La denegación del Tribunal Regional de Schleswig-Holstein de la entrega a España del prófugo Carlos Puigdemont por el delito de rebelión (alta traición en Alemania) al entender que “la violencia admitida por el detenido que tuvo lugar el día del referéndum…de acuerdo con su naturaleza, alcance y efecto, no fue adecuada para obligar al Gobierno a rendirse a los reclamos de los perpetradores de la misma” vuelve a situar el debate de la crisis que padece Cataluña, y por extensión España, en su punto de origen: la política.

En los últimos días se han publicado excelentes análisis de especialistas en Derecho (los catedráticos Jorge de Esteban y Enrique Gimbernat en “El Mundo”) donde coinciden en que el Tribunal alemán se ha excedido en sus facultades, de acuerdo con lo estipulado en la normativa que regula la Orden de Detención Europea, la conocida popularmente como “Euroorden”, ya que según la Unión Europea los jueces y tribunales que se ven obligados a tramitar este mecanismo no pueden realizar una instrucción propia sobre un asunto que es reclamado por otro país. En nuestro caso, esta labor le compete exclusivamente al juez del Tribunal Supremo Español, Pablo Llarena.

La normativa europea descansa sobre el principio de “confianza judicial” entre los Estados miembros y establece que ni los jueces a los que se les reclama un detenido pueden instruir ni sus gobiernos pueden decidir en última instancia sobre su entrega. Es un sistema contrario, por tanto, a lo que se sigue aplicando en los procedimientos clásicos de extradición que continúan vigentes con otros países. En teoría, la “Euroorden” es un procedimiento judicial, de competencia exclusiva de los jueces y basado en la confianza mutua. Un juez pide y otro juez debe entregar.

el contencioso creado entre la justicia española y la alemana, por la no ejecución completa de la Orden de Detención sobre Puigdemont, ha derivado a La Haya, donde se encuentra la sede de la Eurojust (órgano europeo dedicado a la cooperación judicial), en búsqueda de una solución satisfactoria para nuestro país.

Ahora, parece ser, que el contencioso creado entre la justicia española y la alemana, por la no ejecución completa de la Orden de Detención sobre Puigdemont, ha derivado a La Haya, donde se encuentra la sede de la Eurojust (órgano europeo dedicado a la cooperación judicial), en búsqueda de una solución satisfactoria para nuestro país. Pero suceda lo que suceda finalmente con este incidente, vemos, al igual que con otros muchos casos que se han producido durante los últimos años, como los “euroburócratas” de Bruselas legislan, mientras la realidad de la política se impone en sentido contrario.

Y esto es así, porque lo que se esconde detrás de esta polémica es un debate que ha estado presente desde sus orígenes en la historia de la filosofía política y llega hasta nuestros días: la discusión respecto a la prevalencia de lo jurídico sobre lo político o, en sentido contrario, el predominio del soberano sobre la norma.

El Régimen del 78 y la propagación de la mentira

Ocurre que, en el régimen español del 78, la propagación de la mentira ha llegado a tales extremos que la contaminación del cuerpo social, institucional y de los medios de comunicación lo confunde todo. Así, por ejemplo, se insiste en que el Estado de Derecho, o el Estado Constitucional (para los que quieren quedar más políticamente correctos), tiene instrumentos suficientes para imponerse sobre quienes quieren violentarlo aplicando toda la fuerza de la ley. Pero, al mismo tiempo, nunca se descarta paliar estos mismos problemas realizando concesiones políticas primero, y cesiones a los separatistas insurrectos después. Esto es: claudicar ante los causantes de la quiebra de la legalidad. Imperio de la ley pero cesión ante los que la incumplen. Todo en el mismo paquete y al mismo tiempo.

La insistencia de Rajoy de arbitrar medidas exclusivamente jurídicas problema político es una de las causas de todo lo que ha ocurrido después

La insistencia del Gobierno de Mariano Rajoy de arbitrar medidas exclusivamente jurídicas y de forma, a un problema eminentemente político y de fondo, como es la crisis separatista catalana (en particular) y la crisis del Estado de las Autonomías (en general), es una de las causas de todo lo que ha ocurrido después. Así, hemos tenido que convivir, durante años, con afirmaciones rimbombantes de los responsables del Gobierno de la nación respecto a que todas las decisiones que adoptaban los miembros de la Generalidad catalana correspondían a una “realidad no jurídica” frente a la cual no se podía responder.

Y que los reiterados anuncios, consultas y declaraciones separatistas que se realizaron desde el gobierno o el parlamento catalán fueron “meras manifestaciones de intenciones sin trascendencia jurídica alguna” sobre las cuales “el Estado de Derecho no podía ni debía actuar”. Por asombroso que pueda parecer ahora, hemos llegado a escuchar a toda una vicepresidenta del Gobierno afirmar que el Estado tenía instrumentos suficientes para impedir el referéndum de independencia “en 24 horas”. Después de la jornada del 1 de octubre, asistimos a su declaración surrealista de que el citado acto ilegal “no había tenido lugar”.

el contencioso creado entre la justicia española y la alemana, por la no ejecución completa de la Orden de Detención sobre Puigdemont, ha derivado a La Haya, donde se encuentra la sede de la Eurojust (órgano europeo dedicado a la cooperación judicial), en búsqueda de una solución satisfactoria para nuestro país.
http://www.montecruzfoto.org/01-04-2018-Free-Puigdemont-demo-Berlin

Sobre estas bases y con estos antecedentes, no es de extrañar que los jueces alemanes no se aclaren. Ahí están las declaraciones de la embajadora de España en Alemania, María Victoria Morera, respecto a que “al alemán le es difícil entender la ilegalidad sistemática de los separatistas”. Cuestión que se responde con la sencilla explicación de que en Alemania los partidos separatistas son ilegales. Tampoco los independentistas alemanes podrían acceder a puestos de responsabilidad institucional y, mucho menos, podrían recibir dinero público aquellos que quieren hacer desaparecer la nación alemana.

En Alemania, como es lo lógico, la decisión política está por encima de los instrumentos jurídicos que son los que, posteriormente, pueden hacerla efectiva. En Alemania la unidad de la nación es un valor en sí mismo: primero político y después jurídico. En España, en cambio, la decisión política fue el pacto de régimen que suscribieron los herederos del franquismo, con el rey Juan Carlos a la cabeza, con los nacionalistas regionales y que se articuló posteriormente en la Constitución del 78. Dentro de ella se estableció jurídicamente el Estado Autonómico que ya había sido decidido políticamente con anterioridad por el Gobierno de Adolfo Suárez y desarrollado normativamente mediante los Decretos Leyes que reconocieron la Generalidad provisional y el Consejo General Vasco.

Como se ve, en el caso español, primero fue el pacto político entre el rey Juan Carlos con el presidente Adolfo Suárez, y los nacionalistas Josep Tarradellas y José Antonio Aguirre, y luego la configuración jurídica de lo negociado. El objetivo era: “integrar a los nacionalistas definitivamente dentro del Estado”. El fracaso de esta decisión política ha quedado constado con lo ocurrido en los últimos meses.

Lo político es anterior al derecho

El profesor Dalmacio Negro en su libro “Historia de las formas del Estado” aclara que “el Estado no es lo político, sino una forma de lo Político” siendo “lo Político lo que está detrás del Estado”. A lo largo de la historia de la humanidad se han dado muchas formas de organización políticas, no todas ellas han sido estatales. Incluso el filósofo y jurista alemán Carl Schmitt, presagió como posible la desaparición del Estado en un futuro próximo, tal y como lo conocemos actualmente. Si esto sucedió con el Estado, más aún con el Derecho. Para el profesor Negro lo Jurídico “era la forma a través de la cual lo Político cuidaba y hacía mantener la unidad de la comunidad”. Por tanto, lo Político es anterior al Estado y al Derecho. Y así continúa siendo, también, en la actualidad.

Los fundamentos del actual Estado moderno nacen en la obra de Thomas Hobbes El Leviatán,  resumidos en su conocida sentencia del capítulo XXVI de que es “la autoridad, y no la verdad, quien hace la ley”. A partir de este momento todo evoluciona, siendo la idea de Hobbes esencial para entender lo que viene después: el Estado absolutista y la razón de Estado; la “voluntad general” de Rousseau que sustituye a la voluntad absoluta del monarca; el Estado entendido como “entidad moral” por Kant; el Estado racional y ético de Hegel, y, finalmente, las corrientes neokantianas representadas por el jurista austriaco Hans Kelsen estructuradas bajo la fórmula de que “nada podía estar por encima de la ley”.

Es la famosa Teoría Pura del Derecho de Kelsen, donde el Estado es únicamente un orden legal en sí mismo. La jerarquía normativa fluye desde el vértice de una pirámide legislativa coronada por la Constitución y baja, escalón a escalón, hasta los aspectos normativos más elementales. Para los positivistas, fuera de la Constitución y del Estado de Derecho no existe nada.

Esta argumentación normativista fue la triunfante en la mayoría de los regímenes políticos constitucionales del siglo XX europeo, incluido el español. Y se quiere establecer en la Unión Europea con toda su hiper-legislación. También sigue siendo predominante en la mayoría de las cátedras universitarias. Es, por tanto, la bandera flamante actual del pensamiento correcto constitucional.

Esto no quiere decir que, desde sus orígenes, este positivismo jurídico no haya sido duramente cuestionado. El principal motivo de esta crítica surge porque el normativismo, al eliminar cualquier aspecto extra-jurídico a lo puramente legal, a lo regulado estrictamente en el Estado de Derecho, abandona otras realidades jurídicas y políticas que ocurren sistemáticamente, como son, entre otras, la creación de un nuevo orden político, la legitimidad de ese nuevo orden jurídico-constitucional y la finalidad o efectos que producen esas nuevas situaciones políticas y legales en la sociedad.

Y fue, precisamente, con el planteamiento de la llamada “situación de emergencia” o “estado de excepción” cuando la arquitectura perfecta del positivismo como “ciencia pura” comenzó a resquebrajarse. Los críticos del normativismo, con Carl Schmitt a la cabeza, plantearon que “un ordenamiento legal prescriptivo, no puede abarcar una excepción total, por consiguiente la decisión de que existe realmente una excepción no puede ser derivada anteriormente de esta norma”.

La respuesta de los positivistas fue aplicar el piñón fijo de su pensamiento. Esto es, afirmar que no existía ninguna laguna en el “Estado Formal de Derecho” ya que la solución a esa posible grieta vendría por regular y legislar constitucionalmente los llamados “estados de excepción”. Es en este contexto teórico cuando se aprueba la Constitución de la República de Weimar (1919-1933), con su famoso artículo 48, donde se regulaba la llamada “ejecución federal” (“guerra civil constitucional” en palabras de Carl Schmitt) antecedente tanto del actual artículo 37 de la Ley Fundamental de Bonn como de nuestro peculiar artículo 155 de la Constitución.

En el caso español, la reciente aplicación del artículo 155 de la Constitución vino precedida, primero, por la negación por parte del Gobierno respecto a lo sucedido (celebración de un referéndum ilegal de independencia en Cataluña), y, después, por la alocución del 3 de octubre de 2017 del rey Felipe VI donde, ante la posición indecisa de Mariano Rajoy, responsabilizó directamente a las autoridades catalanas de incumplir sistemáticamente la ley, haciendo un llamamiento explícito a todos los poderes del Estado para asegurar el orden constitucional.

La decisión política del Rey, Felipe VI, aun no regulada  en la Constitución, estuvo por delante de la decisión jurídica de jueces y fiscales

Esto es, la decisión política del jefe del Estado, no regulada como tal en la Constitución, estuvo por delante de la decisión jurídica de los jueces y fiscales (días después vendría la querella del Fiscal General del Estado y su admisión a trámite por el Tribunal Supremo) y de la decisión constitucional del Gobierno del Partido Popular de aplicar el 155, luego matizada en su respaldo por el Partido Socialista Obrero Español y Ciudadanos.

Fue, en este momento, con la actuación de Felipe VI como rey del disenso, cuando se hizo verdad el principio schmittiano de que “soberano es quien decide sobre el estado de excepción”. En nuestro caso, fue la acción del monarca, respaldada por el conjunto de la población, lo que marcó momentáneamente el triunfo de la nación española sobre los separatistas. Pero, desgraciadamente, la crisis no ha terminado.

Los vacíos de poder no existen. El soberano siempre está ahí. En palabras de Schimitt “siempre emerge en situaciones de excepción”. La ausencia o el abandono de unos, siempre es sustituida por la presencia y la toma de poder de otros. Si no hacemos política, lo harán otros por nosotros. Lo anterior se hace más que evidente en la situación parlamentaria catalana y en la deriva judicial y personal de Puigdemont.

Si el Gobierno de Mariano Rajoy piensa que la crisis, tanto en su vertiente nacional como internacional, se va a solucionar sin política y con la actuación exclusiva de los jueces y tribunales, está muy equivocado. Su inacción ya está dañando los intereses de la nación española. El objetivo de la decisión política, la decisión soberana, no es únicamente la preservación de una normalidad jurídica amenazada o violentada. En ocasiones, el soberano emerge para crear un nuevo orden político.

Ese es el camino que habría que recorrer en España: decidir política y democráticamente un nuevo orden jurídico y constitucional. Resultaría paradójico que, ante la pasividad política de nuestro Gobierno, emergieran como soberanos los separatistas catalanes. En realidad, y tal como estamos, solamente haría falta que ellos se lo creyeran o que leyeran con atención a Carl Schmitt.


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Javier Castro Villacañas
Nací en Madrid en 1964. Estudié Derecho y realicé un postgrado de periodismo. He sido profesor de Derecho de Constitucional y Asesor Jurídico de la UCM y de la cadena de televisión Canal +. Fui uno de los fundadores de la revista Generación XXI. He colaborado en diversos periódicos y revistas como Iniciativa, La Razón, ABC, La Gaceta de los Negocios, El Mundo en sus suplementos Crónica y LOC (La Otra Crónica). He sido productor y director de los Servicios Informativos de Radio Intercontinental de Madrid durante los años 2002 al 2004. También fui director de los Servicios Informativos de CITY FM Radio y del programa Claves de Actualidad en la misma emisora durante los años 2004 al 2009.  He escrito varios libros: una biografía sobre la figura de José María Gil Robles en la colección Cara & Cruz de Ediciones B (2004); el libro El fracaso de la Monarquía sobre la crisis final del “juancarlismo” editado por Planeta (2013);  Miguel Blesa, el lobo de Caja Madrid sobre la crisis financiera de la que fuera cuarta entidad financiera de nuestro país con La Esfera de los libros (2014), y El expolio a las clases medias donde se analiza el hundimiento de las clases medias en nuestro país durante la última crisis económica con Stella Maris (2015). Después de una excedencia no voluntaria, reaparezco aquí, como siempre, en la disidencia.

25 COMENTARIOS

  1. Pues a mi me parece todo muy normal y la lógica consecuencia. Si son dos grupos masónicos enfrentados, el gallego apoyado por otros y el catalán, por definición contrarios a los métodos de Franco, la única salida viable, es lo que vemos. Tambien es una magnífica oportunidad para comprobar si los franquistas abusaron con la fuerza o era lo que la situación demandaba. Por mi parte, aquí con palomitas.

  2. Magnífico artículo.

    Dice el autor al final del mismo:

    “Resultaría paradójico que, ante la pasividad política de nuestro Gobierno, emergieran como soberanos los separatistas catalanes. En realidad, y tal como estamos, solamente haría falta que ellos se lo creyeran o que leyeran con atención a Carl Schmitt.”

    Eso es lo que sucedió como consecuencia de los pormenores intelectuales y políticos relatados, ahora estamos en la realidad.
    La realidad plena es algo que suele pasar desapercibida. El Rey no sale al balcón porque lo considerase conveniente, la realidad se lo exigió.
    Poco hubiera cambiado en lo esencial de no haber salido al balcón, quizás que los españoles hubieran salido a la calle de manera poco pacífica.

    Hoy tenemos cuatro fuerzas enfrentadas, la realidad presente, la irrealidad presente, la realidad pasada y la realidad futura. Hoy lo político vive la realidad pasada como irrealidad presente cuando lo existente es la realidad presente que hará la realidad futura.

    Se percibe miedo a la hora de pronunciar la palabra España, sin embargo es la palabra clave capaz de deshacer el entuerto del 78. El político español, fundamentalmente el de derechas tiene miedo a la palabra clave y eso le conducirá a la muerte política.

    Todo lo que estamos viviendo no es más que la realidad que se impondrá victoriosa ante la irrealidad política que impotente y desesperada ente la superiodad del rival utiliza todas las tretas a su alcance.

    España gana por goleada a pesar de las faltas. Los espectadores confunden la irritación que produce interrumpir el juego innecesariamente con el resultado reflejado en el marcador.

    España 12 – 0 Régimen del 78

  3. Excelente artículo Don Javier

    No ilustra por qué estamos como estamos y cómo es posible que hayamos llegado hasta aquí. Respecto a Kant discrepo del lugar en que usted le ha puesto en la cadena de “notables” que van desde Hobbes a Kelsen..

    Kant con su “Imperativo Categórico” en realidad supone un ataque desde la responsabilidad individual al estado Hobbesiano y Ruseauninao .. en realidad Hegel (precedente de Marx) fue “promocionado” precisamente por ese Estado (en concreto el prusiano) para volver a poner las cosas en “orden” después del ataque Kantiano.

    Es inevitable citarlo, pero no como un continuador si no como un discrepante.

    Al respecto sería necesario considerar movimientos como el Martin Luter King, que entendió perfectamente, por practicarla, la doctrina Kantiana. Y cómo el Estado tuvo que reaccionar para poder integrar una realidad que le desbordaba.

    Excelente su análisis de nuestra realidad política en el 78 y de cómo de esos polvos estos lodos. La bajísma calidad intelectual y persinal de las élites de entonces, carecientes de el mas mínimo sentido del patriotismo nos han dado lo que ahora vemos.

    un cordial saludo

    • les dejo este link

      http://elextranjeroprofesional.blogspot.com.es/2018/04/si-adenauer-levantase-cabeza.html

      es sobre lo que comentó el representante de la Konrad Adenauer en España a la sentencia del trinunal alemán.

      Ees un crítica acerada porque entra en la displicencia con que se nos trata desde el norte, aunque sea para “intentar defendernos”. Previamente desde la misma institución, también en España, se había hablado de la necesidad de “dialogar”. Dentro del link, al final, hay otro link a la otra metedura de pata.

      Costumbre de la casa

  4. “Fue, en este momento, con la actuación de Felipe VI como rey del disenso, cuando se hizo verdad el principio schmittiano de que “soberano es quien decide sobre el estado de excepción”. En nuestro caso, fue la acción del monarca, respaldada por el conjunto de la población, lo que marcó momentáneamente el triunfo de la nación española sobre los separatistas”

    He leído su artículo con interés y estoy de acuerdo con el desarrollo del mismo e incluso con la idea de fondo a la que quiere llegar; sin embargo, creo que parte de una premisa más simbólica e hipotética que real. La realidad es que que el gobierno optó porque prevaleciera lo judicial sobre lo político. Hasta aquí de acuerdo. Pero el monarca no declaró ningún “Estado de Excepción”, que por otra parte, el verdadero legitimado para hacerlo hubiera sido el gobierno de la Nación. Y me parece importante remarcar esto, porque si interpretamos una acción simbólica dándole el valor de legítima y legal, además de confundir los términos, estamos legitimando también el discurso de los secesionistas al interpretar, amoldar o estirar la “ley” a su antojo para que encaje en sus necesidades y en su “realidad” paralela. De hecho, el valor “simbólico” de esa declaración unilateral de independencia, en la que ellos quieren escudarse, después de haberse traspasado los límites legales el 6 y 7 de septiembre, además de una irreal a los que tratamos de ser objetivos y ponderados con el tema, nos parece una tomadura de pelo.

    De manera que disculpe, pero no “la decisión política del jefe del Estado, no regulada como tal en la Constitución, estuvo por delante de la decisión jurídica de los jueces y fiscales”. ¿Quiere decir que después del 6 y 7 de septiembre no se tomó ninguna decisión política por los partidos de la oposición en el Parlament? El Jefe del Estado no tomó ninguna decisisión política, aunque su declaración oportuna infundiera valor y ánimo a los ciudadanos y despertara de la parálisis y del letargo al ejecutivo durmiente.

    • Apreciada Silvia

      Yo creo que a lo que se refiere es que el Rey, en si mismo y con su discurso, fue el estado de excepción. En cierto modo dio un golpe de Estado, porque hizo e intevino en política, bienvenido golpe por cierto.

      Y es ahí donde aplica la teoría Schimidtiana a lo que ha pasado.

      un cordial saludo

      • El siguiente en la fila, después del Rey, ha sido Llarena, si es que se atreve del todo con Montoro.

        También está haciendo política, a su pesar, supongo.

        Otro saludo

      • Es ese, precisamente, el sentido que le doy al discurso del rey del pasado 3 de octubre. Naturalmente que antes de ese día el Gobierno tomó decisiones (con mayor o menor éxito). Pero el mensaje real sorprendió a propios y extraños (sobre todo a los separatistas que esperaban, y algunos estaban convencidos, de que se iba a producir un invocación al dialogo, al consenso o una mediación presentándose como árbitro del conflicto) no fue así, y su invocación explícita a la actuación de todos los poderes del Estado para actuar contra los separatistas, fue, según mi opinión, determinante. Gracias Silvia por tus comentarios e ideas que me sirven a mi, y creo que a todos, para profundizar en el debate.

        Gracias a “Pasmao” por sus comentarios y enlaces de los que tomo buena nota y por coincidir conmigo en este análisis e interpretacion.

        Un saludo a todos.

        • Vaya Javier, estaba escribierndo y no había leído su respuesta. Gracias por la aclaración y por ser partidario del debate. A pesar de las discrepancias, creo que todos coincidimos en resolver el tema de la mejor manera posible y en la exigencia al gobierno de una eficacia en la acción que por desgracia brilla por su ausencia. Saludos cordiales,

      • Ya, querido Pasmao, pero tal como lo expone el articulista no deja de ser una interpretación subjetiva y sin embargo quiere darle la consistencia de un hecho objetivo cuando no es así. Figúrese que el discurso del Rey no hubiera provocado ninguna reacción en el gobierno, como podría haber sido, porque viendo como han discurrido los acontecimientos después, me parece que D. Felipe, no debe estar muy satisfecho con las actuaciones del gobierno ni con la manera de manejar el asunto. Piense que el monarca es el primer interesado en que se defienda el conjunto de la Nación y el Estado de Derecho, pero desde su posición que le marca la Constitución no puede hacer más de lo que hace y tiene que confiar en la “bondad” de un gobierno que se muestra increíblemente inepto al manejar el tema en Cataluña. E insisto, vestir esa acción simbólica del Rey de acción legal me parece otro error que puede ser aprovechado hábilmente por los secesionistas para su defensa y sus reivindicaciones. Un muy cordial saludo,

  5. Esto dice un acupante de la Moncloa cuando han dejado que ETA tenga más poder que nunca en Vascongadas y en Navarra:
    “ETA no logró nada por dejar de matar y nada va a lograr por su desaparición”.

    • Siempre es bueno tener en el gobierno personas de oratoria ditirámbico-psicodélica y discurso histriónico. De otra forma correríamos el riesgo de pasar por un país decente.

  6. Hay otro actor muy importante en el golpe, es la Iglesia Católica, entidad que muchos financiábamos vía IRPF. Algunos no volveremos a cometer ese pecado de apoyar a curas golpistas.

    • Comentario sin sentido el suyo por varios razones:

      1. La Iglesia Católica no es actor importante, en España, en casi nada y mucho menos en el golpe. Sólo está a verlas venir. Anda que no hay gente “importante” en el golpe mucho antes que la Iglesia: sindicatos, burguesía catalana, partidos nacionales, organizaciones empresariales, las gentes de tractoria, periodistas apesebrados, empresas del ibex35… ¿ sigo ?

      2. ¿ Curas golpistas ? Algunos curas catalanes han apoyado el golpe de estado, han colocado esteladas en campanarios y han profanado las iglesias son charlas que, en perspectiva, sólo hablan de supremacismo catalán e instauración de un apartheid ¿ Pero tomará vd. la parte por el todo, sólo por tratarse de la Iglesia ? Si un charcutero asesina a un vegetariano ¿ Son todos los charcuteros asesinos, según su, de vd., mecánica mental ? Las diocesis tienen sus indepdencias. El nacionalismo mancha muchas albas. Eso es así desde hace 40 años. Pero la Iglesia en España no es así.

      • Disculpe amigo, pero me temo que en la supremacismo que exhiben el nacionalismo catalán y vasco los tentáculos de la Iglesia Católica están muy presentes, aunque pasen desapercibidos en ocasiones y se revelen como actores discretos. El Opus Dei es toda una “institución” elitista y venerada en la sombra que sigue reclutando nuevos adeptos en fución de su talento y de su cuenta corriente. No es casualidad que la mayoría de dirigentes nacionalistas se declaren profundamente creyentes y sigan manteniendo leyes y normas en sus fueros que benefician a la Santa Madre Iglesias.

        • “El Opus Dei es toda una “institución” elitista”

          ¿ Significa eso que en el OD no tienen cabida los agricultores, albañiles, carpinteros ? Acláreme por favor

          “No es casualidad que la mayoría de dirigentes nacionalistas se declaren profundamente creyentes.”

          De la misma forma que la sociedad española se declara católica y de católica no le va quedando ni la cera del cirio.

      • No es un actor importante en apariencia. Pero pesa mucho.

        Quienes mas habrían reaccionado ante la situación de golpe de estado secesionista son las personas que se podrían llamar de la “derecha tradicional”.

        Al bajar el diapasón en la crítica a los obispos catalanes y a todo el proceso secesionita, desde la Conferencia Episcopal, se estaba enviando a dicahas personas (mucho mas afectas a lo que pueda decir la Iglesia) el mensaje de que tampoco era para tanto.

        Hay una responsabilidad que no quieren acabar de asumir, y que antes o después tendrá consecuencias. Entre ellas disminuir mucho mas su peso en la sociedad.

        un muy cordial saludo

        • A la ICAR le llueven por todos lados. Si se mete en política, entonces la critican porque algunos dicen que no es su ámbito. Si no habla porque creen que con su silencio da carta de naturaleza a lo que ocurre.

          Ya se ve que es siempre un títere al que repartir mamporros.

          Por contra, ¿ por qué no llevar, precisamente, esa actitud inquisitorial a los sindicatos ? Precisamente los sindicatos están apoyando el golpe de estado. Reciben pingües subvenciones. Tienen un gran poder. Y no por todo ello parece que nadie les afee demasiado la conducta.

          Lo mismo diría de feministas, organizaciones empresariales, colectivos de gueis, etc.

          • buenos días

            Releea mi comentario por favor, he escrito “derecha tradicional”. No me imagino a los sindicatos influyendo no con su discurso, que no tienen, pero si con su red clientelar, que esa si es influyente, en la “derecha tradicional”.

            Por desgracia no existe una izquierda patriota con poder y acceso a los medios.

            Nos guste o nos disguste, la influencia de la ICAR en la “derecha tradicional”, grupo donde el patriotismo pesa mas, es muchc mayor que la de los sindicatos, los actores de la ceja, …

            Y si la ICAR quiere acabar siendo completamente irrelevante por lo que no sea posible acusarla de nada, porque esa “derecha tradicional” la acabará abandonando, es muy libre de hacerlo, pero que no se queje.

            Los que fusilaban curas y monjas en Cataluña en la Guerra Civil, son los que ahora son apoyados por esa ICAR en Cataluña. Y desde la Conferencia Episcopal española no se ve mucho ánimo de dcir que hasta aquí hemos llegado.

            un cordial saludo

        • Estimado D. pasmao,

          Mis disculpas: he leído su post y tiene vd. toda la razón: me faltó ver el matiz. Vistas así las cosas coincido 100 % con él.

          A veces lo he pensado. El PP ha desarticulado respuesta alguna de sus votantes, porque estando en el poder, con la barriga llena, es difícil ser contestatario. La CEE ha desarticulado a sus fieles, no haciendo una valoración crítica de lo que ocurre y lo ha hecho porque… ¿ por qué lo ha hecho ? Bueno, me reservo mi opinión.

          Cordiales saludos.

  7. Las cosas han llegado a un punto en el que se va entendiendo que en el golpe de estado participan tanto los racistas catalanes como los actuales ocupantes de la Moncloa. El proyecto es enmerdar todo con la colaboración de la UE para presentar como la única solución una negociación entre los mafiosos. El caso es que podemos sospechar que no conocemos a todos los mafiosos, pues los títeres están para dar espectáculo porque son corruptos y alguien mueve los hilos desde fuera de escena…

  8. El oxígeno alemán les ha revitalizado. Ningún proceso de reconciliación les calmará su sentimiento identitario supremacista ni su paranoia secesionista. Nunca se van a «sentir cómodos». Nunca cambiarán.

    La única alternativa sería cortarle la cabeza a la serpiente. Y sin dejar residuos. Porque si no, la sedición va a establecerse como un bucle infinito, el cuento del nunca acabar, la reiteración del día de la marmota. La Historia condenada a repetirse.

    Pero la cobardía e ineptitud (¿o será colaboracionismo?) dei gobierno (y oposición) están favoreciendo la renuncia a la soberanía y a dejarles que se vayan. Como si la defensa de la integridad de la Nación no fuese su compromiso y hubiesen recibido instrucciones de los «poderes ocultos» para entregar el botín con un guiño tolerante a la risueña despedida de aquellos, tipo «bueno, pues molt bé, pues adiós».

    Esto es lo que nos parece a unos cuantos.
    Cosi è se vi pare (Pirandello)

  9. Maravilloso artículo que, a propósito del affaire Puigdemont realiza un recorrido sobre el estado de cosas en nuestra joven, y prontamente corrupta, democracia.

    “Si el Gobierno de Mariano Rajoy piensa que la crisis, tanto en su vertiente nacional como internacional, se va a solucionar sin política”

    Dios nos libre de más política. Aquí, en lo que queda de España, cuando hablar de política es hablar del chanchullo, al que llaman consenso, que no es otra cosa que un enjuague, donde todos los partidos y poderosos ganan y pierde el soberano pueblo. Así pasó en en el 78: café para todos fue la forma suavecita para decir que se organizó un megaestado con 17 reinos con 17 virreyes.

    En todo caso lo que espera Rajoy es que las aguas bajen. Que todo vuelva a la calma y empezarán a pastelear con los nacionalistas, como llevan haciendolo desde el 78. En todo el proceso judicial y postjudicial no se deben descartar: escandalosas rebajas de condenas, indultos, defectos de forma, prescripciones, desaparición de pruebas… Una vez situado el balón en el escenario habitual, que es la supremacía de los nacionalistas frente al estado, Rajoy pedirá a los nacionalistas cierto grado de una aparente fidelidad constitucional a cambio de una nueva morterá de euros.

    El muy probable acuerdo será colocado a la opinión pública como una victoria de ambas partes. Ya pasó en el 78 con el estado autonómico, supuestamente, ganaban los españoles, porque supuestamente, la administración la iban a tener más cerca, quizá al salir de la puerta de casa.

    Con respecto al caso Puigdemont, no descarto la intervención de Rajoy para impedir que el huído sea extraditado. El prófugo supondría un incordio en España para el indolente presidente.

    Quedaría saber cómo se organizó la detención. ¿ Por qué se escogió esa localidad alemana y no otra ? ¿ Quién dió la orden de detención ? ¿ Por qué se produjo en Alemania y no en Finlandia o en Dinamarca ?

    Dicen que la política es el arte de lo posible. Y una leche ! La política es el arte de la apariencia: aparentar hacer cuando no se hace y aparentar ser cuando no se es. Hoy día se ha convertido en una actividad casi criminal: todos los partidos están inmersos en tramas de corrupción que sistemáticamente bombean recursos públicos a bolsillos particulares, de mil y una formas. Por el otro lado Montoro detrae recursos de la ciudadanía para, con la escusa del estado del bienestar, ser enviados, entre otros, a Cataluña para posibilitar el golpe de estado a cámara lenta desde hace 40 años.

    España está para salir corriendo. No hay mente, mínimamente en sus cabales, que aguante tanta inmundicia.

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