1.- La situación es una importante categoría política. Se refiere a las vicisitudes de los asuntos humanos en los que manda la diosa Clío, que se limitan a modificar la situación política existente, cambian una tendencia o trayectoria histórica o conllevan un cambio histó-rico. Depende de la intensidad, otra categoría política -psico/política- fundamental, pues decide qué es político o no lo es, de los hechos y acontecimientos.

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El sistema político no estaba preparado para inesperada retirada definitiva de don Juan Carlos de la escena política. Se ha suscitado una nueva situación política susceptible de intensificarse y devenir histórico-política. Y es natural que suscite toda clase de especula-ciones, e incluso a tomas de posición. Puede ser el final de la transición-transacción a la plutocracia monárquica[1] mitificada como una  gesta -final anunciado varias veces con ocasión de algún acontecimiento, como el vicerreinato del Sr. Zapatero-, o puede ser el final de la tercera reinstauración de los Borbones por un general.

2.- Como en la historia todo final es un comienzo,[2] podría ser la ocasión de regenerar el orden político. De momento, salvo que Clío le consienta un nuevo capricho a la diosa Fortuna, el nuevo comienzo está determinado  por el suceso juancarlista y la muy posible marcha o transición hacia la III República. Transición que sería mucho más complicada que la fenecida, preparada por el anterior Jefe del Estado contando con el beneplácito de los poderes extranjeros decisivos. Lo augura la misma torpeza, por no decir indignidad, con que se ha negociado el autoexilio -legalmente no es otra cosa-, del viejo rey, a quien políticos y tribunales mediáticos niegan la presunción de inocencia. La estética no es ajena a la política y el indecoroso espectáculo, chapuza mediante, del rey anciano y achacoso, obligado a buscar en plena pandemia un domicilio lejos de su familia, es, cualesquiera que sean sus pecados y delitos, si los tiene, denigrante y antipolítico.

Más vale prevenir que lamentar y como la situación no está nada clara, no estaría mal constituir o alentar un partido republicano de unidad nacional o algo parecido por lo que pueda pasar, en vez de esconder la cabeza como cigüeñas para no ver el espectáculo organizado por el desgobierno de indocumentados desviando la atención de sus fracasos y desmanes

3.- El exilio o autoexilio que ha conmocionado a la Nación, ha dado lugar a una nueva situación por ahora sólo política, que la ha dividido. La legión de oportunistas “republicanos-monárqui-cos” o ”monárquicos-republicanos” -socialistas, comunistas, anarquistas y otras especies devenidas juancarlistas- que  le aplaudían por ser un rey republicano al decir de don Felipe González sin saber muy bien lo que decía, los no republicanos pero antimonárquicos de oficio, los nuevos republicanos podemitas, una especie de Lumpen del sistema,  piden ahora poco menos que su cabeza. [3]  En el espectáculo, son disonantes la actitud de los integrados en el sistema, quizá indiferentes a las formas del Estado pero no a la amenaza de desintegración de la Nación, al desgobierno, al peligro de una tiranía bolivariana, a la corrección política, etc. y la de los republicanos que,  asustados por la catadura de los promotores de la defenestración de la Monarquía,  prefieren su continuidad; como dice Gregorio Morán, nada sospechoso de simpatías monárquicas, “lo que nos aterroriza sería una república con un presidente como Pedro Sánchez”. Posibilidad que, a la verdad, sería una secuencia casi lógica del sistema establecido. El autoexilio, marcha o viaje del rey padre, la verdad es que no se sabe muy bien, ha conseguido asimismo poner en movimiento a los integrados en el sistema, ajenos hasta ahora a los avatares de la vida política.

4.- Escribe también Sertorio con sentido común: «la Corona, de momento, hay que defenderla, por un simple criterio de oportunidad». Y añade prudentemente: «Quizás, en un futuro, seamos nosotros los destinados a traer una III República indivisible, fuerte y presidencialista. Sería una bonita ironía de la Historia».[4]  Más vale prevenir que lamentar y como la situación no está nada clara, no estaría mal constituir o alentar un partido republicano de unidad nacional o algo parecido por lo que pueda pasar, en vez de esconder la cabeza como cigüeñas para no ver el espectáculo organizado por el desgobierno de indocumentados desviando la atención de sus fracasos y desmanes. Y de sus maniobras en orden a conquistar la hegemonía administrativa infiltrándose en las instituciones. Pues, como reconociendo implícitamente su ignorancia, no les importa tanto conseguir la hegemonía cultural, el objetivo que aconsejaban Gramsci y Alinsky, a pesar del lamentable estado de la cultura española. En parte también, porque tras la “pasada por la izquierda”, considerada indispensable por  monárquicos clarividentes más preocupados por la  Monarquía que por el pueblo y la Nación, para apuntalar la reinstauración, la izquierda tiene ya de hecho la hegemonía cultural: medios de comunicación, educación, arte, cine, editoriales, corrección política, etc. Como prácticamente en toda Europa, donde impera la ideología invisible. Ahora se trata de instalarse para siempre en el poder.

5.- El gobierno ha ganado el primer round  contra la institución monárquica con el autoexilio del padre del rey. Para tranquilizar al personal y quizá desarmar una posible reacción popular -monárquicos, republicanos e indiferentes mezclados pues están irritados por más cosas- contra el gobierno y el régimen,[5] es decir una reacción antisocialista, ha dicho el Dr. Sánchez, que «no se juzga a instituciones, sino a personas” en vísperas de irse de vacaciones a lo grande. Primero a Lanzarote, para disfrutar de un palacio regalado a su víctima real, don Juan Carlos, quien lo cedió al patrimonio nacional. Una manera no menos antiestética de celebrar su triunfo mientras rebrota la pandemia y el parlamento catalán proclama que «Cataluña es republicana y, por lo tanto, no reconoce ni quiere tener ningún rey», tacha a la monarquía de «delincuente» y exige la abdicación del rey don Felipe, que lo es de Cataluña como parte de España. Rey -de rex, el que rige-, que si el gobierno del Dr. Sánchez no defiende su sobera-nía legítima y legal, debiera obligarle como Monarca -de μοναρχος, de μοναρχία (monarchía) de μονος (mónos), uno, y αρχία (arkhía), de  ἀρχός (archós), el principal: gobierno de uno solo, el único que manda-, que suspenda sus vacaciones, dicen que ahora en un palacio situado en Doñana, y actúe contundentemente antes de volver a veranear en otro palacio; y si no, sustituirle sin más por dejación de funciones. Es indecoroso e impropio de un jefe de gobierno en sus cabales ausentarse de su puesto de mando mientras hace estragos el virus y los oligarcas catalanes se proclaman independien-tes.[6]

6.- Pasando por alto la sospechosa coincidencia temporal entre las vacaciones del jefe del gobierno y la declaración del Parlament, que podría interpretarse como complicidad,  el sapientísimo doctor olvida -seguramente lo ignora- que las instituciones son formas; formalidades diría Hegel cuando carecen de contenido, pues toda forma requiere una materia y su realidad efectiva depende del rumbo que marquen las personas que la rigen y dirigen. Si la cabeza rectora funciona mal y se han acumulado demasiadas disfunciones creando costumbres, resulta muy difícil sino imposible enderezar su destino. Y la Monarquía no es una institución cualquiera  sino muy particular, pues no es ni estrictamente pública ni estrictamente privada: tiene la misión de simbolizar la Nación, síntesis de todas las instituciones. Ni los reyes son ciudadanos privados, ni la familia real es una familia como las demás.

7.- Las Monarquías son la cabeza del cuerpo político en el que reinan haciendo visibles su unidad, su realidad y el honor patriae. Son inútiles, meras formalidades carentes de vida si no hacen honor a su misión. Lo expresa muy bien, independientemente del contenido, el título de una editorial de La tribuna del país vasco (8.VIII.2020) a propósito del presente trance de la juancarlista: “La caída de una monarquía inútil símbolo de un país hundido en el pasado”. La palabra “inútil” quiere sin duda sintetizar entre otras cosas, además del pasadismo de instituciones públicas sin contenido, la ruptura consentida de la unidad nacional, la corrupción estructural de la vida colectiva promovida por el poder, que incluye la sustitución de la verdad por la mentira, la corrupción económica -el crony Capitalism de monopolios y oligopolios vinculados el poder político-, la utilización del Presupuesto para crear cargos inútiles de los que se lucran familiares y amiguetes, la corrupción  moral -todo depende del precio- inducida por leyes sancionadas por el monarca, la invención y utilización política de los delitos de odio y acoso, la disminución de las libertades personales y sociales, etc. En ese ambiente, es casi normal que prospere la idea republicana. Ocurriría al revés si el Estado fuese republicano. Monarquía y República son las dos únicas formas posibles del Estado. Todo gobierno es oligárquico y el problema consiste en la calidad de los oligarcas republicanos o monárquicos: si son partidarios de la libertad o sus enemigos.

8.- Decía Eugenio d’Ors en otra de las complicadas coyunturas de la historia hispana desde la guerra de la Independencia, que «la cultura debe redimir a la nación”. Entre otras cosas, del mito de que España no puede ser republicana como Portugal, Alemania, Francia, Italia, … Mito apoyado en el de que las monarquías parlamentarias existentes en Europa, subsisten porque son impolutas. Habría que considerarlo. Por lo pronto, porque su historia no ha sido tan accidentada como la de los Borbones hispanos, que empezó con la guerra de Sucesión (1701-1715), la primera guerra civil entre españoles.[7] Sus rescoldos –la memoria colectiva de Maurice Halbwachs o el inconsciente colectivo- animan todavía, por ejemplo, el separatismo catalán. Y es un hecho que los episodios en torno a la monarquía han vuelto a partir España en dos: por un lado, los partidarios de la República, por otro los partidarios de la Monarquía. Y también como entonces, la gran masa, sin ser completamente indiferente -es el tema principal de los media junto con el rebrote de la pandemia, desde el anuncio de las marcha del viejo rey-, permanece expectante.

En realidad, lo de Monarquía o República es una cuestión determinada desde la revolución francesa por la circunstancia histórica de cada Nación, que es la soberana, representada por un rey o un presidente. Por realismo político conviene tener ideas claras sobre la República, res publica, la cosa común. Baste decir aquí,  que no es sinónima de despotismo,  tiranía, totalitarismo, anarquía, etc., como difunden los antirrepublicanos remitiéndose a las fugaces, y lamentables, I y II repúblicas.

9.- Conforme a los criterios de L´Art de la conjecture de Bertrand de Jouvenel,[8] los datos inducen a pensar que es muy difícil, casi imposible, que el autoexilio de don Juan Carlos[9] pueda impedir por sí sólo la marcha hacia la III República. El estado general de la Nación, cuya misma existencia es objeto de debate, es casi demencial. Por lo menos un batiburrillo en todos los aspectos. Predomina la incertidumbre por múltiples causas. A los pesimistas les parece imparable la marcha hacia un nuevo frente popular y a la disgregación de España. Seguramente no se llegará a tanto. Pero está sumida en una serie de crisis y enfermedades colectivas agudizadas, o provocadas, por el desgobierno, no exento de sectarismo, del consenso oligárquico: crisis moral, la peor de todas, crisis de la unidad geopolítica, crisis de las formas de convivencia -anarquía creciente de la que se benefician separatistas e independentistas y sensación de inseguridad-, crisis económica, crisis demográfica alentada por “la religión erótica que, decía Chesterton, a la vez que exalta la lujuria prohíbe las fecundidad, religión indispensable al parecer para “modernizar” la Nación, etc. Crisis que son más intensas al coincidir con la pandemia y, sobre todo, con un gobierno de incompetentes y arribistas sin principios, que las utilizan para hacerse fuertes.

10.- De ahí que, como escribe la periodista Karina Sainz Borgo, “el anuncio de la salida de España del Rey Juan Carlos no es un cortafuegos, sino una cesión a quienes van carcomiendo el sistema del 78”.[10] «La operación Emérito ha servido para todo menos para dar oxígeno a Zarzuela”, dice Eduardo Álvarez en otro lugar y Maite Rico sospecha que “a Felipe VI le han tendido una trampa».  Y no ayudan los defensores que  le han salido: desde don Felipe González a don José Bono pasando por el Sr. Guerra y otros de distintas tendencias,  la comisión permanente del desacreditado parlamento episcopal que confunde la absurda Carta otorgada de 1978 con el Evangelio y el cristianismo con la democracia,[11] los elogios desmesurados, dicen que impulsados por millonarios del Ibex, que presentan a don Juan Carlos poco menos que como el salvador y redentor de España –“un gigante político” dice un periodista-, los lamentos acaramelados y las invectivas de monárquicos nostálgicos o  interesados -que hay que distinguir de los monárquicos convencidos o sentimentales, gente muy respetable-, no benefician precisamente a la Monarquía parlamentaria, el nudo gordiano del sistema. Como han comprendido -¿o se lo han hecho notar sus amigos persas?- los podemitas a sueldo de sus colegas hispanos bolivarianos: si se corta el nudo se acabó la transacción y se quedan ellos con los beneficios.

Existe también una masa anónima -quizá la más numerosa- de republicanos como los que recibieron ilusionados la II República  y, decepcionados –“no es esto, no es esto”- apoyaron luego incondicionalmente el régimen autoritario del general Franco.[12]  Sánchez Albornoz citaba una frase de Azaña: “La guerra está perdida; pero si por milagro la ganáramos, en el primer barco que saliera de España tendríamos que salir los republicanos, si nos dejaban”. El republicanismo de esa masa silenciosa y quizá algo confusa discrepa radical-mente del que predican los activistas del partido socialista -“el vientre de alquiler de la extrema izquierda», dice con gracia un comentarista-, de la empresa de colocaciones Unidas Podemos S. L., los separatistas y otros adláteres.  Reaccio-narios a fuer de progresistas, quieren resucitar las glorias de la II República de hace más de ochenta años en un mundo completamente distinto.

11.- En la política empírica, la Realpolitik, los hechos son como leyes irrefutables: sólo pueden refutarlos otros hechos. Un hecho irrefutable es, por ejemplo, la sorprendente autodeslegitimación de la institución monárquica en la ley de la memoria histórica sancionada por don Juan Carlos sin percibir su alcance o confiando en el Sr. Zapatero, «hombre íntegro», «con principios». Esa ley estalinista presupone el franquismo -en el que había más libertades personales y sociales que ahora y los tribunales de justicia eran más independientes-, como un régimen perverso  y en cambio, con palabras recientes del ilustre Dr. Sánchez, la II República era perfecta: «Me siento más cerca de la España que soñaba Alberti, la Pasionaria y muchos otros comunistas que construyeron la democracia en este país, la paz, la convivencia y la concordia». Constituye un gravísimo problema el lavado de cerebro a que han sido sometidos los españoles, incluido el Dr. Sánchez, durante la larguísima transición a la democracia avanzada, de hecho a una oligarquía de partidos estatales. Partitocracia que parece haber sido diseñada, dice J. L. Montesinos con alguna exageración, por el narco colombiano Pablo Escobar.[13]

12.- El advenimiento de la República como en otras dos ocasiones en la historia de los Borbones españoles, sólo podría intentar impedirlo fácticamente “Felipe VI, el Rey cautivo”, título de un artículo de opinión. «Felipe VI, el rey pasivo», escribe otro periodista nada antimonárquico (E. López en Hispanidad.com 6.VIII.2020) añadiendo la coda «No recuerdo en la historia de España un monarca que haya hecho tanto para cargarse la monarquía como nuestro rey actual, Felipe VI». Es decir, más que su progenitor. “A Felipe VI hay que reprocharle, como hombre, escribe por su parte Julio Ariza, otro periodista conservador, no haber defendido a su padre, y como rey, no haber tenido la astucia de comprender que la salida de su padre es el principio del fin de su reinado y la audacia para evitarlo como fuera”.  En fin, el rey se ha quedado sólo ante el peligro, y menos los aduladores, la gente común parece considerarle cómplice de los macarras gobernantes.

13.- ¿Podría dar un golpe de timón para cambiar la ruta de la nave estatal y de la Nación y limpiar de paso los establos de Augías volviendo más o  menos al comienzo de la transición?[14] Se supone que como Jefe del Estado y Comandante supremo de las fuerzas armadas tiene los medios para salvar la situación e incluso revertirla. Pero como decía Guglielmo Ferrero,  «el derecho al mando no se puede justificar más que por la idea de superioridad».[15] Por lo antedicho no parece ser el caso. Admiradores y aduladores citan el  enérgico discurso de don Felipe  el 3 de octubre de 2017 contra el independentismo catalán -se dice que sugerido probablemente por su experimentado padre-, aunque lo revisó el gobierno, como es preceptivo. El efecto psicológico quedó en nada al no tener continui-dad fáctica por parte del contemporizador Sr. Rajoy.[16] En realidad, envalentonó a los separa-tistas, cuya actitud ante la Monarquía había sido hasta entonces relativamente normal, pues el monarca anterior compadreaba con ellos (“tranquilo, Jordi, tranquilo”). Quizá se acomodó por eso don Felipe a la polítique d’apaisement poniendo de hecho ingenua o dócilmente el gobierno de la Nación en manos de sus enemigos reales y potenciales: el preclaro Dr. Sánchez, el también Dr. Iglesias -el más inteligente de los políticos españoles según el monárquico Ansón-, y los separatistas, gente también muy inteligente. En cambio, desvió la atención hacia su padre con su improcedente (jurídicamente)  renuncia a una eventual herencia.[17]  La política de apaciguamiento se parece al trato legal que se da a los “okupas”. Se traduce en no decir ni hacer nada digno de mención contra el gobierno de atorrantes que explota a la Nación y la descuartiza. La Nación, la mayoría del pueblo, republicanos auténticos incluidos, le agradecería un gesto eficaz. Ganaría popularidad y adhesiones sinceras.

14.- Tempus fugit. En política es muy importante, actuar en el momento oportuno, καιρός, kairós, decían los griegos, no antes ni después. Como no hay golpe de timón y es posible que sea ya tarde para darlo, la impopularidad de la Monarquía, alentada por las acciones y omisiones que se le atribuyen con razón o sin ella a don Juan Carlos -que para evitar malentendidos hay que insistir en que no es legalmente emérito ni por ahora históricamente I (primero) – y sobre todo por la propaganda, puede haber llegado a un punto de no retorno. Cualquier acto o palabra para revertir la situación a su favor o defender la Nación -que son en realidad la misma cosa en este momento – podría producir el efecto contrario. Está sucediendo, por ejemplo, con la contrapropaganda a favor de don Juan Carlos y su hijo y sucesor. Los optimistas ven muy positivas las encuestas sobre la Monarquía. Fiarse de las encuestas, y más en España donde se ha instalado la desconfianza, es otra ingenuidad. En este momento, si son  favorables a la Monarquía puede ser por temor a la República bolivariana. Son compatibles con el desinterés y la desconfianza del pueblo en la institución. Historia magistra vitae est.

15.- Reiterando lo dicho, en la Realpolitik mandan los hechos. Se centra la atención en las figuras de don Juan Carlos y don Felipe. Apenas en el legado político del rey padre, heredero de los poderes dictatoriales de Franco. Sin embargo, está siendo víctima de ese legado -cría cuervos y te sacarán los ojos-, que constituye la causa directa de la grave situación cliopolítica de la Nación. Cuya unidad geopolítica quedó socavada y sometida a discusión -un hecho anormal a menos que se entienda como un reflejo o una continuación del espíritu independentista de las provincias americanas- con el invento del Estado de las Autonomías. De hecho, “Autonosuyas” (F. Vizcaino Casas) de las oligarquías particularistas. De las que decía Unamuno refiriéndose a las dos escasamente cuajadas de la II República: «El autonomismo cuesta caro y sirve para colocar a los amigos de los caciques regionales».[18] Al legado del Estado de las Autonomías, que ha acabado reciclando la basura de todas las ideologías destructivas y estúpidas que circulan por el mundo -feminismo victimista, LGTBI, animalista, ecologista, etc.-, hay que sumar la reintroducción de la ideología comunista y la predilección real por el partido socialista, quizá para hacerse perdonar ser heredero legítimo de Franco. “¿Pensó Juan Carlos I en la Nación cuando se enfeudó al PSOE? Evidentemente, no”, se pregunta y se contesta Jiménez Losantos. Quien señala en relación con el legado, que «ni la Rusia bajo la Cheka ni la España bajo las checas se recuerdan hoy. Solo eso y el éxito de la propaganda soviética desde 1917 explican la irrupción y el éxito de Podemos«. Esa preferencia por la izquierda determinó el cambio de rumbo en la trayectoria normal, la descomposición del êthos unificador de la Nación española. Fomentada por leyes y decretos sancionados por el monarca, elogiado escandalosamente por los turiferarios de la politizada o idiotizada comisión episcopal, que parecen creer en la trasnochada -y anticatólica- doctrina del origen divino de los reyes.[19]

Aunque se calmen las críticas explícitas o implícitas a los monarcas y a la institución, la discusión sobre  la República, forma del Estado a la que es favorable el espíritu del tiempo, ha dejado de ser un tema prácticamente tabú. Y, encima, lamenta con cierta sorna el periodista Javier Somalo, “hemos echado de España al que trajo a España la democracia desde una dictadura y nos quedamos con los que quieren hacer justo lo contrario”.[20]

16.- En la presente coyuntura española hay dos caminos o métodos (μέθοδος, de  μετα (meta), más allá, y  ὁδός  (hodos) camino:  el camino para ir más allá) para llegar a la República: o es para ajustar  -palabra relacionada con justicia- pacíficamente la forma política de la Nación previo referéndum sin trampas a la realidad particular de España y a la del Zeitgeist vigente, que es republicano y democrático, manteniendo en todo caso su unidad -como en realidad en la anarquizante I República, cuyo federalismo era el de Proudhon- o será una nueva falsificación como la II República que, recibida con entusiasmo, evolucionó rápidamente gracias al partido socialista hacia el Frente Popular, una mezcolanza de socialismo, marxismo-leninismo y anarquismo. Históricamente fueron meras respuestas al fracaso de las monarquías isabelina y alfonsina.

El segundo camino o método es el que cuenta hic et nunc con más posibilidades dado que en política deciden las oligarquías. El Dr. Sánchez ha defendido la Monarquía Parlamentaria y la «vigencia plenamente del pacto constitu-cional» de 1978. Words, words, words de un psicópata narcisista a quien le gustaría presidir la III República. Aunque J. A. Vara ironiza, que “nadie ha hecho tanto por la Monarquía como Pedro Sánchez”,[21] la realidad es que necesita al rey para que la desconfiada burocracia de Bruselas le dé los miles de millones prometidos con los que intentará aumentar los enchufes de parientes, amigos y clientes. Convirtiendo, por ejemplo, la recién creada Dirección General de los derechos de los animales en Ministerio o quizá Vicepresidencia. Por el republicanismo enragée de sus aliados podemitas no tiene que preocuparse. Por si acaso, observa Pablo Sebastián, se han activado de pronto todas las actuaciones  judiciales contra Podemos.[22] Y además, ansiosos de enriquecerse, soportarán sumisos la versión sanchista de la Monarquía sin perjuicio de seguir diciendo las tonterías que, publicitadas como grandes noticias por los media favorables y adversos, distraen al personal, les hacen sentirse infantilmente sabios y genios de la política y hacen pasar al Dr. Sánchez por inteligente, prudente y el hombre de Estado que no ha tenido, no ha querido, no has podido o no ha sabido tener la reinstauración juancarlista.

[1] “La Transición, que es el hecho histórico que se considera el gran mérito del viejo rey, fue una serie de claudicaciones de la derecha política de este país frente a una izquierda que se sentaba en la mesa de negociación con una mano delante y otra detrás”. Sertorio, “Fin de trayecto”. Elmanifiesto.com (5.VIII.2020). Una etapa de transición, con ruptura como pedía A. García-Trevijano, o sin ella, era obviamente inevitable. Pero los mejores políticos, la mayoría de derechas, fueron quedando desplazados -por ejemplo, Torcuato Fernández-Miranda, que sabía muy bien qué es el Estado- o arrinconados. La política acabó en manos de impostores de derechas y de izquierdas, con las excepciones que confirman la regla, y la transición ha sido interminable. Sobre los impostores políticos, G. Millière, Voici revenue le temps des imposteurs. París, Tabernis 2014.

[2] R. Rotermundt, Jedes Ende ist in Anfang. Auffassungen vom Ende der Geschichte. Darmstadt, WGB 1994.

[3]  Vid. en cambio el elegante artículo de H. Altozano, “Árbol caído”. El Confidencial.com (10.VIII.2020).

[4]  Sea cual sea el desenlace del contencioso Monarquía-República constituye un serio problema la abundancia de impostores políticos a causa del invento de las Autonomías, que dificultaría la necesaria regeneración de la vida política. Si triunfase la versión republicana de los impostores socialistas, comunistas, podemitas y separatistas, su número aumentaría exponencialmente.

[5]  El gobierno es el lugar del poder político directo. El régimen es el lugar donde operan los poderes indirectos y las influencias y simpatizantes -los electores por ejemplo- que le sostienen.

[6] Una primera medida contra los “soberanistas” catalanes parece ser, según Alfonso Ussía (vid. libertaddigital.com del 13.VIII.2020), la retirada al conde de Godó -a petición de la Diputación de la Grandeza de España y Títulos del Reino- del título de Grande de España otorgado por don Juan Carlos en 2008 al conde de Godó, dueño del periódico La Vanguardia, antes La Vanguardia Española. Si se lleva a cabo en noviembre, pues hay que respetar los trámites, desde esa fecha tendrá que permanecer descubierto el sr. conde en presencia del rey aunque haga sol, frio, llueva, nieve o granice.

[7] Galicia, Asturias, las dos Castillas, Vascongadas, Navarra, Extremadura, Murcia y Andalucía, apoyaron al archiduque Carlos de Habsburgo -que llegó a ser proclamado Csrlos III en Lisboa- y Aragón, Cataluña, Valencia y Baleares a Felipe de Borbón, nieto de Luís XIV. Madrid fungió como capital de una España y Barcelona de la otra.

[8] Traducido algo equívocamente como El arte de prever el futuro político. Madrid, Rialp 1966.

[9] Mientras se escriben estas línes se dice que don Juan Carlos regresará a España en septiembre. Incluso se da la fecha: el día 10. ¿Es todo un vodevil?

[10] “Juan Carlos y la sombra de Lear”. Vozpopuli.com (7.VIII.2020). Cf. el ponderado artículo de F. Díaz Villanueva “El error de Juan Carlos”. Vozspopuli.com (8.VIII.2020). También, sobre el momento decisivo de su reinado, G. Morán, “El día que el rey salió corriendo” Idem. Id.

[11] La idea de la democracia, una de las posibles formas del gobierno, como una religión o forma de religiosidad parece extenderse en las Iglesias. En las protestantes -no todas-, tiende a ser fuente de legitimidad. La Iglesia católica de Venezuela invoca, por ejemplo, “la vocación democrática” del pueblo para compadrear con el régimen. Vid. el artículo de José Gregorio Martínez en PanamPost.com (12.VIII.2020).

[12] Vid. el retrato por J. Lainz de estos republicanos -representantes a pesar de las apariencias de la tradición occidental de la política, en ”Mi amigo republicano”. Libertaddigital.com (7.VIII.2020).

[13]  “¿Plata o plomo?”. Disidentia.com (11.VIII.2020)

[14] En la disputa Monarquía-República subyace el tema de la necesidad de regenerar la reinstauración. Si la emprendiese el rey y consiguiese lo suficiente se afirmaría la Monarquía. Un problema es si podría contar con políticos idóneos.  Muy interesante, E. A. Gallego, Idea de un rey patriota para la reconstitución de España. Madrid, Schedas 2020.

[15] El Poder. Los genios invisibles de la Ciudad. Madrid, Tecnos, 1991. 3. p. 31.

[16] Vid el comentario de M. Á. Belloso, “Por qué Sánchez detesta a Felipe VI”. Vozpopuli.com (13.VIII.2020).

[17] Políticamente un gravísimo error. ¿Aconsejan al rey sus enemigos? El pueblo lo ha tomado como una acusación o traición a su padre. Interesante, T. García Madrid, “Los clamorosos errores de la Casa Real en la gestión de la crisis”. El Correo de España.com (9.VIII.2020).

[18] El autonomismo separatista o independentista es un chantaje de las oligarquías locales, cuyo gran argumento político -absurdo- es la lengua. El actual, se beneficia de que el Estado se ha convertido en una empresa de negocios que explota fiscalmente a las clases medias. Decía Carl Schmitt:  «el gran empresario no tiene un ideal distinto del de Lenin, a saber: conseguir una “tierra electrificada”». Catolicismo romano y forma política. Madrid, Tecnos 2011. P. 16. Basta sustituir tierra electrificada por tierra explotada.

[19] Leyes del divorcio, del aborto, del matrimonio homosexual, de la violencia de género, ….  Vid. el comentario de L. F. Pérez “El Rey de la apostasía” en Infocatólica.com  (9.VIII.2020). “El género cortesano-adulador se les da bastante bien a los obispos” dice otro comentarista

[20] “Echamos a la persona equivocada”. Libertaddigital.com (8.VIII.2020). La alusión a la democracia donde no hay libertad política es absurda. Pero es lo que se lleva entre los periodistas que viven en el mundo del man heideggeriano: llaman democracia a lo que se dice que es democracia y fascista a lo que se dice que es fascista. Cuando no se atienen a la ideología en la que creen o fingen creer.

[21] “Hay un coro de cacatúas en la Moncloa”. Vozpopuli.com (12.VIII.2020).

[22]Empate: Zarzuela 1; Moncloa 1”. República.com  (2.VIII.2020).

***

Es ist Zeit der Entscheidung treffen, es el momento de tomar una decisión. La suerte de la Monarquía y de la Nación, depende de lo que haga el rey: de si se decide a dominar los acontecimientos adelantándose a ellos o si acepta pasivamente lo que decida el destino; es decir, sus enemigos, que no adversarios.

Foto: Alvarovera31


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Dalmacio Negro
Nací en Madrid en 1931. Soy doctor en Ciencias Políticas y licenciado en Derecho y Filosofía. He sido catedrático de "Historia de las Ideas y Formas Políticas" en la Universidad Complutense de Madrid y de "Ciencia política" en la Universidad San Pablo CEU. He escrito una decena de libros, en el último de los cuales La ley de hierro de las oligarquías (2015) advierto sobre la excesiva capacidad legislativa de los Estados, que promulgan una cantidad ingente de leyes y medidas detallistas provocando una gran indefensión del individuo. Así, el ciudadano común se ve incapaz de conocer, y por tanto de respetar, todas las normas legales.