Según Pol Krivaček, autor de Babylon: Mesopotamia And The Birth Of Civilization, el origen del velo pudo haber tenido lugar en Asiria, en la antigua Mesopotamia. Asiria fue un temido imperio que es recordado, entre otras cosas, por su crueldad y la severidad de los castigos a aquellos que infringían sus leyes, siendo el aborto condenado con el empalamiento y el adulterio, con la desfiguración. Es en este código asirio donde encontramos la primera imposición conocida a la mujer del velo: “Ni esposas ni mujeres que salgan por la calle deben llevar la cabeza descubierta. Las hijas de los nobles… deben cubrirse, sea con un chal, una toca o un manto… Cuando salgan solas a la calle, deben cubrirse. Una concubina que sale a la calle con su señora debe cubrirse. Una prostituta sagrada, casada con un hombre, debe cubrirse en la calle, pero una a la que un hombre no ha desposado debe llevar la cabeza descubierta en la calle; no debe llevar velo. Una prostituta no debe llevar velo; su cabeza debe estar descubierta. Prostitutas y sirvientas que se cubran habrán de ver sus prendas confiscadas, habrán de soportar cincuenta azotes y habrán de ver betún arrojado sobre sus cabezas”. Se pueden consultar los códigos legales babilónicos aquí.

Los mesopotámicos veían a sus dioses, como muchos politeístas, como parte de la naturaleza; representaciones de fuerzas naturales y cósmicas que se asemejaban a ellos mismos. Los asirios trasladaron a la divinidad más allá de lo natural y por encima de la manifestación, quedando así la naturaleza fuera de la concepción de lo sagrado. Los hombres también pasaron a estar por encima de la naturaleza y a la vez dentro de ella, dotados de un carácter semidivino, puesto que los dioses los habían concebido a su imagen y semejanza. Pero las mujeres dada su fisiología diferente y su capacidad de engendrar hijos y alimentarlos con su propio cuerpo, fueron relegadas a lo natural y no sagrado.

También el ciclo menstrual de la mujer inquietaba a los asirios hasta el punto de que llegaron a considerarla diabólica y la apartaban de los hombres religiosos mientras estaba menstruando, pues no solo era impura, también podía contagiar al hombre con su impureza. En resumen: la mujer quedaba excluida de la humanidad plena y de la naturaleza semidivina, y se convertía en un peligro para el hombre religioso.

Las categorías de velos: burka, niqab, chador, al-amira, hiyab, shayla… solo difieren en grado, pues unos son más restrictivos y otros más permisivos, pero en todos existe el mismo sustrato machista

Del código asirio, el islam heredó la norma de invisibilizar y cubrir el cuerpo de la mujer, pero con un matiz diferenciador: En Asiria las mujeres de clase baja tenían prohibido cubrirse, siendo el velo un signo de distinción entre mujeres dignas e indignas. En el islam todas las mujeres debían cubrirse independientemente de su estatus; la exigencia del recato femenino era universal.

La doctrina del velo sigue practicándose en oriente, pero en occidente ha perdido popularidad. Así ha sido al menos en lo que respecta a la mujer cristiana, porque su uso en la mujer musulmana sigue abierto a debate. Entre los judíos se acostumbraba a adorar con la cabeza cubierta, tanto hombres como mujeres. En cambio, los griegos (hombres y mujeres) llevaban la cabeza descubierta. El velo no llegó a ser llevado únicamente por las mujeres hasta que San Pablo dio la enseñanza de los principios y las aplicaciones de Dios al respecto:

“Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo. (4) Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta su cabeza. (5) Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado. (6) Porque si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra. (7) Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón. (8) Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón, (9) y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón. (10) Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza.” Corintios 11.2–16

Hay movimientos minoritarios como The head covering movement, basados en escritos de la iglesia primitiva, que tratan de retomar la doctrina del velo para el mundo cristiano:

“Recuerde que el propósito del velo es representar la sujeción de la mujer cristiana a su cabeza. Ya que esa relación entre el hombre y la mujer no cambia, a ella le conviene llevar el velo todo el tiempo. Además, su relación con Dios también es constante. La mujer cristiana debe estar dispuesta a orar a Dios y testificar de él en todo tiempo. Al llevar puesto el velo ella siempre goza del privilegio de participar en esas actividades espirituales en todo momento. Si ella estuviera en rebelión contra Dios en cuanto a esta doctrina bíblica, aunque sea por una hora, entonces perdería ese privilegio.”

Este tipo de imposiciones religiosas son rechazadas en la mayor parte de occidente hoy en día. ¿Por qué sólo son rechazadas cuando nos referimos a mujeres cristianas y no a musulmanas? La violencia con la que se ha tratado a la mujer en el mundo musulmán, forzándola al uso del velo, es infinitamente mayor que la que pueda haber sufrido la mujer cristiana a este respecto. Y el uso ceremonial del velo en la iglesia entra dentro de los protocolos de vestimenta que suelen utilizarse en los ritos. Aun así, independientemente de que cada rito se practique con una indumentaria específica, el velo tiene un simbolismo machista.

“Sé que hasta hace cincuenta años atrás cada mujer en cada iglesia cubría su cabeza… ¿Qué fue lo que sucedió en los últimos cincuenta años? Tuvimos un movimiento feminista.” Robert Charles Sproul (Teólogo y escritor)

El feminismo contra el velo cristiano

Iniciado el siglo XX, las mujeres cristianas empezaron a renegar del velo en las ceremonias religiosas. Esta tendencia coincide con el auge del feminismo, cuyo comienzo se sitúa durante la ilustración (Siglo XVIII). Fue cuando se lanzó lo que conocemos por primera ola. Y aunque la práctica continuó en muchas iglesias, el símbolo del velo perdió poder.

En los años sesenta el número de mujeres que seguían utilizando el velo descendió de nuevo radicalmente gracias al movimiento feminista, que cargó duramente contra este símbolo de sumisión a la autoridad del hombre y del poder religioso. Concretamente, la Organización Nacional de Mujeres (NOW) fundada por Betty Friedan, dedicó parte de su activismo a detener las prácticas del velo.

Escribía Phyllis Schlafly, activista conservadora contra el movimiento feminista: “Debido a que el uso del velo en los servicios religiosos simboliza la sumisión de la mujer, NOW recomienda a todas sus divisiones que realicen un esfuerzo para que todas las mujeres participen en un ‘desvelo nacional’, enviando sus velos al presidente del Grupo de Trabajo. En la reunión de primavera del Grupo de Trabajo de la mujer y religión, estos velos serán quemados públicamente para protestar contra el estatus de segunda clase que las mujeres tienen en las iglesias”.

Esta lucha que lideraron las mujeres tuvo éxito en el mundo occidental en contra de los sectores más conservadores, que no disimulaban su preocupación por perder las “viejas costumbres”, o como diría ahora el feminismo hegemónico: “perder los rasgos identitarios y culturales”.

“Me perturba que… en Estados Unidos la tradición de que la mujer cubra su cabeza haya muerto al mismo tiempo que presenciamos una revuelta cultural en contra de la autoridad del esposo sobre su mujer” Robert Charles Sproul (Teólogo y escritor)

La lucha entre los dos “feminismos”

Las categorías de velos: burka, niqab, chador, al-amira, hiyab, shayla… solo difieren en grado, pues unos son más restrictivos y otros más permisivos, pero en todos existe el mismo sustrato machista (No comparte estas connotaciones machistas el velo que utilizan las mujeres por razones estéticas o lúdicas).

Dice Masih Alinejad, activista iraní y fundadora de #Whitewednesdays, que decir que la imposición del velo es parte de una cultura, es insultar a esa cultura. Y tiene razón, el velo no es exclusivo del islam como ya he expuesto, pero en las sociedades islámicas, y ahora también en Europa, las mujeres musulmanas siguen siendo forzadas a llevar velo y ante esto el feminismo hegemónico no solo aparta la vista sino que pone trabas a las feministas que, como hicieron las cristianas en Estados Unidos, están luchando por liberarse del velo en condiciones mucho más adversas que las que sufrieron sus antecesoras occidentales. Pues el patriarcado musulmán castiga con ferocidad a las mujeres que se liberan de su autoridad, enfrentándose estas a ser encarceladas y torturadas por el mero hecho de quitarse el velo o bailar públicamente.

Para justificar el escandaloso silencio de las feministas hegemónicas ante las barbaridades que se cometen contra las mujeres musulmanas, argumentan que la lucha por la libertad de las mujeres islámicas les pertenece a ellas. Pero cuando una mujer se libera de la imposición del velo y se convierte en referente de otras mujeres que estando oprimidas se atreven a seguir su ejemplo, las mismas feministas que dicen que no nos corresponde a las occidentales intervenir en luchas ajenas, las mismas que critican con dureza y en ocasiones faltando al respeto a todo símbolo cristiano, acusan a las que se enfrentan a la imposición del velo de islamófobas, traidoras y eurocentristas. Las verdaderas feministas no solo tienen que luchar contra el machismo que padecen, también tienen que defenderse de las acusaciones de las feministas hegemónicas, que en su deriva machista les dificultan llegar a liberarse de una opresión que las incapacita para disfrutar mínimamente de sus vidas sin tener que transgredir la ley.

Y eso no es todo, algunas de estas feministas hegemónicas promueven un “feminismo islámico”. Dice Mimunt Hamido sobre las occidentales conversas: “El hiyab tiene un sentido político clarísimo. Disfrazarlo de moda o de libre elección, incluso de prenda “empoderante” y feminista es una locura. Muy peligroso para nosotras. Han conseguido a golpe de talonario que las jóvenes musulmanas crean que es una obligación llevar puesto un símbolo identitario y sexista para sentirse parte de algo. Cabe preguntarse en qué nos hemos equivocado para que una chica de 20 años nacida en España crea que tiene que llevar puesto un símbolo patriarcal para que se la distinga de otras, que confunda identidad con ideología y encima se crea que ese símbolo la empodera. Son agresivas. Dicen que quien rechaza el hiyab es una colonialista blanca eurocentrista, una renegada acomplejada o una islamófoba racista, ¡ojo! Eso me lo dicen a mí, que soy mora, mujeres que antes de ser musulmanas eran ateas o cristianas, españolas de toda la vida que dicen ser feministas. Crean talleres para convencer a las chicas de que el hiyab empodera, talleres para convencerlas de lo guay que es ser parte del islam visible. Pero aquí está lo que nunca dicen las conversas: es fácil hacerse musulmán en Europa, sí, pero es imposible dejar de serlo para un nacido musulmán en muchos países musulmanes. Curioso que las conversas no digan ni pío sobre este tema.”

La parte negativa del Estado de bienestar es la tendencia social a la infantilización. El privilegio de haber nacido en una sociedad medianamente acomodada nos vuelve cada vez más perezosos, más preocupados por recibir que por aportar. El Estado, que actúa como padre benefactor nos inculca que tenemos todos los derechos, pero ninguna responsabilidad a cambio de que deleguemos estas responsabilidades. Eso nos infantiliza, nos vuelve exigentes con todos menos con nosotros mismos. Y es por esa exigencia e infantilización por lo que triunfan los victimismos. La víctima es inocente, no tiene necesidad de justificarse, no puede ser cuestionada, debe ser atendida en sus demandas, no se espera de ella que se esfuerce, está inmunizada contra la crítica.

La de víctima es una posición perfecta para ejercer poder sobre los demás sin demostrar ninguna capacidad o talento. Y ante aquellos que son incapaces de construir su propia identidad a través de sus actos y logros, las identidades colectivas que les otorgan el estatus de víctima se presentan como una opción irresistible.

La consecuencia lógica de esto es que las verdaderas víctimas no encuentren amparo en los colectivos que se sirven de la victimización sin otro objetivo que remarcar la propia importancia personal.

“A las grandes pensadoras del feminismo árabe como Wassyla Tamzali se las ningunea y ridiculiza desde el feminismo islámico, al que aplauden muchas feministas aquí. He visto cómo alguna feminista islámica ha tachado de traidora a Mona Eltahawy, una mujer que sufrió torturas y violaciones en Egipto. Es desolador y terrible que esto esté pasando en Europa, porque las verdaderas feministas árabes y musulmanas se dejan la piel y la vida para conseguir lo contrario de lo que quieren las feministas islámicas de aquí. Eso sí, luego hablan de eurocentrismos y se quedan tan anchas. Separar la fe de la política es muy difícil en el islam, pero se puede hacer. Túnez está en ello, Turquía es un país laico. El error que se comete en Europa es pensar que los musulmanes no podemos avanzar y dejar atrás dogmas que nos perjudican. La izquierda europea justifica lo injustificable agarrándose a que es “nuestra cultura”. Hay que proteger a las minorías, pero no ceder ante símbolos y costumbres llamados “culturales” que atentan contra la libertad y los derechos humanos.” Mimunt Hamido.

Reformismo islámico

Las culturas evolucionan y las identidades son cambiantes. El avance que supuso la Ilustración dando lugar a una nueva forma de entender el mundo, en el que la religión fuese respetada pero dejase de ser fundamento de la sociedad, de modo que el pensamiento crítico ocupase su lugar para emancipar al individuo despierto con libertad de pensamiento, elección y expresión, debe ser y es patrimonio universal, independientemente de si se dio en Europa, en América o en África, y así lo refleja la Declaración Universal de los Derechos Humanos por la libertad, la justicia y la paz que fueron inspirados en estos valores.

La libertad para pensar por uno mismo sin que religión o gobierno lo hagan por ti es requisito esencial para ser considerado adulto, y el velo por ser símbolo de subordinación al hombre relega a la mujer a la categoría de menor de edad. Esto es contrario a los ideales de emancipación y libertad del pensamiento ilustrado. Todos los avances que surgieron de la ilustración conforman las sociedades más abiertas y libres que existen, esto nos costó renunciar a muchas cosas que hoy podrían considerarse como “rasgos culturales identitarios” a los que decidimos no aferrarnos por considerarlos un lastre para nuestro desarrollo.

Esto no significa necesariamente descartar la religión, algunos de los científicos más importantes de la historia eran profundamente religiosos, lo que conlleva esto es que la religión pueda ser cuestionada, investigada, interpretada y descartada para el que así lo desee sin que el poder religioso intervenga. La espiritualidad se torna así más plural y abierta a la interpretación y el sentir individual, alejándose del dogma y la imposición de la estructura religiosa dominante. “La Ilustración es la mayoría de edad del hombre, que consigue deshacerse de la tutela del poder religioso y del poder político. Es capaz de pensar y actuar por sí mismo.” Immanuel Kant

Durante el siglo XIX surgió un movimiento intelectual llamado “reformismo islámico”, cuyo objetivo era conciliar los valores democráticos, la igualdad, el progreso y los derechos civiles con el islam y para ello abogaban por reinterpretar los textos sagrados. Entre sus objetivos estaban: mejorar los conocimientos científicos y técnicos, la conexión con el movimiento cultural literario renacentista que marcó el despertar del oriente árabe y reformar aspectos políticos y éticos dentro de la ley islámica, para introducir los nuevos términos civiles y racionales.

Ayaan Hirsi Ali nació en Arabia Saudita y vivó en Kenia, fue criada en el islam, en el seno de una familia profundamente religiosa, le practicaron la ablación, llevó el hiyab por “voluntad propia” y años después comenzó su despertar intelectual en una época difícil en la que se cuestionó todas sus certezas. Huyó a Holanda tras negarse a someterse a un matrimonio concertado y una vez allí llegó a ser diputada dando voz a mujeres que sufrían el mismo tipo de maltrato del que ella había escapado.

Se convirtió en un referente de valentía y poder femenino, hasta que comenzaron a perseguirle algunos grupos islamistas. Protagonizó un documental narrando su historia y el realizador fue asesinado, quedando ella bajo protección del gobierno. Cuando le retiraron la protección, viajó a Estados Unidos y comenzó una nueva etapa como defensora del reformismo islámico. “He visto el islam desde dentro y desde fuera. Creo que la reforma del islam es necesaria y posible. Y sólo los musulmanes pueden hacer la reforma realidad. Pero nosotros, Occidente, no podemos permanecer al margen como si el resultado de esta lucha no tuviera nada que ver con nosotros. Si el yihadismo gana y se pierde la esperanza de reformar el islam el mundo entero pagará un precio terrible.” Ayaan Hirsi Ali.

Quién le iba a decir a Ayaan que no solo tendría que defenderse de los ataques de los islamistas más retrógrados y que en su lucha por la defensa de la reforma del islam también tendría que enfrentarse a intelectuales y políticos “progresistas” occidentales, que no dudaron en tacharla de “islamófoba”. Aquellos que defendían la libertad colaborarían con quienes la aniquilan para silenciar a Ayaan y al resto de disidentes y reformistas.

Pues la libertad alcanzada en occidente también tiene enemigos entre los que disfrutan de ella, porque los valores de los ilustrados siempre estarán en peligro por los tiranos de oriente y occidente. Mantener los logros a los que hemos llegado no es fácil y nada está totalmente asegurado. La regresión de nuestras sociedades occidentales a épocas más oscuras es una posibilidad que Ayaan nos recuerda y de la que nos advierte. La libertad hay que defenderla con coraje y sin descanso. El islam necesita una reforma para que sea compatible con los derechos humanos y las sociedades modernas, tiene que abandonar la interpretación literal de algunas de sus fuentes y las prácticas violentas.

Cuando etiquetamos a los reformistas y disidentes de “islamófobos” mermamos la posibilidad de que esta reforma tenga lugar y condenamos a nuestras sociedades a un conflicto imposible de resolver. Ayaan pide que podamos criticar al islam en las universidades del mismo modo que criticamos el cristianismo o no habrá progreso posible para ellos. Occidente, que pretende expiar los pecados por el colonialismo autoflagelándose, tiene que superar su narcisista superioridad moral y empezar a valorar y defender los avances conquistados. Decir como Ayaan: Si queréis vivir en nuestra sociedad y compartir sus bienes materiales, necesitáis aceptar que nuestras libertades no son opcionales.

¿Se debería prohibir el uso del velo?

La imposición del velo es incompatible con los derechos humanos, pero no se debería prohibir su uso a quienes opten libremente por llevarlo, pero aquellas que lo lleven, que no lo hagan pasar por feminismo. El simbolismo del velo es machista y como mujer tienes la libertad de ser machista mientras no impongas ese machismo a terceros. ¿Es posible resignificar el velo? No mientras siga habiendo mujeres obligadas a llevarlo. Es importante tener esto claro y desmentir las falsedades de los que quieren hacer pasar el velo por prenda feminista y emancipadora.

También debemos exigir a nuestras representantes políticas que no se sometan a la imposición del velo cuando vayan a países musulmanes, las mujeres libres deben dar un mensaje contundente de apoyo a aquellas que se están jugando la vida negándose a llevar el velo, pues las feministas hegemónicas corruptas que muy a mi pesar representan al feminismo nacional, no dudan en denunciar el machismo cuando buscan adquirir poder (exigiendo cuotas y discriminación positiva), siendo capaces de ponerse el velo en señal de “respeto por otras culturas” cuando buscan alianzas políticas con los verdaderos carceleros de las mujeres.

Estar junto a las víctimas es nuestra responsabilidad si nos duelen un mínimo las barbaridades a las que están sometidas las mujeres en el mundo musulmán y no solo por ellas, también por nosotras si no queremos que peligre nuestra propia libertad.

“Ya es hora de que las mujeres australianas que participan en política dejen de colocarse el velo cuando van a los países musulmanes. Sé que es bueno respetar a los demás, pero si usted es la canciller, es canciller con su uniforme e insignia y si no la respetan como mujer, en venir y vestirte con lo que le guste vestirse, entonces ese es un país cuya embajada no deseamos. No queremos nada con esta gente si no respetan a nuestra canciller, independientemente de qué país sea…” Imam Muhammad Tawhidi.

Foto: Mohamed Nohassi

Artículo anteriorLa balada de la clase media
Artículo siguienteEl silenciado impacto ecológico de la “agricultura bio”
Marina de la Torre
Emprendedora y autodidacta. Mis ideas controvertidas sobre política y feminismo suelen generar polémica en redes sociales. Interesada en filosofía, especialmente en algunos pensadores orientales. Defensora del individuo como la mayor de las minorías; abogo por un movimiento humanista que no divida ni clasifique a las personas según características identitarias superficiales. Entre mis aficiones destacaría mi amor por los videojuegos y las artes visuales.

6 COMENTARIOS

  1. Gran trabajo, Marina. Comparto plenamente la exposición de los hechos que plantea en el artículo y que a buen seguro no serían del agrado de la “pensadora islámica decolonial”, Sirin Adbi Siba, autora de “La cárcel del feminismo” (patriarcado e islamofobia a debate).
    La obra de la activista surgió como respuesta al reproche que le hizo un profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, cuando este se atrevió a cuestionar que una mujer musulmana con hiyab hiciera una tesis doctoral.
    En su momento fue recibida y entrevistada por distintos medios que se hicieron eco de sus “tesis decoloniales”. Por supuesto que en el coctel que nos ofrece no pueden faltar los “culpables de la islamofobia actual”: la hegemonía de occidente, el patriarcado y el capitalismo.
    Para ella, decir que las situaciones de machismo son intrísecas a las sociedades musulmanas es racista. “Para comprender el patriarcado en las sociedades musulmanas hay que comprender antes como la colonización ha colonizado el el patriarcado” (chúpate esa) Y es que Agunos de esos fragmentos no tienen desperdicio:

    “Sirin reivindica el uso libre del velo, entendiendo las implicaciones patriarcales que ello puede conllevar, pero que, en su opinión, no son más opresoras que la talla 36 o el uso de los tacones o el maquillaje en Occidente”. (solo le ha faltado añadir la depilación)
    “El hiyab y sus significados en el Islam, ligados a una ética global de liberación se encuentran invisibilizados y secuestrados entre los discursos coloniales que lo convierten en símbolo universal de la subyugación femenina y símbolo de la anti-modernidad”.
    “La islamofobia es un dispositivo colonial que subhumaniza a los musulmanes y a la civilización islámica mediante una compleja red de instituciones discursivas y no discursivas que adoptan la forma de racismo cultural”.
    “el islam es igualitario de todos los seres humanos y defiende los derechos de todos. El islam no es una religión, la religión es un concepto colonial a través del cual se ha ido construyendo la realidad”.

    No me sorprendería que buena parte del feminismo militante (del que también beben Kitchis, Colaus y cía en su fijación con los “genocidios”) se haya nutrido de las tesis disparatadas de esta activista granadina que, con tal de defender el uso personal de la hiyab, se ha montado su propia película. No ha tenido inconveniente en reinventar la historia a su imagen y semejanza, partiendo de premisas tan falsas e increíbles, que producen sonrojo y verguenza ajena.

  2. Bueno, pero los fenómenos sociales también hay que verlos por el lado bueno.
    En la calle, una parte del atuendo de las islámicas recientes ya está adoptando un modelo indumentario de transición que mantiene en la parte de la cabeza las tradiciones y en el resto las trampas de la vestimenta accidental. Esto es un dato a considerar.
    Al paso que vamos, no tardando mucho, las hijas de berbería, alcanzaran en Europa una masa crítica cercana al 40% de todas las mujeres, cuyo peso en el sufragio podrá traducirse, en al menos, las siguientes consecuencias:
    1. Equilibrio demográfico.
    2. Aseguramiento de las pensiones.
    3. Legalización de la poligamia y el concubinato, cuya traducción inmediata es la reducción drástica de
    ciertos costes asociados a las dependencias varoniles, cuyo precio, como todos, esta vinculado a la
    escasez y la necesidad y la competencia (Walras).
    4. De mantenerse la actual jerarquía de genero instalada en las tradiciones de esta cultura, sera un
    auténtico bombazo para las pretensiones igualitarias y de cuota, en cuya lucha están involucradas
    todas las hijas de la progresía, esas del pelo colorao, su color de guerra, y que ahora sacan pecho
    aquí ante el varón blandito con el que lidian, pero que se ponen velo sumisas cuando pisan suelo moro.

    Como en toda aporía, será curioso ver que nos depara lo porvenir en pleca oclocracia.

  3. Gracias María de la Torre por este articulo, las musulmanas, musulmanas laicas, y exmusulmanas sin velo, llevamos años reclamando atención, y no solo por nosotras, Europa sigue sin abrir los ojos a pesar de que ve como el integrismo avanza sin barreras. Nosotras luchamos contra nuestro patriarcado, contra el occidental (por vivir aquí) contra el racismo y ahora también contra una izquierda que utiliza su relativismo cultural para hacernos a un lado y abrazar justo lo que en otras religiones rechazan de plano. como dice Amelia Varcarcel ” no le permitas a un imam no lo que no le permites a aun cura”. Extrañamente la izquierda olvidó su laicismo, y nos echa a las fauces de los leones. Nuestra lucha es demasiado ardua contra toda lógica.

  4. El artículo es excelente.

    Sólo un apunte al uso del velo de mujeres occidentales cuando van a países musulmanes, incluidas mandatarias, esposas de mandatario o meras turistas, no tengo una opinión clara sobre esto. Si voy a un país árabe y si quiero acceder a determinados lugares tendré que adaptarme a sus normas, algo que ellos deberían adaptarse a las nuestras cuando vienen a Occidente.

    Pero no estoy de acuerdo cuando en Occidente muchas mujeres se ponen el velo en acto de solidaridad, ha pasado en los atentados en Nueva Zelanda en la plegaria que se hizo delante de una de las mezquitas. Con eso si que no estoy de acuerdo. La solidaridad nada tiene que ver con asimilar costumbres de otras culturas que personalmente me parecen un retroceso a la libertad y a los derechos de igualdad.
    Si fuera al revés las mujeres musulmanas que llevan velo no se lo quitarían en un acto solidario en una Iglesia cristiana.
    Pudieron participar en esa plegaria pero como occidentales y dejando muy claro que comparten el dolor pero no su forma de vida.