La gran justificación de cualquier colectivismo es la justicia, mejor dicho, la igualdad, que, en realidad, es solo un trampantojo de un ideal tan exigente. Su gran trampa consiste en olvidar que es imposible conseguir algo empleando medios contradictorios, y el colectivismo cree, menos ingenuamente de lo que parece, que la fuerza puede acabar con la opresión, con cualquier diferencia. Una paradoja de ese tipo es posible porque en el seno de los colectivismos la primera víctima es la razón, que, por cierto, tiene nombre de mujer, como la sabiduría y la libertad, como casi todo lo abstracto y superior.

La razón desaparece desde el momento mismo en que empieza a imperar el principio de unanimidad que es el que da fuerza al colectivo porque sirve para excluir al que no pertenece, al traidor y a la culpable. Se trata de una regla (no hay reglos) que no admite excepciones, cualquier disidencia es perniciosa, criminal, y por eso hemos podido leer, no sin asombro, que el liberalismo, pertinaz como diría el desaparecido Forges, es el responsable de la postergación femenina, es decir que a las mujeres que se arriman a este rebaño les parece que sus congéneres les va mejor en la Persia de los ayatolás, en la Cuba castrista, o en el Partido Comunista chino, sistemas en los que, casualmente, nunca ha habido una sola mujer en el comité supremo.

las mujeres que se arriman a este rebaño les parece que a sus congéneres les va mejor en la Persia de los ayatolás, en la Cuba castrista, o en el Partido Comunista chino

Como consecuencia de la expulsión del sentido crítico, el colectivismo es una herramienta para eximir de la responsabilidad, puesto que, por definición, es un mecanismo para externalizar las culpas y para halagar a los supuestamente oprimidos liberándolos de cualquier deber propio, de todo compromiso personal ajeno al colectivo: toda la responsabilidad se reduce a ponerse a las órdenes de quien mande (él o ella).

La trampa del colectivismo

Nietzsche quiso ver en el resentimiento el origen de la moral, y acertó al considerar que la transmutación de los valores superiores sería frecuentemente el objetivo de las masas que se sienten oprimidas; no es necesario ser un genio para ver el riesgo implícito en asentir a planteamientos tan simples, pero tampoco es demasiado inteligente prescindir de esa clase de pesquisas cuando tratemos de entender los instrumentos que usa el colectivismo, sea cual sea el tótem a cuya sombra se arracime.

Nada de lo que nos resulta especialmente valioso ha sido alumbrado por las muchedumbres

La sociedad contemporánea abunda en multitudes de todos los géneros y son muchos los negocios, políticos, pero no solo políticos, que se pueden fundar en la explotación de esa cualidad que todavía no sabemos manejar con pericia. Si miramos hacia atrás, lo que es seguro es que podremos constatar que nada de lo que nos resulta especialmente valioso ha sido alumbrado por las muchedumbres, que esa fuerza puede servir para casi todo, menos para encontrar siquiera un adarme de verdad liberadora. La creatividad no surge de la masa, tampoco del mito del genio, sino de la colaboración inteligente, algo que solo se puede articular en grupos en los que sea posible la conversación, en los que no haya consignas ni ortodoxia que valga.

Es algo que debería darnos que pensar. Tenemos la necesidad de encontrar las formas de evitar que el colectivismo, con su ímpetu uniformador y ordenancista, arruine valores esenciales del mundo libre, como la disidencia, el pluralismo y la verdadera extravagancia, un derecho a la diferencia que no se puede confundir con el refugio en colectivismos minoritarios, estoy pensando en lo poco extravagante que puede acabar siendo una drag queen, grupos que se suelen edificar para obtener la clase de privilegios que nadie reclamaría a pecho descubierto, en plan realmente extravagante, porque el verdadero extravagante ya tiene su propio premio en poder serlo y en hacer lo que le pluguiere.

Pedir a golpe de masas la liberación o la libertad es bastante contradictorio, porque lo único que las masas pueden hacer, lo único que han hecho desde siempre, es apretar los controles

La sociedad tecnológica nos brinda muchos medios para vivir algo menos atados por el medio de lo que ha sido tradicional, pero ya abundan los que quieren poner puertas al campo, los que aspiran a protegernos de lo que, supuestamente, nos idiotiza, o nos causa no se sabe que enormes perjuicios, desde el cáncer a la oligofrenia.

Cada cual puede apuntarse a lo que quiera, pero pedir a golpe de masas la liberación o la libertad es bastante contradictorio, porque lo único que las masas pueden hacer, lo único que han hecho desde siempre, es apretar los controles, imponer los uniformes para lograr que creamos aquello que se decía en época de los nazis: ahora somos más libres que nunca, ya no tenemos que elegir.

17 COMENTARIOS

  1. Y al final, con el correr del tiempo, la campaña política para mantener el poder o conseguirlo, se convierte en el halago continuo de lo vulgar, de lo inculto, de la bajeza moral y de la ignorancia, (estadísticamente superiores en número), en una frenética carrera del ”gratis total” sin contrapartida, sin obligaciones, sin límites… todo como derecho inalienable por ser ”número masivo” que proporcionará de forma inagotable el ”Engendro de Bienestar”.

    El resultado de este empoderamiento de la multitud, de esta inversión piramidal entre vulgaridad y excelencia, se puede ver a diario en la creciente arrogancia e insolencia, la falta de respeto y el trato servil y violento con que cada vez más pacientes tratan a médicos y enfermeros en los servicios de urgencia de los hospitales, o a los profesores de los institutos… Una arrogancia que justifica el abandono de cualquier esfuerzo de perfeccionamiento, con la pretensión de convertir en cultura la ignorancia y la mala educación… Y una de sus más directas manifestaciones es la envidia.

    Malas formas, malos modos, mala educación… todo ello en una crispación y conflictividad crecientes en las familias y en la sociedad, paradójicamente, en la etapa de mayor riqueza social de la historia de nuestro país.

    Esto es lo realmente peligroso del ”Colectivismo” y de su igualdad enrasadora de diferencias. Aún no sabemos hasta dónde llegarán sus consecuencias.

    Saludos.

  2. La demagogia no es sino la pretensión de movilizar una sociedad como “manada”, en un sentido interesado, excitando su visceralidad. La capacidad de los medios de comunicación social permite, hoy día, extender la demagogia hata el último individuo. La Sociología, como ciencia, ha devenido en una potentísima herramienta para el control y manipulación de la muchedumbre despersonalizada, al servicio de unos intereses más o menos ocultos.

    De modo que las muchedumbres, masas o multitudes, son consustanciales a la sociedad humana, y, como bien dice más abajo ”el innombrable”, su movimiento y su fuerza, dirigidos recta y sabiamente para el bien común, han sido necesarios para llegar al punto de civilización en que nos encontramos.

    El problema que surge ahora es el del ”empoderamiento” de la muchedumbre, que ha descubierto su fuerza numérica en un sistema ”numerocrático”, es decir, cuando es ella la que ejerce la dirección, nominal o aparentemente. Cuando esto ocurre y se une a una decadencia total de la ley moral, los partidos políticos, los medios de comunicación afines y el poder económico que sustentan, sustituyen los argumentos por las emociones viscerales para cosechar números, pues es más difícil convencer a un sabio crítico que excitar el victimismo, la egolatría, el odio o el miedo de mil ignorantes para conseguir su voto.

  3. Las pasiones, los instintos y la visceralidad de las emociones forman parte de la naturaleza humana, del mismo modo que la razón y los sentimientos, (o razones del corazón que la razón no entiende… pero obedece y se pone a su servicio). Y uno de estos instintos, determinante de la sociabilidad humana, es el instinto gregario, en su doble manifestación, de ”manada” y ”jefe”. Los animales sociales superiores tienen ese mismo instinto.

    El comportamiento de las manadas responde a impulsos viscerales y emocionales, irracionales. La conducta humana puede obedecer a estos mismos estímulos, (deseo, miedo, dolor… ), en una respuesta espontánea e inmediata del placer o la satisfacción, o ser motivada por los sentimientos o impulsos del corazón, alma o espíritu, (esperanza, amor, anhelo de justicia/verdad, ideales, fe…), que dan sentido a toda la vida y persiguen la felicidad.

  4. ” las mujeres que se arriman a este rebaño les parece que sus congéneres les va mejor en la Persia de los ayatolás, en la Cuba castrista, o en el Partido Comunista chino”

    Me parece muy atinada su reflexión de hoy, Quirós. Y esta observación entrecomillada no puede describir mejor el grado de contradicción, de delirio feminoide, de absurdo sinsentido y de adhesión a una causa sin el más mínimo sentido de realidad. Seguramente es uno de los trampantojos de un colectivismo ambicioso basado en el género, que a fuerza de separar a “ciudadanos y ciudadanas”, “portavoces y portavozas”, “miembros y miembras”, ha querido revelarse en todo su esplendor con “la revolución de los delantales”, no se sabe muy bien contra qué ni contra quién. ¿Si los hombres que siguen representando la mitad del mundo tomasen la revancha y parasen por un día, se pararía también el mundo?
    Además de obviar las diferencias naturales entre hombres y mujeres, obviar la situación dramática de todas esas mujeres que viven fuera de occidente, sin mostrar la más mínima empatía y solidaridad; y reivindicar en nuestro país una “igualdad” de derechos reales y efectivos entre hombres y mujeres, sobre una base de desigualdad, cuando son incapaces de renunciar a los privilegios que les confiere actualmente su condición de género, da una ligera idea de su concepción sobre la “verdad” y la “justicia”, y de lo que ellas entienden por: “liberté, egalité i fraternité”.
    Decía Víctor Hugo que lo que mueve el mundo no son las máquinas, son las ideas. Sin embargo, sin una masa que empuje esas máquinas de propaganda, el mundo no se mueve.

  5. Esta irracionalidad sólo se puede superar, a mi parecer, a través de la ley moral, porque
    la justicia implica una idea moral que define lo justo y lo injusto, un modelo ideal, por tanto, de relaciones humanas, sociales y familiares, un modelo de bien común a perseguir. La justicia es, en definitiva, el marco que limita, o debería limitar, la libertad y la igualdad.

    Pero la idea moral de la sociedad que dio como fruto la Constitución del 78 fue abandonada, traicionada, por quienes debieron conservarla y, en su lugar, permitieron que otros la identificaran con oscurantismo trasnochado y dictadura.

    Y, sobre el colchón de la abundancia, la sociedad española se volvió amoral olvidándose del bien que quiso tener y del mal que quiso evitar. Dio un portazo y dejó de ver quién era y de dónde venía.

    Y sin ley moral, la libertad no es sino expresión de un egoísmo que no acepta límites, y la igualdad no es sino expresión de una envidia que no acepta diferencias.

    Y donde reinan el egoísmo y la envidia, no puede haber otros frutos que la opresión del pensamiento y del sentimiento de los demás, que, al final, somos nosotros mismos vistos desde los ojos ajenos.

    Saludos.

  6. Y es que, la insatisfacción que produce el deseo no depende de lo que se tiene o no se tiene de forma objetiva, sino de la diferencia entre lo que otros tienen y yo no. Por eso hay gente “pobre” que puede ser feliz mientras gente “rica” se siente desdichada.

    Y de aquí el empeño de los poderes públicos por enrasar a las personas, como condición esencial para eliminar los conflictos sociales. El sistema educativo, caduco y trasnochado, preferiría que todos los alumnos fuesen listos y brillantes, pero como no puede conseguirlo, los hace a todos mediocres, que sí puede, pero iguales, ‘metiendo palos en la rueda’ de los que podrían llegar más lejos en su desempeño formativo.

    Se trata de una manifestación del más puro instinto gregario, pura visceralidad, pura envidia: Que mi vecino no sea más que yo… excepto en desgracias.

  7. Conviene, pues, desterrar “clichés” ideológicos y detenerse en comprender que los conflictos surgen del deseo de tener lo que otro tiene o de ser lo que otro es, y uno mismo, no tiene o no es. Y de aquí, la presión del Poder que pretende eliminar los conflictos suprimiendo las diferencias, porque de ese modo, nadie tendrá nada que yo desee y quiera arrebatarle.

    Si uno lo piensa bien, se asombraría del tan proclamado sentimiento de indignación que hoy invade a muchos ciudadanos que denuncian salarios y condiciones de vida “indignas”, mientras disfrutan de bienes y servicios que los más ricos y poderosos reyes de la antigüedad no pudieron ni soñar: medicinas y hospitales, vivienda, agua corriente, calefacción, coche, teléfono, TV, viajes en avión, comida en los supermercados… y ello sin mérito alguno, simplemente por haber nacido en el momento histórico presente y haberse adueñado del conocimiento desarrollado por muchas generaciones anteriores.

    • Es evidente que el señor Winston Smith es pudiente o pretende parecerlo con este discurso que habla de envidias de los pobres a las pertenencias de los ricos; he obviado sus otros comentarios porque este es el que me parece más despreciable de todos:
      “Si uno lo piensa bien, se asombraría del tan proclamado sentimiento de indignación que hoy invade a muchos ciudadanos que denuncian salarios y condiciones de vida “indignas”, mientras disfrutan de bienes y servicios que los más ricos y poderosos reyes de la antigüedad no pudieron ni soñar: medicinas y hospitales, vivienda, agua corriente, calefacción, coche, teléfono, TV, viajes en avión, comida en los supermercados… y ello sin mérito alguno…”

      Si los asalariados disponen de esas gracias, señor feudalista, es porque se corresponden con los grandes negocios del capital; se esfuerzan más de lo que Ud. lo habrá hecho en su vida; se intenta mantenerlos sanos con hospitales públicos (en España excelentes) para que puedan seguir alimentando la rueda de la economía y no terminen colgados ad eternum de la caridad pública. Ese “sin mérito alguno” le describe como un señorito “andalú” con ínfulas de “inteletual”.
      Todos los avances que menciona, y según Ud. deberían ser para los “meritorios”, fueron posibles, no sólo por los ingenieros y técnicos cualificados, sino por una masa de operarios que, desde la extracción en las minas a la manipulación y el transporte, lo hicieron posible; además, las estructuras que requieren esos servicios, muy difícilmente serían rentables de ser posesión de cuatro listillos.
      En fin, que me parece Ud., además de pedante, más dado a la reflexión lírica de clase que al análisis práctico.

      • “Es evidente que el señor Winston Smith es pudiente o pretende parecerlo con este discurso que habla de envidias de los pobres a las pertenencias de los ricos…”

        Perdone, yo no he dicho que Vd sea pobre, sólo le digo que si volviera a repetirse una revolución de los pobres de la Tierra, Vd estaría, sin lugar a dudas, entre los privilegiados que disponen de todo tipo de riquezas, sólo por derecho de nacimiento. La distancia en riqueza entre Vd y un pobre del tercer mundo, en téminos de disfrute de bienes, es mucho mayor que la que le separa a Vd de Bill Gates.

      • “Si los asalariados disponen de esas gracias, señor feudalista, es porque se corresponden con los grandes negocios del capital… se intenta mantenerlos sanos con hospitales públicos (en España excelentes) para que puedan seguir alimentando la rueda de la economía…”

        De modo que, si Vd tuviera el Poder clausuraría los hospitales para no hacerle más el juego a los grandes negocios del capital… Me parece que, más que ángel caído, es Vd ángel que resbala…

        Por cierto, los españoles de la “dignidad”, igual que Vd,, también tienen en sus casas energía eléctrica, frigoríficos, lavadoras…

        Y con ánimo de ilustrarle, le contaré algo que no sabe, porque no se lo cuentan en su manual del perfecto marxista: Que el discurso de la envidia o el deseo de poseer lo que otros tienen, y yo no, como origen de los conflictos sociales, no es mío; ni siquiera pertenece a los siglos de la dialéctica de clases… es un relato de Maquiavelo. Búsquelo en la Wiki libre… si se lo permiten.

        Saludos.

        • Cada comentario suyo, aumenta mi percepción de estar tratando con un miserable; la verdad es que no sé porqué le contesto, porque Ud. no se merece más que desprecio.
          Eso de retorcer mis palabras, le coloca en el bando de las feministas, que cuando no tienen argumento, retuercen el de sus oponente para distraer la atención.
          Para su información, yo no tengo casa, ni energía eléctrica ni frigorífico o lavadora, duermo en un albergue de la Cruz Roja y deambulo por Valladolid el resto del día. Le escribo desde una biblioteca en la dispongo de una hora de ordenador; me apetecería ponerle en su sitio haciendo un análisis de su personalidad enferma, pero como ya dije, no vale Ud. ni un minuto mío.
          Contésteme si quiere, le prevengo que será baldío, no le leeré adiós Chesterfield sin filtro.

          • Para mí también ha sido un placer debatir con Vd., Sr…. perdone que no le llame por su alias. A ese no me gusta ni nombrarlo.

            Saludos.

  8. Estimado profesor,

    La igualdad no es “la gran justificación de cualquier colectivismo”, sino que, hoy día lo es de todos los Estados que, como el nuestro, se definen como “sociales”. No hay más que recordar el art. 1 de la CE, que define los valores superiores del ordenamiento: libertad, justicia, igualdad y pluralismo político. A partir de ahí, se olvida de la justicia, que parece no atreverse a decir en qué consiste, y asume su realización mediante la promoción de una igualdad y libertad “reales y efectivas” y de la remoción de cuanto se le oponga.

    Y en ambos casos, colectivismo y Estado social, directamente en aquel y dando un rodeo más largo en este, se impone un mismo sentido enfermizo de la igualdad, o mejor, de la envidia disfrazada de igualdad, que deja de concebirse como igualdad de oportunidades para convertirse en eliminación de diferencias, con independencia de su origen, lo que implica, necesariamente, la progresiva reducción de libertad, por ser esta un atributo que potencia las diferencias por propia naturaleza.

  9. Tiene razón, en buena medida, esta Luzbel, pero el ejemplo no es de los más convinventes, me parece. Que las muchedumbres vayan consiguiendo entrar en mundos mejores, es parte del ritmo de la historia, a no dudarlo; que siempre escojan los caminos más adecuados, es bastante más dudoso, pero, en fin, Lenin tenía razón cuando decía que la política empieza cuando aparecen las masas, pero si las masas piensan tonterías, harán tonterías, y el feminismo anticapitalista es de las gordas, a mi modo de ver.

    • Me temo que se equivoca al considerar el nombre como derivado de Isabel… Entiendo que nombre y apellido se complementan.

  10. Entiendo a que se refiere Sr.González Quirós, y no le quito validez; pero creo que obvia un detalle sustancial.
    Ningún cambio puede producirse en ninguna sociedad, si no está detrás una masa convenientemente dirigida; un grupo pensante, no tiene ninguna fuerza si no consigue movilizar a la masa poco acostumbrada a pensar.
    Las masas, como Ud. sabe, son manipulables, para lo atroz, lo malo y hasta si me apura, lo bueno por destilación posterior.
    Su aseveración de que las muchedumbres no han alumbrado nada provechoso, colisiona por ejemplo con la Revolución Francesa, que si bien propició el horror (¿qué revolución no lo hace?); acabar a trancas y barrancas con el absolutismo y gestar la ilustración de amplio espectro, no creo que pueda considerarse una minucia.
    La masa es es el ariete de las ideas, porque sin ella, cualquier castillo es invulnerable.
    Tenemos en la historia grandes movimientos que hubieran sido imposibles sin su asistencia.
    Nuestros sistemas parlamentarios también se valen de ellas, porque en la hipotética democracia en la que vivimos, los medios de persuasión y manipulación, son ostentados por el gran capital y la clase dominante.
    Como el dinero es cobarde, puede apoyar tanto al neoliberalismo como a una pantomima de socialdemocracia, mientras pueda conservar los hilos que mueven la economía, que es lo que en verdad le interesa. Los partidos gatopardistas, obsecuentes por lo que les trae a cuenta, se encargarán de impulsar sus consignas entre el pueblo menos dotado para la actitud crítica y susceptible de ser manipulados para obtener pequeños cambios que no trspasen líneas rojas, esto es la estructura económica que tienen montada los poderosos.
    El PPSOE, vive de su masa acrítica y bastante ignorante políticamente, ¿ de qué sino habrían de perdonarles su extensísimo historial de corrupción?
    Como sabiamente dijo un anónimo publicista: “El secreto está en la masa”.

    • Demasiado dogmatismo de “manual marxista”…
      “Ningún cambio puede producirse en ninguna sociedad, si no está detrás una masa convenientemente dirigida…” Al margen de compartir la visión religiosa, y sólo desde el ámbito sociopolítico, el Cristianismo y su enorme huella en la cultura occidental constituye un ejemplo de lo incierto de tal afirmación.

      “la Revolución Francesa, que si bien propició el horror (¿qué revolución no lo hace?); acabar a trancas y barrancas con el absolutismo y gestar la ilustración de amplio espectro, no creo que pueda considerarse una minucia”
      El absolutismo terminó en todos los estados europeos sin necesidad de la violencia, salvajadas, crueldades y el terror de la revolución francesa. Lo que tal revolución instauró de forma innegable es la legitimidad de la violencia hasta la muerte para conseguir objetivos políticos. Algo que han aprendido muy bien los movimientos terroristas de todo el orbe, algunos de los cuales pretenden destruir nuestra cultura, y frente a quienes Occidente no tiene fuerza moral para condenar puesto que les enseñó la licitud de matar para instaurar un orden sociopolítico nuevo y derrocar otro injusto… a juicio del revolucionario.

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