Soy de la opinión que demasiado a menudo tendemos a ignorar públicamente propuestas interesantes simplemente para evitar el riesgo de que se nos asocie con ellas o con su autor (nos importa demasiado si es Agamenón o su porquero quien las firma). Se impone el cálculo coste-beneficio a la hora de significarnos en público. Esta forma de proceder, que puede parecernos normal y comprensible, quizá porque nos hemos acostumbrado a ella, es sin embargo una señal muy potente de que, aun siendo formalmente libres, no lo somos tanto como creemos que los somos.

La idea de que nuestra prosperidad y proyección personal dependen de cómo nos vean los otros y que, por lo tanto, hemos no ya a “gritar con los demás”, como dijo George Orwell, sino pensar con los demás, es una forma de esclavitud que, sorprendentemente, se propaga con fuerza en las sociedades más liberales del mundo……………[CONTENIDO EXCLUSIVO MECENAS]

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Por una nueva aristocracia

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1 COMENTARIO

  1. A la hora de estudiar la conducta de la gente, cuando actúa desde la voluntad, se ha escrito mucho.
    Desde la sociologia, o sea, desde el estudio de los comportamientos, se han aportado diversos estudios con parecidas conclusiones, entre los que cabría citar las aportaciones de Von Mises, en su definición de la praxeologia, todo el estructuralismo francés, excluyendo a Foucault, porque el lo quiere, pero incluyendo a Lacan. También es interesante valorar la teoría de los sesgos cognitivos de Daniel Kahneman y Amos TVersky, uno de los cuales cita usted (creo) en el primer párrafo de su exposición. Y ahora, mas recientemente, con los condicionantes de posibilidad que facilitan las neurociencias o , mejor dicho, lo que se ve en las pruebas de imagen y se va interpretando, las cuales se han atribuido, a sí mismas, el papel de prueba falsable de todo lo escrito, e interpretado desde la filosofía.
    Pero, dicho esto, los arquetipos que se le han venido presentando a la gente a través de los tiempos encarnaban la sublimación de los valores propios de la lucha por la supervivencia, con el complemento (o sin) un compendio de valores éticos y morales. Están eran las virtudes de héroe, de la aristocracia.
    Pero he aquí que llegamos a lo que ahora se ve todos los días al levantarse, donde el héroe de la gente se ha extraido de la pregnancia del bufón mas despiadado, mas intrépido y huero de valores del saco de la antigua aristocracia. Son los que atesoran para medrar las cualidades distópicas del pícaro y la bataclana, que los medios de comunicación, con su promiscuidad avasalladora, han situado en la cumbre de la pirámide social.
    Era lo que necesitaba el régimen oclocrático que nos esperaba bajo el fango; la supremacia de las peores sangres sobre la gente de bien, aquella que se esfuerza todos los días en el trabajo bien hecho, en el cumplimiento de la palabra dada, en la generosidad como efluvio del alma, ahora denostados y puestos en solfa por las tautologías de esta biocenosis de malvados que han trepado por la cucacaña de la relevancia social utilizando las peores artimañas.
    Estos tipos son ahora la aristocracia de las gentes.

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