Menuda pregunta, la de de qué es el feminismo. En principio, no parece que haya dificultad en contestarla. “Feminismo” sería, así lo entiendo una lucha, en términos democráticos, por la igualdad entre mujeres y hombres. Por tanto, dentro del feminismo cabrían mujeres y hombres feministas.

Pero existe otra variante del feminismo, aquella que alaba unos biotipos sexuales determinados. Señalo la pujanza de una nueva bioideología porque más allá de sus ataques, sin concesiones, al “heteropatriarcado” la retórica binaria “amigo/enemigo” que manejan no se corresponde a veces con los hechos. P. e., la violencia sexual habita, también hasta niveles asesinos, entre parejas del mismo sexo, sin olvidar que en no pocos lugares abuelas, madres, tías… ejercen, incluso con trozos de vidrio, el papel de extirpadoras de clítoris.

¿La guerra de los sexos?

Hay sectores de la sociedad, de distinto signo e inspiración, que tratan de proteger al sexo femenino y convertir a este en parte esencial de sus preocupaciones. Por estos derroteros existe el feminismo comunista, el feminismo liberal, el feminismo cristiano, el feminismo islámico, entre otros. Lo cual embrolla el tema que tratamos ya que, lejos de las apariencias, el feminismo no constituye un bloque ideológico unitario.

Recuérdese la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Pekín, de donde surgiría la famosa filosofía de “género”. En dicha reunión las legaciones de algunos países de Sudamérica junto a las delegadas de los estados islámicos discreparon de las feministas de Naciones Unidas, organizadoras del evento pequinés, al oponerse a las políticas de educación sexual, planificación y control de la fecundidad, aborto, etc.

En Occidente ha arraigado un feminismo furiosamente antimasculino que remite al “hombre” como causa de todos los males de la “mujer”

Entretanto, y dejando aparte las diferencias que separan a  distintos países, en Occidente ha prendido la querella entre los sexos, como algunas prefieren llamarla, rescatando la figura de Simone de Beauvoir, querella que ha avivado una guerra de sexos y desembocado en un feminismo furiosamente antimasculino y no por los niveles de desacuerdo, cuanto por la polarización de posturas que constantemente remite al universal “hombre” como causa de todos los males del universal “mujer”.

Lo que es realmente el feminismo

Contra la trampa de hablar en términos generalistas” se ha posicionado la francesa Elizabeth Badinter. Esta filósofa y feminista afirma que, aunque “hay muchas más mujeres que son víctimas de los hombres que al revés […,] también hay verdugos-mujeres y arpías de todo género. En uno y otro caso son minorías que competen a la patología social o psicológica, y no a la realidad de los dos sexos”.

El feminismo revanchista busca estar presente en todas las esferas de la sociedad para apropiarse de las instituciones, símbolos y autoridades

En cualquier caso, y anotado el riesgo de convertir el ideario feminista en un cajón de sastre para toda clase de demandas, aclaro sin halos de misticismo que ese feminismo que desde el revanchismo busca estar presente en todas las esferas, privada y pública, de la sociedad para apropiarse de las instituciones, símbolos y autoridades no afloja, sino aprieta las sirgas del control social. Y esto es peligroso en la medida en que por estos caminos toda ideología pierde su carácter originariamente democrático y emancipador, y acaba adquiriendo tics autoritarios, y eso sin contar con los extraños, por misóginos, compañeros de viaje con los que viene en los últimos decenios aliándose el feminismo occidental, asunto que resulta incomprensible.

El gran tabú: lo que ocurre fuera de Occidente

¿Nos interesa salir de los tópicos de los estereotipos y solucionar los problemas de convivencia o, por el contrario, permanecer fieles a una ideología que usa el santoral femenino como argumento? Incido en esto porque en Occidente ha acampado, y con la intención de quedarse, un feminismo de hechura pacata que, además de ir recortando a bocaditos la libertad de expresión, crea a su paso “neocódigos”.

En Occidente ha acampado un feminismo que, además de ir recortando la libertad de expresión, crea a su paso “neocódigos”

Hace solo unos días, el Primer Ministro de Canadá Justin Trudeau sorprendía a propios y profanos en la defensa asexuada del término “genteidad” (peoplekind) frente a la voz “humanidad” (mankind), sospechosa y rea por encerrar un prefijo escandalosamente viril. Y, en la otra orilla del Atlántico, Irene Montero ha reivindicado el uso de la palabra “portavoza” para visibilizar la lucha de las mujeres por la igualdad.

Y mientras nos sumergimos en un esteticismo barroco, sazonado en sudokus lingüísticos, el verdadero problema sigue ahí, silenciado, convertido en tabú, al no dar (nos) cuenta de él. Un ejemplo. Que en países sin estado de derecho a las niñas violadas se les fuerce a contraer matrimonio con sus violadores es un hecho que, además de habitual, resulta ciertamente de injusticia abominable, como ya escribí.

Pero el verdadero problema sigue ahí, silenciado, convertido en tabú, en países sin estado de derecho, donde las niñas violadas son forzadas a casarse con su violador

Que la inseguridad legal y física que sufren las adolescentes en territorios sin apenas tradición garantista habría de servirnos para relacionar algo tan obvio como despotismos y quiebra de los derechos humanos tendría que ser suficiente para convencernos. De lo contrario, ¿cómo explicar este otro secuestro, de 105 muchachas, perpetrado de nuevo por el grupo islamista Boko Haram, célula fundamentalista que aún mantiene secuestradas a 100 estudiantes de la escuela nigeriana de Chibok?

Lo que es realmente el feminismo

Por otra parte, que a mujeres que trabajan como domésticas en países tercermundistas se las trate como cautivas –la nepalí Kanchhi Maya Tamang, víctima del tráfico de blancas en Egipto durante 6 años, ha subido al Everest para conseguir apoyo mediático y denunciar esta forma de esclavitud- debería abrirnos los ojos al calvario que genera la ausencia de derechos democráticos.

Que se aplique el castigo de lapidación a mujeres acusadas falsamente de adulterio anula toda posibilidad de juicio justo

Que se aplique el castigo de lapidación a mujeres acusadas falsamente de adulterio, que es lo que le ha sucedido a la joven Shumaila en Pakistán, anula sin duda toda posibilidad de juicio justo. Que por el delito (sic) de infidelidad se encarcele a una mujer durante 11 años constituye, desde otra perspectiva, otro ataque frontal a la libertad. Que 29 mujeres iraníes por no llevar la hiyab (o velo) en señal de protesta sean encarceladas sine die es una muestra más de la debilidad política asignada por prejuicios machistas a grandes segmentos de la población.

Y eso que no cito a los más de 125 millones de niñas y mujeres que a día de hoy han sido mutiladas en 29 países de África y de Oriente Medio, o a los 30 millones de niñas que corren riesgo de sufrir la clitoridectomía, según el informe de UNICEF (p. 122).

Las injusticias e iniquidades se multiplican exponencialmente por mil en ausencia del estado de derecho

Los despotismos deberían llevarnos a la conclusión de que las injusticias e iniquidades se multiplican exponencialmente por mil en ausencia del estado de derecho, algo que para muchos y muchas aún no es evidente. ¡Vivan las tradiciones no occidentales, argumentan esos posmodernos tan censores y fustigadores del estado de derecho! En fin, cegueras ideológicas aparte, no olvido las torturas que han sufrido las yazidíes a manos de los islamistas. La yazidí Fareeda Klalaf fue sometida a los horrores de ISIS y hasta en cuatro ocasiones intentó suicidarse hasta que logró escapar y vivir segura y al amparo del estado de derecho.

Y mientras una pareja de mujeres musulmanas ha contraído matrimonio y solicitado, por temor a perder la vida, asilo político en Inglaterra, la abogada de origen turco Sayran Ates acaba de abrir en Alemania la primera mezquita que acoge a hombres y mujeres, audacia liberal tan inusitada que le ha supuesto llevar una escolta de seis policías por el riesgo de ser asesinada incluso en suelo alemán a manos de integristas islámicos.

Postdata

En los países democráticos también hay grupos y… personas que se colocan fuera de la ley haciendo añicos los derechos individuales. Y no pienso solo en lo que ha sucedido a raíz del escándalo “Weinstein”. Pienso así mismo en cómo bajo determinadas circunstancias se producen abusos de poder, como los que derivan de la extinción de contratos laborales y despido de mujeres embarazadas.

El modelo jurídicamente garantista arrostra más ventajas a la hora de atajar desmanes discriminatorios que los modelos no garantistas

No obstante, y a pesar de los ataques que padece el estado de derecho, el modelo jurídicamente garantista arrostra más ventajas a la hora de atajar desmanes discriminatorios que los modelos no garantistas. Y si esto aún no le convence, atienda al testimonio de la libanesa Joumana Haddad que en Superman es árabe (2014) ha escrito sobre las teorías desastrosas que carcomen los principios democráticos de igualdad.

Las culturas, las religiones, los movimientos de masas… no son el objetivo a proteger. Sí lo son las personas de distinto sexo, clase, creencias o condición cuya libertad e integridad, física y espiritual, tienen que ser salvaguardadas, en un marco igualitario. Y democrático.

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María Teresa González Cortés
Vivo de una cátedra de instituto y, gracias a eso, a la hora escribir puedo huir de propagandas e ideologías de un lado y de otro. Y contar lo que quiero. He tenido la suerte de publicar 16 libros. Y cerca de 200 artículos. Mis primeros pasos surgen en la revista Arbor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, luego en El Catoblepas, publicación digital que dirigía el filósofo español Gustavo Bueno, sin olvidar los escritos en la revista Mujeres, entre otras, hasta llegar a tener blog y voz durante no pocos años en el periódico digital Vozpópuli que, por ese entonces, gestionaba Jesús Cacho. Necesito a menudo aclarar ideas. De ahí que suela pensar para mí, aunque algunas veces me decido a romper silencios y hablo en voz alta. Como hice en dos obras muy queridas por mí, Los Monstruos políticos de la Modernidad, o la más reciente, El Espejismo de Rousseau. Y acabo ya. En su momento me atrajeron por igual la filosofía de la ciencia y los estudios de historia. Sin embargo, cambié diametralmente de rumbo al ver el curso ascendente de los populismos y otros imaginarios colectivos. Por eso, me concentré en la defensa de los valores del individuo dentro de los sistemas democráticos. No voy a negarlo: aquellos estudios de filosofía, ahora lejanos, me ayudaron a entender, y cuánto, algunos de los problemas que nos rodean y me enseñaron a mostrar siempre las fuentes sobre las que apoyo mis afirmaciones.

7 COMENTARIOS

  1. Después de un mes de rodaje, hora es ya de juzgar el valor y el sentido de lo publicado en «Disidentia».

    Sin duda, hay una tentativa bienintencionada de crítica cultural bajo presupuestos vagamente «neoconservadores» que quieren hacerse pasar por simplemente «liberales» para resultar mínimamente aceptables. De ambas cosas tenemos aquí una versión subtitulada, no el original.

    El estado de cosas de la esfera pública española, llena de moho y telarañas como tumba de Faraón, quizás no permite otra cosa. Pero no se ve por ninguna parte, al otro lado de la negación, qué podría ser lo afirmativo.

    Entiendo que bajo la retórica del común «antiestatalismo» generalizante, abstracto y descontextualizado se oculta un miedo atroz a la verdad analítica y descriptiva de las condiciones reales en que se desenvuelve lo público en España: la coacción silenciosa, la discriminación y el control de lo decible. Pensar está de moda sólo si las modas dictan lo que puede pensarse y decirse.

    No hay una centralidad del discurso que apunte al corazón del Régimen: el Estado hace «política», se autopublicita en los medios, legisla, juzga, aplica leyes, tiene partidos y clientelas para las que hace como que gobierna, se explica a sí mismo, se dirige elogios, se ufana de sus logros, pero de ese hecho fundamental que lo ocupa todo y nos asfixia hasta aspirar todo el aire o contaminarlo de sus mentiras cotidianas en su carrera de relevos mediática, ni una palabra.

    Afirmar significa contraponer, oponerse, diferenciarse, separarse, determinarse a algo distinto.

    La sensación de monotonía que produce el discurso de «Disidentia» es efecto de un tipo específico de «impasse» político a través del cual el «espíritu de la colmena» quiere convertirse en la crisalida de un «espíritu crítico-reformista» que no obstante no consigue desplegar las alas: para volar hay que afirmar algo y probarselo a sí mismo para escapar, aunque sea ilusoriamente, de la fuerza de la gravedad de una situación inhabitable.

    • Estoy totalmente de acuerdo con su comentario Der revolutionare.
      “Pensar está de moda”, que triste, las modas se las lleva el viento.

      Ciertamente la sensación de monotonía en tan poco tiempo es sorprendente, personalmente tenía esperanzas de que esto fuese algo más que una mera teoría sobre un monotema. España atraviesa un momento de incertidumbre que parece que nadie pone encima de la mesa, da la sensación que los verdaderos problemas se están tapando por unos y otros.

      Usted lo explica mejor que yo, pero esto no es lo que esperaba de este proyecto.

      Saludos

  2. Cada vez que sale el tema del feminismo me acuerdo de Pardo Bazán que después de un viaje por Europa y viendo como se funcionaba por otros lares, aún casada y todo, hizo lo que la dió la gana y no necesitó ningún tipo de “enpowerment”, o las mujeres de la postguerra, como cocinaban y sacaban adelante a una familia con pocos medios y que bien salían todos, nada que ver con el despiste actual.

  3. Doña Maria Teresa

    Otro aspecto a considerar es que pareciera que ha sido precisamente en estos últimos 100- 200 años cuando las mujeres de repente, como cuando en la película de Kubric de 2001 el homínido descubre el monolito, se hayan “empoderado” (horrible palabra/palabro que me suena a “emparedado” ) como si previamente todas fueran unas sumisas idiotas cuya única prespectiva vital fuera servir al amo.

    Mucho ombliguismo generacional veo yo.

    No es su caso, por supuesto.

    Un muy cordial saludo

  4. Pues estoy de acuerdo con usted. La libertad individual es la esencia de nuestro sistema político. Y sin libertad individual ni garantías que la aseguren, no sirven de nada las voces y las expresiones -todas ellas de género femenino- adulteradas o adaptadas para parecer neutras y no masculinizadas.

    Gilpolleces al margen, me parece muy preocupante el ataque a la libertad de expresión en la que se está convirtiendo esta ‘guerra de sexos’, me parece preocupante que las mujeres sólo puedan liberarse de las cargas machistas que los hombres les imponen gracias a la ayuda de papá-Estado -no hay mamá Estado, lo cual es una discriminación, y francamente, intolerable, porque puestos a elegir el cariño de mamá es verdadero y eterno; bueno, el de papá también-, rememorando el viejo y obsoleto régimen de gananciales para asegurar la complacencia, bienestar y mínima estabilidad de la mujer abnegada encargada de ‘sus labores del hogar’.

    Me parece intolerable el acoso que ayer sufrió la señora Villacís, seguramente porque no es ‘suficientemente’ feminista, según mandan -casi imponen- los cánones actuales, que hasta las ricachonas empresarias -y nada discriminadas- voces femeninas de los medios de comunicación -Quintana, Griso, Otero, Bueno y tantas otras- se sumaron a lo Oprah contra Wenstein, olvidando los tiempos en los que comulgaban con otras ruedas de molino. Pelillos a la mar, que ahora ‘toca’ apuntarse a esto.

    Me parece intolerable también que mis hijos, todos varones ellos, puedan sentirse ahora limitados por su ‘género’, bien masculino el de todos ellos, y no porque no tengan sentimientos, y no porque no estén educados en la igualdad, respeto y tolerancia, sino sencillamente, porque por su género genérico masculino se queden fuera por cuestiones de cuota, oportunidad política y compensación. Que en esto de la igualación, quien sufre verdaderamente no son los hombres muertos a los que se les quitan las placas de calle con su nombre para sustituirlas por otras hasta ahora desconocidas heroínas, sino el mérito y capacidad, sean de un sexo o de otro -perdón, quería decir género, no sé en qué andaría yo pensando a estas horas de la mañana, ya tan pronto…-.

    Y no por ello dejo de defender a las muchas mujeres que todos los días nos levantamos -como tantos hombres- para ganarnos el pan, y el vino, que también nos gusta-, y que todavía sufrimos alguna bofetada supremacista cuando algún cliente, algún proveedor, algún necio se nos cruza por el camino mirándonos con aire de superioridad y nos reclama ‘que se ponga nuestro jefe’, como si únicamente pudiéramos aspirar en esta vida a ser su soplapollas.

  5. Me ha gustado el tono final de la autora: optimista, esperanzador. Bien. Gracias.

    Por cierto. En su perfil dice:

    “…hasta llegar a tener blog y voz durante no pocos años en el periódico digital Vozpópuli que, por ese entonces, gestionaba Jesús Cacho”.

    Acaso Cacho ya no manda nada en VP? Quizás también sea la razón de la salida del gran Javier Benegas, que además era el Jefe de Opinión, ni más ni menos?

    Alguien lo sabe? Quién manda de verdad en VP?

    Y no me refiero en el día a día, algo lógico, sino en su línea editorial. Que haya salido Benegas no es un buen augurio…

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