Hace no mucho se produjo un incendio en una vivienda en Badalona que se llevó por delante tres vidas y dejó cerca de 32 heridos. Algunos de estos heridos lo fueron porque eligieron arrojarse al vacío frente a continuar en el infierno que era aquella casa en llamas. Sobrevivieron. No pueden contarlo igual los que el 11 de septiembre de 2001 optaron por elegir esa medida drástica.

Al suicidio se le pueden añadir multitud de epítetos: dramático, contundente, egoísta, valiente, trágico, e incluso épico. Pero por encima de todos destaca uno, extraño. La decisión propia de acabar con la vida de uno mismo es sobre todo extravagante puesto que supone un claro desafío a la biología de cualquier ser vivo. Nuestro bagaje genético construye un fenotipo que nos dota de identidad, pero también arraiga una regla natural tan consistente como imperecedera e inamovible, la pulsión de supervivencia.

En algún momento de la infancia todos los niños juegan a ver quién aguanta más sin respirar. Cogen una bocanada de aire, cierran la boca, bloquean las fosas nasales y van contando 1, 2, 3, 4. En un momento dado, el cerebro interpreta que el organismo está en peligro y manda la orden de: “Se acabó, coge aire”, entonces el juego termina.

¿Qué ocurre cuando no es un juego, cuando el cerebro pierde la potestad sobre el cuerpo y sus mensajes de supervivencia no son escuchados? Que, trágicamente, la voluntad de desaparecer gana.

La persona que abandona voluntariamente su último resquicio de vida no quiere morir, solo quiere dejar de sufrir

Cuando alguien decide poner fin a su vida es porque se encuentra en una habitación en llamas, todo es tan dramático allí que saltar por la ventana nunca puede ser peor que permanecer. Así se siente el suicida. La persona que abandona voluntariamente su último resquicio de vida no quiere morir, solo quiere dejar de sufrir. Su existencia ha deflagrado y no hay extintor a la vista o los que hay están vacíos.

En España, cada día, saltan, metafóricamente, o no, por la ventana 10 personas. Estos son de los que se tiene la certeza de que son muertes autoinfligidas. Pero hay más, muchos más. Hay accidentes de coche que se interpretan como producto de un descuido o de una cabezadita intempestiva, enfermos crónicos que dejan de medicarse, percances domésticos que se justifican como que el manitas de la casa no era tal. Es el denominado suicidio encubierto y que nunca se llegará a saber su alcance real.

El suicidio cuenta con una prevalencia muy bien definida. Su exponente es claro: varón, entre 40 y 55 años, blanco, clase baja, zona rural, con alguna patología mental y con notable aislamiento social. Hay otros datos estadísticos curiosos, algunos de difícil o imposible explicación, por ejemplo, que el 25% lo intenta en miércoles o que a mayor altitud mayor incidencia. Los métodos más habituales son, por este orden: ahorcamiento, salto al vacío o intoxicación farmacológica.

El punto de España donde se producen más suicidios es Alcalá la Real, Jaén. Mientras en España la incidencia es de 8,3 por 100.000 habitantes, en esta población andaluza es de 26,6. De hecho, hay un triángulo imaginario con vértices en esa población jienense, en Priego de Córdoba y en Iznájar (Córdoba) que se denomina “del suicidio”. En esas pedanías es habitual exclamar “estoy para ahorcarme” cuando alguien se encuentra mal o simplemente cansado.

El suicidio se puede evitar

El 7 de febrero de 2007 la hermana de la reina Letizia, Erika, apareció muerta en su apartamento de Vicálvaro, Madrid. Aunque fue un secreto a voces que se trató de un suicidio, nunca hubo una comunicación oficial de este hecho luctuoso. Todo se quedó en transmitir que había fallecido y pedir respeto y prudencia.

Nuestra cultura occidental lleva mal hablar de la muerte. Con frecuencia se tira de eufemismos o sencillamente se la ignora, se la niega. Como ocurriera durante siglos con la sexualidad femenina, el suicidio es solo tema de conversación de los expertos, en este caso de salud mental.

Se calcula que por cada fallecido por propia voluntad al menos siete personas cercanas quedan emocionalmente traspuestas

La connivencia extendida para ocultar el suicidio es mayor si cabe en aquellas familias que lo han padecido, a pesar del daño que produce en los vivos. Se calcula que por cada fallecido por propia voluntad al menos siete personas cercanas quedan emocionalmente traspuestas, hundidas por la culpa de no haber hecho nada.

El silencio de la sociedad es también el silencio institucional. En términos cuantitativos el suicidio es un drama social muy por encima de la violencia de género o de los accidentes de tráfico. Hoy el número de suicidios triplica a los muertos en las carreteras y multiplica por 75 a las desgraciadas muertes por violencia doméstica. Sin embargo, la administración pública de salud no cuenta con los mecanismos necesarios para abordar eficazmente esta pandemia. Sirva este espeluznante dato facilitado por un familiar de alguien que trató sin éxito de poner fin a su vida: el interfecto tardó cuatro meses en empezar a recibir atención psicológica.

Cataluña cuenta con la Red AIPIS, quizás el sistema de prevención del suicidio más avanzado de España. El año pasado recibieron del orden de 1.500 alertas, bien por parte de los protagonistas o por algún allegado. Se puso en marcha el protocolo de prevención en el 73% de los casos y se constató que en el 94% de estos había una intención real de cometer suicidio.

Poner el foco en los menores, sobre todo en los varones

Un reciente estudio en Inglaterra, país que cuenta con unas estadísticas similares a las nuestras, concluyó que un 19% de mujeres y un 14% de hombres habrían considerado en alguna ocasión tomar la decisión de acabar con su existencia, mientras que un 7% de ellas y un 4% de ellos lo habrían intentado.

A tenor de esos datos, el suicidio parece ser algo recurrente en hombres y mujeres y aplicable por tanto a la condición humana en general. Sin embargo, si vamos un poco más allá y profundizamos en la fase que sigue a pensarlo e intentarlo, es decir, consumarlo, encontramos que son mayoritariamente hombres quienes pierden la vida por voluntad propia. En España, en concreto, son un 75%, esto es 12,7 por 100.000 habitantes, lejos aún de los 52 por 100.000 habitantes de Lituania, país con la tasa más alta del mundo.

En todos los países en los que hay registro se constata que son principalmente hombres quienes consuman el acto del suicidio. En todos menos en uno, donde la estadística se invierte, en China.

¿Qué lleva a los varones a adoptar esa decisión tan determinante?

Existen multitud de explicaciones y, seguramente, todas válidas. La más evidente es el método utilizado, que en el caso de los hombres es más contundente. Estos optan más por ahorcamientos o disparos autodirigidos, mientras las mujeres se inclinan, en mayor medida, por la intoxicación farmacológica, cuya efectividad es más incierta.

La carrera del hombre por reivindicarse diferente a la mujer comienza pronto, en el útero materno

No obstante, la explicación más aceptada es aquella que apela a la presión social para que el varón sea eso, varón.

La carrera del hombre por reivindicarse diferente a la mujer comienza pronto, en el útero materno. Los inicios del desarrollo embrionario son siempre femeninos y así es que hasta la octava semana los incipientes órganos sexuales se constituyen para ser una niña. Entonces, si existe un cromosoma sexual Y, la testosterona cambia el rumbo y donde antes había unos ovarios ahora habrá unos testículos, el clítoris se reinventa en pene y la vulva en escroto. Aquí surge la primera llamada de atención: “¡Hey, que soy un niño!”, parece gritar el nasciturus.

Ese exhorto del varón por la propia identidad vuelve a aparecer a los dos años de nacer, después de haber pasado todo ese tiempo con la madre cuya impronta ejerce una fuerte influencia en su desarrollo cognitivo y emocional.

El resto del desarrollo del niño lo conocemos, está plagado de mensajes donde prevalecen la competitividad, el éxito, la independencia o la invulnerabilidad, entre otros.

La lucha contra los paradigmas culturales de macho alfa es titánica porque además se alimenta de la omnipresente testosterona que lanza al individuo a una batalla cotidiana de supervivencia desde la supremacía. El hombre se vuelve cautivo de sí mismo, de su propia biología, debe ser recio, seguro, resolutivo y nunca dubitativo. Mostrar una emoción es externalizar una debilidad que aporta una ventaja a los otros machos. Lo que ocurre dentro, se queda dentro.

Leí una vez una definición del término amistad que decía: “un amigo es alguien que te pregunta qué tal estás y si estás mal se lo cuentas”. Esta es la diferencia principal entre hombres y mujeres, que ellas sí comparten su malestar con sus amigas, que lloran cuando tienen que llorar y se abrazan dándose ánimos. A los hombres se nos educa en la alexitimia, en la negación del dolor emocional, en hacer valer la expresión tan castiza de “la procesión va por dentro”. Los nazarenos de la desazón parecen no hacer acto de presencia, pero siempre están allí, desfilando.

A los hombres se nos educa en la alexitimia, en la negación del dolor emocional, en hacer valer la expresión tan castiza de “la procesión va por dentro”

Que los niños del futuro hablen de sus sentimientos con la misma llaneza que lo hacen hoy las niñas pasa por educarles en un ambiente que estimule comunicar, que no penalice la debilidad y sobre todo que proscriba los estereotipos más rancios, aquellos del azul y el rosa, de la muñeca y el camión, de los abrazos y las peleas. Tenemos que conseguir que nuestros hijos dobleguen a su biología desde la volición y a la sociedad trasnochada desde la determinación por ser felices, sí, pero también por saber encajar la adversidad y el dolor.

El suicidio nunca desaparecerá, siempre ha estado ahí desde que el ser humano tiene conciencia de su existencia. Si animamos a los niños a que señalen dónde les duele se reducirá, y sobre todo, dejará de ser un lenguaje masculino para ser más inclusivo.

Foto: Edu Lauton


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Antonio Pamos
Entré en el mundo de la Psicología por vocación y después de 25 años puedo confirmar que ha sido, junto a mis cuatro hijos, una de mis principales fuentes de satisfacción. He deambulado por todos sus recovecos, desde la psicoterapia hasta los recursos humanos, desde la investigación científica hasta la docencia, desde la operativa hasta la gestión. Soy doctor cum laude, pertenezco a la junta directiva de la Sociedad Española de Psicología (SEP), al consejo asesor de la Asociación Internacional de Capital Humano (DCH) y soy profesor en la Universidad Camilo José Cela. Nunca desfallezco.

23 COMENTARIOS

  1. “…No obstante, la explicación más aceptada es aquella que apela a la presión social para que el varón sea eso, varón”. “…El resto del desarrollo del niño lo conocemos, está plagado de mensajes donde prevalecen la competitividad, el éxito, la independencia o la invulnerabilidad, entre otros”.
    Es decir, que lo que mejor explica el suicidio de los hombres es “la presión social para que el varón sea eso, varón”.
    Me pregunto de dónde salen esos datos tan elásticos, tan poco objetivos y poco demostrables que, ubicados cultural y artificialmente en la nueva “masculinidad tóxica”, además de pretender blanquear directamente todas las razones de fondo y con fundamento por las que un hombre puede decidir acabar con su vida o con la vida de otros, lo mismo sirven para un roto que para un descosido. Es decir, lo mismo sirven para explicar el suicido, que la violencia machista, que las muertes en los deportes de riesgo, que las muertes en los accidentes de tráfico que la desigualdad social entre hombres y mujeres o la violencia en los estadios de fútbol.

    Claro, como a los varones se les educa desde niños “contra natura”, de forma diferente a las niñas, seguro que las mamis que dejan llorar a sus niños, son las menos. Yo conozco a unas cuantas madres y educadoras que cuando sus hijos o alumnos varones lloraban les ponían un corcho en la boca, se ponían hechas un baselisco y hasta los freían a collejas para que no lloraran. Con la mayor sangre fría les decían: “tu hermana sí puede llorar, tú te aguantas”.

    Pero claro, como se les “bombardea” cultural, familiar y socialmente con mensajes en los que prevalece la “competitividad, el éxito, la independencia y la invulnerabilidad”; como se les obliga a jugar al fútbol, a jugar con el escalextrix y se les priva de jugar a las casitas de muñecas, normal que los “pobres” niños se sientan “tristes, frustrados y culpables”. Porque negarles que expresen “el mismo” ímpulso biológico y vital que las niñas, no tiene perdón de Dios y porque no es tolerable ni natural que puedan exhibir otras preferencias en el juego o que muestren otros intereses intelectuales o laborales en la edad adulta.
    Es tan triste y frustante para un hombre no poder satisfacer ni dar gusto a los obsesivos artífices culturales de lo unisex, que puestos a forzar la máquina y a encontrar razones absurdas, no me extrañaría que la situación en la que dejas una muñeca a un niño de dos años y este la aparta con brusquedad y va directo a coger la pelota, fuera interpretado por los expertos de “género” como un síntoma temprano y manifiesto de masculinidad tóxica que hay que corregir, denigrar y combatir con todas las armas sociales disponibles.

  2. Muy de acuerdo con Beramendi, también me dan ganas de dar la voz de alarma ante afirmaciones como la de “esto no debería estar aquí”. Se agradece que de vez en cuando salga un artículo inesperado que nos saque de nuestra zonita de confort, y desde luego, aunque pueda no estar de acuerdo con la interpretación que el autor haga, no es artículo carente de valor: nos cuenta del suicidio, tema del que no se habla a menudo, además de que arroja datos al respecto. Es imprescindible procurar separar ambas cuestiones.

  3. Como decía Nietzsche “El pensamiento del suicidio es un consuelo poderoso. Ayuda a pasar más de una mala noche.”

    El abuso suele ser perjucidial.

  4. De todas las llamadas “ciencias sociales”, la psicología es probablemente la más pedante.

  5. Creo que el artículo está mal enfocado ya desde el planteamiento inicial, el tirarse por una ventana porque el edificio está ardiendo no tiene nada que ver con suicidarse, precisamente se escapa de una muerte segura sin ser consciente de la altura del edificio. Quien se suicida supongo que busca la muerte, no escapa de ella.
    Las causas, pues la verdad la mente humana, cada persona es ella y sus circunstancias.
    Qué es un tema casi tabú, sí, la verdad no es gustoso hablar de alguien que se ha suicidado, pero no creo que sea precisamente porque la muerte también sea un tema tabú en muchos sitios. En Galicia, zona de la cual soy, el hablar de la muerte no causa ningún reparo, ni trastorno, ni yuyu , ni nada similar, la muerte forma parte de nuestra existencia, del día a día, todos tenemos que morir, en cambio es raro hablar de alguien que se ha suicidado, si se hace es con asombro, con tacto y respeto.
    En su artículo por ejemplo nombra a la hermana de la Reina y es algo que personalmente no me ha gustado. Nadie sabe los motivos que a alguien le lleva a quitarse la vida y si se saben y son íntimos es mejor llevarlos con uno a la tumba pero no es necesario hablar de quien ha decidido irse por su propia voluntad. Hay que respetar esa decisión, quiso irse del mundo de los vivos y no somos quienes para traerlos de nuevo. No tenemos ningún derecho.

    Sin duda, si podemos ayudar a alguien en vida, hay que hacerlo, una vez muertos simplemente nos toca desear su luz eterna, su descanso, su paz. Y si hablamos de ellos es para recordar lo bueno que nos han aportado.

    Dicho esto, a igual que la mayoría de los foreros, creo que no debemos darle vueltas a los gustos de los hombres y las mujeres o la forma de ser de cada uno, cierto, todos nos hemos vuelto menos rudos, incluso las mujeres, el trabajo es más de oficina y menos de campo y eso nos vuelve “más delicados” pero no le demos demasiada vuelta al género que de tanto manosearlo vamos a terminar todos zumbados.

    • Una aclaración a eso que dije de que las mujeres también son “menos rudas”…..bueno, depende, últimamente y yo soy mujer, pero me asombra lo brutas y lo poco femeninas que están siendo muchas mujeres. Será eso de tanta igualdad que nos estamos volviendo andróginos absolutos.

      Hoy los niños, en vez de afeitarse cuando le empieza a salir la barba llenan los salones de belleza para depilarse.

      A este paso sí, el unisex será el único sexo que vaya a existir.

      • “me asombra lo brutas y lo poco femeninas que están siendo muchas mujeres” Lógico, el género (me niego a llamarle feminismo por respeto a las mujeres) odia a las mujeres al igual que odia a los varones, por eso menosprecia los valores femeninos y masculinos. En realidad odia al ser humano, es una ideología diabólica.

      • Eso no va a pasar porque va contra la naturaleza; contra propiedades del universo incluso, pero sería largo de explicar. El caso es que las series de época triunfan: en ellas salen personajes a los que se les permite vestir de hombres y mujeres, acentuando su masculinidad y feminidad incluso; y eso es atractivo. Hoy día, la única diferenciación en el vestir que ven bien las feministas es la vestimenta islámica; pero la naturaleza se impondrá y las mujeres y hombres reclamaremos nuestra propia identidad y complementariedad de nuevo.

  6. A ver si lo entiendo, los hombres se suicidan porque son hombres y ser hombre es una desgracia. Lo que impulsa a los varones al suicidio son los valores atribuidos tradicionalmente a los varones…..Por lo tanto la solución es que los varones dejemos de ser varones…..¿no? Hay una afirmación del psicólogo que hace mucha gracia, cuando dice que “la diferencia principal entre hombres y mujeres, que ellas sí comparten su malestar con sus amigas, que lloran cuando tienen que llorar y se abrazan dándose ánimos.” uy uy uy esto nos llevaría muy lejos pero siento discrepar del psicólogo, las amistades masculinas suelen ser más fuertes que las femeninas, ¡un momento compañeras de disidentia! no quiero decir que las mujeres no tengan grandes amistades, sino que las amistades de los varones suelen ser especialmente intensas, al igual que es sabido que muchas mujeres buscan la amistad masculina…lo que luego genera muchos problemas claro. En fin, el artículo rezuma ideología de género con el rollo de los juguetes y demás chorradas.

  7. Valiente tontería la de los estereotipos………de la muñeca y el camión….¿ Quién indujo a mi nieta de dos años a escoger una muñeca en un enorme cajón de juguetes de mis hijos?. Nadie

    Vamos a dejarnos de incluvidades y permitamos a nuestros niños ser como ellos quieran ser.

    Saludos disidentes.

    • Pero que cosas dice usted hombre ¡cómo le vamos a permitir a los niños que sean como ellos quieren ser! ¡está usted loco! que luego se nos suicidan los niños….la mejor forma de evitar el futuro suicidio del niño, es vestirle desde pequeñito de rosa y obligarle a jugar con muñecas para que sea sensible y cuente sus penas….probablemente acabará como una cabra pero quizá no se suicide inducido por la testosterona

  8. Por favor señor Pamos, ayude a extirpar las categorías raciales anticientíficas. No se puede hablar del papel de la testosterona en los últimos meses de gestación, y en el mismo artículo usar la palabra “blanco”. El discurso anti-racista según el cuál la Humanidad se divide en razas (blanco, blanco latino, negro, marrón latino, marrón asiático, asiático, y musulmán) es propio de analfabetos. Y es que la diversidad tan enorme de nuestra especie (debido a la cultura, que crea universos únicos en cada persona) produce diferencias mucho más acusadas entre unos humanos y otros que las que aparecen en distintas subespecies zoológicas. Hablar de blancos, marrones o negros -a diferencia de los papagayos o las vacas- no nos permite predecir el comportamiento de las personas individuales; mucho menos categorizar a los miembros de una sociedad con el rigor que requiere la Ley y la Ciencia. Puede que con “blanco” quiera el autor decir “de origen, cultura y valores humanos occidentales”, como Rowan Atkinson, Will Smith o Ricardo Darín. Pues que lo diga, es mejor que decir “blanco” como si los seres humanos nos clasificáramos por colores como las ceras escolares.

  9. En mayor medida está relacionado con el “fallo”.

    Si bien, no está claro cuantos de esos “fallos” son inducidos por el propio sistema social de convivencia y su creación psico-social (el individuo).
    Y cuantos son realmente enfermedad biológico-mental.

    El sistema actual no solo fabrica cosas inanimadas, también fabrica bien “cosas animadas” (individuos-masa) en serie:
    Esquizoides, psicópatas,…,etc.
    El cultivo de la muerte (que no cultu-ra) lo cual se manifiesta en que “el mejor de los mundos posibles” se auto-extingue demo-gráficamente. A lo cual algunos, de nuevo, aluden a chivos expiatorios (tan dados en los sistemas de representación,sistemas ideológicos/religiosos, no imperativa) como el “hombre postmoderno”, egoísmo, narcisismo, hedonismo, consumismo, etc.

    Implicaría cuestionar la base del sistema de “convivencia”.
    Con lo cual, es preferible que los “fallos” (fall-ecidos), sean “fallos” (débiles, no aptos, perdedores,…, y en último término enfermos mentales).
    Al más puro estilo del militar-productivismo.

  10. Con este criterio y su curriculo, pronto le solicitaran para ministro o para dirigir una ONG , sino lo está ya, yo, en su lugar me apuntaria a uno, cualquiera.

  11. El mayor drama del suicidio es que las personas sean débiles y no sepan salir de sus dramas personales con imaginación y valentía. Si tratan de cambiar a los hombres para afeminarlos solo conseguirán que se incrementen ya que en gays es mayor el problema. Paciencia y confianza

  12. Coincido con “Argantonio rey de Tartessos” que coincide con “Libertad Canaria” que coincide con el sentido común, proscrito en muchos espacios de nuestra sociedad.

    Terminar con un alegato soterrado a favor de la ideología de género ha sido algo inesperado. ¿ Qué cogno tiene que ver aquí la ideología de género ? ¿ Es la única solución que los hombres hablen como papagayos ? ¿ Que cuando tomen café se pisen la conversación, que es lo que veo, con humor, en muchas conversaciones de féminas ? Eso sí, el autor ha dejado “precisamente” de hablar de ideología de género para no tener que decir que muchos de esos suicidios de hombres son debidos a las circunstancias límites a los que los abocan las inicuas leyes de ideología de género.

    Fuera parte del caso, respecto a suicidios, me llama la atención que el estado y los medios (subvencionados todos) adopten como casi única política preventiva el silencio. ¿ Para cuando se realizarán estudios, asépticos ideológicamente, que sin temor analicen las causas por las que una persona es abocada al suicidio ? En función de esos resultados se tomarían las medidas políticas adecuadas. Pero eso no ocurrirá. No interesa saber las causas últimas porque eso obligaría a nuestros prebostes de la cosa pública a tener que ponerse a trabajar. Así que el silencio para los casos de suicidio, por miedo, dicen, al mimetismo de la sociedad, actúa como coartada para no tener que rendir cuentas. Pasa en más facetas de la gestión pública, pero eso queda para otro comentario.

  13. Totalmente de acuerdo con lo que dice Libertad Canaria sobre este artículo. Para corrección política ya hay otros medios, no Disidentia. Todo ello dicho con todo el respeto por el autor del artículo y a su derecho a exponer sus ideas. Los lectores buscamos en Disidentia un poco de aire fresco, no más de lo mismo. Estamos ya saturados de tanto “mainstream” en psicología que predican a todas horas los medios. Quizás sin querer o sin pretenderlo el autor está haciendo el juego a todo el discurso ideológico del feminismo de tercera y cuarta ola, que no solo quiere deconstruir la masculinidad, sino anularla. Buena estrategia de los que mandan para tener una sociedad dócil y controlada, bien pastoreada por los telepredicadores a sueldo del sistema.

  14. Es normal que un psicólogo que ve gente con problemas todos los días recomiende a la gente hablar de sus problemas. Está comprobado que eso tiene un gran poder curativo. Y los hombres tendemos a no hacerlo y se puede dar que eso lleve a cosas más graves.

    Pero el camino, en mi opinión, no es “desmasculinizar” al hombre, eso aliena aun más al hombre. Denigrar las características de los hombres que nos han traído a este nivel de desarrollo (junto con la función de la mujer claro está, imprescindible también) y nos mantienen en una cierta funcionalidad social, es un CRIMEN cultural. El orgullo de ser un “tío echao palante” no se debe cercenar nunca. La solución es animarle a que busque su espacio de contacto con otros como mejor sepa. Incluso dando ideas.

    Hagan su verdadero trabajo sres. psicólogos y no nos vendan la ideología de que el hombre se hace daño a si mismo porque es así de “burrisiego”

    Que ya hay mucho sociólogo y político (no en vano esa cheka de la Complutense se llama “Facultad de Ciencias Políticas y Sociología) dando por culo….

    La psicología “social” también tiene sus mierdas

  15. Un artículo puede gustar más o menos, éste me parece que no está mal, y creo que es un error considerar que lo que se dice en él, abunda en doctrinas nefandas, pero confundir Disidencia con Unanimidad no deja de ser un error

  16. ¡Qué cantidad de estupideces dice este señor!
    Esta es para nota: “El hombre se vuelve cautivo de sí mismo, de su propia biología, debe ser recio, seguro, resolutivo y nunca dubitativo.”

  17. No me ha gustado para nada el rumbo que tomó el artículo hacia la ideología de género asumiendo que eso de ser hombre y más aún si se es muy macho es una imposición cultural, lo del machismo y el patriarcado para entendernos… un argumento parecido afirman las feminazis de las mujeres y justamente hace unos días leí a una que afirmaba que el sistema tenía que educar a las niñas para que no le gustaran los malotes, algo parecido se esgrimía de los gays hace unas décadas e inclusive hubo terapias de reeducación sexual a base de electroshock que lógicamente no reeducaron a nadie y me viene además a la cabeza el cuento de las langostas sobre las jerarquía en la naturaleza que relata Jordan Peterson en su libro, además es que la propia realidad nos muestra que un macho alfa tiene más éxito al menos en el aspecto reproductivo, es decir folla más que un macho beta, aunque ultimadamente habría que añadir otra categoría, el macho gamma o pusilánime aliado feminista.

    Cada vez estoy más convencido que en realidad lo que más bien se debería incentivar es que los hombres quieran ser machos alfa y no mariquitas, débiles, acomplejadas e incapaces que finalmente acabarán suicidándose por no poder soportar la cruda y jodida realidad de eso que llaman vivir, por otro lado esto que se pretende ultimadamente de obviar la biología o la naturaleza en cualquier análisis sociológico que se haga me parece un gravísimo error y me preocupa aún más, que se haga con una burda intención de manipular a los desinformados.

    Por su parte está muy bien “visibilizar” este problema, pero justamente muchos hombre o la mayoría se habrán suicidado por la intervención estatal ya sea en su ámbito laboral al dejarles parados o con un salario de mierda por tantos impuesto y regulaciones, o en la ruina por tener que cerrar sus negocios; y en el ámbito familiar ya sabemos el infierno que ha desatado en muchas familias y el temor entre los solteros el feminacismo rampante, así que esa idea de que el Estado haga más para solucionar este problema posiblemente acabe causando más suicidios en una sociedad cada vez más solitaria, esclavizada por el sistema y dopada para evadirse de la realidad como si del mundo feliz de Huxley se tratase, pero sobre todo de hombres prácticamente castrados, derrotados y acobardados, a los cuales se les insulta por el simple hecho de ser hombres, por lo tanto queda claro que la masculinidad está en peligro no solo por lo del suicidio sino por toda la basura ideológica que se nos quiere imponer “por nuestro bien”.

    PD. Este artículo para mi debería estar en El País y no en Disidentia.

    • Completamente de acuerdo con Libertad canaria. Entre los verdugos del silencioso y silenciado crimen en serie de los hombres, sin lugar a dudas está el feminismo en los procesos de divorcio.

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