En poco más de una semana, la opinión pública, que es el soporte de cualquier democracia moderna, ha descubierto no sin grave escándalo, que la llamada “politización de la Justicia” no era solamente un rumor (casi, un clamor) evidenciado con centenares de ejemplos, sino algo que ocupaba de manera sustancial los tejemanejes de los políticos, y cuyos resultados y alteraciones medían con precisión de miniaturista.

La publicación de un WhatsApp del portavoz del PP en el Senado, Ignacio Cosidó, ha puesto al descubierto la diferencia entre lo que los políticos dicen sobre la Justicia y lo que hacen con ella cuando creen que nadie los escucha. Teniendo en cuenta que Cosidó ha sido, al menos oficialmente, director general de la Policía, su descuido es comparable al de un director general de la guardia civil que no acertase a distinguir a un picoleto entre la multitud por creer que siempre usan uniforme blanco. En medio de tamaño quilombo, la renuncia de un prestigioso magistrado a atenerse a los minuciosos planes que habían apañado los padrastros de la patria, ha supuesto un cierto respiro, un gesto inhabitualmente digno en una atmósfera de mezquindad tan absurdamente disimulada.

El texto del famoso WhatsApp es todo un tratado de cinismo político, pero, a mi entender, alcanza su momento de esplendor en las últimas líneas, cuando el autor, tras presumir de haber engañado con astucia al perverso enemigo, se rasga las vestiduras por la inocencia y el descuido culpable de unos cuantos idealistas de su cuadrilla que, al parecer, han insinuado mansamente objeciones al apaño. Reléase el pasaje: “Otra consideración importante, es que éste reparto 50% para los próximos años, supone más de lo que nos correspondería por el número de escaños o si hubiesen entrado otras fuerzas políticas. En fin, un resultado esperanzador. Lo que leo estos días es de una ignorancia que raya el delito”. Y remata el relato victorioso advirtiendo que podría dar más detalles si alguien los demanda, seguro del éxito alcanzado.

¿Por qué razón los negociadores del PP se sienten tan ufanos de controlar “desde atrás” la sala penal y no, por ejemplo, la de lo mercantil o lo civil?

Al autor del malhadado texto, del que Cosidó solo se considera repetidor, le parece “de una ignorancia que raya el delito”, que se pueda poner en duda el fondo del asunto. Ahora bien, ¿cuál es ese fondo? Y, algo más, ¿por qué razón los negociadores del PP se sienten tan ufanos de controlar “desde atrás” la sala penal y no, por ejemplo, la de lo mercantil o lo civil?

Dicho sea de paso, la mentalidad del autor del texto pone de manifiesto la convicción de que la política es esencialmente un arte de la mentira, sin caer en la cuenta de que para ser mínimamente competente en esa disciplina lo primero que hay que hacer es no reconocerlo jamás. Es esa falta de competencia al manejar al tiempo los secretos de un saber supuestamente arcano y los mecanismos de la opinión lo que ha causado el desastre al que se ha visto llevado el partido de tan insólitos Maquiavelos.

Pero vayamos al fondo político del asunto. Que la Justicia emana del pueblo, es una afirmación tan indiscutible como retórica, pero ha servido para poner a prueba lo esencial, la forma en que se administra por “Jueces y Magistrados integrantes del poder judicial, independientes, inamovibles, responsables y sometidos únicamente al imperio de la ley” tal como establece la CE en su artículo 117. 1. Es evidente que la legitimidad del poder judicial no estaría suficientemente asegurada si se fundase únicamente en los acuerdos de los mismos jueces, lo que supondría un corporativismo al margen de cualquier control, de forma que es razonable que, en la medida en que ese poder de los jueces se articula como un brazo ejecutivo, pues está formado por personas e instancias capaces de dictar sentencias y privar de libertad, su gobierno tiene que estar sometido a alguna especie de control externo, de la misma forma que el poder legislativo está sometido al poder del voto ciudadano en elecciones libres.

La fórmula constitucional respetaba absolutamente lo esencial, la independencia del juez a la hora de dictar sentencia, estableciendo que el órgano de autogobierno de los jueces estaría presidido por el Presidente del Tribunal Supremo y formado por veinte miembros nombrados por el Rey por un periodo de cinco años, de los cuales, doce serían escogidos entre Jueces y Magistrados de todas las categorías judiciales, y ocho entre juristas de reconocido prestigio elegidos por el  Congreso de los Diputados y el Senado.

Una cierta ambigüedad en la redacción del texto constitucional permitió al gobierno socialista de Felipe González modificar la legislación

Una cierta ambigüedad en la redacción del texto constitucional permitió al gobierno socialista de Felipe González modificar la legislación sobre el particular, interpretando que el término “entre” referido a la docena de jueces no implicaba que fuese elegida por los propios jueces, de forma que la totalidad del Consejo pasó a ser elegida por el Parlamento, una modificación legal que el Tribunal Constitucional no consideró contraria a la Constitución, aunque advirtió sobre los riesgos de politización que conllevaría.

Los socialistas han seguido firmes en la defensa de esta fórmula, mientras que el PP ha prometido en más de una ocasión modificarla para evitar los riesgos que, de modo nada profético, advertía el Tribunal Constitucional, pero nunca lo hizo, ni siquiera cuando pudo hacerlo, de manera que la declaración del autor del texto del WhatsApp debe darse por la más correcta en la política efectiva del PP que, efectivamente, ha considerado una ingenuidad casi delictiva que sus electores piensen que podría llegar a renunciar a su generosa cuota de control sobre el gobierno de los jueces que le dota de un instrumento muy persuasivo para que estos sean tan independientes cómo quieran, pero sin olvidar nunca quién es el que manda.

Así las cosas, parece que a Pablo Casado le han querido endosar un acuerdo con el que, decidido como parece y debiera estar a recuperar la confianza de sus electores, ha dicho no estar conforme. Al rechazar finalmente un acuerdo tan obsceno, Casado vuelve a la tradición intencional del PP, nunca llevada a efecto como se ha dicho, para dotar de una mayor independencia al órgano de gobierno de los jueces, y ya veremos si en esta ocasión el PP acaba por ir algo más en serio.

Al controlar sin ningún contrapeso efectivo el órgano de supuesto autogobierno de los jueces, los políticos obtienen un instrumento de presión muy poderoso sobre las carreras y procesos judiciales, de manera que si efectivamente se volviese a una formulación más cercana al espíritu de la Constitución, se aligeraría la carga de intereses y ambiciones personales que pueden doblar la vara de la justicia en beneficio de una carrera personal brillante para cada juez, si ceden, y a veces parecen hacerlo, a la explicable tentación de  la promoción con el apoyo de las fuerzas políticas que pueden determinar su posición y fortuna en una profesión tan singular.

La razón por la que determinados personajes muy poderosos en el PP quieren controlar, muy precisamente, la sala penal no es difícil de imaginar

Ahora mismo, los partidos políticos no solo pueden controlar sin mayor restricción el gobierno de los jueces, sino que pueden dedicarse a intentar carambolas a cuatro bandas con nombramientos y ascensos. Desde “atrás”, sin que se note mucho, como es norma entre poderes que gustan de ocultarse. La razón por la que determinados personajes muy poderosos en el PP quieren controlar, muy precisamente, la sala penal no es difícil de imaginar a la vista del rosario de causas pendientes que afectan al partido y a su ex presidente, cuya salida a trompicones de Moncloa es imposible no relacionar con la reciente sentencia sobre el caso Gürtel, en la que dicho sea de paso, se deslizaba una morcilla jurídica bastante discutible pero inequívocamente dirigida a las posaderas de Rajoy, digamos como una especie de aviso de lo que se le puede venir encima, si no está listo.

Si se recuerdan algunos escándalos recientes del Supremo, y se considera la importancia decisiva de algunos procesos pendientes, hay que alegrarse de que todavía queden jueces capaces de defender la dignidad e independencia de su función en un clima político tan proclive al control absoluto de sus actos. Es de esperar que los demás jueces sepan emularse con un ejemplo tan elocuente, y que los ciudadanos seamos capaces de decir a los políticos que no queremos que puedan seguir poniendo sus manazas, ni desde atrás ni por delante, sobre la delicada balanza de la Justicia.

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10 COMENTARIOS

  1. “Es de esperar que los demás jueces sepan emularse con un ejemplo tan elocuente, y que los ciudadanos seamos capaces de decir a los políticos que no queremos que puedan seguir poniendo sus manazas, ni desde atrás ni por delante, sobre la delicada balanza de la Justicia”

    Pues sí, Quirós, sería lo deseable, sin embargo la dimisión del juez Marchena, en las circunstancias que se produce y que todos conocemos, no me parece tan meritoria ni mucho menos “digna de elogio” como se apresuró a calificar nuestro flamante presidente Sánchez, más entregado a su periplo turístico que a los quehaceres y marrones cotidianos del gobierno. En la política como en la Justicia tan importante es ser honrado como parecerlo.
    Y aunque haya más razones para pensar que se es honrado o que en su conjunto los jueces del poder judicial actúan de manera independiente, si no lo parecen o no se esfuerzan lo suficiente por parecerlo, poco importa que lo sean o que actuen con total imparcialidad, porque si ya no se molestan en guardar las formas, qué credibilidad .
    Quiero decir que, para la credibilidad de la Justicia ha sido más letal esa apariencia de politización, parcialidad y dependencia del ejecutivo, confirmada en esos wasaps que toda la buena labor que puedan estar desarrollando sus jueces en este y otros ámbitos de forma independiente. La dimisión de Marchena, más que meritoria, no puede ser más forzada y obligada. Cualquier persona en su lugar con un mínimo de dignidad hubiera renunciado a ese puesto.

    Si la renuncia se hubiera producido en el momento en el que se filtró a la prensa su nombre, sin que los vocales hubiera votado todavía y dejando al descubierto las miserias y las zarpas de los políticos de turno para elegir, repartirse y controlar a los magistrados del Supremo, quizás la decisión de Marchena podría ser apreciada en los términos que indica en su artículo, pero resulta indigno, humillante e impensable que un juez designado en esos términos tuviera las tragaderas de aceptar ese nombramiento y seguir adelante como si nada.

    “Es evidente que la legitimidad del poder judicial no estaría suficientemente asegurada si se fundase únicamente en los acuerdos de los mismos jueces, lo que supondría un corporativismo al margen de cualquier control”
    Ya. Y ahora, ¿con esa interpretación subjetiva y elástica del texto constitucional sobre la elección de los magistrados del Supremo, la legitimidad del poder judicial está asegurada o es fuente de politización e inseguridad jurídica? porque a ver si va a resultar que el poder ejecutivo nos ha estado haciendo un favor sin enterarnos, salvaguardándonos del corporativismo de los jueces. Bastaría con que se respetase el texto constitucional de origen y las exigencias que reivindicaron las diferentes asociaciones de jueces para garantizar este proceso de elección.
    Además, los que defienden que esa elección para ser legítima y garantista debe correr a cargo de los grupos parlamentarios que en teoría representan a los ciudadanos tiene más peligro que las proclamas sectarias e interesadas de la vicepresidenta del gobierno.

    Si ya es indignante e insultante que los políticos no se priven de meter las zarpas en la Justicia, más indignante e insultante es que pretendan justificar o hacer creer que esa actuación, además de normal, no resta independencia a los jueces, que son profesionales cualificados y preparados, imparciales e independientes que dictan sus sentencias ajenos a los deseos y las conveniencias de los políticos que les nombran. Y si tienen tan alto concepto de esos magistrados respecto a su profesionalidad e imparcialidad para no dejarse contaminar, ¿para qué siguen insistiendo en ejercer ese control? ¿por qué no les dan verdadera autonomía y los consideran mayores de edad para que vuelen solos? ¿por qué son tan cínicos para seguir contaminando la Justicia y ponerla a su servicio de sus intereses?

    Esa hipocresía política y despreciable de defender la independencia del poder judicial al mismo tiempo que se fomenta la dependencia del ejecutivo sin cortar el cordón umbilical, no solo es sospechosa de querer anular la independencia y autonomía de los jueces, es que no dice mucho a favor de la separación real de poderes. Sinceramente, el alcance que pueda tener ese corporativismo de los jueces en comparación con ese mercadeo insultante en el que han convertido esa elección, parece una “amenaza” bastante más tolerable e inofensiva.

    • ¿Queremos independencia judicial de verdad, sin subterfugios ni excusas?
      Es muy triste para los jueces que despues de superar una dura oposición para ejercer sus fuciones con independencia e imparcialidad, su carrera, sus ascensos y sus nombramientos estén a merced de los políticos de turno de un ejecutivo que elige, asciende y controla a su antojo, sin ningún escrúpulo. pero ¿Cómo evitar que los jueces puedan servir a los intereses del ejectutivo comprometiendo su independencia e imparcialidad?
      Si no obtienen recompensas por ello ni condiciona su estatus, sus ascensos y sus funciones como jueces. Por ello, no pueden militar ni tener carnet de ningún partido. Se me dirá que pese a ello, no pueden ser neutrales y que tienen sus creencias, sus valores y su ideología. Se me dirá que la elección de los miembros del Poder Judicial y su presidente, bien sea a través del ejectutivo o de los mismos jueces que corporativamente pueden inclinarse más hacia una determinada ideología. Y las dos cosas son ciertas. Sin embargo, partiendo de que los requisitos objetivos exigibles para que puedan aspirar a ser vocales o a presidir el Consejo, son los mismos y están igual de capacitados para desempeñar esos cargos, ¿por qué de entre el conjunto de aspirantes que cumplen con esos requisitos exigibles la elección se hace mediante un sorteo? porque no veo otra fórmula más equitativa, limpia y segura que la de dejar en manos del azar la designación y renovació de los miembros del poder judicial.

  2. Extrañas verdades me ha revelado la exégesis del texto, mirado a cierta luz crepuscular. Heme deleitado leyendo y releyendo el articulado de la C78, título VII, artículos 117-127, y sólo he hallado una frase con sentido de la realidad:

    “El procedimiento será predominantemente oral, sobre todo en materia criminal” (Artículo 120, apartado 2).

    Efectivamente, el procedimiento estimulativo es oral, así lo prefieren tanto ellas como ellas, según indicios de las grabaciones de Villarejo. ¿Chanchullos? En absoluto. Cada uno busca “le plaisir de vivre” en la lengua con que sabe atraerlo…y devolverlo. Dejad que esas/os jovencitas/os se acerquen a mí…

    Prosigamos. El resto es literatura, más exactamente, una suerte de distopía invertida, especulativo-asimétrica que, al describir lo normativo, caricaturiza la realidad como hechura suya (la parte derecha es la izquierda, la izquierda es la derecha, como en un espejo… y da igual que estés vestido del derecho o del revés, incluso desnudo y ciego).

    El artículo sobre la Fiscalía General del Estado: que le pregunten al Pollo Pera de Canarias, entre otros altos dignatarios, y al espíritu incorpóreo de José Manuel Maza, que una corriente bonaerense se llevó de entre los vivos hace justo un año y, visto lo visto últimamente, mejor así, cuando hay que ser expeditivo, hay que serlo hasta el final. Parece que la advertencia surtió efecto laxante, o lo contrario, en la magistratura española, ejemplo de valentía para hombres cuyo coraje es indiscutible…

    “El Tribunal Supremo, con jurisdicción en toda España…”

    Claro que sí, menos en Zarzuela, Euskadi profunda, burgos podridos de toda la Hispania prerromana y la serranía catalana del bandolerismo estatal, tan enmoquetada y alfombrada de euros rumbo a las órbitas siderales de cuentas secretas…

    “Los Jueces y Magistrados, así como los Fiscales, mientras se hallen en activo, no podrán desempeñar otros cargos públicos, ni pertenecer a partidos políticos o sindicatos…”

    Por supuesto, en modo alguno se exige militancia ni carné, tan sólo una “examinatio in sermone vulgare” o de viva voz, apuntando al oído de quien puede y debe dar merced, el Gran Baremador, prosaico sustituto del Gran Inquisidor. Porque el mérito mueve el mundo de la gratitud y el éxito de los Garzones se debe a que, como todo el mundo sabe, no dictaron nunca sentencias sin avizorar los futuros millones, por favor, “Querido Emilio”, por quiénes nos han tomado…

    “Es obligado cumplir las sentencias y demás resoluciones firmes de los Jueces y Tribunales, así como prestar la colaboración requerida por éstos en el curso del proceso y en la ejecución de lo resuelto.”

    Fortuna Real, papeles del Cesid, ayudas al desarrollo, ERES, secesiones, privatizaciones…

    “Prestar la colaboración requerida”: depende del apellido, el cargo, la disposición en efectivo (los diez mil millones de pelas en el furgón dando vueltas a Plaza de España… otra vez “Querido Emilio”), la sangre, el nacimiento, la volubilidad emocional, el talante, la campechanía gallega (“A la Infanta Cristina le irá bien…”)… incluso Rajoy podría haber sido un buen “juez”…, en el sentido del “Estado español”, incluso Sánchez podría haber sido un excelente ujier… en el sentido de la Administración de Justicia española.

    “Lodato sia il Giudice supremo dei morti e dei vivi o maledetta la puttana che ha dato alla luce il porco goberno…”

    Porque de ésta sólo un Andreotti que haya mamado la mala leche de una Loba podría salvarnos. ¿O es su espíritu reencarnado el que nos guía? Quizás Iker Jiménez nos lo aclare: un nuevo tipo de tertulia política se hace necesaria para la sociedad española. Dado que los vivos nada pueden ni quieren ni saben, quizás haya que consultar con los muertos para informarse verazmente del porvenir.

    • Pues yo una vez tuve un juicio y me condenaron, pero poco, tan poco que no me lo había tomado ni en serio, en verdad comencé a preocuparme cuando aquellos ilustres que componían el tribunal y ya me habían condenado con mi asentimiento y negociada culpa, de la cual yo me sabía, y Dios también, inocente, tenían un interés insano en descubrir mi nivel académico depositando toda su atención en la rúbrica que me exigían de conformidad. Como no podía ser de otra manera firmé con una torpe cruz ante la alegria y descarga de conciencia de aquellos justos hombres, y que no falte, de perspicaces, intuitivas y justas mujeres.

    • Excelente, pero el furgón no daba vuelts a la plaza de España, si no a la de Castilla.

      Donde el “querido” declaraba ante Moreiras por algo que no había hecho SAN. Y que era conocido ¿por ambas partes? Quedarse con las retenciones de las primas únicas. SAN no se quedó con esas retenciones que deberían haber sido para Hacienda, si no que simplemente no las practicó. Ergo quedó libre.

      Eso si, nadie se acordó, vaya casualidad, de los testaferratos para dichas primas, donde los testaferros ni siquiera sabían que lo eran. Una falsedad en docuemnto público por un pastón.. asunto que habría sido muy difícil desmontar. Lo opuesto a las retenciones.

      Cosas que pasan.

      Pero el numerito de los furgones era completamente necesario, cómo lo ha sido el de Pedro NONO con lo de Gibraltar y su firma, no firma y al final firmo porque soy el mas macho.

      Un cordial saludo

  3. Querido Derondat:

    No hay que ser maximalistas. Tampoco hay que dar por supuesto que los jueces concernidos están siempre al tanto de todos los detalles. No olvidemos que, en este asunto, fungen de súbditos. El caso es que Marchena ha escogido el mejor momento posible para hacer algo, porque si hubiera dimitido antes no habría habido noticia, y hacerlo ahora, al conocerse el tostado, ha sido políticamente mucho más eficaz. Es la diferencia entre lo que dice la ley, que está mal pero hay que acatarla, y el grado más alto de obscenidad en los chanchullos partidistas. Además, no lo ha hecho sin coste y no creo que simplemente haya intentado quedar bien, es algo un poco más hondo que tiene que ver con el tamaño de las tragaderas, que todos tenemos, por cierto.

      • Hola Derondat

        Estoy contigo, también en el post anterior.

        Mi teroría especulativa y paja mental contumaz es la siguiente.

        Los Jueces, Fiscales, Secretarios de Juzgado… en su mayoría lo son por oposición. Ya se tomaron muy a mal lo de los turnos .. pero tragaron igual que tragaron el entierro de Montesquuieau, y aquí es donde está el quid de la cuestión, que tu muy bien apuntas.

        Y tragaron debido a que por otro lado le sacaron un cierto beneficio. sobre todo ciertas asociaciaciones, que sólo tienen sentido si los Jueces se definen, para poder ser así elegidos.

        Había un “cierto equilbrio” y las asociaciones sólian elejir de entre los suyos, previa y posterior promoción en los medios ad hoc, a una serie de elementos, no siempres los mejores, tampoco los mas malos, para que los políticos les colocaran a su conveniencia, ellos a cambio aceptaban a algunos idiotas integrales propuestos por los políticos, y lo uno por lo otro el sistema se degradaba sin prisa pero sin pausa.. aunque A MENOR VELOCIDAD QUE EL SISTEMA POLÍTICO.

        Esto último es muy importante. Insisto que en el tema judicial hay una cierta meritocracia (imperfecta) y unas oposiciones; que en el tema político brillan por su ausencia, es el Principio de Peter hecho carne. Eso es lo que ha hecho que haya mas inercia en el Poder Judicial y que a pesar de los pesares se haya degrado menos.

        Ahora estamos en un fín de época. En un todo se va a la mierda.

        Y los políticos intentan salvarse en lo posible buscando un culpable contra quienes la marabunta sociarj pueda saciar sus iras y resentemiento.

        Los Jueces y demás.

        Pero los Jueces lo han visto venir y se han quitado de enmedio porque no son tan idotas cómo los políticos pensaban que eran.

        Al fin y a la postre la pobre meritocracia, pero existente, de la cosa judcial ha demostrado mas inteligencia y mas saber estar en la realidad de lo que algunos creían.

        Marchena se largó por que lo vió venir.

        Pasa cómo con el Real Madrid. Nadie quiere ser entrenador de un equipo que pinta muy mal.

        La ventaja de todo ese asunto es que no por honorables pero si por inteligentes, tampoco exageremos, pero algo mas que los otros si lo son, uno de los poderes, y por su propia supervivencia igual hace que nos vega bien a todos.

        Un cordial saludo

  4. ¿Aquí también confundimos ‘ENORME HIPOCRESÍA’ por ‘ENORME DIGNIDAD, Sr Quirós?

    ¿O es que ud cree que las semanas de negociaciones entre LA LOLA y Catalá para intercambio de peones en el tablero se hizo sin contar con los beneficiarios…sin informarles, sin su anuencia ?

    ¿Los 15 días en los que el nombre de Marchena figuró en todos los medios como próximo presidente del CGPJ con asunción tácita del afectado fueron los ’15 DIAS DE LA ENORME DIGNIDAD’?