ¿Así que “hay una pluralidad de enfoques terapéuticos” y muchos psicólogos “no aceptan los postulados de la ideología de género”? Espero que sea así. Sin embargo, cuando Hazte Oír paseó su autobús con el mensaje “los niños tienen pene, las niñas tienen vulva” (que respondía a una campaña anterior de Chrysalis que afirmaba lo contrario), no recuerdo que ninguna asociación de psicólogos saliera en su apoyo frente a la lapidación general. Más bien lo contrario. En cuanto a la prensa, divulga ya sin ningún rubor lo del “niño atrapado en un cuerpo de niña” como supuesta verdad científica indiscutible. Por ejemplo: https://www.eldiario.es/sociedad/preguntas-respuestas-transexualidad-infantil_0_618038694.html

      • ” En este proceso de “despatologización”, el discurso biomédico basado en el diagnóstico, la evaluación, la hormonación y la intervención, está siendo rechazado por el movimiento asociativo.
        El propio comisario europeo de Derechos Humanos exigió que se dejara de tratar a los transexuales como enfermos, pero quedan escollos: el manual de diagnóstico de trastornos mentales”
        Es que la “evaluación, hormonación e intervención” no es ni ha sido una competencia del psicólogo. Lo habrá sido del médico o psiquiatra. Como le decía, el psicólogo aborda el “malestar” del paciente desde un enfoque terapéutico bastante menos invasivo. Y sobre la defensa que pudiera hacer el colectivo profesional de psicólogos del autobús de “hazte oir”, como usted comprenderá, a nivel corporativo tiene poco sentido inmiscuirse en una polémica de este tipo. Más aún cuando existe un pronunciamiento claro desde OMS sobre los transexuales y cuando en el manual de clasificación de enfermedades mentales, la transexualidad ha dejado de tratarse como un trastorno. Ya sabrá que la homosexualidad también dejó hace tiempo de considerarse un trastorno o una patología.

        • Pues esa es la aberración: que no se considere un trastorno que un niño con pene y cromosomas XY se crea una niña. Claro que es un trastorno. Igual que el de la anoréxica de 40 kilos de peso que se cree gorda. Confirmar al niño en su creencia de ser una niña es como darle la razón a la anoréxica y prescribirle una dieta de adelgazamiento.

          • Le dejo la opinión de una psicóloga clínica de la Unidad de Transexuales e Identidad de Género de Málaga.

            “no se puede hablar de que un niño o niña sea transexual porque, como explica Juana Martínez Tudela, especialista en Psicología Clínica de esta unidad del hospital Carlos Haya, «todos los manuales de clasificación diagnóstica, todos, dicen que el transexualismo es en la edad adulta».

            “En la infancia lo que hay es disforia de género, según esta experta, es decir, «un trastorno de la identidad sexual cuando se es menor». Ya hay diferencias. ¿Puede aparecer siendo tan pequeños? «Claro que sí, desde los cinco años e incluso menores», sostiene Martínez. Pueden aparecer manifestaciones corportamentales, o lo que es lo mismo, que un niño se comporte como si fuera una niña y viceversa, por lo que hay que valorar y hacer un seguimiento para ver cómo se van desarrollando hasta llegar a la pubertad”.

            “En esta etapa de la vida se producen muchos cambios y variaciones. Físicas y también sexuales. «Al llegar a una edad determinada, esos comportamientos de género cruzados pueden desaparecer», asegura esta experta. Para reforzar esta afirmación recurre a estudios internacionales, que aseguran que el 85% de los niños diagnosticados de disforia de género en la infancia dejan de tener este trastorno cuando crecen. «Y es una cifra significativa», añade”

            “¿Y mientras llega a la pubertad qué? Hay que procurar que el desarrollo del niño sea lo mejor posible. «Y ahí tienen que estar implicados todos los agentes relacionados con el menor: los padres, el colegio, las leyes y también la sanidad», dice. Un menor no dispone de los elementos de conciencia suficientes para abordar unas cuestiones tan sensibles, asegura esta experta, por este motivo, es importante «acompañar esta transición para que sea lo menos problemática posible, estableciendo límites para que pueda crecer sin estar en conflicto todo el tiempo, e intervenir cuando llegue el momento»”

            “¿Esta aparente indiferencia a los deseos del niño y la familia no puede provocar daños psicológicos? ¿No provoca que se sienta discriminado? La psicóloga de la Unidad de Transexuales e Identidad de Género de Málaga advierte que sería peor en el caso contrario. Esto es, dar marcha atrás en un proceso ya iniciado. Martínez pone como ejemplo el caso de Holanda. «Allí el volumen de niños con disforia de género es inmenso y sus familias, al ver que tenían estos comportamientos, accedieron a considerarlos del sexo opuesto, comprobando que al desaparecer la disforia, fue mucho más dramático y problemático para los menores», argumenta”

            http://www.laopiniondemalaga.es/malaga/2013/10/30/15-ninos-disforia-genero-termina/627900.html

          • Esta es la mirada de Juan Gavilán, filósofo, escritor y profesor de antropología, sin el más mínimo fundamento científico y su opinión sobre la labor de los profesionales. Le dejo también el enlace y un pequeño fragmento.

            “-¿El reconocimiento de la identidad de género tiene edad?

            -Los psicólogos oficiales que trabajan en unidades de tratamiento de identidad de género la ponen muy tardía, en la pubertad, pero yo no me lo creo”

            “-¿Estos niños necesitan que un psicólogo les diga cuál es su identidad?

            -No, que va. Hay veces que los que necesitan el psicólogo son los padres porque han sufrido mucho”

            http://www.malagahoy.es/malaga/generacion-ninos-transexuales-cambiando-mundo_0_1068493394.html

          • Conclusión:
            1-Ni la promoción de campañas cuya consigna es “las niñas tienen pene y los niños vagina” ni las contracampañas de “las niñas tienen vagina y los niños tienen pene. Que no te engañen” contribuyen a favorecer un clima social adecuado en el que se imponga un relato ajustado a la realidad, más objetivo, fundamentado y coherente para abordar la cuestión.

            2-Habría que identificar correctamente el tipo de profesionales y colectivos que han ejercido y ejercen tamaña influencia en los manuales de clasificasción diagnóstica, en los organismos oficiales o en la legislación, para imponer una visión tan surrealista y delirante del tema, en no pocos aspectos. No pogamos a todos los profesionales en el saco del “género postmoderno”

            Un saludo,

    • Mire, lo que explica este artículo de El Diario confirma lo que contaban los ponentes del congreso al que me refiero en mi texto: que el enfoque terapéutico (¡y legislativo!) ha girado desde la búsqueda de la reconciliación del niño con su verdadero sexo biológico a la reafirmación de su “transexualidad”: “Se han aprobado leyes autonómicas en Andalucía, Castilla-La Mancha, Madrid o País Vasco, pero no hay una ley estatal, aunque ya está habiendo contactos de grupos políticos para desarrollarla. Entretanto, se aprueban normativas sectoriales en materias transferidas, como la educación, y ya hay varias comunidades con protocolos educativos y médicos para identidad de género. Estos protocolos convierten en ilegal un caso como el de Gabriela, a la que un colegio de Málaga no permitió vestirse con un uniforme de niña.
      Tampoco se ha modificado la legislación del registro para que permita corregir el sexo en los documentos públicos. Los padres se quejan de la intromisión en su intimidad que supone tener que explicar al conductor del autobús o en un aeropuerto que su hija es una niña aunque el DNI diga lo contrario”.

  4. El constructivismo moderno, la descabellada idea de que la naturaleza de las cosas no existe y de que todo debe llegar al ser, a existir como producto de la voluntad subjetiva del hombre para ser reconocido como «obra propia» (algo que ni siquiera tiene sentido en el terreno del Arte), principio que está en la base del Estado, la ciencia y la técnica modernas, cuando se traslada al campo de juego de la «identidad» y la relación del cuerpo/espiritu del hombre consigo mismo, produce monstruos, los mismos que ha llegado a producir en esos otros campos de la actividad humana.

    Las ideologías de género, toda esta discusión bizantina, apunta al corazón de lo que subyace a la forma como la Modernidad entiende su relación con lo dado de una naturaleza concebida como lo opuesto a la infinita libertad del hacer subjetivo. Es la forma extrema del nihilismo destructivo que es consustancial a todo constructivismo mundano.

    Ahora bien, en la España actual todas las ideologías decadentes de la Posmodernidad, que exacerban esta concepción de fondo, son ideocracias faccionales de Estado introducidas muy superficialmente en los medios y tratadas con no mucha mayor profundidad en los ambientes académicos. Son ideologías-pseudo saberes disciplinarios de importación, de ahí su aire extravagante y ajeno a toda tradición de pensamiento autóctono.

    Vivimos en una civilización en estado terminal, de manera que la sintomatología de las aberraciones forma parte de una vida que, abandonada a sí misma, sin criterios de valoración, sólo puede satisfacerse con esa forma de libertad carnavalesca, porque no otra cosa se nos presenta ante la «licencia» que un sistema social desestructurado puede conceder a quienes padecen los rigores de las carencias y privaciones de libertades tal vez más sustanciales.

    El homúnculo occidental va camino de convertirse en un ser asexuado y hacia esa dirección señalan todas estas distopias antropológicas con las que las legislaciones de los Estados decadentes se solazan.

    Basta leer a Suetonio para entender que cuando el Emperador es un viejo degenerado, las vestales abandonan el templo, los senadores se ponen coloretes en las mejillas y los niños acarician a sus hermanas sin pudor…

    • He buscado a Marcial -más periodístico que Suetonio- esta mañana para hacer una comparativa del momento historíco degenerativo que padecemos, estamos en las últimas. Es probable que no nos de tiempo a ver la nueva época que creo ya ha comenzado, al menos así me lo parece tras leer Disidentia y sus comentarios, también algunos libros publicados hace años. Si Marcial anduvo por Roma allá por el año 64 d.C. y aún así tuvieron que transcurrir algunos años hasta la nueva época, aunque ya por entonces se sacrificaban cristianos como ahora heterosexuales, ah, y se expulsaban judios, ahora no, ahora se les concede la residencia. Algo hemos ganado, el éxodo heterosexual se acerca, esperemos que nos sigan las mujeres, al menos las femeninas.

      • Fíjese bien en la moda de los lacitos de colores para señalar que uno se hace cargo del “”dolor”” de las víctimas de este mundo tan cruel, imperialista, capitalista y machista… mientras en una terraza junto a las playas del Mediterráneo se pone morado de langostinos con cargo al presupuesto, es decir, subiéndose a la chepa de los impuestos pagados por los mil euristas de todos los mercadonas y mercadones y mercadillos de este mundo.

        Hay huelgas orgánico-estatales de funcionarios exclusivamente convocadas para humillar a esta pobre gente y marcarles con la indigna condición de trabajar bajo sueldo en contratos privados y libres. El privilegio de clase no lo es si no se muestra como ofensa de superioridad incondicional por estatus a la vista perpleja del mundanal gentío. Lo visto ayer en España.

        No se necesita a un teórico hiper-intelectualizado del nihilismo epocal, no hace falta ni siquiera leer a Nietzsche, a Heidegger, a Cioran ni a nadie para entender la lógica de este mundo de hombres-sombra.

        Cuando los hombres se ponen lacitos en la solapa del traje para indicar su identificación con algo, es que no tienen nada propio en la cabeza para afirmarse.

        Lo que les cuelga, literalmente, les cuelga y nada más. Lo sobrante del hombre es el símbolo de su diferencia superflua.

        Quiero decir que, cuando los hombres no se “producen en escena” ante otros hombres a través de sus propias señales, incluso olfativas, el olor a orín mezclado con Hugo Böss de cien euros siempre es indicio de una virilidad apocada, a diferencia de los lobos de raza, porque ya no tienen nada que los acredite y valide como hombres.

        El pensamiento libre es al hombre lo que al orín es al lobo para reconocer a los suyos.

        Y como las mujeres tienen un sentido del olfato más desarrollado y huelen de lejos la cobardía y el sonrojo en el hombre que mana de su ser calostros de leche regurgitada, pues eso mismo:

        “El futuro tiene nombre de Mujer”…, o de Drag Queen, es lo mismo.

  5. A mi me gusta seguir la pista del dinero, pues ayuda mucho a localizar de dónde provienen muchas de las cosas absurdas que atentan al sentido común.

    Si todo lo que se promociona, facilita y subvenciona (a veces casi se obliga) supone un ingreso para la industria farmacéutica, y todo lo que se ilegaliza, penaliza o prohibe, hubiera supuesto una pérdida de esos ingresos, cualquier principiante de disidente debería sospechar de quien salga beneficiado por esas políticas.

    Además de en los cambios de género prefectamente explicados en el presente artículo, el mismo conflicto de intereses ocurre en otras áreas de la sociedad:

    Las ONGs llevan medicinas a pueblos desnutridos a los que habría que llevarles pan y tomates. Puede que los fabricantes de pan no puedan sobornar a sus dirigentes con tanta prodigalidad como la industria.

    A los que proponen tratamientos a coste cero para enfermedades se les desprestigia y se les amenaza con cárcel, en cambio, a los que cometen fraudes científicos con resultados de miles de muertes se les da el Premio Nobel.

    A los padres que se niegan a darle quimioterapia a sus hijos menores, se les quita la custodia y el juez obliga al niño a tratamientos altamente peligrosos sin su consentimiento, con la injusticia añadida que dichos tratamientos no están respaldados por las evidencias científicas de las que presume la industria.

    Se puede hacer una larga lista de situaciones habituales que nos dirigen la mirada en la misma dirección. Es curioso que ningún disidente se atreva a tirar del hilo hasta llegar a la putrefacta madeja.

  6. No se si estamos dando una importacia excesiva a algo que no la tiene, el mundo homosexual me es completamente ajeno y ni tan siquiera me rozaría de tener alguien cercano o querido con esta particularidad.
    Mi masculinidad se impuso por si misma cuando contaba año y medio de edad mientras jugaba con mis hermanas de tres y cuatro años, ellas estaban empeñadas en tratarme como un muñeco y no tuvieron otra idea que intentar vestirme con ropas de niña, aún recuerdo mi enfado y la primera decisión importante de mi vida, decidí que a partir de ese momento jugaria solo, comprendiendo perfectamente en ese instante mi masculinidad. Por tanto no puedo prestar atención a ningún sicólogo que hace la cronología de la definición sexual cuando es algo anterior a nosotros mismos.
    Tampoco puedo estar de acuerdo con la lesbiana que dice “Yo soy una mujer que ama a otras mujeres, no un hombre al que la naturaleza asignó un cuerpo femenino” cuando debería decir yo soy una mujer que no puede amar a los hombres ni a las mujeres porque las mujeres femeninas aman a los hombres. No hay duda que ser homosexual tiene que ser algo frustrante y vacio, pretender amar aquello que sabemos en nuestro mas profundo yo que no podemos alcanzar debe ser terrible.
    Nunca me he creído el amor homosexual, es imposible, ni lo femenino ni lo masculino aman lo homosexual por lo tanto solo les queda el vacio, la componenda, el apaño, la justificación, la queja para conllevar su conflicto personal irresuluble y ell@s lo saben pero no lo dicen.

  7. Cuando el Estado, o los partidos se meten a discernir sobre comportamientos privados, cagada!
    Se inicia la ideología

    “Il grande malanno del nostro tempo si chiama ideologia e i portatori del suo contagio sono gli intellettuali stupidi” que decía O. Fallaci. Una mujer valiente.

    Todo es mucho mas abierto y nada se ha inventado hace dos días como saben los conocedores de la historia, o los viajeros impenitentes.

    Siempre me ha sorprendido el tema de los Mahus en la cultura polinésica, quizás la mas desinhibida de la historia como relataron los exploradores europeos.

    Conocí por primera vez a un mahu en un resturante de un hotel en la isla de Tahaa junto a Morea en la Polinesia francesa. Era aparentemente un hombre corpulento, vestido de mujer y con ademanes suaves y amables. No había visto nada igual. Trabajaba como maître.
    Mas tarde leí el artículo de Vargas Llosa sobre los Mahus en el País y leí sobre el tema.
    Los Mahus escogen libremente de jóvenes su identidad sexual en la sociedad polinésica que admite como hijos propios a los huérfanos de otros. No hay orfanatos allí porque las familias cercanas los acogen sin dudar. No son gays ni hombres ni mujeres.
    Los Mahus inician sexualmente a los niños heteros del pueblo y son aceptados así por la sociedad.
    La condición de Mahu es reversible y son comunes los casos de reversión al estado de heterosexual siendo aceptado por todos.
    Los Mahus son respetados, queridos y admirados como personas más sensibles de lo normal.
    Le podrían llamar el tercer sexo, pero tampoco es eso.

    Son una prueba más y visible de la diversidad en cuanto a inclinaciones sexuales en una sociedad libre.

    El problema de Occidente ha empezado cuando la ideología empieza a pontificar en las inclinaciones personales de los ciudadanos haciendo bandera de lo que debe ser y lo que no debe ser.

    Los Mahus en su condicion de reversibilidad plantearían un problema a nuestros politicos al considerar su inclinación algo transitorio o no ligado a cromosomas ni psiquiatria. Simplemente una elección personal dificilmente manipulable.

  8. caray…vaya lío mental que viven algunos. Con lo complicada que es ya de por sí la vida.

    En este punto me congratulo de tener una sexualidad tan convencional. Me gustan sólo las mujeres, y sólo las que me gustan.

  9. Copio y pego lo que escribía Ratzinger:
    “La ideología de género es la última rebelión de la creatura contra su condición de creatura.
    Con el ateísmo, el hombre moderno pretendió negar la existencia de una instancia exterior que le dice algo sobre la verdad de sí mismo, sobre lo bueno y sobre lo malo.
    Con el materialismo, el hombre moderno intentó negar sus propias exigencias y su propia libertad, que nacen de su condición espiritual.
    Ahora, con la ideología de género el hombre moderno pretende librarse incluso de las exigencias de su propio cuerpo: se considera un ser autónomo que se construye a sí mismo; una pura voluntad que se autocrea y se convierte en un dios para sí mismo.”

    Así es, quieren que nos creamos dioses, pero todos uniformados e iguales, para en pleno éxtasis guillotinarnos.

  10. Está Disidentia que se sale, muy interesante, con rigor, con alta pedagógía la mayoría de los artículos.
    En el de hoy, desde su postura -no puede haber otra, en este caso y en este medio- laica y al margen de otros valores que también conllevan amor o sobre todo amor y entrega, hay un aspecto que quiero destacar y es la perversa intención de la ideología de género en sí misma.
    Escribía Ratzinger, quien intelectualmente no es moco de pavo:
    “La ideología de género es la última rebelión de la creatura contra su condición de creatura.
    Con el ateísmo, el hombre moderno pretendió negar la existencia de una instancia exterior que le dice algo sobre la verdad de sí mismo, sobre lo bueno y sobre lo malo. Con el materialismo, el hombre moderno intentó negar sus propias exigencias y su propia libertad, que nacen de su condición espiritual.
    Ahora, con la ideología de género el hombre moderno pretende librarse incluso de las exigencias de su propio cuerpo: se considera un ser autónomo que se construye a sí mismo; una pura voluntad que se autocrea y se convierte en un dios para sí mismo.”
    Eso es, quieren que nos sintamos dioses pero uniformados, iguales y pares, que es la manera de guillotinar la libertad individual.

  11. “A las mujeres no nos apetece compartir las duchas con un ser con pene, por muy mujer que diga sentirse”.

    “Yo soy una mujer que ama a otras mujeres, no un hombre al que la naturaleza asignó por error un cuerpo femenino”.

    Irrefutable, inatacable, lo que dice Miriam Ben-Shalom.

    “¿Cómo explicar el éxito fulgurante de una doctrina anticientífica y dañina? Porque encaja a la perfección en el Zeitgeist sesentayochista. La ideología de género es el paroxismo del triunfo del principio del placer sobre el principio de realidad: soy lo que me apetezca ser; mi libre autodefinición sexual no debe verse constreñida por una biología reaccionaria. Mi sentimiento y mi fantasía -¡la imaginación al poder!- prevalecen sobre los anticuados cromosomas y la superada binariedad macho-hembra”.

    Por parte del autor, no se puede explicar mejor…

    A vuelta con los años sesenta (rayos!, ahora que me doy cuenta. La década en la que nací, 1962. Espero que eso no conlleve mal Karma…)…Qué dañinos han sido esos años, tanto tiempo después…

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