Nos hemos equivocado en materia de violencia de género: no supimos reaccionar antes, cuando se constató la instrumentalización de la norma para fines que no le son propios, y tampoco estamos sabiendo reaccionar ahora ante quienes la usan como una mera consigna arrojadiza en la arena política.

Una de nuestras más grandes equivocaciones ha sido demonizar cualquier atisbo de crítica a la ley. Desde las instituciones y los medios de comunicación se ha desacreditado y tildado de maltratadores, machistas y otras lindeces a quienes han apuntado a cuestiones tan graves como la asimetría penal, los incentivos perversos para instrumentalizar las denuncias en procesos de divorcio, custodia o por mera venganza, y el surgimiento de una mastodóntica e ineficiente administración paralela bajo el paraguas de la asistencia y ayuda a la mujer maltratada.

Los defensores a ultranza de la ley lo son por muy diversos motivos, pero durante mucho tiempo han coincidido en señalar al crítico o discrepante como enemigo

Los defensores a ultranza de la ley lo son por muy diversos motivos, pero durante mucho tiempo han coincidido en señalar al crítico o discrepante como enemigo, como si una especie de venda no les permitiese ver que algunas de las críticas tendentes a corregir los errores o problemas que ha evidenciado la aplicación ley demuestran una preocupación genuina por la protección efectiva de la mujer maltratada si acaso aun mayor que la de aquellos que se limitan a parapetarse tras el eslogan y la barrera de su propia sinrazón.

Como no podía ser de otra forma, esta actitud ha tenido como respuesta un movimiento contestatario, convirtiendo la materia en un auténtico campo de batalla, con dos bandos polarizados, que se arrojan unos a otros adjetivaciones gruesas, datos sesgados y consignas desde sus respectivas trincheras. Y mientras el público anda distraído con los fuegos artificiales de los respectivos contendientes, se obvia tanto a las auténticas víctimas, como a aquellos actores que cuentan con la formación necesaria para asistirlas, protegerlas y atenderlas, como policías, jueces, fiscales y abogados del turno de oficio, y se distraen para otros fines los recursos y medios que debieran destinarse a todos ellos.

Así que creo importante que se abra un debate serio y responsable sobre la ley y sus aspectos más conflictivos, que gire en torno a la protección y asistencia de la víctima que sea capaz de concluir propuestas efectivas y socialmente consensuadas. Y para ello tenemos que ser capaces de querer escuchar e intentar comprender a aquellos que, desde posiciones no ideologizadas, señalan esos problemas, algunos ya constatados por las últimas sentencias del Tribunal Supremo, como la asimetría penal y los incentivos perversos para instrumentar las denuncias por violencia de género, que voy a intentar explicarles a continuación.

La asimetría penal supone, en síntesis, que se castigue con una pena mayor el maltrato del hombre a la mujer, que la de la mujer al hombre. Mucho se ha escrito respecto a esta cuestión, afirmando o negando su existencia, pero yo considero ese debate resuelto tras la sentencia del Tribunal Supremo de 20 de diciembre de 2018 (STS 677/2018), en la que, a instancias de la fiscalía, se condena con una pena de prisión mayor a un hombre que discutió con su pareja en un local de ocio sobre si debían o no regresar a casa. Básicamente, ella le propinó un puñetazo, el respondió al golpe con un tortazo, y ella entonces le propinó una patada, sin causar lesiones. A pesar de que existieron agresiones mutuas, y de que no se denunciaron el uno al otro, el Tribunal condena al hombre a seis meses de prisión, y a tres a la mujer, además de otras penas accesorias.

Resulta absurdo negar la existencia de una discriminación punitiva por razón de sexo

Tras esta sentencia, resulta absurdo negar la existencia de una discriminación punitiva por razón de sexo. Tampoco tiene sentido justificarla en obligaciones asumidas por España con la ratificación del Tratado de Estambul, pues éste no impone en su articulado discriminación alguna. Si tienen interés a este respecto, les remito a la brillante explicación de @JudgeTheZipper:

En cuanto a los incentivos perversos para instrumentalizar las denuncias por violencia de género, se trata de una cuestión íntimamente ligada a la famosa polémica del 0,01% de denuncias falsas.

Las estadísticas demuestras que entre un 70 y 80% de las denuncias por violencia de género se archivan o sobreseen. Esto no quiere decir ni que el 80% de las denuncias sean falsas, ni que todas ellas describan un hecho real que cae en el olvido judicial.

La ley de violencia de género contempla, con cierta lógica, que el hecho de encontrarse encausado por un delito de maltrato acarrea para el acusado la posibilidad de que se acuerde la suspensión del ejercicio de la patria potestad, guardia y custodia, régimen de visitas, etc. Además, los protocolos de actuación en materia de género suelen imponer la detención de los denunciados por las fuerzas y cuerpos de seguridad para su puesta a disposición judicial aún cuando el supuesto delincuente no sea sorprendido cometiendo el delito o después de cometerlo (in fraganti), sino simplemente cuando interpreten que la situación lo aconseje.

Ante esta situación, muchas mujeres (muchas veces mal aconsejadas por sus letrados) caen en la tentación de instrumentalizar la denuncia por maltrato, ya sea para obtener una posición de fuerza en el proceso de divorcio, ya sea por mera venganza contra su expareja o incluso para acceder a ayudas de contenido económico. La denuncia puede ser realizada por escrito o incluso telefónicamente (deberá ser ratificada después), e inicia un proceso que, en más ocasiones de las que debería, acaba con el denunciado en el calabozo durante horas, incluso días, antes de ser puesto a disposición judicial.

Claro que interponer una denuncia falsa es un delito, pero que prospere una denuncia por este hecho no es fácil, y eso lleva a que muchos de los afectados por la misma, así como los propios jueces y fiscales, se encuentren atados de manos. Me explico: la denuncia falsa está castigada con penas de multa, que varían en función de la gravedad del delito denunciado. En teoría, para que exista denuncia falsa bastaría con acreditar que se han abierto actuaciones judiciales como consecuencia de la denuncia. Pero en la práctica, la denuncia falsa en materia de género será viable cuando haya existido cierta proactividad de la víctima con la acusación más allá de la mera denuncia, pues si ésta tras denunciar se limita a no ratificar la denuncia, o a acogerse a su derecho a no declarar, el sobreseimiento o archivo se producirá por la falta de pruebas más allá, lo que no implica necesariamente falsedad en la acusación.

La existencia de estas situaciones ha quedado implícitamente reconocida por el Tribunal Supremo en una sentencia de este pasado mes de enero, en la que la Sala impone pena de cárcel a una denunciante que acusó falsamente a su esposo de maltrato, ratificando la denuncia en juicio, subsumiendo el delito de denuncia falsa en el de falso testimonio, pues se considera a la víctima un testigo cualificado.

Resulta imposible cuantificar cuantas de esas denuncias que se encuentran entre el 70 y 80% de las archivadas son falsas, pero no parece que sean solo un 0,01%

¿Pero que sucede cuando la denunciante no ratifica la denuncia en juicio? Pues que el juzgador no puede concluir que se encuentra ante una denuncia falsa sin más, sino que tiene que valorar la posibilidad de una ausencia de material probatorio (nunca olvidemos que la ley penal no puede interpretarse expansivamente), lo que probablemente llevará al sobreseimiento o archivo de las actuaciones o, en el peor de los casos, a una pena de multa de escasa entidad.

Así que resulta imposible cuantificar cuantas de esas denuncias que se encuentran entre el 70 y 80% de las archivadas son falsas. Es evidente que no todas lo son (algún político ha llegado a afirmar que solo 3 de cada 100  no son falsas), pero también que las que lo son no forman parte de la estadística tan jaleada del 0,01%, que se refiere a las denuncias falsas sentenciadas en firme.

Por último, quisiera hacer mención a la cuestión de la administración paralela. Bajo el paraguas de la ley de violencia de género ha surgido y crecido una descomunal administración, escasamente auditada y con una eficiencia cuestionable, que recibe fondos ingentes que, por desgracia, parece que no llegan a quien debiera, la víctima. Yo personalmente dudo mucho que este problema se solventase sustituyendo la actual ley por una de violencia intrafamiliar, que a lo sumo conseguiría ampliar a los colectivos receptores de fondos, o sustituir a unos por otros, pero que no redundaría necesariamente en una mayor eficiencia o asistencia y protección de la víctima.

Es necesario que, de una vez por todas, renunciemos a peligrosas e indeseables acusaciones o victimizaciones colectivistas, y que seamos capaces de plantear un debate constructivo sobre una materia compleja, y dejemos de una vez por todas de instrumentalizar políticamente el dolor.

Foto: Maite Recalde


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13 COMENTARIOS

  1. Magnífica reflexión sobre los agujeros negros de la LIVG, Guadalupe. Lo cierto es que coincido con los contenidos de su exposicion y también en la necesidad de posibilitar un debate serio en el que se dejen las consignas de lado y en el que las feministas más sectarias dejen de interpretar las críticas como un ataque a las mujeres y una muestra de machismo intolerable.

    Me alegra también que traíga ese hilo de twitter en el que se aclara que el Convenio de Estambul no defiende en ninguno de sus puntos la asimetría penal ni la discriminación entre víctimas. Como no hay mejor defensa de la LIVG que un buen ataque, sus promotores, en un cinismo sin precedentes, se suben al carro del Convenio de Estambul y de la violencia contra las mujeres, cuando la ley desde sus inicios y hasta hace bien poco, solo tenía aplicación y defensa integral de las mujeres en el marco de las relaciones (pareja o ex-pareja), dejando a un lado al resto de mujeres que podían ser maltratadas o asesinadas por desconocidos y en otros contextos fuera de ese marco de relaciones. En el fatal asesinato de la maestra Laura Luelmo por un exconvicto, la hipócrita consigna era: “Nos están matando”, como si la LIVG hubiera protegido y amparado siempre a ese tipo de víctimas.

    Otro tema es cuando presumen de que la LIVG es reconocida en Europa como una ley pionera y adelantada a su tiempo contra la violencia machista. Pero por mucho que la “aplaudan”, no hay ningún país en nuestro entorno europeo y occidental que en su ordenamiento jurídico disponga de unos juzgados específicos y especiales de violencia de género, tampoco se observa asimetría penal en este sentido y mucho menos que se hayan limitado sus actuaciones, hasta ahora, a la violencia contra la mujer en el marco de las relaciones de pareja. De manera que sí, podrán darle crédito y valor desde Europa, pero ninguno de sus países ha copiado ese modelo.

    Se pondría pensar que, la creación de unos juzgados especiales y la propia LIGV se fundamentan y justifican más por el volumen de denuncias interpuestas que no han parado de crecer que por la voluntad real de acabar con el maltrato y los crímenes de violencia de género. Que haya casi un 80% de denuncias sobreseidas y archivadas indica un grado de incertidumbre alarmante en esta cuestión de imprevisibles consecuencias.

    Del mismo modo que no se puede determinar que son denuncias falsas tampoco se puede determinar si tienen fundamento. Que un 80% de denuncias quede en ese limbo legal y jurídico debería dar idea del grado peligro, conflicto, perversión y contaminación de tantas y tantas relaciones entre hombres y mujeres que apartir de esa denuncia, aunque luego no se ratifique, pasan a ser enemigos íntimos y víctimas de la traición y la sospecha del otro. Debería dar idea de la trampa que supone para muchas mujeres un mal asesoramiento en este sentido. El fundamento de la LIVG no puede ser animar a denunciar y denunciar, cuando no puede garantizar las medidas de protección integral para todas las mujeres que realmente las necesitan.

    Y ya para acabar, no puedo pasar por alto la fijación que tienen con el “machismo” para explicar todo lo que se les pone a tiro y la necesidad de “educación”; como si diera pavor buscar razones más pausibles, como si los últimos veinte años en este país hubieran prevalecido los valores rígidos, dogmáticos y estrechos, de corte más autoritario; cómo si hubiéramos retrocedido a otra época que no es la nuestra, nos hubiéramos quedado atascados y necesitáramos educar para prevenir y desterrar esos valores y conductas arcaicas que apenas se dan, aunque el objetivo sea meterlos con calzador en el relato para justificar sus acciones y obviar otras razones.

  2. La actual LIVG está marcada desde su inicio por un fuerte sesgo ideológico que determina su unidireccional y tendencioso alcance y sus perversos efectos. Los instrumentos derivados de dicha ley no hacen sino abundar en la misma unidireccionalidad tendenciosa y perversos efectos, de tal forma que, partiendo de la cima de la pirámide legislativa, se viene derivando todo un corpus socio-político-mediático-jurídico-administrativo-subvencionado-organismos y plataformas no estatales-movimientos políticos-culturales-artísticos… que conforman un monolítico tinglado que se retroalimenta y justifica a sí mismo, sostenido con ingentes cantidades de recursos públicos sustraídos a otras causas, sufragados con los impuestos de cada uno de los contribuyentes a la Hacienda Nacional, que alimentan los sueldos y constituyen el leitmotiv de decenas de miles de bienpensantes.
    No va a ser fácil introducir cordura en todo ello, pues a pesar de que con argumentos y razón se puedan rebatir postulados tan absurdos como los que sostiene dicha ley y sus derivadas, el hecho de que “vivan de todo este entramado” decenas de miles de personas, hará que la oposición a la razón y al cambio de la situación actual sea siempre radical, visceral, emotiva y por lo tanto alejada de toda razón y sentido común.
    Pero no hay otro camino. Solo insistiendo en razones objetivas se puede combatir la sinrazón. Pero mucho me temo que no se alcance (si es que llega ese día) la cordura, hasta que el volumen de afectados alarme en tal medida a la sociedad española que la haga reaccionar y para entonces innumerables vidas queden marcadas ya para siembre por esta perversa Ley.
    Bueno, sí conozco otro camino: NUESTRO VOTO.

  3. De los 4 tipos de violencia que se pueden dar dentro de una pareja (hombre hacia mujer, mujer hacia hombre, mujer hacia mujer y hombre hacia hombre) se ha creado una ley específica, con juzgados específicos, medidas cautelares específicas, etc… únicamente para uno de esos tipos.
    El de la violencia del hombre hacia la mujer.

    De tal forma que los otros 3 tipos de violencia dentro de la pareja se rigen por otras leyes, más o menos similares, pero bastante distintas en cuanto a ayudas y asistencias de todo tipo a la víctima, trato, penas a al culpable etc…

    Me parece un disparate.
    No entiendo como, no ya los hombres (mitad de la población), si no el tan combativo movimiento LGTBI no está masivamente en contra de esto.

    Se tendría que hacer una ley que tratara la violencia dentro de la pareja de forma igual sea cual se el género de la víctima y del victimario. Con las mismas normas, ayudas, medidas cautelares, etc…

    Personalmente veo poco probable un cambio a corto plazo en esta dirección.

    Por un lado ideológicamente se toma una crítica a esta ley como un ataque (machista-misógino) a las mujeres. Esto se da tanto por personas individuales como asociaciones, colectivos y los grandes medios de comunicación.
    Por otro lado, sin ser en absoluto un experto, esto tiene pinta de que mucha, pero que mucha gente vive de ello. Así que ojito con tocarlo.

    Una pena. Zapatero nos la coló pero bien colada.

  4. Creo que todo el mundo conoce la plataforma AVAAZ, en la cual se incluyen todo tipo de peticiones contra muchos de los poderes constituidos, especialmente los gobiernos. Que yo sepa, en AVAAZ, contra la LIVG se han abierto tres de esas peticiones. Siento mucha pena y bastante vergüenza como hombre al señalar que el número de firmas que han apoyado a esos “disidentes” es absolutamente ridícula por lo reducida. Si ésta es toda la energía que vamos a poner en marcha contra la “deconstrucción” (¡eh, qué moderno!) de los valores masculinos, del heteropatriarcado y demás barbaridades que nos amenazan, apaga y vámonos. La triste conclusión es que mucho lloriqueamos, pero poco o nada actuamos. Quizá nos merecemos todo lo que nos suceda…

    1) No a la ley de genero con desigualdad y condena automática a los Padres, no al feminismo radical. 74 han firmado. Lleguemos a 100.

    2) MODiFiCACiÓN URGENTE de la Ley de Violencia de Género.
    650 han firmado. Lleguemos a 750

    3) DEROGACIÓN DE LA LEY DE VIOLENCIA DE GÉNERO Y QUE SE RESPETEN LOS DERECHOS HUMANOS DE LAS PERSONAS.
    514 han firmado. Lleguemos a 750

  5. He tenido que leer varias veces el artículo y los comentarios porque hay algo que no me cuadraba.
    Finalmente, creo haberlo encontrado.

    Si observan, en el artículo se dice:
    “Y para ello tenemos que ser capaces de querer escuchar e intentar comprender a aquellos que, desde posiciones no ideologizadas, señalan esos problemas, algunos ya constatados por las últimas sentencias del Tribunal Supremo, como la asimetría penal y los incentivos perversos para instrumentar las denuncias por violencia de género, que voy a intentar explicarles a continuación…”

    La autora se posiciona con el grupo de feministas defensoras de la Ley de género. A la vez que buscando la equidistancia, afirma que algunos problemas hay…

    Sres. las Leyes de género violentan el sentido común, son injustas, crean desigualdad y lo que es más importante definen un grupo genérico responsable de todos los males: “los machos”. Este grupo objetivo debe ser destruido, pero resulta que en ese grupo meten a todos los hombres. El resultado es que el grupo de los hombres son maltratados por las Leyes de género por “ser hombres”.
    Y esto es inaceptable, lo diga el PSOE, el PP, Podemos, las feminazis, el telediario, o quien quiera.

    Se llega a esta inmensa injusticia cuando las ansias de poder se juntan con idelogía comunista. Desde que está claro que los comunistas no sirven para cuidar del progreso económico de la sociedad, se dedican a buscar causas con las que avanzar hacia obtener ‘el poder’.

    Lo que no entiendo es porqué una Ley tan arbitraria e injusta. Vale que los comunistas y la izquierda-progre se preocupen por las mujeres maltratadas en el seno de la familia. Pero para ello, necesitan una Ley que maltrata a los hombres? Qué pretende esa izquierda-progre con ello? Dividir? Maltratar a la mitad de la población?

    De verdad no lo entiendo. Todo esto me resulta sospechosamente incomprensible: VOX te necesitamos, ven
    y libranos de todos estos males!!!

    • iNCOMPRENSIBLE?

      Si vd. mismo lo ha dicho divide y vencerás.

      Busque qué es la Escuela de Francfort, quienes eran los Gramsci, Hockheimer, Habermas, Rorty y los Althusser, Derrida y Foucault…..

      Y luego Angela Davis, Simone de Beauvoir

      Si es que es todo trasparente!!!!!

      Jodé cómo acuerdo de las pelis del Torete (“Perros Callejeros”) en la que el Torete le decia al Fiti, mientras estaban apostados al lado de un quisco de prensa sentados en una terraza haciendo como que leian hasta que llegaba un primo que se bajaba del coche a por el periódico y se dejaba el coche abierto y las llaves puestas…., “si ya lo decía mi abuelo, Fiti, “Hay que leé que eh mu bueno”…

      Y Ñíaaaa rupupupppp…

  6. Se me ocurre que la mayor injusticia en la creación de la LIVG es, precisamente, su existencia. El hecho mismo de que con ella se proteja SOLAMENTE al colectivo femenino y, es curioso, únicamente cuando el perpetrador es un hombre. Ahí se transparenta la intención que impulsa esa ley: la destrucción del varón, y por extensión, de la despreciable “sociedad heteropatriarcal” ¿O acaso no existen colectivos tan o más necesitados de protección frente a abusos de poder, como los niños, los ancianos o los discapacitados, sean físicos o mentales? Aún recuerdo cuando la Guardia Civil divulgó un cartel donde aparecía una mujer con un ojo morado y la leyenda “No es hombre quien maltrata a una mujer”, y la Benemérita añadió otro cartel con el rostro de un hombre igualmente maltratado y la leyenda paralela “No es mujer quien maltrata a un hombre”. Bueno, pues los colectivos feministas pusieron el grito en el cielo ante semejante criterio igualitario y la foto del hombre tuvo que ser retirada, aunque la GC argumentó que lo único que pretendía era lanzar un alegato contra la violencia en general. Jejeje, que ingenuos. Deberían haberse dado cuenta de que la violencia que ejercen algunas mujeres contra los hombres no es física, sino que viene precisamente del uso abusivo de las Fuerzas de Seguridad del Estado, de los órganos judiciales, y hasta de los tribunales superiores como el TS o el Constitucional. ¿O no es más brutal la capacidad de una mujer para encarcelar y condenar la vida futura de un hombre a la miseria, incluso falsamente, que un simple tortazo? Pues me parece una de las astutas argucias de la ley el que se permita esa asimetría penal dependiendo del sexo del maltratador.

  7. “JUAN CARLOS I
    REY DE ESPAÑA
    A todos los que la presente vieren y entendieren.
    Sabed: Que las Cortes Generales han aprobado y Yo vengo en sancionar la siguiente ley
    orgánica.
    EXPOSICIÓN DE MOTIVOS
    I
    La violencia de género no es un problema que afecte al ámbito privado. Al contrario, se
    manifiesta como el símbolo más brutal de la desigualdad existente en nuestra sociedad. Se
    trata de una violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser
    consideradas, por sus agresores, carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y
    capacidad de decisión”

    “por el hecho mismo de serlo”

    Y de ahí vienen todos los problemas

    No hay nada más que añadir.

    6 palabras 6

    Que condensan toda una filosofía desarrollada desde Wollstonecraft pasando por la Condesa de Campo Alange y Simone de Beauvoir hasta llegar a Andrea Dworkin, Valerie Solanas y la inefable Carmen Calvo.

    No es que nos hayamos equivocado. La ley busca lo que busca desde el minuto uno.
    Todo lo que no sea tumbarla y levantar otra completamente distinta es directamente dar continuidad al CRIMEN

  8. El dolor es un instrumento. No hay duda. El dolor físico y psicológico de las víctimas. Un dolor al servicio de un poder. Pero toda víctima, para ser tal, necesita un verdugo. Si la víctima es la mujer, el verdugo debe ser el hombre. Sencillo y lineal. Cualquiera podría entenderlo. Es tan simple que parece un producto de propaganda. Desgraciadamente, el verdugo recibe el castigo social, y se convierte en un proscrito. Es un dolor social. Otro tipo de dolor, que también puede convertirse en un instrumento. De poder. Y los instrumentos en las luchas de poder (también llamadas guerras) se denominan armas que, como todo el mundo sabe, las carga el diablo. Creo que la discriminación, persecución y humillación sistemática que el hombre sufre en nuestra sociedad es una bomba de relojería. Un disparate que traerá consecuencias imprevisibles. Perder la sensatez nunca nos ha salido gratis.

  9. Doña Guadalupe

    Usted es bienintencionada, no me cabe duda. Pero el problema de fondo de esa Ley no lo ataca.

    El problema de esa Ley no es que se aprovecharan de ella para instrumentalizarla.. es que desde su génesis se desarrolló para ser instrumento de experimentación social.

    Y las buenas intenciones asociadas a esa Ley son el caballo de Troya.. de esa instrumentalizacion. Un caballo de Troya sólo sirve, una vez descubierta la artimaña, para usarlo cómo leña.

    Hay que hacer una Ley nueva desde arriba hasta abajo que sea para lo que tiene que ser, y que de paso arrastre toda la jurisprudencia inicua que cuelgue de la actual.

    Un cordial saludo