A mediados de enero de 2018 el Papa viajaba a Chile. En el país andino tuvo problemas con la prensa. Y toma por calumnias las críticas de encubrimiento de abusos sexuales que recaían sobre al obispo chileno Juan Barros, al que defiende. Sin embargo, y pese a apoyar a este prelado, a los pocos días el Papa, una vez en Roma, informa por comunicado de prensa que va a enviar a Santiago de Chile al Presidente del Colegio para el examen de recursos (en materia de delitos más graves), Charles J. Scicluna, con el fin de conocer los testimonios de las presuntas víctimas. Ante una indisposición temporal de Scicluna el oficial de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el español Jordi Bertomeu, se haría cargo de la misión papal, destinada a aclarar las actuaciones del obispo Barros.

Entonces se descubrió que Barros había estado vinculado a Fernando Karadima, un sacerdote chileno, acusado de abusos sexuales con adolescentes. Y no solo eso. Terminada la investigación, el Papa recibió el informe de Scicluna y Bertomeu, de más de 2.300 páginas, con 64 testimonios recogidos en Santiago de Chile durante el mes de febrero de 2018.

El 11 de abril de 2018 el líder de la Iglesia Católica reconoce en carta pública haber “incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación”

Conocidos los datos del citado informe, el 11 de abril de 2018 el líder de la Iglesia Católica reconoce en carta pública haber “incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada”. Además, el Papa Francisco pide “perdón a todos aquellos a los que ofendió” y concluye que todos los testimonios investigados “hablan de modo descarnado, sin aditivos ni edulcorantes, de muchas vidas crucificadas y les confieso que ello me causa dolor y vergüenza”, confiesa el Obispo de Roma.

Convocada en el Vaticano una Conferencia Episcopal integrada por las autoridades eclesiásticas chilenas, los obispos Luis Fernando Ramos y Juan González Errazuriz se presentaban en rueda de prensa el 18 de mayo de 2018 y ofrecían dimitir de sus cargos. El Papa les había acusado de esconder la existencia de pruebas y no haber investigado los escándalos de abuso sexual con menores.

Y ahora Pensilvania

Igual que ocurrió en la diócesis de Boston entre los años 1984 y 2002, en Pensilvania acaba de destaparse otro escándalo sexual de idéntica magnitud. Según el informe de 1.356 páginas realizado por un equipo judicial, en 6 de las 8 diócesis de Pensilvania había una activa red de pederastas. Hablamos de 300 miembros del clero que abusaron sexualmente de 1.000 personas -el número asusta- durante siete décadas, incluyendo violaciones, prácticas sadomasoquistas, uso de somníferos, etc.

Si se desperdicia la oportunidad de extirpar esta clase de delitos, habrá más dosieres y seguirán los incidentes de libertinaje

¿Ha habido en Boston una indemnización económica destinada a las víctimas de abusos, como exigía en 2002 el cardenal Bernard Law? En absoluto. ¿Habrá en este 2018 signos de apertura dentro de la Iglesia Católica? Es decir, ¿el Papa Francisco entregará el informe “Scicluna-Bertomeu” a los representantes de la justicia chilena, como esta viene demandando?, ¿facilitará también el camino a los fiscales civiles de Irlanda, de EE UU… para que se hagan cargo de la investigación sobre los sacerdotes católicos que presuntamente han cometido abusos sexuales?

Si se desperdicia la oportunidad de extirpar esta clase de delitos, habrá más dosieres y seguirán los incidentes de libertinaje, de impunidad en que aún quieren vivir unos delincuentes que, además de ser miembros de una Ecclesia, se esconden tras ella para encubrir sus pedófilas fechorías.

Así que ¿dimisión de los obispos? Cuando menos, resulta una propuesta novedosa. Ahora bien, en el momento en que han fracasado en su responsabilidad de salvaguardar a las niñas y niños, y decidieron no investigar echando tierra a los excesos de sus sacerdotes, ellos son culpables, pues no han sabido, tampoco querido resguardar a los pequeños del peligro de los depredadores sexuales.

Ante tanto caos y desolación, hace unos días, en una carta abierta a la comunidad cristiana, el guía de la Iglesia Católica asume que “es imprescindible que como Iglesia podamos reconocer y condenar con dolor y vergüenza las atrocidades cometidas por personas consagradas, clérigos e incluso por todos aquellos que tenían la misión de velar y cuidar a los más vulnerables”, que “nunca será poco todo lo que se haga para generar una cultura capaz que evite que estas situaciones no solo no se repitan, sino que no encuentren espacios para ser encubiertas y perpetuarse”.

Las disculpas son bienvenidas y, no obstante, insuficientes, ya que a la hora de atajar la pandemia de la parafilia que pone en peligro la supervivencia de la Iglesia lo propio sería expulsar de su seno y sin miramientos a esos sacerdotes corruptos y usar contra ellos las armas de la justicia civil, de modo que no se consienta ningún ejercicio de despotismo en quienes se aprovechan de su edad y de su posición, y se valen para su beneficio de la manipulación psicológica y sexual sobre adolescentes y niños.

¿Cualquiera puede ser víctima?

Una de cada cinco niñas y uno de cada 20 niños son víctimas de maltrato sexual. La situación de indefensión en que viven los más pequeños resulta altamente preocupante. Y de ella dan fe los datos estadísticos. Solo la Sociedad Americana de Psiquiatría Infantil y Juvenil apuntaba en 2004 la existencia de 80.000 casos al año de abuso sexual sobre niñas y niños norteamericanos, pero el número de casos sobre los que ni se informa ni se denuncia es bastante superior.

En 2016 un total de 57.460 niños y niñas, un 8,5% de los menores, fueron sometidos a abusos sexuales

Al hilo de esto, sabemos que el departamento norteamericano dedicado a la Administración para Niños y Familias posee desde el año 1999, y a diferencia de otros países occidentales, un registro de casos de abuso sexual. En 2016, aún no está disponible el informe de 2017, un total de 57.460 niños y niñas, un 8,5% de los menores, fueron sometidos a abusos sexuales mientras que 123.032, un 18,2% de los pequeños, padecieron abusos físicos. Hablamos pues de 180.492 víctimas infantiles y juveniles, un monto verdaderamente escalofriante. Y si sumamos estas cifras, que son solo la punta del iceberg, a las de todas las naciones del mundo, el problema de los agravios a la infancia se multiplica. Y exponencialmente.

Estos datos vienen a cuento porque al criticar sin tibiezas los escándalos, terribles, que azotan a la curia de la Iglesia Católica me encuentro con que desde 2006 a 2010 la coalición Amor Fraternal, la Libertad y la Diversidad (PNVD) buscó retornar al status legal holandés de 1990 que toleraba las relaciones sexuales entre adultos y niños de 12 años, aunque bien es verdad que recientemente, y en dirección inversa al PNVD, el partido alemán de los Verdes ha pedido perdón a las víctimas de abuso sexual tras reconocer que en los años 80 la pedofilia estaba presente en su programa electoral, ¿quizás influidos los Verdes por sus vecinos, los partidos holandeses Laborista, Democrático Socialista, y  Socialista Pacifista que en junio de 1979 firmaban un documento en el que reclamaban al Ministerio de Justicia la legalización de la pedofilia?

El burka infantil

En los Países Bajos y desde la década de los 80 la organización COC (Cultuur en Ontspannings Centrum o Centro para la cultura y la diversión) ha incluido la pedofilia en la liberación homosexual de los gays. En España subsisten cuotas de pederastia, pues por estos lares las autoridades gubernamentales pasadas, con los Zapatero y las Leire Pajín et alii, admitieron la licitud de establecer relaciones sexuales consentidas a partir de los 13 años. Pasados los años, los dignatarios del gobierno español modificaron el tramo de edad y lo elevaron de 13 a 16 años.

Los Zapatero y las Leire Pajín et alii, admitieron la licitud de establecer relaciones sexuales consentidas a partir de los 13 años

Entre tanto, supimos de la existencia de “El monstruo de Amestten”, que mantuvo cautiva a su hija durante 24 años, y de “El monstruo de St. Peter Am Hart”, que encarceló a sus dos hijas abusando de ellas cerca de 40 años y desde que tenían 12 y 4 años de edad, respectivamente. Y como los hechos son durísimos, dejemos las cosas bien claras: que un adulto se aproveche de su superioridad cronológica y mental para satisfacer su libido con menores y preadolescentes no casa demasiado bien en un sistema. La permisividad, unida a la búsqueda de la inmunidad, es explicable desde la arrogancia de quienes, en el ejercicio de su poder, quieren desplegar su influencia sexual sobre los sectores más desamparados de la población.

Consiguientemente, y como ya dije, constituye un desafuero antidemocrático no proteger a los menores solo por el deseo de dar cabida a relaciones sexuales que, asimétricas en edad y en mentalidad, alientan el imperio dictatorial del adulto. Por tanto, únicamente queda una salida: impedir que los pederastas sigan saqueando la vida de jóvenes y pequeños, robándoles su infancia y su felicidad. Para eso, padres, madres, familiares… deben involucrarse y estar atentos a los estados de ánimo de los hijos. Y, cuando hay sospechas, impedir cualquier contacto del menor con el adulto. Y, si hay pruebas, interponer la correspondiente denuncia.

Foto Liliia Beda


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María Teresa González Cortés
Vivo de una cátedra de instituto y, gracias a eso, a la hora escribir puedo huir de propagandas e ideologías de un lado y de otro. Y contar lo que quiero. He tenido la suerte de publicar 16 libros. Y cerca de 200 artículos. Mis primeros pasos surgen en la revista Arbor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, luego en El Catoblepas, publicación digital que dirigía el filósofo español Gustavo Bueno, sin olvidar los escritos en la revista Mujeres, entre otras, hasta llegar a tener blog y voz durante no pocos años en el periódico digital Vozpópuli que, por ese entonces, gestionaba Jesús Cacho. Necesito a menudo aclarar ideas. De ahí que suela pensar para mí, aunque algunas veces me decido a romper silencios y hablo en voz alta. Como hice en dos obras muy queridas por mí, Los Monstruos políticos de la Modernidad, o la más reciente, El Espejismo de Rousseau. Y acabo ya. En su momento me atrajeron por igual la filosofía de la ciencia y los estudios de historia. Sin embargo, cambié diametralmente de rumbo al ver el curso ascendente de los populismos y otros imaginarios colectivos. Por eso, me concentré en la defensa de los valores del individuo dentro de los sistemas democráticos. No voy a negarlo: aquellos estudios de filosofía, ahora lejanos, me ayudaron a entender, y cuánto, algunos de los problemas que nos rodean y me enseñaron a mostrar siempre las fuentes sobre las que apoyo mis afirmaciones.

10 COMENTARIOS

  1. Buenas tardes, Pvl:
    1 y 2- Respecto al término “clasista” tiene usted razón. No ha sido bien empleado. En realidad me refería más a la concepción “tradicional” y clásica” sobre el asunto, al afirmar, dar por sentado y reafirmarse en la creencia de que un adolescente o joven de 17 años no pueda ser abusado sexualmente por una mujer de 37, por la razón que usted apuntaba. Y en ese sentido, para mí, que el menor haya denunciado ese abuso tiene la misma credibilidad o le doy el mismo beneficio de la duda que le daría a una joven de 17 años en las mismas circunstancias. De lo que estoy segura es de que la consideración que usted ha hecho no se le hubiera ocurrido si en lugar de “el joven” hubiera sido “la joven”. Por otro lado, a esa edad y con una diferencia de 20 años, la actriz en cuestión bien podría ser su madre. Imagino que le ha faltado el matiz de referirse “a treintañeras de muy buen ver”.

    3- “En cualquier caso, prefiero enjuiciar caso por caso, en base a hechos concretos, y no en límites tan absurdos y arbitrarios como el de la minoría de edad legal”
    Evidentemente los casos que se presentan por denuncia suelen enjuiciarse uno a uno en base a hechos concretos y considerando la minoría de edad legal que establece cada país para poder mantener relaciones sexuales con un adulto (en el caso que nos ocupa, el joven era menor). La medida, (tal como se facilita en el artícul) se toma siguiendo las recomendaciones del “Comité de Derechos del Niño de la ONU de 2007, con el fin de luchar contra la pederastia, así como del Consejo de Europa, que considera que por debajo de los 15 años un niño no puede dar su consentimiento para mantener una relación sexual con un adulto”. Es decir, ese límite que fija la edad legal cobra más sentido del que parece y tiene bien poco de “arbitrario” (aunque varíe uno o dos años en función del país) o de “absurdo”, como usted apuntaba.
    Por supuesto que en los posibles abusos que puedan sufrir los menores, cuantos menos años tienen, más inmadurez sexual, más vulnerabilidad, más indefensión y más dependencia presentan de sus tutores, pero eso no quita para que la protección alcance a todos los menores a lo largo del espectro, sin excepción y sin distinción de edad ni de sexo.

    “¿puede indicarme la diferencia que existe para usted entre sexo consentido entre dos menores de edad de 17 años, y la misma relación consentida entre un adulto de 30 y un menor de 17?”
    Pues entre dos menores de 17 o de edad similar, la relación sexual que pueda mantenerse se da entre iguales, con unos niveles similares de maduración sexual, psicológica y afectiva. En cambio, cuando se da la relación asimétrica que plantea existe una posición de ventaja y de superioridad por parte del adulto a esos niveles que puede derivar fácilmente en manipulación y abuso de poder por parte del adulto.
    Si no se fijara ese límite legal de edad para mantener relaciones sexuales con un adulto ¿le parecería normal o moralmente reprobable la relación sexual y consentida de un o una menor de 13 con un adulto de 33? ¿Cree que puede tener la misma consideración que la relación de un o una joven de 23 con un adulto de 43?

    • Buenos días, Silvia:
      1 y 2: Sinceramente creo que en este tema usted mantiene una concepción más tradicional que la mía, sin que al calificativo de tradicional le otorgue ningún matiz peyorativo. Y mi opinión se basa en que usted presupone que mi opinión sería diferente si en vez del “joven”, la supuesta víctima hubiera sido la “joven”.
      Pero resulta, que mi valoración de la relación no solo es exactamente la misma si se trata de uno u otra, sino, que además le añado, que la relación típica, en el sentido de más común, en esos casos de diferencia sustancial de edad, es que el varón sea el de más edad, como se muestra en bastantes películas, algunas muy recientes y nada “escandalosas”.
      (En el libro “La evolución del deseo” se explican las razones evolutivas de que eso sea así: por condicionantes biológicos los varones priorizan la belleza mientras las hembras priorizan el “estatus”).
      3 Lo de la “excusa” de que sea entre iguales, es como si dijéramos que si un asesinato se comete entre menores iguales de edad es menos asesinato que si lo comete un mayor contra un menor. Para mí lo razonable es conocer las circunstancias concretas: por ejemplo si ha sido en légitima defensa etc
      De la misma manera, en cuestión de relaciones, para mí lo sustancial es si la relación es consciente y consentida, sin abuso de poder, para lo cual creo que un muchacho o muchacha de 17 años, están más que capacitados.

      • Amigo Pvl, no acabo de entender en qué sentido mantengo una concepción más “tradicional que la suya”. Quizás me haya atrevido a presuponer que su consideración sobre el tema en su primera intervención no la hubiera hecho en el caso de ser una joven o al menos no la hubiera plasmado en los mismos términos; pero de ahí a subestimar la denuncia formulada por el joven en base a considerarlo un saco de hormonas, o haberme creído la versión de la actriz Argento ipso facto en base a la misma consideración, o haber descartado que un joven de 17 pueda ser abusado sexualmente por una actriz de 37 en base a la misma consideración, hay un trecho.
        Y ya que menciona la “relación típica” en la que es más común que sea el varón el de más edad cuando hay una diferencia sustancial de edad en la pareja o lo que priorizan varones y hembras, pues tampoco entiendo muy bien qué relación guarda con mis intervenciones sobre el tema. En mi opinión, el impulso, el instinto primario o la atracción sexual que puedan sentir los adolescentes de los dos sexos por un adulto no difiere demasiado.
        Es decir, el matiz de sentirse atraído por “treintañeras de buen ver”, como le apuntaba, podría sustituirse perfectamente a la inversa por “treintañeros de buen ver”, aunque en una etapa posterior, ciertas elecciones y uniones en ambos sexos puedan estar motivadas y fundamentadas en otros intereses más espúreos, pero al margen de lo que digan los estudios, la atracción sexual o el deseo que puedan sentir las adolescentes por un adulto, no se fundamenta más en el estatus que en el físico.

        Y sobre el tercer punto, la consideración del asesinato no es la misma ni puede serlo, aunque el hecho consumado para la víctima sea el mismo. El menor, a partir de los 14 años responde penalmente pero no de la misma forma que el adulto. Igual que el nivel de permisividad y de autonomía en muchas cuestiones no puede ser el mismo en un menor que en un adulto, tampoco puede exigirse la misma responsabilidad. Si los menores tuvieran el mismo nivel de madurez y de conciencia que los adultos, no haría falta que estuvieran tutelados legalmente o bajo la patria potestad de sus tutores.
        En cualquier caso, comparto con usted que lo razonable tanto en ese supuesto como en el del abuso sexual, es conocer las circunstancias concretas que envuelven el caso y desde luego matizar que, en el supuesto abuso que nos ocupa, no tenemos los suficientes elementos de juicio para afirmar que la relación fuese consciente, consentida y sin abuso de poder por parte de Argento.

        Sobre lo que comenta más abajo, el menor de Argento tiene 17 años no 15, pero en California a los 17 se es menor para mantener relaciones sexuales con un adulto, aunque sea de forma consentida y está penalizado. Al menos es lo que creo haber leído y entendido. Seguramente es una de las razones por las que ella trató de ocultarlo a toda costa. Y sobre el movimiento #Metoo, pues nunca he sido partidaria de fomentar la minoría de edad de las mujeres o de promover ninguna guerra entre sexos, tal como he dejado constancia en este foro en no pocas intervenciones. Y tal como sugería en mi primer comentario, al margen de la posible “inocencia” de Argento o de “qué y cómo” se resuelva el tema, el cinismo de la actriz está claro de antemano, porque con ese “expediente” en su mochila no era la “activista” más indicada o ejemplar para liderar o ponerse al frente de un movimiento de las característica de #metoo.

        Saludos,

        • Silvia: estoy de acuerdo con toda su intervención anterior, con una simple matización.
          No tengo dudas de que adolescentes de ambos sexos se puedan sentir atraídos por treintañeros “de buen ver”, pero a la hora de la convertir esos deseos en realidad, no tengo la menor duda de que la mayoría de los casos son de varones adultos con hembras jóvenes, en vez del caso inverso: esa es la “norma” en nuestra especie, en todas las sociedades.
          De hecho en el libro que le comenté, “La evolución del deseo” basado en buena parte en entrevistas, estadísticamente significativas, los varones tienden a preferir hembras más jóvenes que ellos, mientras que la preferencia de las hembras es justo la contraria: prefieren varones algo mayores que ellas. Además, la diferencia típica de edad que prefieren/admiten unos y otras, también es mayor en los varones que en las hembras.
          Si a esa preferencia, le añadimos el componente “machista” presente en la totalidad de las sociedades humanas, tenemos la explicación de por qué en la mayoría de las relaciones y parejas con diferencia de edad notable, los varones son los mayores.
          En resumen: concuerdo con usted en el cinismo de Argento, pero añado que el escándalo se ha potenciado por el hecho de que su relación es “atípica”, al ser ella la de más edad.

    • “La medida, (tal como se facilita en el artícul) se toma siguiendo las recomendaciones del “Comité de Derechos del Niño de la ONU de 2007, con el fin de luchar contra la pederastia, así como del Consejo de Europa, que considera que por debajo de los 15 años un niño no puede dar su consentimiento para mantener una relación sexual con un adulto”
      En el caso de Asia Argento, el menor no tiene 15 años sino 17.
      https://elpais.com/cultura/2018/08/28/actualidad/1535412207_323705.html
      Por mi parte reitero que meter todo en el mismo cajón, no hace sino perjudicar la necesaria denuncia y persecución del horrendo delito de los abusos sexuales a menores, del mismo modo que el movimiento “metoo”, en mi opinión, lo que hace en realidad es convertir a TODAS las mujeres en menores de edad permanentes, incapaces de tomar sus propias decisiones sobre con quien, cuando y como mantienen relaciones sexuales.

  2. 1º “Clasista”: no entiendo la relación del calificativo con el tema. Mi comentario podrá ser machista, conservador, etc, pero ¿clasista?.
    2º Como varón, desconozco cuales son los sueños húmedos de las jovencitas de 17 años (seguro que la mayoría los tienen pero ninguna me los ha contado). Por el contrario puedo asegurarle que el tener relaciones sexuales con una treinteañera, es uno de los más comunes entre los varones de esas edades. Por lo tanto, no concibo que hacer realidad uno de esos sueños pueda considerarse abuso por el protagonista del mismo.
    3º En cuanto a que la chantajeada sea una activista del “metoo”, lo considero un acto de justicia “divina”, dado que está recibiendo de su hipócrita medicina, aunque su relación sexual con el mozalbete de 17 años no me inspire el menor rechazo moral.
    4º Respecto al tratamiento penal de los actos cometidos por y contra menores de edad legal, no estoy de acuerdo en equiparar los actos de un adolescente de 17 años, que en general es plenamente consciente de sus actos con los de un niño de 8 años que en la mayoría de los casos no lo es, sobre todo si hablamos de conductas sexuales.
    En cualquier caso, prefiero enjuiciar caso por caso, en base a hechos concretos, y no en límites tan absurdos y arbitrarios como el de la minoría de edad legal.
    pd: ¿puede indicarme la diferencia que existe para usted entre sexo consentido entre dos menores de edad de 17 años, y la misma relación consentida entre un adulto de 30 y un menor de 17?

  3. Estos temas son tan vergonzosos y muchas veces tan atroces que me cuesta dar una opinión sobre ellos a no ser la repugnancia absoluta sobre todo cuando el abuso es sobre niños o sobre adolescentes en condiciones de superioridad por parte de quien comete ese abuso.

    No me entra en la cabeza que un adulto disfrute manteniendo relaciones sexuales con niños, los cuales las mayoría de las veces confían en esa persona o simplemente no saben como defenderse, el miedo, la desprotección les lleva a no decir nada a otros mayores, en los cuales supongo que tampoco confían. Y que decir del abuso sobre bebés.

    Es repugnante de principio a fin No puedo decir otra cosa

  4. Biológicamente, la madurez sexual (es decir la capacidad de reproducirse) en el Homo sapiens se inicia en la pubertad, etapa del desarrollo, que por simplificar podemos acordar empieza en torno de los 13 años (algo antes en las hembras que en los varones).
    Dicha etapa, que hoy en día llamamos “adolescencia”, se caracteriza por el descubrimiento y aumento “exponencial” del deseo sexual debido a la “explosión hormonal, hasta el punto en que llega a convertirse en el “deseo nº 1” y que en etapas previas (típicamente infantiles) en general no existe.
    De hecho, durante la mayor parte de la Historia de la Humanidad, la pubertad y por tanto la madurez sexual marcaban de forma abrupta la transición entre la niñez (sin capacidad reproductiva) y la etapa adulta (con ella), siendo lo habitual que las relaciones sexuales, (y los “matrimonios”) entre adultos “plenos” y “neoadultos” se celebraran a partir de dicha edad (13 años, insisto por simplificar.
    Es decir por motivos biológicos y “económicos”, durante cientos de miles de años no existió, o fue extremadamente corto el “lujo” actual y muy reciente en las sociedades avanzadas que supone la “adolescencia”, caracterizada por la madurez sexual y la “inmadurez” en el resto de habilidades/capacidades (ya sean de carácter personal (seguridad, autoestima, etc) como legales, determinados estos últimos por el concepto legal, de la mayoría/minoría de edad.
    Siguiendo el título del art. “Abusos sexuales a menores…”, hoy en día consideramos legalmente tan menor, a un “niño” de 8 años, sin madurez sexual alguna, que a un adolescente de 15 (por lo general mas que maduro sexualmente), que están en etapas biológicas relativas a la capacidad e interés sexual, absolutamente diferentes.
    De lo anterior se deriva que desde un punto de vista “penal/judicial” y actualmente “cuasi moral”, actualmente tienden a confundirse y enjuiciarse hechos y actos tan aberrantes como los abusos sexuales a niños (por parte de adultos, sean sacerdotes, (como denuncia el art),familiares (la mayoría) o en general adultos que aprovechan su particular situación de poder sobre el menor (entrenadores, profesores etc), con situaciones como esta:
    https://elpais.com/elpais/2018/08/22/gente/1534958526_247016.html
    en la que paradójicamente una activista adulta del movimiento “metoo” se ve “chantajeada” por supuestamente, abusar sexualmente de un, ejem, ejem, ejem, “menor” de 17 añazos, (“abuso”que me atrevo a calificar, por muy politícamente incorrecto que sea, como uno de los sueños húmedos favoritos del 99% de los muchachos de esas edades).
    Conclusión: la biología, al menos desde mi punto de vista, ofrece un punto de partida mucho más sólido y objetivo que la moral y las leyes (actuales) a la hora de determinar cuando una relación sexual es admisible (que debe ser consentida entre humanos sexualmente maduros y “conscientes” como considero que sin lugar a dudas son la activista del metoo y el “mocito” del affaire) y cuando no lo es en ningún caso (relaciones sexuales con un inmaduro sexual, haya o no consentimiento, y con maduros sexuales bajo coacción o abuso de poder) que debe tratarse y castigarse como abuso sexual.

    • “…en la que paradójicamente una activista adulta del movimiento “metoo” se ve “chantajeada” por supuestamente, abusar sexualmente de un, ejem, ejem, ejem, “menor” de 17 añazos, (“abuso”que me atrevo a calificar, por muy politícamente incorrecto que sea, como uno de los sueños húmedos favoritos del 99% de los muchachos de esas edades)”.

      Lo cierto es que me sorprende el tinte tan clasista de sus observaciones sobre este escándalo que pone en evidencia y perjudica los intereses de una de las principales activistas y promotoras del movimiento #MeToo. No estoy tan segura de que mantener relaciones sexuales con una persona adulta veinte años mayor que tú (Argento tenía 37 años) sea “uno de sueños húmedos favoritos del 99% de los varones de esas edades”, pero de estar usted en lo cierto ¿plantearía el mismo supuesto si en lugar de ser un actor de 17 años fuera una actriz de la misma edad manteniendo relaciones sexuales con un adulto veinte años mayor que ella? ¿Cuestionaría también en ese caso la “veracidad” de ese supuesto “abuso sexual” o diría entonces que acostarse con un actorazo veinte años mayor, maduro y experimentado sexualmente, es el sueño húmedo de cualquier jovencita de 17?

      En mi opinión, y al margen de las circunstancias en las que se produjera ese encuentro sexual o lo que ocurriera realmente entre ellos, la actriz ha mentido como una bellaca desde el principio y liderando el movimiemto que lidera no merece ninguna disculpa. En definitiva, una arpía de mucho cuidado, a la que ahora, ironías de la vida, el destino la enfrenta a sus propios deminios. ¿Ocultaría usted ese episodio de su vida y pagaría por ello si tuviera el convencimiento de no haber hecho nada reprochable moral e ilegalmente o si fuera cierto como ella dice que fue el joven el que “se abalanzó sobre ella en el hotel para hacer realidad su fantasía”? ¿Imagina a una mujer capaz de montar la que ha montado con el movimiento #MeToo aceptar sin oposición y ceder a las pretensiones o fantasías sexuales de un adolescente de 17 años?

      Por otro lado concluye que: “la biología, al menos desde mi punto de vista, ofrece un punto de partida mucho más sólido y objetivo que la moral y las leyes (actuales) a la hora de determinar cuando una relación sexual es admisible”
      Es preciso no confundir madurez biológica (desarrollo de órganos sexuales y producción de gametos) con la madurez para tener relaciones sexuales, que depende también de la madurez afectiva y psicológica.
      La biolgía por sí sola no da cuenta de la “madurez sexual” de una persona. La maduración sexual comienza a diferentes edades dependiendo de factores genéticos y ambientales, es decir, el ritmo y la velocidad de estos cambios varían en cada persona y están determinados por factores hereditarios y ambientales. No hay por tanto una “edad fija” como usted aludía a los “13 años”, para considerar a un adolescente maduro sexualmente. Es evidente que deben considerarse otros factores. De hecho, “las leyes y la moral” de las que usted desconfía, que suelen fijar legalmente la edad de consentimiento sexual entre un menor y un adulto, con el objeto de proteger a los menores de posibles abusos, varían en función de la época, las costumbres y la cultura de cada país.

      Pero en cualquier caso, debería respetarse siempre la edad legal en la que los menores dejan de ser menores y no solo para lo que a uno le interesa. Porque si solo hubiera que atender a los aspectos biológicos como usted sugiere, las conductas reprochables, los delitos, las agresiones o los abusos perpetrados por menores deberían abordarse y tener el mismo tratamiento que si fueran perpetrados por adultos. Evidentemente no es así. Pues los criterios a los que se apela para juzgar, proteger o justificar ciertas acciones comprometidas de los menores en otros ámbitos, deberían ser los mismos para fijar una edad legal de consentimiento sexual con un adulto, con objeto de proteger al menor de los posibles abusos a los que están expuestos. Y en este sentido, el artículo de Mª Teresa me parece impecable.

      Saludos,

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