El erudito de la Ilustración John Locke, en su “Second Treatise of Government”, formulaba allá por el siglo XVII el principio de “propiedad sobre uno mismo”. Es el derecho personal a la propiedad sobre uno mismo, sobre el propio cuerpo y sobre los resultados del propio trabajo. John Stuart Mill desarrolló más tarde este mismo derecho de cada individuo a la propiedad sobre sí mismo en su famosa obra “On Liberty”. A John Stuart Mill le debemos también la extensión del “viejo” concepto de libertad política. Para los antiguos griegos y romanos, la libertad política se agotaba en la democracia y la participación de sus ciudadanos. Pero la Revolución Francesa había demostrado con qué rapidez la supuesta libertad política podía convertirse en esclavitud y en terror despiadado: cuando los individuos tienen que someterse a la dictadura de una “voluntad general” à la Jean-Jacques Rousseau, es decir, la voluntad común de un Estado. En contraste, Mill fortaleció los conceptos de libertad individual y propiedad sobre uno mismo.

Para el filósofo y economista John Stuart Mill el desarrollo libre de la personalidad era la principal condición del bienestar, la fuente de la prosperidad de todos. Colocó al individuo frente a la conformidad, la uniformidad y la tiranía de la opinión pública: al individuo con su libertad de pensamiento, de sentimiento, su libertad de opinión. Se trataba de la libertad de diseñar el propio plan de vida y hacer lo que fuere necesario para llevarlo adelante, siempre y cuando con ello no se invada o dañe la integridad individual ni la propiedad de ningún otro.

Ni el Estado ni la sociedad tienen el derecho de interferir o sancionar los asuntos privados y las acciones de los individuos, que solo les afecta a sí mismos

Ni el Estado ni la sociedad, por lo tanto, tienen el derecho de interferir o incluso sancionar los asuntos privados y las acciones de los individuos, que solo les afecta a sí mismos. El Estado o la sociedad solo pueden aplicar sanciones si estas acciones dañan a otros. Además, igual de importante: nadie puede ser obligado a ser feliz.

Décadas de sesudos estudios sociológicos y adoración a los diferentes determinismos que nos han ido presentando con el fin de convertirnos en apenas marionetas de nuestras circunstancias, defender la condición de individuo y conceptos tan “trasnochados’” como el de la libertad individual se ha convertido en trabajo ingrato. Me gustaría saber (que no lo sé) cómo hemos llegado hasta aquí. En las siguientes líneas les propongo una teoría.

¿Y si se trata de un problema moral? Decía Nietzsche

¿Y si sucediese más bien al contrario? ¿Y si en lo “bueno” residiese un síntoma de retroceso, e igualmente un peligro, una tentación, un veneno, un narcótico gracias al cual acaso el presente viviese a costa del futuro, quizá con más comodidad, menos peligrosamente, pero con menos estilo, de modo más bajo? … ¿De manera que justo la moral fuese culpable de que el tipo humano jamás pueda alcanzar el mayor poder y esplendor posibles? ¿De manera que justo la moral fuese el peligro de los peligros?

Describe desde una visión fascinante un sistema en el que lo bueno se hace principalmente a expensas del futuro, poniendo de relieve la instrumentalización de la moralidad. Nunca la acción social ha sido tan “moral” como lo es hoy en día. En actos de altruismo ilimitado subvencionamos a los inmigrantes, a las familias monoparenterales, a insatisfechos con su anatomía, asociaciones anti-tabaco, empresarios y banqueros atribulados, artistas de todo tipo, promocionamos energías renovables, salvamos las ranas, el haya roja, los ratones de campo, ¡a la mismísima Gaia! Todo bajo el estandarte de una moral inmaculada, desde la absoluta impunidad que nos confiere “estar haciendo el bien”. Yo sostengo que esa moral es una falsa moral. Al igual que Nietzsche profetizó, se trata de una moral que destruye más de lo que pretende mejorar.

El gobernante, mediante la Ley, se liberó repentinamente de las obligaciones propias de un contratante obligando a los ciudadanos a asumir relaciones en las que el único beneficiario será la sociedad

La base de la contraproductividad de la moralidad de hoy en día es la eliminación del principio de responsabilidad individual como concepto indisolublemente asociado a cualquier valoración que queramos hacer sobre la conducta moral. El requisito previo para ello fue la introducción de contratos a favor de terceros. Hasta el siglo XVIII los contratos eran  básicamente entre dos partes en los que cada parte respondía ante la otra del correcto cumplimiento del mismo. Rousseau abrió el camino a los contratos en los que el beneficiario o perjudicado ni siquiera es parte contratante. El gobernante, mediante la Ley, se liberó repentinamente de las obligaciones propias de un contratante obligando a los ciudadanos a asumir relaciones en las que el único beneficiario será la sociedad (el Estado, como administrador del bonum commune). El Estado y sus agentes son libres, por lo tanto, de definir lo que consideran que es bueno y malo, qué clase de moral prefieren y subvencionan. Tienen el poder de definir las formas de convivencia humana. La pantomima votacional cada cuatro años es apenas un acto formal que ellos llaman legitimación democrática.

Otro paso más en la perversión de la moral fue la transformación de la solidaridad personal, basada en el sacrificio voluntario individual, en solidaridad colectiva estatal, basada en el sacrificio obligatorio de terceros. Ambas premisas, la práctica estatal de obligar a contratos en beneficio o perjuicio de terceros y la perversión de la caridad genuina –individual y voluntaria–  son ahora los pilares del Estado y la industria del bienestar. Y nos llevan a la descomposición social/moral de diferentes maneras.

Les recuerdo que una moral que reclama el sacrificio individual es también una moral que exige la productividad individual. Sólo se puede regalar lo que ya se ha producido y es propio. Todo acto moral individual no es sólo fruto de una intención, sino –y principalmente – valorable en cuanto a sus resultados. La moral colectiva, por el contrario, no requiere de ningún resultado, basta con una buena intención para justificar el asalto a las carteras de los demás. No es el objetivo primordial de la moral colectiva, con los capitales empleados, lograr resultados. El objetivo principal es encontrar razones para desplegar gasto (obviamente se trata entonces de “gasto social”). Lógico si pensamos que tanto los diseñadores como los ejecutores de la moral colectiva son a su vez los primeros beneficiarios de ese gasto (mantenimiento y crecimiento del propio aparato) tal y como estamos viendo en el caso de la Consejería de la Mujer en Andalucía. De este modo transformamos el sacrificio personal voluntario, basado en la productividad y moral individuales en la entrega forzosa del fruto de nuestro afán a un grupo de especuladores y administradores de la moral de todos. Nace la moral de los parásitos. Ésta sustituye el sacrificio por la necesidad y la responsabilidad por la intención.

“Una moralidad que considera la necesidad como una reivindicación, considera el vacío – la no-existencia – como su norma, su criterio de valor; recompensa una ausencia, un defecto: debilidad, ineptitud, incompetencia, sufrimiento, enfermedad, desastre, la falta, la lacra, el fallo – el cero.” Ayn ​​Rand

Aquellos que permiten la satisfacción de estas demandas, esto es, el ahorrador, el productivo, el emprendedor, el innovador, sólo tienen un lugar en esta moral: ser huéspedes/víctimas. Ayn Rand observó: “Si las necesidades son el punto de referencia, cada uno es a la vez víctima y parásito. Como víctima, tiene que trabajar para satisfacer las necesidades de los demás, pero sigue siendo un parásito cuyas necesidades deben ser satisfechas por otros. Sólo podrá presentarse ante los demás como mendigo o como esquilmado.”

La moral de los parásitos es la que prevalece hoy en día en todos los campos

Esta perversión de la moral – la moral de los parásitos– es la que prevalece hoy en día en todos los campos. Consume nuestro capital únicamente para la satisfacción de requisitos impostados (los “tengo derecho a”), vive a expensas del futuro sin tener que medirse a las consecuencias hoy. Ello es posible porque se ha extirpado la responsabilidad individual de la moral y porque sus ejecutores pueden tomar decisiones en su propio beneficio a costa de los demás. Por lo tanto, las pensiones están a salvo porque supuestamente alguien (otro) las pagará mañana. El dinero está a salvo porque supuestamente otro lo ganará mañana. El suministro de energía está asegurado porque pagamos hoy para que mañana aparezcan tecnologías que aún no existen, siempre mañana. Observamos en todas partes la victoria de la intención sobre los resultados, del deseo sobre la realidad.

La moral de hoy no se limita a las personas o las maquinaciones de la política y la burocracia. Crea de la nada nuevas ideologías. La idea del ambientalismo, por ejemplo, es fruto de la aplicación exacerbada de los principios morales anteriores. Durante miles de años el mayor logro cultural del ser humano consistió en diferenciarse de los animales para mejor adaptarse a su medio ambiente y transformarlo para mejor cubrir sus necesidades. Las numerosas intervenciones en una naturaleza completamente despiadada con nosotros fueron y son la base de todas las formas de la civilización. Apenas tres generaciones de prosperidad y enseñanza pública/gratuita/obligatoria han bastado para convertir al conquistador en un abusador. Hoy cualquier estrella del pop canta un “la tierra es buena, ¿por qué nosotros no?” y a nadie le sorprende. Uno se pregunta por qué esta Gaia tan amable necesita de nuestra intervención para alimentarnos o para protegernos de sus estados de ánimo atmosféricos. ¿Por qué, en su bondad infinita, nos expone a virus y bacterias, tsunamis, huracanes, sequías, inundaciones y erupciones volcánicas? ¿Por qué comer y ser comido es el principio rector y el sustento de toda vida en su superficie?

Cuando una sociedad convierte la negación de sus propios logros y oportunidades en principio moral inicia el hundimiento vertiginoso hacia su desaparición

Que tales efusiones intelectuales no sólo no sean criticadas, sino consideradas una expresión admirable de conciencia profunda e integridad moral, es una forma de decadencia en el sentido más primigenio de la palabra. Cuando una sociedad convierte la negación de sus propios logros y oportunidades en principio moral inicia el hundimiento vertiginoso hacia su desaparición.

Cuando la moral mide los actos en función de la pura necesidad y no de la capacidad para superarla, convertimos la mediocridad en meta a conseguir y a todo productor en huésped a parasitar. Mantener la mediocridad como meta final no sólo consume los recursos, impide la producción de otros nuevos. Cuando la dualidad inseparable entre riesgo y oportunidad se resuelve siempre y cobardemente en detrimento del riesgo, no estamos sólo ante un estancamiento, nos abocamos a la regresión. Lo que necesitamos no es una nueva política o un partido nuevo, necesitamos una nueva comprensión de lo que es moral. De lo que es “sociedad”. De lo que somos cada uno de nosotros.

Foto: Martin Wyall


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17 COMENTARIOS

  1. Señor Gómez, me gustaría decirle lo que a otro de los comentarios: para opinar de la educación en España hay que conocerla de forma directa. Ser profesor, alumno, inspector, o al menos conocer a gente que trabaja en colegios e institutos y nos acercan esa realidad. Aun así, desde mi experiencia de diez años de profesor sí puedo confirmarle que no es ya que no se premie, es que no se dan los recursos que necesitan los alumnos trabajadores o con talento. El dinero y las horas docentes van a los que van peor, o no hablan español, que a veces son la mayor parte de la clase. Y no se les pide nada a los padres, ya que se entiende que son “víctimas del sistema” o “del racismo”. Eso sí, los inmigrantes cuyos padres obligan a sus hijos a estudiar, tienen a hijos trabajadores y responsables, es decir: que pasan a no poder beneficiarse de los apoyos de clase, y la cosa queda a la voluntad del profesor que a lo mejor renuncia a su descanso de almuerzo para ayudar a los que sí quieren estudiar.
    Sin embargo, el problema a mi entender no es colectivismo/individualismo exactamente, sino la idea de que no se les puede pedir responsabilidades a los padres mientras que éstos si se las pueden pedir al profesorado y otros especialistas docentes. Y si los padres son extranjeros, de etnia o de ambiente marginal, el nivel de exigencia hacia los padres es menor. Los docentes y el equipo directivo necesitan mucho más margen de acción punitiva y respeto, en proporción a las responsabilidades que tenemos hacia todos los alumnos.

  2. “¿Por qué comer y ser comido es el principio rector y el sustento de toda vida en su superficie?”
    ¿Cómo puede decir esto un bioquímico? Es como si un matemático dijera: “las matemáticas es todo sumar o restar”.

  3. Yo era un mocoso que no alcanzaba de puntillas ni al alféizar de la ventana. Debía haber hartado a mi madre por resistirme a irme a la cama y me amenazó con la llegada del lobo. Acerqué un taburete a la ventana, me subí a él y mirando de frente la oscuridad de la noche dije retando al peligro por venir, ven lobo, ven.
    Mi madre me recordó esa anécdota unos días antes de morir.
    Nunca conté a nadie que al mirar por la ventana entre una bruma apareció el lobo, que se paró unos metros delante de mí, que agachó y giró la cabeza sumiso y que desde entonces somos amigos.

  4. ¡Es la socialdemocracia!…., el establishment, la moral del mínimo esfuerzo y la mínima responsabilidad, ni democracia ni socialismo, lo políticamente correcto: ¡La santa inquisición! La estupidez supina, la des[i]lustración.

  5. Una anécdota personal que incluye un ejemplo, muy concreto, de moral escolar real y por desgracia, contrapuesta a la mayoritaria existente en nuestro pais:
    Hace poco, mi pareja planteó a mis 2 hijos mayores, que actualmente residen y trabajan en Inglaterra, la siguiente pregunta:
    “¿Como es que, por lo que contáis, tanto vosotros como vuestros compañeros de colegio, hayáis, no solo acabado vuestros estudios universitarios, sino encontrado trabajo, tanto aquí en España como en el extranjero?”.
    La respuesta que le dieron fue:
    “Bueno, indudablemente influye el hecho de haber estudiado en un colegio en el cual, cuando alguien levantaba la mano para contestar las preguntas del profesor, no solo, no era despreciado por el resto e insultado como empollón y pelota, sino que, por el contrario era apreciado y admirado por los compañeros”.

    La anécdota ilustra el hecho real de que las morales mayoritarias en los grupos humanos conducen a unos resultados concretos, o a otros, de los grupos que las sustentan, dependiendo de la calidad y acierto de dichas morales.
    Hablando concretamente, de la actual moral imperante en la escuela pública española, que es un fiel reflejo de la moral progresista general, en la que no se prima ni el esfuerzo ni el mérito, sino todo lo contrario, es absolutamente lógico que los resultados de la misma sean los que son.

    • ¿Eres profesor? ¿O inspector de Educación? Me gustaría preguntarte cuál es la fuente de conocimiento para hacer tu análisis de la educación española en 2019.

  6. Me ha encantado el artículo.

    Un apunte a estas preguntas que se hace:

    “Uno se pregunta por qué esta Gaia tan amable necesita de nuestra intervención para alimentarnos o para protegernos de sus estados de ánimo atmosféricos. ¿Por qué, en su bondad infinita, nos expone a virus y bacterias, tsunamis, huracanes, sequías, inundaciones y erupciones volcánicas? ¿Por qué comer y ser comido es el principio rector y el sustento de toda vida en su superficie?”

    A lo mejor, el error está en considerar a esa Gaia simplemente como amable y olvidarnos de que todo tiene dos caras. No todo es bueno en la vida y tampoco todo es malo. Existe la vida y existe la muerte. Existe lo bonito y lo feo, lo malo y lo bueno, las alegrías y las penas. Si no asimilamos eso no podemos ser libres.

    Como escribió Emilia Pardo Bazán, en el final de su obra “La madre naturaleza”

    “Gabriel Pardo se volvió hacia los Pazos por última vez, y sepultó la mirada en el valle, con una extraña mezcla de atracción y rencor, mientras pensaba:
    -Naturaleza, te llaman madre… Más bien deberían llamarte madrastra”

    Gaia es madre pero también es madrastra.
    Una madre ama a sus hijos, les da cariño pero también los castiga para educarlos correctamente y la madre que no hace eso, simplemente está convirtiéndolos en seres caprichosos, en niñatos que se niegan a crecer o a perder las comodidades que le dan sus padres, muchos de ellos se convierten en vagos que siempre necesitan la protección de alguien, sea papá y mamá naturales o un Papá Estado que les marque el camino y les subvencione la vida.

  7. Entonces, tras esa homilia civil, me queda una duda: cuando un camarero ( 900 euros netos al mes) le sirve un café a una cajera de supermercado ( 900 euros netos al mes) ¿ estamos asistiendo a uno de los ejemplos de fraaso de nuestra sociedad, representado en la mediocre actividad de dos personas mediocres y, lo que es peor, descontentas?

    Siendo todos dueños de nuestros destinos, un pequeño y joven empresario de hosteleria ( 250.000 euros al año) serviria un café a una joven empresaria del comercio de alimentación ( 250.000 euros al año ). Felicidad mutua, ni rastro de fracaso ni mediocridad. Hasta los imagino guapos y bien vestidos, no como los del ejemplo anterior, feos y hasta un poco mugrientos.

    El principio liberal mas elocuente es: esfuérzate, trabaja mucho, y de esa manera, otros limpiarán por tí la basura que generes. Pero, escucha, si tienes que recoger, no solo tu propia basura, sino la de otros, échate toda la culpa.

    • Su comentario creo que no tiene nada que ver con lo planteado en el artículo además de exagerado, 250.000 euros al año pequeños empresarios de hostelería y alimentación. Casi nada. ¿eso, donde?

      En cuanto a ese principio liberal que expone, me parece de un complejo de inferioridad tremendo. A nadie se le deberían caer los anillos por recoger su propia basura y la de otros, simplemente quien recoge basura si quiere otro trabajo tendrá que planteárselo y si es feliz en el que está pues poco hay que decir ¿no?.

      Hay gente que se pasa la vida quejándose de su trabajo y tampoco hace nada por cambiar, en la vida hay que arriesgar y si por los motivos que sea no se puede, pues habrá que intentar ser feliz dentro de las posibilidades. Ahora si yo soy camarero, gano 900 euros y no me gusta mi trabajo y me considero mal pagado y lo que realmente deseo es ser el dueño del establecimiento pero no hago nada para lograr tener mi propio negocio siempre seré un amargado.
      Y que nadie me diga es que no se puede lograr cambiar, mire yo si soy camarera y no estoy feliz y considero que puedo llegar a ser la dueña me pongo hasta en el parque a vender limonadas o voy puerta a puerta a vender cafés o lo que haga falta, hago fiestas en domicilios o me montó un bar caravana y voy hasta a las aldeas a vender churros o perritos calientes pero vamos vaya si salgo de camarero si es lo que quiero.

      • Lo que yo le digo: los pobres son unos mediocres sin espiritu de lucha, y merecen su miseria, por estúpidos. Su análisis sobre los camareros es merecedor de leerse en todos los establecimientos de hostelería del mundo. Y no espere que le inviten, tras la proclama.

        Y lo de los 250.000 euros es evidente que no se trata de un salario, un empresario no tiene nómina, sino de una facturación anual, de la que el empresario deberá detraer sus costes ( empleados, alquileres, proveedores, impuestos, créditos bancarios, etc. ) y en ocasiones, la parte que haya de repartir con sus socios. En fin, que le pueden quedar limpios un 30%, con suerte. Pero por lo menos, no estará considerado como un mediocre mendicante sino como un esforzado luchador.

        Me pregunto si un Coronel de las Fuerzas Armadas, que se jubila con ese grado, está fastidiado por no haber llegado a General, y se considera a sí mismo un ” loser” porque su primo Arturo, de su misma edad, llegó a General de Brigada.

    • Ostras ¿250.000 leureles al año para un empresario de la hostelería? Me parece que me he equivocado de profesión. Bueno bueno Golfus ¿dónde toma usted el café? Que negociazo. ¡Anda que no tiene que servir cafés el joven a la moza para tener ese beneficio!

    • yo que no soy sospechoso de comulgar con las ideas de este articulista, me veo impelido a avisarte de que lo has malinterpretado si entiendes eso. Recuerda que en todo texto, por idiota que sea, siempre hay datos o razones ciertas. El llamamiento a incentivar el esfuerzo y la excelencia y no la pereza o la mediocridad no es bueno ni malo, sino una necesidad de todo sistema social (o biológico). No se trata de que existan mecanismos de acceso y movilidad social, cosa normal que hasta los teóricos más recalcitrantes del neoliberalismo pueden comprender como necesarios y convenientes; sino de que tenemos todo un entramado monstruoso de desviación de recursos de los impuestos que pagamos para sostener la sociedad y dejar algo a las futuras generaciones y que se está dedicando a premiar directamente, el no haber trabajado nunca, o la no integración social y aceptación de las normas comunes; hasta el punto de que, no sólo no ahorramos para los que vengan después, sino que ya no se sostiene ni el presente.

      El artículo falla en su razonamiento, pero por otros motivos.

  8. Cómo decía Wilhelm Röpke, uno de los padres espirituales de la economía social de mercado: «Toda sociedad debe confrontarse con el hecho de que, por un lado están nuestros ilimitados deseos, y por el otro, nuestros limitados recursos para satisfacer dichos deseos». El hombre no hace lo que quiere sino lo que puede y en una sociedad civilizada tutelada por un orden moral, no debe hacer lo que pueda sino lo que deba. Por eso la libertad individual está limitada por las leyes que deben garantizar la libertad de todos.

    Derechos y deberes. Hay una moderna versión globalista de la Ética y hasta tiene un nombre la mar de pintoresco: «Declaración Universal de los Derechos Humanos», y a algunos nos parece jocoso porque según Wolfgang Lienemann: «Los derechos humanos, por definición, tienden a ser universales. Aun cuando, su característica más universal es su violación universal». El ser humano necesita urgentemente reencontrarse con la Ética de Aristóteles y Spinoza, con la que nuestro deslumbramiento con la tecnología y la economía de mercado ha hecho que nos desconectemos y que todo lo apostemos al poder y al poseer. Hay que desarrollar la interioridad psíquica integrando creencias y afectos con un enfoque cognitivo de la ética y su relación con el bienestar psicológico y la integridad personal e intelectual. Spinoza definió tanto lo verdadero como lo bueno en términos de sus procesos: lo verdadero es el orden en las ideas y lo bueno es el orden en las emociones, las emociones buenas son consecuencia de un orden verdadero de las ideas.

    Mientras no guiemos nuestro comportamiento diario por estos conceptos e insistamos en vivir la vida en clave «carpe diem» con tanto frenesí emocional descontrolado, concediéndonos el descaro de salir del escenario de nuestras trastadas silbando una canción, el despiporre lo tenemos asegurado.

    Allí me colé y en tu fiesta me planté / Con un pedo del copón y ganas de comer / Mucha niña mona, jamelgas muy tetonas / Tengo el pene erecto lo pasaré bien / … / No sabía que el tresillo pudiera prender / Menuda algarabía , vi que tu casa ardía / Lo siento por tu novia que no pudo huir / … / La pelea y los disturbios fueron sin querer / Bomberos, ambulancias, ejército y forenses / Me voy con disimulo silbando esta canción. [El Reno Renardo, «Trilorgia Día 1: Despiporre»] 🎶

  9. Extraordinario escrito Don José Luis

    Yo no se tanto de filosofías, filósofos, morales.. los que en principio ha citado usted John Stuart Mill y John Locke son de origen anglosajón. Usted hace una muy buena distinción con el antes y después de la Revolución francesa y la aparición de ese individuo, Rousseau (curiosamente fallecido, 1778, antes de la Revolución, no se que habría escrito de haber visto sus resultados) cuya vida no fue precisamente coherente con lo que predicaba. Y cómo pudo influir (lo que predicaba) en Mill, que es post Revolución.

    Para mi es muy importante que haya, al menos, una cierta coherencia entre lo que se predica y lo que se hace.

    Desconozco hasta que punto John Stuart Mill y John Locke fueron coherentes. Pero hubo otro filósofo, muy exquisito, tanto que la lectura de sus escritos en estado químicamente puro es de difícil digestión, Kant.

    Dicho filósofo, de escuela mucho mas centroeuropea, y prerevolucionaria, en su Crítica de la razón pura pone los cimientos de esa moral individual versus ese desorden “tutelado” por el estado que predica Rosseau, y que después consolidó Hegel, a quien considero el verdadero padre de esa moral de Estado, siempre en beneficio de unos grupos adheridos a ese Estado, esos “guardianes de las esencias” que no responden ante nadie, y cuya conducta (como la de Rosseau, a diferencia de la de Kant) suele ser muy contradictoria con lo que predican.

    De Nietzsche y su idea de “moral”, visto el párrafo de referencia yo destacaría además la idea de “futuro”. Parece que los únicos que saben, porque tienen la bola mágica que todo lo sabe, el futuro es esa misma aristocracia burguesa, despótica y siempre mirando su propio ombligo, porque sólo su propio ombligo es digno de ser observado.

    Es esa necesidad de ser, tener, la capacidad de conocer el futuro, convertido en religión; y dictar lo que es mas “conveniente” lo que define al mundo de hoy.

    Y por añadir algo mas. Las redes sociales, y esa necesidad de pertenencia a ellas, y de comulgar con ellas, todo de manera lo mas narcisista posible, potenciado hasta límites insospechados la “kultura” del “like” son el catalizador, el fermento ideal; para que lo reflejado en su artículo prenda aún mas.

    Sin el efecto entontecedor, idiotizador,… de las redes sociales; y de cómo son manejadas, tuteladas, promocionadas.. por a saber quienes, que.. lo que no creo que hubiera sido posible esa abdicación totalitaria de nuestra libertad individual.

    Un muy cordial saludo

    • Muchas gracias por el comentario.

      Un apunte: esa “abdicación totalitaria de nuestra libertad individual” tal vez se vea reforzada en las RRSS, pero el origen es anterior, y su fundamento lo encontramos en la escuela. Hace ya mucho tiempo que la educación escolar está impregnada de consignas únicamente colectivistas. Ni el mérito ni el esfuerzo reciben el debido reconocimiento. De “en equipo mejor” hemos pasado a “solo en equipo, y sin ‘machacar’ a los del otro equipo”.
      Saludos!

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