Las elecciones del pasado 28-A han puesto de manifiesto la preferencia de la sociedad española por las ideas colectivistas y las recetas mágicas para acabar con las incertidumbres y riesgos vitales que todos tenemos que afrontar. Parece como si la izquierda conociera mejor la particular idiosincrasia del pueblo español, siempre dado a vivir en una especie de principio de esperanza utópica, en la línea marcada por pensadores marxistas como Ernst Bloch.

Karl Marx en su obra económica más conocida, El Capital, recurre a la metáfora vampírica para describir el capitalismo como un vampiro económico que succiona la “plusvalía” de los trabajadores. El capital para Marx es puro trabajo muerto que se alimenta del ímpetu vital de los trabajadores. Así el pensador alemán describe muy literariamente la suerte de los trabajadores en el sistema de producción capitalista cuando dice lo siguiente: “el obrero no es ningún agente libre y su vampiro no cesa en su empeño, mientras quede […] una gota de sangre que chupar”.

Podemos invertir la metáfora marxista acudiendo a la historia del cine para entender esa fascinación-repulsión que ejercen las ideas comunistas en nuestras sociedades. La productora inglesa de películas Hammer reinventó el género de terror en los años 50 y 60, rescatando del olvido y actualizando los grandes mitos del género (el vampiro, el hombre lobo, Frankenstein…) dotándolos de mayor eficacia visual y de una estética más cercana a la nueva cultura popular, pero sobre todo recuperó la idea del miedo-fascinación-atracción hacia todo aquello que nos resulta repulsivo.

El símbolo que hace retroceder al comunismo es el principio de realidad, pero al igual que sólo el que cree puede blandir el crucifijo ante el vampiro con eficacia, sólo aquel que de verdad cree que lo imposible es imposible puede derrotar al comunismo

El vampiro es el arquetipo de lo prohibido, de lo transgresor, es el muerto viviente que nos arrebata la vida mortal con la promesa de la eterna felicidad de una vida inmortal. El comunismo actúa según la misma lógica del “Nosferatu”, es otro “gran muerto viviente“, el que también nos arrebata la insustancialidad de la existencia burguesa para conferirnos una existencia libre, en una sociedad sin clases. La “realidad” de la existencia en el “paraíso” socialista se asemeja bastante poco a lo descrito por la escatología marxista, pues se trata de una vida esclava y desgraciada, siempre  al servicio de la burocracia del partido único, en unas condiciones de desigualdad material mucho peores que aquellas que buscaba erradicar, sin embargo pese a todo sigue ejerciendo una fascinación increíble en nuestras sociedades.

El comunismo pretende acelerar la muerte del capitalismo para otorgar una vida “in-auténtica” en la propia muerte comunista. El  vampiro de la Hammer, como el comunismo, puede ser destruido pero nunca muere, siempre renace, encuentra nuevas formas de encarnación, nuevas criaturas en las que materializarse para seguir extendiendo su dominio sobre la muerte en la vida.

El comunismo, como el vampiro, siempre renace por el anhelo humano de trascender lo finito, lo mortal, por la necesidad de la utopía de trascender la finitud y la caducidad de lo natural, de todo lo creado e inventado, por el deseo insatisfecho de hacer lo posible de lo imposible, de cuestionar y cambiar lo dado. El comunismo, como el vampiro, cede ante aquello que sí tiene el poder de revertir las cosas a su orden natural, de hacer que lo muerto siga muerto y lo vivo siga vivo. De mantener por siempre separado lo natural y lo artificial. El crucifijo es el símbolo que hace presente al vampiro la realidad de que hay un único capaz de revertir su temporal poder sobre la muerte y su apariencia de vida. El símbolo que hace retroceder al comunismo es el principio de realidad, pero al igual que sólo el que cree puede blandir el crucifijo ante el vampiro con eficacia, sólo aquel que de verdad cree que lo imposible es imposible puede derrotar al comunismo. El que no cree en el poder destructor de la realidad sobre las utopías jamás puede derrotar el comunismo.

Esta visión metafórica de la “lucha” contra el poder seductor de las ideas del comunismo nos muestra la razón última del triunfo de las ideas colectivistas y del revanchismo social que anidan en los idearios de la nueva izquierda. Por un lado los liberal-conservadores han dejado de creer en la superioridad retórica de sus ideas y se conforman con permanecer cómodamente instalados en los márgenes de la corrección política y en el no cuestionamiento de la superioridad de las ideas colectivistas y en los numerosos “dogmas” que plantean los nuevos “ismos” de izquierdas. Hay otra pequeña parte, de liberales ultra-montanos, que vive instalada en su torre de marfil intelectual esperando el apocalipsis colectivista que instaure el reino anti-estatista en la tierra. Estos “liberales” académicos sufren una especie de “complejo de profeta Oseas“. Al igual que en el libro del antiguo testamento se incidía en que la fidelidad a Yahveh procedía de la experiencia del “desierto”, de la “cautividad” en la idolatría y en que la fidelidad a la alianza sólo provenía de la experiencia previa de la infidelidad en la alianza, los nuevos liberales académicos afirman que sólo el “populacho” renegará del pernicioso colectivismo cuando haya experimentado sus tóxicos efectos en el tejido social.

Daniel Bell, uno de los sociólogos del capitalismo más importantes del siglo XX, apuntaba a una contradicción esencial en el seno del capitalismo. Según él, cualquier sistema social puede ser estudiado en función de las relaciones entre tres marcos conceptuales. El marco económico-productivo, el institucional y el moral-cultural. En el capitalismo habría una contradicción esencial entre el marco económico que exige la eficiencia, lo que conlleva una ética de la responsabilidad y del trabajo (Weber) y la esfera moral-cultural, que en el tardío capitalismo está dominada por tendencias hedonistas y aquellas que tienden a diluir la responsabilidad individual en formas de responsabilidad colectiva, propias de una infantilización creciente de la sociedad.

De ahí que las crisis del capitalismo se deriven fundamentalmente de una pérdida de valores, como la crisis de la cultura del esfuerzo o de la responsabilidad individual. El Estado puede y debe garantizar una igualdad de oportunidades pero nunca podrá, por ser contrario a la naturaleza humana, garantizar una igualdad de resultados.

Esta pérdida de valores habría favorecido el surgimiento de una nueva generación de gente joven que, como los enragés de la revolución francesa, reclaman su derecho a la “igualdad de goces”, sin tener presente que como decía George Bernard Shaw “las revoluciones nunca han aligerado el peso de las tiranías, tan sólo las han cambiado de hombros”.

De nada sirven razonamientos apodícticos en la política, donde rigen verdades puramente retóricas. Entre dos regímenes heterogéneos de discurso político rige una regla de inconmensurabilidad (Lyotard). No hay una “regla universal” que determine un a priori de la verdad o falsedad de un juicio político. Las supuestas “verdades” políticas son puras verdades retóricas que se basan en la regla de la persuasión de la mayoría. Esto lo saben bien en la nueva izquierda. Apelar a las emociones más primarias, al deseo insatisfecho de utopía, es una estrategia política mucho más efectiva, que el discurso político basado en el razonamiento apodíctico. Nuestra herencia filogenética lo demuestra. El etólogo Frans de Waal, en su obra La política de los Chimpancés, ya demostró el poder de la manipulación emocional para condicionar el comportamiento político de los primates. También las modernas investigaciones sobre las llamadas neuronas espejo y su papel en el desarrollo de actitudes empáticas son otro de los campos de investigación de la llamada neuropolítica. La izquierda apela más y mejor al sentimiento de empatía, que una derecha que se presenta ante la sociedad más fría, arrogante e insolidaria.

Regis Debray en su célebre obra Crítica de la razón política analiza los paralogismos de la razón política en su búsqueda incesante de la utopía política. Para el pensador francés la razón política busca trascender los límites de lo institucionalmente constituido para plantear lo abiertamente imposible, lo puramente utópico. Esa es la razón última de que todo proceso revolucionario esté abocado al fracaso, pues la razón política siempre persigue una utopía mayor que le lleve más allá de toda inevitable institucionalización de lo político. Esta idea de lo político como búsqueda incesante de lo utópico, de realización de lo imposible y cuestionamiento permanente de todo orden social, económico o político dado es el eje fundamental sobre el que se construye el discurso populista.

Artículo anteriorBreve crónica de un viaje
Artículo siguienteLa degradación del lenguaje político
Carlos Barrio
Estudié derecho y filosofía. Me defino como un heterodoxo convencido y practicante. He intentado hacer de mi vida una lucha infatigable contra el dogmatismo y la corrección política. He ejercido como crítico de cine y articulista para diversos medios como Libertad Digital, Bolsamania o IndieNYC.

19 COMENTARIOS

  1. Intentando responder a EMME, BRIGANTE y HENRY KILLER
    Prometeo es la rebeldía soberana del yo sobre la naturaleza y la sociedad; el imperio libre de la persona sobre el mundo y el gran arquetipo de la humanidad occidental. Prometeo es la representación mítica del hombre que quiere ser de determinada forma y no teme vivir peligrosamente. El orgullo, la supremacía, el héroe, el honor, en definitiva el mundo thimótico que dio origen a una arriesgada metafísica de la libertad originando la grandeza y explosión de Occidente.
    Prometeo también tiene su faz luciferina, y no es por azar que la crítica marxista arranque de un violento motivo prometeico en su tesis juvenil sobre la filosofía de Epicuro. Marx hace una inversión rigurosa del Gran Arquetipo de Prometeo, colectivizando el yo y abriendo el camino hacia los cultos de la impersonalidad. Inversión maníaca que domina nuestra época, como hipótesis sublime del gran YO colectivo, más allá de etiquetas políticas. Con Marx, por vez primera, ha comenzado el TODO a discurrir con su dialéctica objetiva, liberando al individuo de la fatiga mental de pensarse a sí mismo y a su mundo. El TODO, -es decir la economía, las clases sociales, la misma Naturaleza con lógica implacable, la Historia como fatalidad de destino por virtud del materialismo histórico- se resuelve en el colectivo, disolviendo las angustias de la personalidad.
    Volviendo al tema del artículo que nos ha convocado. La política no es susceptible de analizarse al modo de las ciencias de la naturaleza. Su objeto son las significaciones que los humanos crean y producen continuamente como el modo y condición de su autorrealización. Ritos, mitos, teorías elaboradas simbólicamente forman la estructura interna de lo político. El conocimiento político debe partir de la premisa de que, a la estructura real de su objeto pertenece el autocomprenderse del objeto mismo. En el fenómeno político se combinan los elementos simbólicos con la estructura funcional (arquitecturas de lo político). Los símbolos o conceptos operantes, no son prejuicios o mitos, elementos precientíficos que haya que depurar para acceder a la realidad política en sí, sino que son justamente la realidad política, formas del supramundo ideal merced al cual el hombre se comporta políticamente, anda entre realidades políticas. Pueden ser falsos, pero su falsedad no es de orden teorético sino de orden ideal. Es la falsedad del ideal que postulan, pero no por ello son menos verdades en cuanto reales. Las sociedades políticas se conciben como estructuras para la expresión de una verdad transcendental.
    Entre el supramundo ideal y su configuración histórica, la realidad política se constituye en realidad específica. Esos elementos trascendentales no funcionan como mecanismos causales en la Historia, sino que ordenan espiritualmente el haz de posibilidades de realización. De tal modo, que la sociedad política, al actualizarse históricamente, lo hace con referencia a una estructura de orden trascendental.
    Los principios sustantivos del orden político hay que buscarlos en los arquetipos, en las protoformas originarias a las que se ligan las imágenes sugestivas de convivencia y de las que emerge la vocación creadora del orden político.
    El Gran Arquetipo de Prometeo es de una intensidad política arrebatadora. Fue un mito positivo y creador mientras significó la rebeldía soberana del yo. Y se ha convertido en un mito de consolación opiáceo con la colectivización del YO y el culto de la impersonalidad. No es pues la dialéctica emoción/razón la que preside el mundo político europeo actual, sino la dialéctica personalidad/impersonalidad. El mito de la retórica izquierdista está claro: La dimisión de la personalidad del individuo en el todo social. Y ese mito se ha adueñado de todo el pensamiento político europeo y de parte del americano bajo la figura de Estado de Bienestar, una utopía seráfica en quiebra técnica permanente. Una utopía paralizante y carente de futuro en la que el individuo desiste de pensar por lo mucho que piensan las estructuras. Izquierda y derecha operan en política bajo el mito de Prometeo invertido por Marx.

    • Dice usted “Prometeo es la rebeldía soberana del yo sobre la naturaleza y la sociedad; el imperio libre de la persona sobre el mundo y el gran arquetipo de la humanidad occidental.” Por lo tanto hoy vivimos en la plenitud de la sociedad occidental, porque hoy en día la sociedad se articula en torno a un “YO soberano” que no acepta imposiciones de nadie ni necesita a nadie, o al menos eso cree. Un YO que reniega de sus raíces, que no sabe, ni le importa, de donde viene y a donde va, un YO que impone su voluntad contra todo, contra todos y contra sí mismo si su voluntad así lo desea, y decide que ya no es hombre sino mujer o lo que el YO considere oportuno porque es soberano, un YO ávido de derechos, egoista, que solo piensa en que se haga su santa voluntad. Que realmente sea soberano y no un lacayo esa es otra cuestión, pero su cosmovisión del mundo es esa. ¿Realmente esto ha sido Occidente? No, Tamudo, eso no tiene nada que ver con Occidente, es precisamente la degeneración de Occidente. Ni Grecia, ni Roma, ni el Cristianismo, las tres patas sobre las que se asienta occidente tienen al YO soberano, sin límites, como su arquetipo.

      • Lo que Ud. describe con precisión es exactamente la inversión del mito de Prometeo, cuya actualización última inicia Marx bajo supuestos cientifistas. El argumento invertido de Prometeo consiste en disolver la soberanía del YO en el TODO social, afirmando que la personalidad es esclava de la necesidad, de la Naturaleza, de las clases, del sexo, de la economía, etc, etc.
        En política la cuestión filosófica se traduce en que los hombres pierden sus derechos individuales, los del hombre individual, que no se confunden con las enumeraciones de una cualquiera de las tablas de derechos humanos. Los hombres quisieron ser no ya socios, sino sólo socios. Y lo consiguieron. De esta suerte, al privarse los europeos de su individualidad personal positiva, agotaron su ser en la socialidad , y se desnudaron de la moral y del Derecho, dando pasos decisivos para hacerse cosas, semovientes humanos.
        La soberanía del YO que representa Prometeo, nada tiene que ver con el individualismo, pues por fiera paradoja, el individualismo es quizá el máximo enemigo de la individualidad personal. Por individualismo no se entiende hoy una doctrina o concepción del individuo –lo que no estaría mal-, sino una opinión que pretende ser una teoría de la sociedad, cuyo desenlace lógico es que todos somos enemigos de todos. Una sociedad individualista literalmente casi es una “contradictio in adiecto”, a dos pasos de ser un vertebrado gaseoso. En la realidad histórica, la sociedad que se despeña en el individualismo, tiende irremediablemente, a colectivizar los individuos; a crear e imponer un modelo estándar de individualidad. Políticamente es el umbral de la tiranía.
        La sociedad puede fabricar socios, pero no individuos. Pero una sociedad necesita individuos, no puede pasarse sin personalidades individuales, a no ser que haya optado por el nirvana y la decadencia. Quizá sea este el destino de la Europa colectivista y socializada de hoy como consecuencia de una antropología que parte del TODO social para construir individuos uniformes. Si el hombre no quiere gobernarse libremente así mismo desde sí mismo, no hay Derecho alguno posible, solo el poder coercitivo de la ley vertebrando lo gaseoso y concediendo graciosamente derechos subjetivos extravagantes o absurdos a unos individuos que han renunciado a su calidad de sujetos individuales y personales. La inversión maníaca de Prometeo, el magno arquetipo que nos trajo hasta aquí.

    • Excelentes comentarios.

      El fuego de Prometeo está oculto por paredes de hormigón que construyen los políticos con leyes y lapidarias ocurrencias como esta:

      “Para Isabel Celaá, las blasfemias contra la Virgen María son “arte” y “libertad de expresión”

      Yo me cago en Prometeo y hago arte con el símbolo, que fácil resulta hoy día ser un artista, basta dotar al símbolo de una moralidad de la carece todo símbolo.

      Un cordial saludo.

      • Así es. Los políticos actuales detestan los símbolos de orden, sobre todo cuando tienen un origen religioso, que en el fondo son todos. La Virgen María es un espléndido arquetipo de la forma de humanidad característica de Occidente. Independientemente de que se sea creyente o no. Para el hijo el ánima esta ligada a la madre, transformada por el cristianismo en Reina del Cielo, Madre Iglesia, abogada nuestra ante el Padre, intercesora, etc. Un enlace natural entre todo hijo y toda madre. Pero la política de hoy odia esto porque pretende construir otros símbolos de orden desde una “religión civil” que rompa con el pasado. El feminismo radical es la ofensiva contra el arquetipo de la Virgen María, un intento artificioso, creo yo, puesto que nadie puede orillar lo que es propio y natural del ser del hombre y de su experiencia personal e íntima.

        • No puedo estar mas de acuerdo, estoy convencido que toda la estrategia concebida para debilitar las sociedades parte de moralizar el símbolo. Una estrategia que no hay que infravalorar ya que es tremendamente efectiva, las consecuencias de esta estrategia son funestas y solo es reversible cuando el valor puro del símbolo se abre paso de nuevo, algo que tanto en los procesos sicológicos individuales como en los procesos sicológicos de grupo tarda en suceder.

        • Puff, después de su espléndido discurso en torno a Prometeo, se me viene arriba con consideraciones marianas, religión y arquetipos naturales. Enlace natural entre todo hijo y toda madre. Ahora ya son tres en disputa, el yo, el socio y la madre.
          Por fiera paradoja, los arquetipos naturales, no tienen nada de natural.
          La utopía no es más que una herramienta de los socios, igual que la religión. Al final, individuos y socios, pero sobretodo y primero, socios. El individuo nació tardío. Puede que en Occidente lo tengamos en gran estima pero no es arquetipo natural, es arqueutópico cultural.

  2. Si la verdad y sus certezas han muerto, de que vale seguir especulando con sus máscaras?
    Hablar ya de cosas tales como “capitalismo” o “comunismo” es una simple pérdida de tiempo. Eran juegos dicotomicos producto de la simbología primitiva y sus recursos semánticos.
    Valga como ejemplo lo que hoy significa China con su capitalismo comunista arrastrando todos los paradigmas, y sus relamidos profetas. Ellos que tanto formularon sobre las formas de ejercer la hegemonía sobre la morondanga distopica de siempre.
    Los pastores modernos de la gente, han concluido que al personal solo le mueve la voluntad el placer y el dolor.
    Y su trabajo consiste, con la ayuda de sofisticadas herramientas de conocimiento y control social, de identificar las opciones de voto con el estigma de quién les va a proporcionar una cosa u otra.
    Quien te subsidia, te quiere y te va a proporcionar placer y quien límite el crecimiento del gasto, ese es el que va a suprimir lo que tú succionas y, consecuentemente, te reportará dolor.
    Todo se resume en esto desde Altamira. Cualquiera, cuando te mira, ve en ti, solamente, si eres alguien que le puede reportar algo, o bien, nada o algo peor, quitarle algo, o cosas así. Si te clasifica en el primer grupo, te saluda, y si es en el segundo, o te ignora o te pone en el punto de mira de su desdén.
    Las florituras conceptuales, quedan bonito, pero todo es más pragmático y, es que, en el fondo vivir solo consiste en eso y no queda más remedio que inventar algo para evitar que las gentes se devoren entre ellas y cumplan los contratos.
    Lo llamaban política a eso.

  3. Menos de política aquí se habla de cualquier cosa, incluso de Drácula o Prometeo, y es que cada día que pasa mis neuronas se interconectan más malamente, o es que verdaderamente me estoy volviendo gilipollas. La necesidad de simplificar por falta de inteligencia me obliga a preguntarme cosas que antes osadamente pretendía solucionar.
    No sé si me estoy haciendo viejo o sabio.
    ¿Qué, España en el nuevo siglo de oro y construyendo un Imperio?
    Yo me pido a Sánchez emperador, estoy intentando conseguir el manto de armiño de Napoleón para regalárselo el día de la coronación.
    A veces uno lee un libro de un nuevo autor español y se ilusiona, lo esencial sigue ahí, intacto, humilde, callado, uno casi llega a pensar que la verdad en ocasiones se hace capullo para sobrevivir a épocas amargas.
    Hoy he leído un artículo en “El Mundo” que me ha fascinado. Hablaban los locos marginados, humillados, despreciados, drogados, agredidos, atados. Quizás ellos sean los que mas razones tengan para sentirse discriminados, marginados y perseguidos. Quizás los locos nos salven de la estupidez y de la queja innecesaria.
    Yo quiero ver locos por las calles tocando el tambor y no maricas quejándose de nada.

  4. Dice Gonzalez Quirós en el siguiente artículo:
    “Por picos, palas y azadones, cien millones de ducados; …” en relación a la disposición del dinero “del rey”.

    Creo recordar, leí en un texto antiguo “hazaña” como capacidad para recaudar un impuesto (en terminología actual).

    Usted pretende inferir que el dinero “del rey” es visto como emoción por la población. Y en ello, apela a un “u-topos” llamado capitalismo, cuya significación nunca ha sido terrestre. Capitalis-mo es resultado y norma que el Estado da a la forma de producción la cual beneficia su propia existencia.
    En origen el Estado Moderno Liberal era principalmente militarista, hoy tiende más a la burocracia.

    Ejemplos de la operativa la tenemos en los luditas, los cuales estaban en contra del “progreso y las máquinas”, pero usualmente se obvia que el abandono del puesto de trabajo llevaba aparejada la pena de muerte; lo mismo que destruir una máquina, pena de muerte. Otro ejemplo, es la operativa de la Compañía Británica de las Indias Orientales, probablemente la primera S.A. , protectorado del Estado con tendencia inusual a exterminar personas.
    Más reciente, el rescate (a través de impuestos) de los bancos, grandes compañías varias y el soporte a través del sistema monetario a cierta forma de producción (con banca central).

    Con buen criterio, la población selecciona la opción que cree (no emoción sino expectativa) le beneficiará más. No obstante, dado no hay ningún tipo de poder formal por parte del votante (no hay democracia); en esencia se legitima una forma de dominación política y jurisdiccional.
    Una especie de satrapía burocrática.

    Al no existir cuerpos políticos intermedios (relativos a la polis) “asambleas territoriales” (“Landsgemeinde”), “juntas concejiles” o sus efectos: la representación (imperativa).
    Toda acción se centraliza en el Estado, en “la idea”. El Estado como forma secularizada de religión y sus operativas, las ideologías. Las cuales atentan contra el sentido de realidad, lo cercano, lo próximo, lo visible, lo palpable en favor de lo que usted llama “emociones”. En mi opinión son simples expectativas irreales, sin anclaje material, por lo tanto erráticas en su acción.

    • No entiendo esta afirmación que hace “Al no existir cuerpos políticos intermedios (relativos a la polis) “asambleas territoriales” (“Landsgemeinde”), “juntas concejiles” o sus efectos: la representación (imperativa).
      Toda acción se centraliza en el Estado”

      ¿Se refiere a España? aquí por suerte o desgracia cuerpos políticos intermedios es lo que sobran, mire que no tenemos juntas de pedanías, juntas de concejales, juntas de diputaciones, juntas autonómicas, juntas de diputados, juntas de senadores.

      A mi me da que juntas sobran y como juntas, pesebres con funciones intermedias que no sirven para nada, más que para complicarnos la vida a los ciudadanos.

      • Uso “político”, como relativo a los asuntos de la “polis” (campo + ciudad) . No como vividor de la política.

        “tenemos juntas de pedanías, juntas de concejales, juntas de diputaciones, juntas autonómicas, juntas de diputados, juntas de senadores.”
        ¿En cuantas de ellas ha participado usted con voz y voto?
        No hay cuerpos políticos intermedios fuera del Estado (Moderno).

        La visión fascista, equiparable a la comunista, implementa que todo es Estado, al cual debemos fe (por lo tanto obediencia ciega).

        El Estado lo conforman todos cuantos desarrollan su “pro-fe-sión” con cargo al erario.
        La diputación, las juntas de comunidad autónoma, el parlamento, el gobierno de la Nación son parte del Estado. Dado su base primaria de funcionamiento radica en la extracción forzosa de recursos (impuestos). Una persona jurídica, un espíritu, el cual puede también tener posesiones materiales.
        Si bien el dinero no es de quien lo tienen (“publico”) sino de quien lo gasta (“gestor de lo público”).

        Una asamblea de vecinos (cuya supervivencia no depende la extracción forzosa de recursos) no es parte del Estado, sino un cuerpo político intermedio. Una junta de representantes (con mandato imperativo) de zona igualmente generan una entidad política fuera del Estado.

        Delegar en un representante (no imperativo) electo (aristocrático. El Espíritu de las Leyes. Montesquieu.) forma parte del Cosmos liberal (revoluciones liberales). Pero en el mismo momento de delegación política el ciudadano está obligado exclusivamente –a obedecer– (no es democracia).

        “Resulta de esto que en la democracia el ciudadano no está obligado a obedecer a cualquiera; o si obedece es a condición de mandar él a su vez; y he aquí cómo en este sistema se concilia la libertad con la igualdad.” Aristóteles. La política.

        Algunos países , como Suiza, conservan la Asamblea vecinal y medidas legales (derogar leyes por referendo) , las cuales permiten controlar (torpemente) esa aristocracia (tendente a oligarquía). Otros como España son pura fe en el Estado. Donde reina el despotismo hidráulico…

        “complicarnos la vida a los ciudadanos”
        La libertad tiene un costo,…

  5. No hay que liarse tanto con la contraposición emociones/racionalidad (muy frecuente en esta publicación) cuando se trata de política, porque la política es racional, pero no ha sido ni será jamás racionalista. Es una pura impresión de realidad, opinión.

    El fenómeno político no es un mero fenómeno, sino un fenómeno de cuya estructura en cuanto tal forma parte una autocomprensión precientífica. No es un fenómeno natural, sino algo iluminado por las significaciones que los humanos crean y producen continuamente como el modo y condición de su autorrealización. Ritos, mitos, teorías elaboradas simbólicamente forman la estructura interna de lo político.
    El fenómeno político es lo que las cosas parecen entre los hombres –eidos-; las cosas se perciben impregnadas de opiniones (doxa), esto es, dentro de una estructura prelógica que viene dada por el estar óntico del hombre en la polis, por el “ser político” del hombre. Algo que nada tiene que ver con el racionalismo de Las Luces y la Ilustración, de donde procede la ilusión de una racionalidad “pura”, opuesta a las emociones y pasiones propias de lo humano.

  6. El problema de lo que el articulista llama “la derecha” es que no entiende que la política no es racionalista y ha sido incapaz de formular una política no racionalista. No en vano su insistencia en lo económico. No racionalista en ningún modo quiere decir irracional. La impresión de realidad en que el hombre se hace cargo de lo político es cósmico-simbólica. Descubre la articulación externa de poder dentro de un supramundo ideal.

    El supramundo ideal de la retórica izquierdista está claro: La dimisión de la personalidad del individuo en el todo social. “A mí que me lo den todo hecho”. De ahí que todas las utopías políticas del mundo cristiano occidental sean comunistas, en tanto que reverso del mito de Prometeo, que es la matriz sobre la que se construyó Occidente alrededor de la libertad individual. Pero el mito de Prometeo es una fatiga que no puede prometer comodidades. Y la comodidad es hoy el opio del pueblo. El hombre de hoy parece no querer gobernarse libremente así mismo y los individuos se percatan de que ser hombre individual y personal es una carga y no una renta, y que vale la pena perder la libertad si en compensación desaparece la tensión interior que comporta la personalidad y la individualidad. El europeo de hoy quiere convertirse en títere de un grupo que viva por él.

    Pero, ¿hay una retórica política diferente a esta? ¿Cuál es el supramundo ideal de la llamada “derecha”? Hasta ahora ha sido exactamente el mismo que el de la llamada “izquierda”. Parece que Vox balbucea algo diferente y esperemos que lo lo logre.

    • Interesante su aportación.

      Prometeo ese héroe que se rebeló contra el orden establecido por los dioses y dependiendo de quien haga la versión del mito algunos hasta lo ponen como un traidor a esos dioses cuando realmente lo que intentó es dar luz (el fuego) a los hombres para que saliesen de las cavernas y por ello fue castigado por Zeus.

      Esa luz era la libertad para pensar y actuar pero claro ciertamente conllevaba ” una fatiga que no puede prometer comodidades. Y la comodidad es hoy el opio del pueblo”

      Tal vez sea uno de los mitos más interesantes de la mitología clásica.

      • Sí. Lo que yo no tengo muy claro es que lo que representa el mito de Prometeo sea “la matriz sobre la que se construyó Occidente alrededor de la libertad individual”. Prometeo, el mito, si no me equivoco, representaría la rebelión ¿podría ser semejante a Lucifer? otro rebelde, mejor dicho el gran rebelde. La idea de libertad en Occidente es racional, no solo voluntarista. La libertad es facultad de la voluntad pero también de la razón. El hombre no es libre para hacer lo que le de la gana, la libertad tiene un sentido, la búsqueda del bien, la bondad, la belleza. Yo creo que esta es precisamente la idea de libertad que alumbró Europa sobre todo con el cristianismo, y no creo que encaje en el mito de Prometeo. Es una opinión, no soy conocedor en profundidad de la mitología griega. Pero precisamente ahora mismo estamos asistiendo a la culminación de las revoluciones que están destruyendo eso que se conoce como Occidente. Después de las rebeliones contra el orden y contra Dios, la ideología de género representa la revolución contra la propia naturaleza humana.

        • Sí esa es una de las prefiguraciones del mito de Prometeo, el Lucifer de la tradición veterotestamentaria pero Prometeo no buscaba ser Dios, ni ocupar el lugar de los dioses simplemente buscaba dar luz, sabiduría a los hombres, dotar de racionalidad a la especie humana, se rebeló contra el orden establecido y fue castigado por ello

          Yo soy la luz del mundo, la verdad os hará libres, decía Cristo. El que anda en tinieblas no sabe hacia dónde va
          Ambos sabían que iban a ser castigados por salvar a la humanidad, por darles la luz, la verdad, así y todo se rebelaron.

          Prometeo fue castigado por el poder del dios supremo Zeus, lo ató de pies y manos en una roca en el monte Cáucaso donde un águila le comía el hígado el cual se regeneraba por la noche.. Al final Zeus, el padre supremo, le dio la libertad

          Cristo se rebeló como hombre contra el poder terrenal, al fin y al cabo su Reino no es de este mundo y por ello también fue castigado crucificado de pies y manos en el monte Gólgota, donde la tradición cristiana también establece el lugar donde está enterrada la calavera de Adán a los pies de la cruz de Cristo. Su padre lo resucitó al tercer día.

          ¿cuál fue el motivo de la expulsión de Adán y Eva del Paraíso?, la rebelión, la desobediencia al orden establecido, el querer indagar por si mismos, el saber, la razón, la luz y por ello recibieron su castigo.

          Cristo no tenía por qué sufrir, podría conformarse, podría salvarse como pudieron hacerlo Adán y Eva y el mismo Prometeo, vivir cómodamente pero querían dar luz a sus vidas o a la vida de los demás.

          Me parece un mito muy interesante pero efectivamente hay muchas interpretaciones del mismo