No es difícil establecer diferencias de diverso tipo entre el trio de personajes socialistas que ahora mismo están sometidos a procesos penales de cierta gravedad. Hay un ministro, que lo fue, de momento, muy de tipo mediterráneo, popular y dicharachero, disfrutón y manirroto, dotado con cualidades evidentes para el teatro; hay un segundo de a bordo del PSOE, también ya expulsado de las cumbres partidistas, que da, por el contrario, el tipo de personaje más bien lúgubre, discreto, intrigante que ha dado muestras de matarlas callando y que ha sido capaz de ejercer roles de absoluta confianza del Uno con aparente eficacia: no es poco haber amarrado a los Oteguis y a los peneuvistas al carro de la unción presidencial de Sánchez y haber mantenido a Puigdemont, que es algo así como un maestro en la susceptibilidad, atado a los intereses de Sánchez durante años. Por último, last but non least, esta el famoso aizcolari, de ejemplar moralidad socialista según testimonia el resiliente, que parece un personaje menor al lado de dos dirigentes tan encumbrados pero que me temo que conocía muy bien el paño con el que se jugaba los cuartos gracias a esa vieja sabiduría que da la universidad callejera.

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No sé a ustedes, pero a mí es el que mejor me cae, el que me parece dotado de una personalidad más equilibrada, de un mayor sentido de la lealtad y, sobre todo, de una enorme capacidad para leer con acierto el significado y alcance de las notorias aventuras en que se ha visto metido. Mientras los demás se han confiado a la desmemoria el bueno de Koldo ha ido dejando testimonios que, como las miguitas del cuento, pueden acabar por desentrañar el sentido último de todo ese rosario de aventuras más al borde del código penal que en el centro de cualquier política que se pudiera tener por decente.

Koldo es el que mejor conserva la sangre fría entre los tres atribulados socialistas, da muestra de mayor entereza porque hace menos de una semana le hemos podido ver en las teles cultivando la huerta como si nada estuviese pasando a su alrededor

El morbo ciudadano, no sólo el de las derechas, no deja de preguntarse hasta qué punto resulta medianamente imaginable que el capitán de la banda del Peugeot, que ha sido convertida en legendaria por los aparatos de la propaganda sanchista, estuviese al margen de las tempranas hazañas de sus tres compañeros de aventura. No sé si tal cosa llegará a saberse con certeza, pero si hay alguien que podría hacer de todo este asunto una novela negra del tono más subido ese es Koldo con sus apuntes. No será socialismo sino sucialismo lo que de ahí podría resultar, pero sea lo que fuere seguro que acabaremos teniendo una narrativa utilísima desde el punto de vista de la pedagogía política.

Al borde mismo de la cárcel, Koldo ha dado a entender que lo que no soporta es la deslealtad, justo la virtud que él dice haber tratado de mantener durante esta temporada de tribulación. Koldo puede aguantar que se le considere un mero chico de los recados porque está hecho de esa especie de humildad que atesoran las personalidades fuertes que han debido pasar por este mundo formando parte de los niveles más bajos de la pirámide social, pero lo que no parece dispuesto a soportar es que esa lealtad suya no sea correspondida y se le trate no ya con el olvido sino con el desdén, con el ninguneo que mostró Sánchez en el Senado entre decenas de “no me consta” y no está dispuesto a soportarlo porque ya nada tiene que temer ni nada tiene que esperar.

Da que pensar el que Koldo haya tenido una conducta tan precavida como para ser capaz de ir anotándolo todo y haciendo un montón de grabaciones y fotografías muy explícitas, es como si hubiese tenido presente siempre que los de arriba podrían sentir algún día la tentación de tirarlo por la borda en el mar de los tiburones. A esa misma línea de conducta parece obedecer el haber cambiado con éxito su papel para pasar de escolta de su paisano Cerdán a asistente de Ábalos con quien intuía que podría tener una relación más equilibrada que con el Cerdán que empezaba a creerse que su domicilio en la corte iba a ser mucho más apropiado y merecido que su modesta casa en Milagro.

Una vez en la cárcel no parece quedar mucho espacio para lo que se llama eufemísticamente, ¡ay el mal de las películas americanas!  “colaborar con la Justicia”, es decir ir soltando información comprometedora para terceros con el supuesto objeto de que las penas previsibles disminuyan, de manera que hay que preguntarse qué piensa hacer Koldo, y tal vez no sólo él, visto que el hábil concurso de los estupendos abogados de cercanía socialista, no ha conseguido gran cosa y que el amigo Aldana sigue libre cual pájaro.

Si se tratase de protagonistas menos maleados por la militancia creo que la respuesta estaría muy clara, una vez que no se saca tajada queda la oportunidad de la venganza que siempre es mejor cuando se sirve fría. Las declaraciones recientes de Ábalos y de Koldo no han ido a parar a lo que se suele considerar como medios progresistas y han tenido un aire novedoso lo que da píe a la sospecha de que, tarde o temprano, puedan acabar dando un susto mayúsculo a su anterior señorito, alguna “novedad” que le hiele la sangre. Predecir es muy difícil y, como decía Niels Bohr, sobre todo el futuro, así que ya se verá.

Lo que parece razonable es que Koldo es el que mejor conserva la sangre fría entre los tres atribulados socialistas, da muestra de mayor entereza porque hace menos de una semana le hemos podido ver en las teles cultivando la huerta como si nada estuviese pasando a su alrededor. Imagino que tiene esa vieja escuela de los porteros de discoteca y soplones de la policía que saben cuándo hay que dar un sopapo y cuándo no merece la pena descomponer el gesto, la escuela de la vida que permanece viva en alguien cuyo ascenso social no se ha producido a base de cargos rimbombantes ni de honores sonoros sino a golpe de oportunidades que ha sabido aprovechar con maestría y que, por si acaso, le han hecho ir dejando testimonios claros de las circunstancias de cada embrollo y buena cuenta de cómo le llegaban las lechugas y los chorizos. Si yo estuviese implicado tendría más miedo de Koldo que de los centenares de plumillas y políticos de profesión dispuestos a despeñar a Sánchez, porque es bien sabido lo temible que puede llegar a ser la cólera del español sentado, un arquetipo que resulta ser el retrato robot del singular Koldo.

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J.L. González Quirós
A lo largo de mi vida he hecho cosas bastante distintas, pero nunca he dejado de sentirme, con toda la modestia de que he sido capaz, un filósofo, un actividad que no ha dejado de asombrarme y un oficio que siempre me ha parecido inverosímil. Para darle un aire de normalidad, he sido profesor de la UCM, catedrático de Instituto, investigador del Instituto de Filosofía del CSIC, y acabo de jubilarme en la URJC. He publicado unos cuantos libros y centenares de artículos sobre cuestiones que me resultaban intrigantes y en las que pensaba que podría aportar algo a mis selectos lectores, es decir que siempre he sido una especie de híbrido entre optimista e iluso. Creo que he emborronado más páginas de lo debido, entre otras cosas porque jamás me he negado a escribir un texto que se me solicitase. Fui finalista del Premio Nacional de ensayo en 2003, y obtuve en 2007 el Premio de ensayo de la Fundación Everis junto con mi discípulo Karim Gherab Martín por nuestro libro sobre el porvenir y la organización de la ciencia en el mundo digital, que fue traducido al inglés. He sido el primer director de la revista Cuadernos de pensamiento político, y he mantenido una presencia habitual en algunos medios de comunicación y en el entorno digital sobre cuestiones de actualidad en el ámbito de la cultura, la tecnología y la política. Esta es mi página web