Estamos tan sujetos al ethos periodístico –la novedad, el impacto, la primicia- que cuesta trabajo concebir la realidad desde una atalaya más serena y distanciada. ¿Cuántas veces se ha dicho que este pasado 2020 marcará una cisura en nuestro mundo y nuestras vidas, un antes y un después? Sin embargo, más allá de lo obvio –en especial, el impacto sanitario y económico- no hay razones sólidas para pensar desde una perspectiva histórica que se haya producido un vuelco de ninguna clase, sino más bien la aceleración de pautas que venían gestándose, e incluso manifestándose, desde las postrimerías del anterior siglo.

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Asumiendo el riesgo que conlleva esquematizar fenómenos tan complejos, propongo cinco líneas de reflexión sobre lo que nos espera en un futuro inmediato. Nada de lo que voy a señalar es nuevo, stricto sensu, como cualquiera podrá fácilmente comprobar. Pero la convergencia –nada casual por otro lado- de todos esos procesos pergeña un ámbito que presenta sustanciales diferencias con nuestro mundo de ayer y al que muy probablemente nos acostumbraremos como referencia política durante los próximos años.

Hace solo un año una imagen del centro de nuestras ciudades como hoy las vemos, nos hubiera parecido una fantasía distópica y apocalíptica. Lo mismo puede suceder con la degradación política

El primer y quizá más importante rasgo del mundo que estamos viviendo es la deriva del régimen democrático conocido hasta ahora hacia un modelo más híbrido y espurio que, sin perder del todo su apariencia liberal y sus formas garantistas, socava en el fondo la voluntad ciudadana y la representación popular. Ello ha producido en todas partes –de un confín a otro del globo- un aparatoso divorcio entre un sector político profesional –el establishment– y el resto de la sociedad, que no se ve representada ni defendida por ese grupo de poder, catalogado en mayor o menor medida como de índole extractiva.

En el caso español, la expresión más aparatosa de esta desconfianza primero, y ruptura después, entre el conjunto social y la clase política fue el conjunto de movimientos sociales que desembocó en el nacimiento de Podemos y la estigmatización como casta privilegiada de unos dirigentes “¡que no nos representan, que no!” El hecho aparentemente paradójico, pero históricamente ineluctable, de que Podemos se haya convertido en una nueva casta no anula la reluctancia citada, antes al contrario, la intensifica más si cabe dentro de un escepticismo generalizado: “todos son iguales”, “esto no tiene remedio”, etc.

La segunda nota distintiva es indisociable de la anterior, hasta el punto de que aquella no podría entenderse sin esta o viceversa. Me refiero a la contaminación populista que acompaña como una sombra todo movimiento político en estas primeras décadas del s. XXI. No quiero señalar tanto al populismo propiamente dicho, en el sentido clásico del término, como a la infección populista de cualquier iniciativa pública, entendiendo por tal las propuestas que simplifican los problemas cada vez más complejos de las sociedades contemporáneas, ofrecen soluciones voluntaristas y, a menudo, irreales y, en último término, apelan a la emotividad por encima de la racionalidad.

Quizá este último rasgo sea el más característico del tiempo que vivimos. La democracia sentimental ha titulado un análisis de este fenómeno un conocido politólogo, Manuel Arias Maldonado. Cuando creíamos que se había consolidado nuestra confianza en la razón y la ciencia como instrumentos de conocimiento y de estar en el mundo, hete aquí una regresión en toda regla. Regresión no tanto porque descalifiquemos per se sentimientos y emociones, que pueden ser necesarias en otros contextos, sino porque de modo irreversible aquellas desembocan en pasión, visceralidad y finalmente pura irracionalidad. No es casual que populismo y nacionalismo excluyente caminen del brazo como buenos compañeros de viaje.

Ustedes me dirán que nada de esto es nuevo y yo tendría que recordarles que así lo admití al comienzo. Pero reparen, por otro lado, que los viejos términos no sirven para perfilar los rasgos más representativos de la presente situación. Ya he dicho que populismo –por lo menos en el sentido clásico- no sirve exactamente, pero lo mismo cabe decir de una democracia que se degrada y adquiere expresiones autoritarias… sin llegar a ser lo que siempre hemos entendido como autoritarismo. En el Viejo Continente las democracias recién llegadas (Hungría, Polonia) cada vez lo son menos, mientras que muchas de las clásicas, empezando por ejemplo por Reino Unido, viven uno de sus peores momentos en varias décadas.

En cualquier caso, en todas las democracias europeas es patente el descrédito de unos partidos –y este es el tercer punto que quería señalar- que ya no sirven para proponer soluciones de futuro pero que se resisten a morir, ejemplificando así la definición canónica de crisis. El sistema tradicional de partidos saltó por los aires hace tiempo en Italia, pero lo mismo ha sucedido en Francia, mientras que los extremismos de uno u otro signo han ganado terreno en Alemania, Austria, Bélgica u Holanda. La propia delimitación de izquierdas y derechas tiene cada vez menos sentido y va siendo sustituida por otros criterios de identidad, pertenencia o exclusión. Como muestra un botón: hoy los sectores más desfavorecidos se refugian más en la xenofobia reactiva de la extrema derecha que en la izquierda tradicional.

Como las desgracias nunca vienen solas, el sistema partitocrático que, aunque cada vez más degradado, subsiste en determinados países -como el nuestro- muestra una voracidad inversamente proporcional a su vigor y representatividad. Cuanto más cerrados y sectarios, mayor es el afán de los partidos por extender sus tentáculos a todos los ámbitos sociales y económicos, hasta asfixiar cualquier iniciativa de la sociedad civil. Todo lo ajeno lo perciben como hostil. De ahí su obsesión por controlar el poder judicial, aquí y en otros países. ¡Hemos llegado al punto de pedir lo obvio como gran objetivo político: el respeto de los contrapesos y la división de poderes como fundamentos del régimen democrático!

En cuarto lugar, el fenómeno más llamativo de la presente pandemia, el confinamiento, es obviamente una novedad, pero, desde una perspectiva más amplia, podemos catalogarlo como la expresión más exacerbada de un aislamiento social que había echado raíces en las décadas anteriores. El teletrabajo, por ejemplo, no se ha inventado en 2020, por más que este año haya recibido un impulso decisivo. Tampoco las compras vía internet o el consumo de productos culturales o de ocio sin moverse del salón de casa. Todo eso ya estaba. Lo que echo de menos es una reflexión más reposada sobre todo lo que eso supone a escala individual –psicológica- y colectiva –política-.

Una sociedad cada vez más atomizada, en la que cada individuo está aislado en una especie de burbuja, en la que el trabajo se hace desde casa y en la que cada hogar – con frecuencia unipersonal- es un mundo aparte, independiente de los otros, propicia el desentendimiento, el solipsismo y una especie de apatía social. Incluso cuando se toma conciencia de los problemas colectivos, las posibilidades de una acción concertada se hacen más difíciles. He oído en múltiples ocasiones a lo largo de los últimos meses con respecto a cuestiones varias un clamor –“¡algo habrá que hacer!, ¿no?”- pero cuando se plantean qué y cómo, aparecen expresiones de desconcierto. Lo cierto es que estamos más inermes ante los desmanes del poder.

El quinto y último punto que quería ofrecer a su consideración es un rasgo plenamente orwelliano que a mí me inquieta en particular, porque el desarrollo técnico ofrece posibilidades insospechadas. Con el desarrollo de la realidad virtual, el mundo aparece cada vez más, no como el ámbito de hechos que debemos asumir, sino como el escenario de ficciones que queremos representar. De este modo, los datos objetivos terminan siendo desplazados por la mera propaganda, del mismo modo que las fake news sustituyen a las noticias contrastadas.

La delimitación entre verdad y falsedad se convierte así en irrelevante y hasta la mentira cogida in fraganti (desde Trump a Pedro Sánchez) no solo no tiene penalización sino que resulta ser un arma tan eficaz como admitida. Esta manipulación del presente se proyecta con toda naturalidad hacia un pasado que cambia a conveniencia del urdidor de patrañas. Para ello, la memoria, convenientemente amañada, termina ocupando el lugar de la historia o de la mera crónica fidedigna.

Como el ser humano se amolda a todo, es probable que, dentro de poco, todo esto nos parezca tan natural como llevar mascarillas. Dicho sea de paso, hace solo un año una imagen del centro de nuestras ciudades como hoy las vemos, nos hubiera parecido una fantasía distópica y apocalíptica. Lo mismo puede suceder con la degradación política. El problema, pues, no es tanto que el futuro inmediato se presente tenebroso sino que nos vamos acostumbrando a ese estado de cosas con una naturalidad fatalista. Étienne de la Boétie escribió en el siglo XVI un panfleto contra el absolutismo, advirtiendo de los riesgos de la servidumbre voluntaria. Para que la democracia del futuro no sea meramente teórica, sigue siendo esencial combatir esa pulsión de aceptación y sometimiento.

Foto: Nathan Mullet


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Soy Doctor en Filosofía y Letras (especialidad de Historia Contemporánea) y Profesor de Filosofía. Como editor he puesto en marcha diversos proyectos, en el campo de la Filosofía, la Historia y los materiales didácticos. Como crítico colaboro habitualmente en "El Cultural" de "El Mundo" y en "Revista de Libros", revista de la que soy también coordinador. Soy autor de numerosos artículos de divulgación en revistas y publicaciones periódicas de ámbito nacional. Como investigador, he ido derivando desde el análisis de movimientos sociales y políticos (terrorismo anarquista, militarismo y antimilitarismo, crisis del 98) hasta el examen global de ideologías y mentalidades, prioritariamente en el marco español, pero también en el ámbito europeo y universal. Fruto de ellos son decenas de trabajos publicados en revistas especializadas, la intervención en distintos congresos nacionales e internacionales, la colaboración en varios volúmenes colectivos y la publicación de una veintena de libros. Entre los últimos destacan Hollada piel de toro. Del sentimiento de la naturaleza a la construcción nacional del paisaje (Primer Premio de Parques Nacionales, 2004), El peso del pesimismo. Del 98 al desencanto (Marcial Pons, 2010) y, en colaboración con Elena Núñez, ¡Viva la muerte! Política y cultura de lo macabro (Marcial Pons, 2014).

16 COMENTARIOS

  1. Vamos a contar mentiras tralara:

    Las «democracias Uropeas» son partidocracias.
    La Liberté secuestré pour la partitocré.
    La Igualité mentiré et c’est le problème (no somos iguales ni a martillazos).
    La fraternité olalá.

    Disculpen mi frances pero me he tomado un pastis. Feliz 2021

    • Estamos en un momento apasionante de la historia donde va a ser puesta a prueba nuestra valía, unión y resistencia para combatir la oscuridad que se cierne sobre nuestras cabezas. Una nueva Edad Media en la que deberemos despertar el espíritu crítico anestesiado, luchar por la desigualdad creciente del ciudadanos común con las figuras de poder corruptas, arbitrarias y limitadoras de nuestras libertades. Y todo ello difícilmente será posible sin aunar un sentimiento de hermandad y fraternidad con nuestro prójimo. Feliz 2021

  2. El panorama no es muy alentador que digamos, Rafael. Lo cierto es que empezamos el año y la década con mal pie y no hay demasiadas razones para el optimismo triunfalista del gobierno fake, aunque lo apueste todo a la vacuna. La pandemia ha magnificado todos y cada uno de los déficits que arrastramos y sí que ha transformado nuestro modo de vida. De hecho, no creo que pueda ser restablecido a lo largo del 2021.

    Los virus no entienden de raza, sexo, ideología o religión. Las epidemias como la del Covid-19 o las que puedan venir están por encima de cualquier conspiración planetaria y de cualquier pronóstico político y económico. Las epidemias requieren de concienciación comunitaria y de soluciones globales, no de vacunas a la carta que van a dejar fuera y desprotegidos a los países subdesarrollados.
    Los europeos creemos que una vez vacunados se acabó el problema. A vivir que son dos días y a viajar como antes. Pero no, eso no va a ocurrir. Por muchos muros y fronteras que delimiten nuestro territorio, será difícil mantenerse «a salvo» de las plagas. Cuanto más pronto asumamos nuestra creciente interdependencia y aceptemos la realidad, mejor será nuestro lugar de destino.

    Para el equipo de Disidentia y para todos los disidentes que participan en el foro, mis mejores deseos para este 2021: Libertad, igualdad y fraternidad!

      • Sí, desde hace cien años que no habíamos vivido nada igual. Bueno, nosotros no estábamos allí, lo vivieron nuestros antepasados. Se diría que en esta parte del globo hemos vivido ajenos a esos avatares sin conciencia de que enfermedades y plagas estaban ahí a la vuelta de la esquina para jo.er el progreso alcanzado y poner en jaque a nuestro sistema sanitario.

  3. La mejor frase que he leído este año ha sido una de Zoe Valdés, «si quieres te cuento mi vida» creo que se lo decía a algún llorón o llorona de esos que se quejan porque directamente nacieron idiotas, gilipollas o cobardes, o todas las cosas juntas.

    Para mi ha sido uno de los años más divertidos desde hace mucho tiempo, es como si al mundo le hubieran sacudido los bolsillos.

    «Si quieres te cuento mi vida» genial, y otra aún mejor, «los cubanos venimos del futuro» que se lo digan a los que han votado a Sánchez o Iglesias. A los que han votado a Biden aún les falta tiempo, unos meses.

    Teniendo un cubano cerca para que quiere la gente los extraterrestres, si no comprenden lo que les explica un cubano en español bien pronunciado ¿Cómo van a comprender a un marciano? Hay gente que deposita su idiotez en cualquier cosa, hasta en la renta mínima vital.

    En realidad en este año no ha pasado nada, excepto que los idiotas más importantes del mundo han salido de su zona de confort obligados por las elecciones de los EEUU,. poco más, esto viene de lejos, desde que el mundo es mundo poco más o menos, aunque luego se escriba la historia para vestir de seda a la mona.

    Vistos desde el futuro, como si uno fuera cubano, este año ha sido el año de los idiotas.

    Prometo leer a Zoe Valdés más a menudo, y es que leo muy poco últimamente, periódicos ni uno, y libros tengo en casa más de cinco mil sin leer que con el tiempo que pierdo en internet me parece que se van a quedar sin leer.

    Pues eso. Como decía Zoe, y que me perdone el plagio, «si quieres te cuento mi vida» pero antes me tienes que prometer que no te vas a sentir ridículo año 2020.

    • Sin duda ha sido uno de los años más ridículos de la historia.
      Los muertos no los cuento, que no contarlos nada tiene que ver con esconder cadáveres, nada que ver.

      Cada fallecido es único, exclusivo, irrepetible.

      Le dedico este poema a todos los ……… del gobierno de España.

      «¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece?
      ¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla?
      ¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe?
      ¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo?
      Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.
      Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.
      Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.

      Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.»

      John Donne «Ningún hombre es una isla»

  4. Unas cuantas contradicciones ¿no?. Para empezar ¿a qué «populismo» se refiere? Del conjunto del artículo entiendo que especialmente a los populismo de derechas (podemos es citado tangencialmente para señalar que se ha convertido en casta) a los que critica con la definición simplona de que populismo es ofrecer soluciones fáciles a problemas difíciles, definición que viene de perlas a la casta-establishment, convertida en casta sacerdotal y única conocedora de los secretos del poder y de la «gobernanza», únicos capaces de entender, y por tanto gestionar, los problemas difíciles que requieren medidas complicadas de entender para el pueblo llano. Hungría y Polonia son naciones cada vez menos democráticas ¿por? pues supongo que por mostrar resistencia al modelo antropológico que impone el globalismo asentado en la UE….y que el articulista critica, sí esa sociedad atomizada, empleando los mismos argumentos de los defensores de lo que critica. Los sectores desfavorecidos se refugian en la «xenofobia reactiva»….es decir los trabajadores europeos a los que se les culpabiliza de todos los males acecidos en el mundo desde que el heterosexual, blanco y europeo de Caín mató al inclusivo, ecologista, no binario y feminista de Abel, a los que se les niega su identidad religiosa y cultural en favor de esa sociedad atomizada, a los que cada vez más se les ofrecen empleos precarios, y que ven como sus ciudades son invadidas por inmigrantes ilegales traídos por las grandes multinacionales que reciben todos los parabienes y ayudas y que han convertido barrios enteros en lo que acertadamente una diputada calificó de «estercoleros multiculturales», esos trabajadores europeos son «xenófobos reactivos»…mismo argumento que las «élites».
    PD: el teletrabajo y la digitalización son unos pasos más para la construcción de sociedades atomizadas formadas por individuos aislados y desarraigados. ¿Quién se forrará con el teletrabajo? ¿Quién sale ganando con las compras a través de internet? ¿Quién sale perdiendo? esta última pregunta tiene respuesta: los xenófobos reactivos.
    Fdo: un populista xenófobo reactivo.

    • «Los sectores desfavorecidos se refugian en la “xenofobia reactiva”….es decir los trabajadores europeos a los que se les culpabiliza de todos los males acecidos en el mundo desde que el heterosexual, blanco y europeo de Caín mató al inclusivo, ecologista, no binario y feminista de Abel».

      Qué bien lo ha expresado, Brigante. Ese es el mensaje que se transmite a la sociedad por tierra, mar y aire. Esa es la línea divisoria que marcan las élites, pero que cada vez se difumina más porque los ciudadanos europeos perciben que se trata de una ficción surrealista con la que no se identifican ni con la que están dispuestos a tragar. En lo que sí coinciden los populistas xenófobos reactivos (usted no me parece uno de ellos, en absoluto) es en arremeter contra Europa y en alimentar un sentimiento eurófobo.
      Trump es un de ellos y por supuesto que preferiría una Europa maltrecha, fragmentada, atomizada y dividida para someternos a los dictados de los caciques nacionalistas y les rindamos pleitesía. Y yo que quiere que le diga, con toda la degradación política e institucional que padecemos en España especialmente, me siento más reconfortada y segura sabiendo que formamos parte de una entidad social, política y jurídica mayor que debe trabajar para fortalecer su sistema inmunológico, velar por todos sus miembros y no quedar a expensas de las grandes potencias ni de lo que dictaminen las élites oligárquicas.

      • El problema estimada Silvia, es que la actual Unión Europea es una herramienta, y probablemente la más eficaz, del gran proyecto globalista. Claro, decir esto me puede convertir en un eurófobo, odio a Europa…pero no, yo quiero a Europa, pero quiero la Europa que una vez fue la Cristiandad, la Europa romana y griega, la Europa de las Catedrales, de las Universidades, del latín, de la dignidad de la persona, y ello me lleva no a ser eurófobo sino quizá uerófobo, precisamente por que la UE ha secuestrado a Europa y lo que quiere es eliminarla. Es la UE la que promociona todas las políticas de multiculturalismo, inmigración descontrolada, aborto, eutanasia, género, todas las que se le ocurran. Son ellos los principales impulsores de la Agenda 2030, el programa político del globalismo. Sí, yo no quiero a esta Unión Europea

        • «Son ellos los principales impulsores de la Agenda 2030, el programa político del globalismo»
          Qué duda cabe que hasta ahora han estado por esa labor, amigo Brigante, pero este año 2020 ha desbaratado todos sus planes. Las prioridades han cambiado de signo y por desgracia son más reales de lo que a ellos les gustaría. Tendrán que abordar el problema más pronto que tarde antes de que se les vaya de las manos. La desaparición de la clase media que va a pasar a ocupar la parte baja del escalafón va a representar un escollo insalvable para sus planes y va a tener unas consecuencias imprevisibles. Las revueltas y los estallidos sociales están a la vuelta de la esquina. Bien es cierto que la pandemia las ha amortiguado y aplazado, pero son inevitables. La agenda 2030 podía tener su atractivo antes de la pandemia cuando todavía operaba cierto estado del «bienestar» y las necesidades básicas de la mayor parte de la población estaban cubiertas, ahora no es así. Y no lo será cada día para más personas y familias que han retrocedido al primer escalafón de la pirámide de Maslow, incompatible con las abstracciones e irrealidades planteadas en el programa de la agenda 2030.

          • ¡Qué va! a la Agenda 2030 le viene de perlas la desaparición de las clases medias. Y toda esta historia del COVid les ha venido como ni pintada para sus intenciones. Uno no quiere ser «conspiranoico» pero joder (con perdón) se lo ponen a uno muy difícil no serlo.
            PD: a pesar de que soy una persona de orden y respetuosa con la ley, ojalá se produzcan esas revueltas que dice, porque nos jugamos mucho, ni más ni menos que nuestra libertad.

  5. Pierda toda esperanza Sr. Núñez. Occidente está muerto. Ha sido sometido a un proyecto de emasculación por parte de su clase dirigente (que efectivamente se ha convertido en una aristocracia intocable, la palabra «establishment» los define perfectamente). Nuevos pueblos de alzarán sobre las ruinas de Occidente, con otra forma de ver la vida y las relaciones humanas y el sueño de la «liberté, egalité, fraternité» desaparecerá hasta de los papeles (en la realidad desapareció hace tiempo). Es el destino de una civilización que ha decidido suicidarse, rodeada de comodidad, televisión, consumismo y mediocridad.

    Los héroes que pueda haber están muertos. Nadie va a salir a la calle para inmolarse por no se sabe qué y por una sociedad lobotomizada, que encima los crucificaría. Los pocos lúcidos que queden trabajarán por salvarse a sí mismos y a sus allegados. Puede que surgan «falsos profetas» que solo aspirarán al poder, para meterse en el establishment. Las masas están encantadas de que les pastoreen.

    Lo de España ya es de traca. Volvería a ganar el PSOE. Este país no tiene arreglo y tendrá lo que se merece, por g.l.p.ll.s. Somos tontos o qué? Creo que la mayor parte si que lo es. La lobotomización y el adoctrinamiento escolar y mediático ha dado sus frutos: una sociedad que vota a sus verdugos. A un partido político que ya ha arruinado tres veces a este país (por hablar solo del periodo «memocrático» y no irnos a los años 30 del siglo XX). Y todavía no les parece suficiente a una buena parte de los españoles, al menos los que van a votar.

    No es que los otros sean mejores. Ni mucho menos, lo han demostrado también. Inane Rajoy, inane Casado. Pero insistir una y otra vez en votar al PSOE, el partido que nos traído hasta aquí, uffffffff. Es de diván de psicoanalista como sociedad.

    Pierdan toda esperanza. Esto es un sálvese quien pueda. Se admiten sugerencias.

      • Completamente de acuerdo con usted. Antes pensaba que yo era extremadamente pesimista, pero pero veo que cada vez mas gente está en una situación anímica parecida.

        La única solución que yo propondría, al menos para los mas jóvenes, es simplemente largarse de aquí. Aunque lo que pasa en España es la tendencia a nivel globlal, al menos hay otras zonas del planeta en las que el proceso está mucho menos avanzado o se le combate con un poco mas de vigor.

        En mi caso personal la ironía es que, habiéndome pasado media vida fuera de España (me fui a principios de los 90 por falta de perspectivas laborales y de futuro), he vuelto hace dos años con una situación económica favorable que me permite estar cómodo en lo material, pero a disgusto en lo social. Y pasado el medio siglo de vida me resulta frustrante plantearme otra vez una nueva salida.

        En fin, Feliz Año.

        • Pues tiene que ser frustrante volver a España después de una temporada fuera y ver que todo sigue igual o, seguramente, peor. Feliz 2021.

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