Para Timothy Snyder, historiador y profesor en la Universidad de Yale, la irrupción de los populismos nos ha robado el futuro. En su opinión, antes de su aparición, las sociedades democráticas entendían el tiempo como un proceso lineal, en el que el progreso económico y el bienestar eran siempre ascendentes. Según esta idea, daba igual lo que hiciera cada uno porque siempre alguien se ocuparía de que el constante progreso fuera nuestro destino. Snyder define esta visión como la “política de la inevitabilidad”. Una idea que, en su opinión, era falsa porque básicamente consistía en la creencia de que existe un destino inevitable.

De hecho, sucesos como la Gran recesión o la inmigración masiva significaron el fin de esta creencia. La transición del presente al futuro dejó se ser contemplada como una línea ascendente, donde las cosas mejoraban de forma constante. El tiempo, en su sentido de avance, ya no era una referencia. En su lugar se instauró una visión circular, según la cual la historia se repetiría una y otra vez. Un círculo vicioso donde renacen los mitos del pasado y el futuro no existe. Snyder llama a esta nueva visión “política de la eternidad”.

Para escenificar el cambio de la política de la inevitabilidad a la política de la eternidad, Timothy Snyder pone como ejemplo la presidencia de Donald Trump en los Estados Unidos, con su reclamo “Make America Great Again” (“Haz América grande otra vez”) y, en el caso de España, lo que él califica como irrupción de la extrema derecha en las elecciones de Andalucía. Pero también señala la creciente influencia de Rusia, y más concretamente de Vladímir Putin, en el contexto internacional. Un país, la Federación Rusa, que desde el punto de vista de la política de la inevitabilidad sería irrelevante, por su escaso peso económico, se convierte sin embargo en el referente de la política de la eternidad. De hecho, Rusia estaría liderando esta nueva visión.

Una vez planteada la tesis principal, Snyder alude a tres sucesos clave de los años 80 y 90 del siglo pasado que conforman el mundo que hoy conocemos, como son la caída del Muro de Berlín, la emergencia de Margaret Thatcher y Ronald Reagan y del neoliberalismo, y la firma del Tratado de la Unión Europea (TUE)​ o Tratado de Maastricht, que es, junto al Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, uno de los tratados fundacionales de la UE. Para él, estos sucesos que ocurren simultáneamente, pero de forma casual, sientan las bases de la agitación presente.

Pero también alude a la tecnología, que deja ser nuestra aliada y se convierte en enemiga; a Internet como un ecosistema que ya no significa el acceso universal al conocimiento, sino que promueve la simplificación de las ideas, la polarización y la caricaturización del individuo; y, finalmente, señala la desaparición del periodista conectado del entorno local y su sustitución por grandes medios que resultan lejanos y extraños para el gran público.

A partir de ahí, la argumentación de Snyder se convierte en un alegato contra Donald Trump, cuya victoria electoral atribuye directamente a Rusia. Alegato que discurre desde la denuncia de la falta de políticas de Trump hasta llegar a la simple descalificación personal.

El planteamiento inicial Snyder era prometedor. El cambio de una visión del tiempo como línea ascendente, en la que las cosas mejorarían siempre, a la visión de una historia congelada, que gira sobre sí misma y repite los mitos del pasado, parecía anticipar algún descubrimiento sorprendente. Lamentablemente, debajo de la atractiva envoltura no había un gran hallazgo, solo el habitual relato fulanista, según el cual un puñado de nombres propios, valiéndose de Internet, las redes sociales y los ciberataques ha logrado arrebatar el futuro a todo el mundo occidental.

Lo que “intelectuales” como Timothy Snyder ponen en evidencia con estos giros narrativos no es la naturaleza de los grandes cambios históricos, aunque estos ciertamente existan, sino el sistema de construcción inversa de sus argumentos. En realidad, Snyder no pretende desentrañar el oscuro mecanismo de los eventos históricos, su finalidad es convencer al público de que es malo votar a Donald Trump. Y sobre este objetivo construye su discurso.

Aludir a la eternidad y a la inevitabilidad (términos grandilocuentes), remontarse al surgimiento del neoliberalismo y poner sobre la mesa sucesos históricos como la caída del Muro de Berlín o el Tratado de Maastricht para, luego, concluir que el problema son personajes como Donald Trump y Vladimir Putin, resultaría hasta enternecedor si no fuera porque quien lo dice es Timothy Snyder, historiador, profesor de la Universidad de Yale y experto​ en la historia de Europa Central y Oriental con gran predicamento en el mundo académico. Es más bien desolador.

Comprender el por qué el mundo occidental parece polarizarse ante la opción de la regresión o la continuidad de una élite planificadora y benigna, no debe ser fácil. De hecho, mi opinión es que es imposible, porque para tener éxito habría que conocer el final de la historia. Sin embargo, sí podemos formularnos preguntas cuyas respuestas pueden servir, no ya para ofrecer soluciones milagrosas, sino para facilitarnos la existencia.

Podemos preguntarnos, por ejemplo, si hoy somos más o menos resistentes que antes, es decir, si en la actualidad somos capaces de afrontar por nosotros mismos, sin la mediación de agentes externos, situaciones que nuestros ancestros enfrentaban con naturalidad de manera cotidiana, avivando su ingenio y su creatividad. Porque el progreso puede cambiar y mejorar muchas cosas, pero no puede alterar un hecho insoslayable: que el futuro es incierto, y siempre lo será.

Las democracias, a través del Estado nación, pueden proporcionar seguridad, un orden legal y también una asistencia razonable en función de sus recursos. Pero no pueden garantizar a cada persona que su vida discurrirá por una línea temporal de constante mejoría. Tampoco pueden eliminar los retos y desafíos a los que la vida nos somete. Sin embargo, el largo periodo de prosperidad que se inició con el final de la Segunda Guerra Mundial sirvió para instaurar la idea contraria, es decir, que la política podía resolver todos los problemas y proporcionar una prosperidad siempre creciente.

Además, con el tiempo, esta nueva visión de la democracia fue todavía más lejos. Más allá de establecer políticas redistributivas que eran novedosas, la democracia occidental adquirió una dimensión terapéutica. A partir de ese momento, que el ciudadano se “sintiera bien” terminó por ser un estado de gracia que la democracia debía proporcionar. Como contrapartida, aspectos valiosos del carácter individual, que servían para afrontar la vida cotidiana, como el sacrificio, la autosuperación y el compromiso, fueron poco a poco desapareciendo. Así, cuando el espejismo de la prosperidad siempre creciente se desvaneció, lo que afloró fueron sociedades enfermas de ansiedad que demandaban certidumbre. Este estado de ansiedad es lo que hoy alimenta la polarización.

Es este “determinismo emocional” lo que ha alterado drásticamente la manera en que los estados y, por tanto, las democracias abordan los problemas sociales, promoviendo políticas cada vez más intrusivas y arrogándose el derecho a intervenir en el desarrollo emocional de las personas.

Lamentablemente, es imposible conciliar un bienestar emocional dependiente del Estado con la visión democrática del ciudadano libre y responsable que toma sus propias decisiones. Como también es imposible que no arraigue en el ciudadano un fuerte miedo al futuro y un profundo deseo de regresión cuando se le ha convertido en un ser extraordinariamente dependiente.

Así pues, sobre la polarización sobrevuela la incertidumbre del futuro. Es decir, entre la “política de la inevitabilidad” y la “política de la eternidad” que define Timothy Snyder está la que marca nuestro destino y ningún político se atreve hoy a nombrar: la política de la realidad. Y quizá sea por ahí por donde deban empezar la soluciones.

Foto: Geralt


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20 COMENTARIOS

  1. En efecto, así es, la exégesis de este alegato podría ser que la culpa de este crimen al que se conoce (aqui también) como “shock” se deriva de la concrcción fáctica de las certezas. Porque es el proceloso territorio de las dudas donde, casi nunca, se vienen a vivir los necios.
    El poder se ejerce a través del “consentimiento” que el “mainstream” organizado le cede al Estado, en una relación mutualista de equilibrio dinámico, también conocida como “cohesión social”.
    Para la consecución de este objetivo, el Estado ha cultivado la objetivacion de individuos (criaturas) cada vez mas útiles y dóciles, que, a cambio de protección frente a sus inseguridades y sus riesgos vitales, ante la amenaza del desempleo, la enfermedad, la habitación , la vejez, etc., cede al poder la “estatalización” de todo cuanto precisa para asegurarse su anhelo nihilista de bienestar. Como todo, esto tiene un precio tasado, no un intangíble, que, a las malas, luego se paga “a escote”.
    Y en estas estábamos cuando el poder y la gente bailaban el segundo vals de Shostakovich, felices y confiados en el epicentro de la orgía dionisiaca así mismo conocida como “Gran Moderación”, de cuya refutación basta leer algo del reciente Nóbel Paul Romer, se produce la deflagración de la reciente crisis, donde salta por los aires todas las certezas depositadas sobre la eficiencia de las economías maduras, en cuyo núcleo se daba por supuesto existía algún control sobre los desmanes potenciales del saludable “laissez faire” o dinámica de los mercados, paradojicamente, hiperregulados hasta la saciedad.
    No fue así, todo era mentira, y el despertar de la borrachera ha supuesto la caida de todos los paradigmas, de todos los soportes en que se sustentaba el tinglado mendaz del “bienestar” que las clases medias creían haber conquistado para la eternidad.
    El eterno retorno del populismo, ahora y siempre, ha nacido, como los hongos, del mismo caldo de cultivo y cuando llega este fatal momento, se necesitan muchas generaciones para que, de nuevo, el olvido conduzca al rebaño al confiado pastizal donde se realizaban sus sueños hedonistas, y en el que una generación de pícaros, y de ilusos, epígono de otros anteriores, un día llegó a pensar que el maná se desprendía de los árboles, mientras todos bailaban un inacabable y placentero vals.
    Porque, yo exijo el disfrute de mi libre albedrío, pero sin que ello lleve aparejado que, si me equivoco, de las consecuencias sea yo el responsable. Antes no denuncié nada porque me parecía que el riesgo lo corrian otros, por lo que yo actuaba como si nada sucediera, o, al menos, como si a mi no me afectára. Y, en cualquier caso, las responsabilidades serían para el Estado, en quien delego para que fije las condiciones y las supervise.
    Una verdadera gloria, esa abstracción huera conocida como “sociedad civil”.

  2. He oído muchas veces opiniones cómo las suyas mientras estaba en activo. Conocí al profesor José Barea, un hombre entregado a su trabajo. Creo que, aunque nuestras cartas no fueran demasiado buenas, no se nos recibió en la Unión Europea con la misma alegría que a Italia y otros países.

  3. Occidente, sencillamente va camino de la irrelevancia. Incluso EEUU da síntomas claros de agotamiento, de no ser por su gigantesco aparato militar y la capacidad de penetración de su industria cultural este declive sería mucho más evidente. Europa no es nada y cada vez será menos. Hasta ahora, Occidente había sustentado su supremacía basándose en su tecnología y en su capacidad de organización. Pero esto ya ha pasado. La tecnología la pueden tener y desarrollar otros (que además tienen la capacidad de producción) y la organización eficiente también, por lo que solo nos espera ir a menos. Además, la inmigración masiva y la caída salvaje de la natalidad autóctona, hará que en unas décadas nuestras sociedades sean muy diferentes.

    Los países europeos son territorios exiguos, donde no hay recursos naturales importantes. Las particularidades de Europa impiden una unidad que se rompió con la caída del Imperio Romano y no se ha recuperado nunca, porque la Unión Europea, tal y como se ha concebido después de Maasstricht es otra cosa: un monstruo burocrático al servicio de la élite bancaria global y de la élite económica alemana. La misma Alemania es un enano político, enfeudado con Rusia porque depende totalmente de ésta para tener siquiera agua caliente. En Europa cada país va a lo suyo, salvo en España donde el europeismo mal entendido se ha convertido en otro mantra que no se puede ni cuestionar, porque inmediatamente eres facha, euroescéptico, franquista, etc. Esta claro que los grandes imperios siempre han estado en Asia y solo la expansión atlántica salvó a Europa de caer bajo el empuje de los estados asiáticos.

    De seguir las cosas como hasta ahora, está claro que no hay salvación posible, y nuestra tranquilidad dependerá de que las élites quieran reservarse un trocito de planeta donde hacer turismo, divertirse y ver algún museo y monumento que otro. Un lugar que mantenga un cierto caché y distinción para los superricos del planeta, glamour que solo lo da la historia. Pero la competencia es cada día más atroz, porque además esta superélite es cada día más vulgar e inculta.

  4. Es que desde la Ilustración, en combinación con las sucesivas revoluciones industriales, se ha asociado el avance científico y técnico con el avance o progreso social. El hombre vive más y vive mejor se dice, así que los liberales pueden medir ese progreso en modo cuantitativo y objetivo y asegurar que eso va a seguir siendo así. Los progres de izquierda dicen que nos estamos cargando el planeta y que hay que acabar con la humanidad para que la vida en la tierra sobreviva un rato más que la vida humana.
    Está claro que no hay correlación entre los avances científico-técnicos y la salud mental y moral de las gentes. Cuando la idea más exitosa de este periodo es la del exterminio de la humanidad y la de que el futuro no vale la pena es que algo en la ciencia y en la creación de saber se está haciendo muy mal. A cambio nos engordan con ideología y carbohidratos mientras permanecemos pegados a las pantallas…

  5. “Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá, afirmar sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada.”
    Por desgracia, se cumplen todos los supuestos para entrar el bucle del retroceso, Libertad Canaria.

  6. “La transición del presente al futuro dejó se ser contemplada como una línea ascendente, donde las cosas mejoraban de forma constante. El tiempo, en su sentido de avance, ya no era una referencia. En su lugar se instauró una visión circular, según la cual la historia se repetiría una y otra vez. Un círculo vicioso donde renacen los mitos del pasado y el futuro no existe. Snyder llama a esta nueva visión “política de la eternidad”

    Me pregunto: ¿Cuándo se ha contemplado esa transición del presente al futuro como una línea ascendente, donde las cosas mejoran de forma constante? porque esa política del supuesto progreso y crecimiento constantes, Javier, además de ser irreal y de no cumplirse en ningún orden personal, social ni político, es tremendamente fantasiosa en la historia de la humanidad y de las civilizaciones que nos preceden.

    Si echamos la vista atrás, observamos que la historia suele avanzar más en espirales que en línea recta. Observamos que en el discurrir de los acontecimientos, con demasiada frecuencia, aparecen episodios reiterados de sucesos que ya nos precedieron en antiguo escenario y con actores que, aun distintos , interpretan papeles similares. Sucesos repentinos o como consecuencia lógica de nuestras acciones pasadas que tienen el poder de sacudir nuestro presente y poner nuestro mundo patas arriba. Situación política que se encalla, se retroalimenta a sí misma y queda atrapada en la espiral de nuestro tiempo presente.

    La historia, sobre todo de signo político, viene marcada por ciclos de avance y retroceso, que están actualizados y adaptados al tiempo y lugar en los que se desarrolla. Esa ilusión de crecimiento y progreso, constante y ascendente, es lo que mejor define a la utopía. En tiempos de crisis y neblina sirve como motivación e impulso para cambio. Hasta que tropieza o se da de bruces con la realidad.

    • Efectivamente nada es lineal ni mucho menos ascendente, el devenir de la historia es como un gráfico de la bolsa hoy puede estar arriba y mañana abajo, el progreso por su parte igual, recordemos como en los años 50 los futurólogos predijeron que para esta época los coches volarían y tendríamos un robot en casa que hiciera los quehaceres inclusive algunos plantearon que viviríamos en el espacio u otro planeta, nada de eso ha sucedido o al menos no masivamente pero sí han surgido cosas interesantes como la informática, la telefonía móvil o Internet, además de muchos otros micro avances en todas las áreas que mayoritariamente pasan inadvertidos porque los damos por hechos y no nos ponemos a pensar en ello.

      En el aspecto social se cae siempre en el error de creer que se puede moldear al ser humano, pero cuando este se rebela y muestra su verdadera naturaleza para los ingenieros sociales esto es lógicamente un retroceso es la pérdida de las “conquistas sociales”, pero nadie dice nada de la pérdida de libertades que ha experimentado Occidente con el avance de los estatismos de todo tipo, ya que justamente a todos estos lo que les importa es el control y el poder. Desconozco como acabará esta historia y me importa poco ya que no me alcanzará la vida para ver lo que pase de aquí a un siglo, el mundo seguirá girando y cambiando para bien o para mal, así ha sido siempre y siempre lo será.

  7. Recuerdo los años previos a la firma del Acuerdo de Maastricht. Se exigían a España unas condiciones casi insuperables. Era el paso previo a una Unión Europea. Cuando pregunté a una de las personas que participaba en ese proceso si merecía la pena tanta “humillación” a España (imponiendo deberes continuamente por parte de Centroeuropa) me contestó que era la única manera de evitar futuras guerras mundiales. Por eso me preocupa el cariz de los acontecimientos.

    • El Acuerdo de Maastricht fue una filfa. Me refiero al que se firmó.

      Casi nadie cumplía los criterios de convergencia exigidos, me parece que Holanda y Dinamarca, o poco mas.. Criterios que se diseñaron para que esa unión la formaran Alemania & friends, puede que Francia incluida, y jamás los PIGS.

      Pero por el camino el destrozo (perdida de competividad… ) que supuso para Alemania la incorporación de la RDA, que también repercutió en sus socios regionales.. se llevó al traste el que pudieran cumplir de manera holgada y sin truquitos dichos criterios.

      Ergo llegada la hora había que decidir:

      1/ Atrasar la firma, reconociendo la incapacidad de llegar a los límites que se habían autoimpuesto, incapacidad que haría que terceros (británicos.. ) se partieran de risa y poniendoa esa Uropa basurienta en un estado de debilidad isntitucional.

      2/ Firmar cuando tocaba, pero aceptando que otros países (España, sobre todo) que entraban también por los pelos, y que de haber sido estrictos se habrían quedado fuera, pertenecieran al club.

      Italia ni cumplía ni de coña. Su deuda respecto PIB era de mas del 90% (me parece), cuando el límite era del 60%, pero se hiceron los locos y con la excusa de que la mayoría de esa deuda estaba también en manos de italianos se los dejó entrar.

      En realidad fue porque les daba rabia que entrara España y que Italia se quedara fuera. Si no llega a entrar España jamás habría entrado Italia, téngalo por seguro. Italia entró en nuestro rebufo, por mas que les moleste a los italianos reconocerlo. Si conoce a algun italiano sacapecho se lo puede pasar por la cara. Porque yendo a los núemros de entonces se ve que es completamente cierto.

      Y ya que estábamos entró tambien Portugal.. total.. y poco después Grecia (aunque ya se sabía que sus números eran mas que falsos), que había que satisfacer a UK y a USA (sus valedores perpetuos).

      Le dejo este link, que pse a estar escrito por Garicano, ilustra muy bien que fue aquello:

      http://nadaesgratis.es/garicano/el-paraguas-de-hierro-el-euro-el-nobel-y-el-sindicalista-cirujano

      “… Franco Modigliani respondió. “La unión monetaria es como un paraguas de hierro. Si, te protege de la lluvia, pero para que funcione es necesario poder con el paraguas, que pesa mucho. Eso requiere hacer mucha gimnasia. Y si los portugueses, griegos, italianos y españoles no han querido hacer la misma gimnasia que los suecos fuera de la unión monetaria, ¿por qué van a de repente ponerse a hacerla?”… ”

      Respecto a los sacrificios que nos obligó a hacer Uropa para que entráramos en el Club Maaschi.. depende:

      – Si uno está obeso, fuma y bebe.. y le detectan problemas de salud.. hacer régimen, dejar la bebida y el tabaco y hacer algo de deporte siempre vendrán bien. En ese aspecto mucho de lo que nos exigía el tratado ese estaba bien per se, no porque nos lo exigieran fuera.

      Al respecto la figura del, nunca suficientemente alabado, profesor Barea fue fundamental. Pena que despúes no siguiéramos por la misma senda y que una vez adelgazados y guapitos y capaces de entrar en el traje o vestido de boda, y haber dado el braguetazo, volvíeramos a las andadas. Así nos va.

      – Respecto a privatizar, malvendiendo y dejando en manos de los amigos de Aznar compañías públicas estratégicas.. con tal de hacer caja y bajar ese déficit y esa deuda respececto PIB que nos señalaba cómo NO APTOS, muy mal.

      Una pena que en los criterios de convergencia no hubieran puesto unos parámetros que nos hubieran obligado a:

      1/ A que nuestro mercado laboral con esa diferencia entre fijos y temporales fuera mucho menor. Por ejemplo haciendo que el despdo tuviera un máximo de 8 días por año trabajado cómo indemnización. O sea que la reforma laboral de ahora se hubiera hecho entonces pero de manera mas radical.

      2/ Que nuestras pensiones no dependieran de un sistema piramidal.

      3/ Obligar a un % del 5% en inversión en I+d+i respecto de PIB,del que al menos el 50% tendría que provenir de sectores completamente privados

      Entonces si que estaróamos ahora en condiciones muy diferentes.

      Pero igual esos tres puntos les iban muy mal a otros…

      Un cordial saludo

      • He oído muchas veces opiniones cómo las suyas mientras estaba en activo. Conocí al profesor José Barea, un hombre entregado a su trabajo. Creo que, aunque nuestras cartas no fueran demasiado buenas, no se nos recibió en la Unión Europea con la misma alegría que a Italia y otros países.

        • Obvio.

          Italia era el país a sacrificar para ese Maastrcih (el primitivo) de la Europa Norte. A sacrificar con dolor.

          España era el pais lastre. Mientras fuimos necesarios (nuestra incorporación a la CEE y a la NATO) fuimos estupendos. Una vez conseguido el objetivo cuanto mas lehjos de cualquier reparto de Poder mejor.

  8. El Big Bang no fue la caida del muro, en realidad de un sistema politico-economico fallido, sino de el inicio de una nueva era en el trading: 15 de diciembre de 1993 y los acuerdos de globalizacion del Gatt y la OMC iniciaron el mundo que ahora es irreversible.
    Con la liberalizacion de aranceles mundial se desplazó la produccion primero y el desarrollo despues a Asia, fundamentalmente a China que ya es una superpotencia. Internet y las redes sociales hicieron el resto.
    No se globalizó la protección social de los trabajadores ni la seguridad social. El desequilibrio de costes Oriente occidente hundió las industrias occidentales proletarizandoa la clase media.
    La entrada masiva de inmigrantes africanos en Europa y mejicanos en lso USA normalmente para trabajos de baja productividad acorrala más a los antiguos miembros del welfare state.

    Ese y sólo ese es el origen de los populismos actuales.
    Sus hijos viviran peor que ellos luego votan al FN, a AfD, a Salvini o a Vox o PdeCAt.

    La socialdemocracia no solo no ha muerto sino que sigue cual leviatan necesitando de más déficid y mas impuestos para sobrevivir alargando la agonía del modelo productivo que se nos va a otras zonas menos chupasangres.

    La degradacion de los partidos políticos clasicos ha sido brutal desapareciendo siglas en cuestion de media generacion. Quien se acuerda del PSF o del PCI?
    Nadie.

    El mundo occidental ahora a la deriva busca un regeneracionismo tramposo en sus naciones cuando ha renunciado a pensar y a producir. A ser lideres del futuro.

    Hemos pasado del “que inventen otros” a nivel occidental a el “que produzcan los chinos!”
    Hemos vendido nuestra alma.

    • Estoy completamente de acuerdo con que la fecha fue la caida del muro.

      Pero merece un análisis el demostrar porque antes las cosas eran mejores, desde el punto de vista de que el autoengaño era menor a este lado del muro, el lado de los buenos.

      Y las cosas estaban mejor, es decir “progresaban satisfactoriamete”, cómo se dice ahora; porque estábamos en guerra. Guerra fría, pero guerra.

      Y en las guerras las gilipolleces postmodernistas de los historiadores pijos y decadentes, cómo Timothy Snyder sobran. Porque si pierdes la guerra la gana el enemigo y eso es muy chungo.

      Y si para ello las corporaciones tenían que sacrificar beneficios tolerando una socialdemocracia que funcionara (sin parásitos y dedicada a lo suyo, es decir a la verdadera asistencia social, no a colocar a vagos, hjos del sistema); pues se hacía.

      Asimismo si había que promocionar la libertad, incluida la creadora, para que quienes tiran de su imaginación para desarrollar nuevas teorias e inventos, aunque con el riesgo de que el descontrol que podía generar esa nueva intelectualidad se les escapara de las manos, pues se hacía.

      Estábamos en guerra y había que ganarla.
      Se asumían menos beneficios y menos control sobre los pensantes.. pero era el precio de poder compatibilizar cañones y mantequilla. Compatibilidad que en el largo plazo dio la victoria, porque la otra parte se quedó descolgada de la carrera tecnológica https://www.youtube.com/watch?v=KCp-nCbKCUA
      y social…

      Cuando se ganó supimos que los nuestros no eran tan buenos cómo nos habían dicho, e individuos cómo Timothy Snyder sólo se dedican a confundir para tapar la basura.

      Los nuevos tratados del GAT se hicieron porque los paises terceros beneficados ya no representaban un riesgo de transferencia tecnológica y know how a la URSS y amigos, y gracias a ellos se lograba:

      – que el control sobre las corporaciones por parte de las pseudodemocracias occidentales no pudiera ser tan fuerte, y que además fuera a la baja. Esos derechos sociales sobraban y cuanto antes se hundieran:
      1º metiendo gente dentro lo mas imbñecl posible. Auténticas termitas.
      2º privatizándolos

      – que el personal dedicado a investigación e I+D.. “orientara” sus epectativas y no quisiera tocar las narices buscando ambientes mas creativos.. (en China con su carnet de ciudadanía, por puntos.. ya están muy avanzados, y tengan la certidumbre de que por nuestra “seguridad” antes o despues lo acabaremos importando.

      Yo apuestos por los los populismos, no me agradan, pero son mucho mas chapuceros y antes o después petan, lo otro, que es una deriva de lo actual y que defiende tan entusiaticamente el tal Timothy Snyder… es mucho mas difícil de revertir, y de hacrse los costes asociados seran mucho mayores.

      Para mi la elcción es obvia. Ignoro porque el Sr Benegas se queda al margen. Parece jesuita.

      Podría seguri pero tengo poco tiempo.

      No obstante espero que las lineas generales de i escrito se entiendan.

      Un cordial saludo

    • En realidad en muro de Berlín no ha caído del todo ya que la socialdemocracia o Estado del Bienestar es otra forma de colectivismo, que desde un principio tenía un trágico final anunciado, debido a que esa absurda e inmoral idea de redistribuir lo ajeno no podía llegar muy lejos, ya que al final lo que se engendra es una sociedad clientelista, corrupta, mediocre, parasitaria y decadente que no produce ni la comida que lleva a la boca.

      Por lo tanto dado el contexto actual de saqueo y acoso por parte de la mafia estatal es prácticamente un milagro que todavía exista algo de abundancia en los supermercados, aunque cada vez el dinero lógicamente alcanzará para menos debido a la creciente improductividad, un proceso lento y prácticamente imperceptible para la mayoría, y mientras las castas políticas y funcionariales cobren sus jugosas nóminas todos los meses a costa del que produce les dará igual lo que pase, más bien son ellos los que aceleran el proceso de burocratización y estatificación de la sociedad, ya que su lógica es la del parásito.

      Así que en pocas palabras estamos ante la segunda caída del muro de Berlín, la caída del socialismo democrático, ese que prometió el paraíso del bienestar y la igualdad repartiendo lo ajeno hasta que se quedó sin esclavos a los que exprimir, ya sea porque no nacieron o porque dependen del Estado que justamente les prometió el vivir sin trabajar, es decir el bienestar social.

  9. “Así, cuando el espejismo de la prosperidad siempre creciente se desvaneció, lo que afloró fueron sociedades enfermas de ansiedad que demandaban certidumbre.”

    Esto es lo que no están entendiendo ni los políticos ni los inteletuales ni los medios de comunicación. Fíjense ustedes en la producción audiovisual contemporánea y verán la cantidad de situaciones postapocalípticas que Occidente es capaz de imaginar para decir que no hay futuro. Muchas de esas películas o series son operaciones ideológicas para atemorizar y culpabilizar a la gente.
    Y es que el futuro es siempre aquello de lo que los políticos se apropian para ofrecérselo a las masas. Por eso tampoco dudan a la hora de crear nuevos problemas, ya sea al modo bolivariano ya sea al modo neoliberal. Ahora que tenemos campaña electoral ya verán ustedes qué cantidad de “futuro” nos endilgan…

    • Típico, Catlo, son ellos los que crean los problemas y luego se erigen en nuestros salvdores. Cinismo en estado puro.

  10. Me temo que “la política de la realidad” siempre llega de mala manera cuando justamente la manipulación y la propaganda ya no pueden ocultar el caos reinante creado por la política.

    No sé qué entenderá este Timothy Snyder por progreso, pero en el día a día de cada vez más personas en occidente lo que hay es decadencia y toda esta intelectualidad arrogante y tecnócrata de pijoprogres ha tenido culpa de ello, ya que como dijo Ayn Rand hace ya bastante tiempo “Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá, afirmar sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada.”

    Por fortuna ninguno de estos “intelectuales” entiende lo que pasa, pero está claro que la sociedades quieren servidumbre y nada mejor que el conservadurismo para proporcionárselo, más aún si enfrente tienen a un progresismo cada vez más radical que intentan poner la vida de las personas patas arriba con sus gilipolleces ideológicas e irracionales, así que si la derecha juega bien sus cartas y entiende el momento histórico actual, podrá propiciar grandes cambios en el sentido correcto, que algunos sobre todo en la izquierda verán como algo regresivo, pero si algo no funciona lo inteligente y sensato es dar marcha atrás, justamente los Estados clientelares del bienestar han sido un nefasto error y en nuestro caso para colmo autonómico.

    • “Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá, afirmar sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada.”
      Por desgracia, se cumplen todos los supuestos para entrar el bucle del retroceso, Libertad Canaria

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