En los últimos años de su vida el gran pensador humanista Erasmo de Rotterdam se vió presionado tanto por luteranos como por católicos a cuenta de su particular visión heterodoxa del cristianismo. Su encendida defensa de la llamada Devotio moderna, que buscaba recuperar las esencias del primitivo cristianismo frente a la vana erudición escolástica y las supersticiones paganas a las que había sucumbido la iglesia romana, chocó frontalmente con la intransigencia tanto de reformados, que le exigían dar un paso al frente y convertirse a la nueva doctrina, como de los católicos que no entendían el sentido de sus críticas al luteranismo, si éstas no iban acompañadas de una adhesión inquebrantable a los postulados de la única iglesia verdadera: la católica. Ni católicos, ni protestantes entendían que en la obra de Erasmo lo que en realidad subyacía era una encendida defensa y elogio del humanismo, tan magníficamente expresado en la célebre Oratio de hominis dignitate.

Lo que Erasmo desaprobaba en último término tanto en luteranos como en católicos era su profundo antihumanismo, su exagerado recelo hacia el ser humano y sus potencialidades, en cuanto ser creado a imagen y semejanza del creador. Para los católicos el ser humano, sin la mediación de la Iglesia, era una criatura incapaz de relacionarse con el creador. Para los Luteranos, muy influidos por el pesimismo antropológico de San Agustín, el ser humano estaba irremediablemente encaminado hacia el mal, como consecuencia del denominado pecado original.

En el siglo XX los humanismos defendidos por autores como Heidegger, Sartre, Primo-Levi o Ricoeur se vieron fuertemente contestados por las tendencias estructuralistas que declararon el fin del hombre y su subsunción en estructuras que lo determinaban y lo condicionaban sin remedio. En pleno siglo XXI, una centuria que va camino de ser un tercer renacimiento del antihumanismo, la hegemonía de la que gozan los discursos feministas, ecocatastrofistas y animalistas amenazan de nuevo el ideal en la confianza en la humanidad como generadora de nuevas posibilidades de hacer del mundo un lugar más habitable.

En los discursos antihumanistas, los de ayer y los de hoy, el ser humano es presentado con contornos cada vez más sombríos. Parece como si la selección natural, azarosa como la presentó Charles Darwin, hubiera errado gravemente al hacer aparecer sobre la faz de la tierra al depredador más temible y destructor de todos: el homo sapiens sapiens

En los discursos antihumanistas, los de ayer y los de hoy, el ser humano es presentado con contornos cada vez más sombríos. Parece como si la selección natural, azarosa como la presentó Charles Darwin, hubiera errado gravemente al hacer aparecer sobre la faz de la tierra al depredador más temible y destructor de todos: el homo sapiens sapiens. 315.000 años en la faz de la tierra, según las últimas evidencias arqueológicas, que han traído como consecuencia, o eso al menos es lo que afirman los neomilenaristas posmodernos, que el planeta se encuentre al borde de la extinción.

Frente al alarmismo generalizado hoy en día, hábilmente instrumentalizado por instancias de poder globalista, caben dos posiciones antitéticas. Una es el llamado negacionismo, que atribuye todo este alarmismo al relato malintencionado de una serie de poder fácticos interesados en realizar cambios culturales de amplio calado en el planeta. Otro es sucumbir a esta nueva religión neomilenarista que exige hasta sacrificios humanos para aplacar la ira de la diosa Gaia, supuestamente enfadada por los desmandes del ser humano con la biosfera y el clima. Ahora, como ocurría en los tiempos de Erasmo, a los pensadores heterodoxos se les exige una toma de partido inequívoca en favor o en contra de “alguna de las dos iglesias en conflicto”. La del negacionismo más burdo, que cuestiona que las acciones humanas hayan tenido un impacto evidente en el planeta y la del antihumanismo de sesgo posmoderno que presenta su versión posmoderna de las famosas 95 tesis luteranas, en forma de telediarios, sermones apocalípticos y observatorios climáticos, que nos advierten sobre el colapso inminente si no nos convertimos a la iglesia verdadera de los adoradores newage del cambio climático de origen exclusivamente humano.

En este artículo no me voy a centrar en analizar las evidencias científicas en favor y en contra de un cambio climático vinculado a los efectos de las llamadas II y III revoluciones industriales. En esta misma publicación Luis I Gómez Fernández, mucho más versado que yo en cuestiones científicas, tiene una amplia selección de artículos bastante críticos con ese supuesto consenso científico al respecto. Incluso desde el punto de vista de la filosofía de la ciencia, cabría objetar que ninguna proposición puede pasar por científica si niega, de antemano, la propia posibilidad de su refutación. Precisamente ese hostigamiento creciente que sufren los escépticos con respecto al problema climático es lo que más suspicacias debería hacer surgir con respecto a ciertos discursos que poco o nada tienen de científicos, si tienen que recurrir al silenciamiento o al hostigamiento de visiones críticas.

Otro asunto enteramente distinto del que si me quiero ocupar aquí es del renacimiento del milenarismo de corte medieval, fenómeno estudiado por el historiador inglés Norman Cohn en su célebre obra En pos del milenio. En esta obra Cohn, que estaba convencido de que los totalitarismos del siglo XX no eran sino reformulaciones del milenarismo medieval, analiza las condiciones sociológicas que favorecen el desarrollo de ideas sobre el fin del mundo que logran trasmitirse con relativa facilidad hasta el punto de convertirse en un resorte para la movilización de las masas.

Cohn constata en su obra que el milenarismo surge precisamente entre ciertos sectores de la población al margen del sistema, que buscan alcanzar notoriedad a través de la difusión de ideas de corte apocalíptico. Intelectuales desahuciados por el sistema, que ya no encuentran acomodo debido al cambio de paradigma sociopolítico, antiguos clérigos venidos a menos, eremitas que creen haber sido sujetos de alguna revelación fuera de lo común o simplemente oportunistas que son capaces de presentar un mensaje de esperanza en tiempos convulsos y de desconfianza en los resortes del propio sistema para hacer frente a una gran variedad de riesgos existenciales. Justamente eso es lo que se observa en estos tiempos posmodernos, no tan alejados de la incertidumbre del bajo medievo como pudiéramos pensar. Intelectuales criados bajo los pechos del marxismo leninismo, que ante la incapacidad de derrotar al enemigo capitalista triunfador en 1989, en lo teórico y en lo práctico, se refugian en la prédica del fin del mundo como forma de ganar un batalla ideológica que ya daban por perdida. Casos como los de Zizek o Chomsky casan perfectamente con esta caracterización. Por otro lado, no es difícil encontrar paralelismos entre Greta Thunberg y heroínas místicas de la Edad Media como Juan de Arco o Margarita Porete.

En todos estos discursos apocalípticos subyace claramente una minusvaloración de lo cultural frente a lo natural. Prescindiendo de los orígenes remotos de esa tendencia, que podría rastrearse en las obras de ciertos sofistas de la antigua Grecia, la tendencia actual claramente bebe de ciertos descubrimientos en el campo de la genética, la etología o la primatología que tienden a difuminar cada vez más lo humano y lo animal. Al establecer una mera diferencia cuantitativa que no cualitativa entre lo animal y lo humano, dichos autores llegan a la conclusión de minusvalorar lo cultural como forma superior de evolución de lo humano.

Jacques Ruffiè publicó un controvertido ensayo en 1976, De la biología a la cultura, donde establecía una serie de semejanzas y diferencias entre la evolución natural y la evolución cultural, destacando la inmensa ventaja evolutiva que suponía la evolución cultural, dominada por la idea de finalidad, frente a la ciega evolución natural dominada por la idea de azar y el por el enorme coste en tiempo y recursos biológicos que esta lleva aparejada. Aunque las tesis de Ruffiè han sido matizadas y superadas en algunos aspectos, hay un hecho innegable, la cultura humana es la responsable de los innegables logros de la especie humana. Entre ellos, el de poder afrontar los desafíos y retos que se le presentan sin tener que depender de las escasas invarianzas de un código genético determinado, como les ocurre a otras especies biológicas.

Paradójicamente, Ruffié, el gran valedor de la idea de evolución cultural como garantía de la superioridad de lo humano, ya advertía, haciendo una cierta analogía muy forzada entre biología y cultura, de los riesgos de que se nuevo “órgano cultural” se hipertrofiara, creciendo tanto hasta el punto de no ser funcional. Lo que los biólogos llaman una hipertelia. Precisamente en este punto es donde creo radica la postura más comedida y responsable en relación con el llamado cambio climático. Ni sucumbir al milenarismo, ni desconocer los riesgos de ignorar el poder destructor del ser humano con respecto a sí mismo y su entorno, pero siendo conscientes de las enormes posibilidades que nuestro mayor desarrollo como especie nos ofrece para afrontar desafíos climáticos. Un cierto “erasmismo ecológico” no nos vendría por lo tanto nada mal, en estos tiempos tan convulsos de antihumanismo creciente.

Imagen: Geralt


Por favor, lee esto

Disidentia es un medio totalmente orientado al público, un espacio de libertad de opinión, análisis y debate donde los dogmas no existen, tampoco las imposiciones políticamente correctas. Garantizar esta libertad de pensamiento depende de ti, querido lector. Sólo tú, mediante el pequeño mecenazgo, puedes salvaguardar esa libertad para que en el panorama informativo existan medios nuevos, distintos, disidentes, como Disidentia, que abran el debate y promuevan una agenda de verdadero interés público. 

Apoya a Disidentia, haz clic aquí

17 COMENTARIOS

  1. “Ni sucumbir al milenarismo, ni desconocer los riesgos de ignorar el poder destructor del ser humano con respecto a sí mismo y su entorno, pero siendo conscientes de las enormes posibilidades que nuestro mayor desarrollo como especie nos ofrece para afrontar desafíos climáticos”

    Pues claro, de eso se trata , el ser humano desde que existe se fue adaptando a todo tipo de climas, las especies “humanas” que no se adaptaron al clima, el terreno, al entorno simplemente desaparecieron, el Sapiens continúa en evolución, así que dentro de X años, me da que unos miles, ya irán viendo que ha pasado.

    El Sapiens ese hombre que ha vivido glaciaciones, en cuevas, sin medicinas, sin calefacción, ni aire acondicionado…vamos ni casas decentes donde descansar en un buen colchón…ahí durmiendo en el suelo y con suerte en el abrigo de una cueva ha aguantado temperaturas extremas y después de miles y miles de años con todos sus avatares aquí continuamos. Ahora eso sí llega una Greta y debe ser que estamos aburridos que da la sensación que la inmensa mayoría de la humanidad anda agobiada porque el fin del mundo está a las puertas. En fin.

  2. la idea del “consenso científico” es un ejemplo de proposición nada científica. La analogía que usted plantea entre planeta y comunidad de propietarios es cuando menos sorprendente. Es como si pretendiera usted decirme que presentan la misma complejidad operatoria una operación aritmética simple y unas ecuaciones diofánticas. Si ser cauto y escéptico ante planteamientos milenaristas no le parece una actitud racional y rigurosa, me temo que cualquier respuesta que reciba tampoco le parecerá racional ni rigurosa. Gracias por tomarse la molestía de leer el artículo, Un saludo

    • Buenos días, señor Barrio. Lamento que mi analogía no le sirva pero sin embargo argumente sin empacho que ser cauto y escéptico ante PLANTEAMIENTO MILENARISTAS no me parezca una actitud racional y rigurosa.
      Yo no he dicho tal cosa. Estoy totalmente de acuerdo con la racionalidad y rigor de su proposición. Lo que queda por demostrar es lo que usted da por hecho, que se trate de un planteamiento milenarista. Así visto, cuando se señaló la capacidad cancerígena del asbesto, entiendo que los productores que lo manejaban en sus productos, dudasen interesadamente, incluso aduciesen razones de oscuros intereses y pensamientos milenaristas. Existe consenso científico, lamento que no entienda el término, y quiera jugar al escondite, pero el hecho es que ha quedado demostrado (dentro de un orden de probabilidad, no se engañe) que la exposición prolongada en el sistema respiratorio a partículas de asbesto incrementa el riesgo de sufrir cáncer. Siendo riguroso y racional, usted podrá argumentar sin mentir que no todas las personas en todo momento expuestas a dichas partículas han desarrollado cáncer, y quedarse más ancho que largo. Pero eso lo único que demuestra es su profundo desconocimiento de eso que usted entiende por ciencia (en virtud de su crítica del término consenso científico como nada científico). Yo a eso lo llamo ignorancia, pero cuando procede de alguien tan cultivado como usted, cambio el término y le llamo demagogia.
      Tan milenarista, en su forma de irracionalidad que no en su pretensión de conocer el motivo y el momento del fin del mundo, me parece la actitud del que no sabe entender lo que los modelos climáticos indican y en qué grado de probabilidad, afirmando lo que los científicos no dicen, como el que con igual torpeza de conceptos, niega lo que los científicos señalan.
      Usted, en su artículo, cita a la pluma compañera, de formación científico técnica, para dar por demostrada una proposición que ninguno de los artículos científicos señalados por su compañero afirma. Lo único que se puede concluir con ello, es que intencionadamente utilizada la certeza científica puede ser un arma ideológica. Por favor, además de señalarlo, no la utilicen. Si quieren y respetan el criterio y el método científico, vayan a las publicaciones, como las que su compañero científico, cita, y comprueben que lo que ustedes señalan de falta de acuerdo entre especialistas dista enormemente del falso escepticismo que ustedes promueven para sencillamente defender un sistema económico, soportado por un ideario que no tiene nada de científico, ni tiene por qué, pero que parece ser lícito defender con acercamientos historicistas y de semejanzas (curioso que en este tipo de analogías, la complejidad no le preocupe lo más mínimo) más que discutibles. Por poner ejemplos, a mi todo esto me recuerda un poco a eso de la contra reforma, por aquello de defenderse de lo que se considera herético atacando y negando cualquier virtud que el que se considera enemigo pudiera ser razonablemente contemplada.
      Un saludo

  3. Pensamiento Alicia,…, ya estamos en el paraíso.

    Otra vez con uno come (2 pollos) y otro mira. De nuevo con los 2 pollos, cuya media es 1 pollo por persona.

    “La humanidad” recordando a la “dama de hierro” respecto a la sociedad, simplemente no existe.
    Cuando los colectivistas se refieren a “la humanidad”, el mejor momento de “la humanidad”, nunca hemos estado mejor, nunca hemos sido tan ricos,…., y bla, bla, bla. Simplemente obvian que no hay un “la humanidad”.

    La humanidad, “los más”, los humanos, no es una forma de orden, un mundo o cosa política; no hay tal cosa. Como el conjunto de ovejas no es la ovejidad,…, conjuntos de orden que simplemente no existen.
    Los platónicos y sus conceptos del “bípedo implume”.

    La historia de lo humano tiene cientos de millones de muertos, castrados, esclavizados, aniquilados cuya traza genética ha sido fulminada del mundo de los vivos. Eran humanos pero parece ser no cuentan para “la humanidad”. Como humanos eran también los neandertal (del cual tenemos sobre un 3%); el cual parece ha sido exterminado/extinto en parte por otra “la humanidad”; curiosamente en el peñón (Tratado de Utrecht) está el “milenarismo”. Por otra parte muchos de “la humanidad” han nacido de violaciones…

    ,…., “evidentemente” eso era en la “edad de en medio” (Edad Media) antes de la “era de la luz” (el autobombo ilustrado-liberal),…, pero la historia de “la humanidad” no se ha parado. El final del mundo llega día tras día, no a “la humanidad” sino al individuo.

    Por ejemplo, la guerra contra el “terrorismo” tiene cientos de miles de muertos a sus espaldas, a estos les ha llegado sin duda alguna el final del mundo. Por otra parte “un mundo” es entre otras cosas una forma de orden. El fin del mundo es como el cambio climático algo usual.

    Lo del eremita (vida solitaria y ascética) como profeta del apocalipsis resulta ciertamente hilarante.
    Más aun teniendo en cuenta que los profetas del apocalipsis actuales usan los resortes del estado liberal (el poder) para expandir sus ideologías; en pro de sus intereses.

    Se debe recordar, el daño de las ideologías no lo sufre quien las propaga, sino quien realmente cree en ellas.
    Al final “Lazarum” será culpable de todo,…, incluso metido en la cueva.

    • “El final del mundo llega día tras día, no a “la humanidad” sino al individuo.”

      Pues sí y el homo sapiens fijo evolucionará hacia otra especie, serán los fuertes quienes sobrevivan como ha sido desde que existe vida en la tierra. Si el Neandertal ha desaparecido simplemente es porque no fue capaz de adaptarse a los nuevos avatares del planeta tierra, surgió otra especie más evolucionada y con mayor capacidad de adaptación

      • Antes de leer su comentario, leía que una mujer y su hijo han muerto de hambre en Corea del Sur después de escapar de Corea del Norte,…,

        Su visión del mundo es muy darwinista; y en mi opinión errónea.
        Errónea aplicada al mundo natural; pero especialmente al humano, un ser realmente histórico.

        La biocenosis del mundo natural solo es una parte del cuento, la gran mayoría del sistema es equilibrio.
        No hay “selección”, hay equilibrio. Como corresponde por otra parte a todos los sistemas; tienden a un equilibrio dinámico temporal en su camino al caos (entropía 2ª ley de la termodinámica).

        Un ejemplo de tal equilibrio es la participación de los retrovirus endógenos en la expresión de los genes en la placenta. Un virus es algo inanimado, una “piedra”, solo opera cuando hay algo “otro”. No compite, no come, no vive, no muere,…, simplemente se disuelve en el caos (desintegra), o, una maquinaria viva lo multiplica (lo llaman infecta). Es simplemente probabilidad; no hay objetivo, no hay avance.

        El darwinismo no del teólogo Darwin, como el marxismo no es de Marx, responde principalmente a motivos políticos de la época.

        “….Es ésta la doctrina de Malthus aplicada al conjunto de los reinos animal y vegetal. Como de cada especie nacen muchos más individuos de los que pueden sobrevivir, y como, en consecuencia, hay una lucha por la vida, que se repite frecuentemente, se sigue que todo ser, si varía, por débilmente que sea, de algún modo provechoso para él bajo las complejas y a veces variables condiciones de la vida, tendrá mayor probabilidad de sobrevivir y de ser así naturalmente seleccionado. Según el poderoso principio de la herencia, toda variedad seleccionada tenderá a propagar su nueva y modificada forma.” El origen de las especies.

        “No creo, como luego veremos, que toda la diferencia que existe entre las diversas castas de perros se haya producido en domesticidad; creo que una pequeña parte de la diferencia es debida a haber descendido de especies distintas.” El origen de las especies.

        El neanderthal (“homo-europeo”), estaba fuera de época, las glaciaciones acabaron y otro humano más liviano (“sapiens”) y prolífico fue el remate. Todo el armamento corporal (un “tanque”) fue una limitación para la nueva época.

        El neanderthal “vive” en los europeos. Al neanderthal lo salvo no sé si el amor, pero al menos el sexo.

        • El equilibrio no se entiende sin el caos y éste no se entiende sin aquel. En épocas de caos el ser humano se reinventa hasta la extenuación, cierto muchos mueren por el camino, en épocas de equilibrio nos apalancamos, nos volvemos acomodaticios, algo hasta normal, tenemos lo necesario para vivir y para disfrutar, cuando ese sustento escasea, o cuando llegan verdaderas adversidades y el caos se apodera de nuestras vidas y de los lugares donde estamos asentados luchamos por sobrevivir, de ese caos surgen nuevas iniciativas, ideas e incluso formas de vida, poco a poco nos dirigimos a un nuevo equilibrio y así el mundo va girando. Es una rueda.

          Leía antes un artículo donde se habla de como los Mayas y sus cultivos contribuyeron al cambio climático de aquella época (manda narices producían metano a espuertas ay….je , fijo que nos enviaron a Greta reencarnada para avisarnos del abismo :))

          No sé si el hombre es histórico, eso me recuerda demasiado al materialismo histórico, pero si entendemos al hombre histórico como un ser que se va desarrollando a la vez que va configurando su propio mundo pues si estoy de acuerdo. Aunque soy más de considerar al hombre como un ser social y cultural.

          Si considero que el hombre evoluciona tanto físicamente como mentalmente, en su evolución física puede influir el clima, la alimentación, la forma de vida y otras vicisitudes e incluso en la mental influye todo esto. No sé si eso es darwiniano, puede e incluso que esté equivocada, también.

          Saludos

  4. Buenos días, señor Barrio.

    El escepticismo científico define su método, hoy en día y desde que fue formulado. Volver a insistir en que los científicos no lo profesan, es algo que debe usted justificar adecuadamente. No lo hace pero se permite jugar con apariencias y semejanzas para defender la inexistencia de tal virtud entre aquellos científicos que sostienen, tras el análisis de datos conocidos y compartidos con modelos estandarizados y admitidos en sus respectivos campos de investigación, tras la acumulación y depuración, mediante refutación y revisión por pares, en publicaciones rigurosas de millares de estudios, que la probabilidad de que la actividad productiva humana de los últimos doscientos años este produciendo una perturbación climática en el ecosistema terrestre que nuestros actuales sistemas tecnológicos no sean capaces de contrarrestar y que por tanto puedan producir un importante deterioro del bien estar alcanzado por la especie humana, es alta y aconsejan que se tenga seriamente en cuenta en la planificación económico productiva actual.

    No me parece que tenga nada que ver con ningún tipo de ausencia de humanismo ni de capacidad crítico científica.
    La Verdad, será la que sea, y los científicos no la persiguen como tal. Para eso están los filósofos. Su sistema de análisis de la realidad, se sostiene sobre la probabilidad y la verificación de hipótesis mediante experimentos o sistemas lógicos. En algunos casos, es necesario tomar decisiones sin conocer más que el cálculo de probabilidades, computando el margen de error admisible y ponderando los recursos que pudieran mediar.

    Si una finca inmueble, con doscientos años de antigüedad, de un único propietario que vive de las rentas del alquiler de las viviendas y locales de la finca, se ve que aparecen humedades en los bajos, precisamente en los locales que más renta dan al propietario, y llegan 10 técnicos con experiencia y 9 de ellos le indican que es probable que por el tipo de manchas, olores y localización de las humedades, la finca tenga un problema grave en su saneamiento oculto, pero 1 de ellos, sin embargo, con la misma experiencia y profesionalidad, sin ningún interés que medie en su juicio, advierte de que no tienen porqué ser problemas del saneamiento, que podrían ser humedades del terreno por la variabilidad que en éste se da, como ha venido ocurriendo en todos los años de vida de la finca, y que por tanto, no puede asegurar con los datos que tiene la procedencia al cien por cien de las humedades.
    Pues, en esta situación, la propiedad,mirando únicamente por su interés, podrá agarrarse a este criterio válido y perfectamente técnico para no hacer nada. Para no desalojar los bajos (locales de mayor renta) y comenzar unas obras que por su entidad son costosas.
    El resto de inquilinos, se asesoran y descubren que las filtraciones del saneamiento por rotura de un elemento oculto son susceptibles de producir un lavado de la cimentación del edificio y con ello un posible quebranto de su estabilidad que podría redundar en colapso de una parte del edificio y producir daños personales y/o materiales en las viviendas que ellos habitan.
    Los técnicos, unos y otro, no obligarán a la propiedad a tomar una u otra decisión y seguirán hablando de probabilidades (salvo si alguno de ellos reside en la finca, claro está).
    Ninguno hablará de lo que pasará, hablarán de lo que podría pasar y si les pregunta usted un poco más, solicitando que tengan que asumir la responsabilidad técnica de firmar que aquello es perfectamente estable y no va a colapsar, y que en caso de que colapse responderán ellos con su seguro de responsabilidad civil, y en caso de que así se convenga, tras dirimirse el caso en un tribunal, incluso respondan penalmente. Comprobará, probablemente, que de los 10, ninguno querrá asumir tal responsabilidad.
    Por otro lado, la administración urbanística, si es informada, decretará la intervención y exigirá a la propiedad que repare las humedades garantizando que el saneamiento está reparado o no hace falta repararlo porque no es el origen de las mismas, dados los indicios fundados en los informes técnicos. Lo exigirá y el peso económico de las obras derivadas para ello recaerá únicamente en la propiedad única de la finca. Quizá exista algún tipo de subvención a la que pueda subscribirse la tal propiedad, pagada con el dinero público.
    Los inquilinos, una vez informados, probablemente, si la propiedad no actúa, denuncien con legítimo derecho los hechos a la administración.
    La propiedad, podrá recurrir aludiendo que no se puede asegurar con los datos que se tienen, como indica el informe de aquel técnico, que las humedades no sean producidas por otras causas menos lesivas y que ya se han venido produciendo en los doscientos años de vida de la finca, sin mayor deterioro que el desprendimiento de algunas partes del revestimiento que ya han sido convenientemente reparadas con morteros de última generación.

    En este hipotético caso, señor Barrio, ¿qué posición tomaría usted?
    ¿Negaría la capacidad de algunos técnicos? ¿Diría que mienten?
    ¿Estaría dispuesto a admitir la intervención urbanística?
    ¿Considera que las razones que aduce la propiedad son legítimas y no deben ser contrastadas con otras razones de orden jurídico y responsabilidad previa?

    Un saludo

    • No se olvide usted amigo cucurruqui de mencionar a los otros científicos que afirman que la actividad humana no tiene nada que ver con el aumento de temperatura, que dicho aumento tiene que ver con los ciclos solares, que la influencia de la actividad humana no puede ser determinante para un aumento xe temperaturas etc. E incluso hay alguno, hereje redomado que sostiene que no hay nada malo en una subida de temperaturas, ¡todo lo contrario!

      • No, señor Brigante, no me olvido. Ya he intentado explicar que citarlos es cogérsela con papel de fumar, por eso mi ejemplo con la finca. La ciencia no sirve para conocer la Verdad. Pero para acercarse a lo que somos capaces de entender racionalmente, es muy útil.
        Para mi, lo racional, cuando una gran mayoría de especialistas científicos señalan un aspecto que consideran necesario tener en cuenta, pues, sin volverme loco y reafirmar mi gran voluntad individual y capacidad de ejercer mi libertad, porque no están siendo atacadas, sencillamente contemplo la posibilidad de atenderlo.
        Un saludo

    • Estimado Cucurruqui,
      Leí esta mañana el artículo pudiendo comprobar en su comentario posterior que el afán por llevar la contraria le hace a usted un disidente anclado a sus prejuicios. También que no tiene ningún problema en partir de premisas falsas para defender cualquier cosa que usted considere verdad. Le pasa a usted casi lo mismo que a los jueces del Supremo, que antes de emitir su sentencia a partir de la presunción de inocencia justifican la previa culpabilidad por medio de la sentencia. Incluso con los muertos.
      Tras leer su comentario me vino enseguida a la memoria una anécdota que me ocurrió hace unos años.

      Ya sabe usted que yo sé de casi todo, excepto de lo que no sé, que es casi todo.

      Contándose entre mis múltiples capacidades y habilidades la de construir un edificio con mis manos desde los cimientos hasta al tejado, también la de diseñar y fabricar todos los enseres y objetos que puede haber en su interior, tengo que decirle que lo que usted dice es falso o al menos no tiene ninguna validez científica o técnica, y eso hablando de un edificio. Paso a demostrarle su presunción de culpabilidad y justificación posterior.

      Acababa de descorchar una botella de vino en un restaurante en el que comía habitualmente cuando escuché un llanto en la mesa vecina. La mesa la ocupaban varias chicas a las que conocía del lugar.
      Como el llanto seguía dejé el vino mientras esperaba el primer plato y me dirigí a su mesa para enterarme que sucedía.

      Allí supe que una de ellas había comprado un piso en un edificio en rehabilitación y habiendo sido estos entregados a sus nuevos propietarios el suyo tenía algún problema que impedía su entrega.
      Según me contó, una viga en mal estado descubierta tras finalizar la reforma frenaba a la empresa constructora la entrega de llaves.
      Dejé el vino y le propuse echar un vistazo por si acaso podía ayudar en algo.
      Al llegar al portal comprobé que el edificio estaba terminado y que unos operarios remataban algunos detalles del portal.
      Hablé con el encargado al que ella conocía y me mostró el piso.
      Al primer vistazo evalúe el problema y la solución.
      Durante la guerra civil española muchos edificios de Madrid habían sido bombardeados quedando dañados en parte o en su totalidad. Tras la guerra se restauraron y construyeron los edificios con materiales de desecho supliendo la falta de materiales nuevos por la habilidad de magníficos albañiles y carpinteros que aún conocían las artes del oficio.
      El problema que observé no era la viga podrida en la que se sustentaba la fuerza del tejado, sino la de saber cómo operaban las fuerzas en aquella filigrana de cerchas que constituían el tejado.
      En ese momento me di cuenta que el problema real no era la viga podrida, sino el desconocimiento espacial por parte de arquitectos e ingenieros.
      Según su método técnico la única manera de solucionar el problema era desmontar el tejado completo, sustituir la viga podrida y volver a construirlo, algo que les haría perder dinero, y debía ser el motivo por el que daban largas mientras encontraban una solución que no les hiciera perder una gran cantidad de dinero.

      Me dirigí al encargado, le pedí una escalera, un formón, un martillo y un puntal,
      Me situé debajo del tejado observé todas las fuerzas, busqué un punto que pudiera levantar el tejado en perfecta verticalidad sin harcerlo caer como un castillo de naipes. Yo estaba debajo.
      Situé el puntal, levanté el tejado, me subí a la escalera, sustituí la viga podrida por la nueva que dormía el sueño de los justos, bajé de la escalera, y en ese momento entran en la habitación dos arquitectos y un ingeniero gritando, ¿está loco, que hace?

      Terminé de bajar la escalera, quité el puntal haciendo descansar el tejado sobre la viga sana y les contesté, solucionando lo que vosotros no sabéis solucionar, ya está arreglado vuestro problema.
      La cara de alivio que observé en ellos al comprobar cómo se había solucionado un problema de muchos miles de euros y diversos problemas legales no les curó de soberbia.

      La empresa constructora contaba con múltiples arquitectos e ingenieros que no habían encontrado la solución más simple al problema, saber dónde colocar un puntal. Para eso no sirven los ordenadores de calculo ni la teoría de la facultad.
      Habían hecho sufrir por desconocimiento a una persona, ellos mismos habían sufrido la presión de sus jefes, habían hecho cálculos y consultas infructuosos y por último habían desconfiado de la persona que les solucionó el problema en el tiempo que no le dio tiempo al primer plato a enfriarse.
      No se fie tanto de la técnica y la ciencia, un simple albañil madrileño de la posguerra consiguió hacer un tejado cuyas fuerzas era inescrutable para arquitectos e ingenieros, ahora imagínese el mundo.

      • Eso de cambiar la viga carcomida que sustenta el tejado sin desmontar el tejado yo lo vi hacer a mis propios padres de una manera muy similar a la que usted describe en un viejo caserón.

        • Es algo normal cuando se conoce dónde se encuentran las cargas y fuerzas.
          El caso que cito era una maraña de pequeñas vigas las que constituían la estructura de la cubierta. Mover un centímetro de la estructura hacia el lugar incorrecto hubiera supuesto el hundimiento del tejado.
          Ese era el temor de los arquitectos e ingenieros. Un error y ciento de miles de euros perdidos o incluso alguna vida.

      • Buenos días, señor Killer. No dudo de sus espectaculares capacidades y me alegra saber que me escribo con una persona que a tanto alcanza. Por lo demás, en una cubierta tradicional de Madrid que, créame, las conozco, no es necesario levantar nada. Para cambiar una carrera, basta apuntalar los pares o par que sobre ella apoyan. En este campo, lamentablemente para su heroico relato, me las he visto unas cuantas veces con femeninas y masculinas y desesperadas presencias.
        Pero si usted considera útil su comentario, yo también. El caso es que el susodicho elemento estructural de madera estaba dañado. Le puedo asegurar que eso no significa que toda la estructura fuese a colapsar, como no lo había venido haciendo. Sencillamente sufría pudrición y ataques de agentes xilófagos.
        Si después de descubierto el elemento, los ineptos técnicos y constructores, lo hubiesen vuelto a tapar (es muy común) aduciendo que como todavía no había colapsado la estructura de cubierta y no se podía asegurar con total fiabilidad en que momento pudiera producirse tal hecho, si es que alguna vez en la vida útil del edificio fuese tal hecho a concurrir. ¿Creé usted que habrían hecho bien, independientemente de las medidas que supieran implementar para ello y sus cálculos presupuestarios?
        Un saludo

    • Cucurruqui ¿Usted cree que cualquier científico de los que afirman con rotundidad el cambio climático estaría dispuesto a hacer una predicción en un tiempo determinado sabiendo que si no se cumple le costará la vida?

      Pues esa es la toda la certeza que puede tener al respecto.

      • Perdóneme, señor Killer, pero eso es una idiotez. Por la misma razón, ¿existe alguna persona que se juegue la vida por mantener una posición más que razonable?.
        Así es como se enjuiciaba los casos de brujería (herejía).
        No prueba racionalmente nada, señor Killer.
        Un saludo

    • Madre del amor hermoso hoy cucurruqui se ha superado con el ejemplo que ha puesto.
      La leche ¿no había otro más rebuscado?.

      Sorprendente es poco

Comments are closed.