Entre los manejos de Pedro Sánchez para hacer ver que la derecha le ha echado a los leones (del Congreso) de Podemos más los nacionalistas, y los vetos cruzados de los partidos antes de la constitución de los Ayuntamientos, Cámaras regionales y gobiernos autonómicos, se ha producido una noticia. La Seguridad Social ha llegado a la quiebra.

La noticia dio el salto a las escaletas de los telediarios. Fue comentada con grave preocupación en alguna que otra tertulia. Pero ni mucho menos ha causado el revuelo de la boda entre Pilar Rubio y Sergio Ramos, por poner un ejemplo.

Es interesante el hecho de que la fuente de la noticia haya sido el Tribunal de Cuentas. No ha sido el Gobierno, cuya institución está tan politizada como los propios partidos que lo apoyan, sino un órgano independiente cuya función consiste en “la fiscalización del sector público y el enjuiciamiento de la responsabilidad contable”, y cuya creación está prevista por la Constitución Española. Ha sido el automatismo de una institución lo que ha despertado la liebre.

Cuando lo hace el Tribunal de Cuentas, normalmente lo desvelado queda muy lejos de la actualidad, y la información carece de interés. Pero como lo de la quiebra de la Seguridad Social es un tsunami que avanza a un ritmo cuya unidad de cuenta son las décadas.

De todas las muestras de generosidad con lo ajeno en que consisten las promesas políticas, el sistema de las pensiones es la mayor de todas. Una promesa que ha ido demasiado lejos, que alcanza un dinero futuro que no existe, que exige crear una riqueza contra la que conspira el propio sistema político

¿A qué se refiere el Tribunal de Cuentas con que la Seguridad Social está en quiebra? Lo que dice es que en conjunto tiene “un patrimonio neto negativo”, que es de 13.720,6 millones de euros. La institución ha llegado a esta situación tras haber perdido desde 2010 hasta 2017, año en el que se realiza la última contabilidad, una cantidad cercana a los 100.000 millones de euros: 99.503,2 millones; algo más de siete puntos y medio del PIB. El sistema tenía un “colchón”, el “fondo de reserva de la Seguridad Social”, que la tenaza de los ingresos a la baja y, sobre todo, los gastos al alza han acabado por agotar.

El Tribunal de Cuentas reviste esta grave situación con un desideratum, el anhelo de que entremos desde 2018 en un ciclo patrimonial positivo, como el que tuvo España entre las dos legislaturas de Aznar y la primera de Rodríguez Zapatero. Es cierto que gracias al crecimiento económico y a la reforma laboral de Fátima Bañez (2012), el empleo se está recuperando y el número de cotizantes supera ya los 19,4 millones de cotizantes, y que la cifra seguirá creciendo. Pero el pasivo del sistema crece también, y a un ritmo alarmante. El gasto anual en pensiones apenas superaba los 6.000 millones de euros, en 2017 rozaba los 9.000 y este año quedará por encima de los 9.500.

¿Por qué crece tan rápido el gasto en pensiones, si vemos en los medios de comunicación noticias sobre pensionistas a los que le crece su pensión apenas unos euros? Porque los que entran nuevos en el sistema lo hacen con salarios más altos; han contribuido más al sistema y pueden reclamar mayores pensiones. La última reforma de las pensiones corrige el cálculo, ampliándolo progresivamente hasta los 25 años. Ya se da por descontada la reforma que llevará el cálculo hasta toda la vida laboral.

La ministra en funciones de Trabajo, Magdalena Valerio, ha dicho que “La Seguridad (Social) ni está en quiebra ni va a quebrar. No es una empresa privada, es una parte de la administración pública. Y desde luego está garantizado el pago de las pensiones”.

Que una ministra no sepa que las instituciones públicas pueden quebrar da la idea del nivel que tiene la política en España. Pero en lo fundamental, Valerio tiene razón. El activo de la Seguridad Social lo constituye la capacidad del sistema político de apropiarse de una parte de nuestra renta; si aumentan las exigencias del sistema, el expolio será de una parte creciente de nuestra renta.

Y esas exigencias son mucho mayores que las que tiene ya reconocidas el sistema, por lo que el pasivo de la Seguridad Social, teniendo en cuenta las necesidades futuras, son mucho mayores que las actuales. Algo que, eso sí, no ha dicho la ministra Valerio. Teniendo en cuenta esto, creo que el sistema está quebrado. Pero dependerá de la capacidad del sistema político de obligar a la sociedad a aceptar recortes en el sistema, por un lado, y aumentos de los impuestos, por el otro.

Todas las discusiones técnicas del Pacto de Toledo, de los informes de organismos públicos y privados, son una mirada con el microscopio al problema político subyacente: de todas las promesas del sistema, de todas las muestras de generosidad con lo ajeno en que consisten las promesas políticas, el sistema de las pensiones es la mayor de todas. Una promesa que ha ido demasiado lejos, que alcanza un dinero futuro que no existe, que exige crear una riqueza contra la que conspira el propio sistema político. Todo ello es posible porque tenemos una sociedad infantilizada, que llora exigiendo el caramelo prometido por mamá, y no quiere pensar en lo que cueste. Avanzamos sin mirar hacia adelante, porque no queremos asustarnos ni renunciar al caramelo.

Los políticos y los medios de comunicación pasan de puntillas sobre la cuestión. Quizá para no asustarnos. Quizá en la confianza de que la bomba de relojería no nos va a estallar a nosotros. Mañana será otra década, y ya veremos entonces. Mientras, no se preocupen y sigan circulando.

Foto: CarlosVdeHabsburgo


Por favor, lee esto

Disidentia es un medio totalmente orientado al público, un espacio de libertad de opinión, análisis y debate donde los dogmas no existen, tampoco las imposiciones políticas. Garantizar esta libertad de pensamiento depende de ti, querido lector. Sólo con tu pequeña aportación puedes salvaguardar esa libertad necesaria para que en el panorama informativo existan medios disidentes, que abran el debate y marquen una agenda de verdadero interés general. No tenemos muros de pago, porque este es un medio abierto. Tu aportación es voluntaria y no una transacción a cambio de un producto: es un pequeño compromiso con la libertad.

Apadrina a Disidentia, haz clic aquí

2 COMENTARIOS

  1. La tormenta perfecta.
    El Estado permite por omisión dolosa una burbuja financiera, una orgiá del dinero creado por los créditos bancarios ante la indolencia cómplice de los que tenían como competencia vigilar y controlar los excesos y las disfunciónes creadas por el descontrol del dinero fiat.
    A la llamada de un Estado del binestar inviable pero nacido al calor de una economía basada en la nada, que vendía basura a los incautos y a los codiciosos de toda condición, acudieron más de siete millones de criaturas de otras tierras huyendo de la miseria.
    El resultado es fácil de adivinar: una caída drástica de los jornales de las clases media y baja, con las correspondientes repercusiones en las cotizaciones unidas al desbocado gasto social y la demografía.
    Ahora bien, confiar algo tan importante como las pensiones a un sistema piramidal, Ponzi en Italia o Baldomera (Larra) aquí, que en sí es un sistema estocastico que se mide con criterios actuariales y así debe gestionarse, es dejar en manos de la ideología del corto plazo un elemento crucial básico en la cohesión social, en manos de mentecatos.
    La quiebra de un sistema de opción obligatoria, que impone el Estado de forma coactiva no tiene otra catalogación que la de un crimen contra la buena fe de una generación a la que se le ha impuesto un intangible, un yugo, que atiende al trampantojo semántico de “solidaridad”. Y eso dónde está escrito, en que contrato social vinculante. En ninguno.
    Mentira sobre mentira se construyen los Estados modernos, abocados todos a la desaparición, antes o después. Porque la deuda pública donde al final acaba todo, la va a pagar Rita.
    Tarde o temprano una cosa que llaman desde hace mucho fuera de aquí “Mochila Austriaca” vendrá a resolver algo el problema, siempre que su gestión no caiga en manos de rufianes.

  2. “¿Por qué crece tan rápido el gasto en pensiones, si vemos en los medios de comunicación noticias sobre pensionistas a los que le crece su pensión apenas unos euros?” ¿No podría ser que la crecieautomatización de las empresas haga innnecesarios a tantos trabajadores? ¿No tiene algo que ver el hecho de que los beneficios que obtiene las empresas que necesitan menos personal se una al hecho de que barran a esos mismos trabajadores hacia los ERE, con lo cual ambos beneficios se suman para el empresario? ¿Qué fue de aquellos timidos intentos de cargar con más impuestos al empresario haciendole pagar a la Seguridad Social parte de lo que sus máquinas le ahorran, es decir, tratar al robot como un trabajador mas?

    Item mas: Si todas las empresas siguen la misma política de ahorrar costes instalando máquinas, pudiendo así obtener más beneficios, pero también abaratar sus productos, de qué servirá si las demás compañías hacen lo mismo y, el paro aumenta y las pensiones caen… ¿Quién comprará esos productos más baratos?

    Por último: las élites dirigentes miran el panorama actual con cierta displicencia, porque de momento está afectando a los obreros eliminando sus puestos de trabajo, pero no a los altos cargos titulados y más cualificados. ¿No son conscientes de que dentro de MUY poco tiempo, la Inteligenecia Artificial también les sustituirá a ellos eliminando así a muchos médicos, arqutectos, ingenieros. abogados, etc? Cuando las barbas de tu vecino veas pelar…

    Como siempre, nos acordaremos de Santa Bárbara cuando truene…

Comments are closed.