Cuesta trabajo creer a los extremos que ha llegado el gobierno de Pedro Sánchez en punto a no responder de ninguna manera ni a nadie respecto al qué y al porqué de sus acciones. Sánchez ha descubierto que hay gente que le da la razón diga lo que diga, de manera que no se molesta lo más mínimo en decir algo que pudiera, aunque fuese de manera lejana, poner en un aprieto la fe de carbonero que alimentan esos seguidores incombustibles. El último ejemplo, preguntado sobre si las hazañas sexuales del jefe policial de confianza del ministro Marlaska podrían suponer alguna clase de responsabilidad del susodicho, el gran Sánchez recurrió a la fórmula habitual: “nosotros hemos reaccionado con rapidez y rotundidad” y olé.
La política española vive instalada en la consigna y la evasiva. Ante escándalos policiales, desastres ferroviarios o giros diplomáticos opacos, Pedro Sánchez responde con fórmulas grandilocuentes y escaso control parlamentario, mientras la responsabilidad se difumina entre aplausos asegurados y silencios estratégicos
No debiera extrañarnos que se comporte así quien ha dicho que si el Parlamento no le apoya gobernará sin el Parlamento y vaya si lo está haciendo. Este buen señor se cree que la democracia es para apabullar al ciudadano que no tiene el poder, pero la democracia se inventó no para halagar al que manda sino para poder sujetarlo. Alguno de sus tropecientos asesores le podría explicar esa idea de Niebuhr según la cual la democracia es necesaria no porque el hombre sea bueno, sino porque, aunque el hombre tenga la capacidad de hacer justicia, también tiene una inclinación a la injusticia y que por esa razón el poder siempre deberá ser vigilado y limitado.
El arriesgado asesor que le dijera tal cosa, no teman, no sucederá, aparte de recibir un palmetazo o más de varios de los edecanes monclovitas, tendría que enfrentarse a una pregunta sobre quién es ese Niebuhr, y a escuchar una vez más aquello de “nosotros reaccionamos siempre con rapidez y rotundidad ante cualquier queja, aunque la verdad es que cualquiera que se queje ya sabes lo que es”. Abrumado, el asesor monclovita podría sentir la tentación de marchar al frente de Madrid a luchar con Ayuso y a preparar la candidatura de López que, sin que se entere nadie, es seguro que le parecerá mucho más preparado en teorías políticas que el gran Sánchez, cuya habilidad se mide con otros parámetros menos doctrinales.
Es natural que un gobierno que responde con tanta contundencia ante cualquier demanda esté un poco mosqueado por los puristas que le piden que entregue el certificado que acredita que la soldadura sospechosa de Adamuz fue convenientemente auscultada y acreditada. Tanta manía con los papeles va a conseguir que se acabe por descubrir la trampa de trilero que se oculta tras tanto posible motivo del desastre ferroviario, ese perpetuo mover la barrila de los carriles al balasto, de ahí a la soldadura y de la soldadura al tren italiano (de la Meloni, nada menos) con la piadosa intención de que nadie repare en que al vallisoletano tuitero que responde por Puente se le pueda atribuir la menor responsabilidad. El ministro ya ha dado numerosas y enrevesadas respuestas, hasta el punto de que pronto mereció el halago del Líder Supremo, “hemos dado toda clase de explicaciones” aunque sin añadir lo que verdaderamente pensaba en ese momento “y ahora estamos a la espera de decidir a quién podemos echarle las culpas de manera convincente”, porque lo mismo no cuela que la culpa sea de Aznar, de Rajoy o de la siderúrgica, pero seguimos investigando y en su momento les diremos toda la verdad sin el menor intento de disimular nada. Y mientras tanto la opinión ha pasado ya por varios escándalos posteriores, como el del DAO de Marlaska, sin echar en saco roto el interés nacional en la maniobra de Rufián que eso sí es política y no lo de andar a tortas por unos trenes que descarrilan y chocan por razones incomprensibles, misteriosas, extrañas, en fin, sin que los distintos responsables, por decir algo, del gobierno tengan nada que ver, ni nada que decir, faltaría más.
Se dice que Sánchez es discípulo amado de Zapatero, pero se puede asegurar que no le hizo ningún caso cuando el vaporoso príncipe de doña Delcy le explicaba aquello del talante, porque el de don Pedro es asaz agrio y resolutivo, nada dialogante. No es extraño que se le saquen analogías con Trump, aunque éste se diferencia claramente de aquel en que ya era muy rico antes de llegar al sillón, además de que su deporte es el golf y no el baloncesto, que es lo único americano que parece gustarle a Sánchez.
Lo mismo que ha habido líderes fracasados que se han puesto a dar clases de liderazgo cabe que Sánchez acabe dando lecciones de parlamentarismo, él es muy de cambiar de opiniones como se sabe, pero ahora que le toca la cosa práctica la verdad es que no parece muy preocupado porque el Parlamento español brille en la galaxia occidental como un ejemplo refulgente de democracia. Ha tenido mala suerte nuestro sistema al ser una monarquía parlamentaria, con lo mucho que le gustaría a Sánchez que fuésemos una república presidencialista con él al frente, desde luego, y con capacidad para ampliar las legislaturas, pues no deja de ser una tontuna convocar elecciones para perderlas, eso lo tiene muy claro.
Ganar unas elecciones, piensa Sánchez, debería ser un mérito indeleble, comportar una legitimidad inagotable porque no se puede dejar en manos de cualquiera el cambio de rumbo de una democracia avanzada como la que Sánchez dice practicar. Avanza, en efecto, pero no lo hace hacia cualquier lugar sino hacia las metas que la preclara mente del líder ha decidido que nos interesan a todos. Los ciudadanos ya participamos al votar, ahora es su momento porque ha sido investido por el Congreso y ya es hora de que diputados y senadores se atengan a este hecho primordial y dejen de dar la lata y pedir explicaciones que debieran ser obvias porque Sánchez y su gobierno todo lo hacen perfectamente.
Hay mucha mala uva en los diputados de la extrema derecha, que es la única que hay según han descubierto los asesores de Sánchez y no se puede dejar la democracia bien entendida al albur del humor de unas minorías nerviosas, corruptas e insignificantes, o sea que, si dan la lata, peor para ellos porque Sánchez no les va a hacer ni caso, y no se va a hacer presente en el hemiciclo más que cuando se le garanticen los aplausos y se le pregunten cosas que le permitan lucirse.
La democracia corre mucho peligro si abundan los que se creen que pueden preguntar si hay alguna relación entre el robo del teléfono por parte de Marruecos (que ha prometido no volver a hacerlo, reparen en la conquista) y el cambio de posición española sobre el Sáhara. Bueno, española, no del todo, de Sánchez y basta, porque no se dignó ni a compartir su sapientísima e inesperada concesión ni con su gobierno, ni con el parlamento, ni con el ministro del ramo, y mira que es dócil el muchacho. Éste último, ya con la costumbre, tampoco se ha dignado dar cuenta a nadie de un acuerdo histórico sobre Gibraltar: tiene razón, histórico seguro que resulta, otra cosa es que nos convenga como españoles, pero nadie puede pedir peras a este olmo.
Mientras escribo estas líneas, Sánchez se encuentra en la India tratando de figurar en un congreso sobre la IA, seguro que les explica los planes de una IA española que anunció hace ya unos meses y que, din duda, estará dotada con un buen número de millones, pero sin exagerar, que no vamos a ser como Musk en este asunto; lo que les recomiendo es que estén atentos al mercado bursátil en este tipo de tecnologías porque seguro que no será indiferente a los grandes anuncios que Sánchez hará en la India y si han invertido en alguna de las grandes del sector, mírenlo bien no vaya a ser que pierdan una gran oportunidad de dar el pelotazo de sus vidas: escuchen a Sánchez que, además, estará aconsejado en tan delicado asunto por su Begoña que, como todos sabemos, es un hacha en esto del software.
Seamos sinceros, ¿Quién va a estar escuchando minucias en un Parlamento tan despistado como el nuestro si puede estar atento a la evolución de la IA y dar algún toque progresista a sus desarrollos? No pidamos cotufas en el Golfo, por favor y permanezcamos atentos a lo que nuestro Sánchez pueda decir en asuntos de tanta trascendencia.
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