Este lunes por la mañana puse el primer canal de Televisión Española, para comprobar una vez más la pavorosa ignorancia de muchos periodistas. Una periodista decía hasta en dos ocasiones que Liz Truss es “neoconservadora”. Es evidente que mi compañera no tiene la más remota idea de lo que es el neoconservadurismo.

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Esta es una experiencia común, y hasta cierto punto inevitable. Debemos ser comprensivos con ellos, y yo mismo pido comprensión al lector por la parte que me toca. En la ignorancia somos todos iguales, porque el volumen de conocimiento de una persona es siempre una mínima fracción, apenas perceptible, sobre el conocimiento que hay en el mundo. El periodista es un nadador en medio de un océano de ignorancia, y en estas condiciones es normal que en ocasiones se hunda.

Para que el periodista haga bien su labor es necesario que conozca el contexto. Eso hace que en ocasiones los periodistas no entiendan la materia con la que trabajan, y que en otras acaben convirtiéndose en auténticos expertos

La información es siempre un pequeño nudo de una complejísima red que es el conocimiento. Para que el periodista haga bien su labor es necesario que conozca el contexto. Eso hace que en ocasiones los periodistas no entiendan la materia con la que trabajan, y que en otras acaben convirtiéndose en auténticos expertos. Pero la labor del periodista no es la del experto, sino la de contar historias relevantes y veraces sobre lo que ocurre.

Estas primeras palabras son quizás muchas, aunque puede que no las suficientes, para lo que es el motivo de mi artículo, que es sobre otras palabras que son muchas menos, aunque sobren todas.

Por algún motivo me ha llamado a la acción un comentario de un artículo de Axios que quiere ofrecer el contexto necesario de una información. La información hace referencia a los comentarios racistas proferidos por una de las estrellas del Partido Demócrata en Los Ángeles en, ¡ay!, un micrófono que captaba una conversación privada. Nury Martínez comparó al hijo adoptado de un compañero con un mono por el hecho de ser negro. No es el único comentario, pero ¿para qué recrearse? Probablemente, es el fin de la carrera de Martínez; y es una pena porque según parece hizo muy buena labor durante la pandemia.

Los medios progresistas han corrido a auxiliar al Partido Demócrata, achacando el comportamiento de Nury Martínez no a su militancia, sino al hecho de ser hispana. Dado que el discurso del Partido Demócrata es oficialmente racista, ya que sus líderes hablan en los términos contra los que siempre luchó Martin Luther King, cabe pensar que hay un racismo bueno, el del PD y el de la izquierda estadounidense, y otro que es condenable. Nos lo señala la propia información de Axios: el problema es el racismo anti megro y anti indígena.

La periodista autora de la información, escrita a retazos y trompicones como es el estilo de Axios, es Astrid Galván. Y dice lo siguiente, traducido por mí al español: “Los políticos latinos que llegan a posiciones de poder han de hacer frente al racismo interiorizado que habrán aprendido a lo largo de su vida, dicen los expertos. El colorismo, (y) los sentimientos anti negro y anti indígena son profundos entre muchos latinos que tienen sus orígenes en América Latina, donde la colonización y la esclavitud arraigaron durante siglos”.

“Los expertos” son esa fuente de nuestra profesión que los periodistas debemos manejar con escafandra. Tras el título de “experto” se esconden los verdaderos conocedores de una materia, pero también los expertos en manipular un aspecto de la realidad con objetivos políticos, económicos o ideológicos. Hay que tener mucho cuidado con ellos.

Así las cosas, le he escrito un e-mail a la periodista para mostrarle mi sorpresa por ese apunte sobre el colonialismo, la esclavitud y el racismo. Dice:

Estimada Astrid,

Me llamo José Carlos Rodríguez y, como tú, soy periodista. Perdona mi atrevimiento al escribirte, pero por algún motivo me ha llamado la atención un comentario que haces en una de tus informaciones. Es la que se refiere al racismo que muestra Nury Martínez en unos comentarios que, en cualquier caso, nunca tuvieron la intención de ser públicos. 

En esa información, que está muy bien hecha, incluyes las siguientes palabras: “Latino politicians who get into positions of power must confront the internalized racism they may learn growing up, experts say. Colorism, anti-Black and anti-Indigenous sentiments run deep among many Latinos who trace their roots to Latin America, where colonization and slavery took hold for centuries”.

No me queda claro si el juicio de que en la España americana imperaba la esclavitud en un contexto colonial, y que ello ha cultivado un racismo que se ha conservado como en una botella de cristal en el continente e incluso en la sociedad estadounidense es tuyo o de los expertos. Me inclino por esto último. En cualquier caso, creo que merece ser desmentido, más que matizado, en honor a la verdad histórica.

Es cierto que es un comentario en una pieza efímera, como es una información periodística. Pero es un ejemplo, aunque sólo sea uno, de una concepción errónea de la historia de España, y en consecuencia de la historia de Hispanoamérica y, por tanto, de la historia de los Estados Unidos. 

Lo primero por lo que debo protestar es la consideración de que la América española eran unas colonias. Nunca se le llamaron colonias, sino virreinatos, como los que había en nuestro suelo. Luego se convirtieron en provincias, como las provincias que dividían el territorio insular y peninsular español.

Es cierto que el cambio de dinastía en España cambió en parte la situación. Ten en cuenta que eran franceses, y heredaban la mentalidad colonial de los Borbones; pero no pudieron convertirlos en colonias como las que siempre deseó, y nunca tuvo, la monarquía francesa, o como las que creó la británica en una franja oriental de lo que hoy son los Estados Unidos. Más allá de esa franja, por cierto, se extendía España en casi tres cuartas partes de lo que hoy es tu país.

Incluso en un momento tan tardío como la Constitución de 1812 se habla de “los españoles de ambos hemisferios”, tan españoles unos como los otros. Luego no es sólo la cuestión administrativa; hay una realidad ideológica, religiosa en realidad, de fondo, que protesta contra esta concepción de España como imperio colonial. 

El encuentro entre la civilización española, cristiana, y los indios, hizo plantearse a los escolásticos españoles cuestiones fundamentales como la de si eran hijos de Dios o poseían alma como los demás. La respuesta, alcanzada tras no poco debate, fue la única posible para una persona cristiana: son hijos de nuestro mismo Padre y, por tanto, nuestros hermanos. Es ahí donde nace la concepción de los llamados derechos humanos, y donde se concibe el derecho de gentes, antecedente del derecho internacional. Isabel la Católica ordena que se les trate con la misma consideración que a los españoles.

Esa consideración no es sólo teórica. Permíteme que cite extensamente a uno de los autores que ha tratado esta cuestión: Guillermo Carlos Pérez Galicia (España: esencia y origen, SND Editores, 2021, pp 143-144). Dice: “Se impulsa una obra evangelizadora y civilizadora a través de iglesias, escuelas, universidades, hospitales, centros sanitarios y normativas laborales: como la jornada de 8 horas, establecida por Felipe II, según la división del día en el modelo benedictino (8 horas de trabajo, 8 horas de sueño y 8 horas de alimentación y contemplación), normativas de salario justo, de protección de la propiedad familiar de los indios y otras disposiciones destinadas a proteger la integridad física y espiritual de los indios. Se crean las Cajas de Comunidad para atender a los enfermos y desvalidos, curación gratuita de los lesionados por cuenta de los patronos; y se establecen castigos severísimos para los funcionarios que atenten contra las propiedades de los indios. Para la educación primaria de los indios, se crean las Escuelas Misionales, al menos una por cada misión. Para enseñanza media se crean los colegios, algunos de los cuales se dedicaron únicamente a la educación de los hijos de los jefes indios, trampolín para acceder con más facilidad a los estudios superiores, abiertos tanto para los indios como para los negros”. No voy a extenderme más. En cualquier caso, no parece un entorno muy propicio para el racismo. No digo que no hubiera racismo. Pero esa actitud atentaba contra el pensamiento predominante, casi único, que era además el oficial: el cristianismo. 

La otra cuestión es la esclavitud. Como sabes, es una institución que ha acompañado a la humanidad desde sus albores. De hecho, lo extraordinario es que se haya erradicado de tantos lugares, aunque todavía no sean los suficientes. De nuevo son los escolásticos españoles (Francisco de Vitoria o Domingo de Soto entre otros) los que defienden el Derecho Natural contra la esclavitud. 

Esas ideas no son suficientes. El cristianismo ha convivido durante siglos con la esclavitud, aunque ha contribuido a limitar su práctica, e incluso a erradicarla. En la España americana se permitía la esclavitud, pero no de forma generalizada. 

Hay una excepción, que es la de Cuba. Me permito citar a otro autor. En este caso es Borja Cardelús (América hispana. La obra de España en el Nuevo Mundo. Editorial Almuzara, 2021. Pos. 6.728 en adelante): “Acaso la excepción a la renuencia española a aceptar esclavos sea Cuba, una de las áreas de la negritud en América. Pero hay razones para ello. En la Cuba española había muy pocos esclavos. Pero cuando Inglaterra, a causa de uno de esos conflictos rematados en tratados, arrebató Cuba a España y detentó la soberanía sobre la isla durante más de un año, importó esclavos negros de forma masiva; la base de la población negra de la Cuba actual. Fue pues Inglaterra, y no España, quien introdujo los esclavos en Cuba”. 

Y del mismo autor, (pos, 6.707 en adelante): “Que España rechazaba en términos generales la esclavitud lo demuestra el caso de Florida. Allí, la esclavitud no sólo no era tolerada, sino que a todo esclavo fugado de las plantaciones de Georgia y Carolina del Sur que ingresaba en territorio español, se le concedía el status de hombre libre, y a más de ello España construyó cerca de San Agustín un fuerte para albergar a los evadidos; el fuerte Mosé”. 

Quizás haya un racismo acendrado en una parte de la población hispana en los Estados Unidos. Tú lo conoces mejor que yo. Pero no creo que el elemento hispano sea el que más contribuye a ello. Creo que la propia cultura estadounidense actual lleva a muchos ciudadanos del país a pensar en esos términos. Pero de nuevo, estoy seguro de que sabrás ayudarme a comprender la situación.

No sé si los expertos que citas están al tanto de esta parte importante de la historia de España que, como ves, y me repito, es también la Historia de los Estados Unidos. Ójala esta carta les llegue de algún modo, o al menos te sea útil en el ejercicio de la profesión cuando escribes sobre la población de herencia hispana en los Estados Unidos. 

Nada más. Aprovecho para reconocer la labor informativa que haces.

Un saludo, 

José Carlos.

P.S. Verás que te he tuteado durante todo el mensaje, y de nuevo pido perdón si no lo ves adecuado. En España, la costumbre entre periodistas es la de tutearnos, incluso si no nos conocemos en persona”. 


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