Que la comparecencia de Mariano Rajoy en el juicio a los golpistas despertara expectación solo se explica por la supervivencia de un aparato mediático que, de nuevo, tiene a la opinión pública secuestrada. Oh, sí. Por supuesto, unos delinquieron por acción y otros por omisión. Y Rajoy era ni más ni menos que el presidente del Gobierno.

Pero ¿qué podría decir este personaje que no hubiera dicho ya una y mil veces con sus palabras y sus actos durante todos estos años? ¿Qué novedoso titular podría aportar quien gobernó con una pasividad inaudita, siempre a remolque de los acontecimientos y temeroso hasta de su sombra? Pues uno previsible: que él no quería líos, que no podía predecir el futuro y que, por eso, jamás pensó que los secesionistas llegarían tan lejos. En definitiva, que para él el golpe de Estado fue un cisne negro, cuando en realidad era el elefante en la habitación.

Rajoy lo tuvo todo. Disfrutó de una mayoría absoluta en el Congreso y otra aplastante en el Senado, además de un partido a sus pies, donde la disidencia había sido lapidada. Y es muy posible que haya sido el último presidente que goce de tantas ventajas, porque la fragmentación parlamentaria es ya una realidad.

Pero de poco sirvió, porque esa mayoría no fue producto ni de su carisma ni de sus dotes de estadista, tampoco de un partido rebosante de talento que inspirara demasiada confianza, sino de la urgencia de una sociedad a la que la Gran recesión le propinó una media bofetada que la despertó a medidas del letargo. Una sociedad a la que, desgraciadamente, le faltó la otra media guantada para, dicho de forma castiza, dejar de hacer el gilipollas.

Hacen falta políticos que digan verdades, pero sobre todo hacen falta electores dispuestos a escucharlas… y a comprarlas con sus votos

Cuando digo sociedad me refiero a todos y cada uno de los sujetos, a cada uno de nosotros como individuos, no a la sociedad como convidado de piedra al que constantemente endosamos la responsabilidad de nuestros actos, como si estuviéramos al margen. Porque si descontamos a los que les va mal, y culpan de sus desgracias a las oligarquías, al capitalismo o, en su defecto, al heteropatriarcado, y a quienes les va bien y creen descender de la pata del caballo del Cid, la sociedad son cuatro gatos.

Desde que la Gran recesión pusiera punto final al gobierno de Zapatero y, sobre todo, empezara a desvelar un modelo político colonizado por los grupos de intereses y la incompetencia, las campañas electorales han adquirido un carácter de extrema urgencia, de ser o no ser, como si en vez de depositar una papeleta en una urna, para elegir uno u otro cambio lampedusiano, los electores optaran entre la salvación o la catástrofe.

Y así llevamos casi dos lustros (tres, si nos remontamos a la victoria de Zapatero, 11M mediante), en un permanente estado de ansiedad que se ha visto exacerbado por el golpismo catalán, de tal suerte que cualquier suceso político, por insignificante que sea, o precisamente por eso, adquiere la categoría de acontecimiento trascendente, como la comparecencia del inane Rajoy en el juicio a los golpistas. Lo que sea necesario antes que mirarnos en el espejo como nación, como comunidad, como país, o como lo que usted, querido lector, prefiera.

Hasta las redes sociales, que antes ofrecían alguna visión alternativa, se han convertido en la cámara de eco de una lucha partidaria esperpéntica, donde políticos y periodistas pelean para seguir viviendo, de una forma u otra, de la ocultación de la realidad, como si nada hubiera cambiado a lo largo de estos años, cuando en realidad todo ha cambiado.

Sin embargo, no escarmentamos; al contrario, de nuevo les seguimos enardecidos en lugar de permanecer vigilantes, críticos, independientes. Incluso hemos entregado el control de las redes sociales y, en general, de la opinión, al vetusto esquema de la información posfranquista, donde periodistas y políticos, políticos y periodistas marcan la agenda, y nos dicen qué polémica toca hoy, qué escándalo ha de convertirse en viral o qué gran causa debemos enarbolar.

Pero, contrariamente a lo que se pretende hacer creer, esta interminable campaña no supone una ventana de oportunidad para el ciudadano corriente. Esa ventana de oportunidad, como mucho, se circunscribe a las jornadas electorales propiamente dichas. Y ya veremos. Porque no está nada claro que se vaya a producir un cambio en el equilibrio de bloques. Y menos aún una disrupción en el statu quo que dé paso a un verdadero periodo de reflexión y reformas.

Es evidente que el problema de Cataluña no es un problema menor; muy al contrario, es el más grave y urgente al que nos enfrentamos. Y el primer paso para afrontarlo era, sin duda, la aplicación de la ley, algo que, lamentablemente, no ha sido la costumbre durante décadas, más bien al contrario.

Pero los tribunales no pueden ser de manera indefinida la única salvaguardia efectiva de una constitución en sus horas más negras, hace falta además inteligencia y una voluntad política que disponga de una mayoría suficiente a largo plazo. Esta mayoría solo puede lograrse de dos formas: mediante el acuerdo entre los agentes políticos o mediante la consecución a través de las urnas de mayorías absolutas. Y ambas posibilidades parecen complicadas, por no decir imposibles.

Es cierto que anticipar el resultado de las elecciones del 28 de abril resulta muy aventurado. Pero no lo es tanto, lamentablemente, adelantar que, una vez más, y aún a pesar del “fenómeno Vox”, la creencia de que el futuro se resuelve en las urnas se demostrará equivocada.

Los problemas de España solo pueden afrontarse si la política y la realidad son compatibles. No si habitan en universos paralelos. Y para eso hacen falta políticos que digan verdades, pero sobre todo hacen falta electores dispuestos a escucharlas… y a comprarlas con sus votos.

Lamentablemente, la verdad suele ser aquello que nadie quiere oír. Y la primera de esas verdades es que este Estado, lejos de servir al ciudadano, es un instrumento de poder extraordinariamente codiciado por los partidos. Un ente que persigue sus propios fines. Sus administraciones son oasis donde guarecerse de las inclemencias de ese mundo extramuros expoliado e incierto.

Cada vez más personas se constituyen en colectivos, en grupos de interés que miran hacia el Estado, y no hacia el exterior, porque lo ven como la encarnación del poder, de la salvación, de la subsistencia.

Por eso vivimos instalados en una campaña electoral permanente, inacabable, donde todos pelean a cara de perro por su porción de la tarta.

Por eso, en España, incluso las huelgas las convocan las instituciones públicas, y no los trabajadores, como la huelga feminista del 8 de marzo, que sirve para distraer al individuo con un supuesto techo de cristal que afectaría solo a las mujeres, para que no vea ese otro techo de cristal, el real, que afecta a hombres y mujeres.

salario medio

(Salario medio en Europa. Fuente: The Adecco Group)

Por eso, en España, todas las pobrezas, incluso la pobreza infantil, sirven para crear chiringuitos y adjudicar discrecionalmente, sin ningún rubor, sueldos públicos escandalosos a los partidarios, porque la “justicia social” es un gran enchufe, una toma de corriente a la que uno puede conectarse si coopera con la propaganda oficial y repite consignas como si fuera un papagayo.

Por eso, en España, padecemos la estafa de la “guerra cultural”, con la que se pretende hacer creer que basta cambiar el lenguaje para cambiar la realidad, cuando las palabras solo son signos convencionales para identificar objetos o hechos, y son estos últimos los que cuentan.

Y por eso, en España, la “sociedad civil”, que debería controlar el Leviatán, se reduce a un selecto grupo de periodistas de partido.

En definitiva, un circo a la medida de esa sociedad al que le sigue faltando la media guantada que la Gran recesión no pudo darle.

Foto: Morgan Basham


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15 COMENTARIOS

  1. Absoluta y totalmente de acuerdo. Como siempre una lúcida visión de lo que llamamos democracia y no lo es. Mal futuro veo, o nos convertimos en Venezuela o nos liamos a tortas otra vez…

  2. D. Javier, amén a su artículo. Está claro que no tendremos arreglo hasta que llevemos un fuerte palo. Y aún así no lo tengo muy claro. Me rindo y desisto.

  3. Un servidor, por su parte, para tratar de explicarse, no va a recurrir a ninguna coda reflexiva que apele a espacios ya suficientemente trillados e incluso pastados hasta la nausea. Es decir las sesudas inferencias respecto al panorama previo a la ordalía con colofón en Sánchez, porque las reflexiones con barniz tautológico, a mi ya me interesan poco. El barco que ahora nos conduce a la deriva zarpó ya.
    Ahora bien, dicho esto, también es verdad que cuesta trabajo refugiarse en los cómodos espacios de la indiferencia y el distanciamiento, ante las cosas que uno conoce sobre la opinión de sus coetáneos, situados ante el mismo fenómeno.
    Por doquier se percibe en en los ambientes del “mainstream” el inconfundible aroma que exhala la decepción subsiguiente al fracaso. Es un exudado que, salvando las distancias, también debió advertirse cerca de Boabdil o, mas recientemente, al lado de los compungidos marxistas de posguerra, ante eso que ellos llamaron ” la gran desilusión”.
    Aquí y ahora, sus epígonos, gente principal y no tanto, se embarcaron. no ha mucho, coincidiendo con un momento especialmente delicado de la historia reciente de España, en la ardua tarea de barrenar, con tenaces y experimentados arietes, en el flanco mas vulnerable que a la sazón presentaba el espacio político de la derecha, uno de esos “bloques” (de barro) que aquí se citan.
    La genial idea consistia en atraer al sector pusilánime de este “bloque” y del otro también, con el descabellado propósito de ocupar esa abstracción a la que llaman “centro político” desplazando, del tal suerte, a los extremos del espectro a la dualidad pre-existente, denostándola “de oficio” , para así presentarse como paladines de una nueva frontera anómica, pero con demiurgo de diseño como mascarón de proa, eso sí, sin principio rector alguno en el pico. Pero la montaña parió un ratón y el experimento les estallo en plena cara, un mal día de mayo pasado, cuando hace la calor.
    Fue un ejercicio de tal impericia táctica y estratégica, que es digno de los anales de lo inaudito, en el que se llevaron por delante, no se si pretendiéndolo, los delicados equilibrios en que se sustentaba la propia gobernabilidad de España.
    Por ello apelar ahora, para apurar los desvelos, a oníricas mayorías extraídas de un consenso de “bloques” suena a puro sarcasmo. Además, de que bloques?, los que simboliza el gobierno de la Andalucía actual, o la del inmediato antes?. Asunto éste no precisamente baladí porque está en juego el enquistamiento para décadas de todas las metamorfosis de la Socialdemocracia habidas y por haber. O dicho de otra manera, la implosión para los restos de la España conocida.
    Porque la España política de hoy es el esperpento de una partida de poker, donde apolillados tahures de la conspiración profesional, juegan una mano oprobiosa, mirándose de reojo las señas, en los sótanos del cuarto poder, pero esta vez con un comodín distópico puesto en almoneda.
    De manera que, o la derecha sociológica o como se llame, entierra todas sus cainitas sensibilidades y se presentan ante el electorado español, con una sola voz, en una sola marca electoral, provistos de una oferta clara y diáfana que se atreva a proponer, sin complejos ni coartadas tácticas ni pragmáticas el programa de reformas de gran calado, que se antojan inaplazables, y que aseguren de una vez el futuro y despejen de fantasmas el horizonte,, de las amenazas que sobre el se ciernen, o, poco a poco, la grasa morbida de este Estado presa de chupones, cerrara el paso a la corriente vital que forma el caudal de gente que trabaja, que se esfuerza en el mérito toda su vida de manera callada y que es la que, precisamente, aporta los recursos que han permitido a esta tierra ser uno de los sitios mas apacibles para pasar la vida.
    Ante el Rubicón estámos.

  4. Pues sí D. Javier, tal como vd. las cuenta son las cosas.

    + Empiezo por el final. España es una república bananera, así como suena, sin el “como”
    ¿ Cómo llamar a un país que lleva tres golpes de estado (1981, 11M y el golpe catalán) en los últimos 40 años, bajo el paraguas democrático ? Pero si el único que no fue golpe, quizás auto-golpe fue el de 1981.

    + Los periodistas… no existe el derecho a informar, sino el derecho del editor a hacer caja con su sectarismo político. Véase el grupo PRISA y cómo fue rescatado por el PP de Soraya. En España, salvo raras excepciones, no existe el periodismo libre e independiente.

    + ¿ Hablamos de la traición continua de zp y Rajoy a todos los españoles con el famoso plan de pazzzz que enmarascaba la postración del estado a los pies de la ETA ? John Harrington: “La traición nunca triunfa, porque cuando triunfa nadie la llama traición”.

    + Casado, el grán héroe del periodista César Sinde, es el tipico recambio que ofrece el sistema a los electores, para conseguir el poder. Los dos únicos fines de Casado son: ganar las elecciones y obstaculizar la justicia para que no actúe contra los ex-mandos del PP que en los próximos años pasarán por ella.

    + Rajoy… “prometo/juro cumplir y hacer cumplir”… esto se lo saltan todos los políticos por el forro. Las decisiones políticas han de ser enjuiciables. Cuando lo sean, entonces llevarán más cuidado. No conozco, en España, a ningún político que haya sido encausado por tomar una decisión negligente. Ejemplos a mansalva: Aeropuerto de Ciudad Real, costo 1.000 millones, vendido por 54 millones. Nadie dará cuentas de ello.

    + Y que no nos quepe la menor duda: El estado bananero en el que vivimos y que gestiona la nación llamada España, es un estado endeudado que acumula en su deuda pública las mil y una tropelías que su nefasta clase política comete. Mientras alguien nos compre los papelitos de la deuda ellos seguirán erre que erre.

  5. Bien verdad que vivimos en el circo continúo

    Últimamente hasta cuesta pensar con sentido común, demasiados años rodeados de incompetencia, corrupción, desequilibrios, situaciones surrealistas y personajes siniestros, chapuceros, nulos, ignorantes, fanáticos…

    Cuesta pensar en una solución para el futuro de la sociedad española.

  6. Excelente artículo, excelentes comentarios.

    Un punto a comentar:”Cada vez más personas se constituyen en colectivos, en grupos de interés que miran hacia el Estado, y no hacia el exterior, porque lo ven como la encarnación del poder, de la salvación, de la subsistencia.”

    Efectivamente, hoy podemos clasificar a los españoles en dos tipos: los que viven del estado y los que contribuyen y pagan al estado.

    Las políticas de la izquierda-progre consisten en aumentar a las personas que viven del estado, lo que exige exprimir y maltratar a los otros. Esos que con su trabajo contribuyen a que los primeros vivan muy comparativamente muy bien.

    Si observan, la izquierda-progre aumenta las transferencias a grupos cada vez mas numerosos, con la esperanza de aumentar su base electoral. Carga dichas transferencias a los que con su esfuerzo crean riqueza sin ningún límite. El resultado es que la iniciativa privada está totalmente castigada y por tanto inhibida.
    En España no se puede salir al mercado a crear riqueza sin tener padrinos en la política. Sin ellos el fracaso esta garantizado.

    Lo curioso es la habilidad que esa izquierda-progre tiene para aumentar la base a la que llegan sus transferencias. Un ejemplo lo tenemos en esos decretos ley que a bombo y platillo anuncia Sanchez-PSOE.
    Sanchez está utilizando el poder que le da detentar el gobierno para imponer su agenda. Agenda que fué rechazada mayoritariamente por los españoles en las elecciones últimas (22% votarón PSOE+PSC, 78% rechazaron las propuestas del PSOE). Algo no funciona en nuestro sistema político.

    Otra cosa que no termino de entender: las autonomias. Como ciudadano solo encuentro problemas en el sistema autonómico. Desde que me quitaron un carnet de la Seguridad Social que valía para toda España y me dieron uno que solo vale y ‘poco’ en mi comunidad. Hasta la desigualdad gigantesca que el estado gasta en los españoles dependiendo de la comunidad que te toque. O la posibilidad de crear un estado dentro de otro, para terminar con un golpe de estado que termine con España. No entiendo, porque los partidos no atacan este problema. Problema que además de grande amenaza con nuestra supervivencia como estado…

  7. Javier, cómo no estar de acuerdo con todos y cada uno de los párrafos de su reflexión, si en esencia, es lo que venimos rumiando desde que se inauguró este magnífico espacio de debate a todos los disidentes. Disidentes con el discurso político y social dominante que suele marcar el curso de los acontecimientos y no para bien, en la mayoría de los casos. De hecho, se diría que el paisanaje, lejos de despejarse un poco se enreda y se torna más nebuloso.

    No hay que subestimar el poder del lenguaje para construir relatos, a veces imposibles, pero capaces de transformar realidades incómodas o situaciones de déficit que nos abruman. Relatos políticos y sociales omnipresentes, con una dirección unívoca, que si han triunfado y se han perpetuado tanto tiempo, es porque hasta ahora, casi nadie se había tomado en serio la tarea de confrontarlos y deconstruirlos debidamente; si han triunfado y se han perpetuado tanto tiempo algunos relatos, es porque se han gastado tantas energías en deconstruirlos que, casi nos hemos olvidado de construir y ofrecer un relato alternativo que nos rescate del desastre.

    Si asumimos que nuestra realidad es el producto de las narraciones mediáticas que la construyen, somos la sociedad que era esperable que fuéramos en base a esas narraciones. Si es cierto que para construir nuestro futuro individual o colectivo tenemos que narrarnos o narrarlo, creo sinceramente que el nuevo relato construido por los disidentes, peldaño a peldaño y desde distintos frentes, está empezando a tomar forma de una manera consistente y en poco tiempo, aunque ahora no se perciba. A pesar de la confusión, la tristeza y el enfado con que se libran muchas de las batallas políticas o ideológicas, hay razones para el optimismo. Mejor poner en valor esos pequeños cambios que ayudan a construir futuro y marcan la diferencia.

    En tan solo unos pocos años, hay que ver como se están deconstruyendo y pulverizando narraciones que sostenían entramados corruptos, relatos falaces y oportunistas que ya habían adquirido un carácter hegemónico e incuestionable. Actualmente, ya no tienen tan fácil mantener ese control y esa hegemonía. Ese tiempo está llegando a su fin y cada vez se escucharán más y más voces disidentes que no tengan miedo de narrar lo que somos y lo que queremos ser en el futuro.

  8. Buenas tardes Sr Benegas

    Si sólo fuera 1/2 bofetada.. yo creo que 1/2 docena, por lo menos.

    Pero nos van a caer todas juntas en no mucho. Tal cómo va la economía aquí puede pasar cualqier cosa en el medio plazo.

    Una pena que no nos intervinieran a sagre y fuego en 2012. Eso que nos habríamos ahorrado después. Lo peor es que esas bofetadas las recibiremos de manera homgénea todos independientemente de que hayamos contribuiod con nuestra idocia menos o mas este panorama.

    Lo que mas me jode es me voy a llevar unas cuantas raciones de bofetadas que deberían de ser para el exclusivo “disfrute” (del de ellos no del de usted) de unos cuantos esgarramantas. Y cómo no seré el único y es posible que le pase a personas menos templadas aquí se puede liar una gorda.

    Que NO cuenten conmigo para enfriar ánimos.

    un cordial saludo

  9. Es evidente que los españoles hemos sido manipulados de todas las formas posibles desde hace años. Y, para colmo, no hemos salido de la crisis, cómo se nos vendía constantemente. Estamos empantanados en una situación que ningún otro país quisiera vivir. La esperanza está muy débil. Demasiada mentira a nuestro alrededor.

  10. En efecto. Ya todo parece un teatro.

    Los partidos van como locos buscando marcas distintivas (de los demás) para potenciarlas a traves de los medios, cada vez más quemados y sobre todo de las redes sociales, cada vez más inquisitoriales.
    Lo sucedido con “la manada” , es decir el auto de fe social por tweeter es el nuevo paradigma.
    A ver quien duda ante esa verdad inmutable que te puede convertir como minimo en “fascista” por disentir.

    Las noticias se difuminan y se mezclan entre fakes y difusiones (o oscurecimientos) interesadas.

    Todo es volátil, como la intención de voto en esta feria del “Salvame que voto”.

    Los gurus lo saben, por eso intentan minimizar los errores de los propios y utilizar en las redes los de los contrarios. Hasta el ultimo minuto puede pasar algo.

    El mayor error en la democracia española fue el del gobierno Aznar ante el 11M condenándose a dos legislaturas de ZP. Allí todavía no habian redes sociales así que imaginemos el poder destructor actual.
    Sí es el mismo de los miles de heridos por la policía del 1/O, ya desmentido pero que obro el milagro de poner a toda la opinión publica de Europa en contra del gobierno español y a favor de los separatistas.

    El mundo ha cambiado y ahora somos mas manipulables que nunca.
    Se empezó con técnicas de publicidad y se acabó -de momento- con las revoluciones de colores de la cual la catalana pretendia ser una de ellas aunque fracasó.

    Los actores ya ni siquiera son locales y se puede influir en el futuro de una sociedad a distancia, distribuyendo cierta información porque ya nadie comprueba veracidades en ciertos momentos y todo pasa.

    Ese es el gran peligro, convertir la democracia representativa en una ciberdemocracia manipulada descaradamente por elementos antagónicos.

    Por cierto el enorme paro español, del 15% no es trending topic de nada.
    Los jovenes no pueden alquiarse una casa ni formar una familia.
    El empleo es precario.
    Cuesta mucho invertir en España.
    La izquierda solo piensa en formas de subvencion con nuevos impuestos.
    La derecha en el PIB.

    Algo va mal, muy mal.

  11. Excelente artículo, donde se expone claramente el infantilismo de la sociedad española, que piensa que que se puede pagar un yate de lujo organizando una rifa entre unos amigos. España es un circo, sus medios de comunicación masivos una farsa. Los españoles no quieren oír la verdad y al que la dice lo castigan electoral o socialmente. Como dice Enrixav el medio guantazo que le falta a la sociedad española llegará cuando menos se espere y nos cogerá a todos desprevenidos. Haber si aprendemos ya.

    Parece que la “Gran Recesión” pasó como si tal cosa y a nada se ha puesto remedio: 17 taifas inútiles gastando a todo tren con sus castas y sus chiringuitos, una clase política absolutamente rapaz a la que solo le importa su asiento, una sociedad civil anoréxica y manipulada hasta la médula por los gacetilleros a sueldo, una opinión pública lobotomizada con la huelga femenista y todos los mantras progres. ¿Qué clase de huelga es ésta que apoya la patronal, el gobierno y la banca? Nos toman por tontos y es que seguramente lo somos, una población que ante el invierno demográfico en el que estamos metidos se encoge de hombros diciendo que “ya pagarán las pensiones los que vengan”. Eso, claro que sí, guapi.

    Que mala suerte es no tener mucha pasta, pedirse la nacionalidad luxemburguesa (andorrana o monegasca) y pasar largas temporadas en España disfrutando del buen clima, una cervecita fresquita y comiéndose un buen jamón de Jabugo, mientras uno se troncha de risa diciendo “qué gilipollas que son estos españoles (ya sean catalanes, madrileños, andaluces o del pueblo de al lado), que podrían tener uno de los mejores países del mundo, pero los pobrecitos no dan para más”.

    Desde luego, pienso que los españoles tenemos uno de los mejores países del mundo para vivir. Y eso se ve cuando se viaja al extranjero, incluso por Europa, no digamos fuera de ella. Pero creo, cada vez más, que no nos lo merecemos. Creo que es un tema antropológico. Cuando las cosas parece que empiezan a ir medio bien, tenemos una habilidad patológica para cagarla. Ha sido así históricamente. Pero todo tiene un final y no olvidemos (como decía el gran poeta griego Constatinos Kavafis) que los bárbaros están acechando junto a las fronteras. Roma, que parecía invencible, también cayó.

  12. Excelente artículo, verdades que duelen, pero pueden sanar. Los españoles se dejan gobernar por cuatro mamarrachadas y bailan al ritmo del flautista de turno, eso debiera acabar y ojalá la desmembración de las mayorías parlamentarias a la que nos vamos a ver abocados casi con seguridad pueda servir para ello, pero si la moneda cae del lado del pedrisco lo tendremos más difícil todavía, aunque vaya usted a saber…
    Mirar de frente a la realidad es tarea que exige valor, y es evidente que no andamos sobrados, la mayoría prefiere seguir refugiándose detrás de las faldas de los demagogos, y lo preferirá hasta que no haya un auténtico desastre, mientras pueda seguir la fiesta de las subvenciones, el todo a cien de los títulos académicos y los empleos públicos, aunque sean para amiguetes, y este periodismo de alpargata servicial que nos repite cada dos minutos lo importante es la gilipollez que ha dicho Pedro, la gansada que ha dicho Pablo o la machada que ha dicho Blas.
    España es un país sin apenas conciencia de sí mismo, pese a ser tan viejo, y por eso lo gobiernan políticos como Rajoy cuya comparecencia judicial ha sido una auténtica vergüenza, mientras el PP se sigue quejando no de haber soportado a un presidente tan inane y deletéreo para el partido, pues lo ha sido, sin duda, sino de que PS está regalando unos caramelos que ellos no pueden regalar, y eso no es justo, a ver si se lo arreglan los de la Junta Electoral, en fin que hasta que no pase este largo semestre de elecciones y acuerdos de gobierno vamos a seguir intoxicados con esa cortina de humo que no deja ver que estamos al borde del precipicio, pero como eso pasa en muchas partes, mal de muchos..

  13. “Por eso, en España, padecemos la estafa de la “guerra cultural”, con la que se pretende hacer creer que basta cambiar el lenguaje para cambiar la realidad, cuando las palabras solo son signos convencionales para identificar objetos o hechos, y son estos últimos los que cuentan.”

    Ojo, don Javier, si “las palabras solo son signos convencionales para identificar objetos o hechos” en la medida en que son convencionales son negociables por parte de los que mandan o quieren mandar, como en “Alicia en el pais de las maravillas”. Hay algo sagrado en las palabras de todas las culturas y en la cultura cristiana la palabra es precisamente lo primero, el principio creador. En el comienzo del Génesis se dice “Entonces Dios dijo: «¡Que haya luz!» Y hubo luz.”
    Lo que ha ocurrido es que esa relación de la palabra con la verdad fue quebrada por los procesos de deconstrucción derivados de la Ilustración, la modernidad y, sobre todo, la postmodernidad zombie. Y así andamos…tropezando y recibiendo guantazos sin inmutarnos.

  14. La media guantada que falta llegará cuando menos se espere, Javier. El boquete no cesa de ensancharse: La Seguridad Social destinó en febrero la cifra de 9.563,1 millones de euros al pago de las pensiones contributivas, tasa de crecimiento similar a la de enero, un 7,1% más que en el mismo mes de 2018. Las cifras del déficit son demoledoras y un sencillo ejercicio de extrapolación nos debería poner los pelos de punta pensando en lo que se le va a pedir que contribuya la próxima generación al mantenimiento de una sociedad envejecida y con una esperanza de vida en crecimiento exponencial debido a la tecnología. Parece evidente que no va a poder (ni querer) pagar esa cuenta.

    Todos los Gobiernos están tirando de deuda para financiar las pensiones, y el ciudadano pidiendo baja fiscalidad pero en contrapartida votando a los mismos que, en su beneficio, tratan de mantener las 17 cleptocráticas autonomías cuyos costes y despilfarro nos están arruinando e hipotecando el futuro de nuestra descendencia.

    Pero es chocante observar el escaso impacto que tiene esta problemática sobre el votante. No vale seguir auto flagelándonos con argumentos como la falta de cultura financiera, la desinformación o la cerrazón ideológica del votante medio, cuando el problema de base es que no somos un electorado inteligente y reflexivo. Nos falta sentido de la realidad y nos sobra mucho fanatismo emocional. Y es que incluso al parecer, hemos perdido el instinto de conservación, el primer y esencial imperativo vital: supervivir, y nos hemos dejado enrollar en una dinámica de autodestrucción.

    ¿Hasta cuándo mantendrán los corderos el silencio?, o mejorando la concreción de la pregunta, ¿hasta cuándo resistirá el sistema?, porque la catástrofe resultante de esta conducta suicida colectiva sí que la tenemos garantizada sin necesidad de preguntar nada. Queda solo por conocer el cuándo y el cómo.

  15. En cierta medida, los que hoy se sientan en el banquillo por sus ilusiones separatistas, son unos desgraciados ingenuos, manufacturados por los diferentes Gobiernos de España. Una manufactura involuntaria en relación a su desenlace y tacticista en el corto plazo. Estúpidamente corrosiva y destructiva para la población de Cataluña y el resto de España. Las esperanzas, mentiras, falsas promesas, el no actuar, “el diálogo”, la indecisión, y los constantes halagos de los Gobiernos de España, son lo que ha inducido al error a los bobalicones del banquillo. Banquillo en el que los que debieran estar, Rajoy el primero, van sólo de testigos, mientras que su papel es el de fautores.

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